Disclaimer: Los personajes de Naruto, así como el universo donde se desarrolla la historia no me pertenecen ni son creaciones mías, todo es obra de Masashi Kishimoto.

Capítulo 12

Grietas

No podía pensar en otra cosa que no fuesen las palabras de aquella mujer.

La tarde anterior, luego de su desastroso reencuentro con Sasuke, volvió a casa convertida en un manojo de nervios, calada hasta los huesos. Para su buena suerte, Itachi regresaría tarde, así que no habría la necesidad de enfrentarlo. La última pelea había acabado con todas sus reservas de paciencia y, más pronto que tarde, acabaría colapsando.

Consiguió meterse en la cama, con el cuerpo enfermo y el alma rota. Nada lograba sosegar el asco que le carcomía las entrañas. Todo le día; cada célula de su sistema parecía infectada por un parasito de repugnancia hacia si misma.

Quería morirse; desaparecer como un ente entre la niebla.

Por la mañana, el malestar se había disipado por completo; sólo quedaba una estela de entumecimiento emocional.

Cuando descendió por las escaleras para iniciar con su rutina matutina, lo primero que entró en su campo de visión fue el discreto arreglo floral dispuesto sobre la mesa del vestíbulo. El intenso olor dulce le invadió la nariz. Siempre detestó recibir flores, era como si le impusieran deberes, Itachi lo sabía a la perfección.

Contempló las flores durante un segundo o dos. Se percató de que el ramo temblaba, se estremecía como si tuviera frío. Podría lanzarlo contra la pared, pero sería muy decepcionante. Los pétalos quedarían esparcidos sobre la alfombra y tendría que recogerlos uno a uno antes de que llegaran las personas de limpieza.

«Por el amor de Dios, Sakura. Sabes perfectamente lo que tienes que hacer».

Necesitaba hablar con alguien que supiera que había personas que se comportaban así; alguien que hiciera las preguntas pertinentes.

Por esa razón, se encontraba ahora mismo vagando por los amplios pasillos del centro comercial acompañada de Ino.

Vislumbró con desinterés los estantes repletos de encaje y telas trasparentes. En el pasado, aquellos objetos habrían avivado una chispa de emoción en ella, cierta picardía tan sólo de imaginarse a si misma portando un conjunto tan descarado y etéreo como los que portaban los maniquíes en el aparador.

El matrimonio la había convertido en una versión blanda y acomodaticia de la chica que había sido antes.

—Esto luciría genial en ti— dijo Ino, tendiéndole un conjunto de satén que no dejaba nada a la imaginación—.Con tus caderas y esos muslos, Itachi quedaría boquiabierto.

En respuesta, la pelirosa hilvanó una sonrisa forzada.

—Creo que se ajusta más a tu estilo— rebatió diplomáticamente.

—Oh, vamos, deberías darte un poco de crédito.

Sakura se encogió de hombros. Notó ruborizarse las mejillas al recordar la última ocasión en la que ella e Itachi estuvieron juntos.

Tenía la impresión de que aquellas semanas confinada en el cuarto de invitados se transformaron en siglos.

—Sakura ¿te encuentras bien?— cuestionó Ino, abrumaba por la actitud meditabunda de su mejor amiga.

—¿Qué dices? Por supuesto que estoy bien— una vez más, la sonrisa forzada estiró la comisura de sus labios.

Ino arqueó una ceja.

—Nunca fuiste una buena mentirosa ¿lo sabes?— señaló—. Cuando algo te molesta frunces el ceño y tensas los labios.

Derrotada, permitió que un largo y pausado suspiro escapara de las profundidades de su pecho. Intentar evadir las preguntas inquisitivas de su amiga sería un acto ingenuo y tonto de su parte. Para su pesar, Ino la conocía a la perfección. Ante los ojos cerúleos de la Yamanaka, Sakura era un libro abierto.

—Mi madre… su enfermedad ha progresado— respondió a secas.

La rubia colocó una mano sobre su hombro para transmitirle un poco de empatía.

—Lamento escuchar eso ¿cómo se encuentra?

Sakura la observó con genuino afecto. Ino representaba la hermana que nunca llego a tener. Siempre encontraba la manera de solucionar los problemas. De no ser por ella, probablemente sus tragedias la habrían consumido.

—Intenta mostrarse optimista— suspiró, encogiéndose de hombros—. Es duro seguirle el paso, en especial cuando puede desaparecer en cualquier momento.

Ino era la primera persona que sabía de primera mano el estado critico en el que se encontraba Mebuki. Ni siquiera se lo había contado a Itachi; los dos intentaban vivir bajo el mismo techo como dos seres completamente funcionales, tratando de ignorar el elefante en la habitación.

—Lo siento tanto, Sakura— masculló la rubia mientras la envolvía en un firme abrazo—.Se qué no puedo hacer mucho, pero puedes contar conmigo para lo que necesites ¿está bien?

La pelirosa asintió en silencio, permitiéndose ser indulgente con las emociones y sentimientos que la abrumaban.

Dios, necesitaba tanto un abrazo.

Cuando ambas se apartaron, Ino decretó que lo más apropiado para las dos era cambiar de locación. Tan pronto como pusieron un pie fuera del centro comercial, enfilaron el paso hacia un bar cercano. En un principio la pelirosa se opuso, argumentando que era muy temprano para beber, sin embargo, se dijo a si misma que precisaría un poco de alcohol para hablar del asunto de Itachi.

