Hola a todos, espero que estén teniendo una genial semana, yo por mi parte no sé si me voy a resfriar o si tengo alergia, mi jefe debería dejarme ir a casa.
Disclamer.- Todo esto pertenece a la Warner, a JK Rowling y no sé a quien más, la estrofa del principio pertenece a la canción Tu Ausencia de Warcry. Mío solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.
Enjoy!
PENUMBRA
por
Adrel Black
16. VACACIONES EN EL CUARTEL
PARTE VII
Tobías
Dentro de mí siento un volcán
de ira y pena por igual,
quemando mi corazón.
Te imaginé, te conseguí...
después de todo, te perdí...
Sólo me queda
el dolor de tu ausencia.
(Tu Ausencia, Warcry)
—No sé qué fue lo que hizo Albus, pero la biblioteca parece un campo de batalla, la alfombra de mi madre está deshecha —y al decir esto Sirius sonríe.
Hace menos de media hora que Tobías desapareció de la biblioteca de Grimmauld Place.
Le importa un bledo si los libros se han perdido, no tenía ningún interés en recuperarlos, la mayoría versaban sobre artes oscuras o sobre la superioridad de la Sangre Limpia, tal vez los sofás ameriten algunos hechizos para seguir utilizándose, nada que no se pueda reparar, pero lo que más lo regocija es la enorme quemadura de la alfombra, justo en el centro, donde el emblema de los Black estaba grabado, esa alfombra que su madre había estimado más que a él mismo.
Albus no le responde, solo mira la cara de Sirius que apareció en su chimenea, para darle la nueva de que Tobías Prince había desaparecido. La noche está a punto de reclamar su dominio del cielo sobre Escocia e Inglaterra.
— ¿Quién era él, Dumbledore?
—Un familiar lejano, —responde Dumbledore con dejadez. Sirius no insiste, si el director hubiera querido compartir con la Orden esa información ya lo habría hecho.
— ¿Volverá?, —pregunta Sirius. —Ni siquiera sé si realmente se fue, o desapareció, o qué le pasó.
—No, —responde Dumbledore —no volverá, se fue, si es lo que quieres saber.
Intentar sonsacarle información a Dumbledore es tiempo perdido. Dumbledore cuando ve que Sirius no agrega nada más, solo comenta.
—Si me disculpas Sirius…
—Por supuesto director, que pase buenas noches, —y dicho esto desaparece de la chimenea.
.o.O.o.
Severus corrige ensayos, sobre el mismo escritorio de ébano sobre el que había brindado con Tobías. Está atrasado en el trabajo, las vacaciones van ya por la mitad y él ni siquiera ha mirado los dichosos ensayos, está tentado a ponerles una T a todos, aún mejor, ni siquiera mirarlos, echarlos a la chimenea.
Los planes de Dumbledore lo tienen nervioso, la idea de enfrentarse al grupo de licántropos liderados por Greyback, al lado de los mortífagos y en espera de que los aurores hagan su aparición, parece una locura.
Gruñe cada vez que lee alguna de las estupideces que esos críos son capaces de escribir. Y gruñó aún más fuerte al escuchar movimiento en el cuadro de Phineas Nigellus.
—El director desea hablarle, Profesor Snape, —dice Phineas con voz altiva, sigue enojado con Severus por haberle echado encima una manta negra el día pasado, como si fuera un simple retrato muggle.
Severus no se digna a levantar la vista de los ensayos, sabe a qué viene Dumbledore, está seguro de que Tobías se ha ido por fin. Toma la varita y lanza un hechizo para levantar la protección de su chimenea.
No se inmuta cuando ve a Dumbledore dar vueltas entre las llamas, y solo pone una mueca de asco cuando el director riega su suelo con cenizas.
—Así que, encontraste la manera de irte.
— Ya lo sabías, ¿no?, —responde Severus.
—Creí que al menos tendrías la decencia de despedirte.
—Tu no querías que me despidiera, —le responde Snape sonriendo de medio lado con sarcasmo.
Le encanta cuando se siente que controla la situación, esas conversaciones en las que va un paso adelante a Dumbledore, no son comunes, pero le encantan.
— ¿De qué hablas?
—Por favor Dumbledore, ¿querías despedirte?, —dice Severus con sorna, baja la vista y continúa revisando ensayos, como si la conversación con Dumbledore le aburriera, — ¿qué necesitabas, avisarle algo a tu yo pasado?, ¿querías convencerme de que no debía interferir en la muerte de Lily?
