Capítulo 3
Había dejado de intercambiar miradas coquetas y promesas ocultas en ellas con su amante Lily Rose para concentrarse en la novia. Pero de vez en cuando sin perderla de vista. La vio aparecer con su padre en brazos y pensó en que la extinción de su soltería estaba muy cerca. Le inquietó la manera en que intercambiaba algunas palabras con el conde de Ashwood y éste a su vez asentía y se apartaba de ella para ocupar su asiento en la banca reservada para los padres de la novia.
La marcha nupcial dio inicio y ella dio sus primeros pasos en dirección hacia él, pero frunció el cejo cuando ella se detuvo en medio del pasillo y se quitaba el anillo para después salir huyendo de ahí.
– ¡Kagome!
La llamó pero ella no hizo ni el menor interés de detenerse y mucho menos voltear a verlo. Él frunció el cejo y fue corriendo a su encuentro, agachándose primero para levantar el anillo pero en cuanto estuvo a unos pasos de la salida alguien había cerrado la puerta.
– ¿Qué hace? – Le preguntó al párroco que había cerrado la puerta – ¡Ábrala!
Pero al salir no encontró rastro alguno de ella, solo estaba el ramo de novia justo en medio del pavimento. Con manos temblorosas lo tomó y lo apretó contra sus manos. Esa mujer, esa menuda y descarada mujer se había atrevido a dejarlo plantado.
El simple hecho de recordar aquello hizo que la ira reviviera en su interior y tomó una botella de licor para después estrellarla contra la pared. Cada objeto que se interponía ante él terminaba en el suelo.
Ambas jóvenes se miraban una a la otra, sin poder despegar el oído de la puerta. Sin duda su hermano mayor estaba liderando una batalla entre la razón con su ira interna. Solo tuvieron que apartarse un poco cuando escucharon un objeto golpear contra la puerta.
– Este enojado – comentó la más pequeña de los Taisho.
– ¿Enojado? – Kagura alzó una ceja al ver a su hermana menor – Eso es poco comparado a lo que siente. Que hieran de esa manera tu ego.
– ¿Y si las cosas se arreglan hablando?
– Rin, cuando estés en edad casadera lo entenderás todo. A nuestro hermano no sólo lo humillaron en el altar, sino que le dieron un golpe bajo a su orgullo de hombre. Y créeme, eso es mil veces peor que cualquier otra humillación.
Alguien carraspeo a sus espaldas y al a su madre se apartaron de inmediato de ahí.
– Vayan a su habitación – Ordenó Izayoi, la madre.
– Pero queremos saber cómo está – dijo Rin – No me gu…
– Dije a su habitación – interrumpió – Y no salgan de ahí hasta que lo ordene.
Ambas asintieron y salieron disparas de ahí para correr escaleras arriba.
Izayoi suspiró y abrió la puerta, solo para darse cuenta del mal estado en que se encontraba el estudio de su difunto marido. Pero cuando entró, un objeto salió disparado en su dirección, pasando justo por encima de su cabeza, removiendo varios mechones de su cabello, para luego estrellarse contra la puerta.
– Si tu padre viera su estudio, te aseguro que se volvería a morir.
Pero los ojos dorados del vizconde eran apenas visibles ya que se habían tornado de color rojo y una ira intensa controlaba su ser y sus emociones.
El simple hecho de recordar como aquella pequeña mujer se paró en medio del altar, quitándose el anillo de compromiso – que dicho sea de paso era el mismo que habían usado sus antepasada, incluyendo a su madre—para arrojarlo como si se tratara de una basura al suelo. Le hizo hervir la sangre y más cuando está dio media vuelta para emprender la huida.
Se recompuso, pasando sus largos dedos por su melena y alineando su ropa aún de boda.
– No estoy para bromas madre – vociferó – Esa mujer me ha dejado completamente humillado y no lo pienso tolerar.
Su madre agarró una silla que estaba tirada, la acomodó y después tomó asiento en ella.
– ¿Te has imaginado como se sientes los condes de Ashwood? – Preguntó, arqueado una ceja – Es su hija la que acaba de escapar.
Inuyasha alzó la cabeza y frunció el cejo.
– ¿Y mi dignidad qué? – Alzó la voz un poco más – Me importa una mierda lo que ellos estén pensando. Fue a mí a quien dejaron plantado en el altar. Gracias a eso, cada vez que me vean no podrán evitar ocultar una sonrisa al recordar lo sucedido. Seré el hazme reír.
