Disclamer.- Todo esto pertenece a la Warner, a JK Rowling y no sé a quien más, la estrofa del principio pertenece a la canción El Último Vals de Saratoga. Mío solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.

Enjoy


PENUMBRA

por

Adrel Black


18. BUSCANDO AL PRÍNCIPE

Como describirte lo que siento cuando tu no estas,

si la vida se nos va.

Todavía me pregunto si esto es verdad,

que me dejas solo ya.

(El Último Vals, Saratoga)


Extracto tomado del diario El Profeta.

El Profeta 6 de febrero de 1997.

ASESINAN AL BOTICARIO.

Pánico En El Callejón Diagon.

Por Rita Skeeter.

La noche pasada, magos paseantes del callejón Diagón fueron testigos del brutal asesinato de Brutus Maddock, el extinto fue propietario de la conocida botica Slug & Jigger, que tiene su dirección en el citado callejón.

Según la información de testigos, sujetos desconocidos ataviados en negro y con máscaras plateadas se acercaron y sin mediar palabra asesinaron a sangre fría a Maddock y a su ayudante identificada solo como Mary.

El ataque provocó el pánico entre clientes y paseantes quienes se refugiaron en otras tiendas o en el Caldero Chorreante por miedo a ser heridos o muertos por algún hechizo rebotado.

Elementos del destacamento de aurores permanente en el callejón Diagon se apresuraron al lugar de los hechos, sin embargo, los responsables se habían desaparecido ya, no sin antes invocar la Marca Tenebrosa sobre el establecimiento.

El Ministerio de Magia ha informado que se siguen varias líneas de investigación, ya que se desconoce cuál pudo ser la causa del ataque. Se exhorta a la población mágica a realizar sus compras durante el día y en compañía de amigos y familiares.

¿Hasta cuándo el Ministerio tomará cartas en el asunto? ¿Hasta cuándo los aurores dejarán de esconderse en sus destacamentos mientras la población queda a expensas de los mortífagos?...

.o.O.o.

Los primeros días después de las vacaciones fueron duros para Hermione, esa sensación persistente de que alguien le estruja el estómago, esa sensación de absurda impaciencia, con las manos sudorosas de temor sin siquiera saber la razón. En ocasiones rememora los escasos momentos vividos junto a Tobías, agradeciendo por esas horas en que tuvo la dicha de estar con él, en otros momentos odia, cada uno de esos segundos que la han dejado marcada, preguntándose ¿qué caso tuvo? ¿Qué sentido?

En ocasiones mira a lo lejos, desde la torre de astronomía, los vastos terrenos del colegio, la inmensidad. Se siente empequeñecida y sobrepasada, luego allá junto al lago mira sentados a Harry y Ginny, los reconoce por el fulgurante cabello de su amiga. Se pregunta cómo se habrían visto ella y Tobías desde esa altura, juntos. Se pregunta si se hubiera distinguido su cabello rizado desde ahí, o el cabello tan negro de Tobías.

En otros momentos mientras anda a ciegas por los pasillos en la oscuridad, haciendo sus rondas de prefecta, siente en la nuca una mirada insistente, en más de una ocasión quiere atacar a ciegas, pero, por más que busca el origen de esa sensación se encuentra solo con oscuridad y pasillos vacíos. En otros tantos momentos, mientras prepara pociones en el aula llena de vapores siente de vuelta esa mirada, algunas veces con coraje, otras con lágrimas en los ojos, mira a su alrededor buscando la fuente, pero no hay nada, solo su afán de relacionar a Tobías con las pociones. Es como si el fantasma de Tobías la siguiera a todos lados.

.o.O.o.

Que extraño es el tiempo, en un abrir y cerrar de ojos los meses se han consumido, la navidad y el año nuevo se extinguieron desde hace tiempo, ahora en Hogwarts todo reverdece, el lago negro se ha descongelado y el sauce boxeador está lleno de retoños, el sol sale muy temprano por la mañana, despejaba las brumas que se juntan a las faldas de las montañas de Escocia y, después, hasta muy entrada la tarde, se esconde detrás de las mismas montañas dejándolas en sombras.

El castillo está rebosante de actividad, los fríos pasillos poco a poco se tornan cálidos y en el Gran Comedor los postres calientitos y humeantes dan paso a ricas frutas y nieves de sabores. El chocolate caliente es reemplazado por jugo de calabaza frío.

Ginny se prepara para sus T.I.M.O.'s. Alumnos y profesores agradecen cada momento libre en que puedan abandonar los pesados muros del castillo con rumbo a los soleados jardines.

Hermione y Ronald siguen sin hablarse; Harry y Ginny, al final, cansados de las negativas de ambos desisten de reconciliarlos. Lavender por su parte sigue pegada al pelirrojo como si de una enorme sanguijuela se tratase.

