21. La boda del hijo de mi mejor amigo

Pasados los años comprendió mejor la sugerencia de Yamcha: "contrata un organizador de bodas", pero no, la gran Bulma Briefs no dejaría (otra vez) en manos de un desconocido la organización de la futura boda. Con la cabeza recargada en el escritorio de su laboratorio repasaba todos los pendientes y se lamentaba por aceptar la propuesta de Gohan para apoyar a Videl con los preparativos.

No aprendía que las bodas conllevaban una carga de estrés alucinante y eso que ella no era la protagonista del evento. Es que no podía negar ayuda al hijo de su mejor amigo, desde que Gokú partió al otro mundo, Gohan se refugió en la Corporación, extrañamente hasta Vegeta se portó más condescendiente con él, a su manera por supuesto.

Las complicaciones no se enfocaban en los miles de pendientes, más bien el problema residía en soportar a Milk: una suegra algo malhumorada, conservadora y sobre todas las cosas que se negaba a aceptar que su hijo se había convertido en un hombre.

-¡Mujer! –la sacó de sus cavilaciones la "delicada" voz de su esposo.

-¿Cuántas veces te he dicho que no salgas así de la nada? –lo reprendió molesta. Vegeta parecía disfrutar hacer rabiar a Bulma, una costumbre que no perdió con los años.

-¿Qué hiciste con las muestras de los pasteles? –preguntó interesado en degustar los restos de las pruebas que Videl y Gohan hicieron.

-Se acabaron –respondió fastidia e ignoró a su esposo.

-Mentira –refutó el saiyajin –Eran varias muestras.

-Habrías probado cada pastel, si no te hubieras negado en ayudar a la elección del pastel –Respondió sin apartar la mirada de su agenda de trabajo –además eso es cosa de los novios.

-Entonces, dime –pausó acerándose a ella -¿Por qué hace años me elegiste para ayudar a seleccionar un pastel de una boda que nunca se llevó acabo?

Bulma apretó los ojos, cerró de golpe la agenda y se detuvo a mirarlo. La pregunta de Vegeta tenía mucha lógica, ahora que lo pensaba con calma, qué le hizo pensar en la loca idea de que le ayudaría en una tarea tan trivial.

-Gokú lo sugirió –ella torció los ojos –ahora entiendo sus motivos para proponerte como candidato.

-Acéptalo –sonrió triunfante – Estabas loca por mí.

-¿Yo? –se puso la mano en el pecho ofendida –Por supuesto que me traías loca, pero por tener que soportar sus exigencias.

-Caíste–se le acercó para deslizar su mano por la pierna de su esposa.

-Drogada cualquiera diría que sí a un asesino espacial –Respondió dejándose llevar por el roce sensual de las manos de su esposo.

Vegeta estaba harto de la distancia con su esposa, la organización de la boda de Gohan le mantenían ocupada y cansada, lo cual derivaba en falta de acción marital. En sus entrenamientos pasó más tiempo sin sexo, pero estar tan cerca de Bulma y respirar su olor le despertaba con frecuencia la libido. Hasta se planteó la posibilidad de volver a preñar a su esposa, con la idea de tenerla tan ardiente como en el embarazo de Trunks.

Con ganas de estrangular a medio mundo, se alejó de Bulma al sentir la inminente llegada de los futuros novios.

-Tenemos compañía, verdad –suspiró Bulma al notar la seriedad de su esposo. Vegeta podría ser el hombre más frío del universo, pero frente a ella y a solas dejó hace mucho la máscara de indiferencia.

-Cuento los días para que esto termine –confesó molesto – sería más sencillo si se fugaran para casarse.

-No todos tienen que drogarse o beber para armarse de valor y proponer matrimonio –soltó la científica en tono de broma –Valiente saiyajin.

No hubo tiempo de responder, los novios estaban por acercarse. Sería un mes eterno más de agonía con su mujer metida en los preparativos de la boda, los años pasaban y el deseo por ella crecía, un deseo físico y un apego emocional que nunca imaginó sentir por nada ni nadie.

