Por ti, sería capaz de fingir que estoy feliz aun cuando estoy triste
Por ti, sería capaz de fingir que soy fuerte aún cuando estoy herido
Ojalá el amor fuera perfecto como el amor por sí mismo
[Fake love.- BTS]
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Mueve la cabeza al ritmo de la música que inunda el interior de su camioneta, tamborileando los dedos cada cierto tiempo en el volante.
Natsuo le mandó a comprar algunas cosas que necesitarían para el cumpleaños de la única hija Todoroki, siendo el elegido porque además de su padre, era el único con un automóvil tan espacioso.
Cerca del instituto donde está su hermano menor, revisa el reloj para saber si está tiempo de llegar por ellos, según sus cálculos arribaría apenas unos minutos antes de que el timbre sonara, por lo que cambiando de dirección va a la UA, misma escuela de donde se graduó toda la familia, era algo como una tradición.
Coloca el seguro después de estacionar cerca de una sombra, le gustaría creer que no va a verse sospechoso por esperar fuera de una escuela, aunque es difícil saberlo.
A fin de cuentas, es un adulto de veinte años con pinta de pandillero, las perforaciones en sus orejas no deben ayudarle mucho.
—¿Dabi-san?— baja la mirada, encontrándose con una dudosa en color verde.
El adolescente llevaba el uniforme reglamentario, con la corbata mal hecha pues era más corta de lo que debía, y una mochila amarilla en su espalda, siempre se veía como un niño bueno, pero era en estas ocasiones, resultaba por demás evidente.
—¿Qué tal? Pasaba por aquí y vine a recogerlos— se quitó los lentes oscuros, para poder ver con mayor claridad al otro.
El peliverde se aferró a ambos cordones de la mochila mientras brincaba entre un pie y otro con indecisión.
—Eh, entonces yo me despido, hoy no iré— le hizo algunos gestos con la mano antes de darse la vuelta, dejándole con la palabra en la boca
—¿Y se puede saber porque?— le dio alcance con rapidez, cortando su camino.
—Llamas mucho la atención Dabi-san— murmura cuando varias de sus compañeras -principalmente- señalan al adulto mientras cuchichean sonrojadas entre ellas.
Claro que las escucha, tanto la fijación por su apariencia de chico malo, cómo los murmullos mal intencionados contra el peliverde que siempre tiene rostro de no romper ni un plato.
—Me importa un carajo eso, ¿Porque no vendrás hoy?— solo espera una respuesta más o menos coherente, si es algo entendible no tiene opción más que de dejarlo marchar.
Desde aquellas dos semanas en que se ausentó, teme que vuelva a hacerlo.
—Es que yo no quiero...—
—¿Dabi? ¿Qué haces aquí?— Shoto interrumpe al peliverde que sonríe como si no hubiera pasado nada de lo anterior
—Vine por ustedes, vamos a casa— ignora a su totalidad la presencia de la chica, apenas le saluda con la cabeza.
El Todoroki menor mira la indecisión de su amigo por subir a la camioneta que es a donde Dabi les guía, Inasa le sigue de cerca con una sonrisa sosteniendo su mano.
—Pero Dabi-san, te dije que no podía ir hoy— el pelinegro le abrió la puerta delantera.
Sonaba como una pésima idea dejar que fuera en los asientos traseros sí estos iban ocupados por la pareja.
—¿Y porque Midoriya?— le retó con la mirada, sabía, de alguna forma, que la razón de eso eran los adolescentes que miraban expectantes toda la escena.
—No creo que debamos obligarlo, tal vez tiene algo importante por hacer— se obligó a sí mismo a no rodar los ojos con la voz de la chica.
Desconocía si la mueca de satisfacción ante la falta del pecoso era evidente para todos o solo para él, claro que ella no querría que fuera, tal vez, Shoto le habló de que Izuku estaba enamorado de su persona, eso no es cómodo para ninguna pareja.
Pero eso a él lo tiene sin cuidado, quiere que suba y punto.
—Creo que no importa, puedo hacerlo luego— Izuku le fulmina con la mirada, pero incluso así se nota que le cuesta parecer enojado.
Sin pensar le aprieta una de las mejillas con fuerza, a lo que Izuku exclama adolorido, mientras acaricia su rostro por el dolor, Dabi le guiña un ojo divertido.
