Disclamer.- Todo esto pertenece a la Warner, a JK Rowling y no sé a quien más, la estrofa del principio pertenece a la canción Te Guardo Un Beso del grupo Mägo de Oz. Mío solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.

Espero que lo disfruten.


PENUMBRA

por

Adrel Black


24. REENCUENTRO

Parte III

La Habitación Frente A La Biblioteca

Quiero dormir y volver a soñar,

que estamos juntos como ayer.

Quiero volver a llenarme de ti,

si te hice daño ya lo pagué con soledad.

(Te Guardo Un Beso, Mägo de Oz)


—No hay más oportunidades para dar la vuelta, Hermione.

Mira la forma en que Hermione suelta su varita, el trozo de madera pulida se desliza por las sábanas que antaño fueron blancas y ahora lucen deslavadas, golpea el suelo en un ruido sordo que en la quietud de la habitación suena estruendoso, y sigue rodando hasta que se pierde bajo la cama. Mira a la castaña y sabe que está decidida, puesta en bandeja de plata para él. Después de tantos años, ahí está entregándose voluntariamente. Se siente como un depredador al verla tan joven, tan ingenua, tan virginal y a la vez con los ojos arrebatados y ardiendo.

Desliza la sábana invitándola a que se acerque, Hermione sin dejar de mirarlo se desliza hacia el mortífago, Snape la toma de la cintura y la sienta a horcajadas sobre él, no hay necesidad de hablar ni de decir, ambos están seguros de lo que quieren: Severus un remedio para las profundas heridas que diecisiete años de soledad le han dejado, Hermione sanar los ojos apagados de ese hombre al que ama.

Snape la atrae hacia él, una de sus manos en su nuca, la otra en sus caderas, antes de besarla de nuevo se detiene mirándola, conteniéndose, quiere que esté segura que él es capaz de detenerse en cualquier momento, que sepa que no es un crío precoz intentando poseer a una joven, quiere que sepa que es un hombre responsable, que respeta sus decisiones, aun y cuando no sacien sus instintos; pero a Granger no le importa si Severus no se detiene, ella acaba con el espacio que él ha dejado entre ellos, y lo besa. Desliza su lengua por sus labios y el pocionista se estremece, Hermione puede sentirlo entre sus piernas, habría querido comérselo a besos, pero Severus la contiene.

—Tranquila, —susurra marcando una cadencia, besándola con tranquilidad, sin prisa. Necesita llevar el control, si se deja llevar va a terminar arrancándole la ropa y penetrándola como un animal.

No es que tengan todo el tiempo del mundo, si alguien los descubre, si alguien sube y ve la cama vacía de Hermione, si alguien los escucha. Esos pensamientos solo logran acelerar aún más el pulso de Severus. Desvía la mirada un segundo hacia la mesilla en busca de su varita.

— ¿Qué pasa?, —le pregunta Hermione.

—Tenemos que cerrar la puerta.

—La cerré cuando llegué, —responde ella, Snape la mira con una ceja alzada, ella le sonríe ruborizándose, —no quería que nadie nos interrumpiera.

—Bien pensado, —murmura Snape y vuelve a besarla.

Sus manos dibujan florituras en la espalda de la joven, bajando hasta casi tocar su trasero, pero subiendo antes de llegar a él. En compensación, Hermione le regala suspiros y exclamaciones de frustración que se ahogan en su beso, haciendo que los labios y la lengua de Severus vibren.

Pronto la boca de Hermione ya no es suficiente, necesita degustarla, saber si su cuerpo es tan dulce como lo son sus labios. Desliza su boca hacia un lado sin dejar de besarla, hacia su cuello, lamiendo y mordiendo la piel de su clavícula, Hermione que sigue a horcajadas sobre él, apoya una de sus manos en el respaldo de la cama y la otra la desliza hacia la nuca de Severus, exigiéndole que no despegue la boca de su piel, mientras él, sigue andando camino hacia sus pechos.

Es maravillosa, su tez tan clara, lechosa, sus ojos cerrados y su cabello salvaje, regado por su espalda, luego de besar su escote toma la orilla de su playera y se la pasa por la cabeza dejando sus pechos al aire. Un escalofrío que nada tiene que ver con el clima eriza los vellos del cuerpo de la chica, Severus la mira, ella tiene los ojos fijos en él, como si esperara una reacción hacia su semidesnudez, su aprobación, intentando saber si ella es de su agrado.

