Palabra: decisiones.


6. Eufemismos

I didn't have it in myself to go with grace
And you're the hero flying around, saving face
And if I'm dead to you, why are you at the wake?
Cursing my name, wishing I stayed
Look at how my tears ricochet

my tears ricochet, Taylor Swift


—Kacchan…

La voz de Midoriya cae en pedazos. Se deshace en el piso.

—¡No me tengas lástima! ¡Carajo! ¡Lo odio! ¡Siempre viéndome desde…! —La frase no termina. Bakugo se calla de improviso y Eijiro se siente en medio de todo de todos modos.

—Creí que había quedado claro. ¡Por una vez! ¡Creí que había quedado claro!

Midoriya da un paso hacia atrás. Respira hondo y parece intentar mantener la calma. Eijiro no dice nada. No se atreve. Podría acabar en pedazos sólo de meterse en medio de los dos.

—Por una vez, creí, Kacchan… Siempre vas a creer que te veo por encima, ¿no? —Está dolido y lo deja ver en su voz y en sus ojos. Está en todos su ser—. Nunca creerás cuando te digo que… —Al final deja las palabras morir—. Todo lo que dije fue cierto, Kacchan. Hace unas noches.

Bakugo bufa y aparta la mirada. Eijiro no entiende lo que está ocurriendo. Entre Bakugo y Midoriya hay una historia ya demasiado viciada.

—Kacchan… —insiste Midoriya. Pero Bakugo sigue sin decir nada y sigue teniendo la mirada a un lado, clavado en un punto indefinido en la habitación de Eijiro—. Esto… —bufa—. No sé cómo podría convencerte de que te mereces… —Sacude la cabeza. Eijiro duda haberlo visto tan confundido en algún otro momento—. Da igual. Me voy. Necesito…, necesito pensar. —Busca la mirada de Eijiro—. No es nada en contra… No…, no te lo tomes a mal, ¿está bien, Kirishima? Sólo necesito…

Sus frases se cortan y antes de que Eijiro se dé cuenta ya ha salido y cerrado la puerta. Todo se queda en silencio.

«Y yo qué pensaba que estaba yendo bien».

—Bien para tomarlo con calma… —dice.

—Podrías ir tras él —sugiere Bakugo—. Consolarlo. Decirle que… Lo que sea. Es mejor persona que yo.

—¡No se trata de quién es mejor persona, Bakugo! —Eijiro no pretendía explotar, pero lo hace—. ¡No se trata de…! ¡Somos tres! ¡Siento tu dolor y el de Midoriya! ¡Todas sus peleas! En mi piel y no… no entiendo. Es obvio que él no odia la idea. Carajo. No sé si yo le gusto y probablemente sí, pero a ti te mira…

—Desde arriba, como si…

—¡No! —interrumpe Eijiro y se acerca a Bakugo. Cae de rodillas frente a él y le sujeta las piernas. Bakugo no lo aparta—. Ni siquiera te has fijado, ¿eh? La manera en la que Midoriya voltea a verte. —No le cuesta creerlo. Pero es imposible no notarlo desde fuera—. Ni siquiera te has tomado un momento para… Bien. Intentemos otra cosa. Sé sincero.

—Cómo si alguna vez me molestara en mentir, idiota —espeta Bakugo y entonces voltea a verlo. Eijiro puede ver el esfuerzo que hace.

—¿Te gusta? Midoriya —aclara, aunque no hay ninguna necesidad—, ¿te gusta?

Le responde el silencio y eso es suficiente.

—No te matará decirlo en voz alta.

—¡Somos almas gemelas! ¡Ni siquiera aunque quisiera podría quitármelo de encima! —espeta Bakugo.

Lo que no dice retumba en las paredes y golpea a Eijiro.

—Pero no quieres, ¿no? Dilo.

Bakugo vuelve a desviar la mirada.

—Dilo. Es varonil, ¿sabes? Admitir lo que uno siente. —No sirve de nada, porque le contesta el silencio—. Muy bien. Quizá pueda… —Carraspea—. Bakugo. Me gustas. También me gusta Midoriya. ¿Lo ves? Fácil.

Silencio otra vez. Eijiro está a punto de estrellar la cabeza contra las piernas de Bakugo como un gesto de pura frustración cuando por fin, con un hilo de voz, más débil de lo que nunca ha oído admitir nada a Bakugo, por fin obtiene algo.

—No me lo merezco.

Qué idiota.

Eijiro lo mira buscando algo, cualquier signo que explique aquella actitud de mierda, aquel castigo que se ha puesto encima.

