CAPÍTULO 5

Perdona si te hago llorar

Celestia se encontraba en medio de una interminable pradera de pastos verdes como esmeraldas. Había flores en decenas de colores distintos por todos lados, y cúmulos rocosos que hacían juego. El viento sopaba acariciando su pelaje y sus cabellos. Y el sol resplandecía radiantemente iluminando todo el firmamento. Era un fragmento de paraíso en verdad.

Solo había un único problema: No tenía a nadie con quien compartirlo. Estaba sola. Pero no por mucho. La princesa escuchó un cambio en el viento y el sonido de alguien o algo caminar entre las flores. Giró su cabeza y encontró una alta figura morada y verde. Los ojos de la princesa se encendieron con una chispa de felicidad al reconocerlo.

-¡Spike!- gritó alegremente la Celestia.

Comenzó a trotar en su dirección. No había prisa alguna y él parecía compartir su opinión, pues se había sentado a esperarla sobre una roca. Celestia trotaba tranquilamente por el campo, sintiendo las flores y el pasto acariciar sus cascos y tobillos. Pero entonces comenzó a notar algo extraño en las facciones de su amigo dragón.

-¿Spike?- inquirió la princesa. Aunque no obtuvo respuesta. El dragón no parecía escucharla.

Al acercarse un poco más la princesa fue capaz de distinguir que era lo que estaba pasando. Spike estaba envejeciendo a una increíble velocidad.

-¡Spike!- gritó aterrada la princesa.

Extendió sus alas y aleteó tan fuerte como pudo para dispararse a sí misma en su dirección. Pero no logró ni separarse del suelo.

-¿Qué es esto?!- gritó, desconcertada. Intentó seguir aleteando, pero sin resultados. Y lo que era peor: sus alas ni siquiera se estaban moviendo en primer lugar.

Hizo brillar su cuerno con intenciones de tele portarse junto al dragón. Pero ni concentrando suficiente magia como para hacer brillar su cuerno cual estrella logró moverse.

-¡¿Qué me pasa!?- gritó frustrada.

Mientras tanto Spike seguía envejeciendo. Envejeciendo, y viéndola cálidamente. Celestia intentaba con todas su fuerzas volar, tele portarse, correr, saltar. ¡Lo que fuera! Pero nada funcionaba. Solo seguía trotando tranquilamente hacia él.

Spike pareció perder fuerzas y se recostó sobre la roca en que había estado sentado.

-¡Spike resiste, ya casi llegó!- gritó a todo pulmón la alicornio. Solo para notar que de su boca no salía palabra alguna.

Cerró los ojos y siguió tratando de apresurar su paso con todas sus fuerzas. Abrió los ojos y notó que finalmente había llegado hasta la roca donde reposaba el dragón. Al poner sus cascos sobre la piedra Celestia recobró su movilidad y corrió a auxiliar a su amigo. Spike yacía inmóvil, débil y marchito, como si miles de años le hubieran caído de repente.

-¡Spike aquí estoy, resiste!- dijo, tomándolo entre sus piernas delanteras.

Intentó lanzar hechizos curativos, rejuvenecedores, barreras que lo protegieran de la influencia externa de lo que fuera que lo estuviera haciendo más y más viejo, pero nada funcionaba. Y lo que era peor, Spike era ahora tan anciano que parecía que en cualquier momento daría su último suspiro.

-¡Spike no te mueras! Por favor no te vayas… No me dejes… No me abandones- susurró la princesa, mientras derramaba mares de lágrimas por su agonizante amigo.

-Mi princesa…- dijo débilmente Spike.

Celestia al instante enmudeció y escuchó atentamente lo que el dragón tenía que decir.

-¿Cómo podría dejarle… Cuando nunca estuvimos juntos?- inquirió, para después cerrar los ojos y relajar todo el cuerpo.

-No…- musitó, con un gran nudo en la garganta.

-¡NOOO!- gritó con todas sus fuerzas.

Al escuchar el grito de la princesa, Spike instintivamente giró sobre sí mismo colocando a la princesa sobre el suelo, tomando una posición de ataque en cuatro patas encima de ella, para protegerla y ahuyentar a quien estuviera tratando de lastimarla. Las espinas en su cuerpo se irguieron filosamente, y extendiendo sus alas dio un gran rugido de guerra.

