Wow, Mede Freaky acaba de actualizar. Después de años.

Llamen a las noticias. A la policía.

Nos vemos abajo lol.


Segunda estrella a la derecha y hasta que amanezca.

10. Lily Luna parte 2.

— ¡Dios santo, por fin te dignas a aparecer!

No había tenido tiempo si quiera de sacudirme de la camisa lo que quedaba de polvos flu, y ya papá se me había echado encima. Levanté la vista para poder verle, parado frente a mí con los brazos cruzados y la mirada reprobatoria; no que me afectase en realidad, ya estaba acostumbrado a que me viese así.

Paseé la vista por el resto de la sala de mi casa. Mamá se encontraba detrás de mi padre, las manos juntas en su pecho y una mirada de aflicción en el rostro. Lysander se hallaba un poco más alejado, junto a la puerta, observando la escena en silencio.

— ¿Lysander no te lo dijo?— pregunté con calma—. He estado con Hugo Weasley y Lily Potter.

— Se lo dije— confirmó mi hermano, dando unos cuantos pasos para unirse al resto de la familia. Levanto un dedo y lo usó para señalar despreocupadamente a nuestro padre—, pero él no me creyó.

Solté un suspiro. Por supuesto que no lo había hecho.

— Bueno, si tan poca confianza tienes en mí, puedes preguntárselos tú mismo a los Potter, justo vengo de su casa. Más específicamente: de su chimenea.

Mi padre alzó una ceja con suspicacia.

— Y se puede saber qué hacías tú saliendo por ahí con Hugo Weasley y Lily Potter— inquirió.

— No estaba consciente de que me habías prohibido tener un solo puto amigo— le repliqué con amargura.

— No uses ese lenguaje en presencia de tu madre— me reprimió papá con dureza, tensándose aún más de lo que ya estaba.

— Lo siento, ma— dije, volteándome hacía mi madre. Ella inmediatamente me sonrió, llena de gentileza, haciéndome sentir mucho mejor al instante.

— Oh, cariño. No escuches a tu padre, no has hecho nada malo— me aseguró ella, mandándole una mirada de reproche a papá. Éste frunció el ceño ante el poco apoyo que recibía de parte de su esposa, más aún al percatarse de la mirada de suficiencia que yo le mandé—. Además, me alegra mucho que te hayas decidido a pasar más tiempo con esos chicos, en especial Lily. Es una muchacha encantadora.

Estaba a punto de explicarle que no lo había hecho porque de pronto me naciese un impulso por pasar más tiempo con los Weasley-Potter más jóvenes; si no que estaba tan inmensamente aburrido que era eso o irme de pesca con papá. O el suicidio. Probablemente lo último.

Pero entonces se me ocurrió una idea.

Porque ya saben, soy un puto foco brillante.

— Tienes toda la razón, ma. Encantadora como pocas— dije con entusiasmo tan bien actuado que hasta yo me sorprendí. O tal vez no lo fingí, porque era una idea tan buena que sinceramente me había superado a mí mismo.

Di un par de alegres pasos hasta colocarme junto a mamá, pasándole un brazo por sobre los hombros. En los últimos meses, me había dado un estirón, y aunque desde el verano pasado ya era de la misma estatura que mamá, ahora me tenía que agachar unos cuantos centímetros para que mi boca quedara a la altura de su frente, y justo ahí poder besarla. Mi madre siempre había sido una mujer pequeña.

— Estoy pensando que es buena idea que ella y yo nos acerquemos por lo que resta del verano— le dije mientras la guiaba a la cocina, donde le pediría que me preparara uno de sus queridísimos tés hechos con hierbas de nombres impronunciables que olían feo.

Y vaya que lo hicimos.

Viéndolo en retrospectiva, mi plan no era tan brillante. No es de sorprender que todo haya acabado tan terriblemente mal.

Desde ese momento comencé a pasar mucho más tiempo de lo que jamás había hecho con Lily Potter, porque claro, ella era mi fachada. Cada vez que Lysander salía con ella y su primo, yo me aseguraba de unírmeles, sin mencionar el tiempo que pasaba con Lily simplemente los dos solos, asegurándome que ahora pareciese que éramos los mejores de los amigos.

Claro, no todo era fingido. Lily era una chica de lo más agradable, y como ya había mencionado, ella me caía bien. Disfrutaba pasar tiempo con ella, jugando al quidditch, paseando por el Callejón Diagon, o simplemente charlando. Me había dado cuenta que podía hablar con ella durante horas y horas, y que estar con ella no me suponía esfuerzo alguno. Aun así, no podía perder de vista mi objetivo, porque todo este teatro que había armado tenía un solo propósito: ver a Ella. Cada escaso momento que podía escaparme para verla era precioso. Y vaya que los momentos eran escasos; pocas veces por semana, máximo un par de horas.

En mi cabeza, todo parecía bastante romántico.

En la de Ella, no tanto.


— Esto es ridículo, Lorcan— fue lo primero que me dijo Ella Zabini mientras me ayudaba a entrar por la ventana de su habitación.

La miré con irritación. ¿Es que era incapaz de apreciar todas las molestias que me había tomado para poder llegar hasta ahí? Su casa era de tres pisos, y resultaba que su cuarto estaba justo en el tercero. Había un árbol por el que se podía trepar —un castaño seco que te rasgaba la ropa y la piel; porque el universo me odiaba—, pero este solo llegaba hasta el segundo piso. El resto lo tuve que trepar con ayuda de Ella, su varita mágica y su habilidad para levitar a una persona. Todo el tiempo teniendo miedo de que Ella se distrajese y me dejase caer, pero sabiendo que yo no podría usar ni una pisca de magia propia si esto sucedía. No podía arriesgarme a ser descubierto por el ministerio. O peor: por mis padres.

De cualquier forma, después de tal proeza, me merecía por lo menos un "me alegra que no hayas muerto".

— ¿Qué, no te parece romántico que casi me partiera el cuello por ti?— le espeté, dejándome caer sobre su cama para intentar recuperar el aire.

— Pues claro— contestó ella—, nada nos emociona más a las mujeres que cuando los hombres cometen estupideces en nuestro nombre.

Oh no, se había puesto sarcástica, tendría que proceder con cautela.

Alcé la cabeza, recargándome sobre los codos, y le sonreí con suavidad. Ese tipo de sonrisa era rara en mí, tal vez podría contar con los dedos de las manos el número de personas a las que les había sonreído así. Incluida a Ella… y a Lily.

— Te extrañé— le confesé, esperando que eso la calmara un poco.

Funcionó, y con un suspiro la muchacha avanzó con pasos lentos, casi coquetos, hasta quedar frente a mí, mirándome desde arriba con diversión.

— Oh, Lorckie, ¿qué voy a hacer contigo?

Rápidamente me levanté, quedando cara a cara con ella. Le sonreí, esta vez con picardía, acercándome tanto que el dulce aliento de Ella Zabini se mezclaba con el mío.

— Puedes hacer lo que tú quieras, amor— susurré contra su mandíbula, y enseguida comencé a trazar una línea de besos por ella. La muchacha soltó un suspiro y yo sonreí aún más, victorioso.

Pero dicha victoria duro poco.

— Espera, para— protestó Ella. Solté un bufido, separándome a regañadientes de ella.