Dumbledore lo mira sorprendido, era eso precisamente lo que habría querido, pero no lo dirá ni bajo la maldición imperio.
—Tengo demasiados años contigo Dumbledore, te conozco —luego Snape se encoge de hombros, —además, no sé qué te preocupa, sabes que no intervine, la dejé morir.
—Creí que no habías intervenido porque yo te lo pedía antes de irte, —al final no necesita la maldición imperio para decirlo.
—Pues ya ves que no, —responde Snape secamente.
.o.O.o.
Cuando la noche cae en la mazmorra encuentra a Severus de nuevo mirando las llamas de su chimenea con expresión perdida. ¿Qué estará haciendo Hermione en ese momento?, ¿estará bien?, ¿cómo lo habrá tomado?, ¿estará triste? Una parte de él desea que ella esté bien, desea que el imbécil de Weasley esté con ella, que la consuele, que la conforte. Todo eso desea… al menos superficialmente.
Se repite que realmente quiere que ella esté tranquila, y se lo repite una y otra vez, para así acallar a la voz del mortífago que tiene dentro, esa voz que le dice que en realidad desea que Hermione esté desesperada de dolor, esa voz como un siseo que le dice que lo que en realidad quiere es que Hermione esté llorando su partida. Esa voz que le habla a veces en las noches de soledad hasta casi volverlo loco, mientras susurra sus deseos malsanos, mientras le hace ver que, lo que en realidad quiere, es que Hermione se quede sola, que pase los años llorándole a su recuerdo de la misma forma que él ha llorado el recuerdo de ella por los últimos diecisiete años.
El brazo izquierdo comienza a escocerle, la marca tenebrosa le quema, sube la manga de su camisa y mira la calavera sonreírle y a la serpiente retorciéndose.
Se dirige a su habitación y cambia su túnica normal por la de mortífago, toma su máscara plateada y se dirige hacia afuera, rumbo al bosque prohibido, hacia donde la barrera anti-desaparición termina.
Una parte de él se siente asqueada de tener que ver de nuevo a sus compañeros mortífagos y a Voldemort, pero otra parte, aquella que corresponde al espía se siente tranquila de que por fin lo hayan llamado.
Mientras anda se pregunta en cuántas partes está dividido, el Profesor Snape, que odia a sus estudiantes, la burla que ha sido Tobías, robando una semana en la vida de Hermione, el Espía, que arriesga la vida jugando a ser el títere de Dumbledore, el Mortífago, fiel al servicio del Señor Tenebroso. Una personalidad diferente para cada juego, es como ser muchas piezas en un ajedrez, ¿Cuánto tiempo se puede sobrevivir siendo una pieza diferente en cada frente?
Y al final de cuentas, Severus, la personalidad que nadie conoce, esa personalidad que se sienta con la mirada perdida en las llamas bebiendo whisky de fuego y rememorando el pasado, odiando el presente y haciéndose a la idea de que probablemente el futuro no existe.
Sacude la cabeza, intentando espantar todos aquellos pensamientos, no es bueno llegar con la cabeza llena de mierda al encuentro con el Lord.
.o.O.o.
Ginny, observa desde su cama a Hermione, al fin se quedó dormida, aun entre sueños la escucha sollozar, como si aun estando dormida fuera consciente de lo que acababa de suceder.
Ginebra no entiende del todo qué es lo que ha pasado, pero una voz en su cabeza le hace ver, que, de alguna manera, los adultos que viven con ellos no están completamente enterados de la clase de relación que había entre Hermione y Tobías, y probablemente, dada la forma en que éste ha desaparecido, sea mejor que sigan ignorándolo.
Cuando los miembros de la Orden llegaron tomó a Hermione de la mano y la llevó hasta la habitación, le murmuró a Lupin que Hermione se había asustado con la explosión y este asintió, luego de eso se había encerrado en la habitación con ella, escuchando el ir y venir de los demás.
Es ya muy entrada la noche cuando se anima a dejar sola a Hermione y sale dirigiéndose a la habitación que comparten Harry y Ron. Entra sin llamar para no alertar a nadie de que está levantada, espera que los chicos estén vestidos y visibles, sonríe, bueno, espera que su hermano lo esté.
Harry y Ron hablan en voz baja. Al verla se quedan callados. Se sienta junto a Ron y los mira.
