Ya no tengo el amor que necesito

Me echan al mar.

No encuentro la orilla

No sé realmente lo que estaba pensando

Ya no tengo el amor que necesito

Ni siquiera estoy seguro de lo que estoy buscando

Oigo una melodía y empiezo a cantar

Estoy perdido en un sueño

No puedo abrir los ojos

[Love I need.- The Living Tombstone]

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Estacionó frente a una bonita casa azul cielo, con un jardín pequeño pero bien cuidado, el vecindario y sus alrededores despedían un aura acogedora.

-Llegamos-

La forma en que Shoto podía afectar el cambio mental en Izuku era francamente sorprendente.

Midoriya seguía en la misma posición desde que había subido al asiento delantero, abrazando sus rodillas y el rostro hundido entre ellas, ni siquiera parecía haberle escuchado.

Sin pensar, acarició su cabello con más suavidad de la que solía utilizar, enredando sus dedos entre los rizos, llamando esta vez la atención del adolescente.

Levantó un poco la mirada, sus ojos aún estaban rojos pero podía alcanzar a ver una pequeña sonrisa.

-Oh, gracias por traerme- el chico hizo amago de querer bajarse de la camioneta, pero él no iba a permitirlo.

Tenía la sensación de que el ciclo se repetiría si lo dejaba irse, y una parte de él, quería permanecer a su lado un poco más de tiempo.

-Izuku, quiero hablar contigo- era la primera vez que le llamaba así, por ende el propio ojiverde se detuvo para prestarle atención.

La mano que antes había estado en su cabello, pasó a las redondas mejillas del contrario, usando el pulgar para despejar lo húmedo de estas, tomando especial atención en las cuatro pecas que adornaban el juvenil rostro.

-El cariño que recibes de Shoto y con el que te conformas solo te lastima, llorando a escondidas y sonriendo falsamente- porque entonces la escala de su sufrimiento solo iría en aumento, porque entonces sus sentimientos serían siempre una carga de la que no podría avanzar

-Izuku, odio que la causa de tu sufrimiento sea mi hermano, no vale la pena que sigas a su lado para preservar una amistad que te está hundiendo- los ojos del menor vuelven a acuarse, cae en una contradicción pero sabe que no puede detenerse.

-Y... Mereces alguien mejor que Shoto, que te quiera igual a como tú lo haces, no que te dé sobras de su tiempo. Quiero que seas feliz, por eso...- "Deja de amarlo" intenta decir, pero algo corta su garganta.

El amor suena como un sentimiento demasiado fuerte. Y le cuesta asimilar que eso es lo que Izuku siente por su hermano.

Espera a que el pecoso llore o le grite como en aquella ocasión, pero simplemente sonríe, y sujeta con fuerza la misma mano que no ha dejado de dar caricias en su cara, mientras se recarga.

-Ya no quiero sentirme así, es difícil fingir que no me importa o que no duele- le mira directo a los ojos soltando un suspiro.

-Y aunque ha sido diferente desde que pasamos tiempo juntos... Me aferré a que tenía una oportunidad, pero ya no más- la cara ladeada del peliverde le hace sonreír como sonrojar a partes iguales.

Es una imagen bastante hermosa, porque sus rizos antes despeinados se acoplan a su rostro con naturalidad, y sus ojos se cierran mientras usa su palma de almohada.

Todo lo que dijo realmente lo creé, Izuku necesita de alguien que pudiera dedicarle la misma atención o devoción que el propio peliverde tenía hacía con Shoto, incluso más.

No puede apartar su mirada del adolescente, se veía tan tranquilo y cómodo, aunque pasados unos minutos fue él quien se levantó, sus ojos ya no estaban enrojecidos con la misma intensidad, y se sentía mejor así no lo dijera en voz alta.

-Gracias- abrió la puerta, acomodando la mochila sobre sus hombros.

Con la mano en la puerta, notó la indecisión en el menor, estaba por bromear con él para aligerar el ambiente, cuando este de un salto subió rápido por el asiento para darle un beso en la mejilla

-Hasta luego- torpemente le susurró, hasta casi corriendo cerrar la puerta y entrar a su hogar.

Dabi se había congelado en su lugar, los labios del pecoso eran suaves, y tibios en contraste con su piel. Tembloroso se tocó el lado derecho del rostro.

¿Que significaba esa sensación?

Su corazón estaba latiendo demasiado rápido, y como pudo encendió la camioneta para regresar a su casa. No hubo un solo momento en que el pequeño tacto de los labios de Izuku se borrara de sus pensamientos.

