Hola, espero que estén muy bien, ya casi es fin de semana, ya me urge que me dejen salir de este calabozo en el que trabajo.

Disclamer.- Todo esto pertenece a la Warner, a JK Rowling y no sé a quien más, la estrofa del principio pertenece a la canción Hasta El Día Más Oscuro del grupo Saratoga. Mío solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.

Enjoy!


PENUMBRA

por

Adrel Black


19. COSAS DEL DESTINO

La ira se aferra a mi interior,

y pienso en momentos que se van,

que dejan historias rotas

y el dolor de la impotencia.

(Hasta El Día Más Oscuro, Saratoga)


Siempre le ha gustado aparecer sobre los tejados, protegido por un hechizo desilusionador y por el manto de la noche, es una buena forma de observar sin ser visto. Sentado sobre aquel tejado se imagina a sí mismo como un enorme cuervo.

A pesar de la oscuridad y la distancia puede ver perfectamente lo que ocurre en la casucha derruida que tiene enfrente. Una vil casa de adobe a punto de derrumbarse. Todas las casitas son así en aquel pueblo olvidado, parece un pueblo fantasma de una película de terror, una bastante realista.

Cuando se enteró de que tenían a aquellos muggles se sintió asqueado, los llevarían para torturarlos durante una sesión con el Señor Tenebroso. Crabbe y Goyle son los encargados de conseguir diversión, de modo que, solo ellos sabían en qué lugar los escondían, han desaparecido desde hace días, así que tardó un poco en enterarse y poder dar la información a Dumbledore que, a su vez, la hizo del conocimiento del Ministerio.

Snape sonríe de medio lado, son cerca de una docena de aurores, apenas y tardaron un segundo en reducir al par de gorilas que no hacen otra cosa que gruñir. Sigue mirando intensamente lanzan hechizos a los brujos ya caídos y desarmados, a los aurores les gusta ensañarse con ellos cuando logran capturar a alguno. No entiende porque se sienten superiores a los mortífagos, la generalidad no es diferente, solo juegan en el otro equipo. Los chillidos de los gorilas siendo torturados perforan la noche.

Cuando los magos comienzan a sacar a los muggles de la casa derruida, para llevarlos a San Mungo, desea unirse a ellos para torturar a Crabbe y Goyle. La mayoría no parecen más que esqueletos, la piel está pegada a los huesos sin que haya músculos de por medio. Los ojos hundidos, incluso un par no pueden siquiera estar en pie. Son cargados por los aurores que se despojan de sus capas para tapar la desnudez de los prisioneros que los miran con ojos extraviados, agradecidos, sin entender qué pasa ni quiénes son esos hombres que los salvan de aquellos demonios. ¿Cuánto tiempo han pasado en aislamiento sin que él estuviera enterado?

Voldemort va a estar muy molesto por este golpe. Snape sonríe de nuevo y en el revoleo de su capa desilusionada se esfuma.

.o.O.o.

A la mañana siguiente pudo leer la noticia en El Profeta.

Extracto tomado del diario El Profeta.

El Profeta 12 de mayo de 1997

RESCATAN A CUARENTA MUGGLES

Serían llevados ante El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado para su diversión personal

Por Rita Skeeter.

Dos personas fueron detenidas la tarde de ayer luego de que un chivatazo diera a conocer que tenían en su propiedad no menos de cuarenta muggles, según informó el vocero del Ministerio de Magia, Stamford Jorkins.

Los detenidos presuntamente, forman parte de los Mortífagos, grupo de apoyo a quien-ustedes-saben, en el momento de la detención se encontraban acuartelados en una finca abandonada que, mágicamente, habían ampliado en el interior.

Según el vocero del Ministerio, fue un informador anónimo quien dio a conocer el paradero de los muggles, por lo que se procedió a montar un operativo gigantesco siempre con miras a salvaguardar la integridad de nuestros hermanos no-mágicos.

De momento los cuarenta muggles se encuentran en San Mungo donde un grupo de desmemorizadores y sanadores trabajan horas extras en devolver la salud a los rescatados.

Los nombres de los detenidos son: Vincent Crabbe (Padre), Gregory Goyle (Padre).

Ambos fueron enjuiciados y absueltos por el Wizengamont durante la primera guerra contra El-que-no-debe-ser-nombrado…

.o.O.o.

Ha sido más que nada culpa del destino. Ha sido una situación de estar en el lugar adecuado y en el momento preciso. Algo parecido a un golpe de suerte.

