Capítulo 2
Kagome sintió un fuerte dolor que le oprimía el pecho. Estaba tan ilusionada por su boda y de casarse con él que nunca consideró los sentimientos que albergaban en su interior. Y es que era de pensar, sólo se habían visto un par de veces y esas fueron las mismas cuando formalizaron su compromiso y sobre todo el de esta noche.
Pero lejos de sentirse dolida, triste, un sentimiento de rabia se apoderaba de su ser. Ese hombre había mantenido un encuentro clandestino con su amante y por si fuera poco en los jardines de su madre, sin que mostrara tan siquiera respeto por su familia.
¡Qué ciega había sido!
En ese instante su mano reparó en su anillo, tuvo el deseo de aparecer en medio de esos dos y arrojárselo en la cara, pero no, debía pensar con claridad como herirle su orgullo justo como él se lo había hecho.
Decidió que ya había escuchado mucho y que no tenía ningún motivo para seguir presenciando eso, sigilosamente comenzó a alejarse de su escondite y corrió directamente a casa, entrando justo por donde había salido en busca de su prometido, pero justo en ese momento alguien la tomó del brazo y la arrastró hacía un grupo de mujeres.
— ¿Dónde te habías metido? – Era su madre
—Lo siento madre, salí a tomar un poco de aire fresco – mintió.
–Ven, la duquesa Hamilton desea hablar contigo hablar contigo.
Tuvo que verse obligada a esbozar una sonrisa y fingir que no había escuchado ni visto nada. La conversación con aquella duquesa había sido de lo más aburrida, dándole absurdos consejos sobre cómo evitar que un marido tuviera amante. Kagome esbozó una sonrisa de incredulidad y pensó que ya era demasiado tarde para recibir ese consejo (que por demás, era aberrante)
Sintió una mano en su espalda y le heló la sangre al ver al dueño. Y ahí, junto a ella se había detenido su futuro marido, esbozando una sonrisa de lo más casual, como si nunca hubiese tenido ese encuentro. Si no fuese porque los descubrió, habría creído que esa sonrisa era de amor y tenía toda la dedicatoria para ella.
Apretó los puños para contener el darle una bofetada y evidenciarlo ante todos los presentes en el salón. Pero en cambio a eso, se vio forzada a devolverle una sutil sonrisa.
El anillo de compromiso se clavó más a su dedo y lo sintió arder.
Inuyasha Taisho, décimo octavo vizconde de Wimsey sintió como su prometida se había estremecido bajo la palma de su mano. La joven Higurashi era una criatura por demás ordinaria. No era bonita ni mucho menos lo tentaba como lo hizo Lily Rose, a quien por cierto no dejaba saborear su encuentro desde un rato.
Pero para nadie era sabido que la joven Kagome estaba perdidamente enamorada de él, si no fuese por esa absurda promesa que le hiciera su padre en vida al mis mismo conde, el en estos momentos estaría gozando de su entera libertad. Ahora, tenía que estar atado a una pequeña que jamás amaría.
— ¿Te encuentras bien? – preguntó al notarla tan tensa.
Ella volteó y alzó una delineada ceja color negra.
—Si – esbozó una sonrisa – Me encuentro bien, como no tienes una idea.
Él frunció el cejo ante su respuesta, comenzaba a notarla distante que un par de horas atrás, pero le restó importancia, probablemente estaría abrumada por todo el ajetreo de la boda.
Una melodía comenzó a sonar y no dejó pasar la oportunidad de invitarla a bailar con él.
Ella de nueva cuenta alzó una ceja y negó.
—No gracias. No me apetece hacerlo.
De hecho no sabía cómo entablar una conversación con ella, solo la había visto un par de veces y esas eran cuando estaba de visita en casa para ver a sus hermanas, cuando formalizaron el compromiso y sobre todo esta noche.
— ¿Una copa?
Ella lo miró y esbozó una sonrisa.
—He bebido suficiente Lord Taisho – arrastró el Lord con tanta elegancia – Si me disculpa, debo atender a una amiga.
El frunció el cejo y contempló como su prometida se apartaba de su lado, pero sintió que alguien lo observaba y al encontrar a la dueña de ojos verdes, no pudo evitar regalarle una sonrisa coqueta. Lily Rose era la mejor amante, pero sabría que jamás la tomaría como esposa.
Kagome tomó el brazo de su amiga Sango y ante la sorpresa de ella, se llevó escaleras arriba justo hasta su habitación.
— ¡Qué demonios te pasa! – Exclamó ella, con la respiración acelerada – Corrías como si el mismo diablo tratara de alcanzarnos.
Pero ella no le hizo caso, comenzaba a buscar papel y tinta donde las puso en la mesita, por ultimo observó a su amiga.
—Necesito que redactes una carta de recomendación.
Ante el asombro, Sango dejó caer los hombros pesadamente y aliviada se acercó a ella.
— ¿Tanto misterio para eso? – Ella tomó el papel –Claro ¿A nombre de quién?
