Disclamer.- Todo esto pertenece a la Warner, a JK Rowling y no sé a quien más, la estrofa del principio pertenece a la canción Lazos de Sangre del grupo Sylvania. Mío solo es la historia y escribo sin ánimo de lucro.
Espero que lo disfruten.
PENUMBRA
por
Adrel Black
26. EL CAMINO DE LOS LICÁNTROPOS
Parte II
El Fin del Camino.
Yo no pude decir no,
no tuve elección.
Verdugo soy
y su alma el fuego quemó.
(Lazos de Sangre, Sylvania)
Claro que llega el momento en que continuar recostado se hace insoportable, le duele la espalda y el cuello se siente en tensión, ni hablar de la cabeza, cree que en cualquier momento le explotará, ha pasado la noche divagando.
Los pensamientos varían, van y vienen, entre mortífagos, —¿qué estarán haciendo los demás mientras él y Bellatrix buscan?, — licántropos, —¿serán capaces de exterminarlos o serán exterminados?, — la Orden del Fénix, —¿estarán, como Severus imagina, tan campantes mientras él y Lupin se arrancan el pellejo entre ellos? — y Hermione —¿qué estará haciendo?, ¿dónde?, ¿con quién? ¿Estará sola o con Potter, o con Weasley?
Snape gruñe, ella es libre, pero le sabe la boca a rabia solo de pensar que pueda dejarlo, a ira y desilusión y es que, han tenido apenas una noche antes de separarse, de alguna manera la sensación de irrealidad mezclada con el poco tiempo que han estado juntos le hace sentir que para cuando regrese ella no lo estará esperando, aunque solo pasen un par de días, que ella recapacitará, que se dará cuenta que se ha equivocado y lo dejará, que le hará otra herida, una herida más que acumular.
—Mierda, —susurra a la habitación vacía, se pone de pie y se acerca hacia el baño.
El cuello se le relaja un poco en el agua caliente, se queda solo en mangas de camisa y se dirige a la cocina. El elfo doméstico, que Bellatrix invocó desde la mansión Malfoy, se afana en la cocina haciendo un desayuno digno de Hogwarts.
Empieza a comer sin esperar a Bellatrix, escucha el agua corriendo lo que indica que la mujer se baña, es extraño, siempre ha estado con ella en momentos de violencia y el considerarla una persona, le sienta raro, una persona que se baña, que come, es burlesco.
Sale y se sienta al borde del camino, luego de media hora Bellatrix sale, tiene cara de pocos amigos.
— ¿A qué esperas Snape?, —dice con voz ronca y se convierte en una estela de humo negro, Snape la sigue. Escucha un ¡plop! proveniente de la casucha e imagina al elfo volviendo a la Mansión Malfoy.
Pasan el día entero volando, un par de veces paran en algunos otros pueblos que han sido arrasados, roban comida y siguen el camino tras las huellas de los licántropos hasta que encuentran el rastro, termina al borde de un barranco escarpado, Severus se materializa de vuelta y a su lado Bellatrix, allá abajo hay una hondonada y al fondo un río caudaloso, los licántropos se han detenido. Algunos beben agua del río, otros yacen en el suelo entre temblores.
— ¿Qué les pasa?, —pregunta en un susurro Bellatrix mientras frunce el entrecejo.
—Creo que anoche fue el último día de luna llena, —le responde Severus.
Los quejidos ahogados de los licántropos llegan hasta ellos, mientras él, mentalmente, hace cuentas, ha visto a Lupin el día después a que los atacaron, estaba en Grimmauld Place, ellos llegaron en la madrugada, por lo que Lupin debe de haberse convertido en hombre apenas antes de que llegaran, de eso han pasado tres días.
Severus sabe lo que deben estar sufriendo, imagina que es como volver a tu cuerpo luego de haber tomado la poción multijugos, la piel como cera caliente, quemándote, el deseo de arrancar trozos para que el dolor pare, el dolor interior de tus órganos volviendo a su lugar luego de haber sido achicados, hinchados, desplazados, encogidos. Imagina que volver a ser humano debe de ser parecido, pero a la vez peor, un cuerpo humano es igual a otro, varían el peso, la forma, la complexión, pero volver a ser humano, luego de ser un animal, debe ser como menos, insufrible.
