CAPÍTULO 4
Haciendo amor de la nada
Celestia fue despertando lentamente al sentir las suaves caricias del viento sobre su cuerpo. Dio un gran e indecoroso bostezo y estiró majestuosamente sus alas. No había podido levantarse tan tarde desde que descendió al mundo mortal.
Luego de estirar sus alas y sus piernas, suspiró encantada y se volvió a recostar sobre la cama. Pero al acurrucarse entre sus sábanas notó que algo hacía falta. Algo que la noche anterior había estado entre ella y el colchón. Abrió lentamente los ojos para descubrir que su compañero de viaje ya no se encontraba junto a ella.
-¿Spike?- preguntó débilmente.
No hubo respuesta.
-¿Spike, estás ahí?- repitió la pregunta, levantándose un poco.
-Acá estoy Celestia- escuchó la voz del dragón, que venía de la cocina.
¿Qué? ¿Ustedes nunca estuvieron en un cuarto de hotel con cocina integrada?
Celestia se levantó de la cama y camino hacia la cocina, percibiendo un delicioso aroma en el aire.
-Buenos días Spike- dijo al entrar en la cocina, viendo al dragón frente a la estufa.
-Buenos días Celestia- respondió alegremente, volteándola a ver.
-Huele delicioso Spike-
-Gracias. Siéntate, ya están listos-
Celestia hizo lo que el dragón le pidió y en poco tiempo le sirvieron su plato.
-¡Tadha! Hot Cakes con miel de maple, cubiertos de pétalos de cerezo- dijo presentando su obra.
-¡Wow Spike, se ven deliciosos! Muchas gracias-
Los hot cakes de Spike estaban cubiertos de joyas claro. Se sentó frente a la princesa, del otro lado de la mesa y ambos empezaron a comer.
-No recuerdo la última vez que me sirvieron hot cakes para desayunar-
-¿Y qué tal están?-
-¡Deliciosos! Tendrás que darle la receta a los cocineros reales-
-¡Jajaja! Recuérdamelo cuando volvamos casa. La verdad no había tenido oportunidad de usar esta receta… Desde que Twilight murió-
Celestia que degustaba alegremente su desayuno, se detuvo en seco.
-¿Eran sus favoritos verdad?- preguntó, seriamente.
-Solo si se los preparaba yo- sonrió, melancólico.
-Entiendo por qué. Ni mi mamá sabía prepararlos así- bromeó Celestia.
-¿Tú mamá? ¿Tú mamá Gaia? ¿Gaia la omnipresente Madre Tierra, miembro de los Ancestros? ¿Esa mamá?- preguntó Spike, sorprendido y escéptico.
-Diosa o no, sigue siendo una madre Spike. Y tiene responsabilidades con sus hijos e hijas… En tanto ninguno de nosotros descienda al mundo mortal-
-Supongo que hay demasiado del mundo de Jerusalén que no conocemos-
-Efectivamente-
-¿Crees que Twilight esté allá arriba?- preguntó, muy seriamente.
-No lo creo Spike. Lo sé. Y sé también que te estará esperando pacientemente. Afortunadamente en Jerusalén el tiempo… Es una ilusión. Es difícil de describir. Sientes que pasa, pero… Perdón, no puedo entrar en detalles del reino de la luz- se disculpó la princesa.
-Sí, sí. Reglas de la Voluntad del Universo. Cambiando de tema ¿Qué plan tienes para hoy Cel?-
-¿Plan?- preguntó, con una ceja en alto.
-Sí, plan. O… Itinerario, si tú quieres. No sé. Lista de actividades para el día-
Celestia soltó una risilla.
-No Spike, no tengo nada de eso. Hice un calendario con la cantidad de días para cada uno de los distintos destinos que estaremos visitando en estas tres semanas. Pero no tengo un programa para saber que haremos específicamente cada día. Quiero hacer esto lo más relajado y espontáneo posible- explicó tranquilamente.
-Ya veo. En ese caso deberíamos ir a que aprendas a surfear, como se suponía que lo hiciéramos ayer- propuso Spike.
-Suena bien… ¿No dolerá si me caigo?- preguntó algo nerviosa.
-No, las olas aquí están muy dóciles esta temporada. Además mientras estés conmigo no te pasará nada malo. Tiene mi palabra, mi princesa- dijo orgullosamente.
Celestia sonrió y soltó una pequeña risa.