— ¿Qué?

— Esto no está bien.

— Obviamente, pero si me permitieras seguir, se arreglará.

— ¡Lorcan!— exclamó Ella— estoy hablando en serio.

— Yo también— le contesté con, bueno, seriedad.

Ella me dio un puñetazo en el hombro, enojada, y yo hice una mueca, indignado.

— Vale, vale, lo siento— le dije—. ¿De qué quieres hablar?

— De nosotros— me contestó.

Entrecerré los ojos.

— Pensé que no había un "nosotros"— le respondí, sin poder ocultar el tono amargo de mi voz.

— Tienes razón, no lo hay.

Las palabras de Ella me tomaron por sorpresa, no me esperaba que lo fuese a decir tan directamente. Luego sentí el enojo burbujear dentro de mi cuerpo, dirigido hacia mí, claro. Porque era Ella, debí habérmelo esperado.

Una expresión de remordimiento se pasó por su rostro, antes de que bajase la mirada, avergonzada.

— Lo siento, Lorckie— comenzó Ella en un susurro—, es sólo que yo…— tomó aire, pasándose una mano por el cabello, lo que siempre hacía cuando estaba nerviosa—. No entiendo por qué sigues queriendo esto.

— ¿Querer qué?— le pregunté, sin poder ocultar el deje de frialdad en mi voz.

— Estar conmigo— la voz de Ella sonaba tan cansada que hizo que me doliese el pecho.

— Eso lo sabes perfectamente— le espeté, alejándome de ella con brusquedad. Ella no se inmutó, manteniéndome la mirada sin dejar entrever nada en ella. Me miró así tanto tiempo que creí que ya no diría nada, y esa sería la única señal que recibiría de su parte para que me fuera.

— ¡No, no lo sé!— soltó por fin, dando zancadas enojadas hacia mí, encarándome—. No lo sé, Lorcan. No sé por qué sigues aquí, por qué no te olvidas de mí y te buscas una novia de verdad.

— ¡Es que no quiero una maldita novia!— grité. Inmediatamente me arrepentí, paralizándome un momento para después mirar con nerviosismo hacia la puerta. La madre de Ella se encontraba en la planta baja, junto a su padrastro, y en mi enojo y frustración, había subido el tono de mi voz más de lo debido.

Ella me miró con tristeza por unos cuantos segundos, lo que me hizo sentir aún peor. Podía soportar muchas cosas que viniesen de Ella Zabini, pero no lastima.

— Sí la quieres— me respondió en tono calmado, casi dulce, dando el par de pasos que le faltaban hasta colocarse frente a mí. Con sus manos me tomó del rostro, acariciando mis mejillas tiernamente. Cerré los ojos, entregándome a sus caricias, porque era lo único que podía hacer.

Ella me sonrió.

— Te conozco, Lorckie— prosiguió—. Sé qué es lo que quieres, pero también sé lo que necesitas… lo que mereces, y… y a veces estos no van de la mano. Pero tú deberías buscarte una chica diferente con quien estar— por primera vez desde que comenzó su pequeño discurso bajó la mirada—. Alguien que pueda estar contigo, de verdad.

Solo pude atinar a besarle la boca con fuerza, tomándola de la cintura y pegándola para que su cuerpo chochase contra el mío, y continuar besándola hasta que sus piernas cediesen y tuviese que agarrarse de mis hombros para no caer, y robarle el aliento, y rogar que eso fuese suficiente para hacerla olvidar.

Y funcionó. Y un largo rato después, ambos recostados en la cama y agotados, con la cabeza de Ella reposando sobre mi pecho y una sonrisa de satisfacción en los labios, me atreví a volver a la realidad. Volteé a verla, ya se había quedado dormida. La abracé con más fuerza y deposité un beso en su coronilla.

— No me importa lo que necesite, Ella— dije contra su pelo, inhalando el exquisito aroma de este, sutil e intoxicánte—. O lo que merezca. Me importa lo que quiero. Y lo único que quiero es a ti… nadie más.

Y habiendo jurado aquello, la seguí al mundo de los sueños. No iba a comprender realmente las palabras de Ella Zabini sino meses más tarde, pero quien me las iba a hacer comprender iba a ser Lily Potter, y solo después de que me hubiese enamorado completamente de ella, y de que me diese cuenta que sin importar cuánto la quisiese, cuánto la necesitase, no la merecía en absoluto.


Irónicamente, me di cuenta de que Lily me gustaba— porque tengo el presentimiento de que llevaba gustándome hace tiempo— cuando le olí el cabello.

Acompañé a mi madre a una rápida visita a la casa de los Potter, y me terminé encontrando a la pelirroja en medio de una crisis nerviosa. Después de indagar un poco descubrí que todo el jaleo se debía a un ataque de estrés por sus resultados en los TIMO's. Genuinamente no entendía por qué la muchacha estaba armando semejante alboroto por algo tan insignificante como unas calificaciones. Sin embargo, inmediatamente después entró en mí una especie de necesidad por acercarme a ella y reconfortarla, hacerla sentir mejor y asegurarle que todo iba a estar bien, sin importar qué dijese en esa carta.

Quería verla sonreír.

Eso me propuse a hacer, y cuando lo logré —después de mucha insistencia, palabras de apoyo e incluso leer los resultados por ella— fui recompensado con un abrazo.

Que tuvo más impacto en mí del que me hubiese imaginado en un principio.

Primero no supe cómo responder, simplemente dejé que me rodease el cuello y se juntase a mí. Pero entonces capté un olor, dulce, como una combinación de muchas flores juntas. Sentí que Lily comenzaba a alejarse, y le pasé un brazo por la espalda para evitar que lo hiciese. Porque quería seguir oliendo ese aroma tan agradable y tranquilizante. Dulce como solo Lily, porque no sólo olía dulce, ella era dulce en general; la forma en la que hablaba, se movía, sonreía y se comportaba. Con el tiempo me di cuenta de que ya no sólo disfrutaba de su compañía. Lily Luna Potter me gustaba.

Al principio, no le di mucha importancia. Ya había sentido atracción por otras chicas en el pasado aparte de Ella, sólo tendría que tener más cuidado de ahí en más. Mantener algo de distancia.

Pero tal empresa resultó ser más difícil de lo que pensé. Quería verla, todo el tiempo; era la primera persona a la que buscaba cuando íbamos a pasar el día en la Madriguera, o si sabía que iba a ir al callejón Diagon y yo buscaba escusas para ir también, y fingía que me la había encontrado ahí por pura casualidad, esperando que se la creyese. Rápidamente desarrollé una extraña capacidad de notar su presencia, en todas partes, a cada momento que se háyase cerca de mí, sin importar qué.

Mierda. ¿Qué estaba pasando conmigo? Estaba actuando como un maldito chiflado, ¡perdiendo los sesos de esa forma por culpa de Lily Potter!

Esa ves, me las había ingeniado para que me diera unas clases privadas de quidditch. Ajá, desde hace mucho había estado medio considerando probar mi suerte en el equipo. El antiguo buscador se acababa de graduar y Olivia, que también el año anterior había sido nombrada capitana del equipo de Slytherin, me dijo no era terrible en el juego— lo que, viniendo de ella, me tomaría como un cumplido—, y que si practicaba hasta ser decente, me daría la posición de nuevo buscador. Un gran honor, según sus palabras.

