Chanchanchanchan….

Amores de mi vida, vengo aquí con un súpermegahíper gran capítulo— por lo menos para lo que suelo escribir—, todo gracias a que me engripé y estuve en cama dos días XD Pero ya estoy mejor, gracias por preocuparse :3

En fin, agradezco a cieloabierto (much love!), Basileya, AgussArce, Lily Loop y Francisca por sus comentarios en el cap anterior.

En respuesta a Francisca: ASDFGJHFSADF mil gracias por comentar. Me alegra que te gustara. ¡Besote!

Disclaimer: TODO ESTO ME PERTENECE. ¿ME ESCUCHARON, BITCHES? AMENAZÉ A ROWLING CON UN CUCHILLO Y AHORA TODO ES MÍO… AJAJAJAJAJAJAJA… la verdad no :(

Nos vemos abajo XP


Segunda estrella a la derecha y hasta que amanezca.

3. Más cerca que nunca.

— Lily Luna Potter, ¿qué horas son estas de llegar a casa? Hemos estado muy preocupados por ti. Oh, señorita, estas en problemas.

La regañina de mi madre no se hizo esperar ni un segundo después de que hubiese puesto un pie dentro de la casa junto con Lorcan, haciendo que me arrepintiese inmediatamente de haberlo hecho. Si me lo preguntan, no era tan tarde. En realidad, apenas iban a dar la once, pero mis padres eran unos exagerados que se alteraban y armaban un rollo por cualquier cosa, avergonzándome en el proceso.

Y, Merlín, hubiese preferido seguir caminando por las frescas y anchas calles de la ciudad, Lorcan Scamander como única compañía. No recordaba la última vez que me la había pasado tan bien y a gusto.

— Lo siento, mamá. No teníamos dinero para un taxi o un autobús y tuvimos que regresar caminando— dije lo más sumisamente que pude. Poseía el suficiente sentido común como para saber que no me convenía hacer enojar a mamá más de lo que ya estaba.

— Pudiste haber llamado, hija, así podríamos haber ido a recogerles— intervino mi padre con tranquilidad y una postura mucho menos amenazante que la de la pelirroja mujer a su lado.

— Me olvidé del celular, papá— expliqué, agachando la cabeza.

— ¿Qué?— profirió mi mamá con brusquedad—. ¿Entonces de qué te sirve tener uno si al final ni siquiera lo usas?

Yo nunca lo quise, ustedes me lo dieron, pensé, pero no dije nada. Yo nunca decía nada.

— Disculpen que interrumpa— Lorcan se aclaró la garganta antes de colocarse un paso por delante de mí y dedicarle a mis padres una de las sonrisas más perfectas y encantadoras de su repertorio—. En realidad, todo fue mi culpa, por no haber llevado un poco de dinero Muggle conmigo. Le debo una grande a Lily, de hecho, porque sin ella lo más probable es que me hubiese perdido intentando regresar a casa.

Esta explicación pareció calmar un poco a mis progenitores, pero a la vez les hizo incomodarse por algo que en ese momento no comprendí.

— No te preocupes, Lorcan, cielo. Puedes utilizar la chimenea si quieres— el semblante de mamá se suavizó notoriamente cuando se dirigió al rubio, arreglándoselas aun así para mandarme una mirada severa mientras le guiaba hacia la estancia. Papá y yo les seguimos inmediatamente.

Al llegar allí me encontré con Albus, sentado en el sofá cerca a la chimenea junto a su novia, Cathy Parker, una ex Ravenclaw de cabello rojizo y bonita sonrisa. Ella y mi hermano llevaban saliendo desde quinto curso y parecía que las cosas iban en serio, además, ella me agradaba y se notaba que era una buena chica.

Le sonreí como saludo y ella me sonrió de vuelta.

— Saluda a tus padres de nuestra parte, querido— habló mi madre, sosteniendo un pequeño cuenco con polvos flú y tendiéndoselo al muchacho.

— Muchas gracias, tía Ginny.

No era extraño que los gemelos Scamander gozaran de ese tipo de confianza entre mi familia. Yo llamaba de esa misma forma a mi madrina y a su esposo, no porque compartiésemos ningún tipo de lazo consanguíneo, para mi gran alivio.

— Gracias a ti, muchacho, por cuidar de Lily y traerla a salvo— repuso papá, sonriendo de lado, pero su sonrisa me pareció algo falsa.

— Ya lo dije, fue ella quien cuidó de mi— Lorcan se encogió de hombros antes de girarse hacia mí—. Nos vemos, Lily.

— Adiós, Lorcan— respondí escuetamente, eludiendo su mirada en todo momento.

Y antes de lo que me hubiese gustado, Lorcan ya había desaparecido entre las llamas verdes.

— Ahora tú, jovencita, no creas que hemos terminado contigo— me riñó mamá sin perder tiempo, aunque ya me lo esperaba.

— Creíamos que estarías con Hugo— dijo mi padre con un poco de severidad en su voz, pero sólo un poco.

