Bueno… esto… ¿hola? Ya sé que ha pasado mucho tiempo, y también que prometí en Victims of Love que iba a actualizar la semana pasada, pero prometo que tengo una excusa, jeje.

Fui al concierto de One Direction (bien presumida XDD) en el estado de México— yo vivo en otro estado de la república—, y asdfghjkl fue genial; grité mucho, al final terminé mucho más adelante de mi lugar original y estoy segura de que Liam Payne me saludó *_* Ya sé que muy probablemente esto no le interese a nadie, pero no me cano de decirlo XDD Pero en fin, como estuve varios días fuera de casa y no me llevé mi laptop, no tuve oportunidad de escribir para nada. Y bueno, casi inmediatamente después de regresar recibí la noticia de que un familiar enfermó, y falleció pocos días después, lo que nos afectó a todos en mi familia. No era un familiar tan directo, como un padre o hermano, pero aún así me entristeció su muerte.

Pero bueno, basta de cosas tristes.

Quiero agradecer todos los reviews, alerts y favoritos que ha recibido esta historia. Gracias a AgussArce, cieloabierto (ella es mi consentida y no lo niego XD), Katrina Dumbledore W, Basileya, LucyBlack, Lisa Black Malfoy, To0yiithaa-08 y Vanessa por sus hermosos comentarios :3

LucyBlack: muchas gracias por tu comentario, me alegra que te guste el fic. Prometo no decepcionarte ;) ¡Besos!

Vanessa: asdfghjklñsdfghjkl ¡¿cinco veces?! Mil gracias, linda. Un besote :*

Los comentarios con cuenta los contestaré más adelante, ya saben ;3

Por cierto, el cap pasado no lo mencioné— siempre se me olvida poner algo en las notas de autor XP—, pero díganme, ¿ya vieron el nuevo summary? ¿Les gustó? Les aviso que posiblemente vean ese dialogo el algún punto del fic ;)

Y bueno…

Disclaimer: nada es mío, por ahora…

Ahora sí, ¡a leer


Segunda estrella a la derecha y hasta que amanezca.

5. Cazador y presa.

D. "Desastroso".

Tragué saliva fuertemente y seguí con mis ojos clavados fijamente en el pequeño frasquito entre mis manos. Pero no importaba cuánto tiempo me mantuviese viéndolo, la nota no cambiaba. Y lo peor, era la tercera vez que recibía la misma calificación en las últimas dos semanas.

Estaba jodida.

El profesor nos mandó a retirar y todos mis compañeros le hicieron caso, menos yo.

— Lily, ¿no vienes? Tengo que hablar contigo de algo importante—me dijo Emma, colgándose el bolso al hombro y guiñándome un ojo. Negué con la cabeza y le dije que se adelantara, que yo le alcanzaría en un minuto. No pareció muy contenta ante mi negativa, pero salió sin decir más. Sabía que se había molestado conmigo, porque odiaba que no se le hiciese caso en el momento que lo deseaba, pero ya se le pasaría.

Lorcan pasó cerca de mí, riendo ruidosamente junto a un par de sus amigos. Agaché la cabeza para no tener siquiera que verle la cara, pero a esto no pareció afectarle en lo más mínimo. Sentí como mi corazón se rompía un poquito más. Ya casi no dolía, de verdad.

Estaba más que jodida.

En las poco más de dos semanas que llevaba en el colegio, no había dirigido ni media palabra a Lorcan Scamander. En realidad, lo había estado evitando por completo, esperando inútilmente que de ese modo podría olvidarme de él.

Ilusa.

Esperé a que el lugar se vaciase por completo antes de acercarme al escritorio donde el profesor Boot estaba sentado.

— Disculpe, profesor— le llamé cuando estuve frente a este, aclarándome la garganta con nerviosismo.

El hombre alzó la mirada de unos pergaminos que estaba leyendo y me miró, sorprendido.

— Sí, señorita Potter, ¿en qué puedo ayudarle?

Carraspee un poco y apreté el pequeño frasquito con esa dichosa D más fuertemente contra mi pecho.

