Summary. [U.A] Te dejan plantada en San Valentín. Ni siquiera es tu cita, sino tu mejor amiga. Además, un guapo —y muy sexi— desconocido te confunde con su ex. No hay forma de que salga algo bueno de esto, ¿o sí?
Disclaimer. InuYasha y demás personajes no me pertenece, son de Rumiko Takahashi.
Tal vez me los regale algún día, maybe. Oh, la historia es completamente mía. Mía de mí.
Anteriormente….
—Sango, de verdad me gustaría acompañarte pero quiero tener un respiro. Ya sabes, después de lo que pasó ayer no quisiera volver a pisar uno de esos lugares.
—No es necesario que vayas como mi acompañante.
—Graci-
—Porque —me interrumpió—, esa invitación no es mía, es tuya. Fuiste invitada. Kagome, los Taisho quieren conocerte.
Capítulo seis: Auction
La invitación en mi escritorio parecía llamarme. Como sonido agudo que persistía en el extraño silencio de mi casa.
Había pasada toda la tarde pensando en si debería asistir o no al baile, a pesar de que Sango me explicó que tenía que hacerlo; sin embargo, no era la clase de persona que se dejaba presionar por la sociedad y sus normas de conducta, menos de un círculo al que yo no pertenecía ni había pedido pertenecer.
Si iría sería por una buena causa, y ese era el problema: era un baile de caridad. Eso está dentro de lo que yo consideraba «buenas causas». Pero tenía la sospecha que la gente iría solo para dar grandes sumas de dinero, grandes sumas de dinero que yo no poseía, por lo que tal vez mi presencia sería irrelevante.
A pesar de ir a una de las universidades particulares más prestigiosas y más caras del país, mi familia no tenía la cantidad de dinero que la gran mayoría de mis compañeros ostentaba a diario. Mi ingreso y pertenencia se debía a un programa de financiamiento de alumnos destacados. Personas con bastante poder adquisitivo ayudaban a alumnos a financiar sus estudios si es que veían potencial en ellos. Yo nunca había escuchado sobre el programa y asistir a esa universidad me parecía demasiado lejano para siquiera soñarlo, por eso, cuando recibí una llamada del director de la universidad a los 17 años, no pude hacer más que sorprenderme. Me parecían demasiados beneficios, no tenía que pagar ni un solo centavo de mi educación si lograba mantener mis notas en nivel decente. En el colegio tuve buenas calificaciones, lo admitía, pero no eran extraordinarias.
No lo suficiente para esa clase de ofrecimiento.
Y aun así, acepté. Era la oportunidad de mi vida, pero nunca lo sentí justo, por lo que cuando terminé mi primer año, pedí retirarme del programa y aplicar a una media beca, mi plan era trabajar a medio tiempo y poder hacerme carga de cierta parte del pago, pero el director no lo aceptó en ese entonces y dejó en claro que no lo aceptaría más adelante. Por lo que me empeñaba en no solo mantener sino mejorar mis notas, para que el dinero que mi "guardían" invertía —si es que se le podía denominar de esa manera— no fuera en vano. Además, por más que quisiera agradecerle, no podía porque el programa era anónimo. Él o ella conocía mi nombre y podía enviarme dinero si quería pero yo no podía conocerlo/a hasta el día de mi graduación y era solo si estaba de acuerdo.
Unos golpes en mi puerta hicieron que diera un pequeño brinco al sobresaltarme, atiné a esconder la invitación antes de pronunciar un leve «pase».
Mi madre me sonreía desde la puerta.
—Hija, te traje un poco de té —colocó la taza sobre la mesa, en el lugar exacto donde estaba la invitación segundos antes. Se sentó en mi cama y colocó la bandeja sobre su regazo.
Esperó.
Así era mi madre. Ella no preguntaba, no exigía respuestas y nunca se entrometía. No recuerdo una sola vez que me haya gritado o siquiera levantara la voz. Mi madre era una de las personas más pacíficas que conocía. "Confío en ti" siempre había sido su discurso.
—En estos últimos días me han pasado cosas de lo más raras —solté despacio, la miré en busca de una reacción—. Cosas que parecen irreales. He hecho cosas que nunca pensé hacer.
Sus ojos me miraban tranquilos.