Él le regala una sonrisa torcida.

—Eres hermosa, —susurra antes de atrapar uno de sus pezones entre los labios, está tan duro y tan dulce.

Lame y besa a placer, escucha a Hermione gemir, lo que solo hace que su erección crezca un poco más, aprisionada en el pantalón de su pijama. Entre los lametones y mordiscos que prodiga en su seno, Hermione se balancea sobre él creando un roce insistente contra su virilidad.

Se imagina haciendo a Hermione suya cada uno de los días de su vida, podría vivir así, sin duda.

Atrapa el otro pezón mientras sus manos magreaban el trasero de la chica con lascivia, puede explotar en ese momento, cuando Hermione, con los ojos cerrados y una de sus manos en el respaldo de la cama, desliza su otra mano al pezón que Severus acababa de abandonar, está rosado y tenso y los dedos de la castaña se resbalan en él por la humedad que su maestro ha dejado.

Severus la tumba sobre la cama, y desliza sus manos dentro del shorts de su alumna. La mano de Hermione aun juguetea con su pecho mientras lo mira, calcinándose.

—No puedo más, —murmura Hermione.

Severus se envara, a qué se refiere, no puede esperar o no quiere continuar.

—Te necesito ya, —completa ella y Severus suelta el aire contenido.

—Espera.

—No quiero, —dice como si fuera una niña exigiendo un juguete nuevo. Él suelta una risa socarrona. —Por favor, —suplica ardiendo.

—Calma.

—Tengo medio año en calma.

—Yo diecisiete, —le responde él y con un arrebato le arranca el shorts de las piernas.

Le da una mirada apreciativa al pequeño bóxer azul que lleva puesto. Ella se siente muerta de vergüenza.

—Si hubiera sabido que iba a terminar la noche aquí, —aclara juguetona, —estaría usando algo más apropiado… Profesor.

El miembro de Severus salta ante la insinuación de la subordinación en que se encuentra su alumna frente a él.

—Supongo que todos los maestros han fantaseado con una alumna alguna vez, —murmura.

— ¿Fantasea con sus alumnas, Profesor Snape? —ronronea Hermione.

—Solo con una, —le contesta Severus, —aunque, eso no quita que me sienta como un pervertido.

Hermione no quiere nada de conmiseración en este preciso momento.

—Olvídalo, —le dice mientras se acerca para acariciar su erección, contiene un poco el aire al notar su tamaño, nunca ha acariciado a un hombre, toda su experiencia se resume a las pláticas exageradamente gráficas que tiene con Ginny, lo mira, —sé perfectamente lo que hago aquí, —su mano sube y baja por el considerable bulto en el pijama del hombre mientras él entrecierra los ojos, —no te estás aprovechando de una colegiala. —Hermione se separa un poco de él y se deshace de la única prenda que le queda, los bóxers azules. —De hecho, me da un poco la impresión que es la colegiala quien intenta seducirte a como dé lugar.

Se recuesta, exactamente en el lugar en el que estuvo originalmente Severus, su cabello se derrama sobre las almohadas, sus piernas ligeramente dobladas y abiertas, en una clara insinuación, juega de nuevo con uno de sus pezones y la otra mano la alarga invitando a Severus a que suba en su cuerpo.

El espía baja de la cama y se deshace del pantalón del pijama, sus piernas tienen un ligero vello negro, al igual que su pecho, de en medio de sus tetillas baja una fina hilera hacia el ombligo y luego se pierde en su bóxer, también de color negro.

Tiene toda la piel pálida y cubierta de cicatrices incluidas sus piernas, la más notoria es la gran cicatriz que lo corta en diagonal, y que, ahora, Hermione ve, termina en la parte superior de su rodilla derecha, a los lados de ésta, hay muchas más, aunque ninguna tan grande, pero si muchas más pequeñas, algunas son apenas notorias, parecen muy viejas, otras más están aún rosadas, algunas parecen cuchilladas, solo tajos, otras tienen ramificaciones como si hubieran explotado. En su antebrazo izquierdo en negro desvaído, como un tatuaje muy antiguo, la marca tenebrosa.

—Lamento esto, —murmura.

—No te entiendo, —contesta Hermione.

—Te asusto, —no es una pregunta.

—No, —Hermione extiende la mano indicándole que aún lo espera, —me asusta lo que has tenido que vivir.

