Disclaimer: Los personajes de Naruto, así como el universo donde se desarrolla la historia no me pertenecen ni son creaciones mías, todo es obra de Masashi Kishimoto.

Capítulo 15

Ausencia, melancolía y deseo

Su corazón no dejaba de martillear con fuerza al encontrarse ahí, en esa pequeña habitación de paredes amarillas, con una hilera de plantas en el alfeizar de la ventana, carteles de publicidad institucional con teléfonos de emergencias en las paredes y mobiliario discreto de oficina sobre una bonita tarima antigua. La consulta de la psicóloga se ubicaba en una casa de campo situada en la autopista hacía la costa. La habitación donde se encontraba probablemente habría sido un dormitorio.

Al levantarse esa mañana Sakura estaba segura que no iría. En cuanto Itachi se despidió de ella contuvo el impulso de telefonear para cancelar la cita, pero se vio en el coche introduciendo la dirección en el GPS, conduciendo por la serpenteante carretera de la península, sin dejar de pensar en detenerse en cualquier momento y llamar para soltar una patética excusa. No obstante, continuo, como si estuviera en un trance, pensando en otras cosas como llamar a Tsunade para decirle que estaba lista para volver al trabajo hasta que, sin darse cuenta se detuvo en el aparcamiento detrás de la casa, de donde vio salir a una mujer envuelta en llanto mientras abría la puerta de un viejo coche abollado.

Sakura entendió que estaba demasiado acostumbrada a pensar en su vida de forma errónea, de una forma espacial que ya no era viable. La vida que tanto apreciaba, estaba llegando a su fin, estaba a punto de estamparse contra una pared, y no había nada que pudiera impedirlo.

Cabizbaja, vislumbró sus manos entrelazadas sobre el regazo. Había acudido a Tenten con la esperanza de cambiar de opinión, sin embargo, la castaña se había encargado de arrancar la venda de sus ojos, mostrándole la pérfida situación que tenía de frente.

—Sakura— dijo la psicóloga, con la misma familiaridad de dos personas que compartieran una larga amistad.

Sabía cómo se llamaba. No solamente porque fuese su terapeuta, sino porque ambas habían compartido un par de clases en la universidad. Sufría una de esas pesadillas de verse desnuda mientras era obligada a caminar por una calle concurrida, mientras todo el mundo contemplaba su vergonzosa y sorprendente desnudes. No había vuelta atrás. Le había contado todo, muy deprisa, sin fijar del todo la mirada en su antigua compañera. Habló en voz baja, neutra, como si estuviera contándole a un medico un síntoma embarazoso.

—Perdona . ¿Preguntaste si Itachi alguna vez me causó daño?

Descruzó y cruzó las piernas, alisándose la tela del abrigo. Tenía que decir cosas incomodas en voz alta «No esa especie de daño», una «especie». Como una adolescente contestando con evasivas, guardando la distancia.

—Si, un daño. ¿Alguna vez ejerció violencia física, psicológica, verbal o económica?

Tenten levantó la vista de lo que parecía ser un cuestionario habitual. Desde el inicio de la sesión comenzó a tomar notas sin amilanarse, decidida a llevar un registro de la sesión.

—No, nunca lo hizo, tal vez psicológicamente— espetó encogiéndose de hombros, con una voz de niña bien educada de colegio de pago.

Tenten sonrió cortésmente y anotó algo en el portapapeles.

—¿Crees que tu marido tuvo algo que ver con el suicidio de su primera esposa?— cuestionó sin titubeos.

Sakura sintió como un escalofrió recorría toda su espina dorsal. Había expresado ese pensamiento en voz alta en presencia de Ino, pero no tan explícito. Escucharlo retumbar en sus tímpanos fue un golpe de realidad violento, tan caótico que, una vez más, las entrañas se le removieron.

—Si— dijo Sakura—. Creo que probablemente fue uno de los factores que la orilló a tomar esa decisión.

—¿Has tenido miedo alguna vez?

—Algo parecido— se dio cuenta de a dónde quería llegar Tenten.

—¿Has tenido miedo de Itachi alguna vez?

—Por supuesto que no— dijo Sakura inmediatamente; luego de interrumpió—. Bueno, una vez. Los dos discutimos.

Recordó la sensación de la mano de Itachi enroscada en su muñeca. Trató desesperadamente de zafarse, como una mariposa atrapada.

Sakura creyó que podría echarse a llorar en cualquier momento, con unos sollozos enormes, entrecortados y llenos de mocos. En la mesita de café vio una caja de pañuelos desechables colocada al efecto.

No añadió más detalles de aquella degradación, sino que apartó la mirada de Tenten. Ella observó su anillo de compromiso.

—Hace un par de días hice una maleta— masculló—. Pero luego…, bueno, mi madre falleció. Y yo estaba tan cansada.

La castaña movió la cabeza en un gesto de entendimiento.

—¿Desde hace cuánto has considerado abandonarlo?

—Poco después del regreso de nuestra luna de miel, probablemente cuatro o cinco meses.

—Mencionaste que existe cierta negativa en dejarlo ¿Qué es lo que te mantiene unida a él?— dijo Tenten. Más que una pregunta del cuestionario, sonó a mera curiosidad suya.