Ella tomó asiento en una pequeña silla y esperó las instrucciones de su amiga, todo para comenzar a redactar la carta. Que aún no entendía porque hacerlo justo en estos momentos, cuando abajo se organizaba una fiesta de compromiso.
Kagome exhaló e inhaló profundamente.
—Quiero que redactes una carta de recomendación a nombre de la institutriz Kagome Harper.
Pero al escuchar el nombre, Sango dejó caer la pluma y alzó la cabeza para encontrarse con su amiga.
—Bien – hizo a un lado el papel y se cruzó de brazos sobre la mesa – Dime que está pasando aquí y porque tanto enigma. Además ¿Kagome Harper?
Sintiendo que ya no podía más, cayó al borde de la cama y comenzó a llorar de manera desconsolada. Al oírla llorar de inmediato corrió a su encuentro y la abrazó.
—Yo sé que estar nerviosa – comentó Sango, masajeando su espalda – Y que probablemente has entrado en pánico al saber que por fin serás una mujer casada y además con el hombre más atractivo…
—Lo acabo de ver revolcándose en los jardines de mi madre con una de sus amantes – irrumpió ella entre sollozos.
—Con un demonio – Sango se levantó y caminó de un lado a otro de la habitación – Esto es imperdonable. Merece un castigo.
Kagome asintió.
—Por eso solicito tu ayuda – ella se mordió el labio inferior y se enjuagó las lágrimas – Redacta esa carta.
Sango se llevó una mano al mentón, asimilando las palabras de su amiga.
— ¿Cuál es el plan?
Su amiga levantó el rostro y la contempló. En él ya no estaba la expresión dibujada de felicidad y la sonrisa de una mujer enamorada. Si no más bien, el de una dama con un orgullo herido y las esperanzas de un amor completamente roto.
—Pienso irme lejos – se encogió de hombros – No sé, a Cornwall a Hampshire. Pero no sin antes de herir su maldito orgullo de hombre. Ese miserable sabrá quién es Kagome Higurashi.
Sango asintió {o y fue hacia la mesita de noche.
—Te ayudaré – dijo ella, tomando la pluma – Tengo una prima en Hampshire. Ella casi nunca visita Londres, ha tenido dificultades junto a su marido para conseguir una institutriz. Ambos tienen una hija de dos años la cual no habla. Si vas como mi recomendada no dudes que te recibirá con una buena taza de té y pastelillos recién orneados. – Le guiño un ojo – Kikyo es una mujer sumamente encantadora y sobre todo muy comprensiva. Creo que se llevaran bien.
—Gracias Sango, eres la mejor amiga que tengo.
Sango firmó la carta y se la entregó a Kagome.
—Pasa mañana temprano para ponerle mi sello – explicó – Ahora ¿Cuál es tu plan? ¿Cómo te vas a escapar de esto?
—Bueno, tengo pensado esto…
El día de la boda….
De no haber sido por los acontecimientos de un par de días, este sin duda podría ser el que consideraría el día más feliz de su vida. Pero al verse en el espejo de cuerpo completo, con aquel vestido blanco, no despertaba en ella ninguna emoción. Al contrario, solo le recordaba que su matrimonio estaba construido a base de una palabra. La de su padre y la del difunto vizconde de Wimsey.
No había a nadie a quien culpar de que sus sentimientos florecieran, salvo a ella misma. Debió haber advertido los sentimientos de Inuyasha. Se lo había idealizado a su lado día y noche, aferrándose a una idea vaga de que ella tal vez también pudiera ser la mujer de su vida. Había confiado su corazón sin saber si algún día se lo iban a devolver. Y ahora, a tan solo una hora, estaba entre casarse, pero con la esperanza de que algún día él llegara a enamorarse o salir huyendo.
Solo lamentaba el daño que les ocasionaría a sus padres, ellos no se lo merecían.
Llamaron a la puerta y entró su doncella, al verla le hizo una reverencia.
—Ya está hecho, milady – anunció ella – Tal cual como lo pidió.
—Gracias Yura – ella asintió.
Minutos antes había enviado a Yura con una maleta a casa de Sango, esta a su vez la resguardo en el interior de su carruaje, pidiéndole al cochero que esperara a la novia justo en frente de la iglesia, para que la llevara directo y sin escala a Hampshire. Además, su primo que era administrador en la iglesia se encargaría de cerrar las puertas del altar tras la marcha de la novia, para que nadie entrara y saliera. Dándole ventaja de solo un minuto.
Tomó el velo y se lo pasó por detrás de los hombros para acomodárselo por lo alto de la cabeza.
— ¿Segura que no quiere que la acompañe? – preguntó su doncella.
Ella negó.
—Sospecharían.
— ¿A dónde ira, milady?
Kagome giró sobre sus talones y esbozó una débil sonrisa.
—Será mejor que no sepas mi paradero. Estoy segura que te interrogaran, además si te llevó conmigo sospecharían de ti y eso no quiero.