—¿Nos vamos?— Shoto mira adelante con cierta molestia que no comprende del todo.
Su mueca enfadada pronto es remplazada por una de calma al Inasa recargarse en él, comenzando a hablar entre ellos.
Izuku mira a la ventana del sitio contrario, y el adulto solo suspira por lo bajo, le costaba que el pecoso se distrajera de esa manera para que arruinaran su humor en cuestión de nada.
Dio un giro en la primera intersección a la izquierda de la escuela, escuchaba muy apenas murmullos de su hermano y novia, Midoriya también los escuchaba, pues abrazaba su mochila cada que sus risas subían de tono. Sin avisar encendió el estéreo a un volumen moderado, pero suficiente para ya no escucharlos.
—¡Debiste avisar idiota!— se habían asustado y al reclamar, recibió solo una carcajada como respuesta
En uno de los semáforos miró de reojo al peliverde que tarareaba una de tantas canciones en su reproductor, parecía más relajado, Midoriya desvió los ojos apenas hacer contacto visual, soltó una risa leve por el sonrojo que se expandió en las mejillas del chico por haber sido atrapado.
—You're always saying that you're read my sign and always wishing that I'll take the time but— le extendió la mano como si cediera su turno para cantar
—You know that's not my speed, only believe what I can see~ I live my life in black and White— Izuku le siguió el juego con un poco más de confianza, moviendo su cabeza a la par de la melodía.
El resto del camino se la pasaron cantando entre ellos, haciendo muecas graciosas dependiendo de la tonada, siempre recordando que conducía, pero disfrutando de la suave voz del menor y la forma en que cerraba sus ojos dejándose llevar por el sonido.
—Bajen, los alcanzamos en un rato— quitó el seguro de las puertas traseras, esperando a que Shoto e Inasa acataran su petición
—No tarden demasiado— murmuró el bicolor, le dedicó una última mirada al peliverde antes de darse la vuelta y entrar al hogar.
—Gracias...— Izuku sonreía con calma, sus manos se sujetaban entre ellas.
—No lo había mencionado, pero, ¿Cómo te sientes con todo esto?— le revolvió un poco los cabellos como solía hacer con Shoto cuando era un niño
—Estoy bien, no debes preocuparte. Creo que es hora de irnos— el adolescente bajó con rapidez, ajustando su mochila.
Chasqueo la lengua ante la huida del peliverde. Todo había estado bien hasta el momento que decidió preguntar sobre sus sentimientos ¿Que tenía de malo? Era obvio que estaba preocupado.
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Rodó los ojos con cierto cansancio, su madre estaba siendo demasiado paranoica, y aunque comprendiera que quería que la fiesta saliera perfecta para el cumpleaños veintitrés de Fuyumi, estaba rebasando algunos límites.
Aunque sentía cierta pena, ella estaba corriendo de un lado a otro, asegurándose de que todo estuviera en orden mientras la cumpleañera terminaba de arreglarse.
La fiesta iniciaría a las seis de la tarde, para lo que técnicamente faltaban quince minutos, razón por la que ahora estaban en esta situación.
Los varones Todoroki estaban apostando entre ellos cuánto tiempo tardaría para que su madre sufriera un colapso, recibiendo los tres un golpe en la nuca por su padre al escucharlos.
—Mamá, tranquila, ya todo está en orden— Natsuo alcanzó a tomar una de sus manos, deteniendo su avance a una de las tantas mesas.
—Tiene razón, solo falta que comiencen a llegar los invitados— añadió Shoto, buscando despeinar su cabello
—Lo sé, pero estoy algo ansiosa— la peliblanca acomodó el broche que recogía un poco su cabello suelto.
—Rei, te ves hermosa, sonríe y relájate— Enji sujetó su rostro, dándole una sonrisa.
El timbre sonó, haciendo entrar en pánico a la ojimarrón, otra vez.
—Yo iré a abrir, Fuyumi ya no debe de tardar para que reciba a sus invitados— metió las manos en los bolsillos caminando sin prisa.
—Bienvenidos a la casa Todoroki— abrió la puerta, inclinándose con un tanto de burla y elegancia combinadas
—Suenas gracioso diciendo eso Dabi-san— las risitas discretas por parte de algunos de los invitados le hicieron sentirse un poco avergonzado.