—¿La esperanza de que la situación cambie?

—Es complicado— convino Tenten.

—Es complicado— coincidió Sakura—. Pero todos lo matrimonios lo son, ¿no?

—Sí— espetó la psicóloga. Sonrió—. Y no— la sonrisa se esfumó de su rostro—. Este tipo de situaciones desencadenan en problemas mayores.

—El no va a matarme— dijo la pelirosa a la defensiva—. No es así.

—¿Te sientes segura al volver a casa hoy?

—Por supuesto— respondió Sakura, con total certeza.

Tenten enarcó las cejas.

—Necesitó una explicación— profirió Sakura—. Quiero conocer el motivo que llevo a mi matrimonio a la ruina. Y también, debo saber lo que aqueja a Sasuke.

Le provocaba vergüenza compartir esas cosas con Tenten, pero al mismo tiempo era un maravilloso alivio estar contándoselo a alguien, decir esos secretos en voz alta.

—Entonces— susurró ella—, se trata de buscar justicia ¿cierto? Aún si eso implica acabar con la armonía de una familia o destruirte a ti misma en el proceso.

—Si— dijo Sakura—. Ese es el problema, ¿lo ves?

Sakura miró los gélidos de Tenten.

—…merece la pena— dijo la otra mujer—. Que casi merece la pena acabar igual que Izumi.

—Si.

La mirada inexpresiva de la psicóloga no decía nada más que: lo he captado. No estaba siendo amable. Era su trabajo, sin más.

Estuvieron un momento en silencio. Al otro lado de la puerta del despacho Sakura pudo oír el murmullo de voces, el timbre del teléfono y el trágico de la calle. Le invadió una sensación de paz. Se enfrió el sudor de su rostro. Había vivido con el fardo de la mentiras sobre los hombros durante todos esos meses, y ahora, por un instante, se aligeró y recordó la persona que había sido antes. Aún no contaba con una solución ni salida, pero en ese momento se hallaba frente a alguien que la comprendía.

—Decidiste proseguir con esta idea— recitó sin lástima. Sin juicio. No era una pregunta. Estaba afirmando un hecho para hacer avanzar la conversación.

—Si— asintió Sakura.

—Por esa razón me gustaría hablar de trazar un plan— dijo Tenten. Pasó una hoja del portapapeles.

—Un plan— susurró Sakura.

—Si. Un plan para mantenerte a salvo.

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Se quedó en el coche contemplando las calles vacías, sopesando si debía proseguir con su camino, o dar marcha atrás y regresar a casa.

Vislumbró el papel arrugado en el asiento del copiloto. La dirección era correcta, desde ese punto podía apreciar el cartel desgastado que indicaba la ubicación de la librería.

Aferró las manos al volante en un intento por tranquilizarse. La cabeza le daba vueltas. Lo cierto era que nada se le antojaba menos que presentarse ante esa persona. Había necesitado insuflarse de valor para conducir hacia allí, y un poco más para apearse del auto, sintiéndose como una niña asustada; sin saber si debería o no, recorrer los metros que la separaban del edificio, dónde sabía, encontraría la verdad.

Apartó la llave de arranque del bombín con cierta violencia, resguardándola en una de las bolsas de su abrigo. Sin mirar atrás, descendió del auto; las piernas le temblaban y sus manos sudaban profusamente. Una brisa de aire gélido la recibió al plantar los pies sobre la acera, en un acto reflejo, Sakura se arrebujo el tabardo. El cuello de lana le rascaba la nuca.

Tan rápido como sus piernas se lo permitieron, cruzó la calle, sintiéndose como si la rodeara un halo de luz que le daba un aspecto sospechoso, como si hiciera algo prohibido. Sólo deseaba salir de allí cuanto antes. Si giraba y se alejaba de la entrada de la librería podría escapar sin que nadie sospechara que le había pasado algo malo esa tarde, algo tal vez sería muy malo en su vida. Pero en lugar de marcharse, dio media vuelta de repente, sin pensar, como siguiendo una coreografía o una marcha militar, de modo que se encontró a si misma frente a la diminuta puerta de cristal.

Los comercios situados a ambos lados no parecían muy prósperos y los interiores se adivinaban oscuros. La atmosfera del barrio hacia suponer que la mayoría de la gente, hastiada del ruido y los alquileres elevados, se había trasladado a lo suburbios y que sólo quedaban las viviendas cedidas por las compañías, tiendas de difícil traslado y personas nostalgias que se negaban a abandonar el lugar donde habían vivido siempre.

La librería Uzumaki no era una tienda grande, pero a simple vista tampoco lucia tan pequeña. Era una librería de barrio.

Tomó una enorme bocanada de aire y empujo la puerta; dio un respingo asustado cuando las bisagras generaron un ruido espantoso. Estremeciéndose por el frio, Sakura ingresó con pasos renqueantes, tropezando con un paquete de revistas depositado en suelo.

—Bienvenida, en un momento estoy con usted— anunció en tonó jovial el hombre detrás del mostrador.

Sakura tragó grueso. Ya era demasiado tarde para salir huyendo.

