Disclaimer: Los personajes de Naruto, así como el universo donde se desarrolla la historia no me pertenecen ni son creaciones mías, todo es obra de Masashi Kishimoto.

Advertencia: El siguiente capítulo contiene material adulto explícito.


Capítulo 4

Todos los matrimonios tienen secretos

Cruzó las puertas de la sala de espera con Ino siguiéndola de cerca, tratando de emular la rapidez de sus pasos mientras se dirigía hacia la cafetería.

Tras una mañana atestada de consultas, Sakura agradeció internamente, estaba realmente desesperada por usar el cerebro en algo que no fuera la maldita carta o la fotografía de aquella mujer desconocida. Las ultimas tres noches las pasó en vela, intentando unir cabos. Aquella mañana, como tantas otras, se despertó llorando y con un nudo en la garganta; la cara llena de lagrimas y la garganta atenazada solo constataban que no pasaba noches tranquilas de sueño profundo. ¿Desde cuándo? ¿Desde que encontró la carta en el ático? ¿O la fotografía en el cajón?

Ino interrumpió sus pensamientos

—Está mañana estás particularmente seria.

Sakura sacudió la cabeza.

—Lo lamento, he tenido muchas cosas en mente los últimos días.

—Puedo notarlo— dijo Ino.

Sortearon las mesas hasta situarse en un lugar alejado del barullo.

Luego del insomnio le siguieron las pesadillas: Sakura estaba postrada frente al tocador, sintiéndose objeto de las miradas de una mujer triste, hasta que estuvo lo bastante cerca como para ver su rostro derretido.

Aquella situación la tenía bastante alterada.

—Hey, frentona, ¿sucede algo malo?— quiso saber la rubia; por su rostro danzaba un atisbo de genuina preocupación.

Ajena al terrible monologo que transcurría en silencio por su cabeza, Sakura paseó la mirada por la estancia, sopesando si debía desahogarse con Ino o inventar una patética excusa para no ahondar en detalles.

«¿Quieres saber lo que descubrí anoche, Ino? Mi marido resguarda secretos, es extraño ¿no lo crees?, conserva una vieja carta en el sótano y resguarda recelosamente la foto de una mujer en una de las gavetas de su escritorio. Para ser sincera, estoy en un brete, Ino, como diría mi madre. En un autentico brete».

¿Qué diría Ino si Sakura pronunciara esas palabras en voz alta? Siempre consideró a su amiga como una de esas personas misteriosas y seguras de si mismas, que no necesitaban llenar los silencios con palabras, pero ahora pensaba que tal vez fuera por mera preocupación. Había algo descarado en su forma de mirarla y además estaba sentada en una postura erguida y atenta, como la de un niño en casa ajena.

—Ni siquiera yo se qué es lo que pasa— Sakura se mordió la uña del dedo pulgar—.Anoche, el hermano de Itachi fue a casa…

—¿Te refieres al hermano ardiente?— la interrumpió.

La pelirosa puso los ojos en blanco, quizá era inútil contarle a Ino lo que pasaba, pero no sabía a quien recurrir.

—El mismo— consintió con un suspiro—.Acudió a recoger algunos documentos. Itachi no mencionó nada al respecto porque esa mañana tuvimos una discusión, así que me vi en la obligación de husmear entre sus cosas— hizo una pausa, como si intentara pasar el trago amargo que aquel recuerdo le producía—. Encontré la foto de una chica en uno de los cajones.

Se hizo un silencio alrededor de la mesa mientras Ino esperaba que dijera algo más.

—Tranquila, debe ser la foto de su madre— conjeturó la rubia; una sonrisa tensa le estiraba los labios.

La pelirosa negó.

—No lo es. La mujer en ese retrato no se parece en nada a su madre, jamás olvidaría el rostro de Mikoto.

Una ocasión bastaba para que la diligente mente de Sakura memorizara hasta el ínfimo detalle de aquella hermosa faz pétrea.

—Quizá se trate de una ex novia— Ino enarcó las cejas.

—Probablemente.

