TENGO UNA EXCUSA.
Ok, una vez que tenemos este punto aclarado… hola XD
Sé que no tengo perdón, de verdad. ¿Prometo algo y luego no lo cumplo? Shame on me! Pero, si de algo sirve, no se imaginan lo caóticas que han sido estas últimas semanas, me surgió esta jodida estupidez llamada vida y no hubo nada que pudiese hacer al respecto lol.
En fin, lo siento mucho. ¿Saben? ¡Hace poco fue mi cumpleaños! Cumplí 18, así que ya puedo elegir presidente y me pueden vender alcohol y todas esas cosas chingonas que vienen con ser mayor de edad *_* Pero también puedo ir a la cárcel U_U
Primero que nada, agradezco a cieloabierto (hey there, consentida. ¿Te gustó la foto que te mandé?), Vanessa, AgussArce, Negrilu, ittah, smile, Luss, Isa Black y chiisitax por sus comentarios en el cap pasado. Besotes ensalivados para ustedes :*
Respondo los reviews sin cuenta.
Vanessa: Jajaja ¡no! Intento actualizar lo más posible, mi pobre excusa ya está ahí arriba XP asdfghj ¡Y a mí me encanta que te encante! ¿Eh? ¡No la odies! A mí me gusta mucho el personaje, creo que todos conocemos a una "Emma", ¿me equivoco? Hmm, pues eso se verá más adelante, mis labios están cerrados ;) ¡Mil gracias por leerme y comentar! Besotes ñ.ñ
smile: Awww, muchas gracias por tu comentario. Me da mucho gusto que lo estés disfrutando :3 Besotes!
Luss: Jajaja a mí también me encanta, más cuando actúa idiota. Sí, lo necesita, pero la pregunta es, ¿lo hará? Muchísimas gracias por comentar, un besote ñ.ñ
Isa Black: JAJAJA el drama adolecente es genial, menos cuando tú eres quien lo vive XD ¡Gracias por tu comentario! ¡Besos!
chiisitax: Exacto, tú sí me entiendes. Es que son taaaan asdfghjkl *-* Gracias por comentar y besos :3
Creo que ya les he contestado a todos los reviews con cuenta, pero, si no, avísenme, ¿vale?
Disclaimer: N-O-E-S-M-Í-O.
Y ahora sí, ¡a leer!
Segunda estrella a la derecha y hasta que amanezca.
6. No cambia nada.
Esto tenía que ser un chiste.
Y uno muy malo, he de decir.
Así es, alguien ahí arriba se estaba divirtiendo mucho a mi costa.
Maldita sea…
Tomé aire, aunque sabía que de nada me iba servir. La presión en mi pecho no iba a disminuir y la jodida situación en la que me encontraba no se iba a arreglar sólo con tomar aire. Y yo estaba hundida, hasta el fondo, y no veía forma de subir a la superficie.
Pero me estoy adelantando. Tal vez no comprendan ni un comino de lo que estoy hablando.
Todo inició esta misma mañana, en clase de pociones.
— Es que simplemente es guapísimo...
Intenté ignorar el comentario, como había estado intentando ignorar todo lo salido de la boca de Emma desde el inicio de la clase. Y déjenme aclarar que no era nada fácil. A estas alturas, estaba peligrosamente tentada a darme de cabezazos con el caldero que tenía frente a mí.
— ¿No crees que es guapísimo, Lily?
La pregunta de mi amiga me tomó por sorpresa; no porque no supiese a quién se refería, pero simplemente no quería tener que responderle porque, si tuviese que hacerlo con franqueza, diría que era el chico más guapo que había visto en la vida. Sin embargo, esa no era la respuesta que debía dar.
— No está mal— murmuré, vacilante. Eché un vistazo a la mesa en la que se encontraba Lorcan, charlando con un par de sus amigos. Su sonrisa era perfecta y brillante, un hoyuelo se le formaba en la mejilla derecha y el cabello rubio se le alborotaba en la nuca, mientras que en el frente se le levantaba un poco, consecuencia de estárselo echando para atrás contantemente.
Está muy alejado de mal, pensé, pero no podía decirlo.
