El pastel
-Se supone que la dama de honor ayuda a simplificar las cosas, me estoy arrepintiendo de elegirte –se escuchó la voz de Bulma retumbando por el teléfono.
-Lo siento Bulma –se disculpó Gokú en su charla telefónica –Milk no ha superado del todo lo de la otra noche.
-Pero eres mi amigo –chilló Bulma –Eres mi dama de honor, contaba contigo para que me ayudaras en las pruebas del pastel, no puedo comer 30 pasteles yo sola.
-Sé que suena interesante comer esa cantidad de pasteles –Dijo el saiyajin. Mientras que Bulma alcanzó a escuchar a lo lejos el rugido del estómago de su amigo –¡pero no puedo!
-¡Gokú, ayúdame! –rogó Bulma al borde del llanto.
-¡Vegeta! –exclamó Gokú –él te puede ayudar, es de buen apetito y comer 30 pasteles será pan comido, literal.
-¿Vegeta? –se sorprendió Bulma incrédula –Es un disparate, con lo amargado y antisocial que es…
-Te dejo Bulma –la interrumpió Gokú -prometo mejorar mi desempeño como dama de honor, solamente necesito que mi esposa se calme.
-Está bien –suspiró Bulma. Por dentro rió pensando que su amigo era el hombre más fuerte del universo pero Milk lo tenía completamente dominado, qué ironías de la vida.
-Piensa en mi sugerencia, Vegeta te puede ayudar –se despidió y colgó al ver a su esposa con mirada de pocos amigos.
-Otra vez hablando con esa mujer –le gritó Milk -¿Qué te pasa Gokú?
-Le estaba cancelando. Como su dama de honor –aún no superaba llamarse así –prometí apoyarla en seleccionar el pastel de bodas.
-Para eso tiene a su futuro esposo –resopló Milk
–Lo sé, pero Yamcha salió de gira con el equipo –se justificó el saiyajin.
-Entonces, la mujer esa necesita al esposo de otra para que haga el trabajo de novio –gritó molesta.
-Milk –pausó Gokú –ya lo hemos platicado, es mi amiga –intentó explicar -es como una hermana.
-Pues ella parecer verte más que como un hermano –torció los ojos dándole la espalda a su marido.
-No seas celosa –rió Gokú nervioso –insisto, ella me ve como un hermano. Además pronto tendrá un hijo con Vegeta – el saiyjajin como reflejo se tapó la boca con ambas manos, ese comentario estuvo de más en la conversación.
-¡¿Qué?! –se sorprendió Milk –Ves como si es una cualquiera, es la futura esposa de Yamcha y va a tener un hijo con ese hombre malvado.
-No es así –rió Gokú más nervioso –Es que el chico del futuro que me trajo la medicina es el hijo de Bulma y Vegeta.
-¿Cómo un chico tan lindo puede ser hijo de ese horrible par? –ella no lo conoció en persona, pero le tomó cariño al saber que le llevó una medicina para salvar a su Gokú.
-Es complicado, pero Yamcha no se puede casar con Bulma. La existencia del joven está en peligro por esa boda –reveló rascando su cabeza con preocupación.
-A Bulma sin duda le gustan los chicos malos –abrió los ojos sorprendida –son tal para cual, ambos unos rebeldes sin causa.
-¡Ves! Por eso ella no se fijaría en mí –le expresó algo que parecía obvio –Además ella no cocina tan delicioso como tú.
-¡Qué lindas palabras! –se sonrojó Milk. Ella entendía que las palabras románticas no eran el punto fuerte de su esposo, él la amaba a su manera y expresar su buen sazón era una forma de expresar su amor -Te ayudaré –se ofreció Milk –pero debo aclarar que todo lo hago por el joven del futuro.
-Gracias por ayúdame a pensar en algo para impedir esa boda –sonrió el saiyajin –ahora debo regresar a entrenar.
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Al finalizar varias series de respiraciones para intentar controlar los nervios, se armó de valor y presionó el comunicador. No perdía nada intentando que Vegeta le ayudara con la agradable misión de comer 30 deliciosos pasteles de boda.
-¡Vegeta! –lo llamó apareciendo como imagen en la pantalla de la cámara de gravedad.
-¿No tienes un juego de vasos que seleccionar? –preguntó sarcásticamente sin parar de hacer sus ejercicios y sin mirarla.
-Necesito tu ayuda –soltó sin rodeos –tengo la difícil tarea de probar 30 pasteles de boda y me hace falta un refuerzo, ¿te apuntas?
-No- respondió con tono seco. Todavía no superaba esa punzada que sintió cuando lo abandonó a su suerte en la cocina.
-¿Por favor? –suplicó una Bulma desesperada.
