"UN ÚLTIMO MOMENTO DE FELICIDAD"
Kagome sentía que se dirigía a su sentencia de muerte, habían partido al amanecer hacia el clan de los lobos y apenas llegaban a su destino, se notaba como ahora todos respetaban a Kouga en ese lugar al apartarse del camino de los recién llegados. Entraron a una cueva de la cual salió a recibirlos una vieja mujer lobo de cabello plateado con cara de mala gana, pero Kagome no quiso prestarle atención; en su cabeza rondaba la cuestión de si estaría esperando un hijo de Kouga y de que pasaría cuando Inuyasha se enterara.
—"Probablemente saldría acorriendo a los brazos de Kikyou a consolarse" —pensó con desdén torturándose a sí misma con esa clase de pensamientos.
—Aún no—pronunció con una voz rasposa que sacó a la azabache de su ensimismamiento —Tu hembra no ha quedado preñada, ¡mujer!—exclamó con tono duro dirigiéndose a Kagome—Debes indicarle a tu compañero cuando son tus días fértiles para lograr una concepción más pronta, es saludable y tiene caderas anchas además de buena anatomía no debe haber inconvenientes para que dé a luz a tu primer camada, aunque tratándose de una humana es probable que solo dé a luz a uno o dos cachorros hanyous.
—¿No... estoy embarazada?...—fue lo único que pudo articular a duras apenas.
—No te preocupes cariño—dijo con dulzura y una sonrisa en el rostro joven lobo—Solamente no lo intentamos en el tiempo propicio ¡ya verás que pronto tendrás corriendo pequeños hanyous en nuestra guarida!—dijo dándole un tierno abrazo que la chica dejó que le diese.
Aquella no pronunció palabra solo asintió y esbozo una pequeña sonrisa, en su mente la palabra hanyou y la noticia de que aun no estaba embarazada le dieron esperanzas para volver al lado de Inuyasha, sólo debía ser paciente y esperar una última oportunidad.
—Ahora sólo nos falta ir con el viejo solo para que reconozca ante el clan que has cumplido como prometiste, y que oficialmente somos compañeros y líderes de la manada.
—Si querido Kouga, pero dime ¿hemos de regresar a nuestro hogar nos quedaremos con la manada?—dijo la ojimarrón con el tono más disimulado posible.
—Kagome ¿te gustaría quedarte con la manada?- su rostro se oscureció de una manera aterradora, más esto no consiguió amedrentarla del todo y después de una pausa finalmente habló.
—Sabes Kouga si hemos de tener cachorros ¿no crees que es mejor que vivamos cerca de una aldea humana?
El moreno se acercó y sin más le soltó un severo bofetón —¡¿No estarás pensando en volver a la aldea de ese perro rabioso, VERDAD?!—demandó a la pobre muchacha que había arrojádose al suelo por la respuesta agresiva e inesperada del de ojos turquesa —¡CONTESTA!Porque si es así te juro que te…—dijo acercándose al suelo y gritándole a la chica que sólo alcanzó a cubrirse con los brazos el rostro y a gritarle llorando su contestación.
—¡No!—gimió—¿Qué te sucede Kouga? ¡Basta! Nuestras criaturas serán mitad humanas, mitad bestia, sólo quiero que estén cerca de niños de su edad como ellos, quiero criarlos en un ambiente humano también—decía sin dejar de protegerse y aumentando su llanto—Extraño el contacto con las personas, ¡ya no puedo volver a ver a mi familia por que el pozo se selló! ¡Estaré contigo por siempre! ¿No lo entiendes?
—Kagome yo—una vez más su rostro cambio drásticamente por uno triste y preocupado—¿De verás que piensas en el futuro de nuestros cachorros verdad?
—Por supuesto Kouga…—dijo acurrucándose en el pecho de este, conteniendo todo el miedo y asco que le provocaba su contacto.
—Descansemos hoy aquí, mañana buscaremos una aldea humana cercana y que te agrade ¿de acuerdo?.
—Sí—le contestó secándose las lagrimas y sonriéndole—"Bastardo malnacido nunca me volverás a poner un dedo encima, te arrepentirás de haberme llevado a las aldeas"—pensó para sí.
—"Creo que ha pasado suficiente tiempo para dejarla pensar… es momento de que vaya por ella" —pensó con decisión.
Inuyasha se dirigía al pozo pero al momento de lanzarse para atravesarlo, su cara se lleno de terror al darse cuenta que no había podido pasar al otro lado del pozo.