—Kagome, que no hayas pensado hacer algo antes no significa que sea menos valioso o correcto —dijo colocando su mano en mi cabeza y añadió con una sonrisa: —Además, en mi opinión modelaste muy bien.
Mi cuerpo se tensó y el pánico se apoderó de mí.
—¿Me viste en la tele? —pregunté con voz ahogada.
—Oh, no —dijo con un ademán de «nada de eso». Soltó una risita—. En Internet. Souta me lo mostró.
Se podría decir que me derrumbé psicológicamente.
Mi madre parándose se dirigió a la puerta y antes de salir añadió:
—Confío en ti, hija. Siempre lo he hecho. Estoy segura que sabrás qué hacer ahora.
Yo no estaba segura de nada.
.oOo.
Es una verdad universalmente conocida que, en general, los lunes son un asco. Pero, particularmente este día prometía.
Ni bien pisé el auto de Sango y con nulas ganas de pronunciar una sola palabra, acerqué mi mano con intención de escuchar música al más alto volumen mientras cogíamos vía rápido, a lo que ella reaccionó rápidamente sacando su iPhone para conectarlo al Bluetooth con la mano con la que no cogía el volante. Con una mueca le dije que no importaba qué música, realmente solo quería ahogar el sonido de mis pensamientos. Logré prender su moderno radio después de un «Que conste que te lo advertí» de su parte.
«—… caso de la joven Kagome Higurashi, una estudiante de medicina, que el pasado sábado desfiló suplantando la identidad de nuestra It girl del momento, Kikyo Genso, en la presentación Otoño-Invierno del diseñador francés Rafael Fille.
—No sé tú, Hiro, pero no creo que a la verdadera Kikyo Genso le causara mucha gracia.
—Yo tampoco lo creo. Pero, vamos, si no lo hizo nada mal… podemos decir que fue algo así como su debut. ¡Y qué debut! Además, según nos informan, nunca antes había siquiera estado en una escuela de modelaje.
—Eso se nota, Kenji, le falta técnica a la muchacha.
—Pero le sobra gracia. A mí me cae bien. A menudo sonreía, que es algo a lo que Kikyo Genso no nos tenía acostumbrados… »
Apagué la radio apretando el botón con más fuerza de la necesaria. Ahogué un grito.
—Realmente lo lamento, Kagome —musitó Sango con una mueca después de unos minutos de silencio en la vía rápida—. Intenté que no se hablara de ti, pero parece que los medios están particularmente curiosos sobre ti y todo el rollo de la supuesta suplantación.
—Está bien, Sango, no es tu culpa. Fui yo…
—No, en serio, Kagome —me interrumpió volteándose para mirarme fijamente aprovechando que se había formado una pequeña cola de autos en la puerta de ingreso al campus. Hablaba con voz seria y cortante, pero yo sabía que se sentía culpable, lo podía ver en sus grandes ojos marrones—. Sé que tú aceptaste modelar porque, incluso si no está dentro de tus posibilidades, ayudar es parte de quien eres. Pero, fui yo quien te llevé a ese desfile. Fui yo quien que te llevó tras bambalinas. Y fui yo quien te puse en esa situación.
—Ya no hablemos del tema —hice una pausa y le sonreí para tranquilizarla—. ¿Sabes qué? Tal vez no sea algo malo. Fue una experiencia única — «Y así se quedará», añadí en mi mente—. Que no haya pensado hacerlo antes no significa que sea menos valioso o correcto —cité las palabras de mi madre.
Ella me sonrió, pero al mirar al frente su expresión cambió totalmente y añadió tan bajo que no estaba segura si me lo decía a mí:
—Manten ese pensamiento…
Oh, shit.
Carteles y pancartas adornaban las enormes puertas de la universidad y si eso ya era llamativo, el grupo de pubertos que gritaban y tomaban fotos no hacía más que empeorarlo.
Sango frunció profundamente el ceño mientras hacía sonar el claxon tratando de ahuyentarlos fuera del camino para poder avanzar. Cuando pegaron sus rostros a las lunas del auto con vidrios polarizados, agradecí que Sango hubiera accionado el pequeño botón ubicado en el tablero de control, que en pocos segundos colocó el techo del auto.