— ¡Y lo estaba!— me apresuré a responder, casi con desespero—. Pero…

Papá alzó una ceja, esperando a que prosiguiese. Al ver que no lo hacía y que tampoco lo haría pronto, susurró—: ¿Pero…?

— B-bueno, la otra chica c-con la que íbamos se sentía mal y-y tubo q-que llevarla a su casa…— de verdad que yo era un asco mintiendo, ya había asumido ese hecho pero no por eso me jodía menos.

— Está bien, cariño— dijo papá, quien pareció tragarse mi pobre excusa. O fingió hacerlo.

— Aún así, Lily, cuando te dejamos ir fue porque creímos que Hugo estaría contigo en todo momento; no que te tendrías que quedar sola con Lorcan— señaló mamá.

— Pero si he estado millones de veces a solas con Lysander y a ustedes no parece molestarles. ¿Cuál es la diferencia con Lorcan?— protesté yo, aunque ya me temía la respuesta.

— Es diferente y ya— fue la pobre contestación de mi padre.

Porque Lysander es el chico bueno y confiable; Lorcan es el que tiene mala fama de cretino y mujeriego. Lysander es agradable y divertido; Lorcan cortante y burlón. Lysander es un Hufflepuff; Lorcan un Slytherin, y eso es lo que más me disgusta. Esa fue la respuesta que me di a mí misma, pero, como siempre, nada salió de mis labios.

Respiré hondamente y me crucé de brazos, intentando ocultar mi enojo lo mejor posible.

— Bien, niños, nosotros nos retiramos a dormir— musitó mi padre, encaminándose escaleras arriba y seguido por mamá—. No se queden hasta muy tarde, Albus. Adiós, Cathy.

— Que descansen, señores Potter. Y gracias por su hospitalidad— se despidió Cathy, sonriendo educadamente a mis padres.

— Es un placer, querida. Y por favor, ven más seguido, que me fascina charlar contigo.

La sonrisa de mamá fue brillante y miraba a la muchacha con algo que se me asemejó a la adoración. Cathy Parker ya tenía a Ginny Potter en la bolsa.

Una vez que mis padres hubiesen desaparecido por las escaleras, yo me dejé caer pesadamente en el sofá junto a Albus, soltando un bufido de frustración en el proceso.

— ¿Pero cuál es su problema?— mascullé con rabia contenida. Y es que estaba muy molesta. Mis padres, de ente todas las personas, estaban juzgando a Lorcan por cómo actuaba a veces y por lo que se decía de él. Está bien, no era el mejor chico del mundo, ni el mejor partido, pero aun así… yo le quería.

Albus se me quedó viendo fijamente, escudriñándome atentamente con sus verdes— muy verdes— ojos. A veces me asustaba lo parecidos que eran él y mi padre. Sólo le faltaban las gafas— las cuales heredó James—, la cicatriz y tener el cabello un poco más desordenado y podría ser un clon de Harry Potter en sus años de juventud. Aunque existían notables diferencias entre ambos, porque a pesar de ser de carácter similar: tranquilos y reservados, mi hermano poseía algo más. La forma en que te miraba, como si fuese un paso por delante de ti, no de una forma arrogante; sólo parecía que supiese algo de lo que tú aún no te dabas cuenta y estuviese sopesando los posibles pros y contras de ese hipotético conocimiento que los demás ignoraban. Porque Albus Severus Potter era un joven increíblemente astuto y centrado.

Sin embargo, también era justo, honesto y para nada sínico. Era eso lo que le diferenciaba de los otros Slytherins, según mi familia.

Yo ya no sabía qué creer.

— Bueno, Lily, yo estoy de acuerdo con ellos. Scamander goza de una muy conocida reputación en Hogwarts, y no precisamente buena. Te debiste haber quedado con Hugo— dijo mi hermano suave pero contundentemente.

Antes de que pudiese decir otra cosa, me puse de pie y lo encaré.

— ¡Pues disculpa que me haya regresado con Lorcan en lugar de haber pasado horas buscando a Hugo como una estúpida mientras él se la pasaba de lo lindo fajándose con una desconocida!

No me importó que mi grito probablemente se hubiese escuchado hasta la planta superior. Di media vuelta y, sin siquiera despedirme, comencé a subir las escaleras directo a mi habitación, completamente indiferente al fuerte sonido que hacían mis pies al pisar.

Lo cierto es que yo no solía enojarme muy seguido, y si lo hacía no lo demostraba. Con el tiempo había aprendido que a las personas les gustaba relacionarse con alguien calmado y amigable, que siempre prestase atención sus problemas pero que nunca hablase de los suyos, porque a nadie le gustaba escuchar cosas desagradables. Yo era justamente así, y eso me había hecho ganarme bastantes amigos durante mis años en Hogwarts, con una gran popularidad incluida.

