Advertencia el siguiente capítulo contiene material sensible y para mayores de 18 años.
"Marcada"
Al salir del agua sintió como una cálida piel de lobo cubría su desnudez. Y acto seguido emprendieron la marcha hacia la guarida que le había mostrado previamente. Dentro de ella se podía apreciar que aunque sencilla estaba amueblada justo con lo necesario poder vivir por un tiempo en el lugar, ¿ese sería su nuevo "hogar"?
Con una sonrisa orgullosa le mostró el interior —Este será nuestro hogar por un tiempo, la amueble con todo lo que creí que pudieras necesitar, pero si te hace falta algo solo tienes que decirlo, cualquier cosa Kagome en verdad —declaró titubeante con un leve sonrojo en su cara.
La azabache lo observó contrariada y dubitativa por una parte aun se sentía ultrajada por lo ocurrido en el lago y lo voluble de su temperamento, pero por otro lado, ella había hecho una promesa ¿debería darse una oportunidad, aunque no lo amara?
—Gracias —murmuró apenas —Creo que lo que necesito ahora son nuevas ropas, ya que... —se congeló al recordar como había destruido las suyas en el lago, apretando más contra sí misma la piel como si pudiera protegerla del hombre lobo.
—Ven —le dijo instando a seguirlo más adentro de la cueva —En este baúl hay algunas prendas que me tomé la libertad de comprarte, por favor úsalas, yo... espero que te gusten Kagome —dijo acercandose a ella pero deteniendose al ver el temor en sus ojos.
—Kagome, no quiero que me temas, yo de verdad te he deseado desde el momento en el que nos conocimos y cada palabra que te grité al pie del nido de las aves, fue real, no es la manera en la que esperaba que pasaran las cosas pero ahora estamos aquí y quiero que las cosas funcionen —terminó con una determinación sincera, en sus ojos había pureza nuevamente y esto en cierto modo la tranquilizo.
—Yo... te agradezco Kouga —le dijo sin saber muy bien que sentir —Se que tal vez no ha sido el mejor de los comienzos, pero si puedes ser paciente y esperar... creo que yo...puedo intentarlo genuinamente, es decir lo de nosotros — le explicó sin mirarle directamente.
Sin embargo al escuchar tal declaración, el ojiazul no pudo contener su emoción.
—Te prometo que te daré tiempo quiero hacerte feliz — exclamó euforico tomándole la mano que tenía libre como hiciera antaño.
—Mmmj —soltó la ojimarrón asintiendo con la cabeza —Ahora... ¿Podrías darme algo de privacidad para poder vestirme?
—¡Pero Kagome pronto seremos compañeros no tienes nada de que avergonzarte! —espetó con una sonrisa —Realmente eres muy hermosa y ademas se espera que pronto nosotros ... —no terminó su perorata pues fue interrumpido por la azabache.
—Yo lo sé pero...prometiste darme tiempo ¿recuerdas? —le dijo con algo de pesadumbre en su tono de voz —Las cosas están sucediendo demasiado rápido para mi Kouga.
—Esta bien, iré a cazar la cena ¿de acuerdo? debes estar agotada por el viaje, volveré pronto.
Un largo suspiro pudo ser liberado, no se dio cuenta que contenía la respiración hasta que lo vio partir fuera del lugar. Con cautela observó el lugar, había sido honesta con el azabache, en verdad estaba dispuesta a intentar cumplir con su palabra, si el podía ser paciente y permitirle adaptarse a su nueva realidad, después de todo el había cumplido con su parte del trato. Se agachó y abrió el gran baúl de mimbre que estaba al pie de lo que parecia un futón cubierto de pieles y comenzó a examinar su contenido.
Dentro de el se encontraban seis kimonos y varios obis de diferentes colores, aunque eran de diseños sencillos la tela parecía realmente hermosa y suave, de pronto se detuvo al ver uno de color rojo con unas hojas marrones en el borde bajo del mismo con un obi marrón a juego entre sus manos y al mismo tiempo vio la marca de su pacto que relucía en su muñeca, la cual había mantenido oculta bajo su uniforme y sin quererlo soltó unas lagrimas traicioneras rodaron por su mejilla
—Inuyasha... —sollozó abrazando la tela .Después de llorar un rato amargamente se dispuso a cambiarse y a recomponerse en una pieza. Una vez que Kouga la marcara ya no habría vuelta atrás e Inuyasha probablemente la despreciaría, tal vez nunca se enterara de lo que ella había hecho por él, pero eso estaba bien, estaba dispuesta a vivir su nueva vida, pero siempre lo mantendría en sus recuerdos, sonaba algo rídiculo pero al menos con ese kimono rojo se sentía un poco más cerca de su amado Inuyasha.
