SDFGHJKLSDFGHJKASDFGHJKL :'D Ando súper emocionada, de verdad que sí. Es que me salió un capítulo enorme. No sé por qué ando loca por este fic. Pienso en él durante mis clases de química y me inspiro un montón, lo que no es bueno porque no ando tan bien en esa materia XD
Sé que dije que no postearía cap nuevo hasta que no terminara Victims of Love, pero estoy atorada con ése :/
Agradezco por sus reviews a AgussArce, Guest, cieloabierto (que los caps de este fic siempre irán dedicados a ella porque me regaña por twitter para que actualice XP), Basileya y Mary Jane. Besotes a todas :3
En respuesta a Mary Jane: te agradezco mucho tu comentario, linda. Me alegra que te haya gustado. Jaja, sinceramente Lorcan no podría ser de otra forma XD besote.
Los comentarios que no he respondido los responderé enseguida.
Disclaimer: nada es mío, ya lo saben.
Los dejo para que lean. Nos vemos abajo ñ.ñ
Segunda estrella a la derecha y hasta que amanezca.
4. Las chicas lloran por los chicos.
— De verdad, papá, voy a estar bien.
Suspiré, repitiendo la misma oración por lo que calculé era la quinta vez en la última media hora. Mi padre me miró, no muy convencido, pero siguió avanzando, empujando un carrito que cargaba con mi baúl por la estación King's Cross. Por fin llegamos a la pared que separaba los andenes 9 y 10. Papá me rodeó con un brazo para que pudiésemos cruzar juntos, y lo hicimos lo más disimuladamente posible. Lo primero que noté cuando nos materializamos dentro de la plataform fue que el lugar aún se encontraba considerablemente vacio, cosa que no era de extrañar para lo temprano que era todavía. Me lamenté en silencio, pensando en cómo me iba a aburrir esperando ahí, durante por lo menos unos veinte minutos, a que el tren partiera.
— Odio tenerte que dejar así, cariño— dijo papá, mirándome con culpabilidad mal disimulada.
Sonreí, intentando calmarle. En mi opinión, estaba exagerando. Entendía perfectamente que mis padres estaban ocupados con su respectivos trabajos y que este era el único momento en que uno de los dos podía dejarme en la estación— y que nadie más podía hacerlo—, y aunque no me hacía gracia tenerme que sentar en algún compartimento vacio a esperar sin hacer absolutamente nada e intentar no sacarme los ojos debido al hastío en el intento, tampoco haría una tormenta en un vaso de agua. Ése no era mi estilo.
Mas si tendría que admitirlo, ser menor es un asco.
— No pasa nada, en serio— insistí, encaminándome a una de las puertas del tren—. De hecho es algo bueno, ¿sabes? Así podré escoger el compartimento que más me guste, cosa que jamás he hecho. Incluso puedo aprovechar para terminar con los deberes— bromee, pero al ver la cara que puso mi progenitor me apresuré a corregir—. Es un juego, papá.
Él se rió suavemente mientras subía mi baúl dentro, esperando a que yo ingresase.
— Por favor cuídate mucho, hija.
Pude notar por su mirada de aprehensión lo preocupado que estaba por mí. Era lógico, pues este sería el primer año en que no estarían ni Albus ni James para cuidar de mí. Pero tampoco podía cantar victoria. Estaba segura de que mi padre ya se las había arreglado para interceptar a Hugo en algún pasillo de La Madriguera y pedirle/ordenarle que me tuviese bien vigilada; lo mismo debió haber pasado con Lysander e incluso puede que con Frank Longbottom, pero estoy segura de que no le dijo nada a Lorcan.
En fin, ya me había acostumbrado a ser bastante sobreprotegida, por mucho que lo odiase.
— Lo haré, papá— le aseguré. Acto seguido, me le acerqué y le abracé lo más fuertemente posible. Él me devolvió el abrazo y me acarició el pelo con cariño, depositando un suave beso sobre este. Si he de ser sincera, tenía sus ventajas esto de ser de los primeros en llegar: al estar el lugar casi vacío, no había gente por ahí papaloteando alrededor del Gran Harry Potter, hablándole e incluso pidiéndole autógrafos. Juro por Merlín que no existía cosa más exasperante que ésa.
Terminamos de despedirnos y yo subí definitivamente al vagón, diciendo adiós con la mano. Papá se perdió entre la multitud, que cada vez era más, con la cabeza gacha. Suspiré una última vez antes de comenzar a caminar con mi baúl a cuestas. Tenía la esperanza, algo estúpida, de que tal vez algún conocido ya hubiese llegado y al final no tuviese pasármela sola. Grande fue mi sorpresa al darme cuenta de que así era.
— Lysander.
El aludido volteó apenas hube pronunciado su nombre. Se veía algo sorprendido y nervioso, y al ver que se trataba de mí su nerviosismo sólo pareció incrementar aún más.
— Lilis, no esperaba verte aquí tan temprano— dijo, sonriendo algo forzadamente y rascándose la nuca con ansiedad. Noté que se encontraba frente a un compartimento, que estaba cerrado y con la cortina corrida, sin dejar ver nada al interior; pero el rubio sólo estaba parado ahí, sin intención alguna de entrar.