A esas alturas Sakura no sabía que pensar. Cuando trajo a flote todo el asunto de la carta, Itachi palideció, era como si hubiese descubierto un cadáver en el armario. Ahora que tenía conocimiento de aquella fotografía, imaginaba que su reacción no sería distinta a la de hace unas noches.

—Sonara estúpido, pero ¿se lo has preguntado a Itachi directamente?— preguntó arqueando una ceja en su dirección.

Sakura se encogió de hombros, esta vez con resignación.

—Sería de mal gusto— dijo.

—Por supuesto que no— Ino frunció el ceño—.Es tu esposo, tienes derecho a saberlo.

Un suspiro escapó de la profundidad de sus pulmones. Se sentía espantosamente mal, el estómago pesado, la psique agrietada. Quizá fuese debido a la pista que no conseguía desentrañar, pero de repente tenía la impresión de que había dejado pasar algo por alto. Como si hubiese cometido un error tremendo; un error que acabaría resultando desastroso. A lo mejor era su conciencia, que salía arañando la superficie desde su calabozo secreto.

Cuando Itachi le propuso matrimonio, los dos dejaron en claro su deseo de casarse; la boda era importante para ambos. O por lo menos era importante para ella, e Itachi se acomodaba a sus deseos. No querían una ceremonia religiosa ni un despliegue de lujos. Eran dos personas felices de haberse encontrado.

—Tal vez tengo miedo de descubrir algo realmente desagradable— concluyó al cabo de unos segundos en silencio.

—¿Jamás te habló de su historial amoroso?— indagó la chica de cabellera blonda. En ocasiones emulaba la jerga llamativa de las revistas para mujeres, Sakura solía remarcarlo, pero a Ino no le importaba. Sus intereses deambulaban en las turbias aguas de la prensa rosa, chismes, rumores, no le parecía extraño que estuviese al tanto de la caótica vida de los famosos—. Ya sabes a lo que me refiero, novias formales, informales, romances fugaces. Es la piedra angular para la relación.

Sakura tragó grueso. Ciertamente, durante su noviazgo Itachi no se molestó en reparar en su pasado. Habló vagamente de su familia, sus sueños y el trabajo, tópicos que, a su parecer eran llamativos. No obstante, cuando llegó el momento de ahondar en sus relaciones fallidas, su esposo permaneció en silencio, escuchando atentamente todo lo que ella tenía que decir respecto a su corto record de citas. No reparó en ese hecho al instante y eso comenzaba a incomodarla. La única cosa que supo en ipso facto fue el hecho incontestable de que ella, había sabido, desde el primer momento en que vio a Itachi Uchiha, que se casaría con él y lo amaría el resto de su vida.

—Nunca lo hizo— respondió.

—Ya veo— Sakura, que no quería decir nada hasta que no supiera a qué se refería, guardó silencio—. Tal vez la chica fue sumamente importante para él, todos tenemos una persona que marca nuestra vidas. En mi caso siempre será Shikamaru.

Sabía a lo que Ino se refería; un amor loco. Incluso obsesivo. Como acontecía en la adolescencia.

«Nunca me sentí de esa manera— reflexionó—.Ahora que lo pienso, a lado de Itachi no me siento así… ¿realmente será él ese "gran amor" al que muchas personas se refieren? O simplemente no lo es», el simple hecho de pensarlo la aterró.


Sakura se levantó y empezó a retirar los platos vacíos.

—Espero que no hayas hecho planes para el fin de semana— dijo Itachi al entrar en la cocina.

—¿Por qué?— cuestionó, intrigada—. ¿Acaso iremos a cenar en honor a los viejos tiempos?— arqueó una ceja.

—Cualquier persona que escuche ese comentario pensaría que llevamos casados una eternidad— dijo Itachi con una sonrisa media.

Al desenvolverse de esa manera, Sakura no pudo evitar resguardar un ápice de nostalgia en su corazón.

Aún recordaba con nitidez la segunda vez que lo contempló. Itachi reposaba en la camilla, con el pie reposando en el cabestrillo. Cuando la vio ingresar, le sonrió. Fue una de esas sonrisas que consiguen que la Tierra deje de girar y que el mundo se ilumine con una nueva luz. Por esa sonrisa, Sakura se detuvo en seco y su vida cambio para siempre. En un instante, este hombre del que todavía no sabía el nombre se convirtió en la persona más valiosa, deseada y cercana de su vida. Simplemente supo que era él. Sakura lo eligió a él, y como resultado estaba viviendo la vida que quería con el marido adecuado, la casa adecuada, el trabajo adecuado.