—También bajo las ropas soy una especie de… monstruo. —murmura él señalando sus múltiples cicatrices, —no es tan difícil de creer.

Él no se mueve, tiene algo de hilarante ver al profesor más temido de Hogwarts medio desnudo y sin saber qué hacer. Su piel brilla a la luz de la vela que casi se ha consumido, las cicatrices forman extrañas formas en su cuerpo y su intensa erección corona el cuadro. Normalmente proyecta una seguridad avasallante, pero, en ese momento, Hermione se da cuenta que es parte del cascarón. En realidad, en aquel momento, no es al Profesor Snape a quien ve sino a Tobías, a sus diecinueve años, estando asustado.

Se pone de pie, él es muy alto, Hermione se pone de puntillas intentando alcanzar su mejilla.

—No puedo creer, —le dice besándolo, —que sin intentarlo, me haya enamorado del hombre más valiente del mundo, —besa su otra mejilla, —no tuve que salir a buscarlo, vino desde otro tiempo por mí, —besa su boca, —me ha esperado durante diecisiete años a que estuviera lista para él, —regresa a la cama dejando a Severus en el mismo lugar, se recuesta de nuevo y lo mira. —Ya lo estoy.

Snape se despoja del bóxer y regresa a la cama con Hermione, respira entrecortadamente, no solo por la excitación, sino por lo exaltado que está su pecho, realmente está enamorada de él.

Se sitúa entre las piernas de Hermione y desliza uno de sus largos dedos por su intimidad, está mojada. Empapa su dedo y lo dirige hacia el clítoris, ese punto rosado e hinchado que clama por atención.

—Por Dios, —murmura Hermione.

La chica se retuerce en las manos de Severus intentando conseguir un mayor roce, Snape le sonríe, no esa mueca torcida que ha visto al comienzo, una sonrisa, algo apagada, pero que le ha llegado hasta los ojos iluminándolos, parece más joven. Hermione levanta la cabeza, intenta mirar sus manos largas y pálidas, una se pierde en la entrepierna de ella, entre rizos castaños, la otra sube y baja por su miembro mientras la mira.

—Oh por Dios, —repite Hermione de nuevo y deja caer la cabeza cerrando los ojos.

Siente tensión en el estómago, Severus aumenta la velocidad por momentos, dibujando círculos sobre su clítoris, un nudo aprieta su pecho y le impide gritar, de su garganta solo escapan jadeos, sus pies y piernas se tensan, intenta cerrarlas en un impulso incoherente, apresando a Severus que está en medio de ellas como si fueran tenazas. Hermione se retuerce en busca de un mayor roce con los dedos de Severus, sus manos apresan las sábanas y las aprietan. Entre sus jadeos escucha a Severus murmurar "eres preciosa". No puede más, y se deja ir.

Cuando abre los ojos Severus sigue en la misma posición, pueden haber pasado segundos u horas, su sonrisa es completamente decadente, su mano sigue subiendo y bajando lento por su erección, mientras la otra acaricia superficialmente la intimidad de Hermione resbalando en su humedad.

Se desliza por el cuerpo de la chica, mientras ella se prepara para entregar su virginidad. Se posiciona en la entrada de Hermione, pero se contiene. En un esfuerzo sobrehumano murmura:

—Hermione, —respira entrecortado.

—No, —responde la castaña con voz apenas audible. —No quiero arrepentirme, no quiero parar. —Él empuja un poco sintiendo en la punta de su miembro la humedad y el calor que despide la entrepierna de ella. —Severus, —dice ella apremiante y él se detiene, incluso en el último instante, ella tiene la prerrogativa de decir no. La mira.

— ¿Quieres que me detenga?

—No, —niega también con la cabeza. —Necesito decirte algo, —él espera. —Te amo.

Quita uno de los rizos que hay en la frente de Granger. Se inclina un poco para hablarle al oído y su miembro se desliza un poco más dentro de ella.

—También te amo, Señorita Granger.

—Espero que lo de Señorita no aplique por más tiempo.

Él la mira y empuja un poco más dentro de ella, Hermione se tensa al momento clavando las uñas en su espalda.

— ¿Nunca has estado con alguien?

—No.

La virilidad de Severus palpita con esa respuesta, será el primero. Pase lo que pase, siempre será su primer recuerdo, pase lo que pase, si hay más hombres en la vida de Hermione, él siempre será su parámetro de comparación. Empuja un poco más hasta topar con la resistencia del cuerpo de ella.