Severus entorna los ojos, si Molly Weasley estaba en lo cierto, Lupin debe estar entre ellos. Aunque las copas de los árboles le dificultan la visión.
—Debes ir por el Lord, —dice Severus a Bellatrix, eso le dará tiempo de buscar a Lupin y sacarlo, —sin duda querrá estar aquí.
De fondo el sol empieza a esconderse tras los árboles del Oeste. Bellatrix mira a Snape con una mueca lunática.
—Será como quitarle un dulce a un niño.
—No, —responde Snape, —a un lobo. —Luego añade: —vuelve al último pueblo, fue Castle Combe, puedes aparecerte ahí de nuevo y luego sigue otra vez las huellas.
Bellatrix sigue sonriendo y se convierte de vuelta en humo alejándose. Si Severus hace bien las cuentas la mortífaga volverá al último pueblo en que han estado y desde ahí desaparecerá, el Lord convocará a los mortífagos y luego todos vendrán, no hay mucho tiempo.
Con mucho cuidado, vuelve a convertirse en humo y escondiéndose entre las copas de los árboles se acerca al campamento, debería dejar a Lupin ahí y que los mortífagos lo despedacen con el resto de los perros, sin duda lo tendrá bien merecido, aún recuerda cómo se sentaba apaciblemente mientras James y Sirius lo torturaban, ¿no se supone que también existen los pecados por omisión?, bien si el infierno existe, Lupin está condenado por ellos.
Sigue un rato andando escondido entre las copas mirando, aquí y allá hay hombres tirados, quejándose.
Divisa a Lupin al fondo del claro, el cabello castaño con más vetas de gris que las que Severus recuerda, está recargado contra el barranco con los ojos cerrados, ocasionalmente tirita como si tuviera frío, pero el calor en realidad es abrumador. Severus se parapeta unos árboles más allá y mira, no hay guardias, nadie parece cuidar el perímetro, busca con la mirada a Greyback y lo encuentra, tiene la mirada perdida en los árboles más allá del río, una mueca extraña, como si quisiera atacar a un oponente invisible, pero aun así los brazos le cuelgan laxos a los lados del cuerpo. Un hilillo de baba cae desde sus colmillos humanos anormalmente puntiagudos.
Aquello no tiene pies ni cabeza, si los licántropos están dispuestos a hacer frente a los mortífagos, entonces por qué no se preparan para presentar batalla, que estupidez abandonar al Lord cuando el ciclo de la luna llena ya mengua. Además, esa ubicación no tiene ninguna estrategia, si los mortífagos los atacan por norte y sur, al oeste tendrán el río y al este el barranco, aquel lugar es una trampa natural.
Snape mira a Lupin, deseando que el licántropo abra los ojos y se de cuenta. No debe hacer ruido, normalmente los oídos de los licántropos son más sensibles que los oídos de los humanos, tiene que encontrar la manera de que se acerque, toma una piedra pequeña y sonríe, esto es tan infantil que, si no estuviera en una situación desesperada, le daría vergüenza que lo miraran, lanza la piedra esperando atinar a la mejilla de Remus.
Lupin abre los ojos al sentir el golpe y mira. Snape conoce a los Inferi, los utilizaron en la primera guerra con regularidad, cadáveres pudriéndose que caminan por los linderos custodiando las huestes de los mortífagos, los ojos hundidos, la piel pegada a los huesos, bolsas bajo los ojos, como si no hubieran dormido en días, pero que en realidad es la piel colgante que ya no tiene grasa bajo ella, así se ve en ese momento Remus. El hombre parpadea un poco y la luz demente que, por principio, Severus ve, se aclara en señal de reconocimiento.
Remus mira alrededor y se aleja, caminando más allá, hacía donde los árboles se hacen más tupidos, Severus se convierte de nuevo en una estela de humo negro y anda sobre las copas de los árboles. Remus se deja caer a los pies de un árbol especialmente frondoso y lejano, el tronco es tan ancho que probablemente ni siquiera Lupin y Snape con los brazos extendidos en torno lo abarcarían.
Remus dobla las rodillas pegándolas al pecho, del otro lado del árbol Severus murmura empuñando su varita:
—Muffliato —eso evitará que nadie los escuche.
