Bueno, la razón por la que subo tan pronto esto es porque traigo un ataque de inspiración y tuve un fin de semana desocupado XD
Agradezco los reviews a cieloabierto (bezote, linda), Sayukira, Lun Black, AgussArce y Basileya, son un amor de verdad y ya ahorita me pongo a contestarlos. También gracias por los alerts y favoritos ;)
Disclaimer: nada me pertenece, eso me hace miserable y ustedes me lo siguen recordando.
Nos leemos abajo ñ.ñ
Segunda estrella a la derecha y hasta que amanezca.
2. Primera Cita.
Miré mi reflejo en el espejo una vez más— la verdad es que ya había perdido la cuenta de cuantas veces lo había hecho en el último par de horas, pero estaba segura de que eran demasiadas—, y me aseguré de que todo estuviese en su lugar; comprobé de que esos jeans claros ajustasen bien en mi cintura, que la bonita blusa de botones rosada que me había puesto hiciese resaltar el tono lechoso de mi piel y que los tacones color crema que usaba estilizasen mi figura de la manera en que deseaba. Todo tenía que estar perfecto.
Suspiré, antes de amarrar mi pelirroja cabellera en una coleta alta, de forma casual pero que, esperaba, se viese elegante.
Me acerqué aun más al espejo, pare así poder apreciar hasta el más mínimo detalle de mi apariencia.
Sabía que era guapa, me lo habían dicho demasiadas veces como para no estar consciente de ello. Tal vez no poseía una belleza exótica e impactante como la de mis primas Victoire y Dominique, pero tenía lo mío. Poseía un rostro bonito, de nariz afilada y grandes ojos color marrón, que había resaltado con sombras cafés y mascara de pestañas para la ocasión. Mis labios eran rosas y en ese momento, gracias al brillo labial que había aplicado en ellos, lo eran aún más. Tal vez tuviese demasiadas pecas sobre las mejillas y la nariz, pero con el tiempo me había comenzado a gustar ese aire infantil que me daban. Además, era delgada, aunque con menos curvas de las que desearía, pero tenía un lindo cuerpo.
Sí, en definitiva era una chica atractiva. Era digna hija de Ginny Potter, como algunos decían.
Pero en ese momento no era suficiente sólo estar guapa. No, yo tenía que estar perfecta, hermosa, alucinante… todo para mi cita con Lorcan.
Vale, vale, tal vez no fuese mi cita con Lorcan. En realidad sí iba a salir con él, pero también vendrían Hugo y otra chica a la que no conocía.
Todo comenzó ese mismo día, pero poco más de un par de horas antes, cuando Hugo Weasley me llamó a casa para pedirme un favor…
— Hugo, no lo sé.
— Oh, vamos, Lily, ¡te lo suplico!
Solté un resoplido con pesadez y subí mis pies desnudos sobre el sofá de la sala, que es dónde me encontraba en ese instante.
La voz de mi primo sonó distorsionada al otro lado de la línea.
— Mira, ya le hablé de ti, y realmente está muy emocionada por conocerte. Se acaba de mudar, Lilis, así que no conoce a nadie.
La cosa estaba así: una chica, que por lo que entendí venia de Estados Unidos, se había mudado al vecindario Muggle en el que vivía Hugo. Habían hablado unas cuantas veces durante la última semana hasta que mi primo se había animado a invitarla a salir, entonces había descubierto ese extraño amor que sentía esta chica por las citas dobles. Allí es donde entraba yo.
— Por favor— imploró Hugo, y casi fue como si pudiese ver la cara de cordero degollado que estaba segura se encontraba haciendo—. Lorcan ya me dijo que sí vendrá. No puedes quedarme mal, Lily.
En cuando ese nombre escapó de los labios de mi primo, sentí que el aire me hacía falta.
— ¿L-lorcan?
— Así es— confirmó Hugo, sin notar el tono tembloroso con el que había hablado—. Se lo pedí a Lysander, pero ya sabes cómo se pone con eso de serle fiel a Roxanne, aunque para empezar ellos ni siquiera sean novios y ella no quiera verle ni en pintura. Le dije que sólo se trataba de ti, pero eso no le hizo cambiar de opinión, y Lorcan aceptó venir en su lugar.