-¡Hola Vegeta! –lo saludó un animado Gohan, quien venía acompañado por Videl. Esa chica de ojos azules que fue capaz de despertar nuevos sentimientos en el joven saiyajin.

-Hmp –lo miró brevemente haciendo un gesto de saludo mientras abandonaba el recinto.

-Discúlpenlo –lo excusó Bulma –ya saben cómo es.

-No te preocupes –respondió Gohan sonriendo.

-Videl –la llamó Bulma –es tiempo de ir por la prueba del vestido.

-¿Iremos volando o en jet? –preguntó el joven saiyajin.

-¿De qué hablas? –se sorprendió Bulma –tú no vas –dijo tajante –es tradición mantener en secreto el atuendo de la novia, en especial a los ojos del novio.

-No creo en esas tradiciones –soltó Videl pero desertó cuando Bulma la miró con ojos de pistola.

-No –reafirmó Bulma –además Gohan debe revisar los detalles del traje que usará, el sastre lo está esperando.

En vista de la imposición de Bulma el novio lanzó una breve mirada a la novia con resignación, levantó los hombros al tiempo que gesticulaba para aceptar la orden de su organizadora de bodas.

-Nos vemos después –se despidieron con una sonrisa de enamorados.

Bulma sonrió al ver los brotes de amor que se mostraban entre los chicos. No podía creer que el pequeño Gohan había crecido, era todo un hombre que encontró a una maravillosa chica que lo complementaba.

Minutos más tarde Bulma y Videl surcaban los cielos en un Jet rumbo a la tienda de novias. La hija del famoso Satan tenía un presupuesto bastante amplio para costear un lindo vestido. El silencio era interrumpido por la personalidad parlanchina de Bulma, pero entre todas las conversaciones Videl no contuvo la duda que la aquejó desde hace un tiempo.

-¿Cómo fue que se casó con el señor Vegeta? –soltó la pregunta, desde que conoció a la pareja le intrigaba la historia de su unión –son tan distintos.

-¿Eh? –la sonrisa nerviosa de Bulma fue la respuesta inmediata que dio.

-Lo pregunto porque me intriga, además la historia de ambos me motiva, si ustedes que parecen tan opuestos han perdurado creo que lo mío con Gohan tiene futuro –se sonrojó la chica.

-Son los nervios de novia –analizó Bulma la pregunta tan inesperada –Mira –suspiró ella poniendo el piloto automático y girando la mirada a la futura novia –Gohan es un gran chico, créeme estás tomando la decisión correcta. Una vez Gokú me dijo algo muy acertado, una vida de casados es difícil pero cuando estás con la persona indicada entonces es fácil.

-Lo sé, Gohan es el indicado –comentó sonrojándose al por mayor -¿cómo supo que el señor Vegeta era el indicado?, digo, Gohan me ha contado algunas cosas sobre su llegada a la Tierra y los sanguinario que era.

Una gota de sudor escurrió detrás de la cabeza de Bulma. En lo que llevaba con Vegeta jamás le habían hecho esa pregunta, ¿cómo fue que terminó casada con un despiadado y frío saiyajin?

-Solo pasó, lo invité a hospedarse en casa para tenerlo vigilado y hacer todo lo posible porque no asesinara a nadie, después se enteró de que el chico del futuro era nuestro hijo y trató de manipularme para engendrarlo –La última parte no sonó tan convincente, porque ella no era para nada ingenua y también ardió en deseos por acostarse con Vegeta.

-¿Cómo le propuso matrimonio? –Videl permanecía con mirada curiosa.

Bulma direccionó su memoria recordando la propuesta de matrimonio de Yamcha en la que se metió Vegeta, contuvo la risa al pensar en la disparatada coincidencia de que al final se casó con el entrometido que sostenía el anillo en representación de Yamcha.

-No es muy compleja la historia, tomamos una bebida que nos drogó, luego en un arrebato fuimos por una boda exprés.

-Cuando era niña recuerdo que en todos los canales estaba su imagen huyendo de la boda con Yamcha –dijo Videl –lo recuerdo porque quitaban mis caricaturas favoritas por seguir la transmisión de su persecución.