Habían pasado solo un par de días desde nuestro encuentro en la biblioteca y en ese tiempo las cosas no habían cambiado para nada. Él me ignoraba y yo le ignoraba a él… oh, y Emma le coqueteaba a más no poder, mientras que él le seguía la corriente encantado.
De pronto, los ojos de Lorcan se posaron sobre mí, mirándome con mucha intensidad. Me congelé, intentando con todas mis fuerzas mirar hacia otra parte, pero antes de que pudiese hacerlo, él ya me había guiñado un ojo juguetonamente para inmediatamente después volver la vista hacia su caldero. Mi rostro comenzó a arder intensamente; tanto que no me sorprendería que en ese momento hubiese estado del mismo color que mi cabello.
Por Merlín, ¿qué acababa de pasar?
Miré a Emma para asegurarme de que no hubiese visto nada de lo ocurrido momentos antes. Lo que menos quería es que me armase una escena sobre cómo estaba mirando a su hombre. Por suerte, estaba muy ocupada pasándose notitas con la chica de atrás como para haber notado nada.
Esperé los últimos minutos de la clase con impaciencia y cuando al fin terminó ésta casi salto de mi asiento y me precipito hacia la salida. Hacia la libertad.
Pero no podía.
Caminé hacia el escritorio del profesor Boot, botecito en mano y aire abatido. Vaticinaba otro Desastroso en mi calificación futura. Mi poción era de un feo color verde moco, cuando se suponía que debería se amarillenta.
— Oh, señorita Potter— dijo el profesor Boot cuando llegué con él.
— Aquí tiene mi poción, profesor— se la entregué.
— Espere, señorita Potter, ¿le molestaría que hablemos un minuto?
Le respondí que no y me hice a un lado para que el resto de los alumnos entregasen sus trabajos. Supuse que lo que el señor Boot quería decirme era que ya me había encontrado un tutor. Grandioso, un desconocido dándome clases. Bueno… con suerte quizá no fuese tan desconocido.
En lo que esperaba se me ocurrió mirar hacia la puerta, donde los estudiantes ya se retiraban. Y ahí vi a Lorcan. El rubio me devolvió la mirada y me sonrió, una sonrisa con un significado que en ese momento no pude identificar, pero que me presentía no deparaba nada bueno.
Para mí.
Cuando el aula se quedó vacía, el profesor habló.
— Iré directo al punto, señorita Potter— comenzó el hombre, cruzando sus dedos sobre el escritorio—. Ya le he encontrado un tutor.
Sip, directo al punto. Pero aún me quedaba una duda.
— ¿Quién es, profesor?
— El señor Lorcan Sacamander.
Parpadeé. Lo sé, fue una reacción tonta, pero fue lo único que atiné a hacer. Eso y respirar, más pesadamente de lo usual, por cierto.
— ¿D-disculpe?— logré articular dificultosamente. Porque había escuchado mal, era lo más seguro. ¿Verdad? Le rogué a Merlín, al Dios Muggle, e incluso a la mismísima Morgana Le Fay que verdaderamente estuviese en un error.
— Lorcan Scamander— repitió el profesor, y quizá no llego a darse cuenta de la mirada asesina que le envié o simplemente la decidió ignorar—. Usted le conoce, ¿no es verdad, señorita Potter? Es su amigo.
— Soy amiga de su hermano— repuse inmediatamente. Por algún motivo, sentía la urgencia de dejar bien claro a todo el mundo que Lorcan Scamander no era mi amigo.
— Oh, sí… Lysander Scamander— el señor Boot se estremeció; Lysander tenía ese efecto en los profesores.
Intenté argumentar con el profesor, por supuesto, diciéndole me pusiera otro tutor, pero él me aseguró que Lorcan era excelente en pociones y que sería mi mejor opción para aprobar la materia. Y cuando me preguntó cuál era el problema con Lorcan siendo mi tutor decidí no insistir más. Porque explicarle al señor Boot toda mi situación con ese chico sería complicado e incómodo, y probablemente ni siquiera lo terminaría comprendiendo— los adultos no comprendían nada en general—. Así que decidí dar las gracias y me retiré, preguntándome si sería posible auto enviarse un Avada Kedavra.