—Los libros están ordenados por temas. Puede revisar la clasificación decimal universal para que le resulte más sencillo encontrarlos— explicó sin girarse a contemplarla. El inventario de los nuevos libros acaparaba su absoluta e indivisible atención.

La pelirosa carraspeó, incómoda.

—En realidad… estoy aquí por otro motivo— dijo ella en tono amable.

—Oh— por fin apartó la mirada cerúlea del inventario para posarla sobre su rostro, luciendo genuinamente confundido—. ¿En qué puedo ayudarte?— cuestionó cauteloso.

Armándose de valor, Sakura dio un paso al frente acortando la distancia que la separaba del mostrador.

—Esto sonara raro— le advirtió, no tenía la menor idea de como iniciar la conversación—, pero tengo la certeza de que usted puede ayudarme a resolver un problema.

—¿Y cuál es ese problema?— arqueó las cejas.

—Uchiha Sasuke.

Por la cara que puso el rubio tras hacerle esa pregunta tan sencilla, tuvo que comprender que ella, Haruno Sakura, desconocía algo esencial, no sabia algo importante que había ocurrido, al igual que todos los hechos circunstanciales dentro de su matrimonio.

El hombre se quedó mirándola y ella sostuvo los fanales zafiro durante largo tiempo.

—En el centro Umerakewarimasu mencionaron que sabrías algo al respecto— agregó.

—Entiendo— masculló Naruto para si mismo—. Bueno, supongo que nos irá bien un té.

Ella asintió, empleando sus escazas fuerzas en no venirse abajo mientras se encontraba de pie en medio de la sala con una persona a la que no conocía muy bien.

—La sala está en la segunda planta— le indicó con un movimiento de cabeza—. Estaré ahí en un momento.

Haciendo uso de una fuerza de voluntad enorme, Sakura cruzó la librería. Se quitó los zapatos y subió a tientas. El interior de la casa estaba sumido en la penumbra. En la entrada se ubicaba un sencillo recibidor. La estancia no era muy amplia y, por la ventana, entraba una luz mortecina que recordaba una película antigua. A mano izquierda, había una especie de almacén. Subió con infinita precaución la empinada escalera situada a la derecha y llegó al primer piso.

En lo alto de los peldaños, a mano derecha, estaba el comedor y, al fondo, la cocina. La casa, aunque de aspecto viejo, parecía haber sido reformada recientemente.

Sin lugar a dudas el interior era más cálido. Se despojó del abrigo y lo colocó en el respaldo de la silla. Esperaba que, cualquier cosa que Naruto estuviese haciendo no demandara mucho tiempo.

En la lejanía, sobre una de las repisas, observó una foto familiar: el rubio, de esmoquin con un bloque de dientes congelado en el rostro, los brazos curvados formalmente alrededor del viento abultado de una joven; ella, de cabello oscuro, sonriente, con las mejillas teñidas de un bonito color rosado.

Era un gesto de mal gusto aparecer de la nada en medio de la tarde demandando respuestas. Se dijo a si misma que, lo más apropiado, sería excusarse y trasladar la charla a otro sitio, tal vez un café o un parque. Tenía la impresión de que la charla tan pérfida que sostendrían acabaría por profanar un lugar tan armonioso como el apartamento de la familia Uzumaki.

Sus tentativas de huida se truncaron cuando el anfitrión arribó a la planta alta. Lejos de actuar hostil, esbozó una sonrisa tímida, a duras penas perceptible.

—Lamento la tardanza, no podía posponer el inventario un día más— se disculpó.

Para la sorpresa de Sakura, el hombre se desenvolvía ante ella con una familiaridad que se le antojó placentera. Por primera vez en mucho tiempo aquella percepción de verse a si misma como una intrusa se esfumó.

—¿Qué tipo de té prefieres?— le preguntó al llegar a la cocina—. Puedo preparar una infusión de cedrón o albahaca— dijo Naruto mirándola.

—Albahaca— se apresuró a responder.

—Estará listo en unos cuantos minutos. ¿Te importaría esperarme ahí sentada?

—No— respondió—. Si puedo ayudarte en algo, dímelo.

—Tranquila, yo me encargo— el rubio la miró de soslayo y esbozó una sonrisa.

Sin saber cómo actuar o que decir, la pelirosa clavó los fanales esmeraldas sobre la mesa; había un pequeño cenicero de color cerúleo, un periódico, papel de notas y un bolígrafo; en el papel se apreciaba anotado un número de teléfono y unas cifras que parecían ser la cuenta de la compra.

—¿Vives aquí?— cuestionó inocentemente para acabar con el silencio. Observó a Naruto, de espaldas, que preparaba la tetera con esmero.

—Así es. El espacio es suficiente, me permite tener el negocio en la planta baja.

—Es un lugar acogedor— admitió.

—Gracias, intento hacerlo parecer un hogar— replicó.

Apenada, mordió su labio inferior. Naruto tomó un cuchillo y cortó una porción de bizcocho de almendras. Se la dio a Sakura, sin preguntarle si le apetecía, y ella la aceptó sin decir nada.

—Lamento haber aparecido de esta forma— se disculpó, sonaba sumamente agobiada—. Fue impulsivo de mi parte venir sin avisar.