Remus pone los brazos sobre las rodillas y deja caer la cabeza sobre ellos como si durmiera o como si llorara.
—Los mortífagos vienen para acá, —dice Severus en susurros, sin rodeos, no hay tiempo. Frente a él solo ve las piedras filosas del barranco, luego hace la pregunta que realmente lo inquieta, — ¿por qué no hay nadie montando guardia?
—No lo sé, —contesta Remus, Severus no lo ve desde el otro lado del árbol, pero claramente lo imagina encogerse de hombros, —supongo que, estamos demasiado cansados, hemos estado corriendo, yo los encontré a las salidas del Valle de Godric, huían, luego hemos estado convirtiéndonos en lobos y en humanos intermitentemente, noche y día, hasta que llegamos a este claro, todos parecen exhaustos y creo que Greyback perdió la razón.
Severus desde atrás del árbol, de refilón, mira a Greyback, sigue en la misma posición, los brazos caídos, la espalda tensa, el rostro contraído, como si fuera a atacar, los ojos perdidos.
—Tal vez le lanzaron algún hechizo confundidor, —conjetura Snape.
—Hemos encontrado solo pueblos muggles, —le contesta Lupin con la voz amortiguada por sus brazos, debido a la posición en la que se encuentra, —si lo maldijeron fue la noche en que ustedes fueron al Valle de Godric.
—Es extraño.
—Hubo algo, —responde Lupin, —uno de los días, mientras huíamos, de pronto él, —se refiere a Greyback, —se detuvo y gritó "basta" todos paramos de seguirlo, luego él se tomó la cabeza como si tuviera dolor y volvió a correr, "sigan", nos gritó. Fue extraño.
Severus sacude la cabeza, tiene cosas más importantes en las que pensar que en el comportamiento de Greyback.
—Tienes que huir, —dice el pocionista. —Bellatrix fue a buscar al Señor Tenebroso, para el anochecer, —piensa en cómo el sol parece arder mientras se hunde en las aguas —los cercaremos y vamos a asesinarlos.
—Lo sé, —responde Lupin, —pero, es como si no pudiera dejarlos. —Luego le pregunta a Severus —si la situación fuera a la inversa, y los licántropos cercáramos a los mortífagos, ¿tú huirías?
Severus lo piensa, no, claro que no huiría, siempre quedaba la posibilidad de que algunos mortífagos sobrevivieran y que sus dotes como espía siguieran siendo necesarias.
—No es lo mismo, Voldemort me echará de menos si me voy, ¿crees que Greyback notará si te vas?
Remus sonríe tras sus brazos.
—No, claro que no, yo no soy tan importante entre los licántropos, tú por el contrario eres el lugarteniente de Voldemort. —Luego de un silencio continúa, —pero si algún licántropo sobrevive y yo me quedo, después podría infiltrarme otra vez.
Severus se sorprende de escuchar sus propias ideas en las palabras de Lupin.
—Entiendo.
Severus se recarga en el árbol, mira al frente, si extiende la mano podría tocar las rocas del barranco frente a él, golpea con la nuca el árbol y cierra los ojos, tal vez, solo tal vez, Lupin y él no sean tan diferentes, después de todo, ambos están en los dos frentes, son títeres de Dumbledore y de Greyback o Voldemort, ambos divididos entre dos amos.
Aunque no puede entender, su motivación original fue pagar su deuda con Lily y, aunque esa deuda sigue latente, también conseguir un mundo mejor para Hermione lo espolea a continuar. ¿Cuál es la motivación de Lupin? Si hubiera una oportunidad, si llegado el momento puede hacerlo lo salvará.
Hay ocasiones que se siente tan rebasado, ahí, rodeado de gemidos y hombres condenados a muerte se siente tan miserable, el consuelo de Hermione le parece lejano y él mismo se siente indigno. ¿Cómo levantarse cuando se está tan rodeado de podredumbre? Ahí, junto a él, Lupin permanece en silencio, perdido. ¿Qué han hecho ambos para merecer estar aquí?
Abre los ojos.
—Bellatrix debe estar por regresar.