Nadas más abrir la puerta del establecimiento, la exuberante mujer de cabellera blonda se instaló en una de las mesas más alejadas, situada en la esquina.

Al tiempo que miraba alrededor, Sakura experimentó la incómoda sensación que la asaltaba a menudo cuando se hallaba en un sitio nuevo y agradable. No podía expresarla más que con palabras: «Quisiera estar aquí». Ese pequeño pub era tan exquisito que tenía ganas de estar realmente allí, cosa que no tenía sentido, puesto que en cuerpo se encontraba ahí, pero su mente se ubicaba en otra dimensión, en una donde los recuerdos eran dolorosos, tan afilados como la hoja de una espada.

—Una botella de sake para nosotras, por favor— dijo Ino dirigiéndose a uno de los meseros—. Ahora bien, cuéntamelo todo.

Sakura se removió en su asiento, solivianta. Su mente ya estaba preparándose para soportar el interrogatorio al que Ino estaba a punto de someterla. Las dos eran mejores amigas desde hace años, se conocían a la perfección, tanto que era posible saber cuando algo le estaba sucediendo a la otra. Ino estaba consciente de que algo pasaba, sus ojos azules y la delataban al igual que la voz apagada de Sakura. Sólo era cuestión de tiempo para que una de las dos comenzara hablar.

La botella de sake arribó en menos tiempo de lo esperado. Tan pronto como el joven mesero dispuso los utensilios de cerámica sobre la mesa, la ojiverde se apresuró a servirse un trago para beberlo de golpe. Estrujó los párpados ante la sensación de escozor que descendía por su garganta. Deseaba deshacer el nudo asentado en la tráquea. Repitió la acción una vez más, procurando ignorar el escrutinio de Ino.

—¿Qué es lo que está pasando por tu cabeza?— preguntó Ino.

Mordió su labio inferior. Buscaba la manera de proceder sin causar un escándalo. Lo que estaba a punto de decir todavía suponía un cruel golpe de realidad para ella.

—Antes de conocernos, Itachi estuvo casado con otra mujer— torció el gesto al decirlo.

Se estremeció. Ino abrió los ojos de forma desmesurada.

—¿A que te refieres con eso?— preguntó su mejor amiga, incrédula—. ¿Estuvo realmente casado?

—Lo que escuchaste, casado— colocó el vaso sobre la mesa—.Por lo que se, fue el amor de su vida— le salió un tono extrañamente formal.

—¿Qué sucedió con ella?— quiso saber Ino.

Sentía la lógica curiosidad, pero no con la avidez que había imaginado. Ino se mostraba comprensiva.

—Falleció hace un par de años— contestó Sakura—. Se suicidó.

Luego de la impactante declaración, hubo un grave silencio, que ambas aceptaron de buena gana.

Ino se recostó en el respaldo de la silla. Había sido una gran conmoción. Como si le hubieran arrojado un cubo de agua fría a la cara.

—Oh, Sakura— masculló. Quiso acogerla en su regazo, abrazarla y mecerla como si fuera una niña pequeña.

—Es como un fantasma entre nosotros— dijo la pelirosa en voz baja, delineando el borde del vaso con la punta del dedo índice—. A veces pienso que Itachi se casó conmigo para evitar la soledad— se encogió de hombros.

—Oh, Sakura. Cuánto siento escuchar esto.

Ella meneó la cabeza como si le hubieran dado algo que ella no mereciera.

—Bueno, no es como si Itachi fuese el amor de mi vida. Tengo que asumir mi responsabilidad en esto. Nuestra relación fue… apresurada.

—¡Es tu esposo…!

Sakura levantó una mano.

—Montones de mujeres han tenido malas experiencias en su matrimonio. Esta fue la mía. La lección es: no te cases precipitadamente con alguien a quien a duras penas conoces.

—Puedo asegurarte que existen uniones precipitadas y prosperas— dijo Ino—. Esto es más grave de lo que imaginé.

Sakura negó con la cabeza.

—Procuro verlo con frialdad. Tan sólo tenemos dos opciones, proseguir con nuestro matrimonio o separarnos.

—Tal vez la segunda opción sea lo más apropiado para los dos— convino la rubia—.¿Cómo pudo omitir un detalle tan importante?

—Probablemente es una parte de su pasado que intenta olvidar.

—O quizá sucedió algo muy malo y no está contándote toda la verdad

—Bueno, no te olvides de que has oído la historia desde mi punto de vista— interrumpió Sakura—. Él tal vez tenga otra versión.

—Sakura, estuvo casado— Ino sintió que le acometía otra vez la ira—. No es como si se tratara de un secreto irrelevante, estamos hablando de que antes de ti hubo otra mujer— agregó, dejando caer la mano que se estaba pasando por el pelo.

Una vez más, la afonía se asentó entre las dos.

No le contó a Ino que, cuanto más pensaba en el tema, en su cabeza resonaba sin voz la palabra «asesino». Su respiración se había vuelto superficial. Sentía las gotas de sudor en el nacimiento del pelo.

—¿Tienes en mente lo que quieres hacer?

—No— respondió Sakura con una expresión indefendible en la cara. Ino no supo si significaba que estaba mintiendo o que el mero pensamiento de dejarlo le resultaba doloroso.