Pero, al final del día, seguía siendo un ser humano e incluso yo explotaba de vez en cuando. Sólo me alegraba haberlo hecho con Al y no con otra persona a la que tal vez le hubiese sorprendido mi comportamiento. Pero, como dije antes, Albus siempre iba un paso por delante de todos.

Y no, yo no me alteraba con facilidad, pero darme cuenta de lo hipócrita que podía llegar a ser mi familia a veces, y más habiéndose tratado de Lorcan, lo había logrado a un punto impresionante. Aunque a estas alturas, ya debería haberme dado cuenta que todo lo relacionado con ese rubio descarado me ponía de cabeza.

Llegue a mi dormitorio y sentí un gran alivio inundarme cuando por fin cerré la puerta. Estaba dispuesta a tirarme en mi cama e intentar olvidar que este día alguna vez ocurrió— o por lo menos una parte—, cuando algo llamó mi atención. Allí, sobre el escritorio, un pequeño rectángulo de color blanco, con la pantalla apagada, pero una pequeña lucecita parpadeando insistentemente para atraer la vista.

Me acerqué para tomarlo y al ver de lo que se trataba mi enojo incrementó, sólo un poco más. Cuatro mensajes y siete llamadas pedidas, todas de parte de Hugo.

"Lily, ¿dónde se han metido?", "Por las bolas de Merlín, Lily. Contesta el maldito teléfono", "Estoy llevando a Melanie a casa. ¿Dónde demonios están ustedes?", "Lily, llámame por favor".

Mi mandíbula se iba apretando más y más conforme iba leyendo. Para cuando terminé, tenía el aparatejo apretado fuertemente entre mis manos. Lo lancé violentamente hacía el frente, imaginando que Hugo estaba justo delante de mí y que le acertaba directo en su pecosa cara, aunque en su lugar el celular se estrelló fuertemente contra la pared, quedando destrozado y probablemente inservible, lo que no pudo haberme importado menos.

Porque mañana probablemente volvería a ser la Lily de siempre, la que fingía que todo era perfecto en su vida y que era completamente feliz, la que no sufría por culpa de un maldito chico que le era completamente inalcanzable y que la lastimaba sin siquiera darse cuenta, y que todo el mundo se horrorizaría si se llegase a enterar de sus sentimientos por él.

Sí, mañana volvería a ser esa Lily, pero por ahora dedicaría lo que restaba de la noche a despotricar silenciosamente en contra de mi primo.


Por supuesto, otra de las cualidades que me caracterizaban era mi falta de fuerza de voluntad. A Hugo sólo le hizo falta decirme que era su prima favorita en todo el mundo mundial, que me quería mucho muchísimo, que jamás volvería a hacer algo como eso en la vida, y luego hacer un par de pucheros y agitar sus largas pestañas para estar perdonado.

Aunque, no sólo las manipulaciones de mi primo me impulsaron a dejar todo aquello olvidado, porque al final yo también salí beneficiándome de esa cita doble del demonio.

Después de ese día, Lorcan y yo nos acercamos como nunca me imaginé que llegaría a suceder. No diré que nos hicimos buenos amigos, por lo menos no si se comparaba nuestra amistad con la que yo tenía con Lysander y algunos de mis otros compañeros de Gryffindor, lo cual era bastante triste, si se tenía en cuenta que era alguien con quien prácticamente había crecido. Aún así, tampoco me quejaba.

Ahora hablábamos con mucha más frecuencia, siempre de puras trivialidades pero que a mí me parecían la cosa más interesante del planeta. Lorcan se nos unía con más frecuencia a Hugo, Lysander y a mí cuando estábamos en La Madriguera, y no sólo se quedaba apartado leyendo un libro o escribiendo una carta. A veces incluso me atrevía a pensar que se nos acercaba solamente para poder estar conmigo, ya que durante ese tiempo charlábamos mucho e incluso hacíamos equipo en quidditch contra Hugo y Lys.

Pero lo que más me gustaba de ese cambio en nuestra relación era cuando me sonreía, porque utilizaba una de sus sonrisas sinceras y no esas burlonas y falsas que ya se habían vuelto tan comunes en él. Esta era suave, no muy amplia, sin dobles intenciones y completamente hermosa. Y era para mí.

Uno de los momentos que más recuerdo de ese verano con Lorcan fue cuando lo encontré sentado frente al estanque del jardín de casa de mis abuelos. Estaba leyendo un libro y se veía completamente inmerso en él.

— No te escondas de mí, pelirroja— habló socarronamente, sin siquiera levantar los ojos de su lectura.

Avergonzada y con las mejillas rojas, avancé hasta situarme a su lado, sentándome y abrazando mis rodillas tímidamente. Observé su perfil concentrado pero sereno y reprimí un suspiro, luego desvié mi vista hasta el libro entre sus manos para poder leer el título.

Lo que el viento se llevó.