—Conozco la razón por la que has venido— dijo, vertiendo té caliente en una taza. Dispuso la tetera sobre la encimadera de la estufa. Caminó los pasos que separaban la angosta cocina del comedor.

—¿Cómo fue que se conocieron?— preguntó, refiriéndose al lazo que compartía con el azabache.

—En el hospital psiquiátrico, o, mejor dicho, centro de retiro— respondió Naruto, todavía sonriente. Al parecer siempre estaba sonriendo.

—¿Trabajabas ahí?

—Oh, por supuesto que no— rió al mismo tiempo que tomaba asiento en la silla frente a ella—. Yo también era un interno. La habitación de Sasuke se encontraba frente a la mía— añadió, como para confirmar la impresión de la chica—. Comenzamos con el pie izquierdo. Durante la primera semana nos vimos envueltos en una pelea. A manera de castigo, los encargados decidieron delegarnos tareas en la biblioteca. Supongo que de la convivencia nació la amistad.

—La recepcionista mencionó que trabajabas en ese sitio.

—Supongo que hubo una confusión— por un instante, el semblante alegre del hombre transmutó a una mueca atestada de tristeza, apagada—. Ingresé seis meses antes que Sasuke. Mi esposa falleció en un accidente automovilístico, fue difícil para mi sobrellevar la pérdida, así que opté por ingresar al centro.

Sakura no lo sabía, por supuesto. Murmuró algo sin importancia y bebió un sorbo de té. El concentrado de la albahaca le provocó una ligera náusea.

—Lo lamento tanto— masculló.

—Esta bien, no debes preocuparte por eso— masculló.

Indecisa sobre cómo proseguir, Sakura dejó la taza sobre la mesa.

Un pesado manto de incomodidad los cubrió. No era sencillo abordar el tema. Ni siquiera una gota de alcohol conseguiría deshacer el nudo que estrujaba su garganta o disipar el nerviosismo que ofuscaba a su sistema.

—Conoces a Sasuke mejor que yo… quisiera saber si él, bueno, hace un tiempo que me lo he cuestionado… el motivo por el cual ingresó al hospital.

Se preguntó si él entendía algo, porque ella no sabía muy bien lo que decía.

Naruto la miró con asombro.

Extendió el brazo como cuando se está conduciendo y pisa el freno de repente.

—Espera un momento, ¿Qué fue lo que te contó?

—Él, nada, pero Itachi dijo que…— Sakura intentó recordar los detalles. Ahora parecían importantes—. Tenía una serie de problemas graves, muy serios, por esa razón decidió internarse.

Intentó recordar si se había guardado algo.

—Eso es todo lo que sé.

Se hizo un largo e incómodo silencio hasta que Naruto habló con voz entrecortada.

—No es así. No se trata de eso en absoluto.

Sakura se sentía aterrorizada. El corazón se le aceleró en el pecho. Latía tan fuerte que lo podía escuchar. No entendía lo que pasaba.

—Por favor— suplicó, posando una mano sobre la del hombre—. Dime que fue lo que pasó.

—Sasuke no es un asesino— le aclaró—. Él no mató a Izumi— su voz sonaba entrecortada, atormentada. Podía notar el dolor trazado en su mirada—. Izumi acabó con él.

Sakura no entendía nada de lo que pasaba.

«Podría irme», pensó «Puedo marcharme ahora mismo y no saber más de este tema. Si me quedo, sabré la verdad. La sabré para siempre. Sea lo que sea, no lo podré borrar de mi mente».

No podía decidir. Estaba en las manos de ese hombre, obligada a escuchar lo que le dijera, pensaría más tarde. Claro que más tarde ya no sería la misma persona.

Si bien, a lo largo de la adolescencia y parte de su adultez Sasuke había fluctuando entre distintos médicos, el diagnostico otorgado por cada uno de ellos no era concluyente. El último optó por encasillarlo en el espectro de los trastornos de personalidad, asegurando que estaban lidiando con un psicópata. Por supuesto, el dictamen no se acercaba ni un poco a la realidad. O al menos eso sostenía Naruto.

—Los psiquiatras del hospital concluyeron que Sasuke padece un trastorno de estrés post-traumático— alegó.

—Espera…— intervino Sakura. Levantó las manos para indicarle a Naruto que se detuviera. —. Espera, me estás diciendo… ¿Quieres decir que Izumi tuvo la culpa de que le pasara algo a Sasuke?

—Así es— remachó el rubio con tristeza—.Tanto ella como Itachi son los causantes de todas las desgracias en la vida de Sasuke.

—¿Itachi…?— sintió como se le hacia un nudo en la garganta, así que se lo tragó con el té.

Naruto dejó su taza sobre la mesa, apoyó una mano sobre la de ella y lanzó un hondo suspiro.

—Hasta la fecha no conozco los detalles de la historia, sin embargo, sé lo suficiente para asegurarte que Sasuke es una victima de las circunstancias— se incorporó un poco y le apretó un brazo.

—Dilo de una vez— susurró.

—Creo que Izumi estaba enferma, y creo que encontró la forma adecuada de ganarse la lealtad de Itachi a perpetuidad, aún cuando ella está muerta.

Sakura tragó grueso.