Tenía la sensación de que se trataba de un rito de paso. Consideraba ese suceso como algo lejano. Al mismo tiempo, sentía curiosidad por lo que fuera a suceder en el futuro. Su vida había seguido un rumbo y ahora, de repente, tomaba otra dirección.

—Sakura— la llamó Ino desde el otro lado de la mesa; una expresión consternada ensombreció sus bonitas facciones—.¿Qué pasaría si todo el embrollo del suicidio no es más que una mentira? Si ocultó su matrimonio previo, no me sorprendería que también escondiera algo relacionado con la muerte de su esposa.

La aludida tragó grueso. Aquel pensamiento merodeaba constantemente por los recovecos de su mente. Pensar en que Itachi podría ser capaz de asesinar a la persona que amaba generaba en ella un terror indescriptible.

—No lo se— masculló Sakura a duras penas—. Probablemente correría con la misma suerte de Izumi.

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Imploró al universo no encontrar a Itachi en la habitación.

«Desaparece, por favor», pensó al colocar la mano sobre el picaporte, sopesando si debía continuar con su camino o dar media vuelta y marcharse.

Lo último que deseaba era una nueva confrontación. Se sentía agotada, con el alma magullada y el cuerpo destrozado.

Permaneció allí, hundiendo los pies en la reluciente moqueta. Recordó haber experimentado una sensación similar durante su primera cita. Estaba aterrada. Itachi podía ser un parteaguas en su historial amoroso; tras varios intentos fallidos, anhelaba calladamente que ese hombre cambiara su vida por completo.

Así fue que, en el transcurso de media hora, o incluso menos, Sakura supo cuáles eran las coordenadas de Itachi; dónde transcurrió su infancia, los colegios a los que acudió, el trabajo que realizaba, la geografía más íntima de su mundo y lo que quería hacer con su vida. Fue todo facilísimo, nada de fingir ni dar rodeos. Itachi no tuvo miedo de preguntarle a Sakura quién era y qué quería. Y cuando ella se lo contó, él también le confesó sin tapujos lo que deseaba.

Cuando regresó a su apartamento, Ino se quedó preocupada, muy preocupada, pero Sakura volvió hacia su amiga un rostro sonriente y arrobado. No reparó en detalles, porque no era necesario decírselo a su confidente, la misma que la había visto salir con hombres muy inferiores a él. Con ese simple gesto consiguió decir: Este es el hombre que buscaba.

Tenía algo de perturbador evocar un recuerdo cálido, y que la dejara completamente fría.

Sin más dilaciones, se armó de valor; con la palma de la mano sudorosa y el corazón desbocado, penetró en la habitación con pasos renqueantes.

Lo primero que ingresó en su campo de visión fue el orden que imperaba en cada rincón de la alcoba. Cada cosa se encontraba en su lugar, tal vez por si algún día decidía regresar a su lado, pretender que nada malo había sucedido.

Itachi se encontraba de pie, cerca de la ventana, de espaldas a ella, con un codo apoyado en la pared y la otra mano en el bolsillo. El corazón le golpeó las costillas. Su cuerpo reaccionaba de forma inconsciente al verlo, como si tuviera vida propia.

Al percatarse de su presencia, la contempló sorprendido; frunció un poco el ceño, algo que Sakura decidió interpretar como preocupación, aunque podría ser simplemente irritación.

—Lo lamento, no deseaba interrumpir— se disculpo, apretando los puños contra sus muslos. Estaba actuando como una criatura que ha sido llamada al despacho del director de la escuela: asustadiza.

—Por supuesto que no, adelante— respondió en tono amable.

Quiso lanzar una carcajada histérica. Los dos actuaban como completos desconocidos, dos extraños que vivían bajo el mismo techo. Aquella realidad le pareció dura y cruel.

«No supondrás que se ha enamorado de ti. Lo que ocurre con Itachi es que se encuentra solo», pensó al tiempo que se desplazaba tímidamente hacia el tocador, bajo el oscuro y penetrante escrutinio de su marido.

—Sólo vengo a recoger unas cosas— explicó, titubeante. Se sentía como un caramelo de algodón: azúcar y aire. Si la estrujaran, quedaría convertida en una diminuta bolita de color rosado, húmeda y rezumante.

—Adelante— masculló él.

Tomó una enorme bocanada de aire procurando ocultar el temblor en sus manos. Estar ahí no era un acto de valentía ni elogiable; era, sencillamente, un necio tributo.

La ternura de Itachi se había debilitado y consumido, habían transcurrido unas cuantas semanas desde su último beso, algunas horas desde la última vez que le dirigió la palabra, excepto para lo más imprescindible. Se creía capaz de soportarlo si tuviera al mismo tiempo la seguridad de que nadie excepto ellos lo sabían. Hacían su papel frente a la familia, delante de Shisui, y cuando el día llegaba a su fin, ambos se separaban y llevaban vidas completamente aparte.

—Sakura.

Un escalofrió recorrió su espina dorsal al escucharlo paladear con deleite su nombre. En la tráquea, el malestar sordo y rasposo le impedía tragar o recitar palabra.

—Me marcharé de inmediato— respondió en tono indiferente.

—Me gustaría…— detuvo sus palabras un instante, tal vez sopesando cuál era la mejor forma de proseguir—.Quiero…— dijo.