El caldero chorreante no les atrae especialmente, de hecho, prefieren ir al callejón Knockturn, es más oscuro, la oscuridad es necesaria cuando se tienen oscuros propósitos.

No es que a ellos les moleste particularmente lo que el mundo diga. Desde siempre, Alecto y Amycus han tenido la necesidad de prodigarse un cariño superior al que los simples hermanos se expresan.

Su amor es mucho más fuerte, un amor que necesita expresarse físicamente, un amor que es solo sobrepasado por el amor a la causa del Señor Tenebroso.

El clímax de su locura, que se expresa muchas veces en el orgasmo, tan solo será igualado por el clímax alcanzado por la tortura aplicada a sus semejantes.

Pero ahora, el clima de inseguridad que se extiende sobre el mundo mágico hace que los aurores pululen demasiado cerca del callejón Knockturn, de modo que, es mucho más simple tomar una habitación en el caldero chorreante disfrazados bajo un hechizo para evitar sonar la alarma.

Después de varias horas de sexo, encerrados en la habitación número trece ella, como una exuberante rubia y él, como un enorme moreno, se dirigen hacia el mostrador donde el desdentado tabernero les cobrará.

Miran con desagrado a la pareja que habla con Tom, sin duda son muggles, su vestimenta lo grita de manera exultante.

—Entonces nuestra hija tuvo que pasar la Navidad lejos.

La mujer asiente dándole la razón al marido que es quien habla.

—Por eso queremos sorprenderla ahora que regrese a casa por vacaciones —dice la mujer con amabilidad —pero no hay muchas cosas que podamos comprarle, así que si usted pudiera ayudarnos a entrar, solo quisiéramos ir a la librería.

Alecto y Amycus aun enfundados en sus disfraces de piel y hueso se miran y sonríen como tiburones.

De modo que el resto es sencillo, esperar a que los muggles se adentren en el callejón Diagon, esperar unos momentos, acercarse desenfadadamente, desaparecer con ellos y llevarlos como ofrenda a su Señor.

.o.O.o.

Una neblina informe de color blanco nacarado entra por la ventana mientras da vueltas por los pasillos, no encuentra a Snape, le ha buscado en sus habitaciones, en su despacho, ha recorrido Hogwarts de lado a lado sin que haya rastro de él. Intenta pensar dónde se habrá metido cuando la neblina lo alcanza y un panda nacarado se forma frente a él, la voz de Hestia Jones le habla:

—Dumbledore, los perdimos, en el callejón Diagon, un mago alto, moreno y una rubia se acercaron y desaparecieron con ellos.

Luego el panda se disuelve.

Dumbledore suspira, no hay nada que hacer, si ellos desaparecieron y Snape se fue a una reunión lo único que queda es esperar las malas nuevas.

.o.O.o.

La marca tenebrosa le escuece como el demonio, si supiera que arrancándose la piel del brazo dejaría de doler, habría tomado su daga de plata, con la que elabora pociones, y se desollaría el brazo él mismo.

Habría desaparecido de inmediato, pero tuvo que esquivar a Dumbledore que rondaba los corredores, aborrece que el viejo se entere cuando va a las reuniones, algunas veces lo mira con fría avaricia, como si nada anhelara más que la información que Severus traerá a su regreso; otras, lo mira con lástima, en esos momentos Snape lo odia como en ningún otro, no le importa ser un peón, pero detesta ser alguien que necesite la lástima de los demás.

Voldemort está inquieto y lo cita con frecuencia, muchas de las veces solo para divagar, a la fecha cincuenta mortífagos han desaparecido sin que se sepa cómo o hacia dónde. De los cuales al menos cinco eran del círculo cercano al Lord: Macnacir, Rabastan, Nott, Selwyn y Yaxley. No se lo explica, tiene montones de espías trabajando para él en el Ministerio y los aurores no los atraparon. Los únicos que en ese momento están en Azkaban son Crabbe y Goyle.

Al principio Voldemort barajó la posibilidad que se tratara de traidores, hasta que entre los desaparecidos se encontró Rabastan Lestrange. No existe manera de que los Lestrange lo abandonaran, han sido adoradores de las artes oscuras desde montones de generaciones atrás, no, ahí tiene que estar pasando algo más, algo que está fuera de su vista. Alguien o algo está acabando con sus fuerzas y no tiene idea de qué o quién es.

Solo Lupin, Severus y Dumbledore están al tanto de la suerte de aquéllos cincuenta, han terminado siendo comida de licántropos.

