6,133 palabras. Eso. ¡Así de largo me ha quedado este capítulo! OH. POR. DIOS. ASDFGHJKLASD!
Bueno, ahora sí, hola XP
Ya sé que ha sido micho tiempo desde la última vez que actualicé. Pero hombre, vean con el súper capítulo con el que les vengo. ¿No se me persona por eso? Además, la escuela ha sido una verdadera tortura. Maldito sea quinto semestre, voy a morir de un ataque de estrés, se los digo T_T
Y tomen en cuenta que les estoy publicando esto el 15 de septiembre, que es el día de la independencia mexicana, y en lugar de estar de fiesta y celebrando me tienen aquí, eh! (mentira, no salí porque tengo la espalda de una anciana de 70 años y prefiero quedarme a descansar a que me duela más lol).
En fin, a los reviews :p
Gracias a Lisa Black Malfoy, AgussArce, paochiss64, Isa Black, skullcakebones, chiisitax, Basileya y Vanessa. Y un agradecimiento especial a Nozomi Black porque me dejó comentario en TODOS los caps, mil gracias linda :3
A los comentarios sin cuenta:
Isa Black: adghjkl si te imaginabas de que iba Lorcan? Muchísimas gracias por comentar ñ.ñ
Vanessa (Guest): Lamento la tardanza, de verdad U_U Jajaja bueno, puede que sea por eso, o que lo hayan picado los Nargles XD Te lo digo, no juzgues tan rápido a Emma, toma en cuenta que Lily tampoco es perfecta ;) Gracias por la felicitación! Lo más seguro es que sí haga el PDV de Lorcan en este fic, es necesario para explicar algunas cosas. Muchísimas gracias por comentar, besos :*
Los demás comens los contestaré mañana o en la semana, ¿vale?
Bueno, ya saben que nada de esto es mío, sino de nuestra reina, J. K. Rowling. ¿Ya supieron que sacará otra película con Warner? ¡Y de Newt Scamander, el bisabuelo de Lys y Lor! *_*
Ok, ya, los dejo para que lean este megahipergrande cap sdfghj!
Segunda estrella a la derecha y hasta que amanezca.
7. La verdad más dura.
¿Alguna vez se han encontrado en una situación problemática, de la que quieren salir desesperadamente, pero no pueden? Las manos te sudan, sientes una presión asfixiante en el pecho, te pones bien alerta, sopesando maneras de escapar, y, claro está, no puedes evitar despreciar profundamente a la persona— porque admitámoslo, por lo regular se trata de una persona— que te colocó en aquel apuro.
En mi caso, todo mi enojo iba dirigido a nada menos que Hugo, sentado a mi lado en la biblioteca, hablando con tanta despreocupación que me daban ganas de darle un golpe.
Que se largue antes de que llegue Lorcan, me decía una y otra vez en mi mente. Pero daba igual cuántas veces me repitiese aquel mantra, no daba ningún resultado.
— Aunque, te lo repito, no creo que sea tan genial como dicen. Los slytherins sólo están alardeando, como siempre— me dijo—. ¿Tú qué crees?
Dejé escapar un bufido despectivo, sin molestarme siquiera en disimular lo molesta que estaba.
— Que no importa lo bueno que resulte ser, no podrá conmigo— le respondí, tajante.
Y era cierto. No era del tipo de persona que iba por ahí vanagloriándose de sus habilidades; pero, cuando se trataba de quidditch, poseía un talento innato innegable. No iba a permitir que ese nuevo buscador— cuya identidad las serpientes se habían ocupado tanto en mantener oculta— se acercase a menos de un metro de la snitch mientras yo fuese la buscadora contraria.
Una media sonrisa confiada se fue formando en mis labios. Sólo había una persona— además de mis padres, claro— que lograba vencerme cuando se trataba de atrapar aquella escurridiza pelota dorada: mi hermano mayor, Albus.
Y Albus ya no estaba en el colegio.
El partido se llevaría a cabo al día siguiente, y yo estaba muy confiada sobre cuáles serían los resultados de éste.
Hugo sonrió también.
— ¡Pues claro!— concordó con alegría—. No existe nadie en Hogwarts capaz de vencer a la flecha roja.
Ese comentario logró sacarme una risita. No sabía quién había sido el que me puso aquel mote pero todos decían que, cuando iba volando a toda velocidad, con mi cabello rojo ondeando tras de mí, me quedaba de las mil maravillas.
— Eso es a lo que me refiero— reí, estirándome para coger un libro al otro lado de la mesa.
Por un momento incluso me olvidé de por qué estaba tan cabreada con mi primo en primer lugar.
Hasta ese momento.
— Pelirroja.
Escuchar esa voz me dejó completamente helada. El libro que sostenía resbaló de entre mis dedos y aterrizó en la superficie de madera con un golpe seco.
— Lorcan— dijo Hugo, sorprendido—. ¿Qué haces aquí?
— Bueno, es una biblioteca— comenzó el rubio, encogiéndose de hombros—. Según sé las personas vienen aquí para leer— continuó con sarcasmo, dejándose caer descuidadamente en la silla frente a mí. Me miró, esbozando una media sonrisa llena de burla—. Pero yo vine porque soy el tutor de Lily.
En ese momento, y más que nunca, pude convencerme de que Lorcan Scamander era un total y completo cretino.