-Cuento con usted, Capitán-
Ese día Celestia aprendió a surfear, después caerse de su tabla… Muchas veces en realidad. Aunque Spike reusó decirle si habían sido más o menos veces que Luna, antes de aprender.
En los días siguientes recorrieron la zona turística de la ciudad. Los clubes nocturnos, los museos, los paseos en yate, buceo por los arrecifes de coral. Se divirtieron muchísimo.
Luego de pasar sus días en Acapulcolt, la pareja empacó sus cosas y viajaron en tren a Trotinton. Antes de disfrutar del encanto campestre de la bella y pequeña ciudad en medio de las montañas, Spike y Celestia buscaron un buen hotel donde hospedarse. Habiendo resolvido eso, se dieron a la tarea de visitar, capitolio y todo el sector histórico de la ciudad, edificio por edificio.
Luego de explorar lo que la ciudad tenía para oferecer, Spike y Celestia se decidieron a explorar las maravillas naturales que rodeaban la ciudad, y partieron desde temprano a escalar el monte del Nacapule.
-Creo que la idea de que escaláramos el Nacapule, era que cada quién llevaría su propio cuerpo a la cima- dijo Spike a la princesa en su espalda.
-Sabes tan bien como yo que no estoy acostumbrada a tanto esfuerzo físico. Y el calor no ayuda para nada- respondió Celestia.
-Fuiste tú la que quiso que escaláramos esto con la fresca del día-
-Porque si lo hacemos más tarde nos alcanza la noche y se pone demasiado frío- replicó.
-Pues nos teleportas de regreso al hotel y listo-
-Veo que Twilight te malacostumbró a resolverlo todo con magia-
-Ella decía "¿De qué sirve saber magia, si no la vas a usar?"-
-"La mejor de las armas es la que nunca se dispara"-
-Somos un país pacifista Celestia- renegó, mirándola acusadoramente.
-¡Exacto!- dijo alegremente.
Spike bufó y volvió a mirar la empinada vereda frente a él, mientras Celestia tomaba fotografías de las plantas y los paisajes. Ambos llevaban sus disfraces, por supuesto.
-¿Te ayudaría en algo saber que vengo muy, muy cómoda?- dijo abrazando cariñosamente a su protector (y actual medio de transporte).
-Dar buen servicio es nuestro orgullo. Gracias por elegir Transportes Spike- dijo cómicamente.
Celestia se carcajeó de la risa. Una hermosa risa que hiso eco en todo el monte. Spike sonrió al saber que él era directo responsable de la alegría de la princesa. Se sentía feliz, de que ella estuviera feliz. Más feliz de lo que él, jamás la hubiera visto.
De visita por Manehattan, Celestia y Spike disfrutaron de los teatros, el cine, los museos, y por último pero no menos importantes, los casinos.
Aquella noche ambos regresaron a su cuarto de hotel, muy alegres y cansados. Celestia se deshizo de su vestido rojo con ayuda de su magia y de un salto se desplomó sobre la cama. Poco después desvaneció su disfraz y el de su compañero.
-Cincuenta y dos mil bits en una noche. Claro que una cantidad así no es nada para una princesa como tú. Pero no deja de ser increíble que tengas tanto talento para el Black Jack- dijo Spike, quitándose su saco.
-Y yo no sabía que no te gustaban los Martinis. Estamos aprendiendo mucho uno del otro ¿No es verdad, cariño?- dijo Celestia, cómicamente.
No estaba ebria. Pero definitivamente se había tomado más copas de la cuenta.
-Y que lo digas. ¿Dónde aprendiste a jugar así? ¿Con Luna?- preguntó Spike. Y realmente tenía mucha curiosidad.
-Más bien sin Luna- respondió Celestia, de pronto muy melancólica.
Se volteó boca arriba en la cama con mirada triste, viendo al abanico que giraba sobre la cama.
-¿Cómo es eso?- preguntó confundido el dragón.
-Los mil años que envié a Luna a la luna, vaya la redundancia… Tuve que buscar cosas que hacer para no volverme loca-
Spike notó que la princesa se deprimía rápidamente.
-¿Celestia?-
-Yo… Odio estar sola- musitó, volteándose para darle la espalda al dragón.
-Durante mil años tuve la absoluta gratitud, admiración y respeto de mi pueblo. Pero siempre estuve sola. Y noche tras noche era atormentada por mi soledad al caer en cuenta que estaba así por mi propia culpa. Porque envié a la única capaz de entenderme a una prisión fría inhóspita. Porque fui débil. Porque fui una cobarde. Porque…-
-Celestia no fue tu culpa- dijo Spike.