La pelirosa intentó no inclinarse hacia el frente ¿Qué era lo que quería? No iba a revelar su ansiedad. En una sesión de negociaciones, están a punto de intercambiarse cosas.

—Necesitamos hablar— afirmó, eliminando cualquier atisbo de timidez remanente en él.

—Tengo que irme— murmuró, pero antes de que pudiera dar un paso, Itachi la detuvo, tomándola del brazo.

—Espera, dame un minuto— solicitó, suplicante.

Como cada vez que su marido la tocaba o estaba cerca, advirtió como las fuerzas le fallaban; sus piernas se volvieron trémulas y su respiración descompuesta.

A diferencia de hace dos noches, ella permaneció rígida, sin mover ni un solo musculo de la cara.

—¿Qué fue lo que sucedió entre nosotros dos?— preguntó en voz baja, tratando de comprender qué los había orillado a esa situación.

Sakura tragó grueso. La respuesta vino a su mente en un parpadeó. Itachi no la quería, ni la había querido nunca. Su luna de miel y el haber vivido juntos no significaba nada para él. Lo que ella consideraba amor, amor si misma, no tenía otro significado más que el hecho de que Itachi era un hombre y ella una mujer joven y que él se encontraba solo.

—La misma pregunta me hago todas las noches— susurró ella.

Los ojos oscuros de Itachi se clavaron en los esmeraldas de ella como dos fríos y potentes imanes, incapaces de mirar en otra dirección.

—¿Qué nos estamos haciendo el uno al otro?

La rabia brotó de sus adentros como la potente erupción de un volcán.

—¿Todavía lo cuestionas?— preguntó, indignada—.Tu mismo nos orillaste a esto— espetó, haciendo un vehemente esfuerzo por no sonar destrozada a la par que sacudía al brazo para romper cualquier contacto.

No se dio cuenta que se quedó sin aire hasta que la ultima palabra abandonó sus labios. Itachi permaneció quieto, divisándola con atención.

—Lo que escuchaste aquella noche en el invernadero…

—No necesitas aclararlo— lo interrumpió de súbito—. Esa noche comprendí que nuestro matrimonio era una farsa, tal vez una especie de consuelo de para ti.

Itachi no le pertenecía, pues pertenecía a Izumi. Aún pensaba en ella. Y nunca la querría a causa de Izumi. Todavía se encontraba en la casa; en esa habitación, en la sala, la galería, el vestíbulo.

—Estás equivocada— le soltó, acentuando su respuesta en un tono que Sakura jamás había escuchado.

El pulso le latía frenético detrás de las orejas. Hizo un gesto de abrumada negación, pero Itachi fue más rápido; la tomó de la cintura, cercándola entre el tocador y su propio cuerpo; lejos de esperar una aprobación, la besó desesperadamente, como si su vida dependiera de ello. Con las pocas fuerzas que le restaban, forcejeó para zafarse. No obstante, así de avasallador fue el contacto que antes de que ella pudiera percatarse, se encontró correspondiéndolo.

Quizá ambos esperaban que las cosas pudieran volver a la normalidad. Pero algo había cambiado, ya no existía el mismo equilibrio. Sentía que el amor se alejaba sin ella.

Ya no se pertenecían el uno al otro.

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En medio de la niebla causada por su irritación y la tremenda angustia que la atacaba, Sakura consiguió arribar a su destino.

El café en el cual Yūgao la había citado era un edificio curioso, pequeño y desproporcionado, casi como una cueva, ubicado justo en el paseo marítimo entablado de la playa de Jofuku.

Nada más abrir la puerta del establecimiento vislumbró a la enigmática periodista aguardando por ella en una mesa situada cerca del ventanal.

Sakura se resignó ante las circunstancias. Respiró hondo. Sorteó las mesas que la separaban de ella. Todavía no la había visto. Estaba enfrascada en los papeles dispuestos sobre la superficie de madera.

—Por un momento imaginé que no vendrías— saludó la mujer con una sonrisa—.¿Hubo algún problema con el traslado?

La pelirosa dejo caer el cuerpo sobre la silla. No iba a quedarse mucho tiempo.

—En lo absoluto— negó.

—Es un trayecto largo desde la ciudad— comentó, evitando tocar el tema por el cual ambas estaban reunidas allí—. Supongo que viniste sola ¿no es así?

Sakura tragó grueso. Tras el acontecimiento de la noche anterior, evitó a toda costa encontrarse con Itachi. Si bien, por poco los dos acababan rendidos ante las mieles de la pasión, aquella vocecita insistente y molesta emplazada en las profundidades de la mente de la pelirosa, le pidió a gritos detenerse.

—Si— a duras penas consiguió sacar la voz.

—Bien— sonrió Yūgao—. Creo que nos irá bien un café. Salvo que tú necesites una copa.

La periodista le ladró al camarero: «Dos cafés, por favor», y el chico respondió con un clásico gruñido hastiado. Sakura no tenía nada que decir y no sabía dónde mirar. El mero hecho de estar allí en compañía de esa esa mujer le parecía sorprendente.

Consiguió librarse del escrutinio de Itachi diciendo que acudiría a ver a su madre, lo cual era cierto, sin embargo, había omitido por completo su reunión con aquella joven.

Yūgao mencionó algo que Sakura no comprendió. Le pidió que lo repitiera.

