Disclaimer: Los personajes de Naruto, así como el universo donde se desarrolla la historia no me pertenecen ni son creaciones mías, todo es obra de Masashi Kishimoto.

Capítulo 9

Tormenta de lágrimas

Estacionó el coche en el cajón de estacionamiento que le correspondía. El motor se apagó por completo y desde le ventana, estudió con detenimiento la fachada del edificio. Aquel lugar le recordaba a su casa. A su hogar como era antes, en cualquier caso. El sitio era viejo, construido con solidos ladrillos de piedra caliza; había consultorios médicos entre los apartamentos, o en la planta baja, junto al vestíbulo. Era un pequeño remanso para familias; grandes sueños, vidas pequeñas. Era un alivió percatarse que aquel lugar no era tan grande como la casa. Nadie necesitaba una casa enorme. ¿De que iba a llenarla? Las casas deben llenarse de amor y, en algunas -incluida la suya, antes-, el amor no calentaba lo suficiente para caldearlas. Usarlo como retiro terapéutico al menos funcionaria. Era mejor pensar en verdades imaginarias que en recuerdos reales.

Habían transcurrido dos días desde la partida de Itachi, pero ella seguía aturdida. Su madre le decía que debía pasar por un periodo de duelo. Sin embargo, no estaba allí por eso. Necesitaba dormir, aclarar su cabeza antes de tomar una decisión definitiva.

Salió del coche. Itachi le había dicho que el apartamento estaría completamente amueblado, trasladarían algunas de sus pertenencias, y encontraría comida en la nevera y la despensa. En un principio rechazó la oferta, podría conseguir un modesto establecimiento por su cuenta, nada parecido a la exuberante morada en la que vivía, o al ostentoso apartamento al que se mudaría, tal vez un diminuto cuarto, como era de esperarse su marido se rehusó, argumentando que estaría mejor en ese lugar, además se ubicaba a unas cuantas cuadras del hospital, lo cual era un hecho sumamente ventajoso.

Extrajo las maletas de la cajuela y echó andar por el discreto estacionamiento. Caminó a paso rápido. El viento helado le azotaba las mejillas y la desolación aullaba junto a ella. Personalmente, no le importaba contarle la verdad a Ino o a su madre. Podría haberles explicado sus problemas y aliviar su carga de preocupación, pero el instinto le había indicado que se guardara todo el veneno para ella.

Luego, un pensamiento nació en su mente: «¿Cómo sé que esto no es lo mismo que hace Itachi?— se cuestionó—. ¿Cómo puedo saber que no hay… algo de lo que quiera protegerme? Quizá se trate de una amenaza, información que le ha hecho la vida imposible». Esta rebuscada idea le dio esperanza, pese a que carecía totalmente de base. Podía ser. Era posible que hubiera querido protegerla a ella de algo terrible. Itachi la estaba cuidando, dondequiera que estuviera, apartando esa cosa terrible de sus seres queridos.

«Corta esa mierda, Sakura», se dijo. Y le sorprendió comprobar que lo recitó en voz alta.

El conserje le abrió la puerta y la saludó con amabilidad deferente. Le sonrió del modo en que los sirvientes sonríen a los ricos.

—Mi nombre es Haruno Sakura— se presentó—. Me quedaré en el apartamento 15 durante unos días.

Detrás de los enormes lentes de pasta, los ojos cansados y nublados del hombre se apartaron de su rostro para escrutar la lista de residentes plasmada en el enorme y arcaico cuaderno empastado que reposaba sobre el mostrador.

—Ah, por supuesto, señora Uchiha— un tinte de satisfacción decoró su voz—. El señor mencionó que su esposa dispondría del apartamento— extendió el sobre con una llave.

—Haruno— susurró.

—¿Disculpe?

—Mi nombre es Haruno Sakura— repitió.

En el pasado, escuchar a alguien referirse a ella como la señora Uchiha habría sido halagador. No obstante, a ella le parecía una tradición anticuada, tomar el apellido de Itachi implicaba renunciar a su historia familiar, se lo dijo un día antes de casarse: «No te ofendas cariño, pero prefiero conservar mi apellido», además, antes de ella existió otra señora Uchiha, tan encantadora y hermosa como un atardecer.

Sakura apartó la vista del sofá y la butaca del vestíbulo. Le resultaba difícil imaginar un tiempo anterior a la aparición de Izumi, un tiempo en que no hubiera leído aquellas palabras plasmadas en el papel. La tenía grabada a fuego en su memoria que se colaba en cualquier otra cosa que intentara pensar. Intentó olvidarse de ella, pero tras un par de intentos fallidos lo dejó estar.

El conserje sujetó la puerta del ascensor para que Sakura entrara y esperó a que se cerrara.

Salió del ascensor en el piso siete, encontró su número, el 15, encajó la llave en la cerradura y abrió la pesada puerta. En cuanto atravesó el umbral, el peso de todo lo sucedido se le vino encima. Atravesó a trompicones el recibidor y, victima de un ataque de nausea, se sentó en una silla y colocó la cabeza entre las rodillas. Notó las fuertes palpitaciones en la cabeza, y lo único que le impedía vomitar era que sabía perfectamente que no tenía nada en el estómago.