Estaba cansada de esa situación.

A su mente llegó la efigie del hermoso rostro perfilado por un juego de luces que resaltaban su belleza. Jamás habría imaginado que, detrás de esos fanales avellana, se resguardaba un pérfido, oscuro y profundo secreto, algo tan terrible e inimaginable que era mejor mantenerlo oculto.

Describían a Izumi, bellísima, inteligente, amada por todos; luego relataban su muerte, las versiones eran diferentes, pero todos coincidían con que ella se había quitado la vida, renglón seguido, decían cómo en poco tiempo Itachi se había vuelto a casar, llevando inmediatamente a su segunda esposa a la casa que construyó para la primera.

Sakura se removió en su asiento, inquieta. Estaba claro que no podría regresar con Itachi, la confianza se había esfumado desde hace mucho tiempo.

—Sugiero que hables con Sasuke— dijo Naruto en un suspiro—. Confía en ti.

—No creo que diga una palabra.

—Lo hará— dijo en un tono tan categórico como si un loco tratase de convencer a un grupo de científicos que la luna es de queso—.Te quiere, y por ese motivo, intentó mantenerte alejada de la verdad. No deseaba que sufrieras su misma suerte.

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Las piernas le temblaban tanto que estuvo a punto de trastabillar y caerse en los escalones de la casa del Uzumaki.

A su espalda escuchó la vos amortiguada del hombre, sin embargo, optó por ignorarla. Se precipitó al auto tan rápido como sus piernas se lo permitieron; una vez dentro, codujo hasta la siguiente esquina, aparcó cerca de un parque y apoyó la cabeza en el volante.

¿Qué era real y qué era falso?

Sabía que debía llamar a Sasuke, pero no se le ocurrió nada que decirle. Tenía miedo, miedo justificado. Dejó atrás la librería, siguió con el coche por la dirección conocida hacia el apartamento del azabache y aparcó en el estacionamiento de invitados.

Se precipitó hacia las escaleras, subiendo de dos en dos los desgastados peldaños de asfalto hasta arribar al piso del azabache.

Llamó al timbre en una ocasión. El aroma a limón del ambientador impregnaba cada rincón del pasillo. Volvió a llamar y Sasuke apareció tras la pesada puerta. Se quedó mirándola un segundo y pensó que iba a volverse y darle la espalda; casi deseó que lo hiciera, pero entonces abrió la puerta y se hizo a un lado para permitirle la entrada.

Temerosa se situó en medio de la estancia, observando con discreto detenimiento el orden que imperaba en la casa, buscando un punto al que contemplar, lejos del rostro dolido y consternado del Uchiha.

—Estás bien— mascullo Sasuke a sus espaldas, aliviado.

Mordió su labio inferior. Afrontar la verdad era más duro de lo que imaginaba.

Armándose de valor, estrujó los puños al costado de su cuerpo y se volvió a él: lo primero que entro en su campo de visión fue su hermoso rostro constreñido por el dolor; tenía el entrecejo fruncido y los labios tensados hasta formar una delgada línea recta. Su semblante sólo expedía intranquilidad.

—Sasuke… ahora lo entiendo todo— masculló con dificultad. Las palabras se arrastraban por su garganta como si fuesen cuchillas, rasgando sus cuerdas vocales hasta tornar su voz en un sonido indescifrable, a duras penas perceptible.

El aludido se miró los pies y mordió su labio inferior. Era la primera vez que lo contemplaba verdaderamente abatido. Se le hizo un nudo en el estómago, grasiento y temeroso. Soltó aire una vez, con una prolongada y severa exhalación, apoyó las manos en las caderas y la miro fijamente.

—¿Itachi te lo contó?— quiso saber.

La pelirosa negó con un efusivo movimiento de cabeza.

Apretó los labios para contener el llanto.

—No fue él— susurró. Sus bonitos ojos esmeralda brillaban a causa de las lágrimas reprimidas—.Naruto… tu amigo.

Un suspiro fue suficiente para que Sasuke obtuviera las fuerzas necesarias de levantar la quijada y mirarla. Sakura esperó, imperturbable, de pie, frente a él, al mismo tiempo que el azabache prolongaba el silencio a un punto que tornaba compleja la respiración.

—¿Cómo fue que…?— las palabras quedaron suspendidas en el aire. Abatido, expulsó un suspiro cansado—. Ese idiota— masculló.

—Lo lamento— se disculpo Sakura encogiéndose de hombros, en realidad estaba realmente apenada—. Necesitaba saberlo, fue impulsivo de mi parte. Lo siento.

—No— la interrumpió. Los ojos de Sasuke continuaban brumosos, pero estaba atento a ella, tanto en sus palabras como en su presencia—. Yo soy quien debe disculparse, te oculté la verdad durante todo este tiempo porque no quería lastimarte, sin embargo, no imagine que el silencio te causaría más daño.

Sin pensarlo demasiado, se abalanzó hacia él, envolviéndolo entre sus brazos, aferrando sus delicadas y temblorosas manos a la tela del jersey.