– Me sorprende que solo pienses en ti mismo. Deberías tener empata y ponerte en los pies de la joven Higurashi. Piensa por un momento que fue lo que la orilló a cometer esto.
Lo cierto es que, desde que regresaron de la iglesia, en ningún momento se atrevió a pensar en el bienestar de su prometida. Estaba cegado más por su vanidad que por la seguridad de ella. Francamente desconocía sus intenciones como para tomar una decisión tan drástica como repentina. Se veía rotundamente enamorada y sobre todo feliz el día de su compromiso que jamás advirtió que esto podría pasar.
Pero ¿Cuáles fueron esos motivos? Se preguntaba.
– Me comenta Megan que ya se encuentran en su búsqueda explicó Izayoi – No volvió a casa de sus padres por lo que nos da a entender que salió de Londres.
Era obvio que ella no iba a volver a casa de sus padres, no sabiendo que era el primer lugar donde la buscaría. Tal vez estaba escondida en casa de su mejor amiga Sango o más bien, ella sabía perfectamente de todo el plan. Fue muy evidente que tras salir ella de la iglesia las puertas se hubiesen cerrado a su paso, impidiéndole salir en su búsqueda.
– Voy a buscarla – prometió – Y cuando la encuentre prometo que la llevaré al altar para cumplir con la última voluntad de mi padre. Nadie dejara en tela de juicio su palabra y de eso puedes estar seguro.
Se recompuso el pañuelo al cuello y volvió a pasar sus dedos por su cabello, todo ante la mirada atenta de su madre.
– Ahora si me disculpas. Tengo que hacerle una visita a Lady Cameron.
Se detuvieron solo por un instante, Kagome llevaba un rescatado vestido, si bien le había pedido a Yura específicamente que empacar a vestidos discretos ya que si llevaba los habituales podrían desconfiar de ella.
Bajó con su vestido de novia en mano y le pidió al cochero que le preparara una pequeña fogata. Al ver cómo el fuego cobraba vida, arrojó el vestido sin piedad.
El fuego de inmediato envolvió el vestido, solo podía contemplar como la tela blanca cambiaba a color negro.
Era una forma de borrar todo ese dolor que albergaba en su ser.
El cochero estaba atrás de ella, vigilando que no apareciera nadie en el camino mientras contemplaba a la señorita quemar el vestido de novia. Incluso llegó a sentir lástima por ella.
Kagome no espero a que el vestido se quemara, giró sobre sí misma y avanzó al carruaje.
– Ya podemos irnos.
– No debe sentirse mal ¿Sabe? – Comentó el hombre, llamando su atención – Muchas damas se casan por compromiso y aun así afrontan su destino. Otras en cambio salen huyendo.
– ¿Cuántas damas conoce, que dejaran a su prometido en el altar?
El cochero esbozó una sonrisa.
– Usted es la primera que he visto – dijo en tono de burla – Lo que daría por ver la expresión del vizconde al verla salir huyendo. Seguramente está en boca de Londres y mañana encabezará las primeras planas en el periódico. "Novia fugitiva deja en el altar al vizconde Taisho" – estalló en carcajada – Espero que mi mujer guarde un ejemplar.
– Si guarda un ejemplar, estaría encantada de leerlo.
De nueva cuenta subieron al carruaje y continuaron su camino. Pero la única preocupación que tenía eran sus padres y el cómo estaban llevando su escape. Rogaba al cielo por que estuvieran bien.
Esa noche Sango bajó como siempre a cenar, de un modo alegre incluso se podría decir que incluso hasta exagerado. Pero dicha sonrisa se le borró de los labios al ver al vizconde de Wimsey junto a su marido Miroku.
– Lord Taisho, que sorpresa – exclamó la joven – ¿Ya saben algo de Kagome?
Ambos hombres se habían puesto de pie en cuanto ella entrara a la sala. Inuyasha hizo una reverencia y contempló con ojos misteriosos a la mejor amiga de su fugitiva prometida.
– Inuyasha está aquí para preguntarte si tú sabes algo de Kagome.
Sango frunció el cejo, desde luego que sabía dónde estaba su amiga y jamás lo diría, es un secreto entre ambas, un pacto que nunca se rompería. No le diría absolutamente nada sobre el paradero de Kagome.