O eso pensaba ella.

—¿Por qué la pregunta? ¿Tienes algo en mente?

—El aniversario de boda de mis padres se acerca. Mi madre esta organizando un gran festejo para conmemorarlo, quiere que estemos ahí— Itachi lo sacó a colación como si tal cosa, mientras depositaba los desperdicios de la comida en el cesto de basura.

Las manos de la pelirosa comenzaron a temblar con la simple idea de encarar a Mikoto Uchiha una vez más.

—¿Crees que sea buena idea?— preguntó—. Ya sabes— se encogió de hombros.

—Solo es una reunión, meros formalismos— empezó a excusarse Itachi—. En todo caso puedo cancelar.

Nerviosa, mordió su labio inferior.

Algo en su interior le decía que nunca sería bienvenida en la familia Uchiha. Luego de la incómoda y tensa reunión en su mansión, Itachi le contó que apenas los veía desde que empezó la universidad. Aún cuando contaban con los fondos suficientes para costear la educación de más de cien jóvenes, su esposo hizo hincapié en que no recibía ninguna ayuda de su parte; había podido estudiar gracias a un préstamo universitario, a su trabajo de tiempo parcial y a la ayuda de una tía que se interesaba por él y que no tenía hijos.

Cuando Sakura mostró una natural curiosidad por su familia, él le explicó que no entendían su empeño en ser arquitecto y que jamás se sintieron obligados a prestarle ayuda. Sin embargo, se trataba de una boda, una ceremonia que iniciaba una nueva vida. De modo que valía la pena intentarlo. Los invitaron, pero la familia de Itachi no respondió.

—Por supuesto que no, podrían tomarlo como una ofensa— manifestó Sakura, y le sorprendió el aplomo con el que lo dijo.

—Mi madre no es una persona a la que debas impresionar— dijo Itachi, calmado—,tampoco lo es mi padre, o mi hermano. Yo te amo, Sakura.

«¿Realmente lo haces, Itachi?», cuestionó para sus adentros.

—No lo sé— terminó de secarse las manos y lanzó la toalla a la superficie del mueble—. Me atrevo a decir que causé una muy mala impresión la ultima vez que estuve en tu casa.

Itachi se rió y negó con la cabeza.

—No estaría tan seguro de eso.

Por primera vez en toda la noche, la pelirosa se tomó el tiempo necesario para observar a su esposo de pies a cabeza. Sin lugar a dudas, Itachi era un hombre sumamente apuesto, casi irreal, en especial cuando lucía tan relajado como en ese momento, se había remangado el jersey oscuro hasta los codos, permitiéndole entrever la definición de los músculos de sus antebrazos.

—¿Cómo puedes estar tan seguro?

—Mi madre me llamó esta mañana para solicitar tu ayuda con los preparativos de la cena— musitó Itachi.

Repentinamente sintió la boca seca y tragó grueso.

Mikoto Uchiha era la antítesis de la clásica madre afectuosa que se mostraba en las novelas, era una metomentodo. La ultima reunión había sido un poco aterradora. Sakura no había logrado cogerle cariño a su suegra y se temía que no lo haría nunca.

La pelirosa se dirigió a la sala de estar y se dejo caer en el sofá. Después de todo, mientras estuviera unida a Itachi los Uchiha siempre estarían en su vida, y, por mucho que detestara a Mikoto, inevitablemente la entristecía que su esposo estuviese distanciado de su familia. Tenía claro que no era culpa suya, pero le disgustaba haberse convertido en uno de los tantos motivos para desencadenarlo. Reflexionó durante unos minutos antes de decidirse a hablar.

—Tu madre, ¿en verdad dijo eso?

—Lo dijo— Itachi tomo asiento a lado de Sakura—.No debes sentirte obligada a hacerlo.

—No, todo esta bien, lo hare, quiero hacerlo.

—¿Estás segura?