Y bueno, esa es la historia. ¿Ahora me entienden? Era como una broma, ¿verdad? Una muy cruel.
Es decir, si hace un año me hubiesen dicho que iba a pasar por lo menos una hora al día con Lorcan Scamander, recibiendo todas las atenciones que quisiese por parte de él, hubiese gritado y saltado de pura alegría. Pero ahora, que por fin me había decidido a superarle, a dejarle ir… pasaba esto.
¿Por qué a mí?
Porque estoy maldita, fue la única explicación que se me pudo ocurrir.
Y, además, tenía otro problema. Necesitaba ponerme de acuerdo con él para las sesiones de tutoría, lo que significaba acercármele y hablarle. Y no podía. Y él no parecía tener intención de dar el primer paso. Porque, oh, sí, le estaba observando, ahí rodeado de serpientes, sentado en La Mesa del Enemigo, como la llamaba tío Ron.
De algún modo, sabía que Lorcan estaba consciente de que yo le observaba, y aun así no se inmutaba en lo más mínimo. Estaba jugando conmigo, aunque aún no estaba segura de a qué.
Y lo peor era que se lo estaba permitiendo.
Dirigí mi mirada a Lysander, quien se encontraba sentado con Hugo y conmigo en la mesa de Gryffindor. El rubio se llevaba un trozo de carne a la boca de manera poco decorosa mientras hablaba con Hugo, cuyos modales en la mesa no eran mejores a los de su amigo. Tenía la esperanza de que tal vez Lysander necesitase habar con su hermano de lo que sea, y entonces diría que le acompañaba, y no tendría que ir sola a la mesa de Slytherin. Es que yo jamás había estado a en aquella mesa. De verdad. Ni siquiera cuando Albus aún estaba en el colegio. Por lo regular él venía a la de Gryffindor. Rose sí iba, pero nunca yo. Era, por decirlo de algún modo, terreno desconocido para mí; lo que era tonto, ya que sólo se encontraba a unos cuantos metros de distancia.
Pero qué patético.
Y esperé, y esperé, pero Lys en ningún momento mostró signos de querer ir con Lorcan. Y me desesperé.
— Lysander— le llamé, con la voz pastosa.
— ¿Ah?— me miró—. Dime, Lils.
Sonreí.
— Sólo me preguntaba si no te gustaría ir a hablar con tu hermano— dije en tono falsamente dulce e intentando sonar lo más casual posible.
El muchacho parpadeó, confundido.
— ¿A Lor? ¿Para qué?
Para salvarme la vida.
— Bueno, a veces vas a visitarle a su mesa, ¿no?— apunté, apretando mis dedos alrededor del tenedor que sostenía.
Lyander soltó una risa, negando con la cabeza, y luego sonrió de lado.
— Ya, pero hoy no, cariño— dijo burlón. Hugo también se rió.
Y yo me cabreé.
Me puse de pie con brusquedad y miré a los dos chicos de forma reprobatoria, después solté un ruidito de indignación, me di media vuelta y me marché a paso firme. Sólo alcancé a escuchar a Lysander preguntarle a Hugo que qué demonios me pasaba antes de alejarme por completo.
Me dirigí a la mesa de Slytherin.
Por Merlín, ¿pero qué estaba haciendo? Miré por sobre mi hombro, con la esperanza de que alguien estuviese yendo a detenerme. Pero no, seguía avanzando. Cada vez me acercaba más y más.
En momentos como éste odiaba ser orgullosa. No era la más orgullosa de la familia— ese puesto Dominique se lo tenía bien ganado—, por supuesto. Aun así, bien podría haber regresado y explicado la situación a Lysander, y él muy seguramente hubiese excedido a acompañarme a hablar con Lorcan. En cambio estaba ahí, completamente sola, justo frente a la mesa de Slytherin.
¿Ya mencioné que estaba sola?
Tragué saliva con pesadez.
Las serpientes me mandaban miradas hostiles. Un grupo de chicas comenzó a reír, una risa ponzoñosa, típica de los de su casa.
