Hola, gente bella. ¡Actualización! Van lentas pero van, como lo prometí.

Muchas gracias por todos sus mensajes de ánimo, significan mucho para mí :3

Este capítulo es especial porque es el primer POV de Lorcan (sí, va a tener más). Estoy nerviosa porque sé que ha recibido algo de odio por lo cretino que ha sido con Lils, lo comprendo perfectamente, pero espero que con este cap sean capaces de simpatizar un poco con él. O no.

Disfruten y nos leemos abajo ñ.ñ


Segunda estrella a la derecha y hasta que amanezca.

9. Lily Luna parte 1.

Punto de vista de Lorcan.

La primera impresión que tuve de Lily Luna Potter fue que era una niñita llorona y consentida. Mis suposiciones terminaron probándose correctas cuando papá me castigó por una semana por haberla empujado. Y no es como si yo, a los seis años, fuera por ahí empujando niños sólo por placer, la pequeña comadreja se lo había buscado; mira que ir y arrebatarle cosas a la gente, ¡ y luego criticar lo que leen! Ya les digo, el empujón se lo había tenido bien merecido. Pero, como ya dije, estaba tratando con una bebé llorona y— perdonen la redundancia— a llorar se había echado.

— No puedes hacer eso, Lorcan— me había dicho seriamente mi padre, después de que el señor Potter se había llevado a su berreante hija en brazos—. Es una niña.

Vale, eso no lo había entendido. Estaba muy consciente de que Lily era una niña, ¿y qué? ¿Por eso se lo había merecido menos? No en mi opinión. Y aún hoy en día sostengo esa creencia. He conocido a un montón de niñas que son perfectamente capaces de aguantarse un empujón, y devolverlo. Por ejemplo mi mejor amiga, Olivia Nott, se aseguraría de devolvértelo… desde el borde de un acantilado.

Y Lily Potter no es la excepción a la regla. Rápida y escurridiza, y resabiada— aunque esta última de sus virtudes se debe en gran parte a mí en lo desgraciado que he sido para con ella—. Una pequeña comadreja, definitivamente.

Así que no, no me sentía para nada mal de haberla empujado, porque ella se lo merecía, y tampoco me iba a disculpar.

Lo que le hice a Lily años después fue mucho peor que un empujón, y una simple disculpa no iba a ser capaz de arreglarlo, sin importar cuán arrepentido estuviese.

Pero me estoy adelantando.

Con mi familia nos mudamos a una casa que quedaba bastante cerca de lo que los Weasley-Potter llamaban La Madriguera, a las afueras de Ottey St. Catchpole. Era donde mamá había vivido de joven, un lugar tan colorido y peculiar como ella: con objetos que se movían y chillaban al azar e imágenes de criaturas que, créanme, no existían. Yo la odiaba. Extrañaba Australia. El clima cálido, la gran variedad de fauna, el mar, la arena. No se lo imaginarían, dada mi personalidad, pero adoraba el sol. No se encontraba mucho de estos en Inglaterra, con su clima húmedo y depresivo y arena y mar fríos. ¿Animales? Los que valía la pena ver se encontraban en áreas a las que un niño pequeño no tenía acceso.

Pero lo peor vino semanas más tarde, después de varias citas de juego con los Weasleys.

— ¡Hugo es mi mejor amigo!— anunció Lysander, su brazo alrededor de los hombros del pelirrojo. Sentí como si a mis tripas las retorcieran con un tenedor.

Lo admito, Lys y yo no éramos los hermanos más cercanos con los que te toparías, pero él seguía siendo mi gemelo. La persona que consideraba más cercana a mí, y en cierto punto, esperaba que fuéramos algo así como mejores amigos. No era bueno haciendo amigos— aún hoy en día—, aunque la gente simplemente asumía que era un crio engreído que se consideraba demasiado especial para jugar con otros niños (y para mí era bueno que pensaran ello, porque lo podía usar de a mi favor; si otros niños no se daban cuenta de lo introvertido que era en realidad, entonces no se meterían conmigo). Lysander era la única persona de mi edad con la que era capaz de conectar.

Obviamente me sentía traicionado.

Y los Weasleys se fueron directamente a mi lista negra. Encabezada por el alegre, vivaracho e irritante de Hugo Weasley.