-No –Volvió a negar indiferente.
-Si me ayudas prometo darte algo a cambio –sonó bastante desesperada.
Vegeta pausó dos segundos su entrenamiento, esa frase podría tomarse algo sugerente. En su mente respondió que sí, podía darle un hijo a cambio, un descendiente que vengara su raza.
-No necesito nada –contestó más frío de lo común.
-¡Una armadura! –le llegó una idea brillante a la científica –Un traje de pelea resistente para que no tengas que llegar con tu camisa de "BADMAN" –ella contuvo la risa.
-Un día me vengaré de eso –Vegeta apretó los puños, para luego mirar Bulma en la pantalla –pero suena interesante la propuesta.
-Ok, te veo en 20 minutos en el salón del ala oeste. Sugiero que tomes una ducha antes –Habló tan rápido que el saiyajin no tuvo tiempo de negar el trato –nos vemos –sonrió guiñando el ojo.
Un descanso, 30 pasteles y un traje de combate, no sonó tan mala idea. En definitiva él saldría ganando.
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Los más destacados pasteleros del planeta llevaron sus muestras, elegir un pastel a través de una fotografía no le pareció adecuado. Por ello contactó a los mejores para que enviaran a la corporación más sobresaliente creación. El salón estaba decorado con 30 pasteles a escala, sería una elección complicada, todos se veían divinos.
-¡Qué maravillosos pasteles! –sonrió entusiasmada. Ver los pasteles desvaneció la duda que revivió en su pensamiento unos días atrás. Ya comenzaba a reconocer que la boda la estaba volviendo loca, al punto de dudar si su futuro marido era el indicado. Lo conocía el tiempo necesario, era una locura dudar.
-¡Me citaste para elegir entre 30 pasteles y todos son iguales! –exclamó un Vegeta que ingresaba al salón.
-¡Hombres! –torció los ojos Bulma –No importa su planeta de origen, todos ven las cosas iguales.
-Todos son blancos y con adornos –El príncipe los miró más de cerca.
-¡Nooo! –negó una Bulma ofendida por la falta de percepción de Vegeta –Las flores son distintas, las grecas o decoraciones, los novios del pastel…
-¿Estos muñequitos simbolizan? –no pudo seguir su pregunta, la palabra "esposos" le parecía grotesca.
-Somos yo y Yamcha –sonrió Bulma.
-No se parecen en nada –quitó un novio del pastel más cercano –No tiene la cara cortada como el insecto –quitó a la novia –y esta no es tan fea como tú.
-¡Óyeme tarado! –le arrebató los muñecos –Yo soy más hermosa -El teléfono móvil de Bulma comenzó a sonar, era su florista –Ya regreso, no empieces a comer sin mí.
Curioso recorrió cada parte del salón, miraba con detenimiento cada pastel. Comenzaba a darle la razón a la terrícola, a primera vista todos parecían iguales pero cada uno tenía su estilo particular. Regresó al punto inicial, sostuvo el pequeño muñeco de novio.
-¡Miren soy el insecto! –lo movió imitando la voz de Yamcha -¡Oh no, un saibaiman! –ahora imitó el sonido de una explosión para después aplastarlo y comenzar a reír.
Bulma estuvo de vuelta más rápido de lo que pensó, entró al salón para ver al saiyajin jugando como niño pequeño con los muñequitos del pastel, no se molestó cuando lo vio hacer añicos a la figura. Divertida siguió mirando el juego, entendía que muy dentro de ese hombre existía una persona divertida, su humor negro era bastante peculiar pero varias ocasiones le arrancó carcajadas.
-¡Ay mírenme soy la terrícola más…! –ahora comenzó a jugar con la figura de la novia.
-¡Deja esa novia allí! –le advirtió –No quiero que destroces mi figura.
-Ni siguiera tiene el cabello de tu color –Respondió Vegeta confundido.
-Uy –sonrió Bulma coqueta –alguien pone atención a mi cabello.
-¿Bromeas mujer? Para nadie podría pasar desapercibido esa bola que traes en la cabeza, pésima elección de peinado –Le dijo buscando con qué comer los pasteles.
-¿No te gusta? –se preocupó Bulma. Hasta ella se sorprendió de que le importara la opinión del saiyajin.
-¿Podemos comenzar? tengo que volver a entrenar –desvió el tema.
-Sí, claro –sacudió la cabeza Bulma –Aquí están los tenedores –le compartió uno al príncipe -la misión del día es elegir el de mejor sabor y diseño. En caso de fastidiarnos de los sabores dulces, tenemos unos bocadillos salados para contrastar.