Pero al haber expandido sus alas dentro de la tienda de campaña, rasgó la tela de las paredes haciendo que la carpa se les viniera encima.

Rugió de nuevo, y expandiendo los brazos lanzó una onda de choque en todas direcciones que despedazo no solo la tela, sino los tubos que formaban el armazón de la tienda.

Con la vista limpia y detallando sus alrededores, Spike notó que no estaban bajo ataque. Y de hecho no se escuchaba un alma en todo el bosque, salvo por el sonido de sollozos que venían bajo su cuerpo.

-¿Celestia?- preguntó a la princesa, envuelta en posición fetal.

-¿Spike?...- respondió la princesa al verlo.

Sin darle tiempo de hacer una pregunta, Celestia se puso de pie y lanzó sus piernas hacia él, para abrazarlo frenéticamente, sin dejar de llorar.

-¿Celestia que ocurre? ¿Te encuentras bien?- preguntó Spike, muy confundido.

-S-sí Spike. Ya estoy bien… Estoy bien ahora- respondió, frotando su rostro contra su pecho para secar sus lágrimas.

-¿Qué sucedió? ¿Por qué gritaste? Pensé que alguien o algo había tratado de lastimarte-

-N-no no fue eso Spike… Yo… Tuve una pesadilla espantosa- respondió, llena de vergüenza.

En vez de juzgarla como ella temía, Spike la abrazó protectoramente y se sentó junto a ella.

-¿Quieres hablar sobre ello?-

Celestia guardo silencio unos momentos antes de responder.

-En ese sueño… Estabas tú-

Celestia contó con detalle su no tan complejo sueño a Spike. Él escuchó atentamente, digiriendo su propia versión del simbolismo del sueño. Cosa que le fue fácil encontrar. Pues él había tenido sueños muy parecidos. Sueños que representaban sus temores del fatídico día en que su longeva vida lo separaría de su amada esposa Twilight.

-Celestia no hace falta que pienses en eso ahora. Soy un dragón ¿Recuerdas? Todavía me quedan dos milenios, y algo más para estar contigo- alentó el dragón.

Celestia se separó ligeramente de él para secar sus lágrimas.

-Lo sé Spike. Pero eso no le quita lo espantoso a mi sueño-

Volvieron a quedar en silencio unos instantes. Spike no estaba muy seguro de que debía hacer.

-Dime que debo de hacer para que te sientas mejor-

-Abrázame… Abrázame fuerte y no me sueltes por favor- respondió. Y el dragón hizo exactamente eso.

Spike se percató de que su tienda se había hecho pedazos. Su equipaje había salido volando lejos de dónde estaban, pero parecía estar entero. Suspirando, Spike cargó a la princesa en brazos y caminó hasta un árbol cercano, bajo el que puso la colchoneta sobre la que dormían. Atrajo el cobertor y las almohadas con sus poderes. Se recostó boca arriba con la princesa aún en brazos. La envolvió con sus alas y luego los cubrió a ambos con el cobertor.

-¿Y la tienda?- preguntó ella, de pronto notando que el techo que los cubría era el follaje de un árbol.

-La hice puré cuando despertamos-

-Ho… Bueno, creo que se te cumplió el deseo de que durmiéramos al aire libre- bromeó.

-Sí. Pero no te preocupes. Estás a salvo conmigo- le aseguró.

Celestia secó sus últimas lágrimas y sonrió.

-Estoy más que a salvo. Estoy feliz siempre que estoy contigo- respondió, dándole un beso en la mejilla, peligrosamente cerca de sus labios.

Luego del beso, Celestia se acurrucó entre los brazos del dragón y suspiró. Spike quedó tieso y ruborizado de la muestra de afecto de la princesa por tanto tiempo, que cuando logró salir de su trance, Celestia ya se había vuelto a dormir.

-Dulces sueños Celestia- murmuró Spike.

Sin que él lo supiera, Celestia seguía despierta. Pues estaba analizando el verdadero mensaje que su sueño le había dado. Le quedaba mucho tiempo al lado del dragón sin duda. ¿Pero de qué manera quería pasar esos años restantes? ¿Dejaría que alguien o algo más tomara esa decisión por ella, o haría la decisión ella misma?