No que mi impresión del resto de la panda de pecosos fuera mejor. Fred y James eran graciosos, cualquiera que poseyese una pisca de sentido del humor dentro de sí lo tenía que admitir, pero se esforzaban tanto, que terminaban pasándose de la raya con sus artimañas y, en mi opinión, terminaban quedando como un par de imbéciles. Rose era una mandona sabelotodo con complejo de mamá gallina (algunas de estas características se le irían quitando con el tiempo; otras, desafortunadamente, no). Albus y yo eramos demasiado parecidos para poder congeniar. Dominique era demasiado intensa. Lucy no lo suficiente. Louis un estirado (ya después dejaría salir su lado rebelde). Roxanne estaba tan empecinada en evadir a Lys como a la plaga, y al parecer tal desagrado por algún motivo se extendía a mí, aunque a mí ella podría importarme menos. Teddy, Victoire y Molly ya estaban más grandes (adolecentes, vale), y siempre estaban intentando hacerse los maduros delante de nosotros, y fallaban.

Lily no me agradaba por principio.

Ya saben, eso de que por su culpa me habían castigado, y que yo no dejaba ir las ofensas fácilmente.

Pero incluso yo no podía guardarle resentimiento a Lily Potter.

Simplemente era una persona tan amable. Y considerada. Y eso no era capaz de comprenderlo.

Además de mi hermano, ella era la única otra niña que notaba mi presencia durante esas muchas tardes en La Madriguera. Se aseguraba de sonreírme siempre que nuestras miradas chocaban y me invitaba a participar en lo que fuera que fuesen a jugar ese día, sin excepción, aunque la mayoría del tiempo yo declinase.

Irónicamente era la única del montón de pelirrojos que como que me caía bien (que la mitad de los Weasley-Potter no fueran, de hecho, pelirrojos era punto y aparte).

— ¿Te gustaría jugar a las atrapadas, Lorcan?— me había preguntado Lily aquella tarde especialmente cálida, mirando al suelo con una pequeña sonrisa tímida en los labios.

Yo le sonreí de la manera más amable que pude aunque que al final me salió algo torcida.

— Te las has arreglado para convencerme, pelirroja.

El mote simplemente se había quedado.

Ya no hablé mucho con Lily durante el resto del día, mi energía la concentré en asegurarme de que Hugo perdiera cada una de las partidas y hacerle quedar lo peor posible en el proceso.

A los ocho años, no era de las personas más maduras que te ibas a encontrar, pero en mi defensa… bueno, tenía ocho.

El punto era que Lily Luna Potter me agradaba y lo demostraba sonriéndole, haciendo charla de vez en cuando, y en general siendo más amistoso con ella que con el resto de su familia.

Aunque tampoco le era demasiado amigable, eso no iba conmigo.

Luego entramos a Hogwarts. A mí me sortearon en Slytherin. A Lily en Gryffindor, pero eso último no era sorpresa.

Mi mayor problema era la casa en que yo había quedado, porque mi padre no estaba complacido ya que al parecer había tenido problemas con antiguos miembros de mi nueva casa durante su pasada por el colegio. Era extraño, por decir algo; papá había sido Hufflepuff, ¿y no se suponía que los Hufflepuff eran tranquilos y amables y amantes de la paz? Algo así como mamá, o Lysander, o Lily.

Pero yo qué iba a saber.

Entre todo el jaleo que se armó en casa (Estoy preocupado por ti, hijo, ¡ahí no hay buenas personas!), me olvidé casi por completo de Lily. La veía a veces por los pasillos o en clases, pero pocas veces le dirigía la palabra. Le tenía envidia, era muy suertuda. La habían sorteado justo en la casa que todos esperaban que quedara, que querían que fuese a dar ahí, y ella no les había decepcionado. E incluso si hubiese sido así, su hermano mayor había ido a dar a la casa de las serpientes dos años antes, y les prometo que sus padres no habían armado ni la mitad del escándalo que mi papá había hecho. Y Albus era el hijo de Harry Potter, ¡por las barbas de Merlin!

