¿Cómo perder un saiyajin en 10 días?

Día 1

Ser una persona madrugadora en definitiva no iba con ella, pero su malvado plan implicaba comenzar desde temprano. Revolvió su guardarropa en busca de un vestido apropiado para la ocasión, pensó en algo sexy para atraer la atención del saiyajin. Al final optó por un vestido lindo y discreto, que resaltara más su belleza.

Mientras acomodaba el tirante del vestido floral, descubrió que la mancha en su cuello seguía allí. En un principio lo relacionó con síntomas del embarazo, pero aún después del alumbramiento la marca siguió allí, juraría que se acrecentó poco después de la derrota contra Cell. Visitó muchos dermatólogos pero ninguno logró aminorar su problema, por más tratamientos que intentó, la mancha no se iba.

Apurada entró a la habitación de Vegeta sin llamar previamente. El saiyajin seguía dormido, sin dar señas de querer abandonar su cama. Pasaba de medio día, algo extraño sucedía con él. Jamás permanecía tanto tiempo en cama.

-¡Arriba dormilón! –lo llamó mientras abría las cortinas para que entrara de lleno la luz.

Los rayos de luz que iluminaron su rostro y la voz estruendosa de Bulma se encargaron de interrumpirle el sueño. Era una persona de poco dormir pero los eventos recientes le hicieron permanecer más horas en cama. Su cuerpo parecía seguir necesitado de descanso.

-¡Deja de molestar mujer! –refunfuñó girándose al lado contrario de la luz.

-Es hora que mi querido esposo baje a desayunar –dijo con un tono de voz en extremo cariñoso.

Vegeta abrió los ojos de par en par ante semejante declaración: "querido esposo", una expresión que jamás en la vida creyó escuchar.

-No me interesa –expresó indiferente.

-¿Cómo? –se asustó Bulma –¡ni la comida te tienta para levantarte!

-No molestes –dijo, pero una duda asaltó su cabeza – ¿de cuándo acá me llamas esposo?

-Simple, tú no quieres firmar el divorcio entonces seremos una feliz pareja casada –expresó segura de sus palabras.

El sexto sentido de Vegeta se activó, algo andaba mal allí. En el poco tiempo que llevaba de convivir con ella sabía que no era de las que se daba por vencida tan fácilmente, con seguridad ideó algún plan oculto para lograr el divorcio. Pero no sabía con quién se estaba metiendo, por muy trivial que pareciera la situación, nadie, absolutamente nadie le ganaba al príncipe Vegeta.

Como optó por dejar de pelear en batallas, sonaba interesante luchar en contra de las acciones que tomaría Bulma para lograr que firmara, sin embargo no sabía con quien se metió. Andaría con cuidado y alerta ante cada acción de la mujer, todo lo que hiciera en su contra se revertiría con creces.

Se giró para encararla pero lo que vio le paralizó los sentidos. Ella tan linda, con un vestido de verano con vuelo en la falda, los tirantes dejaban ver sus brazos de porcelana y sobre todo enfocó la mirada en su cuello, la marca de la unión saiyajin seguía allí, más visible que nunca.

-¿Te gusta cómo me veo? –sonrió coqueta mientras giraba su cuerpo para que la pudiera apreciar mejor.

-¿Estás enferma? –se incorporó de la cama –Es algo extraño que no andes enseñando más piel que de costumbre.

-Es para que solamente mi esposo pueda apreciar mejor esas partes ocultas de mi piel –expresó con mirada seductora, por su puesto la mente de Bulma se pensó con detenimiento la respuesta.

-¿Entonces como pareja habrá deberes que cumplir? –se acercó a ella con lentitud, siguiendo el juego de seducción que ella comenzó.

Sin previo aviso la acorraló contra la pared, para estar frente a frente al punto de casi rozar los labios. Esto era guerra y no se iba a dejar vencer ante una terrícola, no se sometería a la manipulación.

-No son horas para estar juntos –se aclaró la voz ella –además primero debes alimentarte, te espero abajo para que comas todos los platillos que cociné para ti –diciendo eso se liberó del agarre de Vegeta, quien comprendió que ella se puso nerviosa ante la cercanía.

Una acalorada Bulma salió fingiendo estabilidad, pero la realidad era otra. Las piernas le temblaban ante la proximidad con Vegeta. El tiempo sin sexo le comenzó a cobrar factura y tener semejante hombre cerca no ayudaba a controlar sus instintos.

En su trayecto a la cocina hizo varias series de respiraciones, Vegeta solamente estaba con ella por Trunks y tal vez por sexo, pero no cedería por mucha necesidad que tuviera. Se mantendría firme en su cometido, lo cual implicaba no tener relaciones con el saiyajin para que perdiera el interés.

