Disclaimer: Los personajes de Inuyasha no me pertenecen son de completa autoría de Rumiko Takashi, la historia y sus perversidades son completamente míos \(u_u)/ ¡eh dicho! Leed y disfrutad corazones míos.

"Oscuridad"

Kagome había perdido la cuenta de cuanto tiempo tenían viajando, se había abandonado así misma en un limbo mental del cual no quería salir, la realidad era demasiado para ella. Después de lo que fueron en realidad dos días completos de viaje, tuvo que reaccionar…

Querida Kagome, esta es una de las guaridas secretas de los del clan de los hombres lobo del norte, este será nuestro hogar por las siguientes dos semanas, espero que lo encuentres agradable— declamo con una anhelante sonrisa el demonio lobo.

Kouga…—pronunció titubeante la azabache— ¿tú en verdad estás enamorado de mí? —le interrogó con cautela.

El ojiazul la miro de manera determinante mientras se corto los dos pasos de distancia que los separaba—Escúchame bien Kagome, no quiero que te quede ninguna duda de lo que siento por ti, así que seré claro en este momento, NO HAY OTRA MUJER PARA MI QUE NO SEAS TÚ, LO DECIDÍ DESDE EL DÍA EN QUE TE CONOCÍ Y ASÍ SERÁ HASTA EL DIA DE MI MUERTE. —sentenció el pelinegro sujetándola fuertemente de ambos brazos.

Algo dentro de la mente de la chica hizo clic, y de pronto una oleada de furia que no sabía que se hallaba contenida dentro de ella estalló—Que tú… que tú lo decidiste?, es cierto…— susurró— ¡si estamos justo ahora en esta situación es todo por tu causa! —gritó con recelo.

¡¿A que demonios te refieres mujer?! —Gritó de igual modo mostrando un temperamento que ella no recordaba haber visto dirigido hacia ella—Te recuerdo que tu aceptaste este acuerdo, yo cumplí con mi palabra.

¡Claro que lo acepte la vida de Inuyasha pendía de un hilo! ¡Y tú te aprovechaste de la situación, no pensé que realmente me harías cumplir con mi parte del trato! —gritó nuevamente contrariada—No cuando te dieras cuenta de que no puedo ser tu mujer Kouga, lo siento pero yo nunca podré amarte.

¡¿Qué demonios estas diciendo?! Ni siquiera llevamos juntos una semana y ya estas diciendo estupideces…—exclamó realmente molesto.

No son estupideces, yo no soy como los demonios que con marcarse sienten un lazo con sus compañeras, soy una humana, mi capacidad de amar y la manera de hacerlo es algo complicado y yo… yo no soy la indicada.

¡Por supuesto que lo eres!

¡No, no lo soy! ¡Basta Kouga! Tu te mereces a alguien mucho mejor alguien que sea capaz de amarte con todo su corazón, alguien como Ayame…

Al escuchar el nombre de aquella demonio su mirada pareció opacarse —Entre Ayame nunca podrá existir nada, esa es una posibilidad que desapareció hace mucho tiempo—murmuró más para si mismo que para la azabache—Por eso quiero que entiendas de una buena vez que mis sentimientos por ti son únicos y verdaderos, tal vez aun no lo entiendas pero tendrás que hacerlo, porque no pienso dejarte ir—declaró posesivamente.

¡PERO ES QUE YO AMO A INUYASHA! —Gritó con impotencia— ¡Lo amo y siempre lo haré, no importa lo que hagas!

Un ruido sordo corto el aire, mientras ella no podía salir de su asombro ¿Kouga… acababa de abofetearla?

Eres mi mujer Kagome, MIAremarcó con fiereza— Lo serás desde hoy y hasta la muerte—en su mirada podía vislumbrarse una oscuridad que Kagome no había podido ver jamás en el, y eso la asustaba muchísimo—Más adelante hay una cascada, debes ir a asearte, es imperativo que te quites ese aroma de encima, es repugnante— le dijo con sorna.

El aroma de Inuyasha…pensó, al recordar como lo había sostenido entre sus brazos cuando yacía sin vida, y sin poder evitarlo las lágrimas acudieron a sus ojos marrones.

Pudo divisar la cascada y dubitativa decidió entrar con su ropa puesta, no le daría el gusto de verla desnudarse.

Quítate la ropa—ordenó

¡No quiero! —contestó con enojo, se resistiría, se negaría, no lo haría, no por voluntad, dichas tales palabras entro a la cascada.

¡Maldición! —masculló y acto seguido de un salto se adentro al agua posicionándose frente a la sacerdotisa del futuro. —Te ordené que te desnudaras.

¡No lo haré! No te haré las cosas fáciles Kouga…yo voy a— más no pudo terminar la frase puesto que con una de sus garras, el hombre lobo desgarro su uniforme escolar, partiendo la parte superior en dos, dejándola solamente con un rosado sostén y su falda escolar verde.

¿Qué es esta extraña tela que llevas puesta?—Preguntó acercando su rostro indecorosamente para olfatearla—Apesta a ese bastardo—y sin más con una de sus garras la rasgo por el centro haciendo que quedará al descubierto. No pudo más con tal exposición y se cubrió firmemente con sus brazos, volteando su rostro para ocultar la vergüenza y la creciente desdicha que sentía.

Yo… terminaré de desvestirme por mí misma…—pronunció apenas con impotencia.

No debes ocultarte de mí, mi preciosa Kagome—le dijo al momento de abrazarla y enterrar su nariz en sus cabellos—eres hermosa—dijo con una dulce sonrisa—te traeré unas sales de baño, y cuidaré de ti desde aquella roca.

No es necesario—contestó pasmada por el radical cambio de actitud del ojiazul.

Aún así lo haré, yo siempre te estaré observando Kagome—le prometió tomando su barbilla para que le pudiese mirar fijamente y entonces, la besó.

Y entonces al verse por fin despojada de aquellos carceleros brazos dejo sus lagrimas escapar, y lloró, se despojo de sus ropas y se hundió en el agua, porque se le había robado su primer beso, aquel que con anhelo guardaba para Inuyasha, su corazón sufría, y sus ojos ardían, y al mirar hacia la superficie desde su profundidad pudo verlo nuevamente ahí, acechante, la mirada azulina de Kouga, quien le observaba con el entrecejo fruncido.

¿Por qué Kouga estaba haciendo esto? ¿Acaso no podía ver que no lo amaba? ¿Se había equivocado al juzgarlo de buena persona? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? Se preguntaba una y otra vez y decidió dejar que el agua se la tragara. Y entonces lo vio zabullirse dentro del agua —¿ No la dejaría ir nunca?

No vuelvas a hacer eso —le dijo mientras la llevaba en brazos —No te marcharás de mi lado mi amada Kagome, ahora yo mismo te bañaré — acto seguido comenzó a enjabonar cada parte de su cuerpo sin pudor alguno, mientras ella se dejaba hacer vencida.