Fue bastante irónico que yo terminase llevándome tan bien con Olivia Nott, la hija del tipo con el que papá más había chocado de joven. Y al parecer el padre de ella tampoco le tenía mucho cariño al mío. En algún punto se nos ocurrió que sería graciosísimo si ella y yo terminábamos teniendo un rollo, sólo por joderlos. Pero no; simplemente nos quedamos como muy buenos amigos, los mejores.

¿Quién necesitaba a Lysander de todas formas?

Pero alguien allá arriba debía estar empecinado en hacer enojar a mi padre de un modo u otro, porque a los quince, conocí a Ella Zabini.

Vale, ya sabía perfectamente quién era ella, es decir, ¿quién no? Pero quedaba bastante obvio que para ella yo no existía.

O tal vez sí.

— Hey— Ella Zabini, Ella bendita Zabni, se me había acercado una tarde dentro de la sala común, mientras yo me esforzaba por terminar mi tarea de pociones que era para mañana. Yo sólo atiné a quedármele viendo, sus ojos oscuros y felinos, una sonrisa ladina en sus labios rellenos y brillantes.

— Ho-hola— por fin logré responderle, pateándome mentalmente en las bolas por haber tartamudeado, yo nunca tartamudeaba. Sin embargo, mi patética respuesta sólo parecido divertirla, porque su sonrisa se ensanchó.

— Te llamas Lorcan, ¿verdad?— preguntó, sentándose a mi lado y extendiendo una morena mano hacía mí—. Dime Ella.

La tarea quedó olvidada por el resto del día y al siguiente me metí en problemas con mi profesor, pero no me importó, porque Ella bendita Zabini había hablado conmigo… durante horas.

Pero las cosas no se quedaron así, porque después de ese día continuamos hablando, mucho, y a coquetear— o tal vez eso lo hacíamos desde el principio—, y antes de que me diera cuenta ella me había besado en un salón vacío, lo que provocó que casi me orinara en los pantalones. Cuando comenzó a hacer otras cosas conmigo puede ser que sí me haya orinado un poco, no está muy claro en mi memoria.

Y antes de que me diera cuenta, ya estaba enamorado, o tan enamorado como un crio virgen de quince años puede estarlo de una muchacha mayor, hermosa, inteligente, divertida e ingeniosa.

En efecto, muy enamorado.

Papá no estaba complacido.

Porque Ella era la hija de Blaise Zabini, buen amigo de Theodore Nott y… ¿cómo puedes hacerme esto, hijo?

Bueno papá, créeme que cuando estoy con Ella, en quien menos estoy pensando es en ti.

Pero esas primeras semanas de mi relación con Ella fueron tan, en mi opinión, perfectos, que ni siquiera me importaba.

Luego las cosas dejaron de ser tan bonitas.

Y descubrí que Ella me había engañado.

— ¡Pensé que teníamos algo serio!— le grité poco después de enterarme, cuando ella fue a buscarme a mi dormitorio en mi pobre intento por evitarla.

Ella parpadeó un par de veces, mirándome con incredulidad.

— ¿Serio?— repitió—. ¿Pero de qué estás hablando? Nadie dijo nada de andar en serio— dejó escapar un suspiro antes de sentarse en la cama y luego hizo un gesto para que la imitara, lo que hice a regañadientes, luego tomó mis manos en las suyas, asegurándose de mirarme directo a los ojos—. Escucha, cariño: me la paso excelente contigo, de verdad disfruto tu compañía, pero yo no quiero una relación seria en este momento, quizá jamás lo haga. Si tú realmente quieres una, entonces de corazón te pido que no la busques conmigo.

Ella Zabini bien podría haberme dado una patada en las bolas y puede que me hubiese dolido menos.

Pero, porque soy un imbécil, no dejé de verla. Sólo que ahora tenía que aguantarme el hecho de saber que se iba a liar con otros.

Y entonces yo comencé a liarme con otras. Excepto que no tenía mucho éxito en ello, ni se sentía bien. Yo no quería estar con otras personas, quería estar con Ella.

Intentaba que fuera alguna de sus amigas, para que se molestara, pero no funcionaba. Las cosas nunca llegaban muy lejos. Demonios, a veces me las ingeniaba con entretenerlas simplemente charlando. No hacía ninguna diferencia, la gente aún pensaba que me había acostado con todas esas chicas, porque a ellas les gustaba presumir que se habían tirado a Scamander (No. A Lorcan, que su hermano es el loco que siempre está detrás de Roxanne Weasley… aunque los dos están buenos.).