-Claro que lo fue Spike. Fue mi culpa y me dieron mi castigo. Para refugiarme de mi soledad me olvidé de todo. Ya no era dueña de mi propia vida. Mi vida le pertenecía a mi reino y mis ponis. Pero cada noche, cuando ya no había nada que hacer, caía presa de mi miseria y mi culpa. Y miraba a la luna, rogándole a la Voluntad del Universo que de devolviera a mi hermana. Era todo lo que podía hacer. Éramos solo yo y mi soledad-
-Celestia por favor-
Se subió a la cama arrodillándose junto a la figura de la princesa. Posó su mano derecha sobre su hombro. La jaló suavemente para hacerla girar. La princesa se incorporó sobre sus cascos delanteros y se dio vuelta a ver al dragón. Lágrimas cayendo por sus ojos.
-Yo… Odio estar sola- murmuró, bajando la mirada.
Spike extendió sus brazos hacia ella, abrazándola protectoramente. Celestia se dejó llevar por el abrazo, reclinando su rostro contra la base del cuello del dragón, con el que secó sus lágrimas.
-No estás sola Celestia. Yo estoy aquí- le susurró.
Celestia guardó silencio y siguió sollozando junto al dragón.
-Luna dice que me ha perdonado. Quizás sea cierto. Pero jamás podré reivindicarme por completo. Jamás podre devolverle esos mil años que perdió en ese páramo blanco. Jamás podré quitarme de encima mil años de culpa y angustia en que esperé impotente a su regreso-
Se aferró fuertemente al dragón, escondiendo su rostro contra su pecho. Spike se castigó a sí mismo por dejar que esto pasara. Nunca debió dejarla beber tanto.
-Sí Luna te perdonó ¿Por qué no puedes hacerlo tú misma, Celestia?-
-…Yo… No creo que merezca su perdón. Ella era mi mayor responsabilidad. Mi hermanita. Y le hice algo horrible que jamás podré remediar-
-Celestia por favor. Tienes la eternidad para compensar a Luna- dijo Spike a Celesita, haciéndola levantar la vista poniendo su mano en la barbilla de ella.
Celestia retiró la mano del dragón y lo miró con cara de súplica.
-Dime si hice lo correcto. Dime si tomé la decisión correcta Spike-
Por supuesto que Spike no tenía una respuesta. Podría decirle a Celestia que ella había tomado la decisión correcta, pero eso podría empeorar las cosas si ella se daba cuenta de que él solo lo decía para consolarla.
-Yo no sé si fue una buena o mala decisión Celestia- confesó.
-Jamás quisiste lastimar a nadie. Tomaste una decisión. Si fue un error o no, eso nadie lo sabe. Pero lo que sí sabemos es que fue hace mucho tiempo. Luna por fin volvió a su hogar, y es más feliz que nunca. Tú también puedes serlo. Tú también debes serlo. Porque te lo mereces. Ya no te martirices por algo que pasó hace tanto-
Celestia miró a su guardián con sorprendida expresión unos instantes, antes de dedicarle una sonrisa.
-¿Cómo es que siempre que me echo a llorar frente a ti, encuentras la manera de consolarme?- preguntó cómicamente.
-No lo sé. Yo solo… Escucho a mi corazón- dijo con torpeza, lo que provocó que Celestia se riera un poco.
-Sí, tu corazón- murmuró la princesa, acariciando el pecho del dragón con un movimiento circular de su casco derecho.
-Twilight fue muy afortunada de poseerlo. ¿Realmente eres extraordinario sabes tesoro? No solo por las increíbles condiciones de tu nacimiento, sino por tus admirables logros. Eres el mejor amigo de dos semidiosas, y tienes la habilidad de saber exactamente que decir para consolar a una de ellas cuando se echa a llorar. Aunque pensándolo bien, esa es culpa mía por ser tan llorona- dijo tragicómica.
-Solo han sido unas pocas veces. Además, recuerdo haberte dicho que luces muy hermosa cuando lloras- alagó.
Tomo el rostro de la princesa con su mano y secó sus lagrimas con el pulgar.
-Pero luces más hermosa cuando sonríes- corrigió.
Y en efecto, Celestia sonrió y se rió.