Escucha un quejido cuando intenta forzar el ingreso a su cuerpo.

—Shhh, —murmura —tranquila, —la mira a los ojos. — ¿Confías en mí?, —ella asiente. —Voy a cuidarte, no voy a lastimarte, solo necesito que te tranquilices, —luego añade intentando que ella se relaje, —aun te debo un café.

Ella asiente con una risita ahogada, mientras, él recorre más hondamente el camino hacia el interior, siente la virginidad de Hermione quebrarse alrededor suyo, ella gime y exhala a la vez, sus uñas se clavan aún más profundamente en su espalda, las lágrimas escapan por las esquinas de sus ojos con rumbo a las sienes.

—No más señorita Granger, —murmura ella en su oído con voz llorosa.

— Señora Snape no se escucha tan mal, ¿no crees?

—Se escucha maravillosamente.

Él se desliza dentro y fuera del cuerpo de la castaña con cadencia, aun sin entrar por completo en ella temiendo lastimarla. Hermione lo mira, con intensidad y a ratos cierra sus ojos apretadamente.

Siente un cosquilleo en la espalda, como un escalofrío permanente. Hermione lentamente se va relajando y cada vez que Severus entra en ella, la chica levanta la cadera buscando más profundidad, entonces Severus sabe que está lista. Hermione grita y arquea la espalda de placer cuando él por fin la llena en toda su longitud.

Severus suelta una especie de aullido ronco, un sonido tan masculino que hace que Hermione se estremezca de anticipación. De pronto, solo frases inconexas y gemidos se escuchan al ritmo de una canción cantada por dos cuerpos que chocan cubiertos de sudor, la pequeña habitación arde junto con ellos, fuera la lluvia arrecia, el vidrio de la ventana está cubierto de vaho, el cabello de Hermione se pega a su cara mientras mira gotas de sudor correr entre los vellos del pecho de Snape.

Hermione gime por más, Severus enloquece, siente las uñas de ella abrir surcos en su espalda. Hermione no puede más, escucha palabras como "demonios" o "hermosa", salir de la boca de Severus, sin ningún orden, sus movimientos se hacen cada vez más erráticos, su boca a momentos captura sus pezones y los succionaba con fruición volviéndola loca, cuando murmura algo que suena como: "tan estrecha", Hermione no sabe más de sí.

— ¡Más! —Exclama Hermione.

—Hermione, —gime Severus.

Ella se contrae en torno a él, sabe que sus uñas le harán sangre en la espalda, el poderoso orgasmo de la chica lo arrastra hacia la penumbra junto a ella.

.o.O.o.

Mira por la ventana, la lluvia arrecia conforme la madrugada avanza, la vela se consumió hace buen rato. Hermione yace dormida a su lado, Severus la encuentra hermosa en ese sueño en calma, ha dormido un rato junto a ella, pero luego el calor sofocante de la habitación lo obliga a levantarse, a abrir la pequeña ventana que tiene su pieza. El aire fresco se cuela junto con un ligero rocío mojando el suelo del dormitorio y trayendo consigo el olor a lluvia.

¿Habrán hecho lo correcto? ¿Qué pasará si él no sobrevive a la guerra? ¿Qué es mejor? Darse la oportunidad de amar a Hermione durante el tiempo que le quede o sería mejor alejarla, no permitirle que se acerque, que cuando la guerra termine él sea para ella solo un mortífago más que cayó.

Severus se desliza dentro del bóxer que está en el suelo y se dirige hacia la mesilla. Invoca tintero, pluma, pergamino, una vela y comienza a escribir. Si algo le pasa se asegurará de que no quede en el desamparo.

.o.O.o.

Ha pasado casi media hora desde que Severus se levantó de la cama, Hermione lo mira, escribe. Le sorprende la quietud que destila su cuerpo, en la espalda puede ver las marcas que sus uñas dibujaron, se siente culpable, él ya tiene suficientes marcas como para que ella le haga más, le pedirá una poción para curarlas, no quiere que le queden más cicatrices.

Se siente tan feliz, tan llena, por fin completa, no más búsquedas, no más tinieblas, ahora están juntos, por fin ha resuelto el crucigrama que fue Tobías. Se sonríe, ¿preferirá que le llame Severus o Tobías? ¿O se empeñará en que le siga llamando Profesor Snape?