– No milord – ella negó – No sé absolutamente nada. De hecho todo esto me es demasiado extraño. Ella estaba feliz con su buda, nunca me advirtió de sus planes.
– Pero estoy seguro que en un momento hablaron – dijo con cautela – Incluso los dos días previos a la boda, vi como ella se la llevaba a su habitación.
Sango se mordió el labio inferior, a ese hombre no se le escapaba nada. Pero ella era igual de habilidosa que él.
– Lo que Kagome me dijo en su habitación es algo entre ella y yo – se puso roja al instante, debido a las palabras que iba a emplear – Quería saber sobre temas privados.
– ¿Privados? – insistió él.
– Por favor, no me haga decirlo.
– Insisto – pidió en tono amable pero a la vez exigente.
– Si amor – la alentó Miroku – Explícale a Inuyasha lo que hablaste con Kagome.
Ella asintió, si no había otra forma, así sería.
– Quería saber lo que pasa entre un hombre y una mujer en la habitación. Más que nada quería consejos
Inuyasha al escuchar eso de inmediato le ofreció una disculpa a obligarla hablar, pero Sango tenía unas últimas palabras por decir.
– Lo que la haya llevado a tomar la decisión de dejarlo en el altar, eso probablemente le concierna a usted y a ella. Busque cuales fueron sus motivos. Mi amiga no es una persona que huye de sus problemas tan fácilmente y menos estando a unos días de su boda.
Salió molesto de ahí, esa mujer no le había dicho nada útil sobre el paradero de Kagome. En cambio sólo había sentido como si repudiar a su presencia. Comenzaba a preocuparse. Sango Cameron era la última persona que podría conocer su ubicación, pero con ella negándose hablar, temía que su prometida no sólo se metiera en problemas sino que le pudiera pasar algo.
Al día siguiente.
Hampshire.
Después de un largo viaje por fin estaba ante la casa de la prima de Sango. Sacó la carta que ella misma había redactado y que ahora llevaba su sello. Le había dicho que no tuviera nada que temer ya que su prima era una mujer muy encantadora.
El cochero bajó la maleta y la colocó a su lado.
– Creo que es el final de nuestro viaje milady – comentó el hombre – Espero tenga éxito y no se preocupe, su secreto está guardado conmigo.
– Gracias Edward.
Kagome se alisó el vestido y tomando su maleta decidió avanzar por el camino de piedra. La casa era imponente, de dos pisos, los jardines estaban en perfecto cuidado y la propiedad era muy extensa.
Llamó la puerta y no pasaron ni diez segundos cuando un hombre alto y calvo abría la inmensa puerta de caoba.
– ¿Se le ofrece algo?
– Busco a Lady Evenson – respondió, entregándole la carta de Sango.
Pero el hombre tomó la carta y leyó el remitente. Después de un momento asintió y le permitió el pase, indicándole que podría dejar su maleta en el vestíbulo.
La hizo esperar en la sala de estar por mientras él iba a en busca de Lady Evenson. Tomó asiento y el tic tac de un reloj la hicieron ponerse nerviosa.
Nunca había pensado en qué, tal vez la prima de Sango ya habría encontrado una institutriz y ella saldría soberano. Si este fuera el caso debía pensar con claridad su segundo plan. Buscar un lugar donde dormir, solo llevaba las joyas que había tomado de su alhajero y si no hubiese arrojado su anillo de compromiso en la iglesia, seguro la sacaría de problemas.
– No puedo creer que Katty no haya podido ayudar a Kanna.
Se escuchaba una voz muy sutil pero molesta al fondo del pasillo.
– Es la tercera institutriz en esta semana que se va sin previo aviso. Dios, pobre de mí Kanna. Esperó que ella si dure.
Al poco rato apareció una mujer alta, de cabello negro y ojos color café. Se pudiera decir que tenía un gran parecido con ella. Ella se levantó de su lugar al ver entrar a la señora de la casa.
– Disculpa la demora – se excusó – Así que mi querida prima te envía.
Llevaba la carta entre sus manos, el sello ya estaba roto por lo que podría advertir que ya la habría leído.
– Así es milady – hizo una reverencia.
– ¿Y como esta? – Preguntó – Hace tanto tiempo que no visito Londres y solo nos enviamos cartas. Lo que daría por sentarme con ella y platicar de cosas.
– Lady Cameron está muy bien, le envía su saludos – respondió –Me comentaba que ocupaba una institutriz por lo que no dudo en recomendarme.