-Cuidado Capitán. Que con esos gestos cariñosos, podría enamorarme de usted- dijo Celestia, removiendo la mano de Spike.
Aunque había sido una broma, el corazón de Spike se detuvo barios latidos por un instante. No habiendo notado esto, Celestia volvió a recostarse en la figura el dragón y reposó su rostro en la base de su cuello.
-Si no te importa quisiera dormir ya mismo-
-C-claro. Lo que tú quieras- respondió Spike volviendo en sí.
Spike se recostó sobre la cama atrayendo a la princesa consigo. Una vez tendidos sobre el colchón, Spike extendió a sus alas para envolver a la princesa en un su cobijo. Celestia se acurrucó entre los brazos del dragón y dio un gran suspiro.
-Gracias Spike. Gracias por estar siempre ahí para mí. Por ayudarme a exorcizar estos demonios. Gracias por ser fuerte por mí, para que yo pueda ser débil. Y gracias por haber aceptado acompañarme en este viaje. Significa mucho para mí- musitó frotando su rostro contra el cuello del dragón y abrazándolo cariñosamente.
Aunque halagado, Spike comenzaba aponerse muy incómodo. El perfume que Celestia había usado esa noche, sumado a la fragancia natural de sus mágicos cabellos que se encontraban muy cerca de su nariz, hacían a sus neuronas revolotear y chocar unas contra otras.
-Adoro esto…- musitó Celestia, volviendo a frotar su rostro contra el cuello de él.
-¿E-el qué?- preguntó nerviosamente, tragando saliva.
Tenía que tranquilizarse. ¿Por qué de pronto le era tan difícil conservar la calma frente a aquella dama que había conocido desde el día que vino al mundo? ¿Por qué de pronto parecería sus encantos habían aumentado a potencias desconocidas? Y pensándolo bien ¿En qué demonios estaba pensando él para hacerse esas estúpidas preguntas?
-Esto… Estar aquí junto a ti. Acobijada entre tu pecho y tus brazos. Me hace sentir tan pequeña… Tan frágil… Pero eso está bien. Porque al mismo tiempo me siento a salvo. A salvo y contenta. Quisiera quedarme así toda la vida- siguió susurrando felizmente.
-Se bueno y no te levantes temprano mañana a hacer el desayuno. Quiero poder despertar entre tus brazos-
-L-lo que tú quieras Celestia-
Finalmente Celestia estiró su cuello para alcanzar el rostro de Spike en el que depositó un beso sobre su mejilla. Regresó a su posición y tras acurrucarse nuevamente, dio un largo suspiro.
-Buenas noches cariño- fue lo último que dijo, antes de quedar dormida.
Spike quedó tieso mirando el techo no pudiendo dejar de pensar en lo que acababa de pasar y lo que ello le había hecho sentir. Perdió la cuenta del tiempo que pasó mirando el techo. Una y otra vez se preguntó si la conducta y las palabras de la princesa habían sido obras de sentimientos reales, o solo los efectos del alcohol sobre su mente. Y más aún se consternó al descubrir que la razón que la conversación de la princesa le había hecho sentir como le había hecho sentir, fue porque era muy similar a lo que había sido dicho por Twilight en los días previos a iniciar su relación
Esa revelación lo tuvo en vela toda la noche…
En los días siguientes Spike y Celestia siguieron viajando por Equestria. Visitando las ahora inmensas ciudades que alguna vez fueron pueblos, y los nuevos pueblos fundados a partir de la llegada de los dragones al reino.
Rápidamente se volvieron más cercanos el uno al otro. Más cercanos de lo que jamás habían sido. Y cada vez les fue más sencillo disimular su matrimonio falso. Se compartieron cosas de las que nunca antes habían hablado. Y casi en cuestión de rutina diaria media tarde, Spike le daría Celestia un masaje terapéutico. Celestia insistió en hacer lo mismo por el dragón. Pero Spike no quería que ella tuviera que ponerse a leer un par de libros o más para aprender cómo darle un masaje terapéutico a un dragón volador; y prefirió algo mucho más sencillo, pero igualmente placentero y relajante… Que la princesa cantara para él.