Porque él sabía que yo no quería que eso se supiese. No quería que nadie se enterase que Lorcan era mi tutor. Por supuesto, lo sabían el profesor Boot, y Emma y Riley, pero ninguno diría nada; era obvio que mi profesor no comentaría al respecto siempre y cuando mis calificaciones en su materia siguiesen tan bien como hasta el momento, había hecho prometer a Riley que no diría ni una palabra a nadie sobre el asunto y Emma… bueno, luego de un tiempo, y como era de esperarse, había perdido el interés en Lorcan y, por ende, en todo lo que se relacionase con él— así era Emma, se olvidaba de las cosas más rápido que cualquiera; por eso a veces deseaba poder ser un poco más como ella—. Sin embargo, la cosa cambiaba cuando quienes lo sabían eran mis familiares— o derivados—, porque entonces todo se hacía más real…
Verán, había inventado una especie de plan, estúpido o no, para poder lidiar con el hecho de tener que pasar una hora a solas con Lorcan cinco veces a la semana: fingía que todo ocurría en mi mente. Así era mucho más fácil. Muy pocas personas sabían lo que en realidad pasaba, y ninguna lo traía a colación, por lo que pretendía que esas horas que pasaba en compañía del rubio eran sólo una ilusión y eso hacía que me fuese mucho más sencillo poder olvidarle. Después de todo, la mayoría de las cosas que ocurren en tu cabeza no son verdad.
Pero ahora Hugo también lo sabía y todos mis esfuerzos se habían ido a la mierda. Seguramente le diría a toda la familia— de nuevo, incluyendo a la extendida— sobre quién era mi tutor. Entonces ya no podría ni siquiera pretender que no existía relación alguna entre Lorcan y yo.
Caray, en ese momento odiaba a mi primo.
Vale… eso era una mentira. Era Guín, y aunque quisiese, jamás podría odiarle.
Lo peor es que, de igual forma, no lograba odiar a Lorcan. Era todo lo contrario. Por lo que a la única que podía culpar de todo ese lío, era a mí.
— ¿Tutor? ¿De qué?— preguntó Hugo, con la confusión pintándole el rostro.
— Pociones— le contestó Lorcan, estirándome el libro que minutos antes había dejado caer contra la mesa con desinterés y sin mirarme siquiera.
¿Por qué nunca me miraba?
Una carcajada, en mi opinión demasiado alta para una biblioteca, escapó de los labios del pelirrojo.
— ¿En serio? ¡Maldita sea, hombre, debes estar pasándolo mal! No sé cómo te las ingenias para lograr que se le pegue algo, es así de lenta.
Bueno, a lo mejor no fuese tan difícil odiar a Hugo. O por lo menos tenerle un gran resentimiento.
— ¡Eh!— proferí, dándole un buen par de librazos en el brazo por estúpido.
— ¡Joder, Lily!— chilló Hugo, sobándose el lugar donde le había golpeado con expresión adolorida.
— Joder contigo— mascullé, bastante enojada.
Entonces, intervino Lorcan.
— Lily es muy lista, Hugo.
Ahora, eso me sorprendió. Lo dijo con un tono de voz tan sincero, incluso con un cierto deje de molestia hacia mi primo, que sentí como las mejillas me ardían intensamente, mientras que mi corazón comenzaba a bombear sangre a una velocidad vertiginosa. Le miré, con los ojos bien abiertos, pero él ni siquiera se inmutó. Su rostro estaba tan serio, como si lo hubiese dicho completamente de verdad.
Un sentimiento cálido se instaló en mi pecho. Y dadas las circunstancias, aquello no era bueno.
Al parecer, Lorcan comenzó a incomodarse por la mirada intensa que le estaba dando, ya que apartó sus ojos de los míos y se aclaró la garganta. También, por un momento, pude jurar haber notado un ligero sonrojo en su rostro, aunque no estaba segura de ello.
— Y tú, Hugo, ¿qué haces aquí?— preguntó, y de nuevo evitó por completo mirarme. A estas alturas, ya debería estar acostumbrada.
— Es que iré con Lily a Hogsmeade— respondió el aludido con una sonrisa confiada, desparramándose más sobre la silla y cruzando sus brazos detrás de su nuca con despreocupación—. Sólo la espero.
Solté un suspiro exasperado, mirando a mi primo con reproche.
— Por última vez, Hugo, tengo una cita— le espeté—. Y tú no puedes venir con nosotros. Búscate a alguien más.
— Pero Lily— rezongó Hugo, con un puchero infantil en los labios—, no puedo estar con Lysander; se la pasará persiguiendo a Roxanne por doquier, y no planeo desperdiciar mi tarde en eso. Además, Meyer es un idiota, te haré un favor si no te dejo a solas con él.
— Bryce es un chico muy amable. Me la voy a pasar estupendo con él— argumenté, intentando convencerme más a mí misma que al pelirrojo a mi lado.
Pero era verdad, Bryce era un muchacho encantador y se merecía una oportunidad de mi parte. Él no tenía por qué pagar por los caprichos de alguien como Lorcan Scamander, ni tampoco yo.
— ¿Saldrás con Bryce Meyer?— nos interrumpió la voz de Lorcan. Tanto Hugo como yo nos volvimos hacia él. Tenía el ceño fruncido, cómo si algo le estuviese molestando, mientras me miraba con ojos llenos de reproche.
No me lo podía creer. Si no le conociese mejor hubiese pensado que estaba celoso. Pero se trataba de Lorcan. Y se trataba de mí. Por supuesto que no lo estaba.
