Hola, estaba por subir más capítulos y mi jefe me pasó unos pendientes :(, pero parece que nos desharemos de él por un ratito, vamos a aprovechar ;).
Disclamer.- Todo esto pertenece a la Warner, a JK Rowling y no sé a quien más, la estrofa del principio pertenece a la canción Por Los Siglos De Los Siglos de Dünedain. Mío solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.
Enjoy!
PENUMBRA
por
Adrel Black
17. GLOUCESTER Y EL ADIÓS A LA BIBLIOTECA
Aguantar, hasta el fin, confiando solo en mí.
Porque sé que cuando caiga nadie seguirá por mí.
Lloraré, amaré, en destierro seguiré,
aunque cueste por los siglos de los siglos…
lucharé.
(Por Los Siglos De Los Siglos, Dünedain)
Tres columnas de humo negro aterrizan mezclándose con las sombras de la arboleda, las túnicas negras los mimetizan casi por completo, lo único que los delata son los ligeros destellos plateados que arranca la luna llena a sus máscaras sin expresión, cuando cuela alguno de sus rayos entre las ramas.
Severus mira a su alrededor, nada se mueve en esa madrugada, el ir acompañado de Bellatrix y de Lucius le da un aire de déjà vu a este ataque, le recuerda su fallido ataque al ministerio.
El hecho de que Voldemort desee atacar la casa del Jefe de la Oficina de Aurores es para Snape un claro indicio de que el Señor Tenebroso se deteriora, los manda atacar sin tener ningún objetivo, lo único que sacarán de aquello es sembrar un poco más de pánico. Es una estupidez, hay miles de métodos para generar miedo, muchos de los cuales no requieren arriesgar a tus hombres.
Y por otro lado Dumbledore, el cual ni siquiera ha querido escuchar hablar sobre el ataque, Snape intentó que Dumbledore diera el aviso a la oficina de aurores, que Shacklebolt hiciera llegar el rumor para que su Jefe se protegiera junto con su familia, pero cuando Albus supo que los licántropos estaría inmiscuidos prefirió dejar que el ataque se desenvolviera con soltura, según él, quiere ver la manera en que interactuarán licántropos y mortífagos, de modo que está solo en esto.
—Atacaremos el frente, —dice a Lucius y Bellatrix— no maten a ninguno, solo hiéranlos.
— ¿Qué pasa? —le sonríe Bellatrix —los años han ablandado al viejo Snape?
—No tanto como han ablandado tu piel, bruja —Bellatrix aprieta la varita y hace un ademán ligero de atacar —ni lo pienses —le gruñe Snape.
Severus desvía la mirada de Bellatrix hacia la casucha que atacarán. Era una casita simple de dos plantas, algo alejada del resto de las casas del pueblo, la rodea una arboleda por tres de sus lados, solo uno de ellos está libre, es la salida hacia el pueblo, lo único que la distingue del resto es la magia que la protege, como si se tratara de un domo invisible, también hay dos hombres vestidos como muggles que caminan por la acera una y otra vez, sin duda la escolta del Jefe.
—Bellatrix y yo atacaremos las protecciones y a los aurores, en cuanto haya una brecha en el escudo que cubre la casa, Lucius, debes lanzar el hechizo anti-desaparición y bloquear la red flu, no queremos que desaparezcan. Luego de eso huiremos.
Y así lo hicieron, Bellatrix y Snape se mostraron mientras lanzan hechizos intentando romper la barrera, convertidos en estelas de humo negro chocan contra las protecciones, atacándolas, de pronto un domo hecho de magia aparece, luce cuarteaduras aquí y allá ante los embistes de los mortífagos, los aurores prestos para atacar intentan sostener el escudo mágico, Lucius por su parte se mantiene lejos de la vista, los aurores aún no han reparado en su presencia. Un sonido como de vidrio roto suena, Snape y Lestrange atacan mientras Lucius lanza encantamientos al edificio.
Los aurores se defienden, cada uno enzarzado en duelo con un mortífago. Una de las maldiciones va directamente hacia Bellatrix, Snape la empuja quitándola del camino por lo que la maldición sólo le roza el rostro. Extrañamente no desea salvarla, de hecho, si le hubieran dado opción el mismo la pondría en el camino de aquel hechizo, pero los reflejos le traicionaron y aun sin pensarlo lo hizo.