— Mamá sigue haciendo reportajes en el extranjero y papá iba a salir de misión hoy mismo, así que tuvieron que dejarme antes— expliqué, encogiéndome de hombros para restarle importancia—. ¿Y tú?
Lysander tragó saliva fuertemente sin responder, como si estuviese pensando en qué contestarme pero no se le ocurriese nada.
— Oh, bueno… ya sabes, a mamá le gusta asegurarse que no haya tupkys en los rieles del tren, porque les gusta comerse el acero. Eso lleva su tiempo— dejó escapar una risa falsa y yo encaré una ceja, sin tragarme ni un poco su absurda explicación. Aun así, decidí no tomarle tanta importancia y pasarlo por alto.
Qué gran error.
— ¿Pero qué haces a mitad del pasillo?— inquirí, dirigiéndome hacia el compartimento de detrás de él—. Entremos a este, parece vacio.
Apenas pronuncié aquellas cinco palabras, Lysander empalideció.
— ¡No!— gritó. Me tomó por la cintura y me apartó con brusquedad de la puerta del compartimento antes de que siquiera pudiese tocarla.
— ¿Se puede saber qué rayos es lo que te sucede?— exigí saber y me solté de él, molesta.
— Lily, por favor, no entres ahí— Rogó Lysander como desesperado.
Iba a protestar, a exigirle que me explicase en ese instante por qué estaba actuando tan endemoniadamente raro y que me dijese qué había adentro de ese compartimento, pero entonces la puerta de este se abrió, dándome la respuesta por sí sola.
Y no me gustó para nada.
Lorcan Scamander estaba ahí, frente a mí, mirándome fijamente, sorprendido. Y no estaba solo.
Detrás de él pude vislumbrar a alguien más: Ella Zabini, tan atractiva como la última vez que la vi hacia más de un año. La morena se abrochaba los botones de su blusa con parsimonia y desinterés. Eso me hizo regresar la vista hacia Lorcan y observarle con mayor detenimiento. Pude notar que tenía la camiseta mal puesta, que su cabello estaba más desordenado de lo normal, como si alguien hubiese corrido sus dedos por este, que sus labios se hallaban hinchados y con rastro de labial en ellos y que tenía la respiración entrecortada.
Entonces no me fue difícil atar cabos.
Sentí como algo dentro de mi pecho se hacía añicos. Y dolió tanto.
Un gran nudo se instaló en mi garganta, haciéndome difícil respirar, y el cual no desaparecería durante todo el transcurso del día. Las piernas apenas me sostenían, y los ojos me picaban, y estaba mareada, y me sentía fatal.
Pero hice mi mejor esfuerzo para no demostrarlo.
Lorcan me miraba, pero era como si no lo hiciese. Me sentía como si de pronto volviese a ser invisible para él, completamente indiferente a mi presencia; eso me destrozó sólo un poquito más.
Apartó sus ojos de mí e los posó en su hermano.
— Te pedí que vigilases, Lysander. ¿Es que no puedes hacerme ni un puñetero favor?— escupió con enojo.
Lysander frunció el ceño y le miró con desaprobación antes de responder.
— ¿Sabes qué? Jamás debí haber aceptado ayudarte en primer lugar. Arréglatelas solo— se giró hacia mí pero yo seguía estática y no había sido capaz de moverme ni un ápice—. Vámonos, Lily.
En ese momento sentí como me tomaba del brazo y halaba consigo, así que sólo me dejé llevar.
Así que ahora estaba allí, sentada en uno de los asientos del compartimento al que Lysander me había traído, con la mirada perdida en algún punto entre mis zapatos y el piso y con unas ganas terribles de echarme a llorar como un bebé.
No llores, Lily, no llores.
No, no lo haría. Eso sería caer muy bajo. Además, la culpa había sido mía, ¿no? Yo fui la tonta que se ilusionó, que creyó que tenía oportunidad cuando no era así. Y ya que lo pensaba, ¿en qué momento Lorcan había mostrado algún interés romántico hacia mí? Nunca. Esa era la respuesta. Jamás lo hizo. Se acercó a mí con el mero propósito de que fuésemos amigo, y si yo fui y me hice ideas erróneas no era culpa de él, sino mía. Esa era la pura verdad, por mucho que me doliese aceptarla.
No llores, Lily, no llores.
Lysander se dejó caer pesadamente en el asiento frente a mí cuando hubo terminado de acomodar mi baúl— que al parecer trajo consigo sin que me diese cuenta— en la parte de arriba.
— Supongo que ya te diste cuenta de qué ha sido esa estupidez que Lorcan ha estado cometiendo desde el inicio del verano— comentó, interpretando mi aire ausente como si yo estuviese analizando y explicándome los acontecimientos de hace unos minuto, lo cual era cierto, pero no de la forma en que él lo pensaba.
Alcé la vista y le miré, interrogante.