El apartamento estaba a oscuras. Sakura se levantó y encendió una luz. A continuación, como si fuera un día normal en que hubiera vuelto a casa después de una larga jornada de trabajo en el hospital, entró a la cocina y abrió la nevera. No había gran cosa dentro; cartones de leche y zumo, condimentos, muffins. Derrotada, se dijo a si misma que iría al súper mercado esa tarde, y sin más preámbulos, cerró la puerta con fuerza.

Dirigió su andar hacía el pasillo. Inconscientemente buscaba pistas, diminutos atisbos que le permitiera adivinar las razones que llevaron a Izumi a tomar una decisión tan drástica.

Rebuscó en el armario del vestíbulo; había abrigos, guantes, botas y paraguas, unas cuantas bufandas en el estante superior y algunas cajas. Metió la mano en cada bolsillo y solamente encontró pañuelos de papel arrugados y un envoltorio de chicle.

Continuó con su búsqueda. En el pasillo que llevaba al dormitorio principal había un armario de ropa blanca: toallas con olor a humedad, juegos de sábanas, jabón, enjuague bucal, y en el estante superior champú. Nada. No había nada más. Nada que fuera de Itachi, nada que hiciera sospechar que pudiera haberse llevado un hombre como él.

Un poco más tranquila, Sakura entró en el dormitorio principal y se detuvo pensando por dónde empezar. Abrió la puerta del armario dividido en dos partes más o menos iguales. Había seis camisas, todas tenían el mismo aspecto. Supuso que había pasado mucho tiempo desde la ultima vez que Itachi estuvo ahí, tal vez poco antes de trasladarse a Amegakure, posiblemente después del suicidio de Izumi. Tenía la impresión de que aquel sitio era una especie de refugio, un apartamento de soltero.

Un momento después, sacó los libros de las estanterías del dormitorio, que estaban muy apretados y un poco polvorientos. No había mucho espacio detrás. Había biografías, algunos libros sobre política, arquitectura y otros temas del interés de Itachi.

Tomó asiento en el borde de la cama. Miró al otro lado del cuarto con un temor creciente en el pecho. Se tumbó encima de la colcha y cerró los ojos.

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Sakura consiguió dormir. Cuando despertó la mañana siguiente descubrió que continuaba en la misma posición en la que se había tumbado, como si en esas horas terribles hubiese empezado a dudar de su marcha y necesitara asegurarse de que ahí no había nadie. Pero estaba sola, no había ninguna cabeza de pelo negro, largo y lacio, no había ninguna cabeza creando el acostumbrado hueco en la almohada, no había un hombro que subiera y bajara sobre el edredón, ninguna presencia en absoluto. Llevaba la misma ropa de veinticuatro horas antes, cuando solamente estaba preocupada, inquieta. Qué maravillo le parecía ahora aquel estado.

Eran poco más de las seis de la mañana. Todavía no amanecía. Se forzó a levantarse y hacer lo que tenía que hacer —asearse y vestirse— lo mejor posible. El dormitorio tenía un aspecto desaliñado: las sábanas y el edredón arrugados, los zapatos en el suelo. Después se encargaría de imponer un orden. De una de sus maletas tomó una camisa de popelín blanca y una falda negra con cinturón y botones. Le resultaba doloroso comenzar un nuevo día, pero tenía claro que debía hacerlo.

De modo que, una vez hubo tomado una ducha, abrió el portátil y contactó a su jefe. No se atrevía a pensar más allá. Como explicación alegó «asunto familiar» y anunció que volvería al trabajo dentro de dos días. Luego, haciendo un esfuerzo por superar su propia resistencia, llamó al hotel para asegurarse que su marido había arribado sano y salvo a la ciudad.

Tras hacer esas dos cosas se sintió tan exhausta como si hubiera estado horas trabajando sin parar.

Tomó su bolso, la llave, dinero y su celular. Bajó al vestíbulo y salió al frio de la mañana, todavía agotada pero totalmente despierta, una combinación tremendamente incomoda. Necesitaba realizar una visita rápida a cierta persona antes de regresar a la "normalidad". El edificio donde Uchiha Shisui trabajaba se encontraba a ocho manzanas del apartamento.

Era el mismo lugar adonde su madre acudía para reunirse con su abogado. El aire helado le dolía en los pulmones, pero seguramente resultaba tan terapéutico como otras sensaciones horribles. Las calles estaban prácticamente desiertas. La ciudad aún dormía, y sólo aquellos que debían iniciar temprano su día se encontraban deambulando por la acera o en sus coches hacía su destino de trabajo.

Al cabo de unos cuantos minutos de apresurada caminata, arribó al complejo de torres empresariales más prestigioso de Konohagakure. Atravesó la plaza hacia la escalera mecánica, caminando con decisión por la plataforma móvil a medida que esta bajaba por la pendiente urbana.