Se hizo a un lado para dejarles pasar.
—Dabi-san, ellos son mis padres, Toshinori Yagi e Inko Midoriya— Izuku sonreía muy alegre, disfrutando internamente de ver al pelinegro apenado.
—Mucho gusto, es un placer conocerlos— correspondió al saludo que el hombre le ofrecía con una sonrisa
—El placer es nuestro joven Todoroki— tenía un aura impresionante, rubio y ojos azules, con una musculatura mayor a la de su padre, incluso en altura. Era como un titán bronceado.
—Gracias por la invitación— la madre de Izuku lucía tan joven como la propia, besó el dorso de su mano con educación.
Ella era la versión femenina de su hijo, delgada y bajita -incluso más que Izuku- con cabello verde y unos ojos grandes del mismo tono.
Aunque eso no explicaba los rizos rebeldes del menor.
¿Podría considerar grosero preguntar cómo fue posible que no rompiera a la señora Midoriya?
—Síganme, mi familia espera en el jardín, ahí es donde la fiesta se llevará a cabo—
—Lamentamos la hora de llegada, pero Izuku estaba ansioso— el padre soltó una carcajada, cosa extraña es que no le disgustó como normalmente haría
—¿Querías verme Midoriya?— se acercó a su rostro con una sonrisa, haciendo retroceder al adolescente.
Los padres de este solo reían ante las interacciones y los movimientos de mano que Izuku hacía. Cuando llegó frente a su familia, sintió cierta tensión por parte de su padre y algo de incomodidad por el de Izuku.
—Soy Fuyumi Todoroki, les agradezco que vinieran— la peliblanca los recibió con una sonrisa.
Después de presentarse, sus madres conversaban con tranquilidad, y los esposos de ambas estaban a su lado.
La gente comenzó a llegar conforme pasaba el tiempo, la música resonaba por todos los rincones, la comida deliciosa, el pastel, los jóvenes adultos bailando, él estaba dando vueltas por el lugar, intentando encontrar a Midoriya, Natsuo tenía a sus amigos con él, Fuyumi ocupada con los suyos, y sus padres igual.
—Vamos Shoto, quiero bailar contigo— Inasa debía tener unos pulmones muy fuertes para hacerse escuchar sobre la música.
—Yura, sabes que no sé bailar muy bien— a su hermano lo escuchó gracias a que siguió de donde provenía el grito de la joven.
—¡Yo te enseño!— la pelinegra tomó las dos manos de su pareja con emoción
—Además Midoriya se quedaría solo— agregó el bicolor, Izuku les sonrió incómodamente
—Estoy segura que Midoriya-kun entiende que quiero estar a solas con mi novio, ¿No?— el ojiverde asintió, y prontamente la pareja de adolescentes le dejó solo.
Así fue como Dabi lo encontró, con su mirada perdida en el suelo, abrazándose así mismo con fuerza, temblaba ligeramente, aunque no podía asegurar si estaba llorando.
—¿Estás bien?— su sonrisa fue flaqueando hasta desaparecer
—¡Ah, sí! ¿Porque no estarlo? ¡La fiesta de Fuyumi-san es maravillosa!— parpadeó incrédulamente
Hace tan solo un momento el chico parecía al borde del llanto, y ahora le sonreía.
Ver los esfuerzos que hacía para no derrumbarse ahí mismo le hicieron admirarlo y enojarse a partes iguales. Sin ninguna clase de delicadeza, tomó su muñeca fuertemente, arrastrándolo a la parte más vacía del jardín, sin importarle las réplicas del menor.
—¡Dabi-san, detente! Me estás lastimando— lo soltó con la misma fuerza con la que le había sujetado en primer lugar.
—¿¡Yo te estoy lastimando!? ¿Quién fue el estúpido que decidió que era buena idea quedarse junto a mi hermano y su novia?— sin ninguna clase de tacto soltó aquello.
—¿¡Y para qué!? Te dejan de lado y se olvidan de ti— Izuku trastabillo con sus propios pies al retroceder, cayendo de sentón en el suelo
—¿Crees que tus sentimientos le importan a Shoto? ¡Si ni siquiera se ha dado cuenta de lo mucho que estás sufriendo!— el ojiverde cubrió sus oídos, mientras refugiaba su rostro entre sus rodillas.