Levantó la vista de su posición, para ver al dragón durmiente.

-Buenas noches, cariño- murmuró


-¿Todo ha estado en orden entonces?- inquirió la deidad del amor.

-Sí, todo en orden. Mejor de lo normal incluso. Aunque sea yo quien lo diga- respondió orgullosamente la deidad de la noche.

Para asegurarse de que todo estuviera bajo control en Equestria y que Luna no estuviera teniendo ningún problema, la Reina Cadence había decidido visitar a su tía. Su visita la hacía en compañía de Jin, su quinto y más reciente hijo. Como sus hermanos y hermanas, Jin era un Kirin nacido con cuerno de unicornio con el que a su tiempo sería capaz de hacer magia de cualquier nivel. Pero por ahora era solo la esponjada bolita de amor naranja de mamá.

Cadence ya no llevaba puesta su vieja diadema de princesa de Equestria. Llevaba una tiara dorada muy vistosa incrustada con rubíes en las puntas, y zafiros en el arco de la cabeza. Sus zapatillas eran casi las mismas, solo que un poco más altas y con grabados en los bordes.

-¿Y cómo están mi tía Celestia y Spike? ¿Se han comunicado contigo?-

-Mi hermana me envió su última carta para avisarme que viajarían a Ponyville a través del bosque Everfree. De eso hace dos días-

-¿Crees que estarán bien?- preguntó Cadence, algo preocupada.

-Claro que sí. Mi hermana sabe cuidarse sola. Y aunque no fuera así, Spike está con ella. No hay nada a lo que él no se pueda enfrentar- dijo Luna muy segura.

-Supongo que tienes razón-

De pronto el pequeño Jin despertó de su sueño, y rápidamente extendió sus pequeños brazos fuera de su cuna y empezó a hacer ruidos para llamar a su madre.

-¡Ho! ¿Despertó mi bebé?- preguntó cariñosamente Cadence, asomando su cabeza a la cuna.

Al verla el bebé sonrió y comenzó a abrir y cerrar sus manos, pidiéndole que lo cargara.

-Ya, ya mi tesoro. Ven con mamá- dijo, tomándolo entre sus cascos delanteros y arropándolo contra su pecho.

-¿Qué edad tiene?- preguntó Luna.

-Ocho meses ya. Es increíble. Cada vez me parece que crecen más rápido-

-¿Cuántos hijos planean tener tú y Ragnarok?- preguntó Luna con una ceja en alto.

-¿Cuántos no? Los que se puedan supongo. Es decir, tenemos todo el amor y todos los recursos para criarlos y amarlos. ¿Por qué preocuparnos por "cuantos" hijos traemos al mundo?- respondió despreocupada, mientras mecía a su bebé entre sus brazos.

Luna guardo silencio un momento.

-¿No es increíble? Eres más de cinco mil años más joven que yo o Celestia, y aun así terminaste siendo la primera en casarte y tener hijos- dijo Luna, con ironía.

-La edad no tuvo nada que ver. Tan solo logré encontrar a mi gran amor antes que ustedes. Que ya se están tomando su tiempo, por cierto-

-No me lo recuerdes. Antes de irse de vacaciones Celestia me comentó que se sentía vieja-

-Esperemos que solo sea el estrés. De lo contrario se va a acabar el mundo- bromeó.

Ambas alicornios compartieron una gran risa, a la que el pequeño Jin se unió un poco después.

-Cadence… ¿Me podrías dejar cargar a Jin un rato?- preguntó, tímidamente Luna.

-Por supuesto tía-

Se acercó a ella con el bebé en brazos y se lo pasó. El bebé al notar el cambio, buscó los ojos de la nueva alicornio que lo cargaba.

-Hola Jin. ¿Te acuerdas de tu tía Luna?- preguntó cariñosamente la princesa.

Sin responder, el niño extendió sus brazos con manos abiertas tratando de sostener los mágicos cabellos que revoloteaban cerca de él. Tan pronto como logró atrapar un poco entre sus garras, se lo llevó a la boca y comenzó a masticarlo como si fuera chicle. Menos mal que sus dientes aún no eran tan filosos.