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-Nee, nee, Dabi, ¿Vendrás?- sintió los golpeteos de su amiga en el hombro haciéndolo reír con fastidio.

-Ya te dije que si, deja de molestar- medio empujó a su rubia amiga que contrario a molestarse solo amplió su sonrisa.

-Ustedes dos son horriblemente fastidiosos- el tercero en la conversación solo sobaba su sien.

-Y si tan molestos somos, ¿Porqué sigues aquí?- preguntó el pelinegro como si le estuviera corriendo.

El trío estalló en risas como si fuera parte de un chiste en común, lo cierto es que la forma en que los tres exclamaban provocaban cierto miedo en las mesas a su alrededor, que apartaban la mirada disimuladamente.

Nadie podría culparles, ellos carcajeaban como si estuviesen desquiciados.

-Pero en serio, ¿De verdad irás? Llevas cancelando nuestras salidas desde hace tanto que perdí la cuenta- el peliazul que respondía al nombre de Shimura Tenko evaluó con ojo crítico a su opuesto.

Quiso rodar los ojos, no era para tanto, solamente llevaban sin verse fuera de la escuela más de cuatro meses.

-Ya les dije que sí, mierda que son insistentes- Himiko se encogió de hombros, ignorando la maldición

-¿Porqué no mejor nos dices la razón de que nos hayas dejado en el olvido, eh?- la chica se recargó sobre los hombros del adulto pelinegro, mientras estiraba sus perforaciones para molestarlo

-¿Y que tal si tu no metes la nariz donde no te llaman?- da un ligero cabezazo hacía atrás, Toga saca un poco de sangre al morderse, riendo entre dientes por el sabor.

-¡Oh vamos Dabi! Debe ser importante para ignorarnos- buscó apoyo en Shimura, para sorpresa de ambos asintió interesado.

-Estás más raro de lo normal, cuando acaban las clases corres prácticamente por escapar e irte- no es que realmente le importe, pero si Toga no obtiene respuesta seguirá fastidiando cuál niña pequeña.

-¡Y pasas mucho tiempo en el celular! Y no tienes más amigos que nosotros- la rubia brinca alrededor de la mesa

Pone los ojos en blanco con irritación por el comentario de su mejor amiga.

-¿Iremos al bar de Kurogiri, cierto?- los oyentes asintieron sin comprender

-Bien, ahí se los mostraré- tajante tomó la lata de soda, esperando que dejaran el tema.

Justo a tiempo, el almuerzo había terminado e igual no es que pudiera librarse de ellos, compartían algunas clases en la universidad.

Y, aunque no lo dijese en voz alta, sentía cierta emoción de que Izuku conociera a sus amigos, aunque...

Los observó de reojo, Shimura parecía un vago y Toga una loca,esperaba que no asustaran al adolescente.

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Está mirando la punta de sus pies con un interés absurdo, se siente un poco avergonzado por lo que está haciendo.

En todo este tiempo no había caído en cuenta del pequeño detalle que implicaba que Inasa, Shoto e Izuku compartieran tren para ir a la casa, por ende, al lado de la pareja solamente crecerían los sentimientos de dolor, pero eso podía solucionarse, más o menos, con su presencia podría distraer al menor como sucedió aquella vez.

Además, tenía planes para ambos apenas dejara a su hermano y novia en casa.

Los tres adolescentes venían caminando en calma, Shoto en el centro, Inasa rodeaba el brazo de su pareja con el propio, e Izuku contemplaba el suelo a la izquierda de los chicos.

Como si fuera instinto, levantó la mirada encontrándose con los azules ojos de su amigo adulto, dejando atrás a los otros que le miraron confundidos antes de seguir el recorrido que el otro había hecho.

-¡Dabi-san!- la pequeña sonrisa no pasó desapercibida para los curiosos

-Te ves muy contento por verme, Midoriya- por instinto revolvió los cabellos del menor haciéndolo sonrojar.

Sus grandes ojos verdes le miraban con pena disimulada en aparente molestia, era muy entretenido para él compararlo con un conejo enojado.

-Dices cosas muy vergonzosas a veces- susurró con los labios fruncidos y los brazos cruzados, para esto, los otros adolescentes ya les habían dado alcance.

-¿Qué haces aquí?- fue lo primero que Shoto dijo cuando lo tuvo en frente.

Dejó los cabellos del menor por el tono tan tosco con el que se dirigió a él, frunció las cejas en un gesto de molestia mientras le sonreía falsamente, dando algunos pasos cubriendo al adolescente que estaba confundido por la interacción de ambos hermanos.