—Segurísima— repuso Sakura, al tiempo que Itachi comenzaba a besarle la suave zona de la nuca.

Con un tenue suspiro, la pelirosa cerró los ojos con la esperanza de que estaba tomando la decisión correcta.


Arribó a la mansión Uchiha antes del almuerzo. Para su sorpresa, Mikoto se había comportado medianamente bien con ella, la mirada de desprecio no desaparecía de su rostro, pero habían intercambiado en promedio más de siete palabras, lo cual era un progreso.

Organizar una velada así debía ser tremendo, y cualquier remanente de duda se disipó al contemplar a las personas deambular por la casa a paso errático, yendo y viniendo.

No pudo evitar reparar en la opulencia del festejo. Su propia boda había sido sencilla porque su familia consistía en ella misma y su madre, y la familia de Itachi no había querido asistir. Pero como invitada, estuvo en unas cuantas fiestas desmesuradas.

Disipó esos pensamientos que solo conseguían distraerla de sus labores. Todavía debía revisar la lista de invitados, asegurarse de que todos y cada uno de los asistentes estuviesen ubicados en las mesas que la matriarca Uchiha les había asignado desde el comienzo.

—¡Ah, Sakura! Hace horas que quería preguntar algo. Dime, ¿A que te dedicas?

La aludida bajó la cabeza y simuló repasar la lista de invitados con entusiasmo, escondiéndose al mismo tiempo detrás de un formidable arreglo floral confeccionado por Mikoto.

Tardó unos segundos en contestar y cuando lo hizo sonó su voz tranquila y normal.

—Soy medico internista en el HK.

Naori Uchiha sonrió mientras se echaba hacia atrás un lustroso mechón de cabello.

—Luces como una chica brillante— replicó la mujer.

—Bueno, no hice el trabajo yo sola, mi madre fue parte importante de mi desarrollo.

—¿A que se dedica ella?— cuestionó Naori mientras colocaba más peonias en el florero de cristal.

Mikoto escuchaba la conversación en silencio. Había que reconocer que, incluso sentada frente a ella bajo la brillante luz del sol con una pizca de maquillaje, seguía siendo una de las mujeres más despampanantes que jamás había conocido.

—Es editora.

—¿Y tu padre?

—Él murió cuando yo era pequeña— respondió a secas.

—Oh, lo lamento tanto, no era mi intención realizar un comentario tan errado— se disculpó Naori ligeramente sonrojada por el desliz.

—No se preocupe, Naori-san.

—Volviendo al tema de tu trabajo, ahora entiendo porqué Itachi te ha ocultado tanto tiempo— dijo la mujer.

—Espero que tantas obligaciones no sean impedimento para que ambos formen una familia— dijo Mikoto. Su tono de voz tenía un tono de irrisión, una ligera traza de satisfacción.

Supuso que, los dioses supieran cómo, se había enterado de sus cavilaciones por Itachi.

—No seas anticuada— intervino Naori—, ambos son demasiados jóvenes para dar ese gran paso.

—Tonterías— dijo la pelinegra.

Sakura hizo como que estaba ordenando los papeles dispersos sobre el escritorio. Su mente continuaba tratando de hacerse a la idea que esa mujer era de verdad la madre de Itachi. Su aspecto era demasiado joven como para tener un hijo de treinta y dos años y otro de veintisiete.

—Se agotó el listón— dijo Mikoto.

Aquellas palabras mágicas eran una clara y buena excusa para alejarse un momento e ir al jardín a tomar un poco de aire fresco.

—Puedo ir a buscarlo— se ofreció la pelirosa.

—Debe haber unas cuantas reservas en el ático— le indicó la pelinegra, observándola directamente a los ojos—.Luego de subir las escaleras principales, darás vuelta a la izquierda, al fondo vislumbraras la entrada.

Sakura asintió y sin más tiempo que perder, abandonó la sala de invitados. Pasó rápidamente por el salón grande y subió hasta la segunda planta. Al llegar se encontró con un largo corredor enlosado, la casa era tan grande que cualquiera que no conociera los alrededores podría perderse fácilmente.