Conocía el libro. No lo había leído aún pero era parte de la interminable lista de libros que Rose me había dado para leer durante ese verano, aunque yo no era muy fanática de la literatura Muggle y apenas había leído unos pocos clásicos como Hamlet y Romeo y Julieta (Shakespeare estaba bien), y, por supuesto, Peter Pan y Wendy, de James Matthew Barrie. Pero, según sabía, Lorcan tampoco era muy dado a ese tipo de lectura.

— La profesora Brunetti me lo recomendó antes de iniciar el verano y pensé que no me haría daño darle una oportunidad— dijo el rubio sin darle importancia, encogiéndose de hombros.

Sin embargo, yo sí que le di importancia. Laurie Brunetti, profesora de Defensa Contra las Artes Oscuras y jefa de la casa de Slytherin, era una atractiva y joven mujer, aunque bastante estricta en cuanto a su clase se refería. Claro, el problema no era ella, podía con su materia y no demostraba ningún tipo de favoritismos por su casa— como sabía que profesores anteriores habían hecho—. El problema era Lorcan, y su ya bien conocida predilección por las chicas mayores…

No. No. No, Lily. Se supone que tú no eres como el resto y que te importa un bledo lo que opine la gente. ¿Ya había dicho que era una terrible mentirosa? Bien, pues también lo era cuando me mentía a mí misma. Y, además, estaba exagerando. Una cosa es que Locan se enrollase con una chica que le llevaba tres años de diferencia y otra muy distinta era una mujer diez años mayor que él. Así que no tenía de qué preocuparme. Por lo menos eso es lo que me decía.

— Caray, pelirroja, sé que soy guapo pero no hace falta que te me quedes viendo así.

El comentario burlón del rubio me sacó abruptamente de mi ensimismamiento. Agaché el rostro, intentando ocultar lo enrojecido que se encontraba, pero sin mucho éxito. Entonces, como cada vez que estaba nerviosa, fui a soltar lo más estúpido y absurdo que se me vino a la mente. O, en este caso, a preguntar.

— ¿Cuál es tu color favorito?

Lorcan se me quedó viendo largamente con extrañeza, para después alzar una ceja y reír suavemente.

— ¿Mi qué?— preguntó en tono divertido.

— Tu color favorito. ¿Cuál es?— repetí yo, dándome cuenta de que lo que había preguntado era bastante tonto— infantil, incluso—, pero, de nuevo, que ya no había marcha atrás.

Él se lo pensó un momento, considerando su respuesta mientras fruncía los labios y miraba al frente.

— No tengo uno— admitió.

— ¡¿Qué?!

Mi exclamación le hizo girarse hacia mí de nuevo y fruncir el entrecejo. Tal vez mi reacción fue algo exagerada, pero yo era ese tipo de personas que le daba importancia a detalles como esos, que muchos catalogaban como nimiedades. Tenía un color favorito, al igual que una fecha, estación, lugar, flor, comida y un largo etcétera de cosas de mi preferencia. Aunque muchas personas no conocían eso de mí, quienes lo hacían, estaba segura, podría parecerles algo completamente inmaduro. Yo era bastante inmadura.

— ¿Cómo puedes no tener uno?— exhorté completamente anonadada porque, en mi mente, aquello era inconcebible.

— Pues no lo tengo y ya— bufó Lorcan, mirándome a la defensiva—. ¿Tú sí?

— Pues claro.

— ¿Y cuál es?

— Verde.

Aparentemente, el muchacho debió haber encontrado mi respuesta realmente graciosa, ya que justo después de que se la di estalló en sonoras carcajadas, echando la cabeza hacia atrás mientras su abdomen se convulsionaba una y otra vez debido a las risas.

Yo, por mi parte, no le veía para nada lo gracioso a la situación. Me quedé observando su espontaneo ataque de risa por un momento, ceñuda y abrazando mis piernas aún más contra mi pecho.

— ¿Qué es tan gracioso?— murmuré, ya harta de ver a Lorcan desternillarse de esa forma.

— Verde— logró articular Lorcan entre jadeos, intentando serenarse lo mejor posible—. Tu color favorito es verde. Estas jugando, ¿no, Gryffindor?

Y ahí comprendí todo.

— Bueno, pero no tiene nada que ver con tu casa, Slytherin— espeté con altivez. A fin de cuentas, seguía siendo una leona, y el orgullo era algo importante para los de mi casa.

— ¿Ah, no?— el semblante de Lorcan se encontraba más sereno ahora, pero el fantasma de una sonrisa aún rondaba por su labios.

— Claro que no— respondí seria—. El verde representa a la naturaleza; el pasto y los arboles. A veces el estanque se torna verde y renacuajos, que también lo son, nacen en él. Los árboles de Navidad son verdes… ¡los irlandeses aman ese color!— enlisté cada una de las razones por las que mi color preferido no estaba ni remotamente relacionado con él o su casa. Es el color del traje que utiliza Peter Pan, al igual que sus ojos, pensé, aunque no lo dije.