-Hola Shoto, sí, estoy bien, ¿Que tal tú? ¿Te parece si los llevo a casa?- se inclinó hasta la diferencia de estaturas que separaban el rostro de ambos.

El ojiazul fijó su mirada en la bicolor contraria, con una mezcla entre el enojo y el desconcierto. Inasa e Izuku no estaban muy seguros de que hacer, pero los adolescentes comienzan a rodearles y murmurar entre ellos.

-Dabi-san- jala de su manga para llamar su atención, no sabe si funcionará pero tampoco pierde nada intentando.

Entre él, y los dos varones, no tiene oportunidad, sabe por parte de su amigo bicolor que ambos, como todos en la familia Todoroki, tienen hasta cierto punto entrenamiento y conocimiento en defensa personal.

-Lo siento- no está muy seguro de a quien le dirigió la disculpa, pero el peliverde le sonrió nervioso, y Shoto seguía viéndose un poco molesto.

Volvió a su posición anterior, rascando su nuca mirando la pequeña conmoción que se había formado a su alrededor sin verdaderos motivos.

-Tambien lo siento- ciertamente no quería ni que Inasa o Izuku estuvieran en medio de una pelea sin sentido por las actitudes un tanto inmaduras de su parte.

-Bien, ¿Nos vamos?- les señala con el pulgar la camioneta a su espalda a lo que el bicolor niega, Inasa toma su mano y le sonríe apenada.

-¡Le pedí a Shoto una cita!- exclamó la pelinegra con movimientos un tanto exagerados.

Asiente apenas, quería invitar al peliverde pero no creía que su pareja estuviera de acuerdo.

-Yura y yo íbamos a ir por un helado, e ir al centro comercial- expresa monótono.

Eso le facilitaba las cosas.

-Ah, perfecto, avísale a mamá, ¿Te llevo?- se dirige a Midoriya con una sonrisa, el chico lo piensa por algunos segundos antes de asentir dudosamente.

-¿Iremos a tu casa o la mía?- carraspea al escucharlo, acaricia sus cabellos consiguiendo su total atención

-A tu casa, mis amigos quieren salir hoy y me pidieron invitarte, ¿Quieres?- el pecoso sonríe antes de despedirse de la pareja, caminando junto al pelinegro.

Dabi le hace una seña burlesca a su hermano menor antes de entrar a su auto y arrancar.

La sonrisa en sus labios se debe a que Izuku lo eligió sobre Shoto, y le parece ridículamente satisfactorio.

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Izuku come sus dangos dulces con una sonrisa satisfecha, entre exclamaciones de gozo y los ojos entrecerrados, Dabi le observa al otro lado de la mesa con su té verde y un onigiri en su mano libre.

El adulto decidió que quería llevarlo otro sitio antes de ir a la casa del menor para que este cambiara su uniforme por ropa normal, así que en un giro a unas calles adelante encontraron un merendero japonés.

-Realmente eres como un niño Izuku- le limpió la mejilla con su pulgar para luego lamer el dulce de su propia mano.

Todo ante la perpleja mirada del peliverde, que se atoró con su comida, dando como resultado que el pelinegro le diera con rapidez de su té.

-Me llamaste Izuku- obvió el hecho de que su ahogamiento fue provocado por eso y su acción anterior.

Dabi se colocó derecho, se había atorado con su propia saliva. No es que fuese realmente un problema, solo que no acostumbraba a llamarle por su nombre de pila. En realidad, la primera y única vez que se dirigió a él así fue cuando recibió un beso en la mejilla del otro.

-¿Te molesta?- le dió otra mordida al onigiri, esperando una contestación

-... No, solo me sorprendió, puedes llamarme así, cla-claro si tu qui-quieres- infla las mejillas con vergüenza, a lo que Dabi termina por pellizcarle.

-Tu puedes decirme sin el honorífico- el ojiverde solo ríe, negando poder hacerlo por su salud mental.

Una vez pagan las cuentas, vuelven a la camioneta del pelinegro, aún es temprano, y según lo entendido, debían verse con los amigos del adulto a las siete, el pecoso juega nerviosamente con los cordones de su mochila, ¿Dará una buena impresión?

Izuku se siente muy cómodo al lado del adulto, no importa tanto la diferencia de cuatro años, o el hecho de que desde un principio nunca esperó un desarrollo entre ambos, ahí estaban, tarareando canciones juntos, y quería que fuera así siempre.