Al final de la escalera, Sakura respiró hondo y se incorporó al río de peatones. Había algo en el distrito central de Konoha durante el día, una frenética energía especial que salía del ajetreo y las prisas de la gente y que siempre provocaba en ella una energía embriagadora. Los banqueros y abogados, con sus elegantes trajes caminaban hombro con hombro con obreros y adolescentes ataviados en uniformes escolares, mientras las elegantes ejecutivas con tacones de diez centímetros se mezclaban con ancianas y mendigos a medio vestir.

Sakura giró a la derecha y entró al resplandeciente vestíbulo de Nacerk Point.

El mostrador de la recepción parecía haber sido esculpido a partir de un enorme bloque de malaquita, y, mientras Sakura se aproximaba, una mujer joven la recibió con una expresión tensa y severa.

—Buenos días, estoy aquí para reunirme con Uchiha Shisui— dijo con un ligero ceceó húmedo.

La atractiva morena que había detrás del mostrador le dirigió una mirada por encima de los finos lentes.

—Uchiha-san no se encuentra en su oficina— respondió secamente, devolviendo la atención a la pantalla del ordenador—.Tal vez desee aguardar hasta que él decida atenderla, puesto que no tiene cita.

Sakura sintió la impetuosa necesidad de responderle con la misma rudeza, pues conocía a Shisui más de lo que ella pensaba.

—¿Tardará mucho?— quiso saber, maquillando la impaciencia tras una sonrisa tiesta, genérica.

—No lo sé— espetó con brusquedad.

Ofuscada, pensó que lo más apropiado sería marcharse, volvería más tarde, tal vez con una cita en mano para restregarla en el rostro de esa petulante chica. Sin embargo, era la única oportunidad que tenía para encontrar respuestas, conseguir otra versión de la historia. Ahora mismo solo poseía la versión de Sasuke e Itachi, la cual, era similar, pero poseía un hueco, algo no cuadraba dentro del relato.

—Esperare aquí— anunció Sakura, postrando su cuerpo en uno de los sofás individuales dispuestos en la sala. La joven entornó los ojos, descargando su inclemente furia en el desprotegido teclado.

Sakura se hundió en el asiento a la par que apretaba las manos en ambos lados. Estaba actuando a espaldas de Itachi, lejos de sus mentiras y el constante escrutinio que ejercía sobre ella. Por un momento casi sintió lástima por él, pero entonces recordó que puede que todo el asunto del viaje ni siquiera era verdad. Podría estar en otro sitio, reunido con alguien o lo que fuera. No sería la primera vez, con nuevos comienzos o sin ellos. Le había ocultado secretos.

Las puertas del ascensor privado se abrieron, anunciando la llegada de un nuevo visitante. Sakura mantuvo los fanales esmeraldas clavados en el suelo, lejos del bonito, pero pétreo rostro de la asistente, demasiado absorta en sus pensamientos para prestar atención a su alrededor.

—Buenos días, Akita ¿Qué tenemos en la agenda el día de hoy? ...— la voz neutra de Shisui resonó en la habitación— ¿Sakura?

Levantó la mirada y se encontró con la cara de Shisui.

—Me pareció que eras tú— dijo el azabache en tono amable—. Que sorpresa, ¿a qué debo el honor de tu visita?

Realizó un esfuerzo sobrehumano para ponerse de pie, sus piernas habían adquirido la firmeza de un algodón de azúcar, volviéndolas trémulas y débiles.

—Bueno, ya sabes, necesitaba discutir un tema contigo— nerviosa, llevó un mechón de cabello detrás de su oreja, esperando esbozar una sonrisa genuina—. ¿Llego en un mal momento?— preguntó, basculando la mirada entre la furiosa joven detrás del escritorio y el confundido hombre frente a ella.

—En lo absoluto— sonrió Shisui—.Sabes que eres bienvenida. Me encantaría charlar contigo, aunque en este sitio no. Estará lleno de hombres malhumorados dentro de diez minutos, y preferiría ahorrármelo. A no ser que te guste el café acompañado por un coro de quejas y asuntos legales.

—No, creo que no— respondió Sakura entre risas—. Tú primero, te sigo.

—Akita, asegúrate de posponer mis citas, reagendalas para otro día— dijo el azabache al acercarse al mostrador—. También, lleva dos tazas de café a mi oficina.

La joven asintió dócilmente. Sakura sonrió victoriosa para sus adentros.

El despacho de Shisui era el segundo más grande del edificio. La suave moqueta es de color crema, el escritorio adecuadamente ostentoso y la sala de espera muy lujosa.

Shisui escogió deliberadamente no sentarse detrás de su escritorio. La condujo hacia una mesa para dos, como si fueran a jugar ajedrez.

—La noche de la fiesta te marchaste temprano— la miró sin parpadear, mostrando una sonrisa comprensiva.

Sakura notó como el corazón le golpeaba el pecho. Por supuesto más de una persona notaría su ausencia, en especial porque se trataba de la esposa de Uchiha Itachi.