Las palabras de mi primo dejaron de tener significado para mí. Sólo podía pensar en Lorcan, en que iba estar en una cita con él. ¿Lo sabría? ¿Sabría que su cita iba a ser yo y aún así aceptó? Ese pensamiento hizo que un agradable cosquilleo subiera por la boca de mi estomago.
— Está bien.
Mi respuesta pareció sorprender al Weasley, ya que se quedó callado durante unos cuantos segundos.
— ¿En serio?— la voz de Hugo adquirió un tinte de excitación e incredulidad—. Mira, sé que tú y Lorcan no son las personas más cercanas del planeta y temía que…
— De verdad, Hugo. Iré— le interrumpí, alegrándome de que nadie estuviese viendo esa sonrisa estúpida que se había formado en mi cara.
— ¡Genial, entonces pasaremos por ti a las siete!— chilló Hugo antes de colgar el teléfono sin consideración alguna. Yo me quedé unos minutos más sin moverme ni un ápice, con el inalámbrico apoyado contra una de mis orejas y mejilla y el pitido que indicaba que no había nadie en la otra línea haciendo eco en mi cerebro. Después colgué el teléfono bruscamente y me precipité escaleras arriba, como una flecha directo a mi habitación. Tenía menos de dos horas para arreglarme, y la perspectiva de ver a Lorcan sólo hacía que mi nerviosismo alcanzase límites insospechados.
Tal vez en ese momento podría parecer que estaba actuando como una tonta chiquilla cursi e infantil. Pero, siendo una adolecente se dieciséis años en la espera de ver al chico que te gusta, ¿qué más se puede esperar?
El sonido de un timbre hizo que saliese abruptamente de mi ensimismamiento. La voz jovial de mi primo resonó en la planta baja mientras saludaba alegremente a mis padres. Poco después le siguió la profunda, ronca y más calmada voz de Lorcan Scamander, y yo sentí que mi corazón dejaba de latir por completo.
Aspiré una última y profunda bocanada de aire para infundirme valor antes de tomar el bolso que se hallaba sobre el escritorio y la fina chaqueta de cuero café que descansaba en la cama.
Era ahora o nunca.
— Y entonces dije: "Compañero, sinceramente no me interesa, a mí sólo dame mi comida".
Todos comenzamos a reír por la anécdota que nos acababa de contar Hugo, aunque, si he de serles sincera, yo no la encontraba tan graciosa.
— Oh, Hugo, eso fue tan… hilarante.
La menuda rubia que se encontraba frente a mí soltó una risilla estúpida— de esas que algunos chicos encontraban adorable— y comenzó a jugar con uno de los bucles dorados de su cabello; lo que, a mi parecer, sólo la hacía lucir aún más tonta. Sin embargo allí estaba, con uno de los brazos de mi primo rodeando sus delgados hombros, ambos coqueteándose descaradamente.
Miré de reojo al muchacho que se encontraba junto a mí y fruncí los labios. Lorcan y yo no nos parecíamos en nada a Hugo y su cita, ambos sentados a la mayor distancia posible el uno del otro, Lorcan echado de forma descuidada y poco formal en su silla, yo tal vez demasiado tensa y derecha en la mía.
— Y tú, Melanie, eres encantadora— respondió galantemente mi primo, dedicándole a la chica entre sus brazos una media sonrisa.
No lo negaría, Hugo Weasley era guapo. En Hogwarts, muchas chicas se me habían acercado sólo porque sabían que yo era su prima y que él y yo pasábamos mucho tiempo juntos. Su cabellera rojiza era intensa y hacia que tuviese que voltearle a ver más de una vez; unos bonitos ojos marrones y con largas pestañas; alto y de buena confección física. Había escuchado por allí que a las chicas les parecía que las pecas en su rostro le hacían completamente adorable.
Algunas personas solían decir que yo me parecía más físicamente a mi primo de lo que lo hacía con mis propios hermanos. A veces yo pensaba que incluso emocionalmente estaba más unida a Hugo de lo que lo estaba con Jimmy y Al, y no sabía si eso era bueno o malo.