—Severus, —Snape se queda recargado en el árbol esperando que Lupin continúe, se siente brutalmente cansado, tanto física como mentalmente, — ¿puedes hacerme un favor, ya sabes, en caso de que no…?
— ¿Regreses?
—Si.
—Dilo, Lupin —contesta con voz de enfado aunque no siente ninguno.
—Dile a Dora que también la amo, nunca se lo dije.
— ¿Dora?
—Nymphadora.
— ¿Nymphadora Tonks?
—Si. Dile que la amo y que también quisiera estar con ella.
— ¿Ese es tu motivo? —pregunta Severus, sin esperar respuesta, recordando sus pensamientos anteriores sobre las motivaciones de cada quien.
—Daría cualquier cosa porque ella no tuviera que vivir esta guerra.
Hay ocasiones en que su vida le parece una pantomima, nunca tuvo amigos, nunca tuvo gente cercana, y ahora está en medio de la nada, entre una horda de licántropos a los que está a punto de asesinar compartiendo confesiones con Remus Lupin...
Así que, Nymphadora Tonks es su motivación, Severus se sonríe, piensa en Tonks, es torpe y tiene el cabello rosa, demasiado estrafalaria para el gusto de Severus, sin embargo, no es eso lo que lo hace sonreír, Tonks es también mucho más joven que Lupin, piensa en sí mismo y Hermione, tal vez todos los hombres de su generación sean unos "viejos verdes".
—Lo haré, —antes de alejarse murmura: — ¿no es ella un buen motivo para huir? —piensa en Hermione, ¿no es ella un excelente motivo para huir de tanta locura?, para por fin despegarse de todo, tal vez debería tomarla de la mano e irse con ella al fin del mundo, donde los ojos perdidos de Greyback, los ojos azules de Dumbledore y los ojos rojos de Voldemort no puedan molestarlos más.
—También es un excelente motivo para quedarse —responde Lupin.
—Cierto, —dice Severus como si se respondiera a sí mismo.
Luego se convierte de nuevo en una estela de humo y vuelve al lugar al que había llegado con Bellatrix.
.o.O.o.
Severus saca de su bolsillo la máscara y la capa y las agranda a su tamaño normal, las acomoda en su lugar, el calor empieza a agobiarlo de inmediato.
Sigue mirando a los licántropos allá abajo, Greyback continúa en la misma posición, Lupin tampoco se ha movido. En ese momento se siente profundamente contrariado, nunca se sintió identificado con nadie, siempre se sintió solo. ¿Quién en el mundo podría saber todas las penurias por las que él tiene que pasar?, todos están tranquilamente en sus trabajos, en sus casas, con sus familias, siguiendo con sus vidas, comiendo, riendo, haciendo el amor, mientras que él tiene que vigilar, mal dormir, mal comer, vivir siempre con la idea de que puede ser el último día, vivir con la carga que supone ver cada día, todos los días, las maldades e ignominias de las que los hombres son capaces contra sus semejantes. Pero en este instante, cuando lo piensa, Lupin, por algún motivo se cuela al lado de su memoria dándole a entender que él también es un peón en esa guerra.
Severus se siente impelido a salvarlo, como si salvar a Remus le diera también una oportunidad a él, intenta pensar que, si Remus y Nymphadora tienen una oportunidad quizás él y Hermione también la tengan.
.o.O.o.
Sincronizados como si se tratara de un reloj en cuanto el último rastro de sol se esconde tras el agua los mortífagos aparecen, en una humareda negra como si el bosque estuviera incendiándose, a la cabeza Voldemort secundado por Bellatrix.
Voldemort se acerca a Snape y pone una mano sobre la máscara, donde está su frente.
—Bien hecho Severus, —le dice, —ahora, por favor, acaba con esta peste.
Severus mantiene un momento más la cabeza gacha en señal de respeto, luego mira lo que es más de un centenar de mortífagos, aquello será una masacre.
—Bellatrix, —la mortífaga lo mira, odia que le den órdenes, pero a la vez, siente un escalofrío en la espalda al escucharlo. —Lleva a la mitad por el norte, el resto vengan conmigo al sur.
Los mortífagos comienzan a desplazarse a los lados del barranco, hacia la hondonada que poco a poco se hunde en sombras.