-Cierto –rió Bulma inquieta recordando esa ocasión –Mi plan era casarme con Yamcha y terminé casada con Vegeta, pero ese hombre tiene lo suyo –lanzó una mirada de lujuria –me gusta porque siempre descubro nuevas cosas de él, ese ambiente de misterio me mantiene interesada.

-Domó al señor Vegeta –rió Videl con confianza.

-Algo así -secundó la risa.

La organización de la boda, le daba nostalgia, despertaba recuerdos de su historia con Vegeta. Una que otra ocasión pensó en vender los derechos de su novela para tv o cine, pues tenía un aire bastante peculiar.

No hay plazo que no se cumpla, el gran día llegó. Los jardines del hotel donde se realizó el evento fueron decorados maravillosamente con flores de la época, los invitados llegaron desde el día anterior para disfrutar de las lujosas instalaciones del complejo.

Todo eso de la organización para la boda tenía a Vegeta algo alejado de ella, suspiraba porque desde hace unos meses no habían tenido mayor contacto. Tontamente creyó que desde su experiencia cercana con la muerte su relación se habría fortalecido, pero no, inclusive se abrió una brecha mayor, Vegeta estaba distante, más de lo normal.

Al terminar de arreglarse observó a lo lejos a Gokú, Vegeta y Piccolo haciendo algunos ejercicios de entrenamiento. Con paso firme avanzó apretando los puños, esos obsesionados con el entrenamiento y las peleas deberían estar listos para comenzar la ceremonia.

-¡Qué demonios crees que hacen! –gritó enfurecida –¡La ceremonia inicia en unos minutos!

-Tranquila Bulma –le respondió Gokú –estamos a tiempo.

-Nooo –negó la científica manoteando –Piccolo es el padrino y tú eres el padre, deben estar presentables.

-No me mires a mí –respondió serio Piccolo –No necesito tontas vestimentas humanas.

-¡Los quiero acicalándose y vistiéndose ahora! –les ordenó ella pero cortó su sermoneo cuando un florista la llamó.

-Creo que debemos obedecer, es un gran día para Gohan –se resignó Gokú.

-Por lo menos en esta ocasión no serás "la dama de honor" –se burló Vegeta intentando modificar su voz a una más femenina, a lo que Piccolo le secundó la carcajada.

-Supérenlo –respondió Gokú serio –además de no ser por esta dama de honor –se señaló –no te hubieras casado con Bulma –sonrió travieso.

Vegeta detuvo abruptamente su carcajada, ese comentario lo incomodó. Hablar de su relación con Bulma lo seguía incomodando. Sí, tenían un hijo y estaban casados pero no le gustaba que nadie le hiciera mención de los sentimientos que tenía por ella.

El príncipe se aclaró la garganta. Sin responder al comentario salió volando para obedecer la indicación de su esposa. En su breve vuelo meditó sobre su unión con Bulma, tantos años y jamás se había animado a confesarle que estaban unidos más allá de las tradiciones o leyes terrícolas. Entre ellos existía un vínculo eterno. No sabía la razón por la cual guardaba el secreto, tal vez era la desidia para narrar todo el procedimiento del ritual o porque jamás se explicó el motivo de haberla elegido a ella.

Negó con la cabeza en su disertación mental, perfectamente sabía que Bulma aunque no era diestra en el arte del combate tenía muchísimas cualidades y virtudes. Con o sin saber de la existencia de Mirai Trunks habría sido un tonto si no hubiese aprovechado la oportunidad de estar con ella, de hacerla suya para siempre.

Cuando la conoció en Namek echó un vistazo breve a su físico, no podía ignorarlo, sin embargo sus metas estaban en otro lado, por lo cual jamás habría pasado nada entre ellos, ¿o sí?

-¡No aparece! –se tronaba las manos Bulma mientras caminaba de un lado a otro -¿Dónde demonios se metió?

-Gohan no es del tipo que huye de una boda –se aclaró la garganta Yamcha –¡no es como otros! –apretó los ojos dirigiéndose a Bulma.