Su madre entró a la puerta sin previo aviso y al ver a su hija no puedo evitar derramar una lágrima. Corrió abrazarla y la estrechó fuertemente entre sus brazos, pues aun no asimilaba que a partir de ese día ella se convertiría en una mujer casada y que tendría su propio hogar y organizaría sus propios bailes.
—No puedo creerlo – dijo extasiada – Ya dentro de poco serás la vizcondesa de Wimsey. Estoy feliz por ti hija.
Debía admitir que en ese momento se sintió miserable, podría ocasionarle a su madre una recaída todo por su decisión.
—Pero bueno, debemos irnos ya – ella sonrió – Tu padre nos espera abajo.
Inuyasha Taisho contemplaba a su alrededor, toda la iglesia estaba a abarrotar por la alta sociedad. En una banca, su hermana Rin y Kagura se susurraban al oído y terminaban por reí, a lo que su madre Izayoi les dio tremenda reprimenda. Ahora ya no llevaba su vestido habitual de luto, lo había cambiado por un discreto azul marino. Poco a poco, pensó él. Comprendía el dolor de ella al perder a su marido, ese hombre que tanto amó y que lo perdió muy tempranamente.
A lo lejos, en una banca estaba su hermosa amante, la duquesa Lili Rose. Esa mujer fácil podría causarle un infarto a cualquier hombre. A comparación de su madre, después de que ella perdiera al duque se había quitado el luto. Organizaba fiestas que terminaban hasta el amanecer. Si bien sabía que había un amplio historial en su haber de amantes, él fue muy claro con ella, no se acostaría con alguien quien tuviera más de un amante. Así que la hermosa pelirroja, fue despidiendo a cada uno para quedarse solo con él.
Y esta noche, después de haber dejado dormida a su esposa, iría en su búsqueda. Cosa que ya se lo estaba imaginando.
Las campanas sonaron, dando aviso de la llegada de la novia. De inmediato se puso rígido y aguardó desde el altar para esperar a su futura esposa.
Una sombra se apareció en la entrada, acompañada de otra figura.
Era ella y su padre.
Kagome suspiró y contempló el perfil de su padre antes de entrar a la iglesia. Se veía feliz, no dejaba de sonreír y de nueva cuenta volvió a sentirse culpable por lo que estaba a punto de hacer.
"Perdón, papá"
—Padre – dijo en voz bajito — ¿Puedo caminar sola hasta el altar?
Él frunció el cejo al oír la pregunta de su hija y giró la cabeza para contemplar sus ojos.
—Es tradición. El padre debe llevar a la novia.
— ¿Podemos romperla? – sentía como le bombeaba el corazón y sus manos comenzaban a sudar debajo del guante.
Tras una sonrisa que él le brindo, supo que le complacería en esto y tras un beso en la frente se fue apartando de ella y corrió hacia donde estaba su esposa. Su madre precia confundida por la expresión que tenía en el rostro, pero tras unas cuantas palabras su padre logró calmarla.
La marcha nupcial comenzó a escucharse, respiró profundamente, alzando la cabeza puso el ramo a la altura de su pecho. Dio un paso, dos, tres. Todos los presentes estaban sentados, observando con una sonrisa a la novia. Hasta que sus ojos se cruzaron con los ojos verdes de la amante de Inuyasha. En ese momento quiso flaquear y abalanzarse sobre ella, pero guardó la compostura.
Poco a poco iba quitándose el anillo de compromiso muy disimuladamente y tras llegar a mediación del altar detuvo su andar, desatando el cotilleo entre los presentes. Su vista estaba fija en ese maldito infeliz.
Él al verla arqueó una ceja ¿En qué demonios estaba pensando esa mujer? O más bien dicho ¿Qué le pasaba?
Kagome se quitó el anillo, negó con la cabeza y lo tiró al piso, giró sobre sus talones y echó a correr como si su vida dependería de ello. Tras de ella escuchó como las puertas se cerraban a su salida. Visualizó el carruaje de Sango.
— ¡Ya vámonos! – Dijo al subir — ¡De prisa!
Inuyasha se había topado con la enorme puerta de roble y ordenó que la abrieran de inmediato. Esa infeliz mujer, iría a ir tras esa mujer, la tomaría como un maldito costal y la arrastraría hasta el altar para obligarla a cumplir con sus votos.
Pero al salir de la iglesia no había rastro de ella, las calles estaban tranquilas como si no hubiese una novia corriendo por todas las calles de Londres. ¿Cómo una mujer menuda habría desaparecido así como si nada? Solo el ramo de novia que estaba tirado en el pavimento. Se agachó a recogerlo y lo apretó contra sus manos.
Hola chicas.
Gracias por su aceptación y pues a darle con una nueva historia.
Quiero informarles que a partir de hoy estará siendo publicada en Wattpad, tomé la decisión de hacerlo para evitar plagio, así que si piensas tomarla y publicarla allá, no te preocupes, ya lo hice por ti.
Estoy como Black_Pearb
Besos