—Digo que me sorprende que hayas aceptado mi invitación.

—No podía rehusarme— replicó Sakura.

Ambas hicieron una pausa al llegar el camarero con dos tazas de café bastante llenas.

Oteó durante un instante la taza humeante. Ni siquiera sabía por dónde comenzar.

—¿Cuál era tu relación con Izumi? Parece que la conocías bastante bien— señaló, escrutándole el rostro a la dama frente a ella.

Yūgao sonrió, tal vez complacida por la mordacidad atestiguada.

—Fuimos amigas en el instituto— comenzó a enlistar—. Después acudimos juntas a la universidad. La consideraba como una hermana.

La pelirosa respiró hondo y se incorporó. Yūgao parecía esperar su respuesta.

—Debes tener un montón de preguntas ¿no es así?— prosiguió Yūgao—.Antes que nada, tengo que hacerte un cuestionamiento. ¿Qué es lo que sabes?

«Solamente conozco la versión de Itachi, una versión incompleta, difusa, probablemente atestada de mentiras», dijo Sakura para sus adentros.

Ella se estremeció. Sintió como se había sentido durante un tiempo en la universidad, cuando Tsunade la convenció de unirse al equipo de diagnóstico del hospital. Era bastante buena en lo que hacia, pero no podía soportar la hora antes de presentarse con un nuevo caso. Era una hora de puro terror, de absoluta convicción de que ella lo echaría todo a perder.

—No sé nada— admitió con un encogimiento de hombros.

—De acuerdo— concedió Yūgao—. Al menos conoces cuales fueron las circunstancias bajo las que Izumi murió ¿verdad?

—Suicidio.

Una vez más, la sonrisa estiró la comisura de sus labios teñidos en carmín, un gesto que, al parecer de la pelirosa, era grotesco, obsceno.

—Eso es lo que indican los reportes policiales y lo dicho por la prensa— abrió un sobre de azúcar y lo vertió en su bebida.

—¿A qué te refieres?— preguntó Sakura.

—Me refiero a que los reportes forenses indican lo contrario. Al parecer Izumi fue asesinada.

—¿Asesinada?— repitió, conmocionada.

Ante cualquier duda, Yūgao extrajo del elegante maletín de piel una serie de carpetas y sobres beige con timbrados de las distintas instituciones de gobierno encargadas del caso. Tal vez fue capaz de percibir la oscilación en su faz, y por esa razón le tendió las conclusiones de la necropsia.

—Hay algunos aspectos que no coinciden por completo con la versión del forense— señaló ella—.Voy a contarte algo que tal vez ya sepas. Pero si no lo sabes, quiero que finjas que sí. Estoy pisando un terreno muy delicado.

Sakura la miró asombrada.

Yūgao hizo girar la taza de café entre sus manos. Giró el asa hasta que quedó entre las diez y las dos.

—La versión oficial indica que Izumi murió por un shock hipovolémico causado por los cortes en sus muñecas— aclaró la mujer de melena violácea—. Sin embargo, a la hora de practicar la autopsia se aprecian dos heridas localizadas en la región parietal izquierda y derecha respectivamente.

Dubitativa, Sakura echó un vistazo a las fotografías cerca de ella. Las imágenes eran explícitas. Ahora mismo recordaba porqué detestaba las clases de medicina legal en la universidad.

—Sabes a lo que me refiero ¿no es así? A final de cuentas eres médico.

Sakura sintió un extraño hormigueo por todo su cuerpo ¿cómo lo sabía?

—Pero no soy forense— aclaró.

—Todo esto es más claro que el agua— Yūgao tomó un trago de café e hizo una mueca de disgusto. Dejó la taza sobre la mesa—.El testimonio de que Izumi se suicidó cortándose las venas en la bañera es mentira.

Hubo un silencio absoluto por un momento.

Sakura sentía como si le vertieran acido por el cráneo y este resbalara hasta sus pies, formando un charco negro, pegajoso. El corazón le golpeaba las costillas y un nudo atestado en su tráquea le estrujaba la garganta cortándole la respiración.

Reaccionó bruscamente. Sus párpados se movieron una, dos veces; después meneó ligeramente la cabeza, como para desprenderse de la imagen.

—Se disparó— masculló, ahogada.

Yūgao negó con la cabeza.

—La información entregada a los medios es opuesta a la verdad a niveles indignantes— comenzó a hacer girar la taza entre sus manos—. Izumi fue asesinada en el bosque. Cuando encontraron su cuerpo tenía más de tres días de descomposición.

Sakura estrujó los párpados. Aquello debía ser una puta broma.

—Todo lo que te estoy contando es información privilegiada— precisó Yūgao—. No debería mantener esta conversación contigo.

Se detuvo, como si esperara una respuesta. Pero Sakura no sabía qué debía decir.

—Lamento que lo supieras de esta forma— se disculpó.

De nuevo se quedó esperando. Sakura la miraba.

—Sakura, ¿quieres que siga?

—¿Crees que…?— las palabras se quedaron atascadas en su garganta como un trago amargo—. Itachi… ¿es el asesino?

Sus ojos verdes se encontraron con los negros de la periodista. Sintió como si la cabeza le rodara por el suelo. Cuando volviera a tenerla sobre los hombros, si es que volvía a tenerla en su sitio, sólo podría reír como una loca. Era absurdo, tan absurdo que no podía ser verdad. Si Yūgao creía que iba a tragarse una cosa tan absurda, podía olvidarse de esa conversación. Porque ella no era tan estúpida para tragarse eso.