Los gritos de «¡fírmame esto!», «¡una foto, Kagome!», entre otras cosas (algunas no tan agradables) hacían que mis oídos pitaran. Junté mis manos sobre mi rostro y miré de reojo a Sango que con su seria mirada hacía retroceder a quienes se pegaban por su lado. Cuando por fin entramos al campus, Sango quitó el techo del convertible y se masajeó la frente con una mano mientras conducía con la otra.
—¡Diez minutos para cruzar la maldita puerta! —se quejó. Dio un vistazo a su reloj— ¡Fantástico! Tengo examen a la primera hora. Simplemente genial.
—Estaciónate en Administración, yo de aquí puedo caminar. Son solo 10 minutos.
—¿Estás segura? —me preguntó.
—Sip, no estamos tan lejos y hoy mis clases empiezan un poco más tarde.
Eso era mentira, pero ella no tenía que saberlo, sabía que se obligaría a dejarme hasta la puerta y yo sabía caminar. Podía hacerlo perfectamente.
—Buenos días Higurashi, el profesor aún no llega —dijo Hōjo, un compañero de mi facultad de medicina, apenas pasé por el marco de la puerta del gran anfiteatro. A pesar de conocernos por más de un año aún seguía llamándome por mi apellido—. Ya sabes, parece que está atascado con el grupo de jóvenes en la puerta.
Por la forma en como me miró supe que sabía que yo era la causante de la batahola de allá afuera. Lleve mi mirada al resto del salón, me daba cuenta que mis compañeros trataban de actuar normalmente, pero sentía la tensión en todo el lugar. Sabía que estaban prestando atención porque todos dieron un respingo cuando Hōjo volvió a hablar.
—Sabes, Higurashi… yo también estaba en la puerta más temprano, me refiero al de la facultad en realidad —se rascó el pelo de su nuca en lo que parecía ser un acto nervioso—. Claro, hasta que tu novio apareció y pidió que todos los chicos nos retirásemos.
—¿Mi novio? Eso es imposible.
—De verdad, incluso casi golpeó a unos…
—No, Hōjo —lo interrumpí—, me refiero a que es imposible porque yo no tengo novio.
—Oh —parecía confundido, pero después de un segundo sonrió ampliamente—. Entonces, Taisho no es tu novio y el otro joven tampoco, en ese caso, Higurashi, me preguntaba si te gustaría…
Pero antes de que pudiera terminar su frase, el profesor entró al salón refunfuñando algo acerca de la juventud y su no-prometedor futuro, y pidió con voz fuerte y grave que nos sentáramos en nuestros respectivos asientos. Se lo agradecí interiormente, no quería tener que responderle a Hōjo.
«¿Taisho estaba en la puerta?»
.oOo.
Era lógico que InuYasha supiera lo del desfile, pero me reprendí mentalmente por no pensar que, de hecho, él pudo haber estado ahí. Imaginarlo en primera fila, mientras yo desfilaba con un vestido demasiado alto para mi gusto hizo que me sonrojara. Qué vergüenza. Cubrí mi cara mientras me castiga por mis acciones, pero no pensé que al hacerlo me iría de bruces hacia el piso en mi camino hacia el árbol donde Sango y yo solemos comer. Escupí tierra mientras intentaba levantarme, una mano se extendió ofreciéndome ayuda para levantarme, sin pensarlo dos veces la tomé.
—Kikyo.
Vestida con una blazer azulino, un jean y un polo blanco donde se podía leer «Paris, je t'aime», estaba parada frente mío sin ninguna expresión en el rostro. Sus fríos ojos me miraban a través de su recto y pulcro flequillo.
—Deberías ser más cuidadosa —dijo con simpleza y empezó a caminar en dirección contraria.
—¡Espera, Kikyo! Yo…
Ella volteó haciendo que su largo y lacio cabello girara hasta posar gracilmente sobre más allá de sus caderas.
—No me interesa.
No supe si me quedé callada por su respuesta o porque de un momento a otro había sido consciente de cuan hermosa era.
.oOo.
Después de mi corto encuentro con Kikyo, no la volví a ver en los siguientes días y tampoco me crucé con InuYasha. Intenté no pensar en que de hecho me importaba saber su opinión sobre mi participación en el desfile. Opté por omitarle a Sango el pequeño pequeño intercambio de palabras que había tenido con Kikyo, toda la situación me había hecho sentir muy intimidada por su persona.