Dabi sonreía libremente, al punto en que sus labios comenzaban a doler, ver al pecoso era un deleite, como se movía y se esfumaba parte de su timidez era una transición imperdible, durante el camino no pudo evitar hundir sus dedos constantemente en los suaves rizos del menor

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Izuku a su lado lucía muy nervioso, a pesar de que le dijo el lugar y que solamente conocería a sus amigos, el chico no parecía verse muy seguro.

-Izuku, tranquilo, ¿Quieres que nos vayamos?- lo haría si eso relajaba al adolescente, quería que se divirtiera, no que estuviera tan tenso.

-¡No! Quiero decir, vamos, solo estoy ansioso porque espero agradarles- sintió caliente el pecho como sus mejillas.

Midoriya se veía especialmente lindo, con una camisa formal color rojo oscuro, y unos pantalones negros ajustados, así como sus tenis rojos, y un pequeño broche haciendo al lado sus cabellos.

-Ellos van a amarte- sería imposible que no lo hicieran.

El peliverde tomó la manga de su sudadera, un tic que le parecía adorable y sabía le daba cierta seguridad al menor.

El bar era pequeño, pero bastante concurrido y elegante, apenas localizó a sus amigos fue con ellos, por cada paso el peliverde temblaba un poco, haciendo sus clásicos murmullos.

-Shimura, Toga, ¿Que tal Kurogiri?- el peliazul le saludó tan escueto como Kurogiri, el dueño del restaurant-bar

-Realmente viniste- Himiko quiso brincar sobre él como acostumbraba, pero sus ojos dorados se desviaron a la pequeña figura escondida tras su amigo.

-Nee, Dabi, ¿Quién es?- quiso acercarse pero el adulto cubrió con su brazo al adolescente.

Sin embargo, fue el mismo chico quien tiró de su manga, sonriéndole un poco más confiado, reticente, se hizo a un lado para que sus amigos apreciaran mejor a su invitado.

-Él es Midoriya Izuku- el peliverde tomó entonces valor, mirando a los adultos frente a él.

-Gus-gusto en conocerlos- hizo una pequeña reverencia.

La mujer exclamó sonriente, acosando al pequeño con varias preguntas que en ocasiones lo pusieron incómodo, Shimura fue menos efusivo, presentándose únicamente, y charlando entre tragos a las bebidas. Respiró aliviado por qué sus amigos se habían llevado bien con el pequeño ojiverde.

Y no podría decir con exactitud que sucedió.

Shimura, Toga e Izuku se habían acoplado con rapidez, riendo entre ellos, y contando algunas anécdotas que más tarde descubriría eran sobre él.

Izuku le sonrió con una felicidad tan pura que parecía imposible, con sus grandes ojos cerrados y unos pequeños hoyuelos marcados en sus mejillas.

Oh, jodido corazón de porquería.

Sintió el claro frenesí que ese simple gesto causó en él, que lo congeló a su lugar sin poder desviar la mirada.

Cosquilleando sus dedos y sus labios en busca de contacto con la suave piel del adolescente.

En retrospectiva, había sido muy obvio durante todos esos meses.

Porque se aferró a la presencia de Izuku y su alegría como si fuese lo único que él necesitaba, porque le gustaba su calidez, y escuchar sus murmullos, porque gustaba hundir sus dedos en los sedosos rizos.

Dependiente de su presencia en el hogar, acaparando su atención, queriendo poseer tanto de él como fuese posible en actos tan sencillos como abrazarlo, hacerle reír, entre otros.

Porque estaba enamorado de Izuku.

Y esa revelación no hizo más que alegrarlo como entristecer a partes iguales.

Porque Izuku no lo quería a él, sino a su hermano Shoto.

No podía haber situación más irónica para ambos.

-¿Dabi-san, estás bien?- los tres ajenos a su conflicto mental le miraban con preocupación.

Afligido, hizo su mejor intento por sonreír, atrayendo el cuerpo del peliverde a sí mismo, abrazándolo con fuerza, no queriendo soltarlo.

-Ahora lo estoy— murmuró sobre los cabellos del menor, aspirando el aroma de estos.

Midoriya solo correspondió el abrazo sin entender, pero deseando hacerlo, para poder ayudar a la misma persona que tanto había hecho por él.

Ese adolescente de pecas y ojos verdes que él quería, era el mismo que no iba a corresponderle.

Bueno, era justo, ¿No?

Él le dijo que se merecía alguien que lo amara tanto como hacía con Shoto.

Y ahora estaba él, guardando ese sentimiento que Izuku tanto deseaba recibir, pero por la persona equivocada.

A veces las cosas no salen como uno espera.