-Es que ni Videl, ni Gohan son de los que buscan otras parejas cuando tienen una relación "estable" –respondió la científica ofendida.

-Lo encontramos meditando en el último piso del hotel –dijeron Trunks y Goten, quienes notaron la tensión entre Yamcha y Bulma.

–Papá lo fue a buscar –comentó Trunks.

Mientras que en el último piso un nervioso Gohan respiraba alterado. Ni con la pelea con Cell o con Majin Bu se sintió tan nervioso.

-¡Mocoso! –lo llamó Vegeta, quién portaba un elegante traje en tonos oscuros -¡Baja ahora mismo antes de que Bulma asesine a medio mundo porque la boda se está retrasando!

-¡Oh lo siento! –se disculpó Gohan, para luego comenzar a componer su vestimenta.

-¡Ahora! –lo presionó Vegeta.

-Señor Vegeta –pronunció con temor –Me siento algo nervioso.

-¿Qué quieres que haga? –lo miró levantando la ceja –¿necesitas un par de puñetazos para calmar tus nervios? –se ofreció.

-No –rió Gohan –es solo que, tengo miedo de ser como papá.

-Pues no eres tan estúpido como tu padre, así que ya es un avance –expresó Vegeta torciendo los ojos.

-Me refiero a que nunca ha sido el mejor esposo del mundo –confesó el chico –quise pedir un consejo de vida en pareja al señor Piccolo, pero no fue buena idea.

-¿Qué te hace pensar que soy mejor opción de consejero? –Preguntó Vegeta torciendo los ojos otra vez.

-Porque estás casado con Bulma, llevan años juntos y parece que las cosas funcionan bien –se acercó Gohan -¿Cuál es el secreto de su relación?

Por dentro la mente de Vegeta pensaba en ese secreto: sexo, sexo frecuente, en diversas posiciones y situaciones. Sin embargo era incómodo confesar ese dato a un crío como Gohan, que seguramente no tenía ni la más remota idea de donde insertar su miembro en la noche de bodas.

-Paciencia –dijo Vegeta cruzando los brazos –mucha paciencia, kilos de paciencia, toneladas de paciencia.

-¿Solo eso? –preguntó un incrédulo Gohan.

-Bueno –se resignó Vegeta –Paciencia y mucho sexo.

El joven saiyajin se sonrojó al por mayor, ante lo incómodo se apresuró para bajar a tomar su destino y unirse con Videl. Sinceramente entre sus gruñidos Vegeta tenía razón, cuando hay paciencia y amor todo se logra. Bueno, esa recomendación del sexo frecuente sonaba interesante.

La ceremonia fue muy emotiva, los novios al inicio titubearon en sus votos, habían memorizado cada palabra, no obstante la emoción del momento los envolvió orillándolos a olvidar su discurso y crear de improvisto uno nuevo, uno cargado de sinceridad.

Bulma soltó algunas lágrimas que escurrían por sus mejillas, apretó los dientes para no seguir llorando, ponía a prueba su costoso maquillaje contra el agua. Un sin número de inquietudes rondaban en su cabeza, desde sentir a Gohan como si fuera un hijo, la emoción de que su organización de boda estaba saliendo a la perfección, pero sobre todas las cosas la nostalgia invadió su ser. No lo vislumbró hasta ese instante, que deseaba con todo su ser recordar su boda con Vegeta, su votos matrimoniales, por muy absurdos que sonaran.

Tal vez por eso aceptó ayudar con los preparativos, pues quería recordar qué se siente organizar una gran boda y que realmente se lleve a cabo. Los sueños de niña que crecieron con los años, no se cumplieron del todo.

Un exasperado Vegeta notó lo inquieto de su esposa, él tenía hambre pero ver a Bulma conteniendo el llanto le revolvió cada fibra de su ser. Una parte de él deseaba abrazarla y reconfortarla, la otra ansiaba decirle que era una mujer demasiado emocional y llorona.