Al llegar a la cocina se encontró con su madre, quien alegre tarareaba una melodía y comía algunos bocadillos.

-¡Qué linda te ves! –expresó su madre emocionada –Veo que te arreglaste para servir la comida al joven Vegeta.

-Así es –afirmó Bulma –Es parte del plan, además de ser hostigante, consentida, mimosa todo lo que cualquier hombre en el universo puede odiar.

-Si no te conociera –hizo una pausa para masticar el bocado –diría que tienes miedo de enamorarte del joven Vegeta.

-No digas tonterías –sonrió nerviosa, por el acertado comentario.

Desde que sintió atracción física por él, sabía que no se podía enamorar. Terminaría sufriendo como nunca, ni las miles de infidelidades con Yamcha se acercarían al corazón roto que le dejaría el saiyajin.

Pasados algunos minutos un recién bañado Vegeta llegó para tomar los alimentos. Anticipaba que la comida no tendría buen sabor porque Bulma no tenía habilidades culinarias. Se comería todo para hacerla rabiar.

Sin decir una palabra comenzó a engullir sus alimentos. Una sopa simple, los filetes picantes y arroz con exceso de sal.

La sonrisa de Bulma se apagó cuando no expresó ningún comentario en relación al sabor de la comida. Maldijo el apetito saiyajin, todo se comían sin importar el sabor y como seguramente tendría estómago de elefante, no le haría daño el exceso de sal, ni de picante.

De todos los momentos que debió fingir, ese era el más complicado: tragar sin hacer gestos de repulsión. El picante le quemaba la lengua, pero lanzaba sonrisas fingidas de placer cuando veía la decepción de Bulma al verlo masticar con tranquilidad. El rostro de la mujer lo dijo todo, algo escondía tras su cordialidad.

-¿Te vas? –preguntó ella al verlo levantarse de la mesa –¡Pero falta el postre!

Resignado Vegeta nuevamente tomó asiento esperando que por lo menos el postre supiera decente. Para su fortuna así fue, los bocadillos fueron horneados por la madre de Bulma, por lo menos el último tiempo de la comida valdría la pena.

-No te vayas amorcito –le pidió con voz melosa –Tengo planeada una tarde mágica de esposos, con un cierre nocturno interesante –le propuso haciendo círculos en su pecho.

-Entonces regreso por la noche –dijo seguro para irse volando lo más lejos posible antes de que su estómago iniciara un concierto de sonidos causados por la indigestión.

Frustrada palmeó la mesa, el primer asalto lo ganó su "esposo" pero en la noche se desquitaría. Lo haría pasar un pésimo rato.

Con el estómago más en calma regresó a casa. Se dedicó a meditar porque los entrenamientos quedaron descartados, su plan de vida ya no implicaba entrenar como desquiciado y por ende tampoco volver a pelear.

Lo animaba cumplir con sus deberes nocturnos de esposo. Hacía falta un rato de diversión y estar con Bulma sexualmente le agradaba, aunque solo recordara su encuentro en el espacio y nada del sexo desenfrenado que seguramente tuvieron en sus días drogados.

Rastreo su ki y el olor por toda la Corporación. Lo encontró para su sorpresa en su habitación, se la imaginaba esperándolo con ese atuendo de cuero que se puso cuando la halló con Kakaroto. Su boca produjo más saliva que de costumbre y frotó sus manos saboreando el encuentro.

-¡Hola amorcito! –lo saludó Bulma refugiada tras un libro -¿cómo te fue? –hizo una pausa en su lectura para dejarle ver al saiyajin su cara.

Una banda en la cabeza y una gruesa mascarilla de aguacate en el rostro de Bulma, el ingrediente perfecto para matar cualquier tipo de deseo.

-¿Qué carajos es eso? –preguntó con cara de repulsión.

-Es una mascarilla para mantenerme bella –explicó levantándose al encuentro del saiyajin –Debo dormir con ella toda la noche para que mi cutis se humecte como es debido.

Le costaba aceptar una derrota pero claramente eso apagó todo el deseo que tenía. Se dirigió al baño para darse una ducha y sacar la frustración sexual.

Varios minutos más tarde salió de la ducha. Encontró a Bulma dormida plácidamente con su mascarilla y emitiendo ronquidos estruendosos.

Lo que Vegeta ignoraba es que la científica diseñó un diminuto artefacto para maximizar los ronquidos de cualquier persona. Eso incomodaría el ligero sueño del saiyajin. Entre la mascarilla y sus estridentes sonidos nasales apagaría toda la pasión que Vegeta pudiera tener.