— ¿Que pasa mujer, los años acabaron también con tus reflejos? —y le lanza una mirada envenenada.
Quiere sonreír cuando ve que la piel de Bellatrix se pone de gallina. Sabe lo que provoca en ella y lo considera enfermizo. Ella lo mira con los ojos entornados, nublados por una lujuria ciega que Snape no quiere reconocer, un corte le cruza la mejilla y un hilo de sangre le corre por el cuello.
Apenas un segundo que dura ese momento los aurores se ponen de pie. Pronto el jefe de aurores repele la agresión desde una de las ventanas superiores, sus hechizos son contestados por Lucius. Bellatrix y Snape pelean espalda con espalda. Uno solo de los aurores pelea con ambos mientras el otro manda la señal de S.O.S. al cuartel. Tardan apenas un minuto en reducirlo y pronto ambos aurores yacen en el piso tendidos, uno inconsciente, otro desangrándose. Lucius juega a atacar un endeble escudo que el Jefe de aurores conjuró sobre su ventana.
—Deberíamos matarlos, —sonríe Bellatrix a Snape, —matémoslos y vayamos a celebrar Severus.
—No, —responde Snape, odia que Bellatrix lo llame por su nombre —tienen que estar vivos para que vengan los sanadores.
Lord Voldemort quiere hacer el teatro a lo grande, desea que haya sanadores muertos, que todos sepan que no va a tener compasión por nadie. Que la próxima vez que los mortífagos ataquen sanadores, aurores, todos sientan miedo de responder a una llamada de auxilio.
El conocido sonido de la aparición resuena en la noche. El primer auror que responde a la llamada ha llegado. Bellatrix lo mira y suelta una carcajada, luego dice adiós como si fuera una reina de belleza, ella, y los otros dos desaparecen.
.o.O.o.
Snape reaparece sobre el tejado de una de las casas vecinas, ve a más aurores apareciendo aquí y allá, el Jefe de los aurores ha salido de su casa, un par de sanadores de San Mungo atienden a los heridos.
Snape respira profundo y se odia por lo que está a punto de hacer. Desea de todo corazón que todo termine, frunce el entrecejo y con su varita toca la marca tenebrosa que tiene en el antebrazo. La serpiente ondula y los mortífagos aparecen al lado de una horda de licántropos.
El Señor Tenebroso, la mañana de aquel día, ha dado a todos sus licántropos la poción matalobos. Todos son conscientes de lo que hacen, deben atacar a los aurores, ningún infectado, había dicho el Señor Tenebroso, los quiere muertos a todos.
Snape mira la matanza desde aquel tejado, luego desaparece y se materializa de nuevo, en medio de la trifulca, lanza hechizos inofensivos a los aurores, solo dejándolos inconscientes, pero fuera del alcance de los licántropos, aturde a un par de licántropos y en una o dos ocasiones conjura protegos alrededor de algún auror despistado, en medio de la batalla nadie sabe de dónde vienen.
Los sanadores han caído abatidos, igual que el Jefe de Aurores, su mujer y su hijo pequeño gritan el nombre del hombre desde la ventana, Snape deshace los hechizos que Lucius conjuró para que la bruja y su hijo puedan desaparecerse.
—Imperio, —lanza a un auror que está junto a la puerta de aquel edificio, custodiando la entrada para proteger a la mujer y al niño —sácalos de aquí imbécil, ponlos a salvo —el auror con los ojos desenfocados se lanza dentro de la casa.
Después de un rato la mujer y el niño ya no gritan, Severus imagina que estarán lejos.
Se aleja de nuevo hacia la arboleda, licántropos gruñen aquí y allá, Bellatrix tortura a un auror muy joven.
En los lindes de la arboleda una varita yace tirada, la reconoce de inmediato, la madera color amarillento y pequeños dibujos abstractos que siempre le han recordado calaveras sonriendo, es la varita de Macnair. Un grito al que nadie presta atención resuena, se acerca lentamente, alejándose de la batalla.
Un par de licántropos arrastran a Macnair por la parte trasera de la casa hacia la arboleda, el mortífago intenta clavar las uñas en el suelo terregoso intentando liberarse o alcanzar su varita.