—¿A él? ¿A mí? ¿A ambos?

No hay respuesta.

—No entiendo —admite Eijiro—. Así que tendrás que explicármelo. Al menos la parte en la que crees que no me mereces, porque no sé desde cuánto tu podías decidir si eras o merecedor o no del afecto de alguien. No es como si pudieras alejarme… —Eijiro se encoge de hombros—. No lo lograrás porque no soy tan idiota como para esta allí donde me pueden hacer da…

—Deku sí.

Eijiro frunce el ceño.

—¿Qué?

—Deku sí es lo suficientemente idiota como para… —Bakugo sacude la cabeza—. No soy una buena persona, Eijiro. Si hubieras sentido el dolor antes, quizá te hubieras horrorizado. No lo golpee una o dos veces. Y de todos modos me perseguía. Era…

—¿Bakugo? —Está hablando de una persona que no conoce, pero poco a poco las piezas del rompecabezas que no tiene empiezan a tomar sentido.

—Yo le puse Deku, ¿sabes? Inútil. Idiota. No tenía una singularidad y un doctor dijo que no tenía ninguna y yo le puse Deku. Por inútil. —Una vez que Bakugo empieza a vomitar todas las palabras, resulta imposible detenerlo—. Odiaba que fuera… Odiaba que me mirara como lo hacía. Desde arriba. Como si fuera a ser un mejor héroe que yo y no tenía una singularidad y… la desarrolló tarde. Poco antes de entrar a UA. Así que todo el tiempo creí que… creí que no tenía… —Parece que las palabras duelen y arden antes de salir. Eijiro empieza a comprender.

—Lo molestabas. Porque no tenía una singularidad.

—Kirishima, molestarlo es un eufemismo.

Las palabras son una bofetada sobre él. Así que pregunta.

—¿Golpes?

Bakugo baja la mirada.

—A veces. Tampoco detuve a nadie que… No era el único que…

—Insultos, supongo —dice Eijiro y su corazón va rompiéndose, poco a poco—. Sabía que él y tú tenían una historia complicada. No se me ocurrió que…

«… fuera tan cruel».

Se recuerda a sí mismo en secundaria y duele. Porque era débil y patético y no se gustaba en lo más absoluto y quizá entonces Bakugo también se habría burlado de él. Lucha por mantener esos pensamientos alejados.

No es el momento de pensar en hubieras, cuando la realidad, la de Bakugo y Midoriya, está justo enfrente de él.

—Los golpes no fueron lo peor.

—Usaste tu… tus explosiones —adivina Eijiro.

—A veces —admito Bakugo. Traga saliva—. Tampoco fue lo peor.

No se le ocurre que haya nada peor. Pero la voz de Bakugo suena y Eijiro la oye lejana. Horrible. La constatación de las partes más terribles de su mejor amigo. Las palabras suenan y en ellas hay algo difícil —quizá arrepentimiento, quizá simplemente tristeza.

—No pensé demasiado en ello. Para mí fue nada. Y él nunca volvió a mencionarlo tampoco. —Bakugo habla con la mirada fija en la pared; Eijiro alza la mirada, desde el piso, buscando sus ojos, sin encontrarlos nunca—. Pasó algo después. Y él intentó salvarme. Incluso después de… Intentó salvarme. No pensé mucho en ello. Sólo lo dije. A veces, cuando uno está enojado, las palabras salen sin pensar. Deku sacaba esa parte. No es una excusa, es… contexto —aclara. Y quizá eso lo hace todo más horrible—. Estaba tan irritado. El idiota quería hacer el examen y entrar a la UA. Le dije que su mejor oportunidad era probar en otra vida. Quizá naciera con singularidad entonces.

«Probar en otra vida».

Eufemismo.

—Le dijiste que se suicidara.

Bakugo no responde, pero el «sí» floja en el aire. Eijiro se aleja, sólo un poco. Le quita las manos de encima y lo mira. Tiene los hombros retraídos y esconde su mirada.

Eijiro está ante una encrucijada. Una decisión. No sabe qué hacer. No sabe cómo reaccionar.

—¿Lo ves? —sigue Bakugo, metiendo las uñas en la herida y retorciendo—. No merezco nada.


Notas de este capítulo:

1) Hola, drama, my old friend. Sí, Eijiro necesita saber eso. Y Bakugo e Izuku necesitan tiempo para también confrontar su historia si van a ser soulmates.

2) Ya volverá Izuku. Si no me alargo mucho, en el próximo capítulo.


Andrea Poulain