"RECUERDO"

Kagome aún no despertaba de su ensoñación, aquél beso que le había dado Inuyasha junto con la promesa de protegerla hasta la muerte la habían hecho perder todo el miedo de su cuerpo.

Inuyasha la separó un poco de sí y la acuno entre sus brazos, como si fuese un pequeño bebé, definitivamente no quería perderla de nuevo.

—Perdóname Kagome, jamás, jamás dejare que te pase nada de nuevo… yo te cuidaré con mi vida, así que por favor permanece siempre a mi lado, esta vez seré yo quien de su vida por ti—dejo caer ligeras lagrimas de rabia y dolor hundiendo su rostro en el cabello de la sacerdotisa, tratando de mantenerse calmo por ella ya que para él le era imposible sentir tranquilidad alguna hasta no haber exterminado al lobo bastardo, se lo había jurado a él mismo el instante en que Kagome dejo de articular palabra alguna finalizando con su silencio su relato—"No descansaré en paz hasta que lo elimine y estoy seguro que tu tampoco mi querida Kagome"—pensó para sí.

—Si Inuyasha—estaba sonrosada sus ojos estaban cerrados guardando dentro de sí aquel momento, las ganas de vivir habían vuelto al fin a ella, pues su amado hanyou aún la quería.

Poco querían pensar siquiera en esos momentos aquellos dos pequeños amantes que el demonio responsable de sus desgracias andaba en su búsqueda, desquiciado con él único propósito de regresar a la sacerdotisa del futuro a donde según el pertenecía y ese era a su lado.

¿Porque Kagome siempre tenía que complicarle las cosas? con este pensamiento la frustración de Kouga no hacía más que crecer destruyendo todo lo que se encontraba en aquella cueva donde había hecho suya a la mujer que ahora maldecía.

—¡Maldición! —rugió golpeando el interior de la montaña haciéndola retumbar —¡¿En dónde demonios estas?! —agazapándose en el suelo volviéndose un ovillo dejando que la tristeza lo inundara se cuestionó—¿Porque no puedes ser como Ayame?—"Ayame era estúpida" una voz en su interior resonó —P...pero...— "¿Acaso quieres que nuestra hembra termine como Ayame?"—volvió a hacerse presente aquella voz alterando al demonio.

Algo en el interior del perturbado lobo se removió y pareció dejar su mirada perdida en el vacio…

El anciano jefe de los hombres lobo se encontraba frente joven lobo de tez bronceada, mientras la chica pelirroja de coletas con la cara cabizbaja se encontraba al lado del de más edad.

—Kouga, el último ataque de Naraku ha mermado nuestra población, es momento de que te hagas cargo del comando de nuestros clanes y comiences a procrear descendientes—al decir esto último la mujer que se encontraba con ellos se vio atacada por un adorable sonrojo del cual se dio cuenta el aludido—Las hembras se …

—Con todo el respeto que me resta abuelo eso no es de mi interés—interrumpió furiosamente el discurso que le habían dado ya más de cien veces ¿que acaso eran idiotas?

—Ya se los dije mil y una veces mi único objetivo es derrotar a Naraku y vengar…

—¡De nada te servirá sino hay clan que preservar! Así que toma el mando y sienta cabeza junto con Ayame, después podrás continuar luchado con aquel hanyou…—comenzó de nuevo su perorata el anciano demonio colmando la poca paciencia que le quedaba al azabache.

—No sé porque rayos insisten en que sea yo quien tome a Ayame como compañera, así que déjenme aclararles ciertas cosas más vale que todos pongan atención —dijo gritándole a la pequeña manada que estaba rodeándolos —También tu viejo,SI QUIEREN QUE TOME EL LIDERATO DE NUESTRO CLAN LO HARÉ JUSTO DESPUÉS DE DERROTAR A NARAKU, NO ANTES.

—¡¿Kouga entonces tú?!—exclamó con emoción y un dulce brillo en sus ojos bellos ojos verdes que pronto se vio opacado por la retorcida sonrisa que el hombre delante de ella le estaba dedicando en ese preciso momento.

—No me malinterpreten, en especial tu Ayame, tú sabes bien que la única mujer que será mi hembra es aquella sacerdotisa de nombre Kagome—remarcó con especial enfásis el nombre de la sacerdotisa del futuro.

—¡Pero!—un dolor en su pecho crecía, porque demonios tenía que amar tanto al idiota de Kouga.

¡Basta! —gruño con fuerza el abuelo de la ofendida —No te permitiré que le hables a mi nieta …

—TU NIETA PUEDE PROCREAR CON QUIEN QUIERA A MI ME DA LO MISMO! —gritó haciéndose escuchar por el clan.

El jefe de los hombres lobo ya no pudo contenerse más y con las pocas fuerzas que mantenía se lanzo en un furioso ataque para defender el honor de su amada nieta del cual salían copiasas lágrimas, tomando por sorpresa al joven Kouga, quien tratando de incorporarse sin éxito quedó en el suelo debajo del Anciano can.

