Summary. [U.A] Te dejan plantada en San Valentín. Ni siquiera es tu cita, sino tu mejor amiga. Además, un guapo —y muy sexy— desconocido te confunde con su ex. No hay forma de que salga algo bueno de esto, ¿o sí?
Disclaimer. InuYasha y demás personajes no me pertenece, son de Rumiko Takahashi.
Capítulo dos: ¿Ni tu número?
Nunca me he considerado una persona impulsiva. Ir al cine, caminar y besar un desconocido no era algo que yo acostumbraba hacer. Nunca. Entonces, ¿qué demonios había pasado conmigo?
InuYasha.
Esa no era una respuesta concreta y, en realidad, su persona creaba más incógnitas.
Es verdad que me había contado algo de su vida, habíamos intercambiado varias anécdotas que tal vez yo no había compartido antes con tanta soltura con otras personas pero en la inmensidad del cielo de la noche anterior se había sentido todo tan íntimo, tan cercano casi irreal y podría jurar que él había sentido lo mismo, por otro lado sabía que bien podría ser una ilusión porque para conocer a alguien se necesita más que eso.
Lo que me llevaba a una nueva incógnita: ¿quería más que eso?
Me golpee mentalmente mientras daba otro vistazo a mi reloj; no debería estar pensando en eso. Tenía que asumir que por más dreamy que había sido, ahí se habían quedado las cosas. Ahora tenía problemas más graves. Sango, mi mejor amiga y casi hermana, estaba en camino y sabía que lo único que tenía en mente era interrogarme. Maldecía la hora en que, con las hormonas a flor de piel y una sonrisa de estúpida, había enviado:
«Me besó en la puerta de mi casa.»
No había mencionado con quién o el porqué, solo cerré los ojos y caí exhausta en cama como piedra. A la mañana siguiente tenía 16 llamadas perdidas y mensajes.
«¡Contesta Kagome Higurashi!»
«Si no contestas pensaré que has sido secuestrada»
«Esta es la última vez que trato, si no llamo a la policía.»
Ese había sido el último mensaje, enviado 4 minutos antes de que encontrara el cargador y prendiera el celular. Me mordí nerviosamente el labio. Ya era muy tarde para enviar un mensaje y decirle que había sido una broma y dudaba que Sango me creyera media palabra.
La llamé después de eso.
«¡Hasta que por fin! Estoy en 20 en tu puerta»
Y cortó sin esperar que respondiera. Gran conversación.
Mientras me daba una ducha rápida pensé que necesitaba —me urgía— tener la historia lista y decirle de forma calmada lo que había pasado; nunca había tenido secretos para ella y no empezaría ahora. Aunque siempre había una primera vez para todo… No. Se lo contaría, no había hecho nada malo, ¿no? Solo algo no tan propio de mí. Podría tratar de preguntar acerca de su cita con Miroku y desviar la conversación, sabía que no funcionaría pero ganaría algo de tiempo.
Terminaba de secarme el cabello cuando di un pequeño brinco de manera automática al oír el timbre de mi casa; sabía que era Sango, ella acostumbraba a tocar dos veces. A mi lado, Buyo se estiró pesadamente y salió de la habitación con una agilidad que no creía que mi gato poseía. Buyo era un gato gordo y consentido, conocido por sus dos favoritos (y únicos) pasatiempos: comer y dormir. Al parecer presentía que algo pasaría.
«Gato traidor», pensé.
—¡Yo voy, mamá! —grité, pero nadie me respondió. Seguirían dormidos, supuse.
Bajé las escaleras un poco más lento de lo necesario, tomé una bocanada de aire mientras mentalmente me preparaba para la intervención y abrí la puerta.
—Kagome Higurashi, ¡dime en este momento quién y cómo fue! —sabía de armar un plan previo no habría valido de nada.
—Hola a ti también, Sango, me alegra que estés bien —rodé los ojos.
—No uses ese tono conmigo, Higurashi
Solté una carcajada y ella frunció aún más el ceño.
—Vale, está bien. No te enojes conmigo.
Me acomodé a su lado, ella ya había tomado asiento en el sillón más cómodo de mi sala.
Sango era una chica bellísima, con un cuerpo delgado y atlético de cabello castaño larguísimo hasta la cintura y unos ojos marrones astutos debajo de unas cejas perfectas. Era una persona bondadosa y la mejor de las amigas aunque varios se sentían intimidadas por su fuerte personalidad. Ella lo atribuía a las diferentes disciplinas que dominaba: cinta negra en karate y jūjustsu y casi nadie se atrevía a corroborarlo. Verla molesta bastaba, no había necesidad de verla en acción.