-Tomaré eso como un sí- dijo Luna.

-Jin de verdad adora tu cabello- bromeó Cadence.

-El sabor a magia de la noche- dijo orgullosamente.

-Sí, pero no deberías dejarle hacer eso. Ya quiero verte cuando le salgan los colmillos y no te lo puedas quitar de encima-

-Descuida ¿Qué es lo peor que podría pasar?-

Y como invocando la ley de Murphy, Jin estornudó. Esto liberó una pequeña llamarada que logró quemar un poco los cabellos de la princesa.

-¿Luna, estás bien?-

-Sí, sí. No pasó nada, no pasó nada- dijo, dándose palmadas sobre sus cabellos chamuscados, para evitar que se esparciera el daño.

Jin solo se frotó la nariz un poco y luego se acurrucó contra el pecho de su tía, listo para volver a dormir. Luna no pudo hacer más que sonreír.

-Ser mamá… Es algo maravilloso, ¿Verdad Cadence?- preguntó Luna, sin dejar de ver al bebé en sus brazos.

-Y estar enamorada también- respondió la reina.

-¿Por qué dices eso?- preguntó, confundida.

-Tía Luna por favor. Serás más vieja, más sabia y más poderosa que yo. Pero no puedes ocultarme algo como esto. Estás enamorada de alguien ¿Cierto?-

Luna pensó en negar las afirmaciones de su sobrina, pero supo que sería una causa perdida. Dejó que su silencio lo dijera todo.

-¿Hace cuánto tiempo?-

-Ni yo misma lo sé. La mezcla de sentimientos llevaba ahí desde hace mucho. Pero fue solo hace recientemente que me di cuenta de lo que significaba en realidad-

-¿Y el responsable de estos sentimientos ya sabe cómo te sientes?- preguntó Cadence muy interesada y emocionada, al ver que su tía Luna finalmente se había enamorado.

-No aún no lo sabe- respondió la princesa de la noche, algo entristecida.

-¿Y por qué no?-

-Para empezar, porque está de vacaciones con mi hermana- replicó, con desagrado.

-… ¿Perdón?- respondió Cadence, habiendo quedado estupefacta.


Dentro del sector privado del antiguo cementerio de Cannan, dos figuras estaban paradas frente a un mausoleo de cristal. Es una lástima que tuvieran que disfrazarse para poder visitar cómodamente un lugar tan importante. Frente al mausoleo se mostraba una figura tallada en plata de una unicornio con una cutie mark en forma de estrella. Y a los pies de la estatua en letras de oro estaba escrito:

Aquí descansa Lady Twilight Sparkle "La Cósmica"

Guardiana de la Armonía y Heroína de Equestria

Invaluable amiga

Amada esposa

-Luce exactamente igual que ella- dijo Celestia.

-Tenía que ser. La tallé yo mismo- dijo Spike, con algo de indiferencia.

-Se ve muy bien y en buen estado. ¿La cambiaste por una más nueva?-

-No. Pero hago que le den servicio al menos una vez al año, para que se conserve-

-¿Por qué no trajiste flores?- preguntó Celestia, realmente confundida.

-Twilight me pidió que no lo hiciera. Decía que yo no debía sacrificar la belleza, mucho menos la vida de un montón de flores solo para decorar su tumba. Que solo debía recordarla y seguirla amando. Eso sería más que suficiente- explicó serenamente, Spike.

-Ya veo. ¿Y aún la amas?-

-¿Es en serio?- preguntó, con una ceja en alto.

-¡Jaja! No, claro que no. La respuesta es obvia. Y entiendo por qué. Ella era maravillosa en todo sentido-

-Sí, lo era. Y sé que lo sigue siendo dondequiera que esté- respondió mirando a los ojos de la estatua, como si en verdad fuera su esposa.

-Volvamos a casa. Se está haciendo tarde- dijo Spike.

-Adelántate. Hay algo más que me gustaría hacer antes de irme-

-Ho… Muy bien. Me adelantaré entonces. ¿Qué vas a querer de cenar?-

-Sorpréndeme- propuso, sonriente.

-Muy bien- dijo Spike.