Con discreción Bulma se apartó de todos, se excusó diciendo que debía revisar algunos detalles del banquete. Alejada rompió en llanto, lágrimas de añoranza e impotencia por no recordar su boda. Revoloteó su pequeño bolso en busca de un pañuelo, para su mala fortuna no encontró objeto alguno para limpiar sus lágrimas.

-Tenías razón –escuchó la voz de su esposo –esa pintura es a prueba de berridos, un mar de lágrimas y no se ha manchado tu rostro como payaso.

-Siempre tan inoportuno – sollozó Bulma, no tenía ganas de pelear, su corazón se estrujaba con todo lo que sentía –déjame sola.

-¿Por qué te pones así con ese estúpido ritual terrícola? –le preguntó midiendo el terreno, acercándose con cautela.

-Siempre quise una boda así –confesó girando el rostro para mirar a Vegeta.

-Te hubieras casado con el insecto –dijo serio.

-Enserio, tus palabras no ayudan en nada –se enfadó aleándose de él.

-¿Qué quieres que te diga?, tomaste una decisión hace años y ahora te arrepientes –se molestó el saiyajin.

-Tomé una decisión inconsciente, no estaba en mis cinco sentidos cuando nos casamos y lo que más me aqueja, es que no recuerdo absolutamente nada –soltó entre gritos y sollozos –no recuerdo cómo fue que me casé con el hombre que ahora amo.

-Cuando morí –continuó ella - tuve la esperanza de que fuera cierto eso de ver pasar tu vida antes de morir, deseaba conocer la verdad absoluta de nuestro casamiento, pero no pasó nada. Solamente sentí cuando moriste, sabía que algo no estaba bien cuando te sacrificaste, tuve la sensación de morir contigo.

Esa última declaración oprimió el corazón y revoloteó el estómago de Vegeta. Parece que ya era tiempo de confesar que su unión con Bulma iba más allá de lo terrícola.

-Bulma –se acercó a ella –Nuestra unión va más allá de las absurdas tradiciones terrícolas, nuestra noche de bodas –Vegeta pausó su declaración, le costaba dejar salir las palabras exactas –te hice mi esposa por las leyes saiyajin.

Los ojos de Bulma se abrieron de par en par y tuvo que parpadear para no dejar que se salieran de su cavidad. Contuvo la respiración ante semejante declaración, pocas ocasiones permanecía en silencio, ese era el momento de ser toda oídos.

-Los saiyajines tenían la libertar de engendrar hijos sin un compromiso de pareja o podían establecer un vínculo eterno con la persona que eligieran como su compañera de vida. Una tradición sin sentido para mí, un príncipe de cuya raza no quedaba ninguna hembra –respiró profundamente –Cuando estableces un vínculo de energía eres capaz de percibir las emociones y sensaciones más intensas de la pareja que elegiste.

-Por eso te sentí morir –Bulma buscó algo donde recargarse para no caer ante tal sorpresa.

-También por eso fui capaz de sentir tus 25 horas de labor de parto –confesó Vegeta conteniendo la risa.

-Espera, nunca te dije que fueron 25 horas –La científica se llevó las manos al pecho, seguía sin creerlo.

-Lo nuestro es un vínculo eterno, un vínculo que pese a estar inconsciente de lo que hacía tomé la decisión de unirme a ti –se acercó a ella.

-Esa bebida sacaba tus más profundos deseos –analizó Bulma –tu más profundo deseo era engendrar un heredero, no elegirme como tu pareja por la eternidad ¿Verdad?

Vegeta no respondió pero su mirada lo dijo todo, tal vez desde que la conoció supo que esa hembra tan terca, tan escándalos, tan vulgar, tan hermosa y tan inteligente era la perfecta para él.

-¿En qué consistió la unión saiyajin? –La mujer tenía miles de preguntas.

-¿Recuerdas la mancha en el cuello? – le preguntó Vegeta deslizando su mano por el cuello de su esposa.

-¡La hiciste tú! Y yo gastando miles de zenis en tratamientos para desaparecerla –rió Bulma, pero cerró los ojos al percibir el contacto de Vegeta.