– Ya veo – asintió ella –En su carta me dice que hablas tres idiomas – dijo sorprendida. – Italiano, francés y Alemán. Es increíble, verás… – hizo una pausa y su mente divagó por unos segundos – Mi Kanna casi no habla y esto se le dificulta para relacionarse con las demás personas. La mayoría de las institutrices claudican a la semana, esta última no lo soportó y solo duró tres días.
– Cuente con mi más absoluta disposición. Si esta en mí ayudarle a su hija, créame que pondré todo mi empeño.
– Muy bien Kagome – asintió – Tu habitación estará conectada a la de Kanna. Inicias hoy si no tienes ningún inconveniente.
– Por supuesto que no milady.
La joven mujer le brillaron los ojos el cómo pronunciaba correctamente milady.
– Tienes una forma muy peculiar de pronunciar milady – dijo maravillada – Oh pero que descuidada soy – esbozó una sonrisa – No me he presentado, soy Kikyo Evenson, madre de Kanna. Pero puedes decirme Kikyo, nada de milady o Lady Evenson.
Al poco rato entró un hombre alto de cabello rojizo y ojos verdes. Reparó en Kagome e hizo una mueca al verla.
– Querido.
Kikyo se levantó de su asiento y fue tras él dándole un beso en la mejilla.
– Te presento a Kagome Harper, la nueva institutriz de Kanna.
El hombre asintió e inclinó la cabeza.
– Encantado señorita Harper – alzó una mano y estrechó la de la joven –Naraku Evenson, por favor siéntase en su casa.
– Deja que Edward te indique cual será tu habitación y baja para merendar. Hay pastelillos recién horneados y un poco de té. Después te presentaré a Kanna. La verdad es una niña muy dulce.
Al escuchar eso último, no puedo evitar pensar en Sango.
"Seguramente te recibirá con una taza de té y pastelillos recién horneados".
– Gracias milady, milord
Wimsey, House
"Novia fugitiva deja plantado en el altar a nuestro querido y encantador vizconde de Wimsey, Inuyasha Taisho"
Decía aquel título del periódico de ese día.
"Mis queridos lectores, espero que estén bien, hoy es un excelente día para hablar de los últimos acontecimientos en Londres. Pero estoy casi segura, que quien no la está pasando bien es el vizconde Taisho. A quien lo dejaron plantado en el altar (sin duda una gran pena para el joven Lord)
Frunció el cejo ante el indignante título y de cómo hablaban de él en ese maldito periódico de chismes, si no era porque sus hermanas y su madre les gustaba leer esas estupideces evitaría que lo dejaran en casa. Así que terminó arrojándolo lejos de él. Malditos cotilleos, la gente murmuraba cada vez que lo veían pasar. Inclusive no había salido y cuando lo hizo solo fue para visitar a Sango Cameron.
– Tal cual lo leen mis queridas lectoras ¿A caso de nueva cuenta el Lord Taisho estará libre en el mercado? ¿Qué madre casamentera se apuntará? Si está escritora no fuese tan vieja, sería la primera en la fila, no lo duden.
Observó a su madre leer la nota y cómo está volvía a dejar el periódico sobre la mesa.
– Que patética – dijo Izayoi tomando asiento a su lado. – No tienen otra cosa que decir. Deberían estar preocupados por el paradero de Kagome.
Inuyasha no comentaba nada, sólo se dignaba a ver a su madre.
– ¿Piensas quedarte todo el día encerrado?
Él negó.
– Iré a buscarla hasta el fin del mundo y cuando la encuentre yo mismo la llevaré hasta el altar.
– Pues no te veo iniciativa en eso. Yo pienso ir a ver a la Condesa, no me imagino lo que debe estar sufriendo la pobre mujer. Padece de unos nervios terribles y con esto, seguramente debe estar destrozada.
Inuyasha asintió, llevándose una taza de café a los labios.
– Conozco un amigo. Casi no visita Londres porque ahora se dedica a su familia. Pero en sus tiempos, era el mejor detective, puede dar con ella en un instante.
– ¿Y dónde vive?
– En Hampshire.
Hola chicas!
Siento dejarlas así con la intriga (ya saben como soy).
Espero que este capítulo les haya gustado, ahora vemos a una Kikyo y un Naraku bueno y que además son pareja.
Gracias infinitas por sus lindos comentarios.
Nos vemos en otro cap.
Cuídense mucho!
BPB