—Mi Lord, —dice Snape a Voldemort que se queda al filo, mirando hacia donde los licántropos sin duda los han escuchado y comienzan a inquietarse, parecen pelear entre ellos, — ¿existe algo que desee en particular?
—Tráeme a Greyback.
—Sí amo.
.o.O.o.
Ha estado en muchas masacres, pero jamás ha sido la víctima, siempre corrió entre los victimarios, siente un escalofrío en la espalda cuando un rumor incomprensible llena el silencio del bosque, Greyback ni siquiera se mueve.
Los demás licántropos comienzan a sentirse inquietos sin saber qué es aquel rumor, todos miran a lo alto del escarpado barranco desde donde voces ininteligibles llegan, Greyback se desploma de rodillas gritando, todos lo miran.
Lupin se pone de pie, lo mejor que puede hacer en ese momento es simple, si van a asesinarlos tiene que llevarse a todos los mortífagos que pueda, camina hasta el centro de la hondonada.
Un individuo enorme, del que en aquel momento no recuerda el nombre, está gritándole a Greyback.
—Son los mortífagos, —hace aspavientos con las manos en un intento de hacer que Greyback deje de gritar.
Remus trabajosamente dice:
—Déjalo, tenemos que hacerles frente, —de pronto se siente imbuido por una autoridad que nunca ha tenido.
—No podemos, —el hombre mira a Lupin, en la mueca que antes fue de ferocidad ahora solo hay miedo, —son demasiados.
—Nos matarán de cualquier manera, —murmura convencido.
El hombre grande asiente y comienza a dar órdenes, en un minuto todos los licántropos, doloridos, cansados, estragados, heridos, todos, se ponen de pie con las varitas en ristre, listos para hacer frente a los mortífagos, de fondo Greyback sigue de rodillas gritando.
—Es Voldemort, —dice uno de los mortífagos, —ha hechizado a Greyback.
—Eso no es cierto, —replica Lupin.
— ¿Cómo lo sabes?
—No lo sé, es solo que no importa.
El licántropo guarda silencio, entorna los ojos hacia arriba desde donde insustanciales estrellas comienzan a brillar, ellas serán los testigos de lo que vendrá.
—Preparados, —grita Lupin al distinguir una sombra más densa que las sombras normales del anochecer, los mortífagos convertidos en humo vienen por ellos. —¡Ahora!
A la señal de Lupin los hechizos vuelan, en todas direcciones, los mortífagos como si fueran una sola masa sólida rechazan el embate, algunos, a los que las maldiciones alcanzaron se desploman en el suelo dejando de ser humo, los que no quedaron aturdidos por el golpe se ponen de pie de inmediato y se disponen a luchar, los que tuvieron la mala suerte de desmayarse no volverán a levantarse, los licántropos los remataron de inmediato.
Poco a poco los mortífagos llegan a tierra y comienzan a pelear, doblan en número a los licántropos así que no hay manera de que éstos escapen. Cuando la pared de humo se disuelve comienza la verdadera carnicería, los hechizos vuelan a diestro y siniestro, algunos árboles se prenden fuego iluminando la hondonada.
Unos cuantos licántropos al ver a los mortífagos con sus máscaras sin expresión desdibujadas por las llamas intentan huir, se desbandan corriendo hacia el bosque, pero los mortífagos les dan cacería uno a uno.
Lupin batalla con dos mortífagos a la vez intentando reducirlos sin conseguirlo, por momentos siente que las fuerzas le fallarán, en cualquier momento caerá. De pronto un hechizo golpea a los mortífagos con los que lucha, no sabe de dónde viene, los hechizos vuelan en todas direcciones. Los rostros de los mortífagos se desencajan, los ojos que lo miran desde las rendijas de las máscaras se quedan en blanco y caen como bultos de patatas.
Remus entorna la vista, un mortífago se acerca, alto y delgado, enfundado en una capa negra que arrastra hasta los pies y una máscara de un blanco impoluto, Lupin sabe perfectamente de quién se trata.