El profeta trae cada día noticias sobre ataques de licántropos. La población mágica está aprendiendo a temer los días de luna llena.

Hermione no ha abandonado la idea de investigar a Tobías Prince, pero sus tareas como prefecta y todas las materias que cursa, no le dan mucho tiempo. Lo intenta por todos los medios, dedica cada uno de sus segundos libres a navegar en la biblioteca entre la amplia colección de libros sobre genealogías mágicas. Tanto esfuerzo, sin que haya ninguna recompensa.

Ha revisado grandes tratados sobre familias mágicas, pero no parece haber ni un solo Prince en la historia del mundo mágico. Revisa ejemplares atrasados de El Profeta. Luego piensa que tal vez dado que Tobías es de Durmstrang su familia son ingleses, que viven en otro país. Nunca repara en el hecho de que Tobías no tiene acento. Ese es el efecto secundario que el amor produce en el cerebro.

Es entonces cuando se vuelca en revisar los libros en los que se habla de magos extranjeros, magos que se han casado con ingleses. En las secciones sociales de El Profeta, buscando avisos de alguna boda entre extranjeros e ingleses, buscando entre los obituarios la muerte de los padres de Tobías, buscando entre los años 1976 y 1977 el nacimiento de Tobías. Buscó en otros diarios, correspondientes a países escandinavos. Pero nada ni un solo Prince.

.o.O.o.

Harry entra a la biblioteca con pasos mesurados intentando no hacer ruido para no molestar a madame Pince. Sabe que Hermione estará por ahí merodeando. Y sí, al final de la biblioteca está la chica, con el cabello más esponjado que de costumbre y unos libros enormes que, con solo verlos desde la entrada, sabe que son aburridísimos. La castaña se alisa el pelo con frustración, al parecer no encuentra lo que busca.

Hermione se pone de pie y se dirige hacia las estanterías a acomodar uno de los tomos, es enorme, se parece más a la guía telefónica que su tía Petunia tiene en la mesilla de la entrada, que a un libro.

Se sienta y deja sobre la mesa su libro de pociones, se dispone a esperar a que Hermione regrese.

.o.O.o.

Se sorprende al ver a Harry sentado en su mesa hojeando con dejadez el libro de los Sagrados Veintiocho, uno de sus libros de genealogía, hace una mueca de asco y lo cierra de golpe. Casi no ha hablado con sus amigos, sabe que está actuando equivocadamente, pero necesita resolver el enigma de Tobías Prince, necesita cerrar ese círculo antes de poder continuar.

—Harry.

—Hola Hermione, ¿tienes mucha tarea?

—Oh, esto, no, no es tarea, es… —Hermione se muerde el labio, —un proyecto personal.

Harry asiente con la cabeza.

—Tal vez deberías abandonar este proyecto y centrarte en otros.

—No, tu, Harry…

—Yo sé lo que haces aquí Hermione, Ginny, Ron, todos lo sabemos, —Harry la mira con solemnidad —estás buscándolo.

Hermione no dice nada, a pesar de su cerebro privilegiado realmente pensó que engañaba a los chicos, que realmente se tragaban la absurda mentira de que pasaba cada segundo haciendo tarea en la biblioteca.

— ¿Has encontrado algo? —Hermione niega con la cabeza — ¿Nada?

Se acomoda de nuevo el cabello tras las orejas y lanza una mirada hacia la sección prohibida, hay ocasiones, durante las interminables horas en la biblioteca, en las que la asalta la idea inquietante de que alguien la observa desde esas estanterías, odia ese estremecimiento que le corre la espalda cada vez que siente que la observan, ¿se estará volviendo paranoica?

—Nada Harry, no hay nada —su voz tiene un deje de desesperación —, ninguna referencia a algún Prince.

—Creo que tengo una pista, —toma de un lado de la mesa su libro de pociones avanzadas.

— ¿Qué tiene de interesante tu estúpido libro? —pregunta Hermione mirando el libro con mala cara —¿tu dichoso Príncipe Mestizo tiene algo que decir?

—Solo su nombre.

Hermione lo mira, inquisitivamente, mientras en su mente se forman frases que hacen "click" una con otra: Príncipe Mestizo, Half-Blood Prince, Prince, Príncipe.

—Tobías nunca estuvo aquí en Hogwarts, Harry, aunque fuera mayor que nosotros nos hubiéramos topado con él, aquí en el colegio, en sus últimos años.

—Él no, —le responde Harry —este libro es muy viejo.

Hermione toma aquel libro bajo una nueva luz y abre las pastas nuevas que encubren el viejo libro.

—Cincuenta años, este libro tiene cincuenta años.

—Pudo ser de su padre, has buscado entre los alumnos de Hogwarts.