— Así es— afirmé en tono defensivo, agudizando la mirada para no perderme ni una sola de las reacciones en su rostro.
Lorcan me dedicó una sonrisa mordaz antes de contestar, con la voz llena de veneno.
— Vaya, el tipo sí que es un imbécil.
¿Pero cómo se atrevía?
— ¡Já!— le solté, desdeñosa—. Pues Bryce resulta ser bastante decente, si se le compara con las chicas con las que tú sales.
Ante mi contestación, su ceño se frunció a un más. Noté como se le formaban arrugas en el puente de la nariz, lo que me pareció lindo.
Pero eso no era lo importante ahora.
— Con quién me lie o no, no es asunto tuyo—dijo con dureza.
— Lo mismo va para ti— le respondí de la misma forma.
— Pues bien.
— Genial.
— Perfecto.
Ambos, en ese punto, echábamos chispas por los ojos. Muy pocas veces alguien lograba que sacase a relucir el carácter Weasley que tan bien guardado me tenía, pero ese caradura de Scamander lo conseguía con bastante facilidad.
Hugo nos veía como si estuviese presenciando un partido de tenis particularmente interesante. Sus obres castañas brillaban con sospecha, lo que no me gustó para nada, y antes de que llegase a una conclusión sobre mí— que tuviese que ver con Lorcan— a la cual definitivamente no deseaba, hablé de nuevo.
— Tengo que reunirme con Bryce en media hora— anuncié, echando un vistazo al reloj de muñeca del pelirrojo, revisándolo—. ¿Podríamos empezar la lección ya, Lorcan?
No me respondió. Sólo se me acercó, me arrebató— así es, arrebató— el libro que sostenía en las manos, que él mismo me había entregado minutos antes, y lo abrió de golpe.
Logré controlarme, y le ignoré.
— Entonces giré súper rápido hacia la derecha, y así fue como pude anotar por quinta vez consecutiva— por fin terminó con su relato Bryce, después de casi media hora sin parar de hablar ni un segundo.
Nos encontrábamos dentro de las Tres Escobas, en una de las mesas pegadas a la ventana, donde se podía observar a la gente pasar de aquí para allá mientras realizaban sus compras. Dos jarras medio llenas de cerveza de mantequilla a nuestra disposición.
— Eso es impresionante— dije, soltando una de esas risitas huecas que Emma me había estado haciendo practicar para antes de venir.
Creo que no hace falta decir que no estaba ni por asomo impresionada. Provenía de una familia de más que excelentes jugadores de quidditch. Mis hermanos, padres, tíos e incluso mi abuelo habían hecho historia en el deporte durante su pasada por Hogwarts. Mi madre fue jugadora profesional hasta que quedó embarazada de James. Había presenciado jugadas mucho más asombrosas en el jardín de la Madriguera que la que Bryce me acababa de contar. Además, estaba segura de que estaba exagerando; ya le había visto jugar y no era tan bueno, lo suficiente para convencer a Roxanne de tenerle en el equipo. Eso y que todos los demás que se presentaron para el puesto de cazador lo habían hecho fatal.
Pero era un muchacho extremadamente agradable, apuesto y yo le gustaba muchísimo, así que tendría que hacer un esfuerzo. Le sonreí, lo más amable, y coqueta, que pude. Él se rió y le dio un tragó largo a su cerveza, terminándosela toda. Noté que, sobre los labios, le había quedado manchado un bigote de espuma.
Lo siguiente lo hice por inercia, sin pensar. Tomé una servilleta de papel y me incliné hacía él, limpiándole el rostro con delicadeza. Entonces nos quedamos mirando por un rato largo. Dejé caer la servilleta y moví mi mano hasta su mejilla, acariciándosela suavemente. No pude evitar recordar. Recordé cuando Bryce me dio mi primer beso, hace ya casi un año. Fue en la Sala Común, una noche en la que estaba particularmente deprimida debido a Lorcan y la nueva chica con la que estaba saliendo. Bryce se sentó junto a mí en uno de los sofás e intentó iniciar conversación, pero yo estaba demasiado afectada para responderle algo, así que terminó confesándome, de golpe, que yo le gustaba mucho, que incluso me quería, y antes de que pudiese responderle algo, ya me estaba besando. Fue corto, apenas unos cuantos segundos que ni siquiera le pude— ni quise— responder. Cuando nos separamos debí de haber tenido una expresión bastante fea, porque se alejó corriendo.
Vaya gryffindor.
Ambos fingimos que aquel incidente jamás pasó y nunca volvimos a mencionarlo, cosa que agradecí profundamente de su parte. Sin embargo, desde ese día Bryce estuvo más decidido que nunca a hacer que le correspondiese sus sentimientos; me enviaba cartas, flores y me invitaba a salir siempre que podía. Yo declinaba sus invitaciones de la manera más cortés posible. Y lo odiaba, porque sabía lo que se sentía no ser correspondido. Pero sabía, además, muy bien que haber aceptado salir con él, en primer lugar, había sido un error.
Y ahora estaba cometiendo exactamente el mismo error. La diferencia radicaba en que en ese momento estaba más que decidía a que dejase de serlo.
Me acerqué un poco más y él me imitó. Estábamos muy cerca, tanto que podría contar cada peca en su rostro y hasta notaba lo largas que en realidad eran sus pestañas. Levantó una de sus manos y tomó mi barbilla con ella, dispuesto a acercarme lo que faltaba hacia sí. Cerré los ojos, sabiendo lo que se venía. Estaba preparada para ello. Este sería un enorme paso para sacarme de la cabeza a Lorcan Scamander de una buena vez.
Un grupo de personas malditamente escandalosas entró en el local segundos antes de que nuestros labios se juntasen, jodiendo el momento.
Les miré con sorpresa.
Eran Lysander, Hugo, Olivia Nott y Lorcan. ¿Qué diantres hacían aquí, y juntos?
Lorcan escaneó el local al completo con sus ojos azules, sólo deteniéndose cuando se encontró conmigo. Bryce aún estaba muy cerca de mí, sosteniendo mi rostro mientras yo hacía lo mismo con suyo. Lorcan se percató de esto y su ceño se frunció de esa forma que antes me había parecido mona, pero que ahora se me antojaba terriblemente molesta. Caminó hacia nuestra mesa a grandes zancadas, no sin antes tomar de la muñeca a Olivia y arrastrarla consigo. Hugo, por algún motivo, no perdió el tiempo y les siguió, y, como al parecer esos dos iban por paquete, Lysander también.
Me alejé de Bryce, casi como si me quemase. Luego me arrepentí de ello y me dije que debí haberle besado en lugar de apartármele.
El rubio no tardó en llegar hacia nosotros, y, con total desvergüenza, cogió una de las sillas de una mesa cercana, sentándose justo en medio de mi cita y yo. Olivia se encontraba olvidada detrás de él, tenía una cara de estupefacción que suponía se asemejaba mucho a la mía.
— Hola— saludó, el muy descarado.
— ¿Qué haces aquí?— articulé, totalmente perpleja.
Lorcan se lo pensó un momento, y estaba segura que estaba muy consciente de que aquello solamente estaba haciéndome enfurecer aún más. Sonrió, cínico como sólo él.
— ¿Aquí? ¿En las Tres Escobas?— dijo con evidente sorna, mirándome tan fijamente que si no hubiese estado tan cabreada habría llegado a cohibirme—. No sé, planeo tomarme una de esas— señaló mi jarra de cerveza sin terminar—, que antoja.
— No te vengas con juegos conmigo— escupí, apretando los dientes tan fuerte que chirrearon—. Quiero saber qué demonios haces aquí.
Mi comentario mordaz no pareció afectarle ni mínimamente. Su sonrisa se ensanchó aun más y me entraron unas ganas enormes de quitársela con mis puños.
— Vale, vale— contestó, con toda la desfachatez del mundo—. Como ya sabía de tu cita con este buen muchachote de aquí— le dio unas palmadas en el hombro a Bryce, que pretendieron ser amigables pero que simplemente quedaron como hostiles— pues sencillamente no quería perderme nada de los acontecimientos. Por suerte llegué a tiempo para no perderme del Mágico Beso— esto último lo dijo con más veneno en la voz de lo normal.
Me había dejado sin palabras.
Olivia Nott me mandaba una mirada de disculpa desde detrás de Lorcan. Yo sólo negué con la cabeza, casi con amargura. Porque sí, al parecer cuando se trataba de Lorcan Scamander, siempre saldría perdiendo.
Bryce tenía la cabeza gacha y apretaba los puños con demasiada fuerza. Me hizo sentir jodidamente mal.
— Entonces…— habló Hugo después de algunos minutos en los que todos nos hundimos en un incomodo silencio. Se había sentado a un costado de Lorcan, lo que hacía que la distancia entre Bryce y yo se hiciese más grande de lo que ya de por si se sentía. Lysander se había posicionado encima de la mesa cercana y Olivia no se había movido ni un ápice desde que llegó—. Nott, ¿me lo dirás ahora?
La slytherin hizo una mueca de fastidio, soltando un bufido de molestia.
— Ya sabía que eras tarado, Weasley, pero nunca creí que tanto— le respondió con rotundidad.
— Oh, vamos— insistió el pelirrojo.
— No.
— Pero…
— Ya te dije que no.
Miré a Lysander, en busca de respuestas. Éste se encogió de hombros, divertido.
— Pasa que no quiere decirle quién será el buscador de Slytherin en el partido de mañana.
Ya. Seguía con eso.
— Pero si sólo se está haciendo la difícil— alegó Hugo—. Aunque debo admitir que me gusta— se dirigió a Olivia, dedicándole una de sus mejores sonrisas torcidas—. Si sigues así incluso puede que te invite a salir un día de estos.
— Y si tú sigues así, Weasley— le respondió ella, con saña—, puede que yo te dé una patada en las bolas.
Si mi primo no hubiese tenido la mandíbula pegada al resto de su cara, esta habría azotado contra el suelo. Casi de inmediato, Lysander se echó a reír; sus carcajadas se alargaron bastante, mientras se sostenía el vientre con los brazos. Hasta llegué a preocuparme de que se pudiese llegar a ahogar si no se detenía pronto.
— Caray, ¡al Gran Hugo Weasley lo ha bateado una chica!— exclamó, aún desternillándose de la risa, medio recostado sobre la mesa y con lágrimas en los ojos—. Creo que ahora entiendes lo que siento con Roxanne, ¿eh?
Hugo puso una expresión que sólo los Weasleys más orgullosos ponen cuando tal orgullo, en cuestión, ha sido herido. O sea, de indignación total, acompañado de un color rojo muy feo sobre el cuello y las orejas.
— Como si yo estuviese realmente interesado en una culebra como ella— espetó con desprecio.
En un parpadear, Olivia estaba frente al pelirrojo. Le había dado la vuelta a su silla con una fuerza que, dado lo pequeña que se veía, jamás imaginé que poseyese.
— Escúchame muy bien, Weasley— amenazó la muchacha con voz fría y dura como el hielo, ojos igualmente intimidantes clavados en él—. Aquí la única que ni en un millón de años se fijaría en un pedazo de escoria engreída como tú, soy yo.
Acto seguido, salió del local con paso tan decidido que era digno de admirar.
Aquello, claramente, le calló la boca a Hugo. El pelirrojo la seguía con una mirada incrédula en los ojos, y algo más que no alcancé a identificar.
Casi inmediatamente, Bryce se puso de pie, se despidió de mí secamente, diciendo que hablaríamos luego, y también se marchó.
En ese momento, no pude evitar maldecir a Lorcan, Hugo, Lysander y al universo entero por mi mala suerte.
Salí disparada como una bala sobre mi escoba, mi trenza rojiza agitándose detrás de mí. Llegué al centro del campo de juego, mientras los demás jugadores volaban a mí alrededor, golpeando bludgers o arrebatándose la quaffle. Mis ojos escrutaron con minuciosidad los alrededores, en busca de algún destello dorado que captase mi atención. Nada.
Entonces, Lorcan Scamander se atravesó en mi campo de visión, flotando en su escoba.
Así es, Lorcan era el nuevo buscador de Slytherin, su secreto mejor guardado.
— Bien, ya casi es hora— anunció Roxanne. Todos los del equipo nos encontrábamos en los vestidores escuchando las últimas instrucciones de nuestra capitana, uniformes y protección ya puestos, escobas en mano—. Meyer, Lewis, si ven que esa chica Nott toma la quaffle, quiero que se la arrebaten lo antes posible, a cualquier costo. No permitan que se acerque a nuestros aros, es demasiado arriesgado— indicó a los dos muchachos, cazadores al igual que ella.
Hugo la miró, indignado.
— Oye, soy el guardián, sabes. ¿Qué te hace creer que le voy a permitir anotar algo?
Roxanne le devolvió la mirada con una expresión el blanco.
— Como les decía, a cualquier costo— volvió a dirigirse a sus cazadores.
Solté una risita, divertida.
— Lily— me llamó mi prima. Me volví hacia ella, prestándole toda mi atención—. No quiero que te pongas nerviosa, aunque no conozcamos la identidad de quién quiera que sea este nuevo buscador, tú eres la mejor buscadora que nuestra casa ha tenido desde hace años— me aseguró con una sonrisa sincera.
Le devolví la sonrisa, amplia y llena de confianza en mí misma.
— No te preocupes, capitana— le respondí—. Le patearé el culo a ese sujeto.
No estaba nerviosa, sinceramente. Era una Potter, y una Weasley. Me iría bien.
O eso creí.
Pero pasó que, cuando salimos al campo de juego, en donde ya se encontraba el equipo contrario, allí divisé a Lorcan, con el uniforme verde y plata puesto, montándose en su escoba y sonriendo con astucia. Entonces fue como si una pieza que no sabía que existiese encajase en un puzle que ni siquiera era consciente que debía ser armado.
Lorcan pidiéndome un montón de concejos para jugar mejor al quidditch, más específicamente para ser el buscador en un equipo. Lorcan uniéndosenos a Hugo, Lysander y a mí para jugar en la Madriguera, cuando antes jamás lo hacía. Lorcan haciendo que le ayudase a escoger una de las mejores y más rápidas escobas que pusiese encontrar en la tienda.
Por algún motivo, no me lastimó como debería haberlo hecho. Porque ese sentimiento de decepción se había convertido en algo tan familiar cuando se trataba de Lorcan, que simplemente ya no dolía como antes. Honestamente creía, que si las cosas seguían así, dejaría de quererle más pronto de lo que pensaba.
Estaba equivocada, obviamente. Así de jodida era mi situación.
Descendí en círculos de forma rápida, intentando perderle la pista. Sabía muy bien lo que estaba intentando: seguirme y dejar que yo encontrase la snitch primero y, cuando lo hiciese, atraparla él. Por supuesto que conocía la táctica que estaba utilizando, después de todo, yo fui quien se la enseñó.
— ¡Y SLYTHERIN VUELVE A ANOTAR!— bramó el narrador del partido. La mitad de las gradas en las que estaban lo slytherins prorrumpió en vítores.
Pude escuchar a Roxanne desde arriba gritando órdenes a los cazadores y a Hugo.
— ¡No pierdan de vista a Nott!
Así que había sido ella quien anotó el último tanto. Mi prima no se había equivocado, esa chica era un peligro con la quaffle en sus manos. Una mancha marrón que volaba por ahí, anotando sin piedad. Roxanne me mandó una mirada apremiante, casi rogándome que me apurase a coger la snitch. Y la entendía; esa última anotación les había dado la ventaja a las serpientes. No podía permitirme fallar.
Giré hacia la izquierda bruscamente y aceleré aún más la velocidad a la que iba. Ese movimiento logró confundir a mi perseguidor, quien pasó de largo para detenerse a unos cuantos metros de distancia, moviendo la cabeza frenéticamente para intentar ubicarme otra vez. Una sonrisa de triunfo se formó en mis labios.
Entonces la vi.
Pequeña, dorada y escurridiza. Y sería mía.
Me precipité a toda velocidad en su dirección. Me estaba acercando cada vez más a ella, así que estiré la mano y me incliné sólo un poquito más para adelante. De pronto, sentí como alguien se posicionaba a mi costado.
Lorcan.
Volaba a mi lado, ambos competíamos por llevar la delantera. Pero yo era quien tenía la ventaja; aunque la escoba de Lorcan era más rápida que la mía, yo era la más liviana de los dos y quien tenía más experiencia. Y él lo sabía.
Se acercó más hacia mí, haciendo que nuestros hombros se tocasen. No me empujó, como habría esperado; sólo fue un simple roce, pero que hizo que un escalofrío me recorriese la columna, sin embargo, no me detuve.
Volteé a verle.
Ese fue mi primer error.
Me miraba, y tan intensamente. Sus ojos azules más azules que nunca. Sé que ya lo he mencionado muchas veces, que muy probablemente les suene a nada más que un tonto cliché, pero, en ese momento, se asemejaban tanto al mar, turbio e indomable. O eso es lo que a mí me pareció.
Por poco pierdo el aliento. A duras penas logré obligarme a no detenerme.
Lorcan sonrió.
Y esta vez sí que perdí el aliento.
Estaba jodida.
Frené con mi escoba en seco, observándole fijamente, completamente hipnotizada y vulnerable. La sonrisa se Lorcan se ensanchó, pero no se detuvo, siguió volando con rapidez, más y más, alejándose.
— SCAMANDER ATRAPÓ LA SNITCH… ¡SLYTHERIN GANA EL PARTIDO!
Los aplausos y ovaciones no se hicieron esperar desde las gradas de Slytherin. El equipo ganador se apresuró a descender a tierra firme, donde pudieron abrazarse y festejar con completa libertad. Nosotros, los gryffindors, nos quedamos en nuestras escobas— o en las gradas—, muy quietos, con las caras largas, derrotados. Podía sentir todos esos ojos sobre mí, acusadores. Me culpaban por haber perdido.
Pero no me interesaba.
No, lo único que me importaba en ese momento era la dura verdad que acababa de descubrir.
Lo sabía. Él lo sabía…
El muy cabrón lo sabía.
— ¡Lily! ¿Explícame ahora mismo qué coño te ocurrió ahí arriba?— fue lo primero que escuché por parte de Roxanne cuando ésta se reunió conmigo en el suelo.
— Ahora no— respondí de forma mecánica, apretando los puños tan fuertemente que terminé clavando mis uñas contra la piel hasta sacarme sangre. Tenía que hacerlo. Sólo así lograba contenerme de soltar un grito.
Ya ni siquiera le permití que continuase. Comencé a dirigirme directo hacia Lorcan, sin importarme nada, sólo llegar a donde él. Mis pasos eran largos y apresurados. Logré— no sin bastante dificultad— abrirme paso entre la multitud que celebraba y sólo me detuve cuando su cabellera rubia y despeinada estuvo frente mí.
Le tomé por la muñeca y lo obligué a darse la vuelta. Cuando se dio cuenta de que se trataba de mí sus ojos se abrieron como platos. Cuando pudo componerse de la sorpresa, me sonrió de forma forzada. Se notaba lo ansioso que estaba, lo que me daba gusto. Era lo menos que se merecía.
— Eh, pelirroja— musitó, rascándose la nuca con nerviosismo—. Espero que estemos bien, vale. Sin rencores.
Estaba tan molesta que apenas me paré a pensar en lo incómodo que se notaba. Al parecer, sí, Lorcan Scamander tenía algo de vergüenza recorriéndole las venas.
Pero eso no me ayudaba a sentirme mejor para nada.
— Necesitamos hablar— le dije con sequedad. Todos nos observaban con mucha atención, lo que hacía las cosas más difíciles, si era posible.
Lorcan habló.
— Está bien.
— ¡¿Qué?!— exclamó uno de sus compañero de equipo.
— Descuiden, sólo tardaremos unos momentos— se encogió de hombros Lorcan, con una de esas sonrisas despreocupadas y burlonas tan suyas.
No esperé a que dijese nada más y me puse en marcha. Escuchaba sus pasos siguiéndome mientras salíamos del campo de quidditch. Llegamos hasta un árbol que, aunque no estaba demasiado alejado, fue lo más que pude soportar. Me detuve, dándome la vuelta para poder encararle; él me devolvía la mirada fijamente, con seriedad, las manos hundidas en los bolsillos de su túnica y los labios en una línea recta. Esperaba pacientemente a que hiciese el primer movimiento, pero me era físicamente imposible emitir sonido alguno— sinceramente, tenía miedo de lo que pudiese llegar a salir de mis labios—. Cerré los ojos y tragué saliva con fuerza, tratando que ese nudo que tan bien amarrado estaba en el medio de mi garganta se aflojase aunque sea un poco.
Me obligué a decir algo.
— Lo sabes…
Lorcan arqueó una ceja, interrogándome con la mirada.
— ¿Lo sé? ¿Qué es lo que sé?
— No te hagas el estúpido conmigo, Scamander— le espeté con dureza. Era la primera vez que lo llamaba por su apellido, y, al parecer, él también se percató de aquel detalle.
— Oh, así que ahora nos tratamos de esa forma… Potter— dijo, riendo sin gracia. Su rostro se ensombreció, al igual que su tono de voz—. Te aseguro que no tengo ni puta idea de lo que estás hablando.
— Lo sabes— repetí, intentando que la voz no se me quebrase, pero fallando miserablemente—. Sabes que estoy enamorada de ti.
Y lo dije así, sin más, con completa resignación, ya sin negarlo. ¿Para qué? No me iba a servir de nada. Estaba derrotada. Sí, así me sentía. Derrotada.
Estaba en lo correcto, porque Lorcan no mostró signos de estar sorprendido. Bueno, tal vez un poco, pero sólo porque no se esperaba que yo supiese que él estaba consciente de mis sentimientos. Aquello me molestó— me lastimó— aún más.
— Lily— comenzó Lorcan, dando un paso hacia mí. Ya no se dirigía a mí con frialdad, sino con cuidado, casi con lástima.
Eso sí que no.
— No te me acerques— le advertí, retrocediendo hasta que mi espalda chocó contra el tronco del árbol detrás de mí.
Lorcan se detuvo en el acto, podía ver la culpabilidad en sus ojos mientras me miraba. Se pasó una mano por el rostro, subiendo hasta que se alcanzó el cabello, que despeinó con evidente frustración.
— Desde hace cuánto lo sabes— le exigí, respirando con dificultad debido al dolor intenso que se había instalado en mi pecho. No hubo respuesta de su parte—. ¡Contéstame!— grité, completamente alterada.
El muchacho bajó el rostro, y cuando respondió lo hizo en un susurro, pero yo le escuché perfectamente.
— Siempre lo había sospechado, pero lo confirmé durante el transcurso del verano— confesó. Levantó la cabeza para mirarme, y supongo que se dio cuenta de esa pregunta que no era capaz de formular, así que decidió apiadarse de mí—. Yo… necesitaba una excusa para poder escaparme a ver a Ella sin que se enterasen mis padres… así que les decía que iba a verte a ti, o a Hugo, para que no sospechasen nada.
— Por favor— imploró Hugo, y casi fue como si pudiese ver la cara de cordero degollado que estaba segura se encontraba haciendo—. Lorcan ya me dijo que sí vendrá. No puedes quedarme mal, Lily.
En cuando ese nombre escapó de los labios de mi primo, sentí que el aire me hacía falta.
— ¿L-lorcan?
—Así es— confirmó Hugo—. Se lo pedí a Lysander, pero ya sabes cómo se pone con eso de serle fiel a Roxanne, aunque para empezar ellos ni siquiera sean novios y ella no quiera verle ni en pintura. Le dije que sólo se trataba de ti, pero eso no le hizo cambiar de opinión, y Lorcan aceptó venir en su lugar.
— Pase— solté secamente, esperando que se tratase de papá o mamá. Grande fue mi sorpresa al ver entrar a Lorcan en su lugar.
— ¿Qué haces aquí?— mascullé, demasiado sorprendida para hacer otra cosa.
— A mí también me da gusto verte, pelirroja— se mofó Lorca para después encogerse de hombros despreocupadamente—. Mamá vino a dejarle unas cosas a tu madre y ambas están abajo, y puesto que yo tenía unas ganas incontrolables de verte, la acompañé.
— ¿Dónde está tu hermano?— dije, intentando que mi voz no denotase demasiado interés.
— Haciendo la mayor estupidez de su vida— respondió Lysander, aunque pareció que lo decía más para sí mismo que para otra persona.
— ¿Estás lista, pelirroja?
— ¿Para qué?— habló Hugo.
— Oh, Lily y yo sólo vamos a ojear algunas escobas. Volveremos pronto.
— El imbécil de mi hermano se ha estado viendo con Zabini desde que iniciaron las vacaciones. Todo a escondidas de nuestros padres, claro— comenzó a explicarme, soltando un fuerte bufido en el proceso—. Por eso es que llegamos tan temprano. Lorcan quería despedirse de ella antes de partir a Hogwarts. Le dijimos a mamá y papá que un amigo nos llevaría a la estación, cuando en realidad nos trajo ella. También por ese motivo es que yo estaba vigilando; para que ningún conocido les viese juntos y le fuese con el chisme a mis viejos. ¿Te imaginas el escándalo que armarían, y en especial nuestro padre, si se enteran de que Lorcan sigue teniendo relación con Ella Zabini?
Un sollozo escapó de lo más hondo de mi pecho. Sentí que el suelo bajo mis pies se sacudía y todo a mí alrededor estaba dando vueltas. Me derrumbé.
— ¡Lily!
Lorcan se abalanzó a donde yo me encontraba, sujetadme antes de que llegase a impactar contra el suelo.
— ¡No me toques!— gemí, removiéndome con desesperación entre sus brazos. Su tacto me quemaba, me hacía daño; así se sentía. Él me soltó y yo caí sentada contra la tierra. Lorcan se acuclilló delante de mí, sin tocarme pero demasiado cerca para mi bienestar mental.
Con mis manos cubría mi boca, intentando retener los incesantes sollozos que salían de ella. Las lágrimas, por otro lado, era imposibles de contener.
— ¿Y después?— pregunté cuando me pude calmar un poco, con la voz rota—. Cuando regresamos a Hogwarts, ¿por qué no me dejase en paz? Sé perfectamente que tú le pediste al profesor Boot ser mi tutor. ¿Acaso querías jugar aún más conmigo?
— No es así, Lily— murmuró Lorcan. Tenía los codos apoyados sobre las rodillas y la cabeza hundida entre los hombros. El cabello le caía sobre el rostro, cubriéndole los ojos casi por completo—. Es… complicado.
— Complicado— repetí con amargura—. Y una mierda, Lorcan. No lo es— le reproché, llorando aún más de pura frustración—. Arruinaste mi cita con Bryce. Ya ni siquiera me habla. ¡Por Merlín, probablemente me odia!
— Y qué— bufó Lorcan—. Ese gilipollas no te merece. Puedes hacerlo mucho mejor.
— ¿Cómo te atreves?— le solté, indignada—. Él es mil veces mejor que tú, y lo sabes. Maldita sea, él y yo pudimos haber tenido algo. Pudo haberme ayudado a olvidarte de una puta vez y…
Pero antes de que pudiese terminar, Lorcan me había agarrado por los brazos con sus manos y me había azotándome contra el árbol, haciendo que quedase acorralada entre éste y su cuerpo, que estaba casi completamente sobre el mío. Su expresión era amenazadora, y sus ojos se oscurecieron de una manera que me hizo estremecer.
— Tú no puedes olvidarte de mí, ¿me escuchaste? No puedes.
Me quedé muy quieta, demasiado asustada para anteverme a hacer algo.
— ¿Por qué?— me obligué a decir. Ya no sabía ni por qué continuaba preguntando cosas, las respuestas sólo me terminaban haciendo daño.
Lorcan se inclinó aún más hacia mí, tanto que su respiración chocaba contra mi rostro. Quise alejarme pero me tenía demasiado bien agarrada para que pudiese hacerlo.
— Porque no, jodida madre. Por eso.
Y luego, me besó.
Un quejido de sorpresa— y protesta— salió de mi boca y se ahogó en la de él. No era un beso dulce ni inocente como lo fue el que me dio Bryce. Los labios de Lorcan se movían como poseídos sobre los míos, chupando, mordiendo e hiriendo por donde pasaban. Intenté moverme, pero entonces él utilizó una de sus manos, que hasta eso momento jamás había notado lo grandes que eran, para inmovilizar mi rostro. Seguía besándome con desespero, sólo separándose por unos instantes para tomar aire y luego continuar. Yo ya había dejado de luchar y lo dejaba hacer. En un punto, tomó entre sus dientes mi labio inferior y lo jaló; eso provocó que soltase un fuerte sollozo. Entonces, pareció despertase de una especie de trance.
Se echó para atrás de golpe, mirándome con horror, como si hubiese sido yo la que acababa de besarlo contra su voluntad, y haberlo utilizado, y engañado, y destrozado.
Abrió la boca cómo si quisiese decir algo, pero la cerró al instante. Fui poniéndome de pie, con dificultad y lentitud. El cuerpo me pesaba y pensaba que no lo lograría. Pero cuando lo hice no esperé nada más.
Y eché a correr.
Si les soy sincera, este es uno de mis escritos que más me ha gustado cómo quedó. Le puse muchísimo esfuerzo y dedicación, se los aseguro. Creo que es uno de mis mejores trabajos hasta ahora. Pero, mi opinión no es la que importa, es la de ustedes. Así que, ¿qué les pareció? ¿Les gustó? ¿Quedó bien? Así es, por fin sabemos de qué iba Lorcan. Resumiendo: como sus padres no aprobaban a su novia, les mentía diciendo que iba con Lily, y para que no sospechasen, se hizo amigo de ella y, de verdad, comenzó a pasar más tiempo con a su lado. Pero, ¿y después? ¿Por qué se hizo su tutor? ¿Por qué arruinó su cita con Bryce? Y más importante, ¿por qué la besó? Bueno, eso sólo lo sabemos Lorcan y yo, y si ustedes lo quieren saber, tendrán que leer los caps futuros XD Y el beso, ¡por fin el ansiado beso! ¿Qué les pareció? Ya sé que no fue romántico como lo esperaban, eso puede que venga más adelante e.e En realidad, esto originalmente iba a ser dos capítulos, pero decidí unirlos en uno solo. De verdad espero que les haya gustado. ¡Estoy nerviosa!
Por cierto, les tengo una mala noticia. Debido a lo cargado que tengo este semestre, no creo que pueda volver a actualizar hasta diciembre, o finales de noviembre. De verdad que no tengo otra opción. Este es mi semestre más importante; tengo el TECMUN (un modelo de las naciones unidas en la que tendré que hacer una investigación a fondo de los derechos humanos en Libia) y el CENEVAL (un examen muy importante del que depende a qué universidad entraré y vale el 20% de mi calificación final en todas mis materias). Se los juro, la presión es mucha, y en este momento sólo quiero dedicarme a los estudios. Espero que lo entiendan.
Aunque, claro, si tengo oportunidad, publicaré antes ñ.ñ
De verdad no tienen idea de cuánto me esforcé en este cap. Es mi trabajo, mi tiempo y lo único que les pido es un comentario en el que me den su opinión. Creo que no es mucho, ¿o sí?
PORFAAAA, PORFAAAAAAA, PORFAAAAAAAAAAAAA!
Y a quien descaradamente sólo me vaya a agregar a favs y alerts, la porra los saluda hijosdesumadre ;)
Es todo.
Besos,
Pam.