—¿Así que solo la viste pasar? —preguntó. Asentí con un leve cabeceo— Bueno, no sé por qué estaría por ahí, no suele pasar por el bosque.
—¿Suele venir mucho a la universidad?
—Todos los días, supongo —al ver mi cara añadió rápidamente—. Estudia Periodismo en la facultad de Comunicaciones —explicó brevemente.
—No lo sabía —añadí sinceramente.
—Solo necesita el título, apenas se gradúe tendrá su propio noticiero en CNN —ante de que le preguntara como sabía eso, añadió:—. Es fácil cuando ya estás en el medio.
Y lo era. Para ellos.
Finalmente llegó el sábado y como lo había decidido días antes, no había salido de mi cama en todo el día. Sango me había reventado el celular y hasta el teléfono de mi casa había sonado un par de veces, pero decidí no contestar y nadie de mi familia lo hizo. Todos estaban bajo amenaza. Ya le había explicado a Sango que no iba a ir a ningún tipo de baile. Si ya no aparecía, los medios se olvidarían de mí, sería como noticia pasada. Plan perfecto, no me importaba que Sango insistía en que los medios pretendían venderme como la nueva "It girl" y que no me dejarían ir tan fácilmente.
Cuando Sango entró a mi cuarto dispuesta a negociar, no me sorprendí. Ni pestañeé. Incluso cuando prometió no volver a incluirme en ningún otro tipo de salida social, me envolví como un capullo. Todo lo que hizo fue en vano. Se retiró con falsos aires de derrota antes de la hora del almuerzo, aún así no bajaría la guardia, yo sabía que se había propuesto sacarme de mi cuarto así fuera lo último que haga.
Almorcé con mi familia un poco más tarde de lo normal, mi abuelo tuvo varios intentos de hablar sobre el desfile y mi mamá desvió la conversación cada vez, así terminamos escuchando otras de sus historias antiguas sobre el templo. Me ofrecí a lavar los platos, a lo que mi mamá se negó con delicadeza e incluso se ofreció a prepararme un baño. a lo que me resistí en primera instancia pero pensándolo bien un baño caliente podría ser lo que necesitaba.
Después de secar mi cabello, me puse un pijama limpio y me quedé profundamente dormida.
Desperté en la oscuridad cuando la puerta de mi cuarto se azotó fuertemente, por un momento pensé que había olvidado cerrar la ventana de mi habitación y fue el viento que había provocado todo, pero estaba completamente equivocada:
—Pequeña margay, levántate.
—¿Hum?, ¿Rafael? —dije con incredulidad, parpadeando varias veces cuando la luz de mi habitación se encendió.
—No, soy tu hada madrina —esbozó una sonrisa pícara—. Y esta noche tienes un baile.
.oOo.
No podía creer que Rafael estuviera en mi cuarto cuando yo estaba en un pijama de conejos para nada apropiada a mi edad y tenía la sospecha que llevaba baba seca en la comisura de los labios.
Al prender la luz noté que vestía un traje azulino —apostaría que italiano—, una camisa blanca y un chalequito azul eléctrico del mismo color que su corbata. Su saco al igual que el pantalón parecía haber sido hecho a su medida, se veía realmente guapo y supe en el momento en que me sonrió que más de una debió haber llorado porque nunca podrían estar con él.
—¿Ya terminaste de mírame? —preguntó enarcando una ceja.
—Solo me estaba preguntando por qué estás vestido así —No era totalmente falso.
—Sencillo, pequeña. Tenemos a un baile al que asistir, y esta noche soy tu pareja.
Al terminar la última frase, mi puerta se volvió a abrir y pude ver entrar a mi mejor amiga. Tenía puesto un vestido largo de inspiración griega dorado verdoso de dos tiras con pequeño cinturón plateado que ajustaba su cintura, su cabello estaba recogido en una cola y alrededor de su cabeza llevaba una diadema de laureles.
—¡Sango, estás hermosa! Me encanta el vestido, pareces una diosa.