— Vaya, vaya— canturreo una de las chicas con sorna—. La princesita de los leones en territorio de serpientes. ¿Andas perdida, Potter?
Ignoré su comentario olímpicamente y mantuve mi rostro inexpresivo, sabía que eso le molestaría más que cualquier replica que pudiese dar.
Estaba en lo correcto, ya que casi inmediatamente la misma Slytherin volvió a hablar.
— ¿Qué pasa, gatita, te comieron la lengua?— largó una carcajada y sus amigas se le unieron. Luego comenzaron a maullar.
Así es, comenzaron a maullarme. En ese punto ya estaba perdiendo la paciencia. Miré a Lorcan y descubrí que éste ya me estaba viendo a mí. Parecía… ¿preocupado? No estaba segura, aunque sí que se veía que estaba a punto de intervenir.
Pero se le adelantaron.
— Smith, las perras ladran, no maúllan.
Emma y Riley. Ambas se encontraban detrás de mí. Emma era quien había hablado, con los brazos cruzado y la mirada desafiante. Quise abrazarle en ese instante pero me contuve, primero tenía que hablar con Lorcan, y que mis amigas estuviesen allí conmigo me daba las fuerzas que necesitaba.
Caminé hacia el muchacho, pasando de largo al grupo de Slytherins, todas con narices y ceños fruncidos en claro signo de molestia. Contuve la risa.
— Lorcan— dije, y me alegré al notar que la voz no me había temblado ni un ápice. Era firme y alta, incluso fría.
— Lily— respondió Lorcan, sin apartar la mirada.
— Al parecer serás mi tutor de pociones— continué, manteniendo mi tono impasible.
Lorcan torció una sonrisa y se inclinó hacia delante en su asiento, acercándoseme lo más posible.
— Así es.
— Bien, entonces te veo esta tarde en la biblioteca, después de la última clase. No llegues tarde.
Y habiendo dicho esto, di media vuelta y me fui caminando. Escuché los pasos de Emma y Riley siguiéndome pero no me detuve. Un sentimiento placentero se extendió por mi pecho. La forma en la que le había hablado a Lorcan. Joder, jamás le había hablado así— pocas veces en mi vida le había hablado a alguien de esa forma—, pero me encantó. Fue directo, no le pregunté si le venía bien que nos reuniésemos en la biblioteca por la tarde; le había ordenado que me viese allí. Y estaba orgullosa.
Por primera vez, no era Lorcan quien tenía el control. Era yo.
— ¡¿Qué acaba de ocurrir?!— exclamó Riley, siguiéndome el paso a duras penas.
— ¿Lorcan es tu tutor?— se le unió Emma.
Me detuve en seco, dando media vuelta para encararlas. Me crucé de brazos y chasqueé la lengua, como si aquello no fuese la gran cosa. Y realmente no lo era.
— Ajá— bufé—. Pero no es para tanto. Necesito ayuda y el profesor Boot dijo que él me la puede dar. Así de simple.
— ¡Pero es Lorcan Scamander!— chilló Riley, haciendo aspavientos con las manos.
— No es la mejor persona de quien te puedas rodear— comentó Emma con sorna.
¿Qué acababa de decir?
— Disculpa— solté con incredulidad—. ¿Lo dice quien ha estado coqueteándole como loca durante los últimos días?
Emma soltó un bufido y rodó los ojos, como si tuviese que explicarme algo que, al parecer, era bastante obvio.
— Lily, se trata de mí. Yo le coqueteo a cualquier chico que sea medianamente guapo. Y Lorcan es un muñeco, por si no te has dado cuenta— explicó con calma—. Pero no es material para una relación seria, ¿sabes? No creo que le interese.
Eso me hizo pensar. Porque era verdad. No había signos que mostrasen que Lorcan tenía algún interés en tener algo serio con alguien, por lo menos no pronto. Pero yo sí. Cuando veía a Albus y a su novia, que habían estado juntos desde quinto curso, y lo en serio que iban, no podía evitar desear algo así. Y sabía muy bien que con Lorcan no podría tenerlo. Él no era material para ese tipo de relaciones. Personas como Lysander o Bryce Meyer lo eran, pero no Lorcan.