—Así es, no estaba sintiéndome del todo bien— dijo.

Antes de que Shisui pudiera agregar una palabra más, Akita ingresó a la estancia con una bandeja entre las manos; dispuso las tazas humeantes frente a ellos y los aditivos en el centro. El Uchiha agradeció las atenciones con una sonrisa parca, y cuando la muchacha estuvo lejos del oído, espetó:

—Es una lástima, fue una velada encantadora.

Ella asintió, ausente. Aquella noche había sido de todo menos agradable. Desde ese día, su vida se transformó por completo, permitiéndole entrever que su matrimonio con Itachi se irguió en una mentira.

Por un instante se sintió tranquila. Ya no estaba aterrada por el cerco innombrable que se había erguido a su alrededor, y procurando hacer oídos sordos al murmullo silencioso que parecía acompañarla a todas partes. Por un momento fue una mujer que charlaba en una oficina, una taza de café en las manos, con un buen amigo de su marido, como si no pasara nada especial.

—Lo sé, espero volver a presenciar otra reunión similar— llevó la taza hasta sus labios; el humo acarició su rostro.

—Escuche que Itachi esta fuera de la ciudad.

—Así es, partió hace dos días.

—Lo mencionó durante la fiesta— Shisui frunció el entrecejo—.Me pareció extraño ir a la casa y no encontrarte ahí.

Sakura lo miro con desconcierto. No sabía cómo responder ni cómo reaccionar.

—No estoy quedándome ahí— dijo al cabo de unos segundos—. Decidí instalarme en el apartamento mientras Itachi regresa.

Giró la mirada hasta caer en la profundidad de los ojos del Uchiha.

—Supongo que debe ser complicado para una recién casada pasar una temporada sola en esa enorme casa.

Sakura la detestaba.

Odiosamente, viga tras viga, aquella mansión, que pretendía ser paradisiaca tomo forma hasta convertirse en algo tan decepcionante, que se caía el alma a los pies al verla. Aquel mausoleo era exactamente como lo habían planeado sus creadores, y por eso resultaba tan deprimente.

—Lo es— esbozó una sonrisa fingida, la tercera o cuarta del día—. No te quitare mucho tiempo, la verdad es que estoy aquí para discutir un asunto… delicado— dijo encogiéndose un poco de hombros mientras se mordisqueaba el labio inferior y apartaba la vista. Lo último que deseaba era convertir su caótica vida marital en el principal tema de conversación.

—¿De qué se trata?— preguntó Shisui, consternado.

Durante esos segundos de afonía, reunió el valor necesario para decir en voz alta el problema que llevaba aquejándola desde hace un par de días; aquella verdad incómoda que Itachi se había empeñado en enterrar junto con Izumi.

—Sé que Itachi estuvo casado antes de conocerme— las miradas de ambos colisionaron de forma violenta, antinatural—.Me lo confesó hace dos noches.

Shisui tamborileó los dedos en el brazo del sofá, sin dejar de contemplarla. Con más pesar que motivación, colocó la taza de café sobre la mesa e irguió la espalda. Tardó exactamente tres segundos en pensar.

—¿Qué es lo que estas preguntándome realmente, Sakura?

Ella dejó escapar un leve suspiro de resignación. Buscó fuerzas para sostener la mirada de Shisui. Las manos temblaron frente a ella y un nudo le estrujo la garganta.

—Quiero saber quién era ella y qué fue lo que sucedió.

—No necesitas que lo repita ¿cierto?— arqueó una ceja—. Itachi debió contártelo todo. Izumi murió, fue un suicidio.

—Pero… ¿Por qué?— su voz sonó en un alarido casi estridente. Articular palabras suponía un esfuerzo sobrehumano.

Shisui cruzó una pierna y mostró la fila interior de dientes, desvelando la perfecta valla blanca. Después se agarró un momento el labio con los dientes perfectamente enfilados.

—Itachi e Izumi compartían un lazo irreal— comenzó—. Sin embargo, ella siempre fue una chica atormentada.

Oír su nombre de boca de Shisui le resultaba extraño. Aunque no debería serlo.

—¿A qué te refieres con atormentada?

Un suspiro traicionero escapó de sus labios.

—Ya sabes— se encogió de hombros—.Jamás estuvo del todo bien. Su madre pasó mucho tiempo en el psiquiátrico, esa clase de trastornos pueden heredarse ¿no?

Sakura asintió, ausente.

—¿Cómo fue? ¿qué pasó?— preguntó, refiriéndose claramente a la forma en que murió.

—Se cortó las venas en la bañera.

Al escuchar esas palabras, el corazón se le cayó a los pies, enfriándose un poco. Todavía era difícil asimilar que una mujer como Izumi hubiese tomado una decisión tan drástica.

De momento, la versión de Itachi no distaba del relato de Shisui, todo sonaba igual. Sin embargo, había algo que la intrigaba y era el hecho de que, después de la desaparición, su marido hubiese proseguido con su vida como si nada malo ocurriera.