—¿Pero qué demonios está ocurriendo? —dijo mirando hacia arriba y ver que aún podía divisar el cielo del Sengoku —¡Estúpida Kagome! ¡¿pero que has hecho?! —salió e intentó atravesar el pozo varias veces más pero todos sus intentos fueron inútiles, en su cabeza solo estaba una cosa presente: Kagome se había ido para no volver y el no podía hacer nada para traerla de regreso—Ka… Ka.. go… me… esto no, no puede estar pasando… ¡NOOOOO!…—gruño con furia mientras en su rostro se divisaban unas manchas moradas y sus ojos se tornaban rojos, rugió una vez más, haciendo que toda la aldea se estremeciera con el rugido de la bestia que se acababa de liberar.
—¡Ésta es Kouga! Aquí quiero permanecer, es hermosa tiene un claro, y un hermoso arroyo nuestros pequeños podrán jugar aquí, y además podré ayudar al pueblo con la protección del mismo, puesto que su sacerdote está muy enfermo, de todas las que hemos visitado esta es la que más me ha convencido ¿podemos quedarnos aquí? ¿Esta lo suficientemente cerca de la montaña de los ancestros? ¿Por favor?
— Esta bien Kagome si es aquí donde deseas establecerte aquí nos quedaremos, regresaremos mañana para comenzar la construcción de nuestra cabaña.
—¡NOOO! –exclamó asustada — Eh… esta atardeciendo ya Kouga y estoy muy cansada, además me encantaría cocinar algo para cenar, ¿me lo permites? —respondió aceleradamente.
—Esta bien Kagome, pero deberemos de regresar a nuestra cueva para recoger nuestras pertenencias mañana a primera hora, iré a cazar algo.
—¡Sí! —le despidió con una mano al aire, y al perderlo de vista echo carrera a encontrarse con el monje de la aldea —¡Su excelencia! Su excelencia! —gritaba desesperada.
—Jovencita tal y como previniste 3 días antes al llegar aquí aldea mientras daban su recorrido, el mensajero que enviamos volvió esta mañana con un mensaje para ti de parte de la sacerdotisa de tres aldeas al norte.
—¿Y? ¿Qué fue lo que le dijo?, ¡contésteme por favor! —le rogó con desesperación.
—Tal parece que el hombre mitad bestia que mandaste a llamar no se encontraba en la aldea que indicaste, según el relato de la sacerdotisa de nombre Kaede perdió el control y se volvió completamente Youkai y desapareció de la aldea hace 3 días aproximadamente— explicó con su raspoza voz el anciano sacerdote.
La azabache se dio de bruces cayendo de sentón en el suelo de la cabaña del sacerdote, no cabía ninguna duda su enviado no se había equivocado de aldea, si la misma Kaede había hablado con él, sólo pudo pensar que estaba perdida—Gracias su excelencia…
—Hija si necesitas ayuda…
—Si la necesito su Excelencia, pienso marcharme y escapar del hombre lobo que llegó conmigo esta tarde, por favor necesito que use un campo de protección puesto que se que perderá la ordura en cuanto se entere de que he huido…
—Así lo haré pequeña.
—¿Podría también regalarme un arco y flechas?...
Kagome se adentró en lo profundo del bosque su plan estaba jodido, sin saber donde se encontraba Inuyasha no le quedaba de otra más que escapar y tratar de ocultar su presencia, si el malnacido de Kouga la encontraba estaba segura que la mataría era todo un caso clásico de un trastorno bipolar, su única esperanza era encontrar a su ahora Youkai y hacer que hiciera que Kouga entrara en razones antes de volverse un hanyou de nuevo, porque si lo hacía no estaba segura de que Inuyasha pudiera ganarle a la furia del demonio lobo. Sin embargo bien sabía que si Kouga seguía con vida ella no podría dormir en paz nunca más y aquel pensamiento la aterró.
—"Esta completamente oscuro es probable que Kouga ya me este tratando de rastrear, solo espero que no haya logrado hacerles nada a los habitantes de esa aldea…—un fuerte ruido la alertó, parecía ser que una pelea entre demonios se estaba llevando a cabo, y lo confirmó cuando la cabeza de un ogro cayó justo enfrente de los matorrales en que ella se encontraba escondida.