Otra razón para olvidarme de él, ¿no?
Pero en fin, esa es la historia de cómo Lorcan Scamander se convirtió en mi tutor
Lo que pasó después no merece ser relatado con tanto lujo de detalle, aunque si tuviese que describir en una palabra mi primera clase con el rubio, sería incómoda.
Verán, yo fui reacia a siquiera dirigirle la palabra, y él no hizo esfuerzo alguno por aligerar el ambiente. Estuvo pensativo durante toda la clase y apenas habló conmigo más que para lo que únicamente se refiriese a pociones. Hubo un punto en que incluso me pareció que se sentía culpable. ¿De qué? No tenía ni idea.
Así que me explicó lo que tenía que explicarme y cada quien se fue por su lado.
Mis calificaciones mejoraron considerablemente en los primeros días que recibí la ayuda de Lorcan. Pero nuestra actitud para con el otro no había cambiado en lo más mínimo. Debía reconocer que mucho de ello era por mi culpa: solía ser seca y fría cuando estaba con él. Mis sentimientos por Lorcan no habían cambiado ni un poco, pero, para él, la Lily dulce y tierna se había ido.
Porque quizá le tuviese que ver a diario, pero eso no me iba a detener para que le olvidase.
Simplemente mantente lo más distante posible, no te abras a él, me repetía una y otra vez.
Y seguía adelante.
Ese día era uno particularmente bueno. No había visto a Lorcan durante toda la mañana salvo en pociones, y me había sentado lo más alejada de él posible, me pasé la mayoría del día con Hugo y Lys y había estado de muy buen humor debido a ello. Ahora iba de camino a la biblioteca mientras me reía sola, recordando cómo Lysander había decidido que sería una buena y muy divertida idea subirse en una de las bancas de los corredores para ponerse a dirigir el tráfico de estudiantes, dando indicaciones falsas que sólo los niños de primero— y uno que otro de segundo— se creían. También recordaba la buena reprimenda que se llevó cuando la profesora McGonagall le descubrió, lo que me hacía reír aun más.
Ingresé a la biblioteca con la sonrisa aun en mi rostro. Lorcan ya se encontraba allí, sentado en una mesa cercana. Escribía algo en un pergamino con cara de concentración, así que ni siquiera notó cuando llegué.
— Hey— hablé, sentándome frente a él de forma descuidada.
— Hey— respondió, sin dirigirme la mirada—. Sólo deja que termine esta carta y comenzamos. No tardaré, ¿de acuerdo?
— Claro— dije, inclinándome hacia atrás en la silla y jugando distraídamente con mi corbata—. ¿Les escribes a tus padres?
Sé que había decidido no ser ni medianamente amigable con Lorcan, pero aquel día estaba de tan de buen humor que no lo pude evitar. Olvidarle no significaba cortar toda relación con él, pensé. Incluso podemos volver a ser amigos como lo fuimos en el verano.
— No… a mi novia.
Y entonces, todo pensamiento sobre arreglar las cosas con Lorcan y volver a ser amigos se fue al caño como toda la demás mierda que tenía que ver con él.
— Lorcan— le llamé, y mi voz volvió a ser seca e impersonal.
— ¿Qué?— contestó, sin alejar su vista del pergamino ni por un segundo.
— Acabo de recordar que Roxanne quería que nos reuniésemos hoy para practicar una nueva jugada— improvisé. Quería irme. Necesitaba irme.
Si no, no sé qué es lo que terminaría haciendo.
— El primer partido de quidditch será pronto, ¿verdad?— dijo, mirándome por primera vez a los ojos. Pero en ellos no había nada salvo indiferencia. Y me lastimó jodidamente mucho.
— Así es— dije con voz seca—. Espero que no te moleste.
— No me molesta para nada— me respondió—. Nos vemos mañana.
Y, sin más, regresó a su mandita carta.
Yo me puse de pie y me alejé de allí lo más rápido que pude.
