El anillo
Desde que lo conoció en su corazón se abrió la posibilidad de formar juntos una familia. Pero algo no andaba bien, se suponía que la emoción debería recorrer cada poro de su piel. Sin embargo no le sucedía eso. Ni ella supo en qué momento dio el sí. No estaba en sus cabales, no después de la impresión de encontrar a Vegeta en medio de su propuesta de matrimonio.
Se quitó la sortija, ahora en la mesa de la cocina miraba con detenimiento el anillo, una joya magnífica y costosa, digna de la chica más hermosa e inteligente del planeta. Se recargó sobre sus brazos para observar mejor el brillo del diamante rojo. Cuando descubrió la fecha de propuesta grabada en la argolla suspiró con pesadez.
-¡Qué raros son ustedes los terrícolas! –se mofó Vegeta –mirar joyería en altas horas de la madrugada debe ser una costumbre poco usual –su intuición le decía que la muchacha terrícola se encontraba en duda por la unión con el cara cortada. No era muy adepto a entablar conversación con nadie, pero con la terrícola tuvo una necesidad latente de molestarla más de lo común. Parecía ser la única que le respondía con el mismo ego, él era un ser superior y no se cansaba de expresarlo, ella era según sus palabras una "diosa" en la Tierra, lo superaba en creces en el ámbito de vanidad.
-También lo es entrometerte en una propuesta de matrimonio –refutó Bulma molesta.
-Yo qué iba a saber las intensiones del insecto ese –se intentó excusar Vegeta –Debes comprarle un par de anteojos porque no tiene buen ojo para elegir pareja.
-Tarado –lo empujó Bulma –¡Soy la mujer más hermosa e inteligente del planeta! Cualquiera se sentiría afortunado de tenerme como esposa.
-Los estándares terrícolas debe ser muy peculiares –apuntó con aire de burla cruzando los brazos –veo que les gustan mujeres escandalosas y vulgares.
-Uy señor príncipe de los saiyajines –dijo en un tono molesto recogiendo de la mesa su anillo – entonces dime ¿cómo preferían las mujeres en tu planeta?
-Inteligentes, aventureras, intrépidas, agresivas: debían saber dar batalla –respondió Vegeta mordiéndose la lengua. Hablar de su extinto planeta no era de sus pasatiempos favoritos. Además los adjetivos que mencionó con facilidad se los podría atribuir la vanidosa mujer.
-¡Qué lindo! –dijo con sarcasmo la científica –Por fortuna todas esas mujeres están muertas, pobres, no las imagino teniendo que soportar a semejante energúmeno, alguien que todo el tiempo muestra cara de estar oliendo excremento –tras ese comentario decidió salir de la cocina pero fue interceptada por un molesto Saiyajin.
-Nadie me habla así –se molestó Vegeta sosteniéndola de la muñeca y forcejeando con ella.
Entre el forcejeo el anillo salió volando del puño de Bulma, la escena fue percibida por la científica como si el tiempo corriera en cámara lenta. Siguió el trayecto de la sortija que para su mala suerte fue a caer directo al lavadero de los platos, simplemente escuchó en el silencio de la noche como rodaba por los tubos de la cañería.
-¡Mi anillo! –gritó corriendo a intentar rescatarlo.
Vegeta emprendió la huida, se había metido en serios problemas. No tenía humor para tolerar los reproches de una mujer caprichosa, menos cuando presumía ser la mujer más rica del mundo y tenía miles de joyas. ¿Qué tenía de especial ésta?, se preguntó.
Avanzó a su habitación, su descripción de la mujer ideal lo desconcertó. Vaya que las características se asemejaban mucho a la personalidad de ella. Sacudió su cabeza para aclarar sus pensamientos.
Sorprendentemente Bulma no tuvo tiempo de reclamar al saiyajin, accionó para recuperar su preciado anillo. Rogaba a Kamisama que se pudiera rescatar, tal vez el sentir que perdía la sortija era la señal que necesitaba para aclarar su duda del futuro matrimonio con el ladrón del desierto. Lo que todos sabemos es que no supo interpretar la segunda señal de la manera correcta.
Aunado a ello esperaba que en el correr de los preparativos de la boda esa duda se desvaneciera en su totalidad. Más de 10 años con Yamcha la hicieron no visualizarse con otro hombre, pero alguien más rondaba su cabeza y eso no era buena señal. Cuando amas incondicionalmente no piensas en otro ni por accidente.
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Notas de la autora:
¿Qué piensan sobre el actuar de Vegeta? serán consientes o inconscientes sus acciones. Algo es muy claro, siente placer en fastidiar a medio mundo.
Próxima entrega: La dama de honor