— No soy irlandés, y tampoco tú— farfulló Lorcan, tomando el libro que hacía unos momentos había dejado a un lado y abriéndolo donde se había quedado— más de la mitad—. Luego volteó a verme una vez más y, sonriendo, dijo—: ¿Sabes? Estaré pensando en algún color que me guste mucho y que pueda llegar a ser mi favorito y, cuando lo tenga, serás la primera en saberlo.

Y, guiñándome un ojo con picardía, retomó su lectura con parsimonia. Yo me quedé a su lado, observándole leer sin decir una palabra. Así descubrí que los silencios con Lorcan Scamander también podían llegar a ser especiales.

Por otro lado, también me di cuenta de su habilidad para infundir confianza en las personas…

Como aquella mañana, a pocas semanas de iniciar el sexto curso en Hogwarts. Me encontraba sentada en mi cama, echa un manojo de nervios. Un sobre de pergamino con el logotipo del colegio y mi nombre escrito en él era sostenido entre mis temblorosas manos. Eran los resultados de mis TIMO's.

En ese momento me sentía completamente indigna de pertenecer a Gryffindor, y es que tenía miedo, diría que incluso estaba aterrada. No quería abrir ese sobre, ver mis resultados y darme cuenta de lo mal que lo había hecho.

El sonido de unos nudillos chocar contra la superficie de madera de mi puerta hizo que me olvidase por un segundo de lo afligida que me sentía.

— Pase— solté secamente, esperando que fuesen papá o mamá viniendo a decirme por enésima vez que estaba exagerando, que seguramente me había ido bien y que por favor abriese ese maldito sobre de una vez por todas; a lo que yo respondería con un berrido, clamando que aquello no era cierto y que lo había hecho fatal, para después suplicar que me dejasen sola y hundirme de nuevo en mi miseria. Grande fue mi sorpresa al ver entrar a Lorcan en su lugar.

Habían sido contadas las veces en las que el chico había estado en mi habitación, y cada una de ellas en compañía de Lysander o Hugo, por lo que verlo allí, erguido cuan alto era cerca de mi cama y ambos completamente solos, me puso realmente nerviosa.

— ¿Qué haces aquí?— mascullé, demasiado sorprendida para hacer otra cosa.

— A mí también me da gusto verte, pelirroja— se mofó Lorca para después encogerse de hombros despreocupadamente—. Mamá vino a dejarle unas cosas a tu madre y ambas están abajo, y puesto que yo tenía unas ganas incontrolables de verte, la acompañé.

A veces creía que realmente él no tenía ni puta idea de lo que sus palabras causaban en mí.

El rubio notó el sobre que yo sostenía tan celosamente y una brillante sonrisa se instaló en sus labios.

— ¿Son los resultados de tus TIMO's? A Lys y a mí nos llegaron hace un par de horas.

A mí también, pero soy demasiado cobarde como para hacer otra cosa que no sea mantenerlo cerrado, mirarlo fijamente e imaginarme lo peor.

— Sí— susurré, derrotada.

Entonces, Lorcan hizo algo que me descontroló aún más, si es que era posible.

Dio una zancada hacia adelante y se dejó caer sobre la cama donde yo me hallaba, sentándose cerca— muy cerca— de mí. Su cabeza se asomó por encima de mi hombro y su aliento chocó contra mi cuello, estremeciéndome.

— ¿No piensas abrirlo?— preguntó, refiriéndose al dichoso sobre, que era lo que estaba viendo.

— Y-yo… eh…— tranquila, Lily, respira—. L-le prometí a… Hugo q-que lo abriríamos j-juntos.

No sean tan duros conmigo. Si ya de por si era una pésima mentirosa, estando en esa posición con Lorcan, estaba simplemente perdida.

— ¿En serio?— inquirió él, alejándose de mí para poder encararme, lo que me alivió de sobremanera—. Porque hace un rato nos llegó una carta de él, y contaba que había logrado sacarse ocho TIMO's. De hecho, Lysander está con él. Dicen que irán a decirle a tía Hermione que unas calificaciones tan grandiosas como esas merecen un premio igual de grandioso, y, conociéndola, seguro no se lo dará.

— ¿Cómo te fue a ti?— pregunté.

Lorcan encogió los hombros.

— No me quejo.

Genial, seguro sus resultados habían sido asombrosos y no quería decírmelo para no hacerme sentir mal. Una de las cosas que más deseaba en el mundo era convertirme en Auror, como mi padre, como Teddy y como pronto lo sería James— después de que terminase su entrenamiento—. Mamá insistía en que mejor me hiciese en periodista para El Profeta, ya que no estaba muy contenta con la profesión tan peligrosa que había elegido, pero tampoco aprobaba que Albus hubiese querido convertirse en Inefable, y, al final, la decisión era mía. Aun así, si quería cumplir mi sueño, necesitaba sacarme muy buenas calificaciones; especialmente en Defensa Contra las Artes Oscuras y Pociones. Esta última era la que más me preocupaba.

— ¿A qué le tienes miedo, Lily?

La voz de Lorcan me devolvió abruptamente a la realidad. Le miré, apretando la carta aún más entre mis manos.