¿Yo? Yo solo quería tener una excusa para pasar un tiempo a solas con Lily… en el aire.

Ya se los decía, un jodido chalado y ya ni siquiera me importaba.

Sin embargo, Lysander comenzaba a notar mi creciente locura, y, siendo el hermano más sensible— y al parecer también el más listo—, comprendió la gravedad de la situación mucho antes que yo.

— ¿Vas a ver a Lily, Lorcan?— me llamó mi gemelo mientras me disponía a salir por la chimenea.

— Así es.

— ¿Por qué?

Di un suspiro de resignación y me giré para encarar a Lys, quien me devolvió la mirada con ojos acusadores.

— Porque la tía me agrada— le contesté en tono defensivo.

Lysander chasqueó la lengua.

— Ya, y ahora cuéntame: ¿ella te agrada o, ya sabes, te agrada?

Le mandé a mi hermano una mirada de circunstancias.

— Oh, vamos, Lorcan— me espetó Lys—. ¡Quiero que me digas qué putas te estas planeando con Lily!

— ¡Nada!— le respondí con tanta sinceridad como pude, que no era mucha, a decir verdad.

Lysander soltó un bufido desdeñoso, luego comenzó a pasearse por el cuarto, los puños cerrados con frustración.

— No me jodas, hombre, que soy tu hermano— dijo, exasperado—. Escucha, si se tratase de cualquier otra tía, aunque definitivamente no lo aprobaría, te dejaría estar. Pero es Lily… ¡Lily!— repitió para enfatizar—. Y no creo que seas tan estúpido como para no darte cuenta de que a ella sí que le agradas.

No, no era tan estúpido, sabía perfectamente lo que la pelirroja sentía por mí. Es más, en los últimos meses que había pasado con ella, me había dado cuenta de que sus sentimientos quizá eran más fuertes de lo que en un principio había creído. Cualquier persona con más sensibilidad que yo— por ejemplo Lysander— hubiera visto prudente alejarse de ella, pero en su lugar, iba yo e iniciaba el contacto, alentando aquellos sentimientos a florecer aún más.

Pero qué egoísta de mí parte.

Y sin embargo, no lo podía evitar.

— Lily es mi amiga— le dije a Lysander con calma—, y Merlín sabe que no tengo muchos. Pero me voy a encargar de que las cosas se queden así. Quiero a Ella nada más— le mandé una mirada de advertencia a mi hermano antes de que se atreviese a decir algo—. Es sólo que Lily me parece la única decente de su familia.

Eso hizo sonreír a Lysander, aunque aún caminaba en hielo frágil.

— No mientas, ya sé que Hugo te cae bien.

— Cuando no está siendo un imbécil engreído, sí— admití mientras entraba en la chimenea y tomaba un puñado de polvos flu—, pero como eso pasa una vez cada año se me olvida.


No hace falta decir que después de aquella confrontación el escepticismo de mi gemelo sólo aumentó. Y cuando intenté quejarme de aquello con Ella, ella no fue tan comprensiva como me había imaginado.

— Bueno, no puedes negar que últimamente has pasado mucho tiempo con esa niña— me respondió con tono indiferente.

Estábamos medio ocultos entre dos tiendas del Callejón Diagon. Contra las protestas de Lysander, me había ido a encontrar con ella. Aunque no teníamos mucho tiempo; Ella ya tenía que regresar a su trabajo, y yo tenía que reunirme con Lily, habíamos quedado de ir a ver escobas juntos.

— ¿Por qué? ¿Celosa?— sonreí con suficiencia, ignorando lo hipócrita que sonaba viniendo de mi parte.

Ella dejó escapar una risa sin humor.

— Tengo poco derecho de estarlo, ajá.

La rodeé con mis brazos y le besé la frente.

— Y pocos motivos— le aseguré—. Sólo te quiero a ti.

Lo dije por inercia, sin pensarlo, porque era lo que le decía a Ella siempre que la notaba molesta, y siempre la hacía sentir mejor. Y era lo que se esperaba que dijese. No era necesario que lo dijese en serio. ¿O sí?

Al parecer para Ella lo era. Me pegó con su pequeño puño en el pecho y luego levantó la cabeza para mirarme, sus ojos tristes.

— Oh, Lorckie, ya sé que nuestra relación está jodida, pero por lo menos nunca nos hemos mentido.

La volví a abrazar, asegurándole que no le estaba mintiendo, aunque una parte de mí sabía que sí que lo hacía.

Luego me despedí de ella, y fui en busca de Lily.


En el fondo sabía que mi cuento no duraría mucho tiempo más. Mis excusas— las que me decía a mí mismo para negar los sentimientos que indudablemente tenía hacía cierta pelirroja Potter, o por lo menos con qué intensidad los sentía— para seguir pasando tanto tiempo con Lily se iban a acabar en el momento en el que volviésemos a Hogwarts: ya no podría usarla como tapadera para ver a Ella.

Joder, eso ya ni siquiera era una justificación, no había visto a Ella en toda aquella semana.

Y por supuesto que había visto a Lily. Con su sonrisa tierna y sus sonrojos y sus chistes burlones que hacían que me dieran ganas de besarla hasta desfallecer.

En aquel momento me encontraba acostado sobre mi cama, mirando sin mirar al techo, pero cuando aquél pensamiento se coló en mi mente me levanté como si alguien me hubiese metido un resorte por el culo.

Mierda.

Cálmate, me dije a mí mismo, no es la primera vez que fantaseas sobre otra chica cuando Ella se hace la difícil.

Pero Ella no se está haciendo la difícil, contestó una voz dentro de mi cabeza que sonaba extrañamente como Lysander. O como mi padre, lo que era aún más perturbador. De hecho, eres quien la está evitando, porque eres un cobarde que no se atreve a verla porque entonces tendrías que encarar la realidad.

¿Cuál puta realidad? ¡¿Y por qué mierda estoy hablando conmigo mismo?!

Lo segundo es porque eres un idiota, la voz en mi interior sonaba cansada— al parecer yo mismo estaba cansado de mí—, y lo primero es que, bueno, te gusta Lily Potter. Te atrae, no solo para tirártela. Te atrae para dar largas caminatas por el Lago Negro agarrados de la mano.

No, claro que no. Yo no necesitaba agarrar la mano de nadie para dar paseos. ¿Y qué si Lily se me hacía bonita? Eso no era nada nuevo, para ser francos. Aun así Ella era más atractiva, cualquiera con ojos y que se sintiera atraído por las chicas te lo podría decir. Quiero a Ella, pensé, sin darme cuenta que estaba caminando en círculos alrededor de mi habitación como un desquiciado, no a Lily, a Ella, y te lo voy a demostrar.

Y con eso me refería a mí. Me lo iba a demostrar a mí.

A trompicones logré llegar hasta mi escritorio, tomando con brusquedad y torpeza un pergamino, que pronto quedó manchado con la tinta que utilicé para escribir en él.

Usé a Missy para enviar la carta. Mis padres no estaban, así que no tenía que preocuparme de que me vieran hacerlo, e incluso si lo hicieran, podía decirles que la carta era para Lily y…

¡No pienses en ella!