Y ahora, ¿qué son? ¿novios?, ¿amantes? Él dijo que las palabras "Señora Snape" quedan bien, ¿eso quería decir que se comprometerán?, ¿es algo serio? Una sonrisa estúpida ilumina su rostro. Siente mariposas que vuelan dentro de su estómago, aunque, deben ser algún tipo de mariposas mutantes que se multiplican y se multiplican exponencialmente.

No puede contenerse por más tiempo, se levanta y cubre su desnudez con la sábana mientras Severus le dirige una mirada. Se acerca al escritorio cuando él ya empieza a doblar el pergamino en la parte superior alcanza a ver la fecha y las palabras "Ultima Voluntad", intenta sonreír, pero no lo logra.

— ¿Qué es eso? —pregunta.

Él le toma la mano y la atrae, trabajosamente, aún enrollada en la sábana, se sube al escritorio, Severus se inclina abrazando su cintura y descansando su cabeza en el hueco de su vientre.

—Lo que te dije, Hermione, lo decía enserio. —Levanta la cabeza para mirarla, luce bellísima con el cabello enredado y las marcas que dejaron los dientes de Severus en su clavícula. —No sé si voy a sobrevivir a esta guerra.

—Eres listo y fuerte…

—Shhh, —la acalla poniendo su índice en su boca. —No tiene nada que ver con eso, Hermione. En algún momento mi lealtad a Dumbledore se descubrirá. —Ella traga saliva al imaginar a Voldemort enterándose de que Snape es un espía. —No puedo saber cuándo pasará, ni en dónde estaré cuando pase, —él sigue mirándola. —Si estoy lejos podré defenderme, pero si mi lealtad se descubriera estando en medio de una legión de mortífagos será mucho más… —contrae los labios buscando la palabra correcta —complicado.

Hermione asiente con la cabeza.

—Nada va a pasarte —él la mira con compasión, imposible asegurar aquello —promételo…

—Hermione…

—Promételo, aunque estés en medio de una horda de mortífagos intentarás volver a mí.

—Hermione…

— ¡Hazlo! —le exige ella.

—Lo prometo, —le dice cansinamente —pero tienes que saber que las posibilidades…

— ¿Cuántas posibilidades existían de que esto pasara? —se señala a sí misma envuelta en la sábana.

—Ninguna.

—Entonces ¿por qué no mandas al demonio las posibilidades?, —él asiente en silencio, sonríe a Hermione en una mueca torcida que hace que la respiración de la chica se acelere. Sus senos, que se dibujan bajo la sábana, suben y bajan con rapidez. Se moja los labios con la lengua.

—Espera, —le dice Severus leyendo la excitación en sus rasgos, —toma. —le extiende el pergamino doblado. —Si algo me pasa quiero que lo abras, —asiente tomando el pergamino, —mientras tanto guárdalo. —Luego añade: —Hermione, no confíes en Dumbledore.

Ella asiente con aprensión.

—Nada va a pasarte, —le asegura. —Vamos a terminar esta guerra y nos iremos de aquí, lejos, solos.

—Claro que sí, preciosa.

Ella le sonríe, suelta la sábana un poco, dejando sus senos libres y mira a Severus con curiosidad.

— ¿Puedo llamarte Tobías? —Severus hace una mueca de asco. —También puedo decirte Severus, claro que si eres un poco más perverso puedo seguirte llamando Profesor Snape —ronronea esta última frase.

—Severus está bien en privado, —contesta él en voz tosca. —Me temo que en público tienes que seguir llamándome Profesor Snape, durante algún tiempo, al menos hasta que todo esto termine. —Ella se pone de pie y deja caer la sábana por completo, camina contoneándose hacia la cama sintiendo la mirada de Severus que recorre su cadera —y de perversiones conozco muchas más que llamarme Profesor Snape. ¿Quieres unas lecciones?

—Por supuesto, Profesor Snape, —responde Hermione sentándose en la cama y le dirige una sonrisa, con su mano le hace señas con el índice de que se acerque.

Él se dirige hacia la cama quitándose el bóxer en el camino y liberando una furiosa erección, por suerte aún quedan algunas horas de penumbra antes del amanecer.


Bueno, dejemos a estos dos siendo felices de aquí a mañana.

Nos leemos mañana sin falta, mañana llegaremos al capítulo 26 y no estoy segura si mañana o el domingo empezaré (¡por fin!) con los capítulos nuevos.

Que tengan un lindo viernes.

Adrel Black