—No lo creo— respondió la periodista al cabo de un rato.

Una vez más el corazón le dio un vuelco.

—Itachi tiene una coartada solida, comprobada. Ninguno de los abogados pudo demostrar lo contrario.

Hubo un silencio muy largo, de unos diez segundos más o menos, que parecieron muchos más.

—Sin embargo, Sasuke, el hermano menor de Itachi…— dejo la frase inconclusa.

Yūgao desvió la mirada de forma ostensible para darle tiempo para recuperarse.

A Sakura el pulso le latía frenético detrás de las orejas, como quien tiene una pesadilla de la que no puede despertar.

«No, no, no, por favor», suplicó. Apretó una mano sobre su regazo, lejos de la mirada inquisitiva de la periodista. Se inclinó hacia delante. Posiblemente fue el vaho del café, al entrar en contacto con los ojos, pero no sabía si estaba a punto de llorar o si ya estaba llorando.

«Sasuke no puede ser un asesino», intentó convencerse a si misma, tal vez para brindarse consuelo. La idea de que el azabache pudiese ser el causante de toda esa desgracia le parecía insostenible, dolorosamente insoportable.

—¿Sasuke?— susurró.

—Aún no tengo claros los motivos— confesó al mismo tiempo que se encogía de hombros—. No obstante, Izumi solía hablar de lo complicada que era la relación entre los dos. Además, sus antecedentes lo sitúan como el sospechoso principal.

Sakura cerró los ojos con fuerza a la par que respiraba hondo.

—Él… Sasuke, yo…— tensó los labios al percatarse de la conmoción que paralizaba su cuerpo—. No sé nada. No sé cómo voy a soportar esto.

—Bueno, deja que te ayude— propuso ella, situando una mano sobre la de Sakura—. De modo que escúchame, porque tengo que decirte un par de cosas. En primer lugar, prepárate, probablemente reabran el caso.

Sakura tragó grueso.

Antes de que pudiera responder, el camarero se les acercó. ¿Iban a querer algo más? Yūgao le pidió la cuenta y esperó a que se marchara para seguir hablando.

—Y, por último, mientras vivas con un Uchiha jamás estarás a salvo.

Frunció el ceño y miró a la mujer a los ojos.

—¿Quieres que lo repita?

Sakura hizo un gesto negativo, pero la verdad era que había dejado de escuchar y no estaba segura de nada.

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Yūgao tenía parte de razón; en aquel momento sospechó de Sasuke, pero no por el asesinato. La situación que la periodista intentaba venderle — que a causa del historial del pelinegro y la forma en la que murió Izumi, supo inmediatamente que Sasuke era un psicópata y lo estaban encubriendo— era una estupidez total. No culpaba a Yūgao por pintar el caso de esa manera. Los periodistas eran duros de oído por naturaleza, y más cuando en ese caso había circunstancias que esencialmente les obligaban a taparse las orejas. La hipótesis de que Sasuke fuera un asesino era simplemente una locura; nunca se le ocurrió. Lo que pensó, en cambio, era que algo pasaba. Sasuke sabía algo más de lo que decía. Eso ya era bastante perturbador.

Condujo entre la espesura de la noche, acompañada por el diluvio que golpeaba la ciudad y que no parecía tener claudicación cercana.

Llamó al móvil de Sasuke desde el coche. No contestó. «Sasuke, esto es muy, muy importante. Llámame enseguida, en cuanto escuches este mensaje».

Aferró las manos al volante y estrujo la mandíbula. Se sentía mareada. Por un instante, las luces se convirtieron en manchas dispersas sin significado, como las que se formaban detrás de los párpados cuando uno se restregaba los ojos.

Llegó al apartamento de Sasuke en el momento perfecto. Sin más dilaciones, apagó el motor, extrajo las llaves y las resguardó en uno de los amplios bolsillos de su gabardina.

Cuando salió del coche fue recibida por un frio cortante y una fuerte llovizna, que en cuestión de segundos le había humedecido el abrigo y los jeans. El cabello mojado se le pego al rostro, y lo apartó con un débil manotazo y como pudo se las arreglo para cruzar el estacionamiento.

Ignoró monumentalmente las replicas del guardia. Necesitaba hablar con Sasuke de inmediato. Subió las escaleras tan rápido como sus piernas se lo permitieron, el ardor instalado en los músculos de sus muslos sólo era un indicativo del esfuerzo que estaba realizando.

Al llegar a la puerta, golpeó tres veces.

Él mismo abrió, ¿Quién si no? Había una lámpara encendida, sólo una, pero lo suficientemente potente para hacerla parpadear. Echó un vistazo al interior de la habitación, no quería mirarlo a los ojos.

—¿Qué haces aquí?— quiso saber, sin rastros de cortesía en la voz.

No iba a culparlo. Era evidente que estaba molesto con ella y, probablemente, lo estaría hasta el resto de sus días.

—Tenemos que hablar— respondió firme.

Sasuke soltó el aire atrapado en su pecho.

Dio un paso hacia atrás para permitirle ingresar. Iba en mangas de camisa y en la mano llevaba un cigarrillo encendido. Percibió el olor del humo, en él, en el aire caliente de la habitación, en todas partes.

