Palabra: anhelo.


2. Una emboscada en la habitación de Katsuki Bakugo

Trust me, darling, trust me darling
It's been a loveless year
I'm a man of three fears
Integrity, faith and
Crocodile tears
Trust me, darling, trust me, darling

Bad Liar, Imagine Dragons


Pasa todo el día siguiente dándole vueltas a lo que sintió la noche anterior. Ayuda no tener ni a Bakugo ni a Midoriya cerca. Los pupitres vacíos, uno detrás de otro, son muy notorios en un salón demasiado acostumbrado a los gritos de Bakugo y a los murmullos de Midoriya. Ambos hacen falta. Pero Eijiro agradece su ausencia. Así puede concentrarse y pensar.

Mina es quien, a la hora del almuerzo, nota que está extraño. Lo jala para dirigiste hasta la azotea, lejos del resto. Kaminari se queja, pero ella sólo grita que tienen que hablar y que los deje en paz, así que el chico rubio termina yéndose con Sero.

Cuando están solos, por fin, ella lo mira atentamente a la cara.

—A ti te pasa algo —dice—. No me engañas. Estás más distraído que de costumbre; hasta yo me di cuenta.

—No es nada —miente Eijiro.

No quiere discutir de la posibilidad de tener dos almas gemelas.

No, no la posibilidad, la certeza.

—No tienes que contármelo todo —asegura Mina, intentando hacerlo sentir cómodo—, pero, si quieres decirme algo, estoy dispuesta a escucharlo.

Eijiro sienta un suspiro y se sienta en el piso.

—Creo que se cumplió una de las cosas que más deseaba en la vida —murmura—, sólo que ahora no sé cómo reaccionar.

Lleva meses deseando que Bakugo sea su alma gemela. Probablemente es un anhelo que lleva fermentándose dentro de si desde la primera vez que le dirigió la palabra. Lo de Midoriya es algo más reciente. Pero un día se dio cuenta de que también lo miraba demasiado.

—¿Y cuál es ese…? —La pregunta de Mina nunca llega a ningún puerto. Eijiro la mira con cara de circunstancias—. Muy bien. Bien. Ehm. Bien. —Está nerviosa—. Como no sé qué deseo sea o a que te refieras, sólo puedo decirte que todo saldrá bien. Eres tú, Kirishima, todo saldrá bien.

Eijiro desea creerle.

Pero en vez de eso sigue comiéndose la cabeza, preguntándose si Bakugo ya se dio cuenta que siente el dolor de Midoriya —o viceversa—. Lo que es seguro es que ninguno tiene ni idea de que él está también en la ecuación.

Y a Eijiro le da miedo estar en medio de una explosión, en el punto cero.

No es hasta que, mucho más tarde, vuelve a los dormitorios y busca una oportunidad para hablar con ambos. Pero tanto Bakugo como Midoriya están castigados y tienen deberes que hacer, así que, hasta que terminan de sacar la basura de los dormitorios y de limpiar toda el área común, Eijiro no puede acercarse a ninguno. Observa que no han peleado más —de ser así, lo sentiría— y en vez de eso se ignorar bastante cordialmente; al menos frente al resto del mundo.

Poco antes de la hora de dormir es que Eijiro por fin saca el celular y busca el número de Midoriya. «¡Ey, necesito ayuda con algo! ¿Puedes subir?». Es lo bastante vago. Debe funcionar. Y lo hace, porque minutos después tiene la respuesta: «Dame cinco».

Así que Eijiro sale de su habitación y espera a un lado de la de Bakugo, que lleva un rato encerrado.

Cuando Midoriya aparece en el pasillo, Eijiro nota su obvia confusión al encontrarlo esperando dentro de la puerta equivocada.

—¿Kirishima…?

—Uhm. Bueno… Eh. Mi plan no llegaba tan lejos. —Eijiro se pasa una mano por el cabello, nervioso—. Sólo no te vayas. Por favor. Juro que tendrá sentido.

Y antes de poder arrepentirse, toca la puerta de Bakugo.

—¿Estás ahí?

Sabe que es la única persona que ha podido verlo por dentro. Bakugo no ha dejado que nadie más entre en él. Si estaban estudiando con alguien más, siempre era en la zona común o en el cuatro de alguien más, jamás en el suyo.

—Es importante —insiste Eijiro.

La puerta se abre.

—¡Para ti incluso las nimiedades son…! —Bakugo se detiene cuando se da cuenta de que Midoriya está allí, unos pasos detrás de Eijiro. Lo mira fijamente, entornando los ojos—. ¿Qué está pasando? No necesito que resuelvas mis conflictos por…

Midoriya carraspea.

—Hablamos ayer, Kirishima, no tienes por qué…

—¡No! ¡No, esperen! —espeta Kirishima—. No tiene nada que ver… No, sí tiene que ver. Pero no estoy intentando mediar entre ustedes… o quizá sí… No lo sé. —Un poco más desesperado, con la voz más aguda—: Es algo que tiene que ver conmigo y no quiero hablar de ello en el pasillo así que…, Bakugo, por favor… Podemos ir a mi habitación si quieres, pero… Tienen que escucharme.

Y quizá suena tan desesperando que ambos le tienen lástima. Quién sabe. Pero Bakugo parece preocupado y abre la puerta lo suficiente como para que ambos puedan pasar. Midoriya lo hace con demasiada cautela, como si estuviera viviendo un sueño.

Como siempre, la habitación está perfectamente ordenada. No hay ni una sola cosa fuera de su lugar. Además hay una sudadera de All-Might colgada detrás de la puerta —que nadie, salvo Eijiro, ha visto a Bakugo usar— y una figura no demasiado notoria en el librero. Midoriya tiene los ojos muy abiertos.

—Te mataré si le dices a alguien lo que hay aquí —espeta Bakugo, dirigiéndose a Midoriya.

Eijiro traga saliva. No quiere avivar el conflicto.

Pero no es valiente huir de él, tampoco.

—Esto es importante, no peleen. Bakugo, no…

—Di lo que tengas que decir y deja de dar vueltas.

Eijiro reprime las ganas de soltar un suspiro cansado. No lleva ni veinticuatro horas siendo el alma gemela de ambos y ya está cansando.

—Sentí su pelea —suelta, de golpe. No hay mejor manera de decir las cosas que dejarlas caer como un plato en el suelo para dejar que se estrelle—. En mi piel. —Los dos lo están mirando; Eijiro es consciente de eso, aunque no les devuelve la mirada—. Las explosiones de Bakugo —aclara— y los golpes de Midoriya. —Traga saliva—. Ambas cosas.

Y luego, el silencio.

Pesado. Terrible. Eijiro, que se esfuerza en ser siempre tan valiente para merecer llevar Red Riot como nombre de héroe, sólo puede mirar sus zapatos y parpadear con furia, rogando que todo lo que siente dentro no lo traicione.

No se atreve a mirar a ninguno.


Notas de este capítulo:

1) Me imagino que, en una situación así —confesarse tras una pelea— las inseguridades de Eiji se quedarían con lo mejor de él. Además que le pasa constantemente durante la cuarta temporada y eso todavía está en su futuro porque estamos en el final de la tercera.

2) Tengo el headcanon de que Bakugo tiene una sudadera de All Might con todo y cuernitos y que se la pone cuando nadie más lo ve. Debería comprar una para el cosplay, hoygan.


Andrea Poulain