—Suéltenme, perros, si el Señor Tenebroso se entera los matara, —los ojos se le desenfocan por el terror, agrandados en una mueca —Greyback, soy Macnair —y al ver la malicia reflejada en los ojos del lobo dice con voz histérica y suplicante, —soy Macnair, soy…
En un segundo dos licántropos devoran el cuerpo sin vida de Macnair. Severus da media conteniendo las arcadas, ¿por qué siempre le toca a él ver estos espectáculos?
.o.O.o.
Extracto tomado del diario El Profeta.
El Profeta 2 de enero de 1997.
LICÁNTROPOS AL ACECHO.
Ni Siquiera El Jefe De Los Aurores Estuvo A Salvo
Por Rita Skeeter.
La noche pasada en el municipio de Gloucester fue registrado un feroz ataque atribuido a los seguidores de quien-ustedes-saben, el Jefe de la Oficina de Aurores tiene su residencia permanente en dicho pueblo. El ministerio no ha afirmado ni desmentido si el ataque estaba dirigido al Auror. Extraoficialmente se maneja la información de que hubo gran cantidad de muertos y heridos, entre los que se encuentran varios sanadores de San Mungo y el Jefe de Aurores. Aunque las autoridades aún no se han pronunciado oficialmente se dice que también habría varios aurores muertos y que entre las víctimas hay algunos atacados por hombres lobo. Recordemos que el día de ayer llegó la luna llena.
El joven auror Tiberius Dillonsby ha sido condecorado con la Orden de Merlín, tercera clase, por rescatar en medio del ataque a la familia del extinto Auror en Jefe.
Se pide a la Sociedad Mágica extreme precauciones, aunque este medio quisiera evitar que el pánico se extienda en nuestros lectores, nos gustaría que tomaran en consideración, si el Jefe de la Oficina de Aurores no está a salvo en esta situación, qué podemos esperar los ciudadanos de a pie.
Los nombres de los muertos que han sido identificados oficialmente son: …
.o.O.o.
Nunca se le dio bien eso de ser mártir, cuando Ronald decidió enrollarse con Lavender ella, simplemente se alejó lo más que pudo y procuró sobrellevar la situación de la manera más elegante posible. Si bien es cierto que lloró, y que había sentido la necesidad de gritar, siempre lo hizo en privado.
Harry y Ginny que la conocen bien, saben que algo está mal y el resto entienden que Ron y ella han dejado de ser amigos, pero puede garantizar que no la vieron haciendo dramas por los rincones.
Ahora que Tobías se ha ido tampoco va a cortarse las venas por aquí y por allá, aunque se ha hecho el hábito de por las tardes escabullirse a la biblioteca y sentarse a mirar la enorme quemadura de la alfombra que Sirius no se había dignado a reparar, como si la quemadura del escudo de su familia fuera un simbolismo, como si fuera la venganza por como su madre lo borró a él del árbol genealógico. Algunas veces, hay preguntas como un torbellino amontonándose en su cabeza, otras con la mente en blanco.
Se pregunta sin cesar ¿quién era Tobías?, ¿sería ése su nombre real?, ¿cuántos años tenía realmente?, ¿por qué mentir? Los miembros de la Orden del Fénix acogerían a cualquiera, siempre y cuando Dumbledore lo pidiera, pero Dumbledore no había confiado en ellos, no confió en nadie. Y a eso se le aúna el juramento inquebrantable entre Tobías y el Director. ¿Qué secreto es el que esos dos esconden?
Hermione agradece la soledad de la biblioteca para pensar en aquel enigma, el ligero problema es que luego de dos días Ron, Harry y Ginny han decidido "acompañarla a leer". Y después de eso se pegaron a ella como lapas en su afán de que no se sienta sola.
Hermione los mira por encima del libro: "Enemigos y Traidores, compendio de maldiciones y hechizos para castigarlos", que ahora lleva con ella a todos lados. No precisamente como amuleto, ni como recordatorio, sino más bien como una carga.
No llora, no quiere que nadie la vea llorando, no se queja, no comenta nada, de hecho, nadie en el cuartel habla de él, solo Mundungus preguntó una vez, pero su pregunta fue acallada de inmediato, como si todos los de la Orden desearan pasar el capítulo, como si fuera un tema incómodo para todos. A todos los molesta la poca colaboración de Dumbledore en lo que corresponde a dar información.
Ella no ha hablado con nadie respecto a Tobías y sus amigos siguen su ejemplo, no lo han mencionado, ha visto a Ron intentar hablar, también ha visto las miradas envenenadas que Ginny le lanza cada que abre la boca. De modo que el pelirrojo sigue sin comentar nada.