Tal como se lo indicó Mikoto, dirigió su andar hacia el pasillo de la izquierda. Continuó por la galería sin saber que hacer, hasta que llegó a un ensanche del corredor, en el que un amplio ventanal le dio, al fin, la luz deseada. Se asomó a ella y vio las aterciopeladas praderas de césped que se extendían hacia el risco, de un verde luminoso.

Al apartar la atención del paisaje se percató de que aquella habitación había pertenecido a uno de los muchachos en el pasado; las paredes estaban teñidas de gris y sobre ella reposaban fotografías de paisajes a blanco y negro, la cama individual lucía ordenada, y cerca del ventanal se apreciaba un estante de madera con algunas figuras de colección, libros y portarretratos. Ese era el cuarto de alguien que hubiera escogido con gran cuidado cada uno de los muebles, para que cada silla, cada adorno, cada detalle estuviera en armonía con el conjunto y con la personalidad de su dueña. No había mezclas de estilo ni confusiones de época y el resultado era de una perfección sorprendente y aun asombrosa, no fríamente severa como la del salón donde recibían a las visitas, sino llena de vida, compartiendo algo de resplandor y exuberancia con los rododendros que se estrechaban bajo la ventana.

Motivada por la curiosidad decidió ingresar a echar un vistazo, se dijo a si misma que no le vendría mal un descanso, además era la única oportunidad que tendría para vagar por los pasillos de la mansión Uchiha sin verse atrapada en el agobiante escrutinio de su suegra.

Tomó asiento al escritorio, y le extrañó que aquel cuarto, tan encantador y perfecto, fuese al mismo tiempo tan practico, tan marcadamente eficiente. Nunca hubiera supuesto que una habitación como aquella, amueblada con gusto tan exquisito, tenía que ser un lugar de belleza pura, íntimo y bueno para el descanso.

Sonrió para sus adentros al vislumbrar una foto de Itachi con Sasuke, enmarcada en un bonito portarretrato de metal, tal vez de plata, «Esta era su habitación», reflexionó. Permitió que su mirada viajara por toda la superficie en reconocimiento de los objetos. De nuevo se sorprendió al atisbar otra efigie. Era el típico retrato que toda persona resguardaba como un recuerdo de la época del instituto; su esposo, muchos años menor, portaba el uniforme escolar con una elegancia difícil de igualar, una sonrisa apenas perceptible curvaba la comisura de sus labios, otorgándole un toque de belleza irreal. Al otro extremo se apreciaba Shisui, con un bloque de dientes congelado en el rostro, un brazo curveado formalmente alrededor de los hombros de una chica; la joven, con el cabello castaño rozándole los hombros, los ojos demasiado abiertos en un esfuerzo monumental para no parpadear en el ultimo momento.

Era ella. La mujer de la fotografía.

Le saltó el corazón en el pecho, presa de un pánico repentino. Tenía las manos pegajosas y calientes. Sintió como una oleada de sangre fluía a su cara y a la garganta.

«Es ella. Es ella. Es ella», repetía al compás del pulso asentado en sus oídos.

Le tomó tiempo identificarla puesto que aquella foto debió tomarse hace mas de una década, sin embargo, era inconfundible, su belleza no pasaba desapercibida.

Cuando los sentidos regresaron a ella, saltó sobre la silla, creyéndose descubierta. Volvió entonces al pasillo, y cuando con la mano sobre la balaustrada se disponía a bajar, escuchó el rumor de las voces proveniente del vestíbulo. Al agudizar el oído, se percató de que Mikoto estaba hablando con otra persona, un hombre; su voz era fuerte y sosegada; demandante y arrulladora.

«Sasuke…», pensó, nerviosa.

—¿Por qué volviste?— escuchó decir a Mikoto—. ¿Ahora sientes que tu vida te pertenece?

—Para ser justos, nunca fue mía, así que realmente no se que es eso— dijo Sasuke bruscamente, dando la impresión de que no quería seguir hablando del asunto.

—Dejó de comportarte como un cínico, si no fuera por mi… — dijo la pelinegra en tono desagradable.

Lejos de responder, el azabache abandonó la habitación hecho una furia, dejando a su madre con las palabras en la boca de pie en medio de la habitación, con la mirada atónita clavada en la misma puerta por la cual acababa de salir.