"I wish for this night-time
to last for a lifetime
The darkness around me
Shores of a solar sea
Oh how I wish to go down with the sun
Sleeping …
Weeping…
With you…"
La alicornio y el dragón se encontraban recostados, boca abajo. Spike había manipulado su brazalete de Mahakala [1] para crecer un poco más, y se había enroscado alrededor de Celstia, proporcionándose un sillón con su cuerpo, en que ella podía recargarse cómodamente mientras cantaba. Se encontraban en un claro del bosque Everfreee, pegado a un río. El lugar estaba rodeado de enormes robles recubiertos de musco, helechos y algunas cuantas exóticas flores que solo crecían dentro del bosque.
-Es un crimen que prives al mundo de tu divina voz de cantante- murmuró Spike, con los ojos aún cerrados, luego de que la princesa terminara su canto.
-En vez de quejarte, deberías disfrutar que puedes escucharla- respondió Celestia, dándole un par de palmadas en la cabeza.
-Cada nano segundo- respondió Spike.
Celestia sonrió y volvió a mirar el panorama a su alrededor. Para un lugar aún tan desconocido y temido por tantos, el bosque Everfree tenía grandes maravillas ocultas en su interior. Al principio Celestia no había estado muy convencida de esta escala en su viaje. Spike sugirió que en vez de tomar un tren a Cannan, su siguiente destino, deberían viajar a campo traviesa cruzando por el bosque Everfree. Y de paso detenerse a acampar en él. Celestia no estaba muy segura, por obvias razones. Pero Spike logró convencerla finalmente. Sobre todo porque siendo honestos: de querer hacerlo, el daba más miedo que cualquier cosa que pudiera ocultarse en ese lugar.
Pero ahora Celestia no sentía que existiera algo a lo que temer. La vista era hermosa, se escuchaba el cantar de las aves, y hasta se habían acercado a su locación mariposas, y pequeñas criaturas del bosque atraídas por la divina aura de la princesa.
En el cielo el sol aún brillaba radiante. Spike había tenido intenciones de que no se detuvieran hasta el anochecer. Pero como habían estado recorriendo el bosque a pie, Celestia se había agotado y había solicitado que se detuvieran al primer avistamiento de un buen lugar. Casi todo su equipaje lo habían enviado a Cannan por paquetería y lo recuperarían una vez que llegaran allá. Por ahora solo llevaban comida, una tienda de campaña lo bastante grande para albergar a los dos, y comida para dos días.
Celestia aspiró el aire puro del bosque y luego suspiró.
-Me alegra que me convencieras de hacer esto- dijo ella.
Spike abrió los ojos y se incorporó para poner su rostro a la altura de la princesa.
-No fue tal difícil en realidad- respondió.
-Muy gracioso- dijo ella empujando su figura.
Luego de una cena medio improvisada pero igualmente deliciosa, Spike y Celestia se sentaron a ver el cielo nocturno. Que claro, por la ausencia de las luces de las grandes ciudades, se vía con una impecable claridad que deslumbraba la vista. Celestia no podía recordar la última vez que había visto un cielo nocturno así. Aún con los mejores esfuerzos de Luna, era imposible ver las estrellas con tal nitidez desde Canterlot. Por primera vez en siglos, Celestia recordaba cual insignificante era en el universo. Y hacerlo en vez de hacerla sentir inferior, le daba alegría. Alegría de saber que no era tan diferente a sus amigos mortales. Que no era tan indispensable como erróneamente había creído por tantos años. Que de momento era solo otra criatura a quien la Voluntad del Universo le había concebido el milagro de vivir. Una vida que recientemente se había vuelto más maravillosa que nunca antes, gracias a los esfuerzos de cierto viejo y amado amigo suyo.
Celstia miró a Spike, quien tenía su vista en el cielo nocturno. Sonrió y recargó su figura en la de él, posando su cabeza en su hombro.
-Esta fue una hermosa idea Spike. Muchas gracias. Había olvidado lo hermoso que puede ser este mundo- musitó.
-Vives encerrada en ese palacio. Supuse que tendrías mucho tiempo sin ver un cielo claro como este. Fue solo una pequeña suposición- respondió humildemente.
Celestia se rió un poco. Estiró su cuello y besó cariñosamente al dragón en la mejilla, lo que sorprendió a Spike. Luego del beso, Celestia se acurrucó junto a él, abrazando su brazo derecho.
-Te equivocas Spike. Es mucho más que eso- suspiró.
Luego que logró salir de su sorpresa, Spike formuló una simple pregunta.
-¿Cansada mi princesa?-
-Y con un poco de frío- dijo ella cerrando los ojos.
Sin dudar, Spike extendió su ala y arropó a la princesa bajo ella.