—Itachi mencionó que antes del suicidio ella se marchó— dijo, toda inocente, abriendo mucho los ojos.

Shisui entrecerró los fanales hasta formar dos pequeñas rendijas. Sabía que las palabras de Sakura llevaban una acusación implícita, después de todo, el Uchiha desempeñaba un excelente trabajo como abogado penalista, detectar cualquier atisbo de duda era tan sencillo como respirar.

—¿Acaso estas sugiriendo que Itachi la asesinó?

Sakura tragó grueso; se le cortó la respiración como si el aire se le hubiese solidificado en los pulmones. Miró a Shisui, escéptica, por mucho aterrada.

—No fue lo que quise decir— soltó, demasiado angustiada como para darse cuenta que estaba usando un tono cortante.

—Mira, Sakura— suspiró, cansado—.Si Itachi no te contó la verdad es porque Izumi supone un recuerdo doloroso en su vida. Se qué estuvo mal ocultarlo, pero en ocasiones es mejor mantener los esqueletos escondidos en el armario.

El pasado era tan efímero como el futuro. Todo es cuestión de perspectiva, una entelequia. Era imposible ubicar. Si dos personas experimentaban exactamente los mismo; si se les pidiese que después contaran lo sucedido, aunque las versiones fueran similares, siempre habría diferencias. La verdad variaba de una persona a otra.

—Entiendo…— masculló, aunque en realidad no comprendía nada de lo que estaba pasando.

—Se que es una noticia difícil de procesar— comenzó a decir, sonaba calmado y comprensivo. Posiblemente de esa forma se dirigía a sus clientes—.Izumi es parte de su pasado, no de quien es ahora, así que no permitas que esto arruine su matrimonio, Itachi en verdad te ama.

«Sakura sólo cree en lo que ella ve. Le muestro lo que quiere contemplar. Así que, para mí, ella es fácil de manipular».

Envidiaba la certeza en la voz de Shisui y la seguridad con la que defendía a su mejor amigo. Ella misma se había sentido así hasta hace algunos días y extrañaba esa sensación de confort de poder confiar ciegamente en alguien. De confiar ciegamente en Itachi.

Recordar aquellas palabras la hizo sentir repentinamente enferma. Con los nervios a flor de piel y, en un acto reflejo, la pelirosa se puso de pie.

—Lo lamento, pero creo que es suficiente por hoy. Debería marcharme.

Con el mismo actuar mecánico con el que había realizado todas sus actividades esa mañana, caminó hasta la puerta seguida de cerca por Shisui.

—Te acompañaré a la entrada— se ofreció el azabache, tal vez un poco consternado de su estado mental.

—No te molestes— masculló—,conozco el camino.

—Aún espero con ansias la cena que me prometiste la última vez nos vimos—dijo—.Sería buena idea reunirnos para festejar el regreso de Itachi ¿no crees?

Ella asintió con una sonrisa forzada.

—Ha sido un placer verte, Shisui— respondió, colocando una mano sobre la de él, evitando que girara el picaporte—.En serio— soltó un suspiro de vacilación—. Va a sonar tonto, pero preferiría que no le mencionaras nada a Itachi. Me refiero a lo de la visita y la charla. De hecho, lo mejor será pretender que ni siquiera ocurrió— parecía nerviosa, como un pájaro herido que revoloteaba en el sitio—. No me gustaría que… Bueno, sería más sencillo que no lo mencionaras.

—Por supuesto— respondió el Uchiha.

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Postrada bajo la sombra de un roble, contemplaba con atención a las personas presentes en el parque; la mayoría de ellas eran parejas jóvenes acompañadas por sus hijos, el cielo estaba despejado y la temperatura había aumentado unos cuantos grados desde la mañana. El viento agitó suavemente sus cabellos. Las hojas de las copas de los arboles susurraban y, en la lejanía, se escuchaban las voces apagadas de las personas. Eran conversaciones tan tenues y apagadas que parecían proceder de otro mundo.

Sakura no supo exactamente cómo logró salir de la oficina de Shisui. ¿Qué impulsaba sus piernas? ¿Qué le impedía mirar en los escaparates para verse reflejada, para ver a aquella mujer muerta de frío? En su mente se alternaban la parálisis y el pensamiento acelerado y ambas cosas le resultaban insoportables.

Avanzó sin conciencia. No era como cuando caminaba y pensaba al mismo tiempo, fijándose en lo que había en el camino, sino como despertar en la noche, comprobar la hora en el despertar y volver a sumirse en la oscuridad. Y así pasar la noche de sobresalto en sobresalto, sin descansar de verdad. Su mente funcionaba a una velocidad vertiginosa, era inútil tratar de pararla.

Detuvo el errático andar en aquel parque familiar; no podía imaginar un paso más. Era como correr a ciegas y encontrarse al pie de un acantilado. Frenó jadeante y sin aliento. Tomó asiento en una banca alejada, con las manos en los bolsillos y la mitad del rostro oculta en el cuello del abrigo. Había perdido la cuenta del tiempo transcurrido, pero debía pasar del medio día.