En cuanto vertió la primera lágrima, el llanto fue incontrolable. Lloraba con el rostro oculto en su pecho. En un gesto casi reflejo, Sasuke la atrajo hacia él. Ella se agitaba sacudida por pequeñas convulsiones y continuó llorando en silencio, temblando entre sus brazos. Los dedos de Sakura recorrían su espalda como si buscaran algo. Mientras Sasuke sostenía su cuerpo con la mano izquierda, le acariciaba el cabello liso y suave con la derecha. . Se mantuvieron en esa posición mucho rato, esperando que su llanto cesara.

—Sakura— dijo él, tan suave como el murmullo del viento—¿Por qué lloras?— preguntó, tomando su rostro con ambas manos.

—Porque tú no fuiste capaz de hacerlo. Fue tan injusto.— recitó con un hilo de voz.

Una vez más, Sasuke rodeó su cintura al mismo tiempo que hundía la nariz en la melena rosada; olía a flores, y la calidez que irradiaba su cuerpo era tan abrumadora que, a duras penas, conseguía hilar los pensamientos de forma coherente.

—Todo está en el pasado— susurró.

Ella levantó el rostro. Su mano se alzó hasta tocar con suavidad la línea de la mandíbula de Sasuke.

—Por supuesto que no— negó con ímpetu—.Ambos te causaron tanto daño. No merecías eso, por supuesto que no.

—Estoy bien, no pasa nada malo, estoy bien— intentó asegurarle, disipando el rastro de lagrimas con la yema de sus pulgares.

—Por supuesto que no. Pr favor, deja de mentirme, no lo hagas más— suplicó.

Aquella cercanía tan irreal, tan prohibida, era lo que ambos necesitaban. Se encontraban en un terrible estado de nerviosismo y confusión; deseaban tranquilizarse.

—Por un momento imagine que te había perdido— soltó en un susurro, librando una batalla interior que ella desconocía y que al mismo tiempo detestaba con todo su ser—.Estaba asustado.

Una sonrisa queda se formó en los labios de la pelirosa.

—Lo lamento.

—¿Acaso siempre te disculpas por todo?— preguntó en un tono burlón. Sakura rió.

—No puedo dejar de hacerlo— se encogió de hombros.

Sus miradas se encontraron y se mantuvieron fijas entre sí. El mutismo no era incómodo, sino todo lo contrario. Las palabras sobraban para expresar lo que sentía. Sólo bastaba estar juntos, uno al lado del otro.

—No somos tan distintos a Itachi e Izumi ¿verdad?

El cuerpo de Sakura se mantuvo rígido entre los brazos del Uchiha.

—No digas eso, ambos fuimos sus victimas— acarició sus mejillas con ternura, en un gesto de genuina y absoluta devoción.

—Si te hubiese conocido antes, en lugar de Itachi— comenzó a decir.

—Pero al final lo hicimos ¿no es así?— siseó ella con ternura—.Algo bueno debía resultar de este infierno

Un escalofrío recorrió su espina dorsal cuando los labios de Sasuke acortaron la distancia, quedando a unos cuantos centímetros de los de ella.

—Está mal…— susurró el pelinegro, refiriéndose a la intrincada situación en la que se encontraban inmersos.

—Al tratarse de amor ¿qué es lo que está mal?

—Mierda— susurró—. Al diablo con eso.

Y sin más preámbulos, la atrajo hacia él en un beso desesperado, demandante, posesivo.

Para los dos solo había tensión; el incontrolable deseo de sumergirse el uno en el otro.

Sakura intentaba mantener la calma a pesar de la tempestad que se arremolinaba en su interior, podía notar la necesidad de Sasuke palpitándole los labios, aun cuando seguía un cauce suave, tentativo, tortuoso. Lo recibió complacida y airosa, hundiendo los dedos en su cabello, mientras aquel par de brazos la rodeaban por la cintura con desespero.

La transgresión solo descendía a la tentación.

La pelirosa apartó sus labios de los de Sasuke permitiéndose buscar air a la par que él le inclinaba el cuello, desperdigando besos sobre la piel caliente como los remanentes del fuego, alterando cada fibra de su cuerpo.

—¿Crees que nos estamos moviendo demasiado rápido?— preguntó Sakura entre jadeos.

—La sutileza es para aquellos que tienen tiempo— murmuró él mientras presionaba los labios contra sus parpados.

Sus miradas se encontraron; lo único que vislumbró fueron los ojos oscurecidos por el deseo, agitados por los secretos que habían sido desenterrados y que ahora amenazaban con derramarse y arder.

El rostro de Sasuke se hundió en el hueco de su cuello, notando como sus gruesos dedos danzaban por encima de sus caderas, a la par que ella inhalaba el aroma tan peculiar, sintiéndose adormecida, embriagada.

El azabache cortó un jadeo de tajo al reclamar nuevamente sus labios, consumiéndola. El beso era todo Sasuke. Agresivo. Feroz. Ambos estaban perdidos en medio de un huracán de calor y hambre.

La risa de Sasuke sobre su piel la hizo estremecer.

—Creo que llevamos mucha ropa encima.

La sangre se le precipitó al rostro, ruborizándola hasta la nuca cuando se alejó de Sasuke con cuidado, mirándolo con una expresión decidida en el rostro.