Lanzó una última mirada a la tumba de su esposa y se fue con una sonrisa en los labios. Cuando Spike se perdió de la vista, Celestia suspiró y volteó a mirar la estatua de Twilight.

-Lo sé, lo sé… ¿Tengo mucho que explicar no es verdad?- exclamó, sentándose frente a la estatua, con la vista al piso.

-Y sin embargo tengo la seguridad de que ya lo sabes. Así que te pregunto… ¿Puedes culparme? Es decir. ¿Quién mejor que tú para saber lo maravilloso y encantador que es? He estado lidiando con esto por un tiempo. Insegura de si era verdad o no. Pero en estas últimas semanas que hemos estado juntos finalmente pude calmar y entender mis sentimientos-

Levantó la vista hacia la estatua.

-Me he enamorado de Spike, Twilight. En verdad lo he hecho. Lo sé porque… He sido cortejada por cientos de corceles en mi largo reinado. Puedo recordar a todos y cada uno de ellos. Y te aseguro que nadie nunca me ha hecho sentir como me siento cuando estoy con él-

Celestia suspiró, haciendo memoria.

-Él no se da cuenta, pero él hace que cada momento y cada día que estamos juntos tenga algo único y memorable. Y no lo digo solo porque estemos de vacaciones y nos andemos paseando en alguna atracción turística. Hablo de los pequeños detalles. Pero seguro tú sabes de eso mejor que nadie-

Celestia sonrió.

-Esos detalles y cuidados que tiene conmigo. No porque esté tratando de cortejarme, sino porque son gestos que vienen de lo más profundo de su alma. El desayuno con que me sorprendió al despertar. El chiste que contó a media tarde que me hiso reír a carcajadas. Como dejó que yo tomara la última fruta del coctel. La forma en que se ofreció a cargarme cuando le dije que me sentía cansada, mientras paseábamos a campo traviesa. El modo en que no me rechazó cuando recargué mi figura en la de él mientras disfrutábamos de algún panorama nocturno. Y como no dudó en acobijarme bajo su ala cuando le confesé tener frio… Viví tantos años en que solo éramos yo y mi soledad. Pero ahora disfruto tanto de la vida, que ya ni me queda tiempo para recordarlos-

Miró directamente a los ojos de la estatua, como si de verdad fuera su vieja alumna.

-Lo he disfrutado Twilight. Lo disfruto tanto que me preocupa. Porque… ¿Qué ocurrirá si me rechaza? ¿Qué le ocurriría a nuestra relación? ¿A nuestra amistad? Muchos matarían por compartir tiempo conmigo como él lo hace. Pero ellos no me conocen en realidad. Él sí y… Se mete bajo mi piel el temor de pensar que le he mostrado algo que pueda hacer que me rechace-

Se puso el casco derecho en el corazón y cerró los ojos un momento.

-Tengo miedo Twilight… Soy una deidad de más de seis mil años de edad, y tengo miedo de que me rompan el corazón. ¿Tú lo entiendes verdad? Tú me lo dijiste una vez. El largo historial de experiencias que habían tenido juntos los acercaba, pero al mismo tiempo los dividía porque eran casi familia. Tú eras como la hermana mayor que él nunca tuvo. ¿Pero y yo? Yo lo arropé, le cambié los pañales, le canté canciones de cuna… Lo obligué a llamarme mamá, aún muchos años después de que él dejó de verme de esa manera, solo para que yo pudiera satisfacer mi complejo de madre frustrada. ¿Qué pasará si piensa que soy una enferma y pervertida? ¿Qué tal si me dice que estoy loca por pensar que alguien tan joven como el, querría algo con alguien tan vieja como yo?-

Celestia no había podido evitar hacer esa última pregunta como si en verdad demandara una respuesta. El darse cuenta de ello, la hizo reír de su propia desgracia.

-Pero… Sin importar todo el miedo que esto me causa. Tengo que decírselo. Mi sueño fue mucho más que una metáfora de lo que un día será. Fue una advertencia respecto a cómo quiero pasar los años entre el ahora y ese día en que igual que tú, él ascenderá a la luz eterna. Tengo que decirle lo que hay en mi corazón. Porque quiero llenarlo de alegría, como él me llena a mí. Porque quiero despertar e irme a dormir todas las noches acobijada en