Sin poder disimular la turbación salió al jardín.

Caminó a lo largo del sendero de grava que dividía limpiamente el césped como si fuera una raya en el pelo. El calor de la mañana la ahogaba y el cielo comenzaba a cubrirse con nubarrones grises. El aire se espesaba con esa extraña humedad eléctrica que indicaba la fragua de una enorme tormenta. Todas sus emociones se habían dado la vuelta.

En medio de la hierba, vislumbró al azabache de pie, demasiado absorto observando el cielo para reparar en ella.

Pensó en huir, no creía estar preparada para un reencuentro con Sasuke tan pronto, y estaba segura que él tampoco lo estaba. Su corazón aún latía desbocado tras los acontecimientos presenciados en los últimos minutos.

El pelinegro giró rápidamente sobre los talones y la vio. Su mirada le resultó desconcertante, triste e infantil a la vez.

—¿Fumas?— preguntó él por mera cortesía, extendiéndole la maltratada cajetilla a manera de invitación. Llevaba un cigarrillo enganchado en la comisura de los labios—. Pareces necesitarlo— dijo, examinándola de pies a cabeza con curiosidad.

—No, gracias— la voz de Sakura tardó en pronunciar aquellas palabras, pero cuando lo hizo fue en un tono suave y apaciguado—. ¿Te encuentras bien?

Contempló a Sasuke tensarse. Su silencio la ponía nerviosa. Él se volvió y la observó con sus fijos ojos ónix.

—¿Por qué no habría de estarlo?— preguntó él con cuidado, sin elevar la voz más de lo necesario.

—Bueno, accidentalmente escuché la conversación que tuviste con tu madre en el vestíbulo.

—No es un accidente— dio una ultima calada al cigarrillo—, pudiste marcharte en cualquier momento, pero decidiste quedarte, ¿acaso tu madre no te dijo que es de mal gusto escuchar conversaciones ajenas?

Sakura respiró profundamente, impregnándose con el aroma del tabaco y el césped recién cortado. No supo precisar lo que sucedía con ella, pero cuando los penetrantes ojos negros la divisaron con profundo interés, sus mejillas comenzaron a arder, y su corazón se aceleró, merodeando en los limites del tormento.

—Tienes razón, lo lamento— se encogió de hombros con inocencia.

Sasuke soltó el humo atrapado en su pecho.

—No pasa nada— lanzó la coletilla a la hierba, masacrándola bajo la inclemencia de la suela de su zapato—.No es nada que tenga importancia.

Una ráfaga de viento los azotó. Sakura aferró los dedos a la carne de sus brazos, estrechándose a si misma en un intento por mantenerse caliente, reconfortada.

Por una extraña razón, la pelirosa reconoció la manera en la que el desconsuelo se apoderaba de él. No sabía lo que podía estar sucediendo en su interior, y no estaba segura de si quería saberlo.

—Es curioso— habló en voz baja.

—¿Qué?

—Creí que jamás volverías a poner un pie en esta casa— dijo con tal audacia que a Sakura le resultó desconcertante y atractiva al mismo tiempo.

—Pensé lo mismo, pero aquí estoy— volvió a encogerse de hombros.

—¿Qué te hizo cambiar de opinión?

La forma en la que Sasuke Uchiha la miraba, directa, honesta, examinándola de forma inconsciente despertaba en ella algo irreconocible, difícil de precisar.

—La esperanza de llevar una buena relación con tu madre— respondió.

Sasuke sacudió la cabeza.

—Mejor no te aferres a ella, mi madre es una mujer imposible de tratar— la idea pareció divertirle.

A pesar de si misma, imaginó cómo debía oler; no a chamusquina, sino a piel bronceada, húmeda bajo el sol e impregnada a humo de cigarro. Suspiró de solo pensarlo.

—Al parecer Itachi se ha reservado algunos detalles respecto a nuestra familia, ¿no es así?— apartó la mirada de ella y la clavó en el horizonte.