Lejos de tomarse el tiempo de desvestirse, apartó el abrigo de sus hombros dejándolo caer de lleno en el suelo; descartó el suéter, después las botas y por ultimo los jeans.

Sasuke la miraba a los ojos, expectante. En faz danzaba un gesto desafiante, uno que Sakura se atrevió a disipar al acercarse y desnudarlo por su cuenta. Con una mano recorrió su torso, maravillándose con los discretos abdominales, danzando a lo largo de la suave piel de su estomago. Lo notó tensarse bajo la yema de sus dedos al llegar al borde de su pantalón. Si antes pensaba que Sasuke no la deseaba en lo absoluto, la respuesta abultada entre la tela la hizo reconsiderar ese punto.

—¿Estás bien, Uchiha?— su voz juguetona resonó como un ronroneo—.¿Quieres que me detenga?

—No...— suspiró el aludido.

En lugar de agregar algo volvió a besarla en los labios, frenético; desesperado. Robándole el aliento, ahondó el contacto de sus lenguas al tiempo que sacudía sus entrañas como un panal de furiosas abejas.

Los dedos de Sasuke burlaron el seguro del sujetador de encaje, dejándolo caer al suelo.

—Hermosa— suspiro, bebiendo la imagen de ella; la piel brillante, la suculenta pendiente sus senos rellenos hasta llegar a la lánguida inclinación de sus labios enrojecidos e hinchados.

Sin apartar la mirada de la obra de arte que contemplaba, Sasuke deslizó un dedo por su hombro, atravesando las afiladas crestas de su clavícula y viajando por la mitad de su pecho. El toque era serpenteante, perezoso y tierno. Relamió sus labios al vislumbrar como el pequeño botón se endurecía suplicando atención.

Un gemido rasgó el silencio al sentir la boca de Sasuke sobre sus pezones; succionando, lamiendo, mordiendo. Acto seguido, la alzó en vilo para encaramarla sobre la pequeña mesa, del comedor, tumbando tanto el cenicero y los libros que el hacían compañía, como la botella de licor fino.

Cuando los dedos de Sasuke acariciaron la intimidad húmeda de Sakura, ella arqueó la espalda levemente, , siendo incapaz de retener un jadeo de excitación, que sólo consiguió acrecentar la lujuria del Uchiha. Él no perdió más tiempo para hacer desaparecer las braguitas.

—Sasuke…— jadeó.

Envuelto por una bruma de placer, oteó con detenimiento el hermoso cuerpo desnudo de la pelirosa en todo su esplendor; las perlas de sudor danzaban por la piel nívea, tenía las mejillas sonrojadas y los labios hinchados y enrojecidos a causa de los erráticos besos. Sus senos se alzaban al compas de la convulsiva respiración; admiró las curvas que formaban su estrecha cintura y la prominente cadera, era como si ella hubiese sido esculpida por los mismos dioses, demasiado perfecta para ser real. Entre sus muslos resaltaban los labios terciopelo que ardían en un rosa brillante y necesitado.

Suavemente trazó la abertura con un dedo y, sin más meditaciones, presionó los labios sobre su clítoris, introduciéndose en el núcleo caliente y apretado, haciendo todo lo posible para llevarla a la cima.

Los dos habían anhelado tanto ese momento que, al presentarse, ninguno fue capaz de resistirse; a pesar de todo lo que implicaba su unión.

Presa del orgasmo conducido por las amaestradas caricias de Sasuke, Sakura emitió un sonoro gemido, aferrando una mano a su antebrazo.

Era como si finalmente pudiera tocar el cielo.

—Sasuke, te necesito— masculló, ruborizándose al verse atrapada bajo la intemperante mirada oscura del azabache.

Aquellas palabras fueron suficientes para que el aludido decidiera llevarla a la habitación. Con suma delicadeza, la depositó en el colchón, permaneciendo a los pies de la cama, admirándola con un gesto meditabundo, como si de repente hubiese cambiado de parecer.

—¿Pasa algo malo?— preguntó ignorando la sensación de pudor que comenzaba a inundarla.

Él negó con la cabeza. Tenía una expresión inquisitiva y tierna en el rostro. Ella se sentía débil por todos los acontecimientos de los últimos días, y estaba terriblemente harta de contenerse. Más de seis meses dedicada en cuerpo y alma a soportarlo todo. No tenía por qué esconderse de alguien que buscaba el olvido tan fervientemente como ella.

A pesar de la intensidad de su orgasmo, quería más, necesitaba sentirlo dentro de ella. En un movimiento, a juicio de Sasuke, demasiado seductor. Sakura se sentó al borde de la cama y lo alcanzó, tirando del elástico de sus boxers.

Se le hizo agua la boca al ver el contorno de su miembro detrás de la tela y, sin más contemplaciones, se deslizó hasta el borde de la cama, poniendo los pies en el suelo. No apartó la mirada mientras enroscaba los dedos alrededor de la pretina. Sasuke asintió, contemplando como ella le bajaba los boxers por las caderas. El orondo y pulsante pene de Sasuke emergió, hambriento.