Resignado se recostó en el sillón de la habitación, pero no pudo conciliar el sueño, ya que cuando sus ojos se comenzaban a cerrar para entregarse a Morfeo, los ronquidos de Bulma lo regresaban a la realidad. Así pasó el resto de la noche.

Día 2

La mañana siguiente Bulma por obvias razones despertó antes que Vegeta, con sigilo se levantó para ducharse e iniciar el segundo día de su plan. Para su sorpresa el saiyajin no huyó de sus ronquitos y de la mascarilla.

El plan del aguacate no salió del todo bien, ella prefería comerlo con algunos nachos y no ponérselo en la cara. Para su ritual de belleza poseía un arsenal de cremas y sueros. Al final de cuentas funcionó y mantuvo las manos de Vegeta lejos de la tentación.

Salió de la ducha envuelta en una toalla. Distraída inició el proceso para secar su cabello. Metida en sus pensamientos no advirtió el intruso que puso con sensualidad las manos en su cadera. El olor y el toque la acaloraron, lejos de asustarla se sonrojó y cedió a las caricias.

Los dedos recorrieron sus curvas, Vegeta disfrutaba tener sometida a su ahora esposa. Lo estaba logrando, haría que cediera y se entregara otra vez a él.

-No Vegeta, no es el momento –intentaba articular palabras pero tartamudeaba en el intento ante la excitación.

El saiyajin posó sus labios en el hombro de la mujer, para luego avanzar hasta el cuello. El toque de los labios le erizó la piel. Ya no estaba segura de poder controlarse, acabaría cediendo porque Vegeta comenzó a acariciar lentamente su entrepierna y a frotar su erecto miembro de espaldas a ella.

Antes de sucumbir al hecho, el pequeño Trunks inició una fuerte rabieta que al parecer no pudo ser controlada por sus abuelos. El grito sacó a Bulma de su trance. Anotó en su mente llevar a su hijo al parque como premio por ser tan oportuno.

El príncipe era una furia, se arrepentía por engendrar un heredero tan inoportuno. Sintió ganas de estrangularlo por su intromisión. La mujer estaba cediendo, unos intentos más y la tendría nuevamente jadeando bajo él.

-Debo atender el berrinche de Trunks –se apresuró a vestirse –tengo un par de pendientes, pero te espero por la tarde para que veamos algunas películas, tú y yo –guiñó el ojo coqueta.

El resto de la mañana prefirió vagar por el mundo. Volar le ayudaba a distraerse de sus instintos. Confiaba que esa tarde de películas terminara en esos momentos que ninguno pone atención a la trama. Durante el desayuno escuchó que los abuelos llevarían al mocoso de paseo con el fin de darles un espacio a la nueva pareja de casados. La tarde se pintaba prometedora.

Llegada la tarde puso en orden la sala de televisión. Acondicionó un arsenal de bebidas y botanas para convivir un rato con el saiyajin. Seleccionó las películas más románticas y melosas de la historia del cine. La siguiente parte del plan consistía en desesperar al nada paciente saiyajin.

Se adelantó a encender la primera película. Avanzada la historia, buscó una posición para sentarse con aire casual y a la vez sensual. Ensayó las posiciones: de lado, toda extendida con la mano tras la cabeza, sentada con la pierna cruzada, boca abajo, de cabeza, etc.

-¿Qué mosca te picó? –le preguntó Vegeta ingresando a la sala.

-Busco la posición más cómoda para ver la película –se excusó apenada por ser sorprendida.

-¿Qué veremos? –dijo sin mucho afán tomando asiento junto a Bulma.

-Películas románticas –Sonrió ella compartiendo el tazón de palomitas.

-Debí imaginarlo –torció los ojos.

-¿Soda o cerveza? –preguntó Bulma para atender al saiyajin.

-Cerveza –respondió mirando cuando ella se inclinaba por una botella. No se cansaba de ver ese magnífico trasero.

-Travieso –sonrió pícara al ver el sonrojo del saiyajin –Tranquilo amigo, primero veremos algunas películas.

-¿De qué trata esa mentada película? –preguntó desviando el tema.

-De una chica que anda en busca del amor, pero no puede decidir entre dos hombres –explicó abriendo su lata de bebida.

-Debe quedarse con él –señaló Vegeta después de unos minutos de prestar atención a la historia.

-No -refutó Bulma –es el peor candidato, es malvado y casi llevó a la empresa a la quiebra.

-El villano es el mejor partido –afirmó seguro para después comer más palomitas –tiene más personalidad.

-Bajo esa premisa debería haberme casado con Piccolo, Raditz, Freeezer o Zarbon –rió Bulma ante lo disparatado de la idea.