—Has deshonrado por última vez a tu clan diciendo esas tonterías—siseó entre colmillos—¡He de poner fin a tus insolencias en este mismo instante!exclamó alzando una de sus garras.

Maldito anciano!" —fue lo único que vino a su mente antes de que sus pensamientos fueran interrumpidos por la voz llorante de la pobre de Ayame.

—¡Abuelo espera por favor! ¡No lo mates!

¡Ayame! no te atrevas a contradecirme, este insolente debe pagar su osadía por desafiar mis mandatos.

—¡Abuelo por favor dale otra oportunidad, Kouga! —gritó

haciendo que el chico de ojos azules la mirara —Por favor reconsidéralo, déjame ir contigo te ayudaré en lo que pueda para derrotar a Naraku, si al final del viaje no te has enamorado de mi aceptaré mi derrotadeclaró esta vez para el joven lobo.

¡Es inútil que lo intentes!—dijo dispuesto a cercenar el cuello de su victima.

Acepto Ayame —soltó para sorpresa de todos con voz firme y decidida —Puedes acompañarme a derrotar a Naraku.

¡Abuelo por favor deja esto en mis manos! si he de ser la esposa del jefe del clan de los hombres lobo así será, así que por favor suéltalo.

El abuelo se veía renuente en deshacer el agarre que tenía sobre su víctima, como presintiendo que se arrepentiría de hacerlo más temprano que tarde, más al escuchar el tono decidido de aquella que era como su hija, supo que no habría manera de hacerla cambiar de opinión y que si no hacía lo que le rogaba jamás se lo perdonaría. Pobre Ayame que no sabía que ella misma sería quien se condenara a recibir tan pronto su desdichado fin.

Ese día partieron a la montaña acompañados por orden del viejo de Hakkaku y Guinta, para asegurarse que nada malo le pasase a su querida nieta. Al pasar los días Ayame trataba de acercarse al joven lobo que no hacía ningún esfuerzo por esconder el enojo y desprecio que le causaba su presencia.

—¿Kouga quisieras dar un paseo conmigo?—preguntó tímidamente mientras comían frente a una fogata los cuatro.

—Ayame ven conmigo…—dijo poniéndose de pie e indicándole que lo siguiera.

La pelirroja se sonrojo y lo siguió con mirada dulce, era la primera vez que Kouga no la ignoraba —Sí.

Se adentraron en el bosque y donde la luna los alumbro el joven de cabellos oscuros comenzó a hablar.

—Escuchame bien Ayame, yo no tengo ningún interés en ti, desde que te traje ya habías perdido—fue abruptamente interrumpido por la chica a la cual le rompía el corazón.

Eso no es justo Kouga, por favor dame una oportunidad!—dijo queriendo llorar.

—¡Ayame no seas estúpida!

—No me importa si soy estúpida o no, yo quiero ser tu compañera, quiero cuidarte, ¡ser la madre de tus cachorros! ¡Estar a tu lado siempre! ¡¿Que no lo entiendes?! —dijo como si en ese sollozo se le fuese su vida, estaba jugándose el todo por el todo en ese momento.

—Yo jamás podría enamorarme de una idiota como tú—dijo de una manera sombría y escalofriante que haría evocar a la gélida figura del Lord de las tierras del Oeste.

—¡Kagome jamás te amará! ¡Jamás será tuya! ¡Ella le pertenece a Inuya…!—su voz se corto, un leve grito ahogado salió de su boca y sentía como el aire le había sido arrebatado de tajo.

Acababa de atravesar su pecho con una de sus garras justo donde su corazón dejaba de latir —No digas estupideces ella siempre ha sido mía y siempre lo será… —dicho esto retiro su brazo para dejarla caer inerte al suelo.

En ese momento los espectadores ocultos se revelaron con furia y odio desmedidos

—¿¡Como has podido Kouga!?- grito lanzándose a luchar contra él Hakaku.

—¡Eres un miserable!—le secundó Ginta también arremetiendo contra él.

—Idiotas…

No hacía falta recordar como los había aniquilado esa noche, después de hacer lo mismo junto con Ayame, recordaba bien como había ido con el Anciano jefe a presentar sus condolencias por la muerte de sus camaradas y de su nieta que habían caído a manos de Naraku, sintiendo verdadero dolor.

—¡NOOO! NOOO! KAGOMEE… KAGOME NO TERMINARÁ ASÍ PORQUE… PORQUE ELLA ME AMA … ASÍ ES ELLA ME AMA…— gritaba aquella silueta dentro de una oscura cueva, para si mismo, golpeando con sus puños su atormentada cabeza.

N.A. Hola a todos! Este capítulo lo tenía en la cabeza y debía salir pero ya, se que estuvo algo cruel para la pobre pelirroja D: pero quise adentrarme un poco más en la oscuridad de Kouga. Espero sus comentarios ya sea por correo , por PM o bien por reviews.

Cariños y Saludos!

Moon Skin.