Hermione se queda mirando a Harry y el libro de pociones, cierto, si su padre fue inglés, lo más probable es que haya estado en Hogwarts.

—Bueno, creo que te dejo con tu más reciente descubrimiento, —Harry le sonríe, toma el libro de pociones, le da un beso en la coronilla y se aleja, —ah, Hermione, cuando termines de buscar y hayas podido dar vuelta a esta página, quizás sea bueno que regreses con tus amigos, —ella asiente con la cabeza, los ojos tristes.

Harry desaparece hacia el pasillo y ella sacude una mano frente a sus ojos como si espantara los pensamientos incómodos, se queda pensando mientras mira a lo lejos la sección que contiene los anuarios correspondientes a Hogwarts. Quizás ahí esté la respuesta.

Toma muchos libros, todos correspondientes a los años cuarenta, los deja sobre la mesa y se dispone la larga tarea de hojearlos uno por uno.

Hace muchas horas se ha quedado en soledad, nadie está en la biblioteca en ese momento, todos cenan en el Gran Comedor.

A su derecha los anuarios correspondientes a los primeros cinco años de los cuarenta. A la izquierda, encima, el anuario de 1946. Hojea durante mucho rato hasta que de pronto ahí está, entre los alumnos de Slytherin, la primera Prince que ha encontrado desde que su infructuosa pesquisa comenzó. Una vieja fotografía a blanco y negro, tan vieja que se ve desvaída, de una chica pálida de once años, de mirar triste y cabello lacio y negro que le regresa la mirada. La forma alargada de su rostro, el cabello negro, son iguales a los de Tobías, solo sus ojos son diferentes, los ojos de esa muchacha no son negros sino cafés, puede notarlo incluso en la fotografía sin colores, no es bella, de la misma forma que Tobías no es guapo, pero tiene esa aureola de tristeza propia de los antiguos mártires.

La mira cruzada de brazos.

— ¿Quién eres? —Susurra a la fotografía, pero la chica retratada en ella no dice nada, solo sigue mirándola con una tristeza solemne.

Hermione acaricia con sus dedos la fotografía, luego hace a un lado el anuario abierto por esa página y toma el resto de los libros, la encuentra en cada uno de los años que siguen, desde 1946 hasta 1953, la evolución de una niña de once a una joven mujer de diecisiete, igual de pálida e igual de triste. Aparece también retratada con el club de gobstones del cual es presidenta, más adelante sale retratada con otros alumnos en un club de pociones, y en otra foto con la anotación de que realizan su E.X.T.A.S.I.S. también de pociones.

Hermione sigue mirándola, Eileen Prince. ¿Quién puede ser ella? No puede ser la madre de Tobías, en primer lugar, porque Tobías tiene un papá del que, sin duda, ha heredado el apellido, y en segundo porque si Eileen fue a Hogwarts entre 1946 y 1953 eso implicaría que haya sido madre a los cuarenta y tantos, no es que sea imposible, solamente no es probable.

— ¿Tu eres el Príncipe Mestizo? —le pregunta a la fotografía, pero Eileen solo sigue mirándola ceñuda.

.o.O.o.

Severus mira a Hermione, la mira cada tarde en la biblioteca, desde el otro lado de las estanterías del área restringida. La mira desde la mesa de los profesores. La mira desde atrás de los pilares de la torre de astronomía, algunas veces, cuando avanza iluminada tan solo por el leve haz de su varita, mientras realiza sus rondas nocturnas, la observa mientras prepara pociones en sus clases, es consciente que ella siente su mirada, pues algunas veces busca entre el gentío la procedencia de ese peso en su nuca, pero no sabe de dónde viene.

Se recuerda a sí mismo, que ella nunca debe saber que la mirada que siente es la suya.

Severus la encuentra inmortalizada en su memoria cuando su madre la llevó por primera vez a la tonta escuela muggle, tendría tal vez seis años y era una chiquilla castaña con el cabello recogido en una coleta que a duras penas contenía sus rizos salvajes que saltaban en todas direcciones. Mientras que él, estaba a la sombra de un rododendro que parecía zumbar por la cantidad de avispas que había en él. Eran finales del verano y aún hacía calor, la niña con su faldita tableada y su camisa blanca hablaba con su madre a las puertas de la escuela, una pequeña mochila a la espalda y un termo con agua en la mano. Su madre le dio un beso en la frente mientras Severus bebía aquella imagen queriendo grabarla a fuego en su memoria. Por un segundo la madre de Hermione, probablemente incómoda por la mirada terca de aquél desconocido, le había lanzado una mirada desconfiada y había empujado a Hermione dentro de las rejas de la escuela. Pero Hermione tan inteligente como siempre había intentado ver qué era lo que incomodaba a su madre y por un segundo había mirado a Snape. Cuando le dieron la espalda desapareció, aquella noche se emborrachó como un lunático.