—Aquí estás.

Oyó que alguien la llamaba, pero en un dialecto desconocido que ella apenas entendía. No se sentía con fuerzas para descifrarlo, de modo que se limitó a escrutarle el rostro.

Sasuke se encontraba de pie a su costado; vestía casualmente y la piel pálida resaltaba las ojeras profundas. Aunque su aspecto actual parecía demacrado, la mirada con sus ojos negros sorprendía por su belleza.

—Pensé que no vendrías— consiguió responder al cabo de veinte minutos.

—Tu mensaje decía que era algo importante— dijo Sasuke con un suspiro derrotado.

Sakura se encogió de hombros.

El pelinegro había sido la primera opción entre una limitada lista de personas en las cuales podía confiar. Posiblemente era una acción increíblemente ingenua y estúpida de su parte, sin embargo, Sasuke fue él único que mostró genuina preocupación por ella aquella noche, y tal vez, el primero dentro de la familia Uchiha en hablarle con la verdad.

—Supongo que hablaste con Itachi— conjeturó, ladeando la cabeza un poco y mirándola fijamente a los ojos, como si esperara ver en ellos el rastro de un pececillo que cruzaba, veloz como una centella, en el fondo de un manantial de aguas cristalinas.

—Lo hice. Fue una larga charla.

La afonía reinó entre ellos; el silencio, por una vez, era afable.

—Ayer dejé la casa— una mueca se formó en sus labios.

—Así que ambos se separaron— dijo Sasuke, desviando la mirada hacia el frente.

El rostro de la pelirosa cambió con facilidad de una expresión a otra. Un sonrojo coloreaba sus mejillas y tenía el entrecejo ligeramente fruncido.

Podía decirse que ambos atravesaban un proceso de enfriamiento. Sakura había catalogado tal coyuntura como una separación "esporádica", creía que permanecer un tiempo alejados los ayudaría a ambos a aclarar las ideas, replantearse su matrimonio. Ella sabía que era una mentira. Si estuviera en su poder, habría firmado los papeles del divorcio en ese instante. Difícilmente las cosas regresarían a la normalidad —si es que una vez existió alguna—.

—Oficialmente no— espetó, lanzando un vistazo a su dedo anular izquierdo, donde la alianza de matrimonio y el anillo de compromiso reposaban.

La mirada color esmeralda de Sakura brillaba con la luz del sol y durante unos instantes ambos contemplaron la belleza de la mirada del otro.

Era extraño decirlo, pero sólo cuando estaba a lado de Sasuke se percataba de la tranquilidad que emanaba. Con él se sentía en paz.

—Sakura ¿amas a mi hermano?

La voz de Sasuke la sacó de su ensimismamiento, haciendo que su cabeza bajase de nuevo a tierra firme.

No respondió de inmediato. En el pasado, tal vez habría espetado un «sí» sin rechistar, exento de toda duda. Imaginó que una vida llena de felicidad le esperaría cuando accedió a casarse con él. Itachi era el hombre con el que cualquier mujer podría soñar. Sin embargo, su perspectiva cambió totalmente al percatarse de aquel secreto profundo y oscuro, algo tan terrible e inimaginable que era mejor mantenerlo oculto; había verdades que no debían descubrirse nunca.

—No lo sé— se arrebujó el cuello del abrigo, esperando ocultar el temblor en su voz—, ya no tengo la respuesta a esa pregunta.

El pelinegro se incorporo en el banco, acercándose a Sakura; no se asuntó, no se amedrentó. Algo en ella estaba cambiando en la manera de interpretar sus palabras. Conforme más lo observaba, los ojos de Sasuke parecían ir ganando en transparencia. Una transparencia ausente. Pronto, sin razón aparente, clavaba los orbes en los de ella como si buscara algo, y, cada vez que eso ocurría, la embargaba una extraña e insoportable sensación de soledad.

Se preguntó si intentaba decirle algo. Tal vez era incapaz de expresarlo con palabras. Pero no era eso, antes de traducirlo al lenguaje hablado, tendría que haberlo comprendido él mismo. Por eso no encontraba las palabras. En esos instantes le entraba el deseo insoportable de abrazarlo, mas optaba por quedarse con la duda y desistía.

—A pesar de todo lo que sucedió continuaste a su lado— desvió la vista al frente en algún punto impreciso en el tiempo y espacio—.Eso sólo lo haría una persona que siente infinito amor.

Parpadeó tres veces, aturdida.

Escuchar a Sasuke decir esas palabras era sumamente increíble.

Inconscientemente , se envolvió a si misma entre sus delgados brazos mientras el viento azotaba las hebras de cabello rosa que caían al costado de su rostro.

No creía estar enamorada de él. Tal vez se había obligado a creer que, lo que compartía con Itachi era amor.

—Amar es un termino muy fuerte ¿lo sabes?— la voz de Sakura se alzó por encima de la sonata compuesta por el viento y las ramas—. Además, no confió en él.