De modo que ahora, cada vez que los llama, se ve ansioso, desorientado. Y Dumbledore, él está encantado con los acontecimientos.

Se aparece en los terrenos de la Mansión Malfoy. Odia su exuberancia y falso esplendor, además, no sabe qué encontrará, lo pone especialmente nervioso escuchar carcajadas.

Atraviesa los corredores con rumbo al salón donde los mortífagos en círculo rodean los cuerpos sin vida de dos personas un hombre y una mujer de mediana edad.

—Severus —Lord Voldemort preside el círculo desde un punto indefinido —te retrasas, por un segundo pensé que no vendrías.

Snape se acerca e inclina hacia la voz del Señor Tenebroso, lo ubica y toma el bajo de su túnica, lo besa con el rostro sin expresión.

—Mi Señor, —murmura Severus una vez que se pone de pie, —sería imposible para mí no acudir a su llamado.

— ¿Sabes que mereces un castigo, Severus? —Los músculos del pocionista se tensan en espera de la maldición que vendrá. —Francamente Severus, que seas el más leal de mis mortífagos no te da derecho a hacer esperar a tu Amo.

—Mi Lord…

—Crucio.

Cae al suelo en un suplicio mudo, mientras, se muerde el interior de las mejillas en busca de contener los gritos que pugnan por salir. Es curioso cuando los segundos pasan como si fueran horas.

—Severus, —la maldición se detiene y el Lord mira a Snape con una ternura burlona reflejada en sus rojas pupilas, el pecho del Profesor sube y baja con rapidez intentando atrapar el aire que ha escapado de sus pulmones con la tortura, las túnicas se la han abierto y las costuras de su camisa se ven forzadas, a punto de reventar. Intenta ponerse de pie, el cabello le cubre el rostro, se tambalea, —si tan solo dejaras de comportarte como un caballero andante y te dignaras a gritar, harías todo esto más sencillo, —el falso afecto se convierte en sadismo y el carmín de sus ojos en casi negro cuando murmura de nuevo: —crucio.

Sabe que debe dejar de morderse las mejillas cuando un sabor metálico y conocido le inunda la boca, sus uñas clavadas en las palmas de sus manos también le han hecho brotar sangre.

Cuando la maldición se detiene Snape se pone de pie trabajosamente, tiene los ojos llorosos y sabe que, al menos, una de sus heridas recientes se ha abierto, puede sentir sangre correr en un hilillo por una de sus piernas hacia dentro de sus botas, se acomoda la máscara y toma su lugar a la izquierda de Voldemort de frente al resto del círculo.

Mira a las dos personas que yacen en el centro del redondel, sus piernas y brazos están en ángulos extraños, sin duda los huesos fueron quebrados y dado que no se mueven y no se quejan, están muertos.

—Lo lamento mucho, Severus, —sisea de nuevo Voldemort, — estos dos fueron lo único que pudimos conseguir. Pero dos muggles para tantos mortífagos, —niega con la cabeza, —bueno, como tú te tardaste y estos murieron demasiado pronto, —Voldemort sonríe y los mortífagos a su alrededor se carcajean, Severus escucha una carcajada saliendo de su propia boca y se asquea por ello, —creo que te perdiste la diversión.

—Mi lord, —dice Bellatrix con tono de ensoñación, como una niña que espera su navidad, —cree que podamos echarlos a la puerta del Ministerio, como a los otros, —el Lord niega con la cabeza.

—Mi querida Bella, son la cena de Nagini.

Severus solo escucha, mira fijamente el cabello de la mujer, sacude la cabeza, tiene que estar desvariando, ese cabello se parece tanto al de Hermione. Color chocolate, ondulado, largo.

— ¿Qué pasa Severus? —Snape niega con la cabeza, — ¡Oh!, —dice Voldemort — ¿Te parecen conocidos? —Severus mira a Voldemort impertérrito, sin responder, —verás, ese fue un golpe de suerte de Alecto y Amycus, por una casualidad encontraron a los padres de la sangre sucia amiga de Potter, —continúa hablando mientras con el pie descalzo voltea la cara de la Señora Granger, como años atrás había hecho con Cedric Diggory, —gritaron el nombre de la sangre sucia mientras los torturábamos. Cosas del destino —dice Voldemort con dejadez al centro de la estancia en penumbras.


Hola Perla Carmona.- Que bueno que te guste, gracias por escribirme, espero que te siga gustando. Un saludito!

Creo que voy a alcanzar a subir otros dos capítulos hoy.

Nos leemos

Adrel Black