Era un bastardo con mucha suerte y me hice de una reputación rápido, una que sólo quería mantener para que Ella siguiese interesada en mí, más aún cuando ella terminó Hogwarts y yo tuve que quedarme.

Merlín, era bastante patético. Lo sigo siendo, si he de ser sincero.

A veces me topaba con la mirada de Lily, y ésta era triste. Bueno, quería decirle, entonces deja de gustar de mí y ahórrate las penas. Porque claro que estaba bien consiente de que le gustaba a Lily, tenía un par de ojos y materia gris en el cerebro. No era difícil. Aunque sinceramente no podía entender qué diantres veía en mí. ¿Lo dulce de mi personalidad?

No me preocupaba mucho, era simplemente un enamoramiento infantil, y ya con el tiempo se le iba a pasar. Una vez incluso se lo dije a Olivia en voz alta, cuando ella me dijo medio en burla "Sí sabes que le gustas a la princesita Potter, ¿verdad? ¿Pero que ustedes dos no son como primos?".

— ¿Infantil?— repitió, alzando una ceja y sonriendo con sorna—. Ya, como lo tuyo con Zabini.

— No— me apresure a cortarla—, yo a Ella la quiero.

Era verdad. Infantil era lo que la hermanita de Frank Longbottom sentía por Hugo Weasley, lo que mi propio hermano se traía con Roxanne (al igual que patético), o Lily conmigo. Estaba seguro de que tanto Denise como Lily se les pasaría en cuanto encontraran a alguien más indicado para ellas (tristemente, ya me había dado por vencido con Lysander). Sólo esperaba que Lily no terminase conformándose con alguien como Bryce Meyer, el tipo era un Lerdo.

El punto es, amaba a Ella. Era real.

Por eso me cabreaba tanto que mi padre no lo comprendiera. Lo peor era durante el verano, literalmente me tenía encadenado a casa. Bueno, no literalmente, pero así se sentía. Siempre se aseguraba de saber a quién le escribía y con quién salía, y mientras no fuese Ella todo estaba bien y bonito. Mierda, ya ni siquiera le molestaba que me juntara con Olivia, que era una de las pocas personas que veía durante el verano— aparte de los Weasleys y, por su puesto, Lys—, y ni siquiera mucho porque se pasaba la mayoría de las vacaciones fuera del país, además ella no era de mucha ayuda a la hora de ayudarme a escabullir para ver a Ella, y eso que me debía un montón de favores, pero siempre que se lo recordaba me respondía que me los pagaría cuando de hecho le agradasen los favores que le pedía.

Según sabía, Olivia no tenía ningún tipo de problema con Ella, se conocían desde pequeñas, aunque no fuesen muy unidas, sus padres sí lo eran. Simplemente no lo comprendía.

Y así me sentía atrapado y amargado en casa, y era lo más grosero e irreverente que podía con mi padre, y en retorno él se ponía aún más severo contra mí. Nuestro hogar se había convertido en un campo de batalla entre papá y yo, con mamá y Lysander como los incomodos espectadores.

Después de poco tiempo, ya me estaba volviendo loco por salir de casa, aunque fuera a salir de fiesta con los Goblins.

— Si vas a dar excusas, que no sean tan increíblemente estúpidas— escuché decir a Hugo Weasley desde la cocina, enojado.

Pude ver a Lysander mientras me iba acercando, recargado sobre la mesa y rodando los ojos.

— Es que se sentiría como si la estuviese traicionando— explicó mi hermano despacio, como si le estuviese hablando a un niño pequeño.

Hugo se puso las manos sobre la cabeza y tiró de su cabello con exasperación.

— ¿Traicionarla? ¿Me estás jodiendo?— exclamó, enojado—. A Roxanne le importa un bledo lo que hagas o dejes de hacer. Sólo es una cita, ¡con Lily! E incluso si no lo fuera, ¡a ella tampoco le importaría una mierda!

Al final de su pequeño despepito Hugo tenía el rostro rojo y respiraba de forma errática. Lysander no estaba impresionado.

— Lo siento, hermano, búscate a alguien más.