— El imbécil de mi hermano se ha estado viendo con Zabini desde que iniciaron las vacaciones. Todo a escondidas de nuestros padres, claro— comenzó a explicarme, soltando un fuerte bufido en el proceso—. Por eso es que llegamos tan temprano. Lorcan quería despedirse de ella antes de partir a Hogwarts. Le dijimos a mamá y papá que un amigo nos llevaría a la estación, cuando en realidad nos trajo ella. También por ese motivo es que yo estaba vigilando; para que ningún conocido les viese juntos y le fuese con el chisme a mis viejos. ¿Te imaginas el escándalo que armarían, y en especial nuestro padre, si se enteran de que Lorcan sigue teniendo relación con Ella Zabini?
Me lo imaginaba. Una de las razones por las que Lorcan y Ella terminaron fue porque los padres de él no estaban para nada de acuerdo con que su hijo saliese con una chica tan mayor, en especial tío Rolf. A mi madrina tampoco le hacía mucha gracia, pero siempre había creído en la independencia, en vivir tus propias experiencias y en todas esas cosas que ni mi abuela ni tía Hermione aprobaban. Sin embargo, al final la relación había terminado y si ahora mis tíos descubrían que había iniciado de nuevo, enloquecerían.
Observé a Lysander y noté que se veía aliviado, como si se quitase un peso de encima al estarle contando aquello a alguien. Era obvio que no sabía el daño que me provocaba estarle escuchando diciendo todas esas cosas. Diciéndome que Lorcan y Ella Zabini seguían juntos.
— Te suplico que no le vayas a decir esto a nadie, Lily— pidió el muchacho. Pero no tenía de qué preocuparse porque no pensaba hacerlo. Entre más rápido me olvidase de todo, mejor.
— No te preocupes, no lo haré— murmuré débilmente, intentando que la voz no me temblase.
No llores, Lily, no llores.
El sonido de la puerta abriéndose hizo que Lysander y yo nos volviésemos hacia ella. Hugo se hallaba en el umbral, observándonos con una de esas sonrisas marca Weasley dibujada en el rostro.
— Los he estado buscando— dijo. Entró en el compartimento metiendo consigo su baúl y a Chick, su lechuza parda que dormitaba tranquilamente en su jaula.
— Nos encontraste— respondió Lysander para luego sacarle la lengua juguetonamente. No parecía tener intención de contarle sobre el incidente con Lorcan y Zabini y eso hizo que me preguntase qué tanto conocería mi primo sobre el tema.
— Intenté llegar lo antes posible para que no estuvieses sola mucho tiempo, Lilis. Me alegra que hayas estado con Lys— comentó cuando hubo terminado de acomodar sus cosas y sentado frente a mí.
Sí… una suerte, pensé con amargura.
No llores…
Los dos muchachos comenzaron una conversación a la que no presté ni la mínima atención; pero en algún punto mientras los minutos pasaban, ellos empezaron a notarlo. Hugo me enviaba miradas inquisitivas y yo las esquivaba lo mejor que podía. Por suerte, no tuve que soportar esa situación incómoda durante mucho tiempo, porque entonces la puerta volvió a abrirse.
Antes de que pudiese descubrir de quien se trataba, un par de brazos me estaban rodeando fuertemente y enseguida le siguieron otros.
— ¡Riley, Emma!— grité, emocionada. Había extrañado a mis amigas como loca, porque no habíamos tenido demasiada oportunidad de vernos durante las vacaciones, así que tenerlas aquí, conmigo, me iba a ayudar un montón a olvidarme de… todo.
— ¡Te extrañé, Lily! ¡Tengo un montón de cosas que contarte sobre mi verano!— chilló Emma sonriendo radiantemente, como siempre. Entonces pareció reparar en la presencia de Hugo y Lysander—. Oh, hola, chicos.
— ¿Qué tal, Emma, Riley?— saludó el rubio con una sonrisa. Hugo, por el otro lado, se veía incómodo.
— Hola, Lysander— devolvió el saludo Riley, sentándose a mi lado. Luego posó sus ojos en mi primo, con frialdad—. Y hola a ti, idiota.
Hugo sonrió falsamente.
— Qué alegría verte de nuevo, Riley, preciosa. Espero que tu verano haya sido encantador.
— Yo, por el contrario, espero que el tuyo haya estado lleno de desgracias— dijo ella, mordaz.
— Lamento decepcionarte, pero no fue así— le contestó Hugo con el mismo tono.
Mi amiga y mi primo se mandaban miradas acecinas, como cuchillas, haciendo que el ambiente se tornase repentinamente pesado e incomodo. Lysander no pudo soportarlo durante mucho tiempo, así que decidió intervenir.
— Hugo, amigo, vámonos.
— ¿A dónde?— masculló Hugo secamente, sin apartar sus ojos castaños de Riley ni por un segundo.
Lysander pareció pensárselo unos cuantos segundos, no muy seguro de la respuesta. Entonces, sus ojos azules se iluminaron.
— A buscar a Roxanne— exclamó, emocionado con la idea.
— ¿Estás loco o qué?
— Oh, vamos, por favor— rogó Lys, dándole unos cuantos empujoncitos en el hombro cual crio de cinco años.
Hugo volvió a ver a Riley, quien seguía fulminándole con la mirada, pero estoy segura de que, al igual que yo, pudo notar que detrás de toda esa hostilidad y enojo había rencor, y dolor. Suspiró y se puso de pie con desgana, hundiendo sus manos en los bolsillos de su pantalón.
— Andando— habló, tajante.
Lysander sonrió de oreja a oreja antes de precipitarse hacia la salida a toda velocidad. Hugo le siguió con mucha más calma, murmurando algo acerca de lo estúpido que se sentía al tener que andar por ahí acosando a su propia prima sólo porque su mejor amigo parecía no poder comprender el significado de la palabra no.
Y eso era completamente cierto.
Lo único bueno de que se hubiesen marchado, es que ahora me sería mucho más fácil olvidarme de aquello estando en compañía de mis dos mejores amigas.
Riley Clarkson fue la primera chica que conocí al entrar a Hogwarts; nos conocimos en la fila para la selección de casas y compartimos una larguísima charla en voz baja sobre lo nerviosas que estábamos por todo el asunto. Era bajita y de piel bronceada, con el pelo negro y corto y los ojos ámbar. En definitiva era una buena amiga y muy madura para su edad… en algunas cosas. Y es que resulta que el año pasado Hugo y ella comenzaron a salir, pero tres meses después terminaron, y he de decir que no de la mejor manera. A decir verdad, no fue de extrañarse, ya que tenían muy poco en común; sólo que ambos eran bastante listos y de los mejores de la clase— Hugo ni siquiera se esforzaba en ello, para colmo—. Aun no sé siquiera por qué se gustaron en primer lugar.
En fin, el punto es que las cosas terminaron mal, ahora mi amiga odiaba— o eso decía— al chico y este no hacía nada por mejorar las cosas. Si antes no conectaban, ahora se repelían por completo.
Y luego, teníamos a Emma McLaggen. Vaya, lo juro, a personas como ella jamás se les puede hacer suficiente justicia al momento de describirles. Para empezar, era guapísima. Poseía una larga melena de color castaño claro que le caía en ondulaciones por la espalda hasta rosarle la cintura, además de unos grandes y atrayentes ojos verdes. Sobra decir que ella era completamente consiente de todo esto y lo utilizaba a su favor. Atraía a todo el mundo como abejas a la miel, en especial a los muchachos. Pero una de las características que más se le podían admirar— de algún modo—, era la gran cantidad de amor propio que poseía, porque Emma se amaba a sí misma y adoraba ser el centro de atención y que se le escuchase todo el tiempo. Yo era una experta en ese tipo cosas, por lo que nuestra relación funcionaba de maravilla.
Emma no perdió ni un segundo y se puso contarnos todo sobre su verano, sin escatimar en detalles, por supuesto. Riley interrumpía ocasionalmente y hacia alguna aportación, pero yo permanecía en silencio. En otras circunstancias, aunque no estuviese prestando demasiada atención a lo que mis amigas decían, hubiese soltado cosas por el estilo de aja, ¿en serio?, ¡no me digas!, todo en los momentos apropiados porque ya tenía bastante práctica; sin embargo, en ese momento ni siquiera tenía la intención de disimular, y ya siquiera la compañía de mis Emma y Riley podían lograr apartar por completo mi mente de Lorcan Scamander.
Joder, no llores.
Para mi gran suerte, Riley no llegó a darse cuenta del estado en que me encontraba— Emma seguro no lo haría—, tal vez porque aún estaba demasiado molesta y afectada por su encuentro con mi primo. El tren se puso en marcha y, casi de inmediato, irrumpió en nuestro compartimento Rick Finnigan, un fornido muchacho de mi mismo curso, que venía a ver a Emma, porque chicas como ella jamás les faltan pretendientes. Le acompañaba Bryce Meyer.
Éste último venía a verme a mí.
Mierda.
— ¡Hola, Lily!— me saludó Bryce efusivamente, sentándose frente a mí y sonriendo de forma cálida.
— Bryce… h-hola— respondí, no siendo capaz de ocultar mi nerviosismo e incomodidad por su presencia.
Pero él pareció no notarlo y comenzó a preguntarme sobre mi verano y ese tipo de cosas, y ponía tanta atención a cada una de las cosas que yo le respondía, como si se tratase de la cosa más importante para él, que me hacía sentir como la peor persona del mundo entero. Bryce y yo teníamos lo que podría llamarse una historia: habíamos salido un par de veces durante el curso pasado y luego él me había dado mi primer beso, cosa de la que no estaba para nada contenta, porque esperaba que otro lo hiciese…
Pero era un chico tan dulce, y yo realmente le gustaba, eso se notaba un montón. Además, era bastante apuesto, de cabello castaño cobrizo, ojos verdes brillantes y sonrisa encantadora. Tal vez fuese demasiado intenso y algo creído, pero nada que no yo no pudiese olvidar o superar. Lo único que nunca sería capaz de superar era el hecho de que, al final, Bryce no era Lorcan.
He ahí el gran problema.
Al poco tiempo, Rick cumplió su cometido y convenció a Emma para que lo acompañase a un lugar más privado, así que ambos se marcharon.
— Bryce, ¿sabes a qué hora será la reunión de prefectos?— preguntó Riley, ya que ellos dos eran los prefectos de sexto de Gryffindor.
— En realidad no. Supongo que pronto— le contestó—. Eh, Lily, ¿nos acompañas?
— Bueno, no lo sé. Creo que sólo deberían ir prefectos, ¿no?— murmuré, esperando que captase mi indirecta.
No lo hizo.
— ¡Tonterías! Claro que puedes— me aseguró, desesperado porque le diese una respuesta afirmativa.
Para mi buena suerte— o eso creí al principio— la puerta del compartimento, por no sé qué ocasión, se volvió a abrir.
Ahí estaba Hugo, con cara de pocos amigos. Y ahí estaba Lysander, notándosele a leguas lo frustrado que estaba, seguramente por no haber podido encontrar a Roxanne. Y ahí estaba Denise Longbottom, la hermana pequeña de Frank que iba en tercer año, con sus ojos azules brillantes y las mejillas arreboladas por estar en presencia de mi primo.
Y ahí también estaba Lorcan.
Otra vez… mierda.
— ¿Han visto a Roxanne?
Lysander, como siempre, no perdía ni un minuto e iba directo al grano.
El humor de Hugo pareció empeorar considerablemente y casi pude jurar haberle escuchado rechinar los dientes.
— Joder, ya acéptalo, hombre— dijo con frustración, dejándose caer pesadamente a un lado de Bryce e ignorando olímpicamente la mirada hostil de que le mandaba Riley—. No la vas a encontrar. Este año está haciendo un muy buen trabajo escondiéndose de ti.
El Hufflepuff chasqueo la lengua con fastidio e imitó a Hugo, sentándose a su lado. Denise también tomó asiento, quedando justo frente a mi primo y haciendo todo lo posible por llamar su atención, sin tener ningún tipo de éxito. Por su parte, Lorcan se quedó de pie recargado en el marco de la puerta, y su mirada me evitó en todo momento. Yo hice todo lo que estaba en mis manos para tampoco mirarle.
Pero, maldita sea, era difícil.
— ¿Sabes, Hug? Soy una persona que no se da por vencida fácilmente— habló Lysander después de unos cuantos minutos de incómodo silencio que a mí me parecieron interminables.
— Mierda, lo sé, pero eso no te ha servido de nada en los últimos tres años— le contestó el pelirrojo, suspirando con pesadez.
Lys le hubiese respondido algo, pero entonces en sus ojos azul claro apareció una extraña mezcla de alegría y molestia al ver llegar a Frank Longbottom y a Roxanne Weasley.
— Denny, te he estado buscando. Dejaste tu baúl a mitad del pasillo— le dijo Frank a su hermanita. Al igual que ella, era rubio y de cara redonda; la única diferencia es que él tenía los ojos color miel.
— Ay, Frankie, pero si ni siquiera estorba— rezongó la niña, haciendo un puchero que me pareció adorable.
— Claro que lo hace— repuso Frank, ceñudo.
— Hey, Roxie, te estuve buscando— dijo Lysander, mirando a mi prima con anhelo.
— Yo por el contrario, Scamander, te he estado evitando— fue la cortante respuesta de ella.
Mi prima Roxanne era una de esas chicas a las que tenías que voltear a ver más de una vez cuando veías pasar. Al igual que Fred, tenía la piel achocolatada y el cabello negro y rizado, que siempre llevaba atado en una gruesa coleta con un listón rojo intenso; creo que tenía qué ver con ser de las únicas primas Weasley que no eran pelirrojas— la otra era Victoire—. Era alta, esbelta y poseía un carácter fuerte. No era de extrañar que a Lysander le gustase tanto.
Rox me giñó un ojo y yo le saqué la lengua juguetonamente, contenta de verla. Ella sólo era un año mayor que yo— este año cursaría séptimo—, así que nos llevábamos bastante bien. Siempre había considerado a Rose mi prima más cercana, y claro está, el lazo que compartía con Hugo era único, pero Roxanne y yo también éramos muy unidas y solíamos hablar de todo. O casi.
Yo nunca hablaba de Lorcan.
— Oh, vamos, muñeca, sé que me quieres— le dijo Lysander a mi prima con coquetería.
— Sí, pero a tres metros bajo tierra— gruñó Roxanne antes de girarse hacia Frank—. Ya vámonos— casi se lo ordenó. Se notaba que estaba bastante irritada; Lysander tenía ese efecto en ella.
— P-pero— tartamudeó el pobre Frank, claramente intimidado por la mortífera mirada que Lysander le estaba mandando. Aun así, ya era tarde, porque la chica ya le había tomado del brazo y le arrastraba por el pasillo, hecha un basilisco.
Lysander se puso de pie, dispuesto a seguirles, pero Hugo fue más rápido y tiró de su muñeca hasta obligarle a sentarse otra vez. El pelirrojo le envió a su amigo una mirada de advertencia que no aceptó reproche alguno.
Lorcan seguía en exactamente el mismo sitio, y me estaba matando de los nervios.
No te quiebres, no llores. No seas estúpida.
— Bueno, creo que me voy. La reunión de prefectos está por comenzar— comunicó Riley caminando hacia la salida, obviamente molesta por la presencia de mi primo; pero él no parecía tener intención de moverse, y, mientras él no lo hiciese, Denise tampoco.
— En seguida te alcanzo, Riley— dijo Bryce. Luego me miró con suplica—. Por favor, Lily, acompáñanos. No nos hemos visto desde el curso pasado y te he extrañado un montón— me sonrió encantadoramente, y yo estaba a punto de rechazar su oferta de nuevo, cuando ocurrió.
Lorcan se adentró al compartimento, empujó suavemente a Denise a un lado y se sentó junto a mí, rodeándome por los hombros con uno de sus brazos.
Uno de sus brazos me estaba rodeando.
¿Qué demonios le pasaba?
Sentí el calor que emanaba su cuerpo contra el mío, y el aroma que desprendía hizo que me sintiese mareada.
Tranquilízate.
— ¿Te cuento algo, Meyer?— dijo Lorcan con tono sañoso, como una serpiente, y una sonrisa cínica fue apareciendo en sus labios—. Lily ha pasado todo este verano conmigo, y hemos sido casi inseparables. Incluso puede que pasemos Navidad juntos.
Las orejas y el cuello de Bryce se tornaron rojas y miró a Lorcan con rabia contenida.
— No te lo pregunté, Scamander.
— Bueno, sólo decía. Ya sabes que nuestras familias son muy unidas y ella y yo crecimos prácticamente juntos— le respondió Lorcan con aún más veneno en la voz antes de girarse hacia mí y mirarme a los ojos por primera vez. Mirarme de verdad, digo—. ¿Verdad, pelirroja?
Yo me encontraba en shock, y por la cara que tenían Hugo y Lysander ellos también. Sentí cómo la ira se iba apoderando de mí y apreté los dientes tan fuertemente que me hice daño.
¿Cómo se atrevía?
No llores, Lily, no llores.
Me puse de pie bruscamente, apretando los puños con rabia.
— Andando, Bryce— pronuncié cada palabra lo más claramente posible y le di la espalda a Lorcan en todo momento. Bryce también se levantó y le dedico al Slytherin una sonrisa burlona—. Ven conmigo, Denny— le pedí a la niña, tomándola de la mano para que me siguiese. No la iba a dejar allí sola con Hugo, Lysander y con Locan, no señor.
Ella miró a mi primo con suplica y anhelo, pero este estaba más ocupado observando a Lorcan con algo que se me asemejó a suspicacia, así que me siguió sin mayor resistencia fuera del compartimento.
Yo, personalmente, no quería estar cerca de Lorcan Scamander nunca más.
O eso era lo que, ilusamente, me decía.
Obviamente, ni Denise ni yo nos quedamos mucho tiempo con los prefectos. Casi todos nos veían con una cara que decía que nosotras no teníamos nada qué hacer ahí, lo que era completamente cierto.
Así que después de un tiempo, ya con nuestras túnicas puestas, las dos terminamos sentadas en el suelo del tren, porque a estas alturas sería difícil encontrar algún compartimento vacio. Las personas que pasaban por allí nos miraban raro, pero no le tomaba importancia y seguía escuchando lo que Denise me decía con atención: que se había peleado con su amiga Emilie hace un par de días y que consideraba que Hugo se veía muy lindo ahora que se había recortado el cabello.
Era impresionante lo mucho que me llegaba a identificarme con esa niña. Ese enamoramiento— por más infantil que fuese— que tenía con Hugo me recordaba mucho a mi propia situación con Lorcan. Para ser sinceros, no había muchas posibilidades de que mi primo se fijase en ella, porque era demasiado pequeña para él. Igualmente, era poco probable que se diese algo entre Lorcan y yo, simplemente porque jamás sucedería y ya me resignado a ello.
O casi.
El viaje siguió su curso y antes de que me diese cuenta ya habíamos llegado a la estación de Hogsmade. Bajé del tren con Denise, cuidando de no perderla de vista entre la masa de estudiantes que se aglomeraban en las salidas del tren.
— ¡Los de primer año, por aquí! ¡Los de primer año!
Esa voz era simplemente inconfundible para mí. Hagrid llamaba con su potente voz a los de primero para que se acercasen a él. Al vernos, sus ojos negros brillaron con esa calidez que le caracterizaba y pude darme cuenta, por la forma en que se movió su barba ya algo canosa, que nos estaba sonriendo.
Denise y yo levantamos las manos para saludarle alegremente. Entonces vi que Lorcan pasaba cerca de nosotras con unos cuantos de sus amigos de Slytherin, y de nuevo me ignoró por completo
Pero no era como si me importase, ni nada.
No llores. Que no te afecte.
Más allá estaban Frank y Roxanne rodeados de un grupo de otros chicos de séptimo. Frank nos vio y pareció aliviarse un poco al ver que su hermana estaba conmigo. Hombre, si que era un exagerado. Aunque mi posición no era mejor que la de Denise. Juro que si no fuese porque Hugo estaba en el mismo curso que yo e íbamos juntos a todos lados, en mi primer curso, James y Albus me hubiesen llevado al Gran Comedor de la mano.
Los hermanos mayores apestan.
Nos metimos en un carruaje en el que estaban Riley y Bryce, la primera quejándose malhumoradamente sobre las rondas nocturnas que le habían asignado.
Llegar al castillo se sintió gratamente reconfortante y dejé que la magia que inundaba el lugar me llenase, que me hiciese sentir mejor. Y funcionó.
Riley y yo nos sentamos con Hugo en la mesa de Gryffindor, aunque ni a mi primo ni mi amiga pareció hacerles mucha gracia. Poco después llegó Emma y logró que el ambiente se relajase un poco.
Entre los tres lograron hacerme sentir mejor.
Pero de un momento a otro, me encontré a mí misma mirando hacia la mesa de Slytherin, en busca de Lorcan.
Me reprendí mentalmente. ¿Pero qué estaba haciendo? No tendría por qué estar buscando a Lorcan, ya no, por más difícil que esto fuese.
Poseía una gran habilidad— la cual detestaba, si he de ser sincera— para poder observar a Lorcan sin que este se diese cuenta. Lo observaba en La Madriguera, en clases, en el Gran Comedor, etcétera. El problema era que ahora ya no tenía una excusa para posar mis ojos en la mesa de las serpientes. Antes, si alguien me hubiese descubierto mirando hacia allá, diría que estaba buscando a Albus, llamaría su atención y él me saludaría junto con Scorpius Malfoy, y entonces todo quedaría olvidado con esa facilidad.
Pero mi hermano ya no estaba.
Era triste darme cuenta de lo poco que se notaba la ausencia de Albus; no porque no hubiese hecho nada trascendente durante su estadía en Hogwarts. A decir verdad, Rose, Scorpius y él habían logrado marcar a toda una generación. Empezando por Albus siendo sorteado en Slytherin y terminando con Rose y él haciéndose amigos de un Malfoy. Los tres habían fomentado el cambio, la aceptación y la tolerancia, y habían logrando hacer un cambio en todos los chicos de su curso; el problema era que los demás seguíamos atascados en ese odio ancestral entre Gryffindors y Slytherins, que aunque ya no tan intenso, no terminaba de extinguirse por completo.
Y luego estaba James, el digno nieto de Merodeador.
Sólo diré una cosa: Jimmy se hizo leyenda en Hogwarts. Junto con Fred había dejado huella en el colegio, haciendo ingeniosas e increíbles bromas durante esos siete años que hicieron que a tío George le salieran lagrimas de orgullo. Pero su obra maestra, en definitiva, fue la que realizaron en su último año, en el último día, durante el banquete de despedida.
Ese par hizo que lloviese jugo de calabaza del techo del Gran Comedor. Así es, jugo de calabaza. Aun no puedo explícame completamente cómo lo lograron. Todo el lugar era un completo caos de gente gritando, corriendo y alzando la boca abierta hacia arriba para ver que podían atrapar.
Sobra decir que ese año Gryffindor no ganó la Copa de la Casa.
A nadie le importó demasiado.
Siendo franca, comparada con mis hermanos, yo no era la gran cosa, ¿cierto?
— Lily, ¿te sucede algo?— escuché decir a una voz frente a mí. Levanté mi mirada de mi plato a medio comer y me topé con los ojos preocupados de mi primo.
— Absolutamente nada— respondí con nerviosismo.
Hugo me escudriñó cuidadosamente, sin tragarse del todo mi mentira. Estaba segura de que iba a decirme algo más, así que decidí ser más rápida que él y adelantármele.
— Emma— llamé a mi amiga, que estaba sentada un poco alejada de mí pero que aún así era perfectamente capaz de escucharme—. No terminaste de contarme sobre todo lo que tu papá te compró en su viaje a Grecia.
Los ojos de Emma se iluminaron, y se notaba lo encantada que estaba por ser el centro de atención. Se pasó todo lo que restaba del banquete de bienvenida sin parar de hablar ni por un minuto.
Eso estuvo cerca.
Por fin pudimos retirarnos a nuestras respectivas salas comunes. Hugo y yo salimos juntos del Gran Comedor, no sin antes despedirnos de Lysander y prometer verle temprano en el desayuno al día siguiente. Mi primo pasó uno de sus brazos por mis hombros y los dos caminamos de ese modo directo a la sala común de los leones. No pude evitar notar como algunas chicas me veían con envidia
— ¿Segura que estas bien?— me preguntó Hugo con delicadeza. ¿De verdad tan mal estaba? Probablemente sí.
— No te preocupes, Guín. No es nada importante— le aseguré, intentado sonar lo más sincera posible.
Hugo suspiró pero asintió con la cabeza, antes de inclinarse hacia mí y darme un sonoro beso en la frente.
Cuando entramos por el retrato de La Señora Gorda casi pude contagiarme de la alegría que emanaba del lugar. Personas riendo, charlando, abrazándose. Incluso pude ver a Denise Longbottom reconciliándose con su amiga Emilie.
— ¡Eh, pelo de zanahoria!— gritó Rick Finnigan a Hugo y este se le tiró encima. Ambos comenzaron una de esas estúpidas peleas amistosas de muchachos. Emma, cerca de ellos, rió ruidosamente, intentando recuperar la atención de Rick.
Vi mi oportunidad de escapar.
Me escabullí sigilosamente a mi dormitorio y suspiré con alivio al comprobar que estaba vacío. Seguramente Riley estaba ocupada encargándose de algo que tuviese que ver con los prefectos— no sabía qué— y pondría mis manos al fuego a que Emma no subiría pronto.
Me cambié a mi pijama con parsimonia y me dejé caer pesadamente sobre la cama. No tenía ni media intención de desempacar nada más esa noche.
Y fue allí, en la soledad de la habitación, completamente rodeada de oscuridad, que las ganas de llorar volvieron a mí más fuertes que nunca, después de habérmelas estado aguantando durante casi todo el día.
Oh, no. Por favor.
No quería, de verdad que no quería llorar. No por Lorcan Scamander. No más.
No me podía permitirme llorar como una imbécil sólo porque el chico que quería no correspondía mis sentimientos. ¿Qué tan patético era eso?
Es decir, no creía que llorar por un chico fuese malo, todas lo hemos hecho en algún momento, ¿no? Primero porque nos molesta o tiran de nuestro cabello, y años más tarde porque dicen algo mal o no les gustamos como nosotras quisiésemos. Existen infinidad de posibilidades para que una chica llore por un chico, aunque suene tonto. Muchas chicas que conozco habían llorado por culpa de ellos: Riley, mi prima Victoire, mi tía Hermione y mi propia madre; por mucho que odiase admitirlo porque creía fervientemente que llorar te hacia débil.
Pero era diferente.
Riley había llorado por Hugo porque este se había comportado como un verdadero cretino con ella. Yo sabía lo mucho que ella lo había querido, y lo mucho que se había decepcionado cuando las cosas no funcionaron.
Y Victoire. Estoy segura de que darse cuenta de que te has enamorado de tu mejor amigo no es fácil, y menos si este tiene novia. ¿Cómo no llorar por eso? Por suerte ahora estaban juntos.
Creo que no hace falta aclarar por qué alguien lloraría por mi tío Ron. Era uno de los más buenos que conocía pero seguía teniendo tanta sensibilidad como una cucharilla de té. Mi tía seguro se las vio difíciles con él.
O mi madre, llorando porque mi padre tuvo que alejarse de ella para mantenerla a salvo, yéndose para poder cumplir con una misión casi suicida. Por chicos como ése sí que vale la pena llorar.
En cambio yo estaba a punto de llorar por un chico que hasta ahora me daba cuenta de lo poco que merecía mis lágrimas. Porque Lorcan jamás se fijaría en mí, y ya era hora de que lo fuese aceptando.
Una lágrima resbaló por una de las esquinas de mi ojo y fue avanzando por mi nariz hasta caer en mi almohada, oscureciendo justo el punto en donde había aterrizado. Jalé con brusquedad mis sabanas y me tapé hasta la coronilla de la cabeza.
Mi llanto no se detuvo, pero no permitiría que nadie lo viese.
Ya es suficiente, pensé, ya estoy harta de Lorcan Scamander. Y de una vez por todas me voy a olvidar de él.
Pero, claro está, decir algo es mucho más fácil que, en realidad, hacerlo.
¿Qué tal les pareció? Sean sinceros, por favor. Sé que tal vez he incluido muchos OC pero era necesario. En mi mente, Hugo y Lily son los menores de la familia, así que la mayoría de los primos ya no están en Hogwarts y tenía que llenar el espacio de alguna forma. ¿Pero qué es lo que opinan ustedes? Por ejemplo Emma. Ella es una de esas típicas chicas que adoran acaparar la atención de todo el mundo; creo que todos conocemos a alguien así y estoy disfrutando mucho escribir de ella. Y también de Denise (le hubiese puesto Alice, pero ya estaba muy usado y el nombre Denise me encanta), me divirtió mucho escribir sobre ella, en especial por su enamoramiento con Hugo y porque Lily se ve reflejada en ella XD
Oh, y ya hubo más Lys/Roxie *_*
Ya vieron cuál era la idiotez de Lorcan. Quién sabe si Lily logre perdonarle. O si, como dice, lo vaya a superar. Eso se sabrá en el próximo cap e.e
Como saben, a mí nadie me paga por hacer esto, lo hago por placer y por un mero pasatiempo. Aún así, siempre es bien recibido un review (PORFAAAA, PORFAAAAAAAA, PORFAAAAAAAAA). Recuerden que los comentarios me hacen feliz y si soy feliz escribo rápido. Sólo ténganlo en mente ;)
Besotes,
Pam.