-Ese punto de tu cuerpo es una zona crucial para el intercambio de energía, desde ese momento soy parte de ti y tú eres parte de mí –Explicó respirando el perfume de su esposa –así que tu tonta idea de anulación y divorcio no funcionarían.

-¿Por qué no lo dijiste antes? –Quería molestarse con él por omitir tal información, pero verlo tan galante y abriendo su corazón. Solamente le quedaba disfrutar la confesión de su esposo, su esposo vía terrícola y vía saiyajin.

-Sabes como soy, de pocas palabras – acortó aún más la distancia, se aferró a ella gimiendo con deseo.

-Lo sé –respondió dejándose llevar por la caricias de Vegeta –eres un hombre de acción.

Entre besos y enardecidas caricias, se dirigieron a la carpa más cercana, pues todos estaban en la ceremonia. No había moros en la costa, podrían expresar su amor sin preocupaciones. El tiempo entre los preparativos, junto con los entrenamientos no les dejaba momentos para disfrutarse.

Al ingresar Vegeta aprisionó a Bulma contra un armario, se comportó algo brusco pero eso excitó a su impaciente esposa, quien sin despegar el beso bajó sus manos hábilmente para liberar el miembro de su esposo y comenzar a masajearlo.

Vegeta ahogó un gemido al sentir la mano estimularlo. En reciprocidad a la provocación, deslizó sus dedos por encima del escote de ella, gruñó de impotencia al no poder insertar más su mano debido a lo ajustado de la prenda.

-Ni se te ocurra romper el vestido –le advirtió excitada, pues anticipaba la posible acción del saiyajin.

Molesto le aprisionó las manos por encima de la cabeza, mientras que levantó la parte baja del vestido para estimular su monte sobre la ropa interior de encaje. El toque fue al principio lento, generando calor en la zona. Mientras Bulma disfrutaba de diestra estimulación de su marido. Él sin aviso le rompió la braga.

-¡Oye! –se quejó ella –eran mis favoritas.

-¡Estorban! –respondió gruñendo, mientras tomaba su miembro para abrir las piernas de Bulma e introducirlo.

Ella reaccionó a la penetración, levantó su cadera para facilitar el encuentro y se sujetó con fuerza de los hombros de Vegeta. Ninguno podía contener los gemidos que inundaban la carpa, seguramente todos los escucharían, pero eso no les importó en absoluto. Bulma balanceaba su cuerpo al ritmo de los movimientos de Vegeta, se abrió lo más que pudo para una penetración más profunda y fuerte.

La tensión invadió sus cuerpos, las oleadas de placer los invadieron, en efecto esa unión saiyajin les facilitaba sincronizar sus orgasmos. Vegeta exhaló cuando expulsó su semilla y Bulma contrajo todos sus músculos al sentir la culminación del acto sexual.

Agitados, con la respiración cortada permanecieron recargados frente a frente, deseaban prolongar su encuentro, pero el deber llamaba a Bulma.

-Sexo inesperado, simplemente delicioso –sonrió ella con perversión.

-Tiempo limitado, pero lo compensaré –declaró Vegeta separándose para subir su pantalón.

-Necesito un pañuelo señor saiyajin –dijo Bulma al sentir como el líquido escurría por su entrepierna.

-Hace un par de segundo no tuviste queja de ese fluido –comentó riendo al ver como ella buscaba algo para limpiarse –Ese maquillaje también es a prueba de sudor.

-Menos mal –rió Bulma –De lo contrario tendría que dar una explicación a mi cara lavada.

Miró a Vegeta, quien dudaba en salir o no de la carpa.

-¡Adelante! –dijo ella –no queremos que sospechen de nuestro encuentro furtivo.

Próxima entrega: La fiesta

Una disculpa por la demora, después de los primeros meses del año un poco complicados reordené mis prioridades de vida.

También esperaba que la historia llegara a los 100 reviews pero no veo claro, así que les dejo el siguiente capítulo a mis fieles y pacientes lectoras.

¿Creen que el resto de los invitados escucharán el desborde de pasión Vegebul?

Entre más comenten, más me motivan a seguir escribiendo.

Saludos