Había despertado en un hostal de dudosa reputación, con un dolor de cabeza partiéndole el cráneo desnudo, en compañía de una prostituta que había visto deambular muchas veces a lo largo y ancho del callejón Knockturn. Sintió tanto asco de sí mismo que desde ese día nunca bebe fuera de las puertas de su despacho. No desea volver a despertar acompañado y la única mujer con quien quiere compartir su cama ni siquiera era en ese momento una mujer. Era una niña de solo 6 años mientras él rondaba ya los 25.

Sacude la cabeza intentando despejarla, volver a la realidad. Allí está ahora, sola, Potter acaba de abandonar la biblioteca. Cuando comenzó el año, luego de las vacaciones de navidad, pensó que Hermione hacía tareas, pero luego de verla una tarde tras otra sumida tras una torre de libros empezó a preguntarse qué hace. Al principio no entiende por qué mira todos esos volúmenes de viejas familias mágicas. Los ha ojeado y revisado durante meses, pero ése día lo comprende, cuando la ve arrancar sutilmente una fotografía de un anuario de Hogwarts. En cuanto Hermione sale de la biblioteca, toma el anuario y busca la página a la que le falta un trozo, entonces lo sabe, Hermione ha cortado la fotografía de Eileen Prince, Hermione lo está buscando.

Cuando se da cuenta de sus intenciones quiere pedirle que se detenga, que lo olvide. Que lo supere, es tan joven y tan preciosa que siente el impulso de rogarle que se olvide de la pantomima que fue Tobías y que continúe adelante.

Sale de la biblioteca tras ella, es tarde, así que solo puede dirigirse hacia la torre de Gryffindor.

La sigue por los oscuros pasillos, hasta que se pierde en el hueco del retrato, dentro de la torre de Gryffindor, fuera de su vista, siempre fuera de su alcance.

.o.O.o.

Hermione entra a la sala común, ve a Ginny hablando con Harry y a Lavender besando a Ron, bien, mejor así, que no se den cuenta que llegó, no quiere hablar con nadie. Sube a su dormitorio y se deja caer sobre su cama, meses atrás habría llorado, ahora no tiene ánimos para dramas, tiene el cerebro demasiado distraído. Eileen por descontado no puede ser la madre de Tobías porque él tiene un padre que debe ser el que se apellida Prince.

Ahora bien, Eileen y Tobías tienen que ser familia, forzosamente tienen que serlo. Se parecen físicamente muchísimo.

Toma de la mesilla de noche el libro que robó de casa de los Black "Enemigos y Traidores" lo abraza contra su pecho y cierra los ojos, intenta encontrar perdido entre el aroma apolillado del libro el aroma mortecino de tabaco que tenía Tobías.

Se sonroja violentamente cuando recuerda el día en que entró a la habitación de Tobías y lo encontró con la camisa desabrochada. ¿Por qué tendría tantas cicatrices? En su mente, se ve siguiendo aquella gran cicatriz que cruza su pecho con uno de sus dedos, perdiendo su mano hacia sus caderas. Se imagina posando su mejilla sobre el pecho desnudo de él, se imagina escuchar de nuevo su corazón latiente.

La recorre un calor que, aunque antes ha sentido nunca fue de tal intensidad. Sabe muy bien cómo se llama esa sensación, es deseo. Recuerda la cruz de plata que colgaba del cuello de Tobías, siempre escondida debajo de su camisa. Se pregunta: ¿Cómo se balancearía esa cruz si estuvieran haciendo el amor? Es un pensamiento francamente impúdico tratándose de ella.

Abre los ojos de golpe pues el pensamiento que sigue no tiene nada de impúdico, no tiene nada de sensual. Recuerda la conversación que tuvieran aquel día:

Es raro que los magos utilicen símbolos cristianos.

Mi padre era muggle, mi madre bruja, él era cristiano, la obligó a convertirse al cristianismo.

¿Y esta cruz era de tu padre?

De mi madre.

¿Cómo puede ser tan tonta? No encuentra a ningún Prince porque su padre era muggle. Ha estado buscando en el lugar incorrecto. Pero si su padre fue un muggle ¿cómo es posible que Eileen sea tan parecida a él? Su mente no da para más, se siente como el perro que se persigue la cola, dando vueltas en círculo sin llegar a ningún lugar. Cierra los ojos y desea que por fin el sueño la deje en penumbras.


Bueno, creo que esto es todo lo que alcanzo a subir hoy, pero como les dije, espero que terminemos con lo que ya estaba publicado esta semana y comencemos con los capítulos nuevos lo más pronto posible.

Adrel Black