Inspeccionó su nuevo "hogar", el cual constaba de una mesita con un par de sillas en la entrada, y detrás de ellos una caja que contenía algunos cuencos y cucharones, más delante estaba el gran futón cubierto de pieles grises y marrones y a sus pies estaba el gran baúl de mimbre con sus pertenencias y al lado una cajita aun más pequeña que contenía sales de baño y algunas esencias enfrascadas además de unas peinetas con algunos adornos para el cabello, a su derecha había un gran espejo, y decidió recoger su cabello encontrando infinito placer y tranquilidad en cepillar y desenredar sus larga y abundante cabellera.
Cuando la noche cayó, el ojiazul regresó al hogar.
—¡He cazado un gran jabalí fuera se esta cocinando! —gritó alegremente —también traje algunas frutas y nueces .
—Bienvenido Kouga — le dijo con voz tenue tratando de sonreír teniendo sus ojos entrecerrados, lo cual ocasionó que ni siquiera lo viera venir.
—¡Maldita sea! ¿Estabas pensando en ese bastardo asqueroso no es cierto?
La joven sacerdotisa se encontraba aturtida por el golpe, sentía como le escocía la piel del rostro donde una certera bofetada le había dejado las marcas de sus garras en su mejilla izquierda.
—¡Habla de una maldita vez —le gritó elevando su tono de voz decibeles más alto haciendo que reaccionara.
—¿Pero que demonios te pasa Kouga? —gritó a su vez con ira.
—Pasa que me quieres ver la cara de estúpido ¿no es cierto? Aún estas planeando la manera de volver hacia ese hanyou repugnante, ¡puedo oler la sal en tu rostro! estuviste llorando por él.
—No se de que me estás hablando, actuas como un enfermo, ¡te dije que lo intentaría!
—¡Cállate! — le gritó una vez más propinandole una nueva bofetada causandole un moraton en la otra mejilla, sin embargo el grito de la pelinegra lo hizo enfurecer aún más .
—Todo esto es tu culpa, sino te hubieras puesto ese maldito kimono rojo — y apenas dicho eso lo rasgo con sus manos.
—¡Baaasta! —gritó desesperada la ojimarrón temerosa de verse desnudada a la fuerza por el hombre lobo. —Te odio — sollozó incontrolablemente.
—¡Se acabó no más espera! —dijo tomandola del cuello de sus ropas arrastrandola hacia las pieles.
—Suéltame —gritó sin embargo calló al darse cuenta de donde la había depositado.
—Esta noche serás mía, si pensaste que tenías alguna posibilidad de volver con ese bastardo hijo de perra, estas equivocada —vociferó mientras desataba las ropas que sostenían sus prendas a su pecho y caderas.
—¿Kou...ga? ¿De qué estás hablando? — murmuró con genuino temor tratando de proteger su cuerpo cubriendose con sus manos. —¿Qué estas haciendo?
—Lo que debí haber hecho desde un principio.
El miedo la atenazó al ver el cuerpo bronceado del azabache completamente desnudo y con su miembro erecto. Una arcada subio por su garganta pero hubo de contenerla para lograr suplicar.
—Por favor detente Kouga, no quiero esto por favor por favor... no —decía dejando que el miedo fuera evidente en sus palabras.
—Ni una palabra más—entonces sujetó a la sacerdotisa por los brazos inmovilizandolos sobre su cabeza mientras aquella gritaba desesperadamente —¡Te dije que te callaras! — un nuevo dolor se instaló en su mejilla, más ella no dejaba de luchar y de forcejear aterrada.
Con sus piernas trataba de golpearle lanzando patadas a diestra y siniestra sin embargo el dejo caer todo su peso sobre ella, separando sus piernas y su kimono con una de sus piernas, metiendo la mano que tenía libre en su intimidad sin recelo alguno. Esto hizo que la azabache se congelara inmediatamente y las lagrimas corrieron por sus mejillas.
—Kouga, por favor, por favor escuchame te lo suplicó, no hagas esto no de esta manera, por favor... —rogó mirando en sus ojos ese velo invisible que parecía caer sobre sus ojos haciendolos parecer más oscuros y aterradores.
—Se acabó el tiempo... — susurró mientrad mordía y lamía el suculento pecho de la mujer yacía bajo sí, su aroma lo estaba volviendo loco desde que la había conocido y por fin la estaba probando.
Kagome gimió pero se resistía a darse por vencida y logro mover una de sus piernas y darle un incomodo golpe en su cadera.
—Más vale que te detengas mujer —le ordenó mientras le propinaba un golpe seco en el estómago, lo cual la dejo sin aire.
—Inuyasha... Inuyasha...Inuyasha — era todo lo que su mente podía repetir, se estaba abandonando de si misma cuando la violenta intrusión la trajo de vuelta a la locura que estaba ocurriendo, un grito desgarrador salió de su garganta cuando pudo sentir su semilla caliente dentro de ella, y a su pesado cuerpo descansar sobre ella.