—¡Ahhh! –sus ojos se abrieron grandes como platos—Inu… ya… sha…
Ahí estaba frente a ella el Inuyoukai manchado de sangre y con varios cuerpos de ogros a su alrededor.
—¡INUYASHA! – gritó sollozando y dejando caer lágrimas de sus ojos—¡INUYASHA!
—Ka.. ka… go… me…—su mente no dilucidaba bien si lo que estaba frente a él era en realidad la sacerdotisa que amaba tanto en realidad, o sólo una cruel ilusión de su mente alterada —¿Eres tú?—sus ojos se volvían dorados y parecían llenarse de una alegre tristeza, sí, era su hermosa amada, pero entonces ¿por qué no había sentido su presencia? Eso no importaba ahí estaba ella justo ahora corriendo a sus brazos… habían sido días deseperados.
La sacerdotisa del futuro se lanzó instintivamente hacia él y sus brazos —Inuyasha!—no podía dejar de pronunciar su nombre, ¡no quería dejar de pronunciar su nombre!, por Kami que ese ser que estaba frente a ella era lo que más amaba…—¡Inuyasha te extrañe tanto!—exclamó mientras este la rodeó con sus protectores brazos y apoyó su cabeza en la de ella, por fin Kagome se sentía feliz de nuevo.
Cuando de pronto el medio demonio peliplata no articula palabra alguna y la suelta sin más ceremonia.
—¿Qué sucede Inuyasha? Te extrañe tanto y yo… —más no pudo terminar al escucharlo gruñir de cierta manera extraña. Retrocediendo y aún conmocionada pregunta que le sucede —¿Inuyasha qué ocurre?
Acto seguido el ojidorado agacha la mirada, mientras observa como sus garras comienzan a crecer de nuevo y las marcas púrpuras en su rostro comienzan a resurgir así como al levantar la mirada le deja ver a la asustada chica que sus ojos se han tornado rojos de nuevo.
—Apestas… —sentenció con una voz gutural y espectral.
—¿Inuyasha de qué?...¡Ahhh!—suelta un pequeño grito que trata de ahogar cubriéndose la boca con la mano.
Se acercó a toda velocidad a hacia ella, la cual solo cerro los ojos sin saber que esperarse, la tumbo al suelo y se hecho sobre de ella olfateándola, miró su cuello y gruño con furia y clavo uno de sus puños en la tierra justo al lado derecho de la cabeza de Kagome.
—¡Inuyasha yo!— el Youkai perro la silenció clavando el otro puño en la tierra y la chica sólo se dedicó a sollozar disculpas una tras otra.
Inuyasha rugió y le lanzo una mordida donde estaba la marca que había dejado Kouga, haciendo que la chica del futuro gritará —Eres una maldi…— gruño tomandola con sus garras de los hombros.
— ¡Mátame! después de lo que Kouga me ha hecho ya no quiero vivir, se que no quieres estar más junto a mí así que mátame.
—¡Kagome tonta!- le grita mientras la abofetea, sin usar fuerza realmente.
Anonadada no sabe que hacer más que mirarlo y tratar de ver en él al hombre que tanto amó.
Y el hijo del general perro se pierde en esa mirada achocolatada, mordiéndola de nuevo, comenzando a arrancarle las ropas.
Kagome siente como Inuyasha la desnuda violentamente, sabe lo que esta haciendo, y lo que va a ocurrir, pero también siente lágrimas rodar por la mejilla de su amado ella sólo abraza, y siente la dura penetración de su amado que no se hace ni tierna ni dulce—"No importa, ya nada importa, al menos es mi amado Inuyasha de quien se trata esta vez…"— ¡Ahh! –grita fuertemente al sentir a Inuyasha embestirla una y otra vez —"Mi amado Inuyasha disfrutaré este último momento de felicidad contigo"
— ¡Ahhhhhhhhhh!— siente a su amado dejarse ir dentro de ella y luego caer sobre su pecho aspirando fuertemente.
— ¿Pero qué demonios hiciste Kagome…?— dice entre sollozos.
—Vendí… vendí mi alma mi querido Inuyasha, pero no hablemos de esto, abrázame un poco más…— dice jadeante
El ahora nuevamente hanyou se hunde en su pecho, enterrando su nariz en ella —Te he hecho algo terrible, perdona yo … no soportaba tu aroma— le suplica sollozante.
La sacerdotisa acaricia su cabeza mientras él la abraza y se aferra a ella— No digas más, por favor déjame permanecer contigo un poco más…
—Kagome…