Sakura admiró su filoso perfil; pequeñas bolsas oscuras se observaban bajo sus ojos, ensombreciendo su semblante hasta hacerlo parecer un poco enfermo, pero no por eso menos atractivo. El cabello largo caía a los costados de su faz y sus labios estaban firmemente sellados hasta formar una perfecta línea recta. Su rostro parecía triste y desolado, tal como ella se sentía. Era un sentimiento horrible que le oprimía el pecho.

—No lo ha hecho— respondió a secas.

—Hay secretos tan horrendos que es mejor mantenerlos ocultos, ¿no lo crees?

Sakura se giró sin impresionarse con sus palabras. Él no movió ni un solo musculo para devolverle la mirada.

¿Por qué estaba diciéndole todo esto?, ¿Qué conseguía? , ¿Acaso intentaba atormentarla?

—Sasuke— lo llamó con voz sosegada. Pese a la sensación opresiva en su pecho, no estaba nerviosa—.La chica que aparece en la foto con Itachi y Shisui… ¿Quién es?

La mandíbula del aludido se contrajo violentamente.

—Esa chica ha sido el único amor de Itachi— el cuerpo de Sasuke giró sobre si mismo hasta quedar frente a frente con ella, sus ojos resguardaban la fiereza del mar en medio de una tormenta.

El comentario consiguió sobresaltarla. Miro a Sasuke con una punzada de dolor.

Los ojos le escocieron a causa de las lágrimas al mismo tiempo que una vocecita persistente en la parte posterior de su cabeza le decía que era una ingenua. La misma voz continuó advirtiéndole de que había elegido mal en su vida personal, pero no podía imaginar que otra cosa podría haber hecho.

Sin lugar a dudas, no estaba preparada para afrontar la verdad.


Mordió su labio inferior en un intento por contener un gemido, pero falló en su mayor parte cuando el azabache comenzó a empujar detrás de ella con un ritmo lento y fuerte, hundiendo los dedos en la carne de su trasero mientras ella contemplaba el reflejo de ambos en el espejo.

Luego del largo día, Sakura regresó a casa caída la noche. Tomó una ducha fría, se puso su pijama favorito y se metió en la cama. Itachi la acompañó minutos después. Actuaba con tanta naturalidad que era como si no hubiera existido el menor problema. Se volvieron el uno hacia el otro con la misma naturalidad de la primera vez que estuvieron juntos y ahí fue cuando todo comenzó.

Sin siquiera darse cuenta, las manos de Itachi abandonaron su trasero para tomarla de los hombros y obligarla a levantarse bruscamente hasta que estuvo casi erguida. La boca húmeda y caliente del pelinegro se aferró a la columna de su níveo cuello, gruñendo acaloradamente contra su piel al tiempo que estallaba dentro de ella.

Esa chica ha sido el único amor de Itachi, las palabras merodeaban en su mente como una bestia al asecho de su presa.

Estrujó los párpados, vagamente consciente del dolor en su cuello y de la esencia de Itachi resbalando entre sus muslos. Detrás de sus ojos vislumbra el rostro de aquella mujer.

Al apartarse, se interpuso entre ellos una sombría fría como un espada de agudo filo, que solo Sakura era capaz de notar.

—¿A dónde vas?— preguntó Itachi al tenderse en la cama.

—Necesito ir al baño— respondió.

Levantó su ropa del suelo y se escabulló al baño sin más dilaciones. Una vez adentro, colapsó sobre el retrete de cerámica cromada, convertida en un ovillo de temblores y sollozos contenidos. Las emociones habían sido tan crudas que no podía desprenderse de ellas con facilidad. Decepción, ira, algo más… una especie de amor impotente. Sentía el rostro de aquella dama.

Usó toda su fuerza de voluntad en ciernes para poder levantarse; el frio del piso la estremeció ligeramente mientras se dirigía al lavamanos. Una vez frente a ella, capturó su propia imagen en el espejo. El cabello revuelto, el rostro sudado. Abrió el grifo y se enjuagó la cara. Tal vez debería tomar otra ducha fría.

Al salir del aseo, Itachi yacía tendido de espaldas en la cama, con la sabana cubriendo su cuerpo de la cintura para abajo. Sakura se recostó a su lado. Inmediatamente el pelinegro la atrajo hacia si, rodeándola con los brazos y besándole el cuello.