— Me encanta cuando me hablas de esa forma, te hace sonar aún más británico— dijo Melanie con jocosidad.
Escuche cómo a mi lado Lorcan dejaba escapar un bufido nada disimulado. Voltee a verle y pude leer claramente en su expresión cómo deseaba que en ese mismo instante alguien entrase por la puerta del local con un cuchillo, se acercase a él y le asesinase allí mismo. Yo deseaba exactamente lo mismo, pero que en su lugar la victima fuese esa tal Melanie.
La cita de Hugo inspeccionó con sus ojos miel todo a su alrededor, fascinada. Nos encontrábamos en una cafetería Muggle cerca de un centro comercial, nada fuera de lo común, por lo menos para mí.
— En realidad, todo aquí es simplemente maravilloso y tan ingles— comentó dándole una mordida a una papa cubierta de cátsup que había tomado de su plato. Y es que— cómo no— su orden había sido pecado y papas, lo cual era tan británico.
Miré el plato de ensalada con pollo a medio comer frente a mí e hice una mueca de asco.
— Sí bueno, es lógico que cada una de las cosas que nos rodeen sean muy inglesas, después de todo, es en Inglaterra en donde te encuentras— soltó Lorcan mordazmente. Tuve que utilizar toda mi fuerza de voluntad para no reír ante esto.
— Lo que Lorcan quiso decir con eso es que todo aquí en Inglaterra es así de maravilloso y que está encantado de que ahora tú puedas ser parte de ello— se apresuró a decir Hugo, enviándole miradas amenazadoras a su amigo mientras este le sonreía burlonamente.
— Ay, Hugo, me encanta cuando utilizas palabras como aquí o por siempre con ese hermoso acento británico que tienes— suspiró la chica.
Juro que pensé que si esto no terminaba rápido iba a vomitar.
— Bueno, lindura, quiero que sepas que aquí voy a estar por siempre, para ti— la manera en que el pelirrojo exageró su acento se me antojo francamente ridícula. Voltee a ver a Lorcan sólo porque no soportaba seguir presenciando aquella escena, este rodó los ojos con fastidió y luego me sonrió juguetonamente.
Entonces pensé que, tal vez, no sería tan horrible tener que soportar a Hugo ligando con aquella chica, si eso significaba estar junto a Lorcan.
— Juro que en cuanto encuentre a Hugo le mataré.
Pude notar, por el tono que empleaba la voz de Lorcan, que estaba molesto. Él y yo no hallábamos deambulando por el centro comercial que poco a poco se iba vaciando. No teníamos idea de dónde estaban mi primo y su cita, ya que poco después de que hubiésemos salido de aquella cafetería, ambos se habían desaparecido. No quería ni pensar en las razones por las que lo habían hecho, porque entonces tendría que devolver lo poco de ensalada que había logrado comer.
Maldito Hugo.
— ¿Por qué? ¿Por habernos estado torturando durante la última hora y media y luego haberse ido a quién sabe dónde sin siquiera disculparse?— inquirí.
Lorcan frenó en seco y tuve que hacer lo mismo para no chocarme con su ancha espalda. Volteó a verme y me sonrió de una forma que me hizo estremecer.
— Vaya, pelirroja, no sabía que además de bonita podías ser graciosa.
Y me quedé sin palabras. ¿Lorcan Scamander acababa de decirme bonita?
— Tú nunca preguntaste— dije, intentando que el tono de mi voz no denotase lo nerviosa que estaba por dentro.
Lorcan volvió a sonreír antes de encogerse de hombros y seguir caminando. Yo le seguí en silencio y de nuevo me sentí como si tuviese seis años, cuando aún no comprendía mis sentimientos por el rubio y sólo sentía esa imperiosa necesidad de poder acercármele y decirle algo, pero nunca lo hacía. Una sonrisa amarga se formó en mis labios al darme cuenta de lo poco que en realidad habían cambiado las cosas desde entonces.
De pronto, algo captó mi atención. En uno de los aparadores de una tienda Muggle se exhibían un montón de televisiones de apariencia moderna y costosa, y en cada una de ellas estaban pasando la misma película: Peter Pan.
Mis piernas me guiaron rápidamente hacia allí sin que yo a penas y me diese cuenta.