— A fallar…

Yo no era muy dada a expresar mis sentimientos, pero, por alguna razón, Lorcan lograba infundirme una confianza que hace mucho no sentía por nadie.

— Bueno, es normal que las personas fallen a veces y eso no es ningún pecado— habló el rubio con voz tranquilizadora—. Fui testigo de lo mucho que te esforzaste el curso pasado para obtener buenas notas, así que, en el remoto caso de que los resultados no sean lo que tú esperas, podrás estar tranquila porque diste lo mejor de ti. Y aún más.

Le miré y una sonrisa afloró en mis labios casi inconscientemente. Vaya, no conocía ese lado de él.

— ¿Podrías… verlo por mí?— pedí, e inmediatamente me arrepentí de ello. Y de nuevo, ya estaba hecho, por lo que no había marcha atrás.

— Si eso te ayuda.

Lorcan me sonrió— joder, qué sonrisa— y tomó suavemente el sobre que yo le tendía. De inmediato aparté los ojos hacia un punto indefinido de la pared a mi costado. Estaba muriendo de los nervios. Escuché como el pergamino se rasgaba y se abría. Esto era insoportable.

— Obtuviste seis TiMO's— dijo Lorcan después de un par de minutos de agónico silencio. Yo me gire tan rápida y abruptamente hacia él que me hice daño en el cuello.

—… ¿De verdad?

Me encontraba en un completo shock

— Así es— confirmó el chico, asintiendo enérgicamente con la cabeza.

Una sonrisa estúpida comenzó a formarse en mis labios.

— ¿Y qué tal me fue en Pociones?

Ese era el momento de la verdad.

— Obtuviste un Supera las Expectativas.

En un arranque de espontaneidad nada común en mí, seguramente debido a la gran alegría que experimentaba en ese momento, me abalancé sin pensarlo dos veces hacia Lorcan y le pasé los brazos alrededor del cuello, abrazándole fuertemente. Claro, casi inmediatamente me percaté de lo que había hecho e intenté echarme para atrás, pero el brazo que se posó en mi espalda me lo impidió.

No era un abrazo romántico, sino uno tímido y torpe, de esos que se dan dos personas que aún no tienen una relación muy profunda— como era nuestro caso—. No duró mucho pero con sólo esos efímeros instantes pude notar el suave olor que desprendía el muchacho. No olía a colonia, como Hugo; ni a menta, como Lysander. Tampoco olía a pólvora, como James y Fred. O como Albus, que poseía un sutil aroma a madera fresca.

No, Lorcan Scamander olía a chico. Ni siquiera sé cómo describirlo. Era como una combinación de todos los olores anteriores y, a la vez, tan diferente. Era suave pero constante. Era atrayente. Era completamente embriagador.

También pude notar lo cómodo que era estar entre sus brazos. Él desprendía una calidez reconfortante y que me hacía sentir segura. Pensé que probablemente esto era lo más cerca que habíamos estado, por lo menos físicamente.

— Lorcan, cariño, ya nos vamos.

La suave voz de mi madrina se escuchó desde la planta baja. Lorcan se puso de pie y se dispuso a marcharse, pero yo le dije que le acompañaría hasta la abajo; en parte porque quería enseñarle a mi madre los más que satisfactorios resultados de mis exámenes, en parte porque aún no quería separarme de él.


— Apúrate, Lily. Ya quiero llegar.

Resoplé con fastidio. Empujaba mi carrito, abarrotado de libros y otros útiles en él, con bastante dificultad, intentando no chocar con nadie y sin perder de vista a Hugo, quien avanzaba presurosamente por entre el ya concurrido callejón Diagon. Hasta hace poco, estuvimos haciendo las compras de materiales que necesitaríamos para el nuevo curso, que comenzaría en un par de días, y lo habíamos hecho completamente solos. Mamá estaba realizando el reportaje de un importante partido de quidditch y no pudo acompañarnos, a papá y tío Ron les surgió una misión de improvisto en el escuadrón de Aurores y tía Hermione estaba ocupada intentando que el ministro aprobase su nueva ley. Además, ya estábamos grandecitos como para hacernos cargo de nuestras cosas, según palabras de mi madre.

Sin embargo, mi primo estaba desesperado por llegar a Sortilegios Weasley, que era donde nos veríamos con los gemelos Scamander. Yo también tenía unas ganas locas de ver a Lorcan. Le había prometido que le acompañaría a Artículos de Calidad para Quidditch para comprar un poco de equipamiento y ver unas cuantas escobas, ya que, al ser yo la buscadora de Gryffindor desde tercer año, el muchacho decía confiar plenamente en mi buen juicio. Desconocía el por qué del repentino aumento de interés que Lorcan había sufrido por aquel deporte, que aunque sí le gustaba, no le volvía loco como a su hermano, a Hugo o a mí. Pero acompañarle a la tienda significaba más tiempo con él a solas, por lo que no diría nada.

