Los preparativos

Una boda con la mujer que amas sonaría idílico, todo miel sobre hojuelas. Pero no, él eligió a la extravagante Bulma Briefs. La científica millonaria que haría el evento del siglo, eso implicaba tolerar momentos de histeria y euforia mientras buscaba la perfección.

-¿Qué te parece ese color? –dijo Bulma mirando unas telas -¿Qué al éste? –tomó ambas muestras para hacer la comparación.

-Es bonito el color –respondió Yamcha sin encontrar las diferencias –los veo iguales.

-Nooo –torció los ojos la mujer –Ese es rojo carmín y ese es rojo púrpura- señaló cada uno -¿Qué no hay un tono de rojo entre esas muestras? –gritó a una empleada que los miraba de cerca.

-Pero es rojo, ¡todos los rojos son iguales! –Dijo Yamcha algo confundido.

Para suerte de Yamcha el oportuno sonido de su teléfono móvil frenó la futura pelea entre novios.

-Dame dos segundo –Le dijo a Bulma –Es mi representante.

-Date prisa, que la boda no se organizará sola –le gritó su novia mientras se alejaba para atender la llamada en privado.

Su refinado gusto no se adaptaba a los catálogos y muestras de la tienda, ninguno le parecía conveniente, era la heredera de CC. merecía lo mejor.

-Bulma –regresó un nervioso Yamcha –el equipo adelantó la pretemporada.

-¡¿Qué?! –gritó la mujer poniendo nerviosos a todos los clientes y vendedores –No puedes irte, tenemos una boda que planear.

-Tengo que ir –jugueteaba con el cuello de su camisa -¡Ese anillo no se pagará solo!

-¡Ahora me hechas en cara que fue una joya costosa! –respondió enojada amenazándolo con el objeto más cercano que encontró.

-No dije eso –se pegó a la pared más cercana para alejarse de su novia –Simplemente no soy un chico millonario, quise darte lo mejor y eso me trajo algunas cuentas que saldar. Necesito la paga del equipo.

-¿Quién me ayudará para organizar los detalles? –preguntó una nerviosa e histérica Bulma.

-Contrata un organizador de bodas, ellos saben de éstas cosas –le propuso acercándosele con cautela, cual domador de fieras.

-¡No! –negó apretando con más intensidad el adorno –Soy lo suficientemente lista e inteligente como para saber lo que se prepara y se hace en una boda.

-¿No se supone que por eso eliges una dama de honor?, para que te apoye con los preparativos –le comentó el lobo del desierto –He llegado a pensar que Gokú no fue buena opción.

-Ahora también estás celoso –gritó Bulma más fuerte que las ocasiones anteriores. Por ello la gente asustada se retiraba del local comercial.

-No quise decir eso –comentó un ansioso Yamcha, sus comentarios no ayudaban a calmar a la fiera.

-Yo –Bulma estalló en lágrimas –no tengo una mejor amiga, todas mis "amigas" me tienen envidia y harían todo lo posible porque tenga la peor boda del mundo. Gokú es de mis pocos amigos sinceros.

-¡Calma! –la abrazó su novio –Eres una mujer fuerte e inteligente, sé que organizarás la boda más bonita del mundo.

-¿Bonita? –se separó del abrazo ofendida -¡Quiero una boda épica!

Yamcha por dentro se preguntaba, qué tenían las bodas, transformaban a las novias en locas histéricas. Agradecía a Kamisama la fortuna de comenzar la gira de pretemporada con el equipo y librarse de soportar los arranques de su futura esposa.

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Mientras en la Corporación Cápsula un moribundo Vegeta se recuperaba del más reciente estallido de la cámara de gravedad. Los trabajadores de la Corporación apoyaron a los padres de Bulma para trasladarlo al servicio médico. Pasó varias horas inconsciente en recuperación.

Adolorido abrió los ojos lentamente para reconocer dónde se encontraba. Su mente le recordó el motivo de la nueva visita a la enfermería, otra vez se le pasó la mano con el entrenamiento. Era un guerrero resistente, no cometería el error de morir en un estúpido e insignificante entrenamiento.

Miró para todos lados, nadie estaba a su alrededor. Ni la escandalosa terrícola, trato de rastrear su ki, lo percibió muy lejos de allí. Una punzada le apretó el estómago, no era un dolor físico por el accidente, era una sensación extraña como si algo le hiciera falta.

Reflexionó en el actuar de la mujer, qué pasaba, él era el padre de su futuro hijo. Debía estar allí para velar por su recuperación como lo hizo la ocasión anterior. Le costaba admitirlo, pero desde que se enteró de la verdad sobre el chico del futuro trató de acercarse a la hembra, sin lograr avances. Ella se la vivía concentrada en los preparativos y cada que se topaban, por mucho que la insultara sentía que le hablaba a la pared, lo ignoraba maratónicamente.

Como guerrero élite se incorporó de la cama, removió todo los aparatos que le colocaron y decidió proseguir sus ejercicios.

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De vuelta en casa Bulma cargaba unos gruesos tomos de diversos catálogos. Pensaba que algunas tiendas sin duda debían actualizarse en la presentación de sus productos, hacerlo todo electrónico en fotografías digitales.