Apretaba con fuerza los dientes y mis manos estaban hechas un puño, con las uñas clavándose en mis palmas dolorosamente.
Era una estúpida.
De nuevo, la culpa era sólo mía. Porque yo, y solamente yo, me lastimaba a mí misma. No Lorcan, ni nadie más. Me dolía que él se estuviese mandando cartas con Ella Zabini, su novia. ¿Por qué? Porque, como ya dije, era bastante estúpida.
¿Así iba a ser siempre? ¿Cada vez que Lorcan mencionase a alguna chica, que estuviese con alguna, yo me iba a poner así? ¿Iba a tener la urgencia de alejarme porque si no iba a terminar gritándole— rogándole— que me explicase por qué no podía fijarse en mi, por qué no podía quererme?
Maldita sea, no.
— ¡Lily!
Me detuve cuando escuché mi nombre, casi me tropiezo por ir caminando demasiado rápido. Me estabilicé y solté un bufido, buscando con la mirada a quien me había llamado.
Un muchacho castaño y alto corría hacia mí. En cuanto le identifiqué consideré seriamente darme la media vuelta, fingir como que no le había escuchado y seguir con mi camino, pero sería muy obvio. Además, que estuviese tan molesta no significaba que fuese a ser grosera, ¿verdad?
— Bryce, hola— le saludé cuando me hubo alcanzado, apañándomelas para componer una sonrisa más o menos amigable.
El Gryffindor me dedicó una de sus encantadoras sonrisas, con los ojos brillándole de forma igualmente encantadora.
Todo era encantadoramente horrible… y que a mí me parta un rayo.
— Hola a ti, Lil— rió Bryce, rascándose la nuca con nerviosismo—. ¿Cómo va todo?
— Va bien— terrible—. ¿Y tú qué tal?— no me interesa.
— Oh, yo estoy bien— respondió animadamente—. Algo adolorido por la práctica de ayer. Roxanne exageró un poco, ¿no crees?
Pienso que no es necesario aclarar que lo que le había dicho a Lorcan fue una mentira— cada vez se me daba mejor y mejor eso de mentir—. El entrenamiento de quidditch había tenido lugar ayer, precisamente después de mi clase con el rubio.
— Algo— dije. Bryce era nuevo en el equipo, aun no conocía lo exigente que podía llegar a ser Roxanne Weasley.
Pero eso carecía de importancia; lo único que quería era largarme de allí.
— Bien, me dio gusto saludarte, Bryce. Nos vemos— me despedí, preparada para irme, pero el chico me tomó de la muñeca, impidiéndomelo.
— Espera— pidió, para después soltarme. Soltó una risa nerviosa y pude notar como un sonrojo leve cubría sus mejillas—. Esto…— balbuceó—. Pues, sabes que la primera salida a Hogsmeade será en un par de días, y yo me preguntaba… ¿irías conmigo?
Y quizá fue que estaba dolida, decepcionada por Lorcan. Quizá fue un intento desesperado por olvidarle de una vez por todas. O simplemente que quería que Bryce me dejase en paz.
Pero dije que sí.
Y eso fue todo. ¿Qué les pareció? Iba a ser más largo, pero entonces tardaría más y ya les había hecho esperar suficiente. ¿Qué opinan de la nueva actitud de Lily? No miento, es divertidísimo escribir de ella y su dramatismo XDDDD ¿Y Lorcan? Sé que en este momento no entienden de qué coño va este chico, pero en el próximo capítulo sus dudas se aclararán— un poco XD—. De hecho, en el futuro planeo hacer algún cap desde el PDV de Lor, ¿qué piensan?
Por cierto, les aviso que pronto regresaré a clases (D'=), pero voy a intentar subir dos capítulos más antes de que eso suceda. Ya no prometo nada porque ya ven lo que pasa, pero haré lo mejor que pueda :3
Sólo me queda una cosa:
REVIEWS, REVIEWS, REVIEWS, REVIEWS… PORFAAAAA, PORFAAAAAAAAAA, PORFAAAAAAAAAAAAAAAAA…! SE LOS SUPLICO! *cae de rodillas*
Besos,
Pam ñ.ñ