—¿Sucede algo malo?— observó Itachi con neutralidad.

«Claro que si, Itachi, ¿acaso no lo ves? ¿o finges no hacerlo? Has estado ocultándome algunos secretos durante todo este tiempo».

—No, todo esta bien— respondió, clavando la mirada en el techo.

—¿Pasaste una tarde agradable?— cuestionó. Evidentemente quería saber lo que había sucedido en casa de su madre puesto que Sakura optó por reservarse unos cuantos detalles—.¿Fue amable contigo?

—Si, lo fue— aseguró Sakura—. Sasuke estaba ahí.

Notó como el cuerpo de su esposo se tensó bajo la yema de sus dedos como una cuerda.

—Qué extraño.

—¿Por qué lo dices?

—Sasuke no suele visitar a mis padres— sonó como si estuviera casi dormido—. No lo hace desde que se marchó a la universidad.

«Parece que es una tradición familiar», conjeturó. Notó que empezaba a tener la respiración más pausada. Cerró los ojos.

—Podría apostar que esta siguiendo tus pasos— dijo Sakura.

—No me extrañaría.

—Eres su hermano mayor.

—Lo sé.

Sakura empezó a quedarse dormida.

—¿Qué has hecho con la carta?

Abrió los ojos. Miro sin ver en la oscuridad. Fuera, el viento soplaba con fuerza y vio un relámpago aislado a través de las cortinas. La tormenta se había desatado.

—Te dije que volví a dejarla en el sótano. En una caja con otras pertenencias.

Era mentira. Una mentira descarada dicha con la misma facilidad que fingir satisfacción por un regalo o por el sexo. Tal como Itachi lo hacia. La carta estaba entre las paginas de su libro.

—¿La has abierto?

Había algo en su tono de voz. Estaba completamente despierto, aunque procuraba sonar adormilado, haciéndose el desentendido. Notó la tensión que emanaba de todo su cuerpo como una corriente eléctrica.

—No— dijo, poniendo también voz de dormida—. Me pediste que no la abriera y no la he abierto.

El abrazo de él pareció aflojarse.

—Gracias.

La respiración de Itachi se hizo más tranquila. Ella dejó que la suya se pusiera a la par.

Consideró echarle en cara el asunto de las fotografías, sin embargo, decidió no hacerlo.

Había mentido porque sabía que le correspondía investigar por su cuenta. Toda esa puñetera coyuntura se interponía entre ambos.

«Hay secretos tan horrendos que es mejor mantenerlos ocultos, ¿no lo crees?», la voz de Sasuke reverberaba en su mente como una pesadilla.

Necesitaba llegar al meollo de las cosas. Solo había una persona que podía auxiliarla.

Tenía la certeza de que Sasuke conocía la verdad.

Continuará


N/A: Espero que hayan pasado unas felices fiestas a lado de sus seres queridos 3 no tengo mucho que ofrecerle al respecto puesto que el 2020 fue un año extraño, complicado y difícil para todos, así que espero que este 2021 este lleno de cosas positivas.

Aun así, me las arregle para traerles un nuevo capítulo :3 es un poco corto, pero vale la pena leerlo.

Sin nada más que añadir, paso a puntualizar algunas cosas :D

1. La primera parte de la historia consta de 6 capítulos y consiste en poner sobre la mesa los misterios.

2. Una carta y dos fotos; esto solo es la punta del iceberg.

3. Este capítulo cayó una piedra sobre Sasuke, la conversación es importante y su papel dentro de la historia es fundamental, no solo pasa a ser el tercero en discordia jaja

4. La construcción de la relación entre Sasuke y Sakura es slow burn, así que esto apenas esta hirviendo ;)

Disculpen si la historia parece un poco enredada e incluso, repetitiva unu.

El próximo capítulo se viene material SasuSaku, llevara un poco más de acción y menos juegos mentales. Muchísimas gracias por sus follows, favoritos y reviews, no merezco tanto cariño.

Cualquier duda, comentario o sugerencia estoy a su servicio.

¡Gracias infinitas por leer y apoyar esta historia!

Les mando un fuerte abrazo :3 ¡Saludos!