Los sollozos de Izuku desconcentraron al ojiazul, este temblaba mientras sus manos estrujaban su cabello, parecía como si quisiera hacerse chiquito y desaparecer.
Bajó la mirada apretando sus puños, no era esto lo que estaba buscando, solo entró en un estado difícil de describir, el solo quería que viera la verdad, que dejara de mentir respecto a cómo se siente, no creyó orillarlos a esto.
—Midoriya...— la mirada fúrica le hizo guardar silencio, el menor se puso en pie.
—¡Se perfectamente mi posición! ¿Pero qué puedo hacer? Él no me quiere, y eso me duele como no tienes idea— estrujó el pecho de la camiseta con ambas manos, mordiendo su labio para no dejar que los gimoteos fuesen tan altos.
—Cada vez que veo su sonrisa, los escucho reír, abrazarse o sus manos unidas, mi corazón se rompe... Pero lo amo tanto que... Simplemente no puedo alejarme... no si solo tendré su amistad... No quiero perder eso también— parece sonreír, sorbe su nariz constantemente, y las lágrimas caen por sus sonrojadas mejillas.
Izuku luce vulnerable, y desesperado, sin pensarlo demasiado, lo envuelve entre sus brazos con fuerza, casi parece que los sollozos de Midoriya se alentan, la mano del adolescente se aferra a su antebrazo, hunde su rostro en el pecho, dejándolo húmedo con el paso del tiempo.
No hace nada por soltarlo, recarga su barbilla en los rizos del menor, aspirando la fragancia a lilas que desprende siempre.
—Izuku... Yo puedo ayudarte, solo no dejes de venir— habla bajito, la cercanía es tanta que no necesitan elevar la voz
—¿Cómo?— el chico levanta un poco la cabeza, ahora se miran fijamente
—Cuando lleguen búscame, nunca te lo había dicho, pero eres importante para nosotros, no quiero que vuelvas a desaparecer así— creció el agarre entre ambos.
—Gracias Dabi-san— Izuku soltó una risita bajita, rota y temblorosa.
Sin mediar palabra, volvieron a las posiciones anteriores, en ningún momento deseó soltar al pequeño adolescente, sentía de algún modo, que su amistad había dado un paso muy grande, y eso era suficiente para él. Quizá luciría algo raro a ojos externos la forma en que estaban, pero el pecoso sabía cómo ganarse el cariño de las personas.
Si su hermano no había podido corresponder a sus sentimientos, alguien más lo haría, y eso estaba bien. Ambos eran personas que quería, y deseaba la felicidad de los dos, aún si esta no estaba en ellos realmente.
Por eso quería ayudarlo, no entendía muy bien el dolor de enamorarte y ser rechazado, pero ya no quería ver los ojos de Izuku sin brillo.
—Creo que tenemos que volver, o papá armará un motín por nuestra desaparición— se permitió reír al imaginarse la paranoia de su padre
—Papá no estaría mejor, y mamá lloraría mucho, es muy... Sensible— el chico rascó su nariz con pena, ese último rasgo lo había heredado de ella.
—Entonces debemos apresurarnos, no quiero que me acusen de secuestro—
El pelinegro negó con la cabeza divertido, separados comenzaron a caminar de regreso, Izuku corrió un poco para tomar su antebrazo, Dabi no comentó nada al respecto, y entre burlas volvieron al centro de la fiesta.
En parte tuvieron algo de razón, sí los estaban buscando, y comprobó de propia mano que realmente Inko era muy sensible cuando corrió abrazar a su hijo con los ojos llorosos apenas lo vio.
La fiesta pasó sin incidentes, entre risas y un aura más relajada por parte de sus padres.
Además de que la estatura Izuku la heredó de su madre, obtuvo muchas otras formas de burlarse de este cuando a la hora de cortar el pastel, el rubio padre le cargó en sus hombros sin preguntar y sin mínimo esfuerzo.
Parecía un niño abochornado.
Además los cabellos de ambos y el color de su rostro no hicieron más que formar un semáforo.
La calidez de Izuku debía ser reflejo de la de sus padres.
Y por eso, él se prometió que no dejaría que esa calidez se viera opacada.