—Gracias, ese día no podía dormir, me suelo inspirar por las noches —habló Rafael
—¿Es tuyo? —Pregunté sorprendida, él me miró ofendido— Por supuesto que es tuyo. Es perfecto, Rafael.
—Lo sé.
—Sé que no quieres ir, Kagome —intervino Sango—, y te juro que este es mi último intento. Si me dices que no, me rendiré oficialmente y me iré, pero relamente necesito que estés ahí.
—Yo también, Margay. Moriría si no estuvieras en ese aburrido baile —dramatizó—, aunque he escuchado que este año será interesante, así que mi recomendación es que no te pierdas
—¿Qué dices? —preguntó Sango, luego de rodar los ojos por la excentricidad de Rafael.
—Iré —ambos sonriendo, levanté un dedo—, pero con la condición de que ésta sea la última vez que asista a alguno de estos eventos. Promételo.
—De acuerdo—levantó la mano derecha—. Yo, Sango Taijiya, prometo solemnemente no provocar que vayas a otra actividad social.
—Bien, creo que esta sería buena ocasión para usar el fabuloso vestido que me regalaste la semana pasada.
—Claro que no, Margay. Aunque adore como te ves en azul, te tengo otra sorpresa. Ya te dije que además de ser tu pareja, hoy también soy tu hada madrina.
Cuando bajé por las escaleras no imaginé encontrarme a 3 desconocidos sentados en mi sala. Ellos —dos mujeres y un hombre tan grande como una montaña— se pararon apenas vieron llegar a Rafael.
—Bien chicos, son casi las 8 de la noche —dijo mirando su reloj—. El baile comienza a las 10, tenemos mucho que hacer. Hitomi —llamó a una de las chicas—, pásame la caja.
No me había percatado que había una enorme caja dorada con un lazo blanco en la mesa central, a lado, dos maletas enormes de varios niveles.
—Bibidi, babadi, bú —exclamó Rafael pasándome la caja—. Pruébatelo, preciosa.
En mi baño me desvestí rápidamente deshaciéndome de mi pijama de conejos y me coloqué lentamente el vestido. Me miré en el espejo de cuerpo entero, mientras asimilaba la imagen reflejada. Era un vestido largo de tul de un tono durazno con un corsé delicado con varillas y bordes blancos, dos mangas largas y abombadas del mismo tul caían gracilmente por debajo de mis hombros y se volvían a ajustar en mis muñecas cubriendo incluso parte de mis manos. Encima del busto, piedras de un blanco con brillo platinado estaban colocadas en un patrón que daba la sensación de delimitar varias escamas filudas y el toque final era una cinta muy delgada blanca que se ajustaba a mi cintura dando paso a las varias capas del tul de la falda caía hasta el piso.
Todo lo que creaba Rafael era simplemente perfecto.
—¿Estás lista? —preguntó él a través de la puerta.
Abrí lentamente la puerta cogiendo la larga tela con miedo a pisarla.
—¿Es que acaso todos los colores te quedan bien, pequeña Margay? —sonreí ante el cumplido.
Después de que una de las muchachas me maquillara suavemente y me dijera algo aparentemente en francés que no entendí, me dirigí a la otra chica para que me peinara, ella me miró un momento y luego me señaló al hombre. Él me esperaba con una sonrisa amplia como riéndose de mi confusión.
—¿Pensabas que era algún tipo de guardaespaldas? —me preguntó con una sonrisa mientras me planchaba el cabello. Yo sonreí apenada —Bueno, debo de admitir que tu amiga y Rafael me pidieron ayuda si es que te negabas a ir, son algo intensos en mi opinión —me contó entre carcajadas.
Yo me reí con él porque, en realidad, sí los creía capaz.
Después de plancharme el cabello, me hizo un pequeño recogido bajo dejando que unos cuantos mechones quedaran sueltos enmarcando mi rostro. Amé el resultado y se lo hice saber con una gran sonrisa y él me deseó buena suerte para esta noche.
Cuando estuve lista, bajamos los tres hacia una limosina negra estacionada con algo de tardanza, la fiesta tomaba lugar en el mismo hogar Taisho. Mis pensamientos rápidamente volvieron a InuYasha, sabía que me cruzaría con él esta noche y eso no hacía más que ponerme nerviosa.