Ambos giraron al compas de modo que Sasuke ahora estaba sentado en el borde de la cama. Tomó a Sakura de la mano y la guio de regreso hacia él. En un acto reflejo, la pelirosa colocó las rodillas a ambos lados de sus caderas quedando suspendida por un momento, la punta del miembro a duras penas entró en contacto con su intimidad.. Nerviosa, lo agarró por los hombros para evitar caer al suelo y buscó el refugio en sus ojos.

De la forma más delicada posible, Sasuke la tomó de las caderas y, poco a poco, la ayudó a descender hasta adentrarse en ella. . Sakura dio un breve respingo; había transcurrido mucho tiempo desde la última vez que estuvo con alguien, su cuerpo necesitaba adaptarse a la abrupta intromisión. La sensación pronto desapareció y Sasuke volvió a llenarla por completo. Abrió la boca y respiró hondo, envolviendo los brazos alrededor de su cuello antes de que pudiera siquiera pensar en moverse. La respiración del pelinegro era rápida al mismo tiempo que esparcía besos desde su cuello hasta su hombro.

—Sakura— gruñó Sasuke contra su cuello—. Necesitamos protección.

Ella negó con la cabeza, la idea de detenerse en medio del acto le parecía extraña e inverosímil. ¿Por qué querría dejar de sentir algo tan increíble? Aun cuando sus cuerdas vocales se encontraban desgastadas por la serie de sonoros jadeos, Sakura encontró su voz:

—No te preocupes, estoy tomando las píldoras.

—Mierda— la maldición fue más prolongada, transformándose en un gemido.

Sasuke encontró sus caderas de nuevo moviéndolas hacia arriba y hacia abajo sobre él. Sakura se apartó de su pecho, inclinándose hacia atrás para situar las manos en sus rodillas. Desde esa posición era más fácil para ella controlar la situación.

Otro jadeo rasgó su garganta al sentirlo retorcerse dentro de ella; incrementó la velocidad, montándolo exactamente como lo había deseado durante los últimos meses. Sus respiraciones eran rápidas y desesperadas. A pesar del placer que la exorcizaba, se concentró en la expresión de Sasuke; tenía el entrecejo ligeramente fruncido y los labios entreabiertos.

—¿Vas a venirte por mi, Sasuke?— cuestionó sin aliento. El Uchiha consiguió asentir y Sakura sonrió victoriosa.

Le dolía el cuerpo y estaba desesperada por descansar, pero no se atrevía a detenerse ahora. Volvió a concentrarse en su expresión contorsionada por el placer.

Lo notó sumergirse dentro de ella una y otra vez. Sakura situó ambas manos sobre su pecho empapado de sudor. Antes de que pudiera parpadear, Sasuke tomó asiento y envolvió los brazos alrededor de su cintura. Un escalofrió recorrió su espina dorsal al notar los dedos del azabache bailar a lo largo de su espalda. Probó su sabor en él. Las palabras permanecían en silencio. Se sentía exorcizada.

Sintió la sonrisa en sus labios mientras se estremecía dentro de ella, derramándose por completo.

—Oh, Dios— dijo riendo contra su hombro mientras besaba su clavícula.

—Mierda— masculló, apartándole el cabello húmedo de la cara.

Los dos guardaron silencio. Era como si supieran sin la menor sombra de duda que no habría otra ocasión, para ninguno de los dos, con nadie, nunca.

Estar ahí con él era estar a salvo, como una cueva en la que se acurrucaban mientras afuera pasaba la tormenta. Se trataba de una ilusión, por supuesto.

—¿Quieres quedarte a pasar la noche?— más que un cuestionamiento casual aquello se trataba de una invitación formal.

Estaba tan cansada que sólo asintió. Lo atrajo hacia ella y le besó la sien, saboreando la san en sus labios.

Quedaron dormidos con los cuerpos entrelazados. Ninguno de los dos expresó sus sentimientos verbalmente, ni una vez. Hacerlo sería tentar a la suerte; ambos estaban condenados al romance y la desdicha.

Continuara

N/A: Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que estuve por estos lares. Les ofrezco una disculpa por la tardanza, el mes pasado fue un asco, a penas y tenía tiempo para dormir :') anyway, aún así, encontré el momento perfecto para preparar el capítulo y regresar con una nueva actualización.

Este capítulo llega a manera de resolución. Sakura se percata que tanto ella como Sasuke son dos víctimas del amor entre Izumi e Itachi, lo cual, desencadenará una serie de conflictos entre los tres, porque sí, el hecho de que Itachi no apareciera en este capítulo no quiere decir que esté fuera de la ecuación, todavía falta mucho por aclarar y, más pronto que tarde, la bonita ilusión desaparecerá.

Quisiera desvelar más detalles al respecto, pero acabaría haciéndoles un mega spoiler, así que, veremos lo que sucede sobre la marcha ;)

Sin nada más que añadir, espero regresar pronto con más. Por el momento, esto es todo de mi parte, ojalá el capítulo haya sido de su agrado 3 si lo fue, no duden en hacérmelo saber, ya sea mediante un follow, un favorite o un review, como siempre se los digo ustedes me ayudan a mejorar.

¡Cuídense mucho! ¡Les mando un fuerte abrazo donde quiera que se encuentren!

¡Nos leemos hasta la próxima!

Bye, bye :3