No importaba los años que pasasen, esa historia seguía teniendo un lugar muy especial en mi corazón. Me encantaba su mensaje y lo que te enseñaba. A veces me encontraba deseando que una noche Peter Pan tocase a mi ventana y me llevase al país de Nunca Jamás, donde no tendría que preocuparme por cosas como crecer, tener responsabilidades o enamorarme. Por desgracia, sabía que eso no era posible.
No pasó mucho tiempo antes de que sintiese que alguien se posaba tras de mí y me tomaba del brazo.
— Oye, ¿puedes decirme a qué es a lo que huleo hoy como para que las personas estén huyendo de mí de ese modo?— espetó Lorcan a mis espaldas con la voz algo agitada, así que imagine que había ido corriendo hacia mí.
Yo me giré para mirarle y sonreí suavemente al verle allí, frente a mí, con sus ojos azul oscuro brillando intensamente. El levanto su mirada de la mía para observar lo que momentos antes yo había estado viendo.
— ¿Sigues obsesionada con eso?— dijo en cuanto vio de lo que se trataba.
— ¿Qué?— pregunté yo, desconcertada.
Como toda respuesta, Lorcan señalo a las pantallas de la tienda y dijo—: Recuerdo que cuando niños te encantaba todo lo relacionado con ese cuento. Llevabas el libro a todas partes y siempre estabas hablando de Nunca Jamás, piratas e indios— una sonrisa que me pareció nostálgica se formó en sus labios—. Incluso me acuerdo que una vez nos obligaste a Hugo, Lys y a mí a ver esa película contigo.
Sentí cómo sus palabras me hacían enrojecer lentamente, más aún al darme cuenta de que eran verdad. Sin embargo, no parecía que me estuviese echando nada en cara, sólo recordando viejos tiempos. Eso me hizo pensar que, sólo tal vez, Lorcan y yo estuviésemos más unidos de lo que yo creía.
— Y bien— rompió el silencio el rubio, dando un suspiro—, ¿alguna idea de cómo podemos encontrar a tu primo?
— En realidad no— respondí abatida.
— ¿Y no podrías llamarle?— al ver la cara de confusión que puse, el chico continuó—: Tú sabes, ese cacharro que los Muggles usan para comunicarse entre ellos, y tan pequeño como para caber en un bolsillo.
Maldije internamente al darme cuenta de qué era de lo que estaba hablando. Un celular. Claro, yo tenía uno, papá me lo había dado el año pasado, por recomendación tía Hermione, ya que Hugo y Rose también poseían uno. Además, así era mucho más fácil localizarnos cuando veníamos a casa de vacaciones y salíamos por allí; sin mencionar que era mucho menos llamativo que utilizar un patronus, eso seguro.
Aun así, mis padres casi nunca recordaban que el celular estaba allí así que pocas veces me pedían que me lo llevara cuando saliese, y yo no tenía amigos Muggles como los tenía mi primo, por lo que no tenía realmente nadie a quien llamar y pocas veces lo utilizaba. No fue demasiado sorpresivo para mí darme cuenta de que no lo traía conmigo.
Lorcan sólo frunció el ceño cuando se lo dije.
— Bueno, en vista de que Hugo cargaba todo el dinero Muggle consigo y de que no creo que me acepten ni un maldito Kunt en este lugar, tendremos que regresar caminando a tu casa— dijo él con hastío.
Yo sólo me sonrojé y abrí mucho los ojos con sorpresa. Sabía a lo que se refería con eso de tener que caminar a casa, ya que no teníamos suficiente dinero para un taxi, ni siquiera para un simple autobús. Pero Lorcan estaba diciendo que me acompañaría a casa y eso me ponía realmente nerviosa.
— Pero no hace falta que me lleves a casa, ¿sabes? Puedo llegar perfectamente sola— las palabras salieron atropelladas de mi boca mientras apartaba mechones rojizos de mi rostro y los ocultaba tras mi oreja.
Lorcan sonrió torcidamente y luego se inclinó hacia mí con las manos en los bolcillos del pantalón, mirándome como si fuese un pequeño conejito y él un zorro a punto de darme caza.