— ¡Tranquilo, Hugo!— chillé cuando por fin logré darle alcance; cosa bastante difícil, puesto que sus piernas eran mucho más largas que las mías—. ¿Estás seguro de que ya compraste todo lo que necesitas?

— Mierda, Lily, te pareces a mi madre— bufó él, fastidiado.

— Como quieras. Si algo llega a faltar es ti a quien le van a echar la bronca, de todos modos— repuse yo, molesta.

Continuamos con nuestra marcha, abriéndonos paso a duras penas por entre el gentío hasta que llegamos al número 93, el local más colorido y concurrido de toda la larga calle. Sortilegios Weasley había cambiado poco desde que era pequeña, siempre ruidoso, luminoso, populoso y espectacular. Tuve que agacharme para evitar que una especie de esfera chispeante me golpeara directo en la cabeza cuando entré.

Evanesco.

Un rayo de luz salió disparado de algún lugar a mi derecha y le dio de lleno a la esfera, haciéndola desaparecer al instante. Me giré hacia el origen del hechizo y allí pude ver a mi primo Fred, jadeante y con varita en mano. Su oscuro cabello rizado se había alborotado visiblemente y su piel morena se encontraba brillante debido al sudor.

— Esos malditos niños. Se piensan que pueden abrir y probar cualquier producto que se les venga en gana y cuando este se sale de control soy yo el que lo tiene que detener— refunfuñó, intentando regular su respiración.

— Pero que conste que nos presumiste hasta la saciedad lo genial que iba a ser trabajar aquí— musitó una voz detrás de Fred.

Lysander Scamander nos sonreía ampliamente recargado contra la pared. Poseía una sonrisa grande, brillante y despreocupada. Era un chico que con sólo sonreír se llevaba al mundo por delante y que lograba de pronto que todo estuviese bien. Con el cabello rubio oscuro bien despeinado y los ojos azules muy claros, transparentes y sin nada que ocultar.

Me eché a correr hacia él mientras este abría los brazos, atrapándome al vuelo y levantándome unos cuantos centímetros del suelo.

Lysander era bastante fuerte— por algo era bateador de su casa— y algo más robusto que su hermano. Era alegre, agradable y ese tipo de personas en las que confías nada más conocer. De hecho, era muchas cosas que Lorcan no era.

— Eh, Lily, ya te extrañaba— susurró devolviéndome al suelo.

Yo también lo había hecho. No nos veíamos desde hace poco más de una semana y eso, tratándose de nosotros, era bastante raro.

— ¿Llevas mucho tiempo aquí?— preguntó Hugo, acercándosenos.

— No tanto.

— ¿Dónde está tu hermano?— dije, intentando que mi voz no denotase demasiado interés.

— Haciendo la mayor estupidez de su vida— respondió Lysander, aunque pareció que lo decía más para sí mismo que para otra persona.

No tuvimos tiempo ni para hacer preguntas, porque entonces tío George apareció.

— Fred, un chico se convirtió en canario cerca de la estantería de los surtidos salta clases y la madre está histérica. Ve a arreglarlo— le ordenó a su hijo. Luego reparó en nuestra presencia—. Lily, Hugo, no les esperaba tan pronto. Hermione me escribió y dijo que se quedarían por aquí hasta que ella pudiese venir a recogerles.

— Así es, tío. Espero que no te moleste— confirmé, pero mi mente estaba absorta en Lorcan y en la estupidez que, según Lysander, estaba cometiendo.

— Para nada, linda— dijo tío George—. De hecho, llegan en un momento perfecto. Acabo de sacar unas nuevas bombas fétidas que te conservan el olor durante tres meses y estaba pensando que ustedes dos podrían ayudarme a probar unas cuantas con el viejo y querido Filch— lo sombra de lo que me pareció una sonrisa malévola se dibujó en sus labios antes de volverse hacia Fred—. Freddy, estoy esperando a que vayas.

— Pero, papá, es el tercero de esta mañana— se quejó el aludido—. ¿Por qué no me dejas estar en el estudio e inventar cosas contigo? ¡Así aprendería más!

— Porque, hijo, tienes que empezar desde abajo e irte ganando ese derecho. Además, no te confíes tanto, que mi favorita sigue siendo Roxie— tío George no guiñó un ojo antes de retirarse. Fred siguió su ejemplo inmediatamente, resignándose a tener que lidiar con un chiquillo malcriado convertido en ave y su alterada madre.

— Roxanne iba estar aquí, ¿no?— mencionó mi primo.

— No la vez por ninguna parte, ¿verdad?— masculló Lysander con sequedad. Noté que su semblante se había tornado frio y tenía el entrecejo fuertemente arrugado.

— ¿Y a ti qué te pasa?— le dije, mirándole ceñuda.

— El pequeño Lys está molesto porque la linda Roxie está dando un paseo con Frankie y él no está invitado— canturreó mi hermano James, quien aparecía por la puerta principal de la tienda levitando unas cajas. Detrás de él venía Lorcan, quien al verme me sonrió torcidamente, provocando que me sonrojase.