¿Me había estado evitando toda la semana? ¿Tan bochornosa había sido mi participación? ¿Estaba cometiendo un error al asistir?
Cuando por fin llegamos Rafael, que seguía siendo más alto que las dos a pesar de los tacos, nos ofreció sus brazos galantemente y caminamos por la alfombra mientras los camarógrafos tomaban nos llamaban por diferentes ángulos y nos tomaban veinte fotos por minuto. Completamente rodeados de flashes.
De entre toda la multitud de asistentes, reconocí al señor Mioga a pocos metros de la entrada, vestido en un elegante terno pareció reconocernos porque rápidamente se acercó llevando una pequeña tablet en la mano.
—Buenas noches —nos saludó y estrechó la mano de Rafael quien parecía conocerlo— justo faltaban solo ustedes dos. ¿Me harían el honor de acompañarme? —preguntó ofreciendo sus brazos al igual que Rafael.
Con un poco de confusión, nos despedimos de Rafael y no nos quedó otra que acompañarlo.
El señor Mioga nos dirigió a una sala donde varias jóvenes todas elegantemente vestidas conversaban entre ellas, se despidió con bastante educación pidiendo tener paciencia.
—¿Qué crees que pase aquí? —preguntó Sango.
—Ni idea.
—¡Hola otra vez! —exclamó una cantarina voz.
La misma jovencita del desfile de modas estaba parada sonriéndonos frente a nosotras. Esta vez llevaba un vestido azul manga cero con cuello halter, pero a diferencia del nuestro su vestido corto con bastante volumen de plumas en la falda, dándole un aire mágico que combinaba con perfectamente con su delicado rostro. Nos saludó con un beso a cada una sin necesidad de empinarse, no había notado antes que era bastante alta.
—Hola a ti también... —no había notado que no le había preguntado su nombre.
—Mi nombre es Rin Mizuho, pueden llamarme Rin.
—Un gusto, Rin —le sonreí—. Mi nombre es Kagome Higurashi, y ella —Sango sonrió—, es Sango Taijiya.
—Lo sé, yo hice la lista —comentó emocionada.
—¿Qué lista? —preguntó Sango curiosa.
—Oh, mi madrina Izayoi apostó por esta temática para el baile de caridad este año, fue una gran idea si puedo dar mi opinión. Incluso se comprometió a participar ella también y yo prometí ayudarla a hacer la lista si me dejaba participar, a espaldas de Sesshōmaru por su puesto, ya tenemos suficientes problemas con él.
—Lo sentimos Rin, pero no sabemos de lo que nos hablas —dije algo apenada, hablaba tan rápido y con tanta familiaridad que era difícil seguirle el ritmo.
—Es que se supone que es un secreto —musitó con un puchero infantil—. Pero supongo que les puedo contar, de todos modos, formarán parte de ello en unos minutos.
—¿De qué se trata, Rin?
—Sencillo: habrá una subasta.
—¿Hace dos años no hubo una subasta? —comentó Sango.
—No no, esto es diferente —Rin negó con la cabeza—. No subastarán ropa, joyas o algún bien.
—¿Entonces? —pregunté.
Rin sonrió traviesamente al responder:
—A nosotras.
Hellooooooo :)
No se molesten conmigo, he escrito con todo el cariño que le tengo.
He estado muy ocupada con la academia (para ingresar a la universidad ya que quiero entrar a la única donde no les interesan mis notas en el colegio :c) y, obviamente, el colegio :(
Sé que no tengo perdón :(
¡Felicitaciones a Andy . Mr que adivinó a Rin! (Ella era el detalle que dejé en el capítulo anterior.)
Y el personaje sensual que mencioné sí era Sesshōmaru, ¡caramelitos de limón para todos! ;)
¿Qué les pareció el capítulo? Lo hice algo más largo. (Perdónenmee.)
¿A alguien le gusta la pareja Sesshōmaru y Rin?
Porque a mí me encanta y van a tener sus momentos :)
¡Y yo amo cada día más a Rafael!
Sé que les prometí que un capítulo con muchos celos, pero no se preocupen —o me pifien—, el próximo capítulo verán celos cada 3 palabras. ¡Lo juro!