—Creo que fui bastante claro el día anterior— dijo él con cuidado, sin elevar la voz más de lo necesario—.¿Acaso tengo que repetirlo?

Sakura apretó los puños a los costados de su cuerpo. Había pensado gritarle: «¿Qué has hecho?», pero aquella trillada exclamación hubiera sido autocomplacientemente retórica, una forma de reproche. No tardaría en conocer los detalles. Y entonces no podía imaginar una conversación que no acabara pareciendo ridícula.

—No tenemos nada de que hablar, Sakura— insistió, frustrado.

En un acto reflejo, la pelirosa lo obligó a frenar el paso al tomarlo del antebrazo. El agarre carecía de fuerza, un manoteo de Sasuke bastaría para zafarse, sin embargo, no lo hizo. Al contrario de lo que pensaba, él permaneció de píe en medio del pasillo, inmóvil; bajo la yema de sus dedos, Sakura notó la forma en que sus músculos se tensaban como una cuerda. Al igual que ella, el azabache estaba aterrado.

—Si, si tenemos— insistió. Quiso gritárselo en la cara, pero toda su impotencia se drenaba en cada agitada respiración y en el temblor de su cuerpo.

Sentía la boca seca. Cerró los labios al tiempo que un prolongado silencio se instalaba entre ellos. Él se limito a mirarla con aquellos ojos negros, que ahora mismo sólo se veían vacíos, demasiado huecos para albergar un ínfimo atisbo de vida.

Los dientes de Sasuke rechinaron con fuerza.

—¿De qué quieres hablar?— insistió él.

Cuando levantó la mirada se encontró con los ojos ébano de aquel hombre.

El corazón le golpeaba dolorosamente el pecho mientras la respiración se solidificaba en sus pulmones. Tenía que decírselo ahora mismo, necesitaba escuchar de la boca de Sasuke que él no estaba implicado en la muerte de Izumi, de lo contrario, perdería los estribos. La poca cordura que residía en ella se iría por el caño.

—Por favor, Sasuke, dime que no fuiste tu— se mordió el labio inferior, pero continúo hablando en voz baja, suplicante—. Por favor, no tú, de todas las personas, tu…

Una sonrisa sarcástica y fiera estiró una de las comisuras del labio del Uchiha.

—¿De qué carajos estás hablando?

Por una leve fracción de segundo, Sakura pensó que Sasuke le devolvía una mirada lastimera. Una mirada que ahora mismo estaba cargada de algo mucho más profundo, un sentimiento de turbación que no se atrevía a revelar.

La pelirosa meneó la cabeza y volvía a centrarse en sus pensamientos.

—No actúes como si no lo supieras— lo acusó, liberándolo por fin de su agarre—, me refiero a todo lo relacionado con la muerte de Izumi.

La risa de Sasuke rasgó el aire como si se tratara del filo de una katana. Un escalofrío recorrió la espina dorsal de Sakura ante la psicótica respuesta de su acompañante.

Le parecía retorcido que Sasuke encontrara irónico una acusación tan grave como ser el principal sospechoso de un crimen irrisoria.

Con movimientos calculados y letárgicos, dio un paso al frente, obligándola a retroceder por instintito.

—No sé de qué mierda estás hablando— la rabia brotaba de sus palabras.

—¡Por supuesto que lo sé!— dijo en un alarido casi estridente—. Tu e Itachi… todo este tiempo han mentido. Notó el escozor en sus ojos a causa de las lágrimas; el rastro húmedo y salado resbalaba por sus mejillas en violentos torrentes—. ¡Mierda!

Ella no lo notó, pero Sasuke tuvo que tragar grueso para conseguir que las palabras salieran de su boca. Sakura sollozaba ante la penetrante vigilancia del hombre, que, sintiendo una inexplicable resequedad en la boza, relamió su labio inferior; sin atreverse a romper el contacto visual ni para pestañear.

Una vez más, los vellos de su piel se erizaron al percatarse de la cercanía entre los dos. El calor que emanaba del cuerpo de Sasuke en contraste con la gelidez que la arropaba la hizo estremecerse, mas no tuvo tiempo para pensar en lo que sucedía ya que, con la fuerza de un huracán, Sasuke la acorraló entre la solidez de su cuerpo y la puerta, colisionando de nuevo con su mirada, como dos estrellas tintineantes en el firmamento.

Sakura parpadeó, perpleja.

—Por favor…— masculló ella.

En lugar de agregar algo, le apartó algunos mechones del rostro, desvelando la belleza de su faz ante la tenue luz de la habitación.

Acto seguido, como si su cuerpo tuviera vida propia, Sakura se abalanzó hacia él violentamente, con una velocidad depravadora, fugaz, uniendo sus labios en un demandante beso, frenético.

Ese primer contacto, tan anhelado para ella, provocó un estallido dentro de su pecho, orillándola a cerrar los ojos y contener el aliento.

Por un instante temió que él se alejara, no obstante, todos sus miedos desaparecieron cuando posó una mano posesiva sobre sus caderas, atrayéndola más hacia su cuerpo, haciendo que su silueta encajara perfectamente con cada parte de él, como si estuvieran hechos el uno para el otro.