-Mucho mejor. Gracias Spike-
-Es un placer Celestia-
Spike volvió a concentrar su vista en el cielo y así se quedó quién sabe cuánto, hasta que un familiar sonido llamó su atención. El sonido de pausadas y profundas inhalaciones. Bajó su visa hacia su costado derecho encontrando a la princesa del sol profundamente dormida.
Spike no pudo evitar sonreír al ver las facciones de la bella durmiente. Aquella doncella que ante el resto del mundo era la viva imagen de la sabiduría, la justicia y la bondad; aquella dama conocida como una de las hechiceras más poderosas del mundo y quizás la más poderosa; aquella poni de legendaria belleza que decía robar el corazón de los hombres con solo una mirada… Esa misma criatura dormía ahora tranquilamente junto a él, como haría cualquier potrilla luego de un largo día. Lucia tan inocente y adorable. Tan pura. Tan radiantemente libre de pecado, que la visión de su rostro adornado con una tenue sonrisa conmovió el corazón de Spike más de lo que todas las estrellas de la creación jamás podrían.
-¿Te he dicho alguna vez lo muy hermosa que luces cuando duermes?- preguntó Spike, aunque no esperaba una respuesta.
Más si la obtuvo. Un suspiro por parte de la princesa, tras el cual se acurrucó aún más cerca de él. Spike sonrió y acercó su rostro para besar a la princesa en la frente.
Ella era más alta que la gran mayoría de los ponis en Equestria. Más sabía que ninguno. Más poderosa que cualquiera. Pero al lado de Spike y especialmente en un momento como ese, ella era tan pequeña. Tan frágil. Tan indefensa. Y era por la sola razón de que ella se daba ese lujo por el hecho de estar con él. Porque ella confiaba en él. Spike se sintió feliz y orgulloso de proyectar tal confianza en la princesa.
Estiró su mano derecha hacia la tienda de campaña que habían montado y pronto emergieron las dos almohadas y un cobertor largo que extendió y dejó caer sobre ambos. [2] Suavemente removió a Celestia de su hombro, para que quedara sobre el suelo, con su cabeza cómodamente sobre una de las almohadas. Celestia se agitó un poco en su nueva posición hasta que quedó nuevamente cómoda.
-Spike…- suspiró entre sueños.
Instantáneamente mil preguntas se dispararon a la cabeza del dragón. ¿Acaso la princesa estaba soñando con él? ¿O simplemente estaba presente en cualquiera que fuese el sueño de la princesa? ¿De estar juntos, en qué situaciones estaban? ¿Por qué nunca la había escuchado hablar dormida antes? ¿Si esperaba, podría averiguar de qué se trataba el sueño de la princesa y por qué él estaba ahí, o mejor dicho, qué estaba haciendo él ahí?
Pero sin importar las preguntas que se abrieron paso en su mente, él estaba feliz. Feliz de saber que era lo bastante especial de formar parte de los sueños de la princesa, cualquiera que estos fueran.
-Duerme tranquila mi princesa. No dejaré que nadie te lastime. No permitiré que nadie te aparte de mí-
Solo unos momentos después Spike calló en cuenta de lo que acababa de decir. "Su Princesa" "Apartarla de su lado" No eran declaraciones serias por sí solas, pero el dragón sabía que no las había dicho de dientes para afuera. Lo hizo con una intención y un sentimiento especial. Especial, y muy familiar.
-¿Qué estás pensando Spike?- se preguntó a sí mismo en voz alta.
-Espabila idiota. Ella es Celestia, Deidad del Sol. Hija de Gaia la Madre Tierra, y Cronos Padre del Tiempo. Es Princesa de Equestria. Es TÚ princesa, y tú un Capitán de la guardia real, que aunque en servicio extraordinario, sigues estando en servicio-
Se castigó a sí mismo por las estupideces en las que estaba pensando. Celestia era su princesa, su diosa, su amiga, su familia. No era posible que pensara siquiera en la posibilidad de algo como lo que pensaba ahora. Y sin embargo no podía dejar de hacerlo. El tren de pensamiento había arrancado y no había forma de pararlo. Se apartó del lado de la princesa y fue hasta el rio a zambullir su cabeza en la fría agua. Luego de contener la respiración unos instantes dentro, salió a tomar aire.
-¿Spike?- escuchó la débil voz de la princesa.
Spike volteó, para encontrarla despierta.
-¿Cariño, qué sucede?- preguntó confundida.