— Esto… yo— comencé, mostrándole el pequeño frasquito que sostenía en mi mano—. Me preguntaba qué fue lo que hice para merecer esta nota.

El profesor Boot tomó el frasco de mis manos y lo examinó un poco antes de responderme.

— Bueno, señorita Potter, a simple vista, no aplastó bien el sopoforo, y aquí pueden verse algunos trozos aún. Además, agregó demasiadas raíces de valeriana— explicó, examinando la poción cuidadosamente—. Por lo que sé, su Filtro de Muertos en Vida no pondría a dormir a quien lo bebiese, sino en un coma indefinido.

Oh…

Me percaté de como la sangre se iba agolpando en mis mejillas y me sentí como la chica más tonta de todo Hogwarts.

— Bien... muchas gracias, señor. Ya no le quitaré más su tiempo— dije apresuradamente, tomando el frasquito del escritorio y guardándolo en mi bolso, dispuesta a salir de ahí de inmediato.

Pero no pude.

— Espere, señorita Potter— me detuvo el profesor, así que a regañadientes tuve que detenerme y le miré, interrogante—. De los dos años que llevo dándole clases, Potter, siempre lo había hecho bien; consiguió su TIMO de pociones. Es por eso que no me explico que esté teniendo tan insatisfactorios resultados este curso. ¿Alguna razón en particular?

Mis hermanos ya no están aquí para ayudarme, estoy presionada y frustrada desde hace meses, el chico que quiero desde niña me ha decepcionado…

— Mire, señorita Potter— continuó hablando el profesor, notando que yo no iba a hacerlo—, el año escolar apenas está iniciando, así que aún puede recuperarse, si se esfuerza lo suficiente. He estado pensando en ponerle un tutor, ¿qué le parecería eso?

Esta vez sí esperaba una respuesta.

— Estaría bien, señor.

— Perfecto. Estaré buscando a alguien, de preferencia que esté en este mismo salón— me dedicó una sonrisa amable y yo se la devolví, aunque débilmente—. Ya puede retirarse, señorita Potter.

— Se lo agradezco, profesor.

Y con esto, me fui, y no precisamente complacida. Porque, maldita sea, yo sólo quería que me dejase hacer la poción de nuevo.

No es que no hubiese pensado en un tutor antes, lo había hecho. Es sólo que se requería de una persona realmente paciente para explicarme pociones, no exagero cuando digo que era un completo desastre en esa materia. Por eso Albus era perfecto para el trabajo, y James— uno no lo creería, pero era sorprendentemente comprensivo y paciente—. Por eso Hugo no era una opción. Es decir, aunque no llevase pociones— sólo porque no quiso, ya que según él no iba a servirle de nada si quería trabajar en la Oficina de la Ley Mágica Internacional—, era lo suficientemente listo como para comprender y realizar la poción que se le pidiese, pero de las pocas veces que le había pedido ayuda, terminaba desesperándose y acusándome de no poder comprender ni la cosa más simple, y entonces yo me indignaba, y me iba, y no nos hablábamos durante el resto del día. Así que no, mi primo no era una opción, ni Roxanne, ni ninguno de mis amigos cercanos. Y simplemente no me agradaba la idea de un extraño dándome clases.

Suspiré. Calculaba que aún me quedaban unos quince minutos de descanso antes de la hora del almuerzo, que planeaba pasar en la Sala Común. Tal vez Emma me contase lo que tanto ansiaba decirme y yo fingiría que la escuchaba.

Era buena en eso. Fingir y pretender. Fingía que todo estaba bien siempre. Pretendía que era completamente feliz. Pero en el fondo era un desastre. ¿Eso me convertía en una falsa? Desgraciadamente, sí. Por lo menos con la mayoría de las personas. No lo era con Hugo, o Lysander, o mi prima Rose. Aún así, seguía ocultándoles cosas. Como lo de Lorcan. Lorcan… con él siempre he sido autentica.

Pastelillos de vainilla— pronuncié cuando estuve delante del retrató de la Señora Gorda. La mujer me miró con fastidio y torció los labios. Sabía que no le gustaba que le hiciesen abrirse más de lo necesario. Además, creo que yo no le agradaba mucho. Perfecto. Ella tampoco era mi retrato favorito en todo Hogwarts.