Hugo se dejó caer sobre una silla, derrotado. En ese momento, ambos notaron mi presencia en el marco de la puerta, Lysander me sonrió pero Hugo sólo atinó a hacer un débil gesto con la mano a modo de saludo.

— ¿Qué demonios pasa?— pregunté.

— Que tu hermano es un gilipollas— respondió Hugo, tajante.

No pude evitar sonreír. Era raro, pero después de varios años, me había dado cuenta de que no odiaba a Hugo Weasley, que jamás lo había hecho. Era buena gente, como todos en su peculiar y encantadora familia. En especial él y Lily; era un algo que hacía que las personas se les acercaran y se quedasen ahí.

Bastardos.

Lysander chasqueó la lengua y negó con la cabeza.

— ¿Sólo porque no te quiero ayudar a metértele en los pantalones a una tía?

— Es una tía muy bonita.

— ¿Y quieres meter a Lily en esto también? Increíble.

Me aclaré ruidosamente para interrumpir su pequeña pelea verbal.

— ¿Cita doble?— inquirí.

Lysander asintió con aire malhumorado.

— La conoció hace algunos días— explicó—. Y ahora quiere que Lily y yo vayamos a hacerle teatro a la tía pero que al mismo tiempo lo dejemos que se escape con ella cuando se le pegue la gana y a nosotros que nos parta un rayo.

— ¡Claro que no!— soltó Hugo, indignado. Aunque todos los presentes sabíamos que Lysander estaba en lo correcto.

— ¿Ah, no?— mi hermano alzó una ceja—. Además, ¿cita doble? ¿Quién sigue haciendo eso?

— Ese no es el punto— bufó el pelirrojo—. El punto es que eres un amigo mierdoso.

— Y tú eres mierdoso en general— replicó Lysander.

— Ya basta— intervine, caminando hasta ponerme entre los dos y apoyando mis manos sobre la mesa. Luego los miré significativamente a ambos, sólo para hacer teatro, antes de sonreír de medio lado—. Iré yo.

Después de todo, Lily Luna Potter me agradaba.


Y esta fue la primera parte de "Lily Luna" que es cómo ve Lorcan a Lily, o más bien cómo ve Lorcan el mundo en general. Iba a ser un solo capítulo pero mejor lo dividí para poder publicar algo rápido.

Quise hacer una especie de comparación entre los sentimientos de Lily y de Lorcan. Ambos tienen enamoramientos infantiles: Lily por Lorcan y Lorcan por Ella, y como estos sentimientos van madurando o cambiando o desapareciendo. Es el tema del fic en general, con sus distintos personajes. Creo que uno de los mensajes principales de Peter Pan es el amor que Wendy siente por Peter, y que tan madura es para manejar dichos sentimientos. ¿Me explico?

El pleito entre Lorcan y su papá en sólo para agregar conflicto a la trama. Un headcanon que tengo es que Rolf es uno o dos años mayor que el Trio de Oro y conoció a Luna durante el ED, y eran algo así como amigos. Por otro lado, Theodore Nott ya llevaba un tiempo sintiendo una especie de fascinación por Luna (qué puedo decir, los shippeo). Luego durante la guerra Rolf hizo todo lo que pudo por ayudar a Neville y compañía desde fuera, y fue horrible para él cuando a Luna la hicieron rehén los mortifagos, y sabía que Theodore estaba involucrado. Los dos tuvieron un enfrentamiento fuerte durante la Batalla de Hogwarts. Aunque él y Luna se convirtieron en una pareja años después cuando estaban haciendo investigaciones juntos.

Realmente espero que salga un poco de Rolf durante la nueva película de su abuelo. Eso sin mencionar que amo a Eddie Redmayne! *_*

En fin, por favor díganme qué les pareció. Me da cosa que ambos POV me hayan salido muy iguales, los quise haces lo más distintos posible, es sólo que tanto Lily como Lorcan tienen características parecidas en su personalidad; ambos son sarcásticos y dramáticos lol. Y los dos son nos ñoños, como la autora.

En serio me encantaría que me dejasen un review, mañana es mi primer día en la uni— bueno, ya estaba en la uni, pero estudiando leyes y me acabo de cambiar a psicología, que es en otro campus—. Me alegraría muchísimo el día si me dejan un comentario y me desean suerte :3

Besos,

Pam.