— Oh, estoy seguro de eso, pelirroja. Pero resulta que si yo me fuese caminando a casa probablemente llegaría en poco más de un día, si es que no me pierdo en el camino, claro. Y considero mucho más fácil ir a la tuya y de ahí tomar la red flú.
El tono burlón con el que habló el chico hizo que mi piel adquiriera una tonalidad alarmantemente parecida a la de mi cabello.
Decidí en ese momento que odiaba estar cerca de Lorcan, porque siempre actuaba estúpidamente cuando estaba con él. Lorcan Scamander me hacía estúpida.
El pareció notar mi vergüenza ya que su sonrisa cambió a una más cálida y amigable.
— Además, sigo siendo un caballero y como tal, Lily, no puedo permitir que una damita como tú camine sola por las calles de noche, aunque se trate de una chica fuerte.
Dicho esto, se encaminó a la salida del centro comercial y abrió la puerta de este, esperando para que yo pudiese salir por ella. Cuando lo hice él realizó una exagerada reverencia y yo no pude evitar soltar una carcajada.
— Vaya, si que eres un caballero— comenté entre risas.
— Es una de mis muchas cualidades, además de guapo— me siguió el juego mientras ambos nos adentrábamos en las ya oscurecidas calles de la ciudad.
— Y que no se te olvide modesto.
— Oh, y también poseo un encantador acento británico, ¿sabes?— Lorcan exageró su acento tan ridículamente como lo había hecho Hugo hace un rato y ambos estallamos en carcajadas.
— Sí, pero pierde su encanto cuando hablas con otra inglesa— rebatí yo.
— Claro que no.
Y así continuamos, yo guiando el paso y Lorcan siguiéndome de cerca. Lo cierto es que me sabía manejar bien en el mundo Muggle y eso se lo debía a papá. Cuando era pequeña, él solía sacarnos a mis hermanos, a Teddy y a mí a pasear por la ciudad; tal vez ir a jugar a algún parque o a comer un helado. Cuando podía mamá se nos unía y era realmente divertido.
A mi padre le gusta estar en el mundo Muggle, porque allí nadie le conoce, ni le pide autógrafos, ni sabe nada de su pasado. Allí podemos ser simplemente una familia.
Lorcan y yo estuvimos hablando durante todo el camino y para mi sorpresa no fue ni incomodo ni extraño como hubiese esperado. Le hablé de mi preocupación acerca de los resultados de los TIMO's, especialmente en pociones, materia en la que no era tan buena— a diferencia de mis hermanos—. El me contó sobre su sueño de ser biólogo marino en el futuro y de lo orgulloso que estaba su padre por ello.
Yo me sentía en un sueño. Por primera vez en toda mi vida estaba entablando una conversación real con Lorcan Scamander, sin nadie de por medio ni nerviosismo de mi parte, como siempre lo había querido. De pronto, el chico ya no me pareció tan inalcanzable, y le conocía desde la infancia, eso me debería de ayudar en algo.
Desee que ese momento junto a él no terminase nunca. Desgraciadamente, más pronto de lo que me hubiese gustado ya nos encontrábamos frente a mi hogar, el numero 12 de Grimmauld Place.
¿Y…? ¿Qué les pareció? ¿Les gustó? Algo que tienen que saber desde ya es que esta historia se desarrollará lento, demasiado, tan lento que les desesperaré y querrán matarme. Pero considero que esas son las historias que valen la pena leer, sooo…
Oh, y espero que les gustara la aparición de Hugo. Él es y será siempre mi personaje favorito de la tercera generación así que grito al más puro estilo fangirl cada que escribo sobre él.
Por cierto, sólo por si alguien no lo entendió, las partes en que Melanie dice que le gusta cuando Hugo utiliza palabras como "aquí" y "por siempre" es porque en inglés significaría "here" y "forever" y ya saben que los ingleses lo pronuncian con ese lovely british accent que te hace derretir (por lo menos a mí).
Con este fic no voy a prometer actualizar pronto porque voy más bien a como me acomodo. Pero con VOL sí prometo actualizar rápido y luego me tardo un chorro— sé que recibiré regaños por eso—, así que no diré nada XD.
Besos y nos leemos,
Pam.