La espera se me hizo eterna, pero en realidad no había pasado ni una hora. Leí la respuesta con avidez y en cuanto hube terminado me apresuré por el pasillo hasta el cuarto de mi gemelo.

Lysander se encontraba tirado sobre su cama, con el torso descubierto y roncando como un cerdo.

— ¡Despierta!— le llamé, azotando ruidosamente la puerta contra la pared.

Mi gemelo se despertó de un sobresalto. Su mirada al principio estaba desenfocada y confundida, hasta que sus ojos se clavaron en mí como dagas afiladas.

— ¿Cuál es tu maldito problema?— me preguntó con voz cansada y exasperada.

Como toda respuesta, le pasé el pedazo de pergamino que había estado esperando con tantas ansias. Lysander la sobre leyó y luego rodó los ojo, exasperado.

— Ni lo pienses— espetó, haciendo bola con su puño el pedazo de pergamino y luego lanzándomelo con brusquedad—. Y ya vete. Pasado mañana regresamos a clases, tengo que recuperar de antemano todo el sueño que voy a perder cuando comience a ahogarme en tarea.

— ¡La haré por ti! Durante todo el primer mes.

Lysander alzó una ceja, mirándome con suspicacia.

— Supongamos que digo que sí; ¿qué excusa le daríamos a mamá y papá que explique estar en la plataforma una hora antes de que salga el tren?

Sonreí triunfante.

— No una hora antes, un día antes.

Lysander volvió a alzar una ceja, está vez en señal de incredulidad.

— Ya, y dormimos en la calle, ¿sí?

— No precisamente en la calle…


En la sala del pequeño departamento en el centro de Londres rentado por James Potter y Fred Weasley.

La cena que compartimos esa noche con los primos Potter-Weasley fue rara, por decir menos.

— ¿Fideos instantáneos?— inquirió Lysander, observando el tazón que le había tendido James con desconfianza.

— El mejor invento muggle— asintió Potter con entusiasmo—, y te ahorra un montón de dinero y tiempo.

— Sin mencionar los daños a la salud que puede provocar si se consume en grandes proporciones— agregó Fred en tono alegre, metiéndose en la boca un tenedor lleno de fideos para después sorberlos ruidosamente.

Mi hermano volvió a clavar su vista en el tazón, para luego ponerse a hurgar en él con el tenedor en su mano.

— No tiene carne, ¿verdad?— preguntó Lys—. Porque ni Lorcan ni yo comemos carne.

— Es de camarón— contestó James, saliendo de la pequeña cocina con su propia cena humeante en la mano y dejándose caer con el resto de nosotros en el sofá—. ¿Eso cuenta?

— Sí— respondimos Lys y yo al unísono.

Potter y Weasley rodaron los ojos, también al mismo tiempo.

— Escuchen, probablemente ni siquiera sea camarón real lo que está ahí adentro— Fred se encogió de hombros—. Además no tenemos otra cosa. ¿O sí, Jimmy?

— Hay pan rancio en el refrigerador.

— O pueden cruzarse al Tesco de enfrente y comprarse algo, pero no tenemos dinero muggle que darles.

Comer carne una vez en la vida no es tan grave, me dije a mi mismo. De hecho, siendo sinceros, había hecho cosas peores. Tomé el tenedor en la mano, atrapé unos cuantos fideos en él, cuidando que ningún camarón quedara atrapado ahí, y me lo llevé a la boca. Estaba caliente, asido y no tan repugnante como en un principio creí. Di otro bocado.

— Asesino— me acusó Lysander, mirándome con reproche.

— Ey— le llamó Weasley—. Si no lo quieres, dámelo, será un buen desayuno mañana.

Lysander se lo pasó con una mueca de asco.

— Lo siento, hermano— le dije, dándole un par de palmadas en la espalda—. Ya sabes que te debo una.

— A él y a nosotros— apuntó James—. Y todo por Ella Zabini. Esa chica no vale la mitad de las molestias que te estas tomando por ella.

Ante su comentario me tensé al instante, mirando a Potter con frialdad. El captó el cambió de humor con rapidez.

— Lo siento, camarada— me dijo, alzando las manos en señal de paz—. Ella es buena gente, sí, pero no me negarás que es una tía problemática con la qué estar.

— Oh, y tú sabes todo acerca de estar con Ella Zabini, ¿verdad, Jimmy?— se burló Weasley.

— Cállate, Freddy, eso fue hace años— le replicó James—. Solo le estoy ofreciendo a Lorcan un consejo. Si lo coge o no es su problema.

— No lo cogerá— dijo Lysander, resentido.

— Yo sé coger cosas mejor que tú— disparé de vuelta, clavando mi tenedor en lo que quedaba de comida.

Ante mi comentario, Fred soltó una carcajada ruidosa.

Lysander apretó los dientes.

— No te preocupes, Weasley, lo único que me interesa coger es a tu hermana.

Silencio.

— ¡¿QUÉ COÑO DIJISTE DE MI HERMANA?!

Fred se le lanzó encima a Lys, y la noche prosiguió.


— Asegúrate de que nadie nos interrumpa mientras estamos dentro.

Lysander me mandó otra mirada de exasperación— ya bastante comunes de su parte hacia mí—, y le dio otra mordida a su cuarto— y ultimo— sándwich de ensalada de col, que se había comprado aquella mañana en el Caldero Chorreante de camino a la plataforma.

— No te preocupes— siseó—, seré como un puto perro guardián.

— Estoy segura de ello— habló Ella a mi lado, guiñándole un ojo. Luego me tomó de la mano y me haló hacia el compartimento más cercano, cerrando la puerta tras de sí.

Una vez solos, el ambiente se tornó pesado, y nos quedamos ahí, mirándonos. O al menos eso creía, que la estaba viendo, pero ahora que lo pienso, en retrospectiva, eso no era verdad. No la estaba viendo, y ella se daba cuenta, puede que incluso la lastimase.

— Hola— me obligué a hablar, pasando mi peso de un pie al otro como el niño nervioso que era.

Ella sonrió, casi con tristeza.

— Hola, Lorckie.

Y otra vez el puto silencio. Di un paso hacia ella, pero la morena retrocedió, rodeándose a sí misma con los brazos. La mirada de reproche que me mandó hizo que me parase en seco.

— ¿Querías verme para terminar conmigo?— preguntó Ella con la voz delgada y aun abrazándose a sí misma.

Y yo, viéndola así, tan frágil, no pude evitar actuar como un completo desgraciado.

— Pensé que no estábamos saliendo.

La mirada de reproche que recibí de Ella se sintió como una bofetada fuerte directa en la mejilla.

— Lo siento— me disculpé con un suspiro, llevándome una mano a la nuca para revolverme el cabello—. Ella, por favor, no llores.

— No, no lo haré— dijo Ella. Aunque sus ojos estaban rojos, ni una lagrima salió de ellos. Siempre había sido fuerte.

Me acerqué a ella, para rodearla con mis brazos, y esta vez, en lugar apartarse de mí, apoyó su cabeza contra mi pecho, tomando mi camisa fuertemente entre sus puños hasta arrugarla.