Entré y lo primero que me encontré fue con Hugo, sentado— o más bien desparramado— en uno de los sofás. Tenía cara de quererse echar una sienta. Me entraron ganas de unírmele y también dormir un rato.

— ¡SAL DE AQUÍ EN ESTE INSTANTE, SCAMANDER!

El grito, potente y rabioso, provocó que diese un brinco, sobresaltada. Se escucharon pisadas, que más bien se asemejaban a las de potros debocados. Entonces, divisé a Lysander bajando a toda velocidad las escaleras que daban al dormitorio de las chicas, siendo perseguido por una furiosa Roxanne.

— ¡No huyas, cobarde!— rugió Roxanne. Respiraba pesadamente, y juraría que vi humo saliendo de sus fosas nasales.

Lysander paró en seco y se dio la vuelta, encarando a mi prima con una sonrisa procaz en los labios.

— Yo jamás huiría de ti, corazón. Soy todo tuyo cuando lo desees— dijo, lenta y provocativamente.

Los oscuros ojos de Roxanne se abrieron como platos y la piel morena de sus mejillas se oscureció de repente, sonrojándose, aunque no me pareció que fuese precisamente de enojo. Luego frunció el seño y apretó los dientes, esta vez claramente molesta. No había notado el mullido almohadón que traía en las manos hasta que se lo lanzó a Lysander, enfurecida.

El Hufflepuff logró agacharse para esquivar el almohadón justo antes de que éste impactase contra él, pero un chico que pasaba por detrás de él, no. Roxie debió haber lanzado con demasiada fuerza, ya que el almohadón le dio al pobre chico directo en la cara y le hizo trastabillar.

— ¡Imbécil!— bramó Roxanne, abalanzándose contra Lysander, quien retomó su carrera al instante. Ambos salieron por el hueco del retrato y pude escuchar claramente a la Señora Gorda quejarse por ser molestada de nuevo, lo que secretamente me alegró. También pude escuchar un te amo en voz de Lysander y un jódete de parte de Roxanne. Y luego ya nada.

Me volví hacia Hugo, que miraba el lugar donde minutos antes habían estado nuestra prima y su mejor amigo con aburrimiento, casi indiferencia. Me dejé caer junto a él en el sofá.

— Vale, no sé cómo demonios logró Lysander entrar aquí pero sé que tú tuviste algo que ver— le solté, acusadora.

Hugo se abrazó a mí, apoyando su cabeza en mi hombro con pereza. Yo también me acurruqué contra él, era cómodo.

— Me pagó— susurró Hugo contra mi cabello. Se separó de mí un poco y colocó su cabeza sobre mi regazo, con el cuerpo a lo largo del sofá y las piernas sobresaliendo de éste.

— Cómo no— reí y comencé a pasar mis dedos por su cabello rojo intenso, tan parecido al mío—. A veces creo que el Sombrero Seleccionador debió haberte mandado a Slytherin.

— Tal vez esa era su intención— dijo el muchacho, acomodándose mejor sobre mis piernas—. Nunca lo sabrás

Continué acariciando el cabello de Hugo y él ya estaba comenzando a roncar. Yo también me estaba quedando dormida, con la cabeza apoyada en un cojín, pero no pude.

— Lily, aquí estas. Te dije que necesitamos hablar.

Emma.

Abrí los ojos con pesadez y solté un bostezo. Adiós a mi siesta.

Sonreí lo más amablemente que pude pero seguí con mis dedos acariciando el cabello de mi primo, dando a entender que no pensaba moverme.

— Claro. Soy toda oídos.

— A solas, digo— aclaró Emma, señalando a un semidormido Hugo, quien gimoteó en protesta pero terminó levantándose. Miró a mi amiga con rencor en sus adormilados ojos antes de girarse hacia mí.

— Tengo hambre, de todos modos. Iré a ver qué hay en el Gran Comedor— me dijo, besando mi frente y luego, poniéndose de pie con desgana, se alejó.