Ambos probaron diversos sabores de pan y rellenos, desde el sabor tradicional de vainilla y chocolate, hasta sabores de limón y zanahoria. El macerado de frutos rojos llevaba la delantera, Vegeta se percibía encantado de probar todos los sabores, no sólo porque era un glotón de marca, si no porque se maravillaba con las sensaciones que le provocaba cada ingrediente en su paladar.
Bulma sonreía a ver como disfrutaba cada rebanada de prueba, estaba conociendo destellos interesantes en su huésped. No era tan malo, ni despiadado como se hacía parecer.
-El de almendras queda descartado –Anunció Bulma cuando lo probó –el tío Box, es alérgico. No quiero que mi boda acabe en tragedia por intoxicación.
-Pero sabe bien –se lo saboreó Vegeta –Es una buena opción después del de frutos rojos.
-Me gusta más éste – la mujer tomó una porción de chocolate blanco y por inercia se lo acercó a la boca con el tenedor cuidando que no se cayera.
Vegeta que estaba tomando demasiada confianza para su gusto, accedió a probarlo del tenedor de Bulma. Cuando masticaba el bocadillo cayó en la cuenta que le había dado de comer en la boca, tuvo que mirar a otro lado para disimular el sonrojo y casi se atraganta por el acto.
-Chocolate blanco –aclaró la científica –Pero veo que no te gustó, tiene un sabor delicioso y me encanta la decoración Vintage.
-Es tu fiesta–respondió Vegeta tosiendo para sobreponerse de la atragantada.
-Necesito un descanso –Se dirigió a los asientos más cercanos para tirarse a reposar.
No lo podía creer, Vegeta le secundó en su descanso, hasta se llevó un plato para continuar probando los pasteles.
-Veo que alguien está encantado comiendo –sonrió Bulma al ver como engullía las rebanadas.
-Todo sea por una armadura nueva –respondió para tomar una servilleta y limpiar los restos de pastel.
-Confío en que tu buen gusto de príncipe me ayude a elegir la mejor opción – Bulma tomó agua para aclarar su paladar -¿cómo va el entrenamiento? –preguntó por hacer plática.
-Bien –respondió probando otros sabores.
-Una fortuna que viniera el chico del futuro para advertir de los androides –comentó saboreando una rebanada rellena de crema batida con duraznos.
-Sí –afirmó, pero en sus adentros percibía sensaciones extrañas, porque estaban hablando de su hijo.
-¿Te confieso algo? –rió Bulma limpiando su boca –cuando lo vi pensé que era un familiar tuyo perdido, tú y él tienen una mirada parecida.
-Cof, cof –se atragantó Vegeta, en definitiva Bulma también era una mujer bastante intuitiva y observadora –No digas tonterías –alcanzó a decir.
-Lo sé –soltó una risita la chica –Por ejemplo si fuera tu hijo, no imagino a la pobre alma que te ayudaría a engendrarlo.
-Hmp –alcanzó a expresar desviando la mirada.
-¿En tu planeta hacían bodas? –le preguntó cambiando el tema.
-Sí, pero no asistí a ninguna –expresó entre las pausas de comida –Una vez llegamos con Nappa a una pero la interrumpimos para purgar el planeta
-¡Qué sanguinario!-se incomodó Bulma -Te invito a la mía, será la primera vez que asistas a una pero promete no asesinar a nadie–Sonrió ella mirándolo.
-No tengo tiempo para esas cosas – Vegeta se levantó en seco para dejar el plato y retirarse. De llegar a la boda al único que asesinaría era al cara cortada –el de frutos rojos con una decoración similar a la de chocolate blanco.
Bulma se sorprendió ante la reacción de Vegeta, hablar de su planeta y de bodas lo incomodaba.
-Gracias –le dijo antes de que se retirara –Fuiste de gran ayuda.
-Espero en una semana mi traje de combate –Le respondió de espaldas antes de salir. Su instinto lo alertó para retirarse, el Vegeta que mostró no era él. Con seguridad tanta azúcar lo relajó al punto de entablar una conversación civilizada con la terrícola.
-¡Alto Bulma! –pensó en voz alta antes de seguir comiendo otra rebanada –Ya descubrí el plan Vegeta, se comportó civilizado y amable para que coma mucho pastel y suba de peso, ¡Quiere que sea un cerdo para que no me quede el vestido de novia!
Sonrió ante la descabellada idea, recargó la cabeza en la pared intentando aliviar el desconcierto. No entendía qué le estaba pasando. Creyó que era el momento, se suponía que el pastel lo debía elegir con su futuro esposo, o en caso de emergencia con su dama de honor, pero ninguno apareció, así que su cerebro reaccionó ante la confusión.
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Próxima entrega:
El cambio de imagen
*Spoilers: a cierta chica le afectó el comentario del cabello alborotado.