— ¿Alguien sabe qué fue lo que pasó?
Los chicos niegan con la cabeza.
—Al parecer, —responde Harry —nadie lo sabe, le pregunté a Sirius quién era Tobías, pero solo me dijo que no sabía. Al parecer Dumbledore no quiso comentar nada con ellos.
—Le dije a Hermione que no se acercara a él, —recrimina Ron, —sabía que no era un buen tipo, —Ron se queda callado mirando sus zapatos, —creo que había algo entre ellos, algo más que solo acompañarse a leer.
Ginny pone los ojos en blanco y Harry mira a Ron con lástima, no hay necesidad de ser un genio para darse cuenta, pero ninguno comenta nada, por respeto al dolor de Ronald. Ciertamente el pelirrojo siempre ha sido el más lento en comprender.
— ¿Tu lo sabías? —pregunta a su hermana, sin reproche, Ginny lo mira y en los ojos azules, tan parecidos a los propios, ve la cara de un niño, uno pequeño y frágil. No tiene corazón para responder, de modo que solo asiente con la cabeza.
—Solo yo, y creo que lo mejor es que nadie se entere. Los demás creen que Hermione lloraba porque se asustó con la explosión, y no son conscientes del tiempo que ella y Tobías pasaban juntos —ni de que salieron alguna vez juntos a Londres, le dice su mente.
Ahora que se ha desencadenado esta situación se pregunta, en qué estaba pensando, dejando que Hermione se liara con un desconocido, y cubriéndola para que se escaparan del cuartel. Si le hubiera pasado algo, si Tobías le hubiera hecho algo, si se hubiera aprovechado de ella. Ginny respira profundo y cierra los ojos. Ya no tiene caso arrepentirse, ahora solo le queda confortar a Hermione.
.o.O.o.
Abre los ojos cuando escucha el ruido de la puerta al cerrarse, estaba preguntándose si Ginny se dormiría alguna vez, quiere estar sola. No tiene idea de lo que ha pasado, pero un dolor sordo a la altura del pecho le avisa que Tobías al final la abandonó.
Se pone de pie, toma una liga, se ata el cabello para que le despeje la cara y con pasos silenciosos sale de la habitación. Todo está a oscuras, pero no necesita luz para llegar hasta la biblioteca.
Cuando al fin está dentro enciende las velas y mira. Todo está revuelto, la estantería de la derecha cuelga de una esquina, como si el soporte superior hubiera sido vencido, muchos de los libros están regados por el suelo, algunos despastados, otros abiertos por páginas al azar. Hay hojas sueltas regadas por todos lados, algunas con ilustraciones, otras solo con letras. Los sofás como guardianes caídos, lucen llenos del fino polvo que se desprendió del techo, uno de ellos tiene clavado en el centro, como una daga, el intrincado candelabro que antaño engalanó la estancia, el otro, a medio volcar, como si hubiera opuesto resistencia.
Al centro, en la alfombra, una enorme quemadura consumió casi por completo el emblema de los Black, se puede leer en las quemaduras del techo, el piso y la estantería la forma de burbuja que hizo implosión con Tobías dentro.
Un libro solitario ha quedado intacto sobre una de las estanterías, Hermione lo toma y lee el título: "Enemigos y Traidores, compendio de maldiciones y hechizos para castigarlos", es entonces, cuando la certeza de aquella escena la golpea; el libro que Tobías solía leer, el libro que Tobías nunca volverá a leer, Tobías, Tobías, que nunca volverá a estar, Tobías, el que había desaparecido, Tobías, el que juró que la amaba, Tobías, el que la abandonó, Tobías, el que le pidió que no dudara de él, Tobías, al que quiso darle su vida aun siendo un desconocido, Tobías, Tobías, ojalá se desmayara, ojalá la penumbra se la tragara y dejara de sentir aquello, ojalá que pudiera al menos llorar, ojalá esa opresión en el pecho que no la deja respirar la asfixiara de una vez por todas, pero su cuerpo no tiene ánimos, ni siquiera para desplomarse, no sabe cuánto tiempo estuvo de pie, clavándose en los pies descalzos las finas astillas de madera desprendidas de las estanterías, hasta que Ginny, la encuentra y la lleva de nuevo a la penumbra de la habitación.
Voy a subir un par de capítulos más, al menos eso creo.
Adrel Black