— Era de esperarse, ¿sabes?— dijo, apretándose más contra mí—. Después de pasar años siendo distante y apartándote de mí era lógico que eventualmente lo conseguiría— levantó su mirada hasta encontrarse con la mía, una mirada triste, pero sin una sola lagrima—. Cuando mis padres se divorciaron estaba tan triste, pero sobre todo estaba enojada; porque todo a mí alrededor estaba cambiando, y no había nada que pudiese hacer al respecto— su mano se posó en mi mejilla, acariciándola con dulzura—. Pero luego llegaste tú, y tú eras constante: tú me querías y me deseabas. Sin importar lo que hiciera o cómo fuera, tú estabas ahí… y yo pensaba: "bueno, si a él le importo, entonces no deben haber tantas cosas mal conmigo".

— No hay nada mal contigo— le dije con completa sinceridad.

Ella dejó escapar un bufido.

— Ya, James Potter no opina lo mismo.

— James Potter es un imbécil— le dije con seriedad—, y la próxima vez que hable mierda sobre ti lo voy a hechizar hasta…

Ella Zabini me interrumpió con un beso que fue corto, casi casto, y cuando se separó de mí una sonrisa genuina adornaba sus labios.

— Eres una buena persona, amor, y va a ser tan difícil decirte adiós.

Acto seguido, me volvió a besar, esta vez con más fuerza, casi desesperación, y yo se lo devolví con la misma pasión. Abrazándola fuertemente contra mí, tocando cada parte de su cuerpo que mis manos podían tocar, o meterse entre la ropa. Era un beso de despedida— bueno, un poco más que un beso—, lo sabía, y por medio de este quería transmitirle que me importaba, que no me arrepentía de nada. Que sin importar lo que ahora pudiera estar empezando a sentir por Llily…

Lily.

Hasta parece que puedo escuchar su voz.

— Entremos a este, parece vacío.

— ¡No!

Me aparte de Ella con brusquedad. Inmediatamente me sentí culpable, pero la muchacha solo asintió quedamente con la cabeza y comenzó a arreglarse la ropa.

Afuera seguía oyendo las voces de la pelirroja y de mi hermano. Abrí la puerta.

Me gustaría decir que supe exactamente qué hacer de ahí en más pero no, después de eso solo fui en picada.

Lily Luna Potter me miraba, miraba a Ella detrás de mí, y se veía completamente devastada.

No, espera, quise llamarla, sé que esto se ve mal, sé que soy un desastre… pero me encantaría dar un paseo por el Lago Negro agarrado de la mano contigo.

En lugar de eso, acuse a Lysander de no haber vigilado como debía el compartimento. Por supuesto que Lys se cabreó, tomó a Lily y comenzó a alejarse con ella.

Quise llamarla otra vez.

No. No te vayas por favor. No fue mi intención lastimarte, jamás quise que las cosas terminaran así. Y me gustas, ya no lo voy a negar. Es más, hasta podríamos tener una cita, mi primera cita. Ella acaba de decir que soy una buena persona, podría ser bueno contigo. Déjame demostrártelo.

Pero al final no dije nada.

— Así que sí se trataba de Lily Potter— escuché la voz de Ella detrás de mí.

Sentí mi cuerpo temblar ligeramente y que la garganta se me resecaba. Me volví hacia Ella, murmurando un quedo "sí" que casi creí no había escuchado. Pero lo hizo. Ella Zabini sonrió con tristeza que ataño tal vez hubiese intentado disipar. En lugar de eso me quedé ahí, mirándola caminar hasta quedar posada frente a mí, pararse de puntitas, y darme un ligero beso en la mejilla.

— Adios, Lorckie.

Esto no debería haber sucedido, fue lo único que atiné a pensar, parado ahí a mitad del pasillo del expreso a Hogwarts. Ni siquiera vine aquí a terminar contigo… al menos no al principio, quise decirle a la figura alejándose de Ella, pero mi cuerpo estaba como entumecido, sin sentir nada alrededor de mí. Una parte de mí se sentía más ligero, como si un peso se me hubiera quitado de encima. Odiaba verlo así pero ese peso era Ella, saliendo de mi vida, dejándome una infinidad de puertas abiertas con nuevos caminos libres para tomar el mi vida.

El problema era que el único camino que realmente deseaba tomar involucraba a Lily Potter caminando junto a mí, tomados de la mano, y sabía que después del pequeño espectáculo que acababa de montar había logrado cerrar yo mismo la puerta a ese camino, quizás para siempre.

Al darme cuenta de esto, un nuevo peso igual de oprimente se instaló en mí, justo en mi pecho.


Lo más sensato hubiese sido dejar en paz a Lily después de eso. Darle su espacio, darme espacio a mí también, pensar un poco las cosas, e idear la manera más sensible de arreglar mi relación con ella.

En lugar de eso, seguí a su primo y a mi hermano— y a Denise Longbottom, junto con su enamoramiento por Hugo— al compartimiento en donde ella viajaba en el tren, y cuando la vi ahí, con ese idiota estirado de Meyer, no pude evitar echar más leña al fuego, y cagarla en grande. Cómo no.

Y ella entonces decidió marcharse de ahí junto con ese simplón— pero también con Denise, gracias a Merlín por eso—. Luego procedió a ignorarme durante dos semanas enteras.

Mi suerte cambio cuando una de sus amigas decidió tirarme la onda. Emma McLaggen no era el tipo de chicas que me atraían por lo general, o en absoluto, pero si gracias a ella podía estar con Lily, o por lo menos tenerla cerca, podría flirtear con ella hasta que se cansara. Y aun así, daría crédito done cabía, porque gracias a ella me enteré de que Lily necesitaba un tutor para pociones, y no iba a permitir que tal oportunidad se me escapara. Al día siguiente, fui a hablar con el profesor Boot.

Mala idea, lo sé. Sucia, incluso. Pero a estas alturas ya estaba algo desesperado. Y, como ya les dije, siempre he sido algo patético.

O muy patético.

Lily no estaba complacida, obviamente, y me lo hizo saber en frente de toda la mesa de Slytherin, lo que hizo que me gustara aún más.

Pero solo porque ahora estuviese forzada a pasar más tiempo conmigo no significaba que me fuese a ver con mejores ojos. Y no lo hizo, y yo me cabreé por ello. Porque soy un gilipollas.

En fin, mi siguiente movimiento fue enfadarla aún más: hablándole de Ella, o por lo menos haciéndole creer que yo seguía hablando con Ella, lo que en realidad no había hecho desde que volví a Hogwarts.

Y al siguiente día, solo porque el karma quería hacerme sentir aún más como un imbécil, me enteré de que ella se había conseguido una cita con Meyer. Sinceramente yo no tenía ni medio derecho a enojarme por aquello. Pero lo hice, y mucho, por lo que continué actuando como un imbécil sin materia gris en el cerebro, terminé arruinando su cita con ese desgraciado, que para colmo de males la había intentado besar. O quizás ya lo había hecho, lo que me cabreaba muchísimo más de solo imaginar. Aunque no me cabreaba en absoluto imaginarme a mí besando a Lily, ya ni siquiera negaría cuánto lo deseaba, y era mucho, créanme.

Pero en fin, arruinar la aburrida cita de Lilly con Bryce el aburrido Meyer no fue lo peor en la larga lista de cosas despreciables que le hice a esa chica. No… porque después de haberla manipulado para que pudiese ganarle en la carrera por la Snitch— lo que también fue bastante despreciable, más si se considera que entré al equipo de quidditch sin decirle nada—, decidí que mi gran acto final sería besarla a la fuerza.