Cierto, me preguntaron qué era Margay:
*Cofcof*
El margay o gato tigre que procede del continente americano, es similar al gato ocelote, aunque de menor tamaño.
Rafael llama así a Kagome porque el margay tiene unos enormes ojos marrones.
Si te gustó, deja un review.
Si no te gustó, deja un review.
Si no sabías qué existía un felino llamado Margay, deja un review.
Les agradezco que se tomen la molestia de leer y comentar :)
Si recién empezaron a leer: Bienvenue! (L)
Si les gustó, hay un botoncito Follow/Favorite, jeje.
¿Alguno tiene alguna crítica o consejo? Me ayudaría a mejorar :)
¡Cuídense mucho, mucho!
Atte. Ro :)
Pd: Si ya están en la universidad, mis respetos. *se inclina*
A respondeeeeeeeeeeer:
Saphira Lullaby
Creo que es tu primera vez comentando (no estoy segura), así que te doy la bienvenida :)
¡Me encanta que te re gustara!
Margay es un felino con grandes ojos chocolate, la verdad que yo tampoco sabía hasta hace un mes, jeje.
Te pido disculpas por la tardanza, espero que disfrutes el capítulo.
¡Cuídate, Skylar!
KibaMei
Yo adoro que te encante :)
Bueno, ya ves que ella tampoco se lo imaginó xd
¡Larga vida a la pizza! Yei.
Sango, es tan skjal. Y Rafa es un amooor.
Oh, ya volví de Machu Picchu, pero prometo llevarte la próxima vez que lo visite (¿) :)
Lamento la demora :(
¡Cuídate!
Bruxi
¡Para ti toda una bolsa!
Oh, gracias por el cumplido. (Espero no defraudarte :c)
No sabemos cómo reaccionarán sus suegritos *chanchanchanchán*
Lamento la tardanza muuuuuuucho :c
¡Cuídate mucho!
Roosse.98
Lo sé, Rafael es todo un amor.
¿Ya recibiste tu caramelito de limón? :)
Lamento hecho esperar tanto, Emilie :(
Traté de hacerlo lo más rápido que pude, lo juro.
Va con mucho cariño el capítulo, espero que te guste.
¡Cuídate mucho, Emilie!
Candy
No te preocupes, yo también estuve ocupada :(
Kagome, no se da cuenta que está metida hasta el cuello, ¿alguien debería avisarle?
Perdón por la tardanza.
¡Cuídate mucho!
Arianawh0a
Yo también me enamoré de él, es un completo amor.
Me encanta que te encante :)
No apareció InuYasha ni Kōga, pero apareció Kikyo (?) Okno.
Gracias por comentar.
¡Cuídate mucho!
Neri Dark
¡Yo también espero que se lleve bien con los suegritos!
Yo tampoco puede esperar a ponerlos celosos sdkjsdh
Lamento mucho la demora :C
Gracias por comentar y por el cumplido
¡Cuídate mucho!
Besos :)
dan9912
Oh, ponme un 20 :c
¿Quién la habrá invitado? *chanchanchanchán*
En Perú, la puntación es del 1 al 20.
¡Cuídate mucho!
Kagome
Ahí te va, disculpa la demora.
Cuídate :)
pbsaracho
Oh, ¡MUCHAS GRACIAS POR EL CUMPLIDO!
Adoro que te guste la historia :)
Lamento la demora :(
¡Cuídate mucho, mucho!
p0pul4ar
LAMENTO LA DEMORAAAAA :(
En el próximo capítulo veremos quién envió la invitación ;)
¡Cuídate!
Andy . Mr
LAMENTO LA TARDANZAAA :(
Pero tuviste mención honrosa en este capítulo sjadhs
¡Felicitaciones por adivinar! (Eran dos personajes, pero solo tú adivinaste a Rin)
InuYasha aparecerá en este y no solo él ;)
¡Cuídate mucho!
Mary Yuet
Fresca como una lechuga (?)
Lo tomaré como un cumplido :)
Ya que no pasó en este capítulo, te daré un adelanto.
Sí, aparecerá Kōga, pero también un personaje que todas esperamos. *chanchanchanchán*
Lamento la tardanza.
Estoy muriendo con lo de la academia :c
¡Que Dios te bendiga y muchos besos y abrazos!
STAY STRONG.