Severus se quita la capucha, dejando escapar los cabellos negros. Ataca a Lupin, un hechizo simple que Remus desvía con un movimiento de varita. El licántropo responde al ataque, Severus desvía también el hechizo. Comienzan a lanzarse maldiciones. Es como estar en un extraño club de duelo, cualquiera que ponga suficiente atención se dará cuenta que ni siquiera tratan de herirse, de hecho, cada vez que pueden dirigen los hechizos hacia otros a su alrededor, no importa que sean mortífagos o licántropos.
Severus se queda mirando a los ojos a Lupin, el hombre lobo sabe de inmediato lo que pasa, sin parar de atacar, Remus puede ver a Severus frente a él, pero también, en otro plano puede ver recuerdos propios borrosamente, como imágenes de una televisión mal sintonizada.
Sabe que Severus está en su mente, Snape sigue atacándolo mientras que, Lupin se limita a desviar los ataques, no puede concentrarse con tantas imágenes que corren en el segundo plano de su visión, los gritos y ruidos de la batalla se van perdiendo, los gritos de compañeros y enemigos dejan de ser incluso un ruido amortiguado hasta que todo en la mente de Lupin queda en silencio, solo Severus sigue nítido, frente a él.
Remus continúa desviando sus hechizos y de fondo sus recuerdos, siente como si Severus estuviera buscando algo, pues los recuerdos no tienen ninguna conexión entre sí, puede ver una de las tantas veces que James y Sirius humillaron a Severus en Hogwarts, puede ver imágenes de su vida, vagando, intentando encontrar un trabajo y siendo despedido una y otra vez por su condición de hombre lobo, después, imágenes de Hogwarts, de su único año como profesor, imágenes del día en que Peter Pettigrew volvió, imágenes del cuartel de la orden, imágenes de Nymphadora, imágenes de una de las noches en que estuvieron juntos.
—Basta, —dice en un susurro.
—Cállate Lupin, —dice Severus dentro de la cabeza del hombre lobo, —ella es un buen motivo para salir vivo.
El rostro de Dora lo mira colmado de amor mientras le sonríe.
—Lo es, —responde Lupin.
—Vete.
—No puedo desaparecerme, estoy demasiado cansado, —su voz se quiebra en un sollozo, el llanto de alguien que no puede escapar, que desea irse, pero que no puede huir, —creo que el par de mortífagos a los que desmayaste me rompieron algunas costillas.
—Voy a lanzarte al río, quédate ahí, voy a ponerte un rastro y volveré a buscarte en cuanto pueda.
Sin mediar otra palabra Lupin siente una fuerza irresistible que lo levanta del suelo, luego sin previo aviso golpea contra la superficie del río que se rompe bajo su peso, siente la punzada del dolor en el tórax, un dolor hecho de agujas.
Como puede conjura un casco burbuja e intenta nadar alejándose, espera que en la dirección correcta, pero en realidad no está seguro. Perdió la ubicación cuando Severus lo lanzó, después de un esfuerzo corto, pero que parece sobre humano se desmaya, deja que las corrientes arrastren su cuerpo sin rumbo.
.o.O.o.
Una vez que se deshace de la distracción que supone la seguridad de Remus Lupin, Severus puede distenderse, los licántropos se defienden con fiereza, atacando, mordiendo, arañando. Algunos luego de verse rodeados intentan huir, otros simplemente se lanzan a la muerte con la inconsciencia de quien sabe que todo está perdido.
Si Severus ha aprendido algo en sus años de mortífago es, que no hay nada más peligroso que un hombre que se sabe perdido, un hombre al que se le ha arrebatado todo ya no teme morir, matar, nada, ya no le teme al dolor, ya que sabe que todo terminará, un hombre para quien el dolor y el sufrimiento solo es el camino rumbo al descanso, es el más peligroso y así es como percibe a los licántropos.
Incendian por completo el claro.
Las llamas lanzan sobre el suelo juegos de luces y sombras que dificultan distinguir cuando un enemigo es real y cuando no, ves una sombra venir de la oscuridad pero que es en realidad solo eso, una sombra, luego piensas que hay una sombra reflejándose cuando en realidad es un enemigo.
Los gritos de los heridos, las carcajadas de Bellatrix y de Voldemort llegan hasta su cerebro de vez en cuando, pero la mayoría del tiempo solo escucha un sinfín de sonidos ininteligibles. Intenta abstraerse todo lo que puede, intenta convencerse que está haciendo lo correcto. Hay ocasiones en que siente como si no fuera él mismo quien hechiza, quien asesina.