—¿Y bien? —me miró enarcando una ceja. Se veía emocionada.
Suspiré, ahí voy.
Piedad…
.oOo.
—¡Oh por Dios! ¿De verdad fue por rosas del parque y te las regaló? —me sonrojé mientras afirmaba con la cabeza. —Luego te besó en la puerta ¡¿y se fue?! ¡¿sin pedirte tu número al menos?! Hombres...
Abrí mi boca para protestar y luego la cerré. Sango tenía algo de razón. Pero si soy sincera estaba tan abstraída que tampoco se me ocurrió pedirle el suyo.
—Aún así, me parece haber escuchado ese nombre. Taisho, Inuyasha Taisho, InuYasha Tais-. No puede ser. ¡Espera! Cabello plateado, por su puesto —vi como sus ojos se abrieron de par en par, cogió su cartera y tecleó a toda velocidad algo en su iPhone y me lo mostró. En la pantalla se mostraba a un InuYasha vestido en un impecable smoking negro, a su lado una mujer sumamente hermosa de unos 40 años aproximadamente que vestía un largo y delicado vestido palorosa. Ambos sonreían elegantemente a la cámara en algo que parecía una gala.
—¿De dónde sacaste eso, Sango? —acerqué su celular.
—Internet. Sabía que había escuchado ese nombre, por supuesto, InuYasha Taisho, de Taisho Inc. Su hermano mayor, Sesshōmaru Taisho, estudia Administración de empresas y Negocios internacionales conmigo. Bueno, no exactamente él es mayor y terminó el ciclo pasado. Su empresa es una de las empresas más importantes de Japón, pero eso eso solo una manera de decirlo; es EL pez grande de Asia. El año pasado mi padre consiguió hacer negocios con él, así fue como logró salvar la empresa.
Me quedé de piedra.
—¿No te comentó nada de esto? —me preguntó despacio.
—No, pero no es como que me fuera a decir "Amo el ramen y ah, soy rico" ¿Acaso tú me lo dijiste en su momento?
Cuando conocí a Sango a mitad del semestre de 2do de primaria porque tuve la suerte que la cambiaran de colegio y la sentaron a mi lado, me volví automáticamente su amiga, era imposible no serlo y lo adjudiqué claramente al destino. Un día, en el día de padres, su padre realizó un despliegue de aquellos que fue la comidilla del colegio. En ese momento descubrí que mi amiga era más especial de lo que creía.
Ahí fue cuando me contó que debido a una travesura —golpes y cabello quemado incluidos— la habían cambiado a un colegio público y que lo prefería así, ya que sus anteriores compañeras le parecían muy estiradas y ridículas. Al menos así fue como se lo presentó su padre en ese momento.
El año pasado, la empresa de su familia —Taijiya Inc.—, atravesó una gran crisis y esta vez parecía no poder salir de ella pero luego de 3 meses se estabilizó, ahora sabía el porqué. Sango no acostumbraba hablar de esos temas.
—Touché. Además, he escuchado que muy pocas veces tiene apariciones públicas, creo que las reuniones sociales también les parecen aburridas. Pero aun así, ¿no te dejó un número o algo? —me preguntó.
—No —me castigué internamente por sonar tan patética. ¿Debía tomarlo como un "gracias por todo, hasta nunca"?
—Dejaremos que él te contacte primero —me guiño el ojo—, y si no lo hace, yo podría hacerle una visita cordial. No puede comportarse increíblemente tierno y luego esfumarse.
—¡Oh no, Sango! Por favor, no lo hagas. Tal vez simplemente no está interesado —algo se movió dentro de mí al decirlo, pero me esforcé por sonar segura—. Y sabes, si no está interesado, ¿por qué habría de interesarme a mí?
—¡Así se habla!
«Mi turno»
—¿Y qué tal te fue con Miroku? —la tomé desprevenida, ella pareció perder el equilibrio un momento y se sonrojó.
—Después de todos los regalos, me llevó a un hermoso restaurante; la comida era deliciosa. Cuando ya estábamos en el postre, aparecieron tres violinistas. Todo era perfecto...
—¿Hasta?
—Hasta que me llevó a casa y cuando nos despedimos quiso pasarse de listo…
—¿Y…?
—Y lo golpee —respondió con un suspiro. Yo también suspiré. Miroku no tenía arreglo.