-Piccolo no tiene sexo, Raditz era un perdedor como su hermano, Freezer y Zarbon tenían una frágil masculinidad –declaró Vegeta –por eso te casaste conmigo, porque soy mejor opción.

-En mi defensa diré que no estaba consciente de lo que hacía –se frotó la sienes ante el señalamiento del saiyajin.

-Pero te gusto –se acercó a ella –me deseabas y me sigues deseando –ronroneó.

Bulma en un arrebato mordió su dedo índice con deseo, pero hizo mucho trabajo previo para aguantar la excitación y alejar al saiyajin. Antes de iniciar una serie de besos, empujó a Vegeta para que se recostara en el sillón. No le quitó la mirada traviesa, mientras buscaba bajar sus pantalones.

-El príncipe está algo travieso –gimió ella –¿este pequeñín quiere salir a jugar? –dijo simulando que hablaba con su miembro.

-¿Pequeñín? –preguntó Vegeta algo incómodo –Sabes que no es nada pequeño –afirmó ofendido.

-¡Qué sensible! –expresó Bulma conteniendo la risa. Parecía que sin importar el planeta hablar de tamaños incomodaba a los machos –Vamos a ponerle un nombre a este travieso –expresó con lujuria.

-¿Un nombre? –pensaba qué clase de perversiones terrícolas eran esas de ponerle un nombre.

-Te nombraré kitty –dijo Bulma mientras intentaba bajarle el pantalón –Ven a jugar lindo gatito.

-¡Hey! –Vegeta detuvo las manos de Bulma –Esperaba un nombre más fuerte y masculino.

-¿Cómo cuál? –preguntó divertida –como ¿Príncipe todo poderoso?

-Algo así como devastador o el rey guerrero, no esas tonterías de ¡Kitty!-se levantó indignado y de pronto perdió la intensión de continuar. El comentario afectó su orgullo.

-Veo que se te bajaron los ánimos –Comentó fingiendo decepción –creo que se terminó nuestra sesión de hoy –se despidió para salir corriendo y no soltar colosales carcajadas.

Vegeta frustrado se tiró en el sofá, la mujer ganó la partida. Decidido inició su plan de ataque, Bulma parecía que tenía trazada cada acción, por lo tanto un estratega como él estaba obligado a pensar cada movimiento.

El príncipe ingresó a la habitación que ahora compartían, pasó el resto de la tarde ideando cómo seducir a la terrícola. Esa noche iba a caer rendida en sus encantos. El plan apuntaba a situaciones casuales, como dejar caer la toalla accidentalmente.

Los planes se vinieron abajo cuando miró a Bulma sosteniendo en la cama a Trunks, se aferraba a él con semblante preocupado. Algo en el ki del mocoso no andaba bien.

-¿Qué hace él aquí? –preguntó sin delicadeza.

-No se siente bien, ha tenido fiebre –afirmó suspirando sin apartar la mirada de su hijo.

-No lo abraces –comentó Vegeta acercándose a ellos.

-¡Qué insensible! –gritó Bulma molesta por el comentario.

-Tu calor no ayuda a que baje la fiebre –explicó Vegeta.

-Tienes razón –Dijo Bulma apartándose del pequeño, pero su instinto materno le pedía no soltarlo.

-Solamente dale un baño con agua tibia, los saiyajines cuando crecen elevan más de la cuenta su temperatura corporal –explicó –lo mismo me pasaba.

-¿Y si tiene algo más? –preguntó nerviosa.

-¿Presenta algún otro síntoma?- se sentó junto a ellos para inspeccionar al bebé.

-No, solo la fiebre y se nota adormilado –posó las yemas de sus dedos en la frente de Trunks.

-¿Qué esperas mujer para darle ese baño? –la apuró Vegeta cuando se sintió incómodo por parecer tan preocupado por su hijo.

Bulma se encaminó al baño para refrescar al pequeño. Le sorprendió la actitud de Vegeta: relajada y en cierta manera preocupada por su hijo. No cabía duda que la estancia con Mirai Trunks le despertó un poco del instinto paterno.

Cuando terminó pensó en no encontrar a Vegeta en la habitación, pero siguió allí, recostado en el sillón esperando. Ella no dijo nada, pasó de largo sujetando a Trunks envuelto en la toalla. El baño le sirvió porque la fiebre bajó y se veía más animado.

Los tres por primera vez durmieron en la misma habitación. Bulma con Trunks en la cama y el padre desde lejos velando el sueño.