Hace unos días había deseado escapar de Hogwarts, escapar de Ronald, ahora desea con toda su alma salir de Grimmauld Place, escapar del fantasma de Tobías Prince, cree que mantenerse ocupada en sus clases y con el bullicio del colegio, lejos de esa maldita biblioteca la ayudará a despejarse.
Necesita mantener la mente apartada para llevar a cabo ese plan que se va formando en su cabeza, necesita saber, quién era en realidad Tobías Prince, de alguna manera presiente que darle forma a esa ficción que él fue la ayudará a desmitificarlo, a convertirlo en solo un hombre y no en ese espejismo, se siente estúpida al estar idealizándolo, él la enamoró, pero qué garantía tiene ella de que lo que él dijo era real. Si le había mentido en todo porque no mentir también respecto a sus sentimientos, si le había mentido en todo, al menos tenía que averiguar si Tobías Prince realmente existió.
Y para una investigación de ese tipo necesita la biblioteca de Hogwarts.
— ¿Realmente creen que esto es necesario?, —pregunta mirando a los otros tres.
Ginny y Harry se miran con complicidad, como si estuvieran esperando que esto pasara. Harry asiente imperceptiblemente a la pelirroja y contesta:
— ¿De qué hablas?
—De que pasen sus tardes encerrados en la biblioteca conmigo, sin motivo alguno, —dice sencillamente la castaña. —No voy a desaparecer, —les dice haciendo una clara referencia a Tobías.
—Mira Hermione, —señala Ginny, —solo no queremos dejarte sola.
—No va a pasar nada si me dejan sola, Ginny. En realidad, creo que preferiría estar sola.
—No creo que la soledad sea una buena consejera para ti en estos momentos, Hermione.
— ¿Por qué, Harry? —bien, hora de poner las cartas sobre la mesa —Porque Tobías se fue. No va a pasar nada, es una persona que me simpatizaba, es alguien con quien me gustaba pasar mi tiempo, pero un desconocido al final de cuentas, —Hermione se clava las uñas en las palmas de las manos, en un intento de mantener sus ojos límpidos, que los otros no se den cuenta de las ganas que tiene de llorar.
Quizás porque estás enamorada de él, piensa Ginny, pero se muerde la lengua y no dice nada. Aunque no hace falta, Ron pierde la paciencia.
— ¿Por qué?, —dice Ron en un tono de voz demasiado alto, —Hermione tendrías que haberte visto gritando por él el día que desapareció. Mira, —y se sube la manga de la sudadera mostrándole a Hermione los brazos llenos de costras, las uñas de Hermione dejaron profundas marcas en la piel rosada del pelirrojo — ¿por qué tenías que mezclarte con él Hermione?, te lo dije, pero estabas necia por el imbécil… —Hermione se pone de pie, su mirada refulge y se muerde los labios para no responder. La sangre le hierve de escuchar a Ron insultando a Tobías. ¿Qué sabe él? Ron sigue hablando, al parecer ha esperado demasiado tiempo para empezar a despotricar contra Tobías y ahora se está explayando, —… sin saber quién es, sin saber de dónde viene, ¿y si se hubiera aprovechado de ti? ¿Y si hubiera sido un mortífago? Hermione, tu eres demasiado inocente y piensas que toda la gente es como tú, pero el muy imbécil...
¡Paf!, truena la mano de Hermione contra la mejilla de Ronald, en el fondo Hermione guarda la esperanza de que Tobías realmente no haya podido llevarla, tiene la esperanza de que se vuelvan a encontrar, que todo haya sido real, guarda en su interior la esperanza que, al encontrarle, él tenga una explicación y hasta que no confirme que Tobías la había traicionó no va a permitir que nadie lo insulte.
Ron se toca la mejilla donde Hermione le pegó, mientras ella esconde la mano, como si con ese gesto pudiera borrar lo que acaba de hacer. Los ojos de Ron son un hielo.
—Eso deja en claro, —le dice a Hermione con voz chillona, que arruina el efecto dramático que desea —porque prefiero a Lavender.
La chica no aguanta más y se da media vuelta.
—Porque eres una mierda igual que ella, —aclara con un movimiento de varita deja la habitación en penumbra y sale dando un portazo, prometiéndose nunca entrar de nuevo a esa biblioteca.
Adrel Black