Sakura aspiró con todas sus fuerzas, llenando sus pulmones de una vitalidad impetuosa.

—¿Por qué confías en mi?— quiso saber Sasuke—. ¿Qué es lo que me hace tan diferente de Itachi?

Otra ráfaga de viento los azotó. Una vez más, la tristeza insondable la envidiada. La misma que sentía cuando él la miraba fijamente a los ojos. Era incapaz de soportar aquel desconsuelo, pero no podía encerrarlo en ninguna parte. No tenia contornos, ni peso, igual que un fuerte vendaval soplando a su alrededor.

—Cuando necesitaba un poco de claridad tú… tu fuiste el único capaz de otorgármela— hizo una pausa, el caos decorando su mirada—.Fuiste el único que se molestó en hacerlo.

Las palabras de Sakura pararon en algún punto dentro del corazón de Sasuke. Lo sabía, podía percibir como él luchaba por negarlo.

El viento soplaba a su alrededor. Las incontables hojas del olmo susurraban bajo los rayos del sol; la luz confería al paisaje una extraña tonalidad difusa. Los dos permanecieron largo rato en silencio, tal vez asimilando lo que cada uno acababa de recitar. Por segunda ocasión, Sasuke se mostraba amable con ella y eso provocaba que su corazón le golpeara violentamente las costillas.

Estaba triste, la manera de hablar de ambos era infinitamente melancólica: una música que se desvanecía, flores de papel marchitas, raso desgastado, el eco de un eco.

—¿Por qué me miras de esa forma?— preguntó Sakura tímidamente.

Sostuvo la mirada de Sasuke lo suficiente para retocar el rubor rosado que había alcanzando sus mejillas hasta transformarlo en un indisoluble color carmesí.

—¿De qué forma?— rebatió él.

Él se giró ligeramente para tocarla, sin embargo, no lo hizo. Ante la cercanía del hombre, Sakura se estremeció. Era como si estuvieran presos en una burbuja de tensión que los mantenía inmóviles; cohibidos de realizar cualquier movimiento.

—Olvídalo, no es nada.

La burbuja se rompió. Sasuke resopló.

Transcurrieron un par de minutos donde el azabache optó por ignorarla y Sakura agradeció el mutismo. Nuevamente, aquella sensación inexplicable que experimentaba cada vez que él realizaba un comentario inquietante, la embargo, desequilibrando sus latidos y el pulso bajo su piel. Ese deseo incontrolable de que ambos pudiesen establecer una conexión le aceleraba el corazón y la hacía sentir una emoción inexplicable. Pero tal sentimiento no se comparaba en lo mínimo con lo que sentía por Itachi. Esto era abismal y verdaderamente preocupante, pues, un escalofrió recorría toda su espina dorsal cada vez que sus miradas se encontraban. Era algo mucho más complejo que eso.

Para evitar abrumarse con los pensamientos que evocaban la presencia de Sasuke y del creciente martilleo en su pecho, espetó:

—Hablé con Shisui esta mañana.

La comisura de los labios de Sasuke se curvó hasta formar una sonrisa tímida. En cierto modo, y a pesar de su aspecto cansado, el azabache era atractivo. Le recordaba a Kiba, un antiguo compañero del instituto con quien solía estudiar. Ambos, durante los años de estudio, compartieron apuntes. Le sorprendía la facilidad con la que Kiba conseguía citas con las chicas, solo bastaba una sonrisa, una mirada y su manera de ser descarada.

—¿Qué fue lo que dijo?— cuestionó el Uchiha.

—Nada trascendental. Su versión fue igual a la de Itachi, y, al igual que él, se cerró de banda en el instante que recité el nombre de Izumi.

Una atmosfera pesada recayó en los hombros del pelinegro, cuestión que preocupó a Sakura de sobremanera.

—Era de esperarse.— Al detecta su propia hostilidad en la expresión espantada de la pelirosa, Sasuke se envaró, respiró profundo y soltó el aire lentamente mientras hablaba—.Me refiero a que los tres eran buenos amigos. Al principio sólo se trataba de Shisui e Itachi, después Izumi se sumó a ellos— espetó concentrado—.Estás contemplando lo que ambos desean mostrarte.

Sakura parpadeó un instante. Las palabras de Sasuke sonaban dolorosamente similares a las que Itachi le había dicho a su madre en el vivero la noche de la fiesta.

Nerviosa, mordió su labio inferior con insistencia al mismo tiempo que se removía en su asiento, inquieta.

—Todo el asunto del suicidio parece tan extraño— masculló Sakura cruzándose de brazos.

Sasuke frunció el ceño.

—No debería, es más común de lo que piensas.

Sakura suspiró.

—¿Por qué lo haría?

El pelinegro se volvió hacia ella, serio y calculador.

—No conozco los motivos.

—Pero la conociste— lo increpó.

—El hecho de que estuviera casa con mi hermano no quiere decir que yo mantuviera una relación estrecha con ella— le cortó Sasuke—. Raramente cruzábamos más de dos palabras.