Tal y como si no hubiera un mañana, los dos empezaron a explorarse, marcando con sus huellas dactilares la piel del otro.

El deseo desproporcionado la obligó a alzar los brazos y hundir los dedos en las finas obras de cabello azabache que rozaban su nuca, aferrándose a él, al mismo tiempo que enredaba una pierna alrededor de su cintura. El tacto hizo que Sasuke se tensara.

Un gemido ahogado escapó de entre sus labios cuando él hundió los dedos en la carne de su muslo, reptando por su cadera hasta detenerse en su estrecha cintura. Fue entonces cuando Sasuke profundizo el beso, introduciendo su lengua para degustarla, explorarla. Todo lo que aquejaba a Sakura desapareció. En ese instante sólo eran ellos dos. No había una entramada de mentiras ni un crimen. No existían Itachi ni Izumi.

Una dolorosa punzada de culpa la sacudió al darse cuenta que jamás había sentido algo como aquello. Era una nueva sensación que drenaba hasta el ultimo ápice de raciocinio, y todo empeoró cuando su cuerpo pedía a gritos más.

Aún así, pese a la intensidad del momento, el primero en apartarse -renuentemente- fue Sasuke.

Sus frentes permanecieron unidas al tiempo que ambos intentaban procesar lo ocurrido. La respiración de los dos era entrecortada, desastrosa.

Ella aferró los dedos al cuello de su camisa, preguntándose qué lo había orillado a detenerse.

—Sasuke— lo llamó en un susurro trémulo, tímido.

—Esto es un error, Sakura.

Anticipándose a cualquier acción de la interpelada, Sasuke se alejó.

La expresión en su rostro era amarga. Tenía aún rasgos que denotaban vacilación, pero éstos habían cedido y dado paso ya a la callada y culpable complacencia del que ha hecho algo mal. Su mirada era singularmente clara -serena, casi apacible-, y reconoció en ella la placidez de su primer encuentro, aunque de aquella cena parecían haber pasado diez años.

Pudo ver que se sentía decepcionado de si mismo. Y eso fue todo lo que necesitaba saber.

—Sasuke, yo…

—Será mejor que te vayas— murmuró Sasuke con voz gruesa, como si sus cuerdas vocales hubiesen sido inhabilitadas desde hace años. Nuevamente, sus ojos se ensombrecieron poco a poco.

Sasuke buscaba algo. Exploraba su rostro en busca de algo. Lo estudió despacio, intensamente, y después paso una mano por su cabello desordenado. Fuera lo que fuese, no lo encontró; y aquello pareció satisfacerlo de alguna manera. No sonrió.

—Ahora mismo, Sakura— habló de nueva cuenta, determinado a zanjar ese asunto de una vez por todas.

Incapaz de rebatir, Sakura se encontró a si misma complaciendo sus demandas. Tan pronto como Sasuke abrió la puerta, ella colocó un pie fuera.

—Esto fue un error— dijo él, sus palabras sonaron suaves, pero atestadas de cierto malestar—. Jamás debiste venir aquí.

Le resultaba sencillo leer entre líneas, Sasuke consideraba que todo había sido un error. Estaban adentrándose en un terreno peligroso, aunque dolía, Sakura comprendía lo que el pelinegro quería decirle. Esos sentimientos que compartían les acarrarían demasiados problemas, más de lo que que podrían soportar.

Sin decir una palabra más, se marchó.

Sakura condujo como una autómata hasta su casa, procurando mantener la mente completamente libre de pensamientos.

«No creo que sea Itachi, sino su hermano mejor, Sasuke», volvió a oír la voz impertinente de la periodista.

Lanzó un grito. Un grito terrible, capaz de helar la sangre, que resonó por todo el coche. Aporreó con ambos puños el volante

No era correcto que ella confiara en él. Tampoco lo era que él la arrastrara consigo en aquel ineludible embrollo.

Continuara

N/A: ¡Estoy de regreso!

Lamento haber desaparecido por un tiempo. Lo cierto es que me tome un pequeño descanso. Así que no se alarmen, no iba a abandonar la historia ni nada por el estilo, sólo me estaba tomando un tiempo para mi.

Con esto dicho, me gustaría hablar sobre un par de puntos del capitulo de hoy:

Si, así es, llegó el ansiado beso entre nuestros dos personajes favoritos. Consideré apropiado posponerlo hasta este punto porque -como habrán notado- de ahora en adelante, la historia se centrará tanto en el desarrollo individual y de pareja de Sasuke y Sakura. Quizá no se dio bajo las mejores circunstancias, pero todo tiene un por qué.

En cuanto a todo el embrollo del suicidio de Izumi, todavía es un tema principal, tenemos una nueva revelación y esto, por supuesto, cambiara el rumbo de todos en la historia. Lo único que puedo desvelarles es que se viene un capítulo desde el POV de Sasuke, y es sumamente revelador.

Como siempre, les agradezco infinitamente el apoyo que me brindan, por esos favorites, los follows, y esos reviews con teorías y palabras de aliento, en verdad, leo todos y cada unos de sus comentarios 3 estoy al pendiente de todo.

Sin nada más que añadir, esto es todo de mi parte por hoy. Prometo regresar pronto con una actualización.

¡Cuídense mucho! Les mando un fuerte abrazo donde quiera que se encuentren. Espero leerlos pronto.

¡Hasta la próxima! Bye, bye :3