— Y bien, Em, ¿de qué quieres habar?— pregunté, sin demasiado interés pero dispuesta a escuchar lo que fuese que tuviese que decirme. Seguramente se tratase de algún nuevo chico que traía en la mira. Según sabía, Rick Finnigan había quedado en la historia.

No estaba tan equivocada.

Emma se sentó a mi lado, con las piernas cruzadas de forma muy femenina. Me sonrió con compacidad y fue ahí que supe que lo que lo que iba a decirme no me iba a gustar.

— De Lorcan Scamander.

En ese momento, mi cabeza era un remolino de pensamientos y sentimientos, ninguno agradable.

Emma McLaggen, mi amiga Emma, había puesto sus ojos en Lorcan Scamander, el chico que me gustaba desde hacía años. ¿Cómo se supone que debiese reaccionar? La verdad, no comprendía cómo no lo había visto venir antes. Era de esperarse. Lorcan era uno de los chicos más deseados del colegio, era cuestión de tiempo para que Emma se fijase en él. Es sólo que jamás se me había pasado por la cabeza. Tampoco es que creyese que Lorcan le fuese a hacer mucho caso a mi amiga; era demasiado superficial, demasiado menor.

Eso me hizo preguntarme cómo me veía Lorcan a mí. ¿Me vería así, como Emma? Nunca había sido la persona más abierta del mundo, así que tal vez pensase que no había mucho que ver.

— ¿Qué hay con él?— la voz me salió algo más aguda de lo normal, pero al menos logré que no me temblase.

— Bueno, tú eres cercana a él, ¿no?— continuó Emma, y su sonrisa se ensanchó.

— Soy cercana a su hermano— me apresuré a decirle, desesperada por escapar de esta situación. Pero no tenia caso, porque cuando Emma tenía un propósito en mente, no descansaba hasta conseguirlo, sin importarle a quién afectase por ello.

— Tonterías. Si ustedes dos crecieron juntos, seguro te considera algo así como su prima.

Mentira. Lorcan no me consideraba para nada. Y punto.

— Algo así— dije, ya sin fuerzas para soltar argumento alguno.

Los ojos de Emma brillaron. Conocía ese brillo, ya lo había visto innumerables veces. Sabía que no deparaba nada bueno, por lo menos no para mí.

— Entonces asumo que me lo puedes presentar.

Y ahí estaba.

Mierda.

— Esto, Emma, no sé— hablé, sin realmente saber qué responder. Pero tenía que haber una forma de salir de esto. No podía presentarlos, no quería hacerlo. Simplemente porque ya no deseaba tener nada que ver con Lorcan Scamander, no de nuevo.

— Oh, vamos, Lil— insistió Emma, haciendo un puchero de niña pequeña— Somos amigas. Hazlo por mí.

Conocía sus tácticas, y no sedería ante ellas. Claro que no.

…...

— ¿Sabes? Cuando llevas a una persona contra su voluntad a un lugar, se considera secuestro— solté con frustración, dando trompicones mientras era arrastrada por Emma a lo largo de un pasillo.

— Mira que eres exagerada, Lily— dijo Emma en un tono particularmente alegre y siguió avanzando conmigo a cuestas.

— ¡Tengo hambre!— exclamé, intentando resistirme a su agarre en mi muñeca. Para ser tan pequeña, mi amiga era condenadamente fuerte.

— Ya comerás luego, que esto es más importante— Emma rodó los ojos con fastidio.

— ¿Y que acaso no podemos ir primero a comer y luego con Lorcan?— pregunté. La castaña detuvo su marcha y me miró, frunciendo el ceño—. No, claro que no— me respondí a mí misma, suspirando.

Seguimos caminando, esta vez en silencio. Ya no me resistía ni protestaba más, era caso perdido. No poseía fuerza de voluntad y tendría que aprender a vivir con ello.

— Ya casi llegamos a la biblioteca— canturreó Emma, acelerando el paso, si es que era posible.

— Aun no comprendo cómo demonios sabes dónde está él— bufé, ahora trotando detrás de ella.