-Cariño, el joven Vegeta tuvo otro inconveniente con la cámara –dijo preocupada la madre –traté de localizarte.

-No escuché tu llamada –dijo Bulma sentándose a hojear catálogos de cristalería en la mesa de la cocina.

-¿No me vas a preguntar cómo sigue? –se sorprendió.

-La hierba mala nunca muere, así que debe seguir vivo y apuesto que entrenando –Expresó mientras volteaba la siguiente página.

-¿Podrías sugerirle que pause su entrenamiento?, aún no se ha recuperado –insistió la madre.

-No tengo tiempo, además es un adulto y toma sus propias decisiones –dijo sin apartar la mirada de las fotografía que mostraban una serie de copas –Mira ¿qué te parecen?

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El resto de la tarde lo dedicó a entrenar, se hizo a la idea que con seguridad la mujer terrícola lo reprendería debido a no cuidar su recuperación. Para su sorpresa no recibió mensaje alguno, llamada o visita. La sintió de vuelta en las instalaciones de la Corporación y no ocurrió nada.

Maldecía a Kakaroto y Piccoro por revelar información que lo desequilibró y distraía su pensamiento. Los saiyajins no invertían el tiempo cortejando hembras, se enfocaban a entrenar para ser más fuertes, en su caso para derrotar a los androides y a Kakaroto, en ese orden.

Tal vez la inanición lo hacía pensar en disparates, como sorprenderse de que la mujer no lo molestara para llamarle la atención por no cuidar su recuperación. Miró el reloj para calcular que la familia no se encontrara en los alrededores, todo el tiempo evitaba contacto alguno con todos los trabajadores y habitantes de la mansión.

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Restaban 11 meses 5 días y 15 horas para el gran día, ¡era un parpadeo! No se decidía por qué combinaciones de vajillas seleccionar, ninguna le convencía del todo. Su futuro esposo le decía que no importaba, podrían comer en platos desechables y aún así sería lindo el evento. En definitiva Yamcha no sabía de bodas y para complementar desde la tarde regresó a su apartamento para armar sus maletas y comenzar en dos días la gira de pretemporada.

Hojeó por quinceava ocasión el tercer catálogo, tan absorta estaba que no alcanzó a escuchar los pasos de Vegeta que se acercaba. El saiyajin caminaba con pesadez, el severo entrenamiento, la falta de comida y las heridas que tenía, causaron desgaste en su cuerpo.

-¡Odio las malditas copas! – Bulma gritó frustrada arrojando con fuerza el grueso tomo de cristalería que casi se impactó en la cara del príncipe, éste hizo una demostración de sus reflejos.

-¿y qué culpa tengo yo de eso? –Preguntó el saiyajin molesto.

-No estoy de humor –la científica extendió los brazos enfadada.

-¿no me digas? –preguntó en forma sarcástica Vegeta –Nada nuevo, últimamente tienes un pésimo carácter.

-Mira quien lo dice –se burló ella –El señor no me junto con nadie y todo me fastidia.

Antes de que Vegeta contradijera la idea, de hecho no había mucho que contradecir, el desgaste físico lo llevó a caer al suelo. Permanecía consiente, pero sus extremidades no respondían.

-¡Vegeta! –Bulma corrió asustada a verlo.

-¡Déjame no necesito tu ayuda! –le respondió sin fuerza, necesitaba ayuda pero su orgullo habló en su representación.

-¡Entonces muérete! –La mujer torció los ojos y luego se dirigió al teléfono –Hola, podrían venir por un huésped incómodo que está desmayado en la cocina.

Bulma colgó el auricular, avanzó para recoger los catálogos de la mesa. Quería terminar de revisarlos en su habitación sin más interrupciones.

-Ya vienen por ti –le dijo sin interés levantando el catálogo que cayó al piso –Tengo mucho que hacer, no puedo invertir el tiempo de los preparativos de mi boda en atender un hombre que insiste en morir.

El príncipe no respondió, el asombro no le permitió hilar palabras. Esa mujer perdió un tornillo, cómo era posible que se desviviera por él hace un par de meses cuidando de su bienestar y ahora lo ignoraba.

Pensaba que esa maldita celebración terrícola estaba desquiciando a la futura madre de su hijo. Ya entendía la apuración de Kakaroto y su amigo verde, la existencia del chico corría peligro. Pero no se alarmaba tanto, según sus cuentas por la edad de su hijo todavía faltaba para que naciera, por lo tanto también estaban a tiempo de que fuera engendrado.

Su orgullo se veía pisoteado por más intentos que hizo no logró incorporarse, tendrían que levantarlo los trabajadores terrícolas para llevarlo al servicio médico. ¡Qué humillante!, se dijo en un susurro.

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Próxima entrega:

La canción de novios

Como buena novia Bulma se está insoportable al punto de ignorar al príncipe.

¿Qué hará Vegeta?, ¿Bulma decidirá que juego de copas y vajilla quiere?, ¿Dónde #$%& está Gokú?, no lo vemos apoyando al príncipe.

*Los apartados de la historia son más cortos pero trataré de subir dos por semana (no prometo nada).

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