Sus ojos fueron a parar en Sasuke, sentado de perfil, con el cabello oscuro enmarcando su anguloso rostro y la ropa, ajustándose a su cuerpo, se veía como un ser irreal.

No obstante, lo que capturó su atención iba más allá de lo que el ojo humano es capaz de vislumbrar. Itachi había mencionado la difícil relación entre Sasuke y sus padres, suponía que Izumi no era una excepción.

—¿La detestabas?— indagó Sakura con cautela.

—Detestar es un término inadecuado para explicar lo que sentía por ella.

Una vez más, Sakura se sintió terriblemente inquieta: «¿Acaso Sasuke estaba involucrado en todo el asunto del "suicidio"?», preguntó para sus adentros.

—Algo en mi interior me dice que debo confiar en Itachi — espetó mientras lo miraba a sus ojos ébanos, bajando instantáneamente la vista hacia sus manos—, pero tengo el presentimiento de que estaría tomando una mala decisión.

—¿Crees que Itachi tuvo algo que ver con la muerte de Izumi?— preguntó Sasuke con aspereza.

—Puede que de forma indirecta. Quizá fue un detonante para obligarla a tomar esa decisión— no deseaba sonar tan seca, pero no había forma de suavizar la verdad.

—O tal vez es el asesino ¿Quién puede saberlo?

Sakura sintió que se le helaba la sangre; el pensamiento anidó en su pecho, oprimiéndole el corazón. Desde que tuvo conocimiento de la verdad, había resguardado tal inquietud en lo más profundo de su ser, temiendo que, si lo decía en voz alta, las palabras se materializaran en hechos irrefutables.

—Dios mío— dijo suavemente para sus adentros cuando volvieron a surgir los síntomas físicos de su nueva enfermedad: náuseas y dolor de cabeza.

Sasuke la divisó con extrañeza y antes de que un novelesco mutismo se propagara entre ellos, sus miradas se encontraron; ninguno de los dos fue capaz de adivinar en los ojos de quien había más preocupación y resquemor.

Él estiró una mano para tocarla, llevando uno de los mechones sueltos que caían al costado de su faz, detrás de su oreja, arrancándole un respingo asustado.

—No pongas esa cara— dijo con voz ronca, sin apartar los ojos de los de ella; acariciando su mejilla con la punta del pulgar—, sólo estaba bromeando.

La pelirosa quiso hablar, pero las palabras no acudieron al llamado. El labio inferior le empezó a temblar, dando acuse de su ansiedad. Aquel roce había bastado para avivar todo remanente de duda en su interior.

—Fue una de mal gusto.

Sasuke esbozó una mueca de dolor; haciendo de tripas el corazón, apartó la mano de su rostro y la resguardo en el bolsillo de su chaqueta.

—Me gustaría ayudarte con esta búsqueda, pero ya te he contado todo lo que sé.

—Tú eres el único que puede ayudarme a encontrar respuestas, Sasuke— dijo sin mirarle—. Sin ti estoy perdida.

Sasuke parpadeó, perplejo. Como creyendo que había olvidado algo, pero sin ser capaz de recordarlo. Lo que Sakura acababa de decir era un gesto tan cálido y dulce que su corazón dejó de latir por un instante.

La luz del sol se filtraba a través de las copas de los arboles y danzaba sobre los hombros de su chaqueta. Volvió a oírse las risas de los niños, ahora más cercano.

—Esta bien, te ayudare— asintió con un ausente movimiento de cabeza.

Sakura esbozó una sonrisa para sus adentros y espetó:

—Te lo agradezco, Sasuke.

Continuará


N/A: ¡Capítulo 9 a la orden!

Hola gente bonita ¿cómo están? Espero que se encuentren bien :3 una vez más estoy de regreso con ustedes.

Antes de pasar a las notitas del capítulo, quiero agradecerles por su infinito apoyo, ya sea agregando a favoritos, dando follow o dejando un bonito review, puedo sonar como un disco rayado pero no me canso de decírselos, gracias infinitas por estas muestras de cariño.

Ahora si, aclaremos algunos puntos:

1) La primera parte del capítulo estuvo enfocada en los pensamientos y sentimientos de Sakura, se puede apreciar cierta incertidumbre, incredulidad, miedo, decepción, tristeza. Les advierto que los próximos capítulos son un torbellino de emociones.

2) La charla entre Sakura y Shisui es de suma importancia, más adelante entenderemos el porqué.

3) A partir de este capítulo, hay un acercamiento entre Sasuke y Sakura, esto marca una pauta en la evolución de su relación, así que… SasuSaku is coming.

4) Probablemente todo el asunto de Izumi se torne un poco cansado, pero créanme cuando les digo que esto solo es la punta del iceberg. Todo esto desencadena una serie de reacciones en cadena.

Creo que esto es todo por el momento. Espero de todo corazón que el capitulo haya sido de su agrado 3 sin nada más que añadir, cuídense mucho, les mando un fuerte abrazo donde quiera que se encuentren.

¡Nos leemos pronto! ¡Bye, bye!