La cabeza y el corazón de la científica eran un mar de confusiones. No quería ilusionarse con Vegeta, pero justo esa noche le mostró vagamente una parte sensible y protectora. Le urgía apurar el proceso de separación formal, no quería engancharse con él.

Día 4

El día anterior Vegeta y Bulma no tuvieron gran interacción debido a la condición de Trunks. Siguió con algunos periodos de fiebre menores. El padre aseveró que daría un gran estirón por su reacción corporal, sin duda pintaba para ser un poderoso saiyajin.

La tregua le dio la oportunidad a Bulma de idear una estrategia desesperada. Las cosas se le salían de control, por lo tanto pensó en la necesidad latente de Vegeta en cubrir su deseo sexual, así que contrató a una de sus trabajadoras que parecía llamar la atención del príncipe, pues en su primera estancia en la Tierra lo sorprendió en varias ocasiones mirándole el trasero.

El abogado le explicó que en caso de comprobarse una infidelidad por parte de un cónyuge se omitiría la necesidad de una firma para comenzar el proceso de demanda de divorcio. Se le ocurrió tender una trampa a Vegeta, manipular sus instintos sexuales para que se acostara con la empleada de la Corporación.

Desde su computador observaba la escena de cómo la chica interceptó a Vegeta en los jardines. Nerviosa mordió la uña de su dedo pulgar, una parte de ella quería la evidencia necesaria pero otra rezaba a kamisama porque Vegeta rechazara a la mujer. Tal vez en el fondo más que una trampa era una forma de buscar desengañarse de la posibilidad de seguir junto al príncipe.

Vegeta meditaba sobre el césped, mientras que la chica se acercaba a él para seducirlo, jugueteaba con su cabellera y se acomodaba el escote para que el saiyajin volteara a verla.

Al borde del llanto, Bulma cerró la tapa de su portátil. No tuvo el valor para seguir mirando. Conteniendo el llanto se recargó sobre sus brazos en la mesa. Se lamentó por sentirse como una idiota, pero era lo que necesitaba para poner los pies sobre la tierra.

Minutos más tarde entró la chica a los laboratorios. Sus ojos irradiaban fuego, se notaba sumamente enfadada.

-¡Señorita Briefs! –gritó la chica –ese hombre es un insensible y tarado.

Bulma se incorporó secándose los ojos. No había lógica, Vegeta no duraba tan poco tiempo en el sexo.

-¿Qué sucedió? –preguntó interesada.

-Primero, debe pagarme la cantidad que ofreció –dijo segura la chica –segundo ese hombre es de piedra.

-¿Por qué lo dices? –Revolvió su cajón para sacar la chequera.

-¡Porque ni si quiera se dignó mirarme! –exclamó la chica ofendida –Todo el tiempo argumentó que no le interesaba, que ya tenía una esposa.

Bulma pausó el llenado del cheque ante tal afirmación.

-¿Qué? –levantó la vista -¿qué más te dijo?

-Me dijo que por qué alguien se pondría un trasero de mentiras –gritó la mujer –No sabe apreciar una belleza natural.

-No, no, me refiero a la parte de que tenía una esposa –Aclaró Bulma.

-Ah dijo que los saiyajines son esposos fieles ¿Qué rayos es eso de los saiyajines? –preguntó la chica -¿será algún tipo de secta religiosa?

La científica sonrió ante las preguntas y terminó el llenado de la cantidad del cheque. Agregó un par de ceros como bono por los daños psicológicos. Rió para sus adentros pensando que esa cantidad podría servirle para unos senos nuevos que hicieran juego con su falso trasero.

-Toma –le extendió el pago –aumenté la cantidad por las molestias causadas.

-Gracias señorita –el enojo de la chica se esfumó al ver la cantidad.

-Ahora necesito privacidad para continuar con mi trabajo, tus servicios no son requeridos –le dijo abriendo nuevamente la tapa de su computadora.

La chica tenía razón, Vegeta ni siquiera se dignó a mirarla. El saiyajin despiadado resultó más fiel y leal que Yamcha. Esa idea la sacudió y por un momento pensó ignorar su plan, dejarse llevar y ser sin problemas la esposa del príncipe de todos los saiyajines.

Continuará…

El álbum de bodas

¿Cómo ven? Vegeta depresivo y sin un propósito en la vida pero con muchas ganas de hacer suya a su esposa jajaja

Bulma por su parte alejándose del amor por miedo a la decepción.

Eso de "Kitty" es una copia de la película "¿Cómo perder a un hombre en 10 días?

Gracias por sus comentarios, nos leemos el próximo año jejeje

¡Buena vibra para todos, les deseo mucha salud y alegrías para el 2021! Un abrazo hasta donde quiera que se encuentren.