El tiempo en medio del fragor parece distinto, por momentos, parece demasiado lento y te preguntas ¿cuándo terminará?, pero en otros apenas y te has dado cuenta cuándo ha pasado.
Severus mira alrededor, los licántropos han sido reducidos a nada, la mayoría están muertos. Aun se oyen los quejidos de quienes han quedado heridos. Bellatrix, cubierta de sangre y polvo, salta como niña pequeña, por aquí y por allá entre los cuerpos, busca a los heridos para rematarlos, tiene los ojos enrojecidos, el vestido desgarrado y le sangra un corte algo grande en la ceja, también tiene manchado el rostro de la ceniza que sueltan los árboles.
Severus se pone de pie al lado del Señor Tenebroso, está cubierto de hollín y sangre seca, propia y ajena, sus ropas huelen a humo proveniente del incendio, a sudor y muerte.
En algún momento de la batalla se vio obligado a desmayar a Greyback, para que dejara de gritar. Ahora, por medio de magia, lo lleva como a un fardo, lo deja caer, golpea contra el piso a los pies de Voldemort.
—Bien hecho, Severus —Snape asiente. —Quémalos, —dice, haciendo un ademán hacia el claro donde los cuerpos yacen, —manda a todos a descansar, envía a Lucius a la Mansión quiero que hable con el querido Greyback.
Lucius es el favorito del señor, cuando de torturar se trata. Severus se aleja buscándolo entre la multitud, no es difícil se despojó de la máscara y la capucha, el pelo le brilla a la luz de las llamas.
Apilan los cuerpos y los lanzan al fuego, no se quemarán, eso es obvio no corre nada de viento, el fuego acabará por extinguirse.
—Morsmordre, —grita Bellatrix apuntando al cielo, la marca tenebrosa ilumina el lugar.
Luego, muchos más mortífagos, imbuidos por la adrenalina de la batalla, invocan sus propias marcas hasta que la hondonada se ilumina de color verde contrastando contra las llamas azules y rojas.
Uno a uno los mortífagos desaparecen, algunos irán a la Mansión Malfoy donde, probablemente, alguien ayudará a curar sus heridas. Otros, tal vez, se retirarán a descansar, algunos en la misma Mansión, otros a sus casas, quizás unos cuantos, los más jóvenes, o los más locos, terminarán la noche en algún prostíbulo del callejón Knokturn.
Él, por el contrario, aún tiene que buscar a Lupin.
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Encuentra a Lupin apenas invoca su rastro, está a unos cuantos cientos de metros río abajo, la corriente lo ha lanzado contra la orilla.
Severus lo palpa intentando saber si está vivo. Tiene pulso, al parecer solo está desmayado, en el pecho una costilla rota se ha doblado hacia afuera clavándose contra la piel pálida.
—Enérvate, —dice Severus lanzando el hechizo al pecho, habría podido curarlo, pero siente el cerebro embotado y no cree que sea buena idea intentar lanzar un hechizo sanador cuando él mismo necesita que le lancen unos cuantos.
— ¿Estoy vivo?, —pregunta Lupin con los ojos vidriosos.
—No imbécil, estás en el infierno. —Lupin sonríe con la boca cerrada. —Ahora, ayúdame a ponerte en pie. —Entre ambos, con trabajo logran que Lupin se levante. —Ahora vamos al cielo.
— ¿Con Dora? —Severus asiente — ¿Cuándo irás tú al cielo, Severus?
—También voy para allá.
— ¿Quién es tu cielo?
—Cállate de una vez, —pero, por primera vez Lupin mira en los ojos de Severus bailar una sonrisa y sabe, que también Severus tiene un cielo.
Mientras tanto, Snape ruega que las fuerzas no le fallen para poder aparecer con Lupin de regreso a Grimmauld Place, hace una floritura con la varita y después la penumbra se los traga.
Bueno hasta aquí es lo que estuvo arriba desde tanto tiempo atrás, de aquí hacia adelante empezaremos con el resto de capítulos, rumbo al final de la historia.
Estos dos no irán a Grimmauld Place, ¿Quieren saber a dónde van?
Adrel Black