— Cállate, Potter. No es asunto tuyo— gruñó Lysander.

Si había alguien que lograba alterar a Lysander Scamander, en definitiva era Frank Longbottom. Pero me estoy adelantando. Frank era hijo de Neville Longbottom, amigo cercano de mi familia, profesor de Herbología y jefe de la casa de Gryffindor. Personalmente, Frank me parecía un amor de chico, tierno y amable que no haría daño ni a una mosca. Sin embargo, era el mejor amigo de Roxanne y eso despertaba unos incontrolables celos en Lysander. Yo jamás había visto ningún tipo de señal romántica en la relación de Frank con mi prima, pero eso Lys parecía no verlo.

— ¿Fred esta…?— curioseó James, dejando las cajas en una esquina cerca del mostrador y guardando su varita en el bolsillo trasero de los jeans. Su cabello azabache estaba tan desordenado como siempre y sus ojos cafés brillaban detrás de las gafas con picardía.

— Algo sobre un niño convertido en canario por donde están los surtidos salta clases— dijo Hugo.

— Joder, es el tercero de la mañana— bufó James, dando un suspiro—. Será mejor que vaya a ayudarle. Lily, cuando veas a mamá dile que no podre ir a cenar con ustedes esta noche pero que lo haré mañana.

Asentí con la cabeza y le vi marcharse. James había dejado de vivir en casa de mis padres hacía poco menos de un año y comenzó a rentar un pequeño apartamento en Londres junto con Fred, trabajando en sus ratos libres en Sortilegios Weasley para poderse costear sus gastos. Debía admitir que le echaba de menos, ya que la casa se sentía algo vacía sin él en ella. Era menos ruidosa, eso seguro.

— Así que por fin te dignas a aparecer.

Una vez que mi hermano se hubo ido, Lysander se volvió hacia su gemelo y le miró acusatoriamente, a lo que este simplemente le sonrió con sorna.

— Vamos, Lys, no frunzas el ceño de esa forma. Luego te pueden salir arrugas y no queremos eso— dijo Lorcan burlonamente, metiéndose las manos a los bolsillos del pantalón desinteresadamente.

— Lorcan, tú no…

— Yo sé perfectamente lo que hago, Lysander. Muchas gracias— interrumpió Lorcan con severidad.

Este era uno de esos momentos de gemelos que, a menos que tuvieras uno, no llegarías a entender. Tal vez Lorcan y Lysander no se llevarían el premio a los hermanos más unidos del año, pero compartían bastantes secretos entre ellos. Lorcan conocía cosas de su hermano que ni siquiera Hugo sabía, y estaba segura que era reciproco.

Yo, por mi parte, estaba muriendo de curiosidad.

Lorcan se aceró a mí y me sonrió de medio lado.

— ¿Estás lista, pelirroja?

— ¿Para qué?— habló Hugo.

— Oh, Lily y yo sólo vamos a ojear algunas escobas. Volveremos pronto.

Y antes de que pudiese decir nada, Lorcan asió mi muñeca fuertemente y me llevó fuera del local si perder tiempo, haciéndome olvidar inmediatamente que hasta hace poco había estado preocupada por algo relacionado con él.

Y es que yo estaba encantada, porque las cosas con el chico que me gustaba estaban mejor que nunca. Jamás imaginé que ese acercamiento podría traerme tantos problemas en el futuro.


Por favor, denme su más sincera opinión. Este es un capítulo como de transición, en donde introduje a personajes como James (*-*), Albus y, por supuesto, Lysander. ¿Y qué opinan de Lily y de cómo piensa? La estoy intentando hacer lo más real posible, por lo que podrán imaginarse que habrá bastante drama adolescente en esta historia XD Con respecto al repentino cambio de Lorcan; no se adelanten a los hechos, que nada es lo que parece... *voz misteriosa*

Otra cosa. Francamente, ¿qué opinan de la ortografía y la redacción? Juro que intento que todo me quede lo mejor escrito posible. La redacción es lo que más se me dificulta y aún no estoy segura si lo hago bien. Así que si encuentran cualquier error, por favor, háganmelo saber. No me molestaré. Si estoy aquí es para mejorar como escritora y no lo lograré si no me corrigen.

Quiero pensar que en el cap pasado no recibí tantos reviews porque se me olvidó pedirlos, así que...

REVIEWS, PORFAAA, PORFAAA, PORFAAAAA. Les imploro, ruego, suplico que me dejen un comentario. Un solo review y mi día está hecho. ¿Quién dice que necesitan cosas dinero, salud o amor para ser feliz? Porque yo solo necesito reviews ;) Aunque en esta historia no prometo actualizaciones rápidas, un review puede que cambie eso. Y, por cierto, les pido un poco de paciencia, probablemente no suba nuevo cap hasta que no termine con VOL, que está algo olvidado :/

Mil gracias por leerme ñ.ñ

Besos,

Pam.