— Yo lo sé todo, amiga— contestó Emma, como si fuese lo más obvio.

La biblioteca estaba casi vacía cuando entramos. No era de extrañar, ya que todos estaban en el Gran Comedor. Yo debería estar con ellos.

Sin embargo, allí vi a Lorcan.

Se encontraba en una de las mesas del fondo, pasando las páginas de un grueso libro. A su lado estaba sentada Olivia Nott, una Slytherin de nuestro mismo curso.

Emma gruñó ante la presencia de la chica, pero realmente no tenía por qué sentirse intimidada. Recuerdo que Lysander me habló de Olivia una vez. Ella y Lorcan eran buenos amigos, solamente eso. Olivia era una de las pocas femeninas que no buscaba nada más en Lorcan, y al parecer era reciproco.

Lorcan tampoco buscaba nada en mí, pero él y yo ni siquiera éramos amigos, aunque alguna vez hubiese pensado otra cosa.

Sentí a Emma adelantarse a mí y caminar hacia la mesa en la que se encontraban los dos Slytherins. Lorcan posó sus ojos en mí.

Y eran oh tan azules e intensos que perdí el aliento. ¿Cuántas veces me había pasado eso por su culpa? Muchas, eso seguro. Seguí a Emma. Después me arrepentiría de esa decisión.

Emma fue la primera en actuar… y Lorcan aún no había apartado sus ojos de mí.

La castaña se aclaró la garganta, más escandalosamente de lo necesario, si me preguntan. Por suerte, la señora Pince no se apareció para regañarle. Merlín, esa mujer seguro intimidaba. Tal vez estuviese comiendo como todos los demás. Yo debería estar con ella.

Olivia Nott nos miraba como si fuésemos un par de turistas Muggles tomándole muchas fotos con flash. La miré más detenidamente. Era menuda y de piel pálida, con el cabello corto ondulado de color marrón y ojos claros. Me pareció mona.

Frunció el ceño— aunque sus cejas apenas se distingan por el flequillo que cubría su frente— y se acomodó mejor en su silla junto a Lorcan.

— ¿Y ustedes son…?

Emma me dio un codazo cerca de las costillas, incitándome a hablar. Pero no podía hacerlo, porque Lorcan seguía mirándome, a mí, y las palabras no me saldrían ni aunque tratase.

— Pelirroja, pero qué sorpresa.

Ése era Lorcan…

Sonreía— esa jodida sonrisa— hacia mí. Era la sonrisa burlona, la cínica; no la sincera, la que ya antes me había mostrado.

¿Y que se supone que debía responder? No tenía idea, así que un buen rato me quedé en silencio. Seguramente me veía como una estúpida, ahí parada sin decir nada y sólo viendo a Lorcan. Me abofeteé mentalmente y me obligué a reaccionar. Estaba allí con el único propósito de presentar a Emma con Lorcan. Lo haría y luego me largaría y dejaría que mi amiga hiciese lo que se le diese la gana hacer con Scamander. E iría a buscar a Hugo y Lysander, y ellos me harían reír y me distraerían, y todo mejoraría.

— Lorcan.

El aludido se relamió los labios y sonrió aun más.

— Dime, guapa.

Emma bufó, quedamente pero pude escucharlo. Seguro no le gustaba la idea de que yo estuviese recibiendo tanta atención por parte de Lorcan mientras que ella estaba siendo ignorada.

— Ésta es Emma— solté, señalando con un dedo a mi amiga. Lorcan dejó de mirarme por primera vez desde que ingresé a la biblioteca. De mirarme con esos ojos que parecían quererme comer viva. Pero yo sabía que sólo lo hacía para incomodarme. No es como si se sintiese atraído hacia mí, ni nada.

El Slytherin se puso de pie, tomando una de las manos de Emma y besando su dorso.

— Es un placer, encanto— dijo con galantería. Emma dejó escapar una risilla tonta, amando ser el centro de atención.

— Igualmente— respondió, agitando las pestañas.