-N-nada. Yo solo estaba… Se me metió algo en el ojo- respondió torpemente.
Celestia por supuesto no le creyó, pero algo más provocó su confusión.
-¿Por qué están el cobertor y las almohadas aquí afuera?-
-Te quedaste dormida. Y no quise despertarte, cargándote hasta la tienda, así que mejor saqué las cosas con mis podres para que durmiéramos a la intemperie- explicó, volviendo hacia ella.
-Ho bueno… Aunque dormir al aire libre no se oye mal, este sigue siendo el bosque Everfree. Preferiría que durmiéramos dentro de la tienda-
-Lo que tú quieras- respondió Spike.
Luego de que Spike redujera su tamaño a su estatura "normal", los dos amigos estuvieron dentro de la tienda de campaña. Ambos cubiertos por el extenso cobertor. Celestia no tardó en volver a arrimarse a la figura de su guardián, dejando su cabeza reposar sobre su hombro mientras lo abrazaba.
-¿Spike?- inquirió ella.
-¿Sí?-
-No… ¿No me vas a abrazar?-
Spike notó entonces, que a pesar de que su brazo estaba en la posición ideal, no había envuelto aún la figura de la princesa. Y no se sentía con ganas de hacerlo.
-Yo… Preferiría que durmiéramos un tanto separados esta noche-
Esta declaración desconcertó a Celestia.
-¿Por qué?- dijo confundida.
-Por nada solo… Solo hagámoslo y ya-
Sin cuestionar más al dragón, Celestia se apartó de él, y lo miró moverse más hacia su lado de la tienda, donde se recostó dándole la espalda. Celestia miró al dragón confundida. Y lenta, pero certeramente su confusión dejó paso a una fuerte tristeza y sentimientos de rechazo.
-Perdóname si hice o dije algo que te ofendiera- musitó ella con las orejas caídas.
-No fuiste tú- respondió Spike, volteándola a ver.
Al ver la triste mirada de la princesa, Spike comprendió que no hacía falta contagiarla de su propia miseria, mucho menos considerando que la razón de que él estuviese ahí era asegurar que la princesa gozara de sus vacaciones.
-Lo siento. Ven acá- jaló a Celestia hacia él con sus poderes, en un ademán que sorprendió a la alicornio.
La dejó caer sobre su cuerpo, ahora boca arriba y la rodeo con ambos brazos por la espalda.
-¿Es así como quieres dormir?- preguntó él, sabiendo la respuesta.
-Sí… Pero solo si tú estás de acuerdo con ello- respondió, algo insegura de su respuesta.
-Si te hace feliz, entonces estoy de acuerdo- dijo, abrazándola y guiando su cabeza a reposar en la base de su cuello.
-¿Me perdí de algo mientras dormía?- preguntó, aún confundida.
-No Celestia. Solo de un par de ideas estúpidas que se me cruzaron por la mente. No, no quieres escucharlas, créeme- dijo, adelantándose a las posibles preguntas de Celestia.
La beso en la frente y dejó caer pesadamente su cabeza sobre la almohada.
-Buenas noches Princesa- dijo Spike.
-Buenas noches tesoro- respondió Celestia.
Aún estaba confundida de la extraña actitud del dragón. Pero era tarde, estaba cansada, y lo más importante, estaba en el que había aprendido a considerar como el mejor lugar para dormir sobre la faz de la tierra: El pecho de Spike, mientras le acobijaban sus brazos y alas.
¿No habrán pensado que se la iba a ligar así de fácil o sí? Quería hacer este capítulo mucho más largo, pero el fin de semestre se está poniendo como una perra y no quise dejarlos esperando una o dos semanas más.
¿Alguien notó que todos los capítulos hasta ahora tienen títulos de canciones de amor? ¿Y se imaginan a Celestia cantándo Rock gótico? Yo sí.
[1] Los brazaletes de Mahakala son reliquias de origen dragón, que le permite a sus portadores reducir su tamaño a voluntad, a cambio de suprimir sus poderes mágicos. Spike utiliza el suyo desde los 34. Cuando su tamaño ya era demasiado como para cruzar por las puertas de su propia casa.
[2] En este universo Spike tiene poderes telequinéticos, que básicamente funcionan del mismo modo en que los Jedi usan la Fuerza. Y no posee un aura de color, como la de los unicornios. Recuérdenlo, porque será importante en el capítulo 5 y algunos posteriores.