Solo lo había visto tres veces y en esas tres ocasiones había sido mientras revoloteaba cerca de Sango. La primera vez fue anecdótica, me había acercado a mi amiga —ella acostumbrarme llevarme a casa, tampoco logré ganar esa discusión— y Miroku me intercepto proponiéndome tener nada más y nada menos herederos con él. Dos segundos después, caía completamente desmayado al piso. Atrás, Sango se limpiaba un poco su perfecto palazzo negro mientras murmuraba por lo bajo "pervertido". En las otras dos se había comportado mejor y solo pronunció un «Buenos días, Srta. Kagome, tan hermosa como siempre». Reí al recordar.
Volví a enfocar la vista en mi mejor amiga, ella apretaba los puños en su regazo y fruncía el ceño en una mueca de disgusto. Sango tenía bastante paciencia, pero Miroku era realmente estúpido. Hice una mueca al saber la frustración que sentía Sango, él le gustaba pero no aceptaría ese comportamiento.
—¿Ya desayunaste? —
—No, ¿quieres ir por un caféy un muffin? —me propuso con una sonrisa aliviada de cambiar de tema, sabía que nunca me negaría a un buen muffin.
—¿Cómo podría negarme? —respondí parándome rápidamente, recogí mi abrigo y mi bufanda. El invierno aún no parecía querer terminar.
Al abrir nos encontramos con un anciano parado en la puerta, era de baja estatura y su cabello (lo poco que quedaba) era de un gris intenso. Sin embargo, sus ojos conservaban aún un brillo de juventud.
—¿Señorita Higurashi? —preguntó alternando la mirada en ambas.
—Soy yo, ¿lo puedo ayudar en algo?
—Mi nombre es Mioga y tengo un envío para usted. Espere un segundo, por favor— se movió ligeramente y pude ver que detrás de él, había un gigantesco arreglo floral, rosas de diferentes tonalidades de rojo que estaban preciosamente distribuidas—. Esto es para usted —dijo cargándolo con algo de dificultad y colocándolo en mis brazos.
—¿Pero qué…?
—Es del joven Taisho, InuYasha Taisho —agregó al ver mi cara de confusión.
—¿InuYasha le mandó flores? — preguntó Sango a mi costado. Solo pude asentir con la cabeza, aún sorprendida.
—¡Señor Mioga, espere! —dijo al ver que el anciano tenía intenciones de retirarse. —No puedo aceptarlo…
—Señorita, tengo órdenes de no moverme hasta que no las acepte. Hágalo, por favor.
—Es decir que si Kagome no las recibe, ¿no se irá? —preguntó curiosa Sango.
—Exactamente. El amo Taisho es algo terco —respondió con media sonrisa. Lejos de verse molesto, parecía divertido.
Fruncí el ceño. Eso era injusto, ella estaba en todo su derecho de no aceptar. Pero él la había conocido lo suficiente para saber que sería incapaz de dejar en la calle a alguien en una mañana tan fría. Eso era jugar sucio.
Si él pensaba que ella aceptaría el arreglo de todos modos, se había equivocado.
—¿Me haría el favor de decirle al joven Taisho, que si tanto quiere enviarme flores que lo haga él mismo? Él sabe dónde vivo.
—Pero…
—Hágalo, por favor —dije endureciendo la voz. Él parecía satisfecho—. Vámonos Sango.
Tomé a Sango de la muñeca antes de que alguno de los dos añadiera algo y bajamos los múltiples escalones del templo y, ahí al lado del Porshe 918 plateado de mi amiga se encontraba una limosina estacionada supuse que era de los Taisho. Me subí al auto y nos dirigimos al Starbucks más cercano
.oOo.
—Todavía recuerdo que estuviste huyendo de Hōyo por dos meses porque no eras capaz de rechazarlo —Sango soltaba carcajadas mientras subíamos las escaleras del templo, era cierta que un buen café y un muffin caliente te cambiaba el ánimo.
—¡Hey! No tenía corazón para decirle que no —fue mi justificación.
—¡Tú nunca tienes corazón para decir que no! —me acusó Sango.
—Entonces, ¿por qué no aceptaste las flores? —escuché una voz que reconocí un poco más adelante. Levanté mi vista.
Demonios.
¡¿Qué hacía él en la puerta de mi casa?!
Bueno, es obvio quién es.
Hello! ¿Cómo han estado?
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¡Lamento el retraso! MUCHAS GRACIAS POR LEER, SÍ A TI.
En el próximo capítulo respondo review por review, ahorita es algo tarde.
Me despido,
Atte: Ro :)
Revisado el 30/05/20
Hace frío, es tiempo de chocolate caliente. Un abrazo y usen mascarilla.