Podría dar muchas excusas acerca de por qué lo hice, pero hablando en serio, ninguna es válida. Lo hice porque quise, pero no tenía ningún derecho. No tenía ningún derecho a forzarme en ella de esa forma. A invadir su espacio y a hacerla sentir mal. No importara lo celoso que estuviese o lo desesperado que me sintiese por hacerla entender lo que sentía, pero que al parecer era incapaz de decirle con simples palabras.


Tú no puedes olvidarte de mí, ¿me escuchaste? No puedes.

¿Por qué?

Porque no, jodida madre. Por eso.


Era asqueroso. Lo que le había hecho era asqueroso, no había otra palabra para describirlo. La había usado de la manera más vil, y ahora ella me odiaría para siempre y tendría todo el derecho del mundo.

Pero aun así la sola idea hacía que algo en mí se rompiera.


Después de que ella se hubiese alejado de mí corriendo, ojos anegados en lágrimas y el corazón roto, lo único que pude pensar en hacer fue ocultarme. Qué importaba agregar "cobarde" a mi gran conjunto de horribles atributos, justo entre "manipulador" e "insensible".

Así es como acabe sentado en el frio y duro suelo de la lechucería, mientras mis compañeros de casa se regocijaban por su victoria y los de Gryffindor se enfurruñaban por su perdida.

Ni siquiera quería pensar en lo que Lily estaba haciendo.

No sé cuánto tiempo estuve así, probablemente horas, pero de ese modo fue como mi gemelo me encontró.

Aunque cabe destacar que yo no me enteré de su presencia hasta que sentí como algo me atizaba duramente por la espalda, casi mandándome de boca al suelo de no ser porque metí mis brazos antes de que sucediera. Me di la vuelta a trompicones, quedando de culo y manos sobre el piso, buscando con los ojos desesperadamente a mi agresor.

No había nadie ahí.

— ¿Qué carajo?— proferí.

Y luego Lysander emergió de debajo de una especie de tela que al parecer lo hacía invisible. Sus ojos azules se posaron en mí, y noté en ellos una frialdad que nunca jamás había visto, mucho menos dirigido a mí. Eran tan gélidos que un escalofrió me recorrió la columna, dejándome sin el valor de emitir un sonido.

Mi hermano estaba cabreado, y mucho. No era uno de sus típicos enfados dirigidos hacia mí, que ameritaban un sermón y una mirada desaprobatoria. Ahora solo emanaba resentimiento, exasperación y unas ganas incontrolables por hacerme daño.

Tragué saliva pesadamente, esperando casi sin respirar el próximo movimiento de Lys. Él me estudió por varios segundos. Su siguiente acto fue comenzar a doblar la tela extraña lenta y cuidadosamente, colocándola sobre una banca cercana.

Luego se me lanzó encima.

Lo hizo tan rápido, más rápido de lo que jamás lo había visto actuar, ni siquiera cuando jugaba al quidditch. Quedó sentado a horcajadas sobre mi pecho, sus dos rodillas quedaron aplastando mis brazos, inmovilizándolos y así evitando que me pudiese liberar. Su puño entonces se estrelló contra mi mandíbula, dejando un dolor agudo a su paso.

— ¡Te voy a matar!— bramó, dándome otro puñetazo, esta vez en mi pómulo derecho. Mi cara quedó girada hacia un lado y la sentía caliente. Intenté girar el resto de mi cuerpo para que siguiera a mi cabeza, intentando de ese modo liberarme del agarre impasible mi hermano. Sé que era una gilipollez que tratase de escapar, me merecía que me diesen la paliza de mi vida, y sin embargo que quien lo hiciese fuese Lysander, mi hermano, mi gemelo, hacia la situación aún más jodida de lo que ya era.

— ¡Espera…!— balbuceé, logrando liberar uno de mis brazos y usándolo para proteger mi rostro antes de que pudiese atestarme otro golpe.

Pero el golpe no llegó, aunque aún podía sentir el puño de mi hermano a centímetros de mí, listo para acertar. Su otra mano, que se hallaba sobre mi pecho para evitar que pudiera moverme se cerró como garra sobre mi camisa. Ni siquiera me atrevía a voltear a ver la expresión de Lysander, pero podía sentir la rabia emanando de él, la manera en que se estaba conteniendo para no molerme a palos ahí mismo.

Luego se echó a reír, su cuerpo dando leves espasmos sobre el mío. No era la típica risa de Lysander; era fría y amargada, casi cruel. Lo sentí tomarme del cuello con brusquedad, obligándome a girar el rostro para que lo mirase a los ojos, llenos de furia.

— Esperar— escupió—. ¿Qué mierdas se supone que debo esperar, hermano?— su agarre en mi cuello se intensificó hasta hacerme daño, y sabía que sus dedos dejarían feas marcas rojas sobre la piel—. Ya he esperado lo suficiente, ¿no te parece?

—Yo…— murmuré patéticamente.

— ¡Cierra la puta boca!— me ordenó y yo le obedecí en el acto—. Es mi turno de hablar— gracias al cielo, la presión alrededor de mi cuello disminuyó lo suficiente para que pudiese respirar con un por menos de dificultad, aunque aún podía sentir cómo me faltaba el aire, y esto provocó que casi me echase a toser, antes de lograr contenerme—. Esperar, ¿dices? Es lo único que he hecho desde el inicio del verano: esperar que terminases las cosas con Ella Zabini, o que por lo menos no arrastrases a otros en tus desesperados intentos por mantener esa puta relación de mierda, pero ya ves; no hubo suerte. Y ahora también me entero de que sí que metiste a Lily en tu desastre, incluso aunque yo esperé que actuases como un ser humano decente por una puñetera vez en tu vida y no la usaras de esa forma… lo hiciste— furia renovada brilló en sus ojos. Le sentí agarrarme fuertemente de la camisa, levantar mi espalda unos cuantos centímetros del suelo y luego azotarme con brusquedad contra este. No emití sonido alguno, limitándome simplemente a cerrar los ojos y sentir el ardiente dolor recorrer mi espalda y nuca. Aun así pude escuchar perfectamente lo que mi hermano dijo a continuación—: la besaste, lo sé, ¡y sin su permiso! ¿Cómo pudiste hacer algo tan vil, Lorcan? ¿Cuál es tu maldito problema?

Antes de que pudiese responderle, había vuelto a azotarme. Esta vez el dolor fue tan intenso que tuve que dejar escapar un gemido. Súbitamente, sentí el peso del cuerpo de Lysander dejar el mío y tomé grandes bocanadas de aire para intentar recuperar el aliento, mi visión tornándose borrosa cuando fui abriendo los ojos lentamente. Aun así pude distinguir a mi gemelo, parado muy cerca de mí, listo para volver a atacarme si me atrevía a hacer un movimiento en falso.

Así que no me moví en lo absoluto.

Lysander habló otra vez, ahora con más calma, aunque igual de frio.

— ¿Sabes qué? No quiero saberlo. Cualquiera que sea tu problema, y se nota que es grande, no me interesa enterarme— se puso de cuclillas frente a mí, y mi visión se había aclarado lo suficiente como para distinguir el deje amenazante en su mirada, el mismo que se escuchaba en el tono de su voz—. Lo único que quiero es que te mantengas bien alejado de Lily, ¿me entendiste? Déjala en paz, ya le has hecho suficiente daño. Si me entero que la vuelves a molestar te lo prometo, Lorcan, lo que te acabo de hacer parecerá un paseo por el parque en comparación con lo que te haré.

Y con eso dicho, volvió a tomar aquella tela de consistencia rara y se cubrió con ella, desapareciendo al instante. Pude oír sus pasos alejarse, dejándome ahí en el suelo, sintiéndome tan puñeteramente mal en el exterior como ya lo hacía en el interior.


No comprendo cómo logré llegar a hasta mi sala común. Me dolía la espalda y me costaba dar pasos incluso cortos. Sentía como un delgado hilo de sangre me recorría por debajo de la oreja y la cabeza me dolía un montón, por no mencionar los lugares en el rostro donde mi gemelo me había golpeado.

Una vez que llegué frente a la puerta me quedé muy quieto, intentando escuchar si mis compañeros de casa seguían celebrando su victoria, pendiente de cualquier sonido musical o risas de personas. Sabía que ya era de madrugada, y esperaba que el resto de los slytherins ya se hubieran ido a la cama o desmallado de borrachos, y así yo pudiese arrastrarme hasta mi dormitorio y dejarme caer en mi cama e intentar dormir hasta que se me pasase el dolor, todo aquello sin que nadie me viese y me hiciese preguntas molestas o echase bronca, claro.

Cuando pasaron varios minutos y no escuché nada, y estando yo demasiado cansado para mantenerme de pie incluso sosteniéndome contra la pared, decidí entrar.

— Supervivencia— murmuré y la puerta se abrió, dándome paso. La sala común estaba casi completamente a oscuras, salvo por un par de antorchas a ambos costados de la habitación que emitían una tenue luz verdosa. No parecía que hubiese nadie además de mí, y agradecí silenciosamente a Morgana Le fay que al menos esto me pudiese salir bien.

— Vaya, por fin llegas.

Debí de haberle rezado a Merlín en su lugar.

El sonido de esa voz resonó por toda el cuarto e hizo que diese un respingo, lo que provocó que mi espalda reclamase por el súbito movimiento e intensificase el dolor que ya de por si sentía. Dejé escapar un quejido lastimero mientras torpemente buscaba soporte en uno de los sillones más cercanos, apoyándome contra el respaldo. Una vez que logré recuperar el equilibrio alcé la vista, escrudiñando el lugar en busca de quien había hablado.

— Olivia— articulé en un medio bufido, medio suspiro cuando la divisé. Ella me miró desde su puesto en una de las sillas cercanas a la chimenea, con las piernas cruzadas y una expresión entre fastidiada y preocupada.

— ¿Quién coño te dejó así? ¿El sauce boxeador?— soltó un bufido, poniéndose de pie y avanzando hasta llegar a mi lado. Me quedé muy quieto, dejando que me observase de pies a cabeza y que me diese un veredicto—. Te vez hecho una mierda— concluyó.

No pude evitar reírme, aunque ello hiciese que me doliera la cara.

— Y me siento peor— admití—. Ahora si te apartas de mi camino y me permites llegar hasta mi dormitorio, donde podré continuar pareciendo y sintiéndome como una mierda sin causarte molestia alguna.

Olivia me chasqueó la lengua, cruzándose de brazos, lo que significaba que no podría continuar siendo sarcástico a menos que tuviese ganas de recibir otra paliza.

— No seas así, Lor. Dime qué demonios te pasó.

Buena pregunta. ¿Y la respuesta? No estaba seguro de ella; quizá fuera que me había enamorado, o me había des-enamorado, y ello había provocado que algo en mí colapsara. Aun así, la verdad era que no podía culpar de mis problemas a mi estado emocional, o a quién me atraía o no. Yo me había metido en este lío, y cada día que pasaba era más obvio que no tenía ni puta idea de cómo arreglar las cosas.

O si alguna vez podría si quiera llegar a arreglar las cosas.

Con dificultad logré moverme unos cuantos pasos hasta poder colapsar sobre el asiento de la silla en la que previamente había usado para apoyarme y evitar caer; al instante dejé escapar un suspiro de alivio al ya no encontrarme de pie, apoyando mi espalda lastimada con cuidado sobre el respaldo suave y cómodo.

Olivia se me quedó viendo todo el rato, esperando a que me terminase de acomodar con paciencia. Yo la volteé a ver con ojos entre cerrados de cansancio, pero me forcé a no caer dormido— o desmayarme por la contusión que probablemente había sufrido— ahí mismo. Con la punta de mi barbilla indiqué suavemente al asiento a mi lado, un sillón largo y acolchado de seda verde oscuro que en retrospectiva hubiese sido una mejor opción para elegir recostarme, pero que al momento me encontraba demasiado agotado para forzar mis piernas a levantar mi cuerpo y avanzar la poca distancia hacía él.

Mi compañera asintió quedamente a mi silenciosa invitación y se sentó sobre el apoyabrazos más cercano a mí, poniendo sus manos a los costados de sus piernas e inclinándose hacia adelante, su cabeza quedando cerca de la mía; indicándome a que podía comenzar a contarle todo lo que quisiera y ella me escucharía atentamente.

Eso fue justo lo que hice, le conté a Olivia todo: desde esa "cita doble" que tuve con Lily y Hugo Weasley al principio del verano, cuando todo parecía tan malditamente simple, pasando por las incontables horas que pasamos juntos en la Madriguera y paseando por el Callejón Diagon, hablando de todo y de nada a la vez, divirtiéndonos. Le hablé del abrazo que me dio cuando la animé a abrir sus TIMO´s juntos, y aunque no le mencioné la forma en que tenerla en mis brazos me había hecho sentir, Olivia era una chica lo suficientemente lista como para descifrarlo simplemente por el tono anhelante que mi voz había cobrado mientras se lo describía.

Le hablé de mis intenciones al principio, de querer solo usar nuestra nueva floreciente amistad para distraer a mis padres del hecho de que en realidad aún seguía viéndome con Ella. Le conté de ese primero de septiembre en el pasillo solitario del Expreso de Hogwarts, de su rostro que reflejaba desilusión y un corazón roto, y de cómo la vi alejarse de mí sin poder forzar una palabra de mi boca para detenerla.

En ese punto, Olivia me interrumpió:

— ¿Y fue en ese punto cuando te diste cuenta de que te habías enamorado de ella? O antes, ¿la vez que te abrazó en su habitación y tú reaccionaste como un tarado?

Una parte de mí estaba enfadada por las palabras burlescas de Olivia, pero una parte más grande se sentía impresionado, porque aunque siendo sincero conmigo mismo sabía que lo que acababa de decir mi amiga era la conclusión más lógica, hasta ese momento jamás me había planteado el hecho de que estaba enamorado de Lily.

Y lo estaba, me di cuenta en ese preciso instante, en medio de la pobremente iluminada sala común de Slytherin, tratando de recuperarme de la paliza de una vida que había recibido por parte de mi hermano apenas un par de horas atrás.

Todo esto después de haber realizado un montón de acciones estúpidas que llevarían a que ella me odiase completamente.

Maldición.

— No lo sé— admití en voz baja—. Quizá en un punto intermedio de ambos, pero creo que no me había dado cuenta hasta hora.

Olivia me mandó una sonrisa torcida.

— Bueno, eso es inconveniente para ti.

No pude evitarlo, me reí. Una de esas risas profundas que salen del vientre y te sacuden el cuerpo entero. Y dada mi condición actual, aquella acción resulto ser más que poco placentera.

El dolor me atacó en mi espalda lastimada y mandíbula mallugada.

Mi risa pronto se tornó en un gemido quedo de dolor, apretando los dientes con fuerza para esperar a que se me pasara. Olivia pareció apiadarse de mi lamentable estado, ya que se colocó de rodillas frente a mí, sacando su varita del bolso de su túnica y apuntándola hacia mi rostro. Comenzó a susurrar quedamente una serie de hechizos e inmediatamente sentí el alivio recorrer mi cuerpo; las pocas heridas que tenía formadas se borraron y una sensación fría de relajación me invadió por completo.

— Continúa— indicó Olivia sin dejar de trabajar.

Comencé por decirle cómo había descubierto que Lily necesitaba un tutor para pociones, y cómo me las había arreglado para convencer al profesor Boot que yo sería un buen candidato para ayudarla y al mismo tiempo hacer que Boot creyese que la idea había sido de él, no mía. Mis intentos por verla a lo largo del día, por los pasillos del castillo o en las salidas a Hogsmade— esto último Olivia lo había vivido de primera mano, y se notaba en la expresión de disgusto que hizo al recordar la tarde en que prácticamente la obligué a acompañarme por todo Hogsmade en un intento ridículo por separar a Lily del sin sesos de Bryce Meyer, todo mientras Hugo Weasley nos seguía de cerca la sombra, simplemente porque decidió que sería divertidísimo molestarla hasta que le diese el nombre del misterioso buscador nuevo de Slytherin—.

Comencé a relatar la partida de quidditch de hoy (o más bien de ayer), pero cuando llegué a la parte en que ella me confrontaba por haber utilizado sus sentimientos hacía mí en contra de ella, las palabras se me atoraron en la garganta. Ésa era la parte más difícil de contar, la parte que por más que me esforcé, no pude sacar de mí.

— No puedo— murmuré con voz queda, intentando contener las lágrimas que sentía acumularse en mis ojos.

Oh por Merlín, ¿ahora iba a llorar?

Mi compañera solo me mandó una mirada comprensiva. Ya había terminado de curarme, y ahora solo se encontraba sentada de piernas cruzadas sobre la elegante alfombra de la sala común, mirándome con atención.

Nos quedamos en silencio por un par de minutos, en los que me esforcé lo más que pude en ordenar mis sentimientos. Sin embargo, no lo logré, y al final solo atiné a decir:

— Ya no querrá que sea su tutor de pociones.

Olivia dejó escapar un bufido entre incrédulo y desesperado.

— ¿Esa es la conclusión a la que llegaste después de todo lo que me acabas de decir?

Yo me encogí de hombros con abatimiento.

— Bueno, va a necesitar mi ayuda. Tenemos examen en un par de semanas.

Es así como Olivia Nott terminó convirtiéndose en la tutora suplente de Lily, en un principio como una forma de pagarme los favores que me debía desde que nos conocimos, pero no tardó mucho en informarme que ella y Lily ya habían formado un acuerdo entre ellas y que nuestro trato se había roto, que ya buscaría la manera de pagarme esos favores; o no, ya que ni me lo merecía.


Por un tiempo, estuve en paz así, evitando a Lily lo más posible— y a mi hermano— y manteniendo un perfil bajo.

Esto no me molestaba, de hecho me agradaba. El único motivo por el que me había esforzado por construir una reputación en Hogwarts en primer lugar era para llamar la atención de Ella, pero eso ya estaba en el pasado y no me serviría de nada.

Tampoco me serviría de nada con Lily, aunque eso era más que obvio. Me gustaba pensar que había conseguido formar cierto grado de paz con ese hecho.

Luego me enteré que Lysander la había besado.

Y toda esa paz interior y cursilerías que ilusamente me había intentado convencer de haber alcanzado se fueron al carajo.

Era para mejor, sinceramente.

Porque fue como si algo me poseyera, un sentimiento de determinación y seguridad, ordenándole a cada célula de mi cuerpo que hiciera todo lo posible por traer a Lily Luna Potter devuelta a mi vida, y esta vez no dejarla ir.

Y comencé tomando una pluma, tinta y pergamino, y escribiendo una carta:

Sé que me odias, Lily. No te culpo para nada, mierda, incluso te apoyo. La cagué y es algo con lo que tendré que aprender a vivir, por mucho que me joda. Aun así, quiero que sepas que siento cada una de las cosas que hice mal contigo, que hice para lastimarte, y ya sé que a estas alturas no sirve de nada, pero es algo que necesito decirte. Lo siento.

Incluso siento haberte besado. Aunque, Merlín, cómo lo deseaba hacerlo.


Err… qué les digo.

Pues primero que nada, lo siento, de verdad, en mis 3 años de ausencia (casi 4, oops) no me he olvidado de esta historia, la traigo conmigo, y cuando encuentro la energía, escribo un poco en ella. De hecho— y espero que no me odien— de este capítulo solo me faltaba la última escena con Olivia para terminar. Iba a agregar una escena extra, pero decidí cortarla y escribirla mejor desde el PDV de Lily. El siguiente capítulo es desde el PDV de Lily, una escena que he tenido planeada por literalmente años y que no puedo esperar a escribir, luego la escena que corté de este capítulo, pero desde la perspectiva de Lily en lugar de Lorcan.

De hecho, espero que mi bloqueo se deba justamente al cambio de PDV. Siento que tenía que escribir desde el PDV de Lorcan, porque llegué a un punto en que no estaba muy segura si quería que terminase con Lily; necesitaba escribir estos dos capítulos para entender a Lorcan, sus motivaciones y la forma en que se relaciona con otros y con su entorno. Necesitaba explicármelo yo y explicárselo a ustedes.

No tuvo sentido lo que acabo de decir.

Por otro lado, acabo de escribir más de 9,200 palabras y no avancé realmente nada en la trama de mi historia. *aplausos*

El título alternativo de este capítulo es: "Lorcan tiene muchos sentimientos encontrados y no sabe qué hacer con ninguno".

No estoy muy segura de este capítulo, siendo sincera, hubo partes que me encantaron… otras no tanto. Pero estoy feliz de haberlo acabado, la verdad. Fue muy espontaneo, he estado teniendo unos días muy estresantes y decidí ponerme a escribir para relajarme. Además, una persona de aquí con la que solía hablar mucho antes de desaparecerme de esta página acaba de subir una historia, y me inspiró a actualizar (¡saludos, Basileya!).

Sin más que agregar, me despido. Pueden encontrarme en Tumblr como iheartbran. ¡Pueden mandarme un mensajín por ahí! Estoy casi todos los días, y si les da penita pueden hacerlo anónimamente, solo sean amables.

Sé que no rengo derecho, pero ¿review?

POOOOORFAAAAAAAAA.

Besos,

Mede (Pam).