Bueno, creo que ésa era la señal para que me marchase. Si me apuraba lo suficiente para llegar al Gran Comedor, tal vez aún alcanzaría el postre. Y mi siguiente clase la compartía con Hugo y Lysander, y estaba segura de que esos dos se harían los payasos y me harían reír hasta que la tripa me doliese. Y también estaría Riley. Me encantaba hablar con ella— a diferencia de Emma, con Riley podía, de hecho, participar activamente en una conversación—. Me contaría sobre los últimos cotilleos del día. Luego tendría una de sus peleas con Hugo, y sería bastante divertido.

Porque mi vida no giraba en torno a Lorcan Scamander. Podría sobrevivir sin él.

— Bien, creo que mejor me voy— anuncié, dándome media vuelta y caminando hacia la salida.

Una mano tomando mi muñeca me detuvo.

Era Lorcan. Sus ojos azules de nuevo posados en mí.

— Eh, pelirroja, no te vayas— pidió, con la voz tan suave que me hizo estremecer—. Hace mucho que no hablamos.

Sí, demasiado.

Pero no podía. Necesitaba irme, desaparecer, o no resistiría y caería de nuevo. O tal vez ya lo había hecho.

— De verdad, Lorcan, tengo que irme— dije, intentando soltarme de su agarre, que se sentía tan cálido en mi muñeca.

— ¿Por qué?— pregunto, sin dejarme ir.

¿Por qué? ¿Lorcan estaba jugando conmigo, acaso? Me ignoraba durante semanas y luego, de pronto, pretendía que tuviésemos una amigable charla como los viejos amigos que no éramos.

Sería imbécil.

— Tengo estudiar pociones— dije lo primero que se me vino a la mente—. No me ha estado yendo muy bien y el profesor Boot quiere buscarme un tutor. Y bueno, no suelo concentrarme muy bien en la biblioteca. Prefiero mi habitación.

Me merecía un aplauso. Esa mentira me había salido muy convincente. Quizá no fuese tan mala mentirosa después de todo.

Entonces, Lorcan sonrió con astucia. Sonrió como quien planea algo. No me gustó esa sonrisa.

— Oh, ya veo— dijo, por fin dejándome ir.

"Toda acción tiene una reacción", es de lo que habla la tercera ley de movimiento de Newton. Pues es bastante cierta, y no sólo se aplica en la física, sino en la vida del ser humano en general. Las decisiones que tomamos siempre derivan a un resultado, ya sea bueno o malo.

En mi caso, yo hablé, en el momento y lugar indebidos, sobre mi problema en pociones y mi necesidad de ayuda con la materia, lo que provocó que Lorcan Scamander se convirtiese en mi tutor. Y con el tiempo en algo más.


¿Y? ¿Qué les pareció? Sé que fue cortito, por lo menos para este fic, que es de capítulos algo más largos y eso.

También quiero disculparme por el cap pasado. Reconozco que no fue el mejor. Lo escribí muy rápido sólo por la urgencia de publicar, y tampoco pude manejar la introducción de tantos OC. Sólo quiero aclarar que este NO es un fic de OC; ellos solamente están aquí para ensalzar la historia. Puede que alguno sí tenga un poco de protagonismo, pero el fic sigue siendo de Lily, Lorcan, Hugo, Lysander y Roxanne, y más delante de Rose y compañía ;)

De hecho, el último OC que meteré es Olivia, la cual ni siquiera estaba planeada. Mi queridísima Basileya puede estarse haciendo una muy buena idea del papel que esta chica llevará :3

Como sea, espero que este capítulo haya estado mejor. Aquí podemos ver más de Lily y como está un poquito atormentada. Qué puedo decir, me encanta escribir drama adolecente, es divertidísimo XP

Como ya casi terminé VOL— ya sólo me falta el epílogo—, ahora puedo actualizar regularmente. Serán cada dos semanas como máximo, a menos que me surja algún contratiempo, pero ya les avisaré. Obviamente, mayor sea el número de reviews, menor será la espera.

Ya lo saben:

REVIEWS, REVIEWS, REVIEWS… PORFAAAA, PORFAAAAAAAA, PORFAAAAAAAAAAAAA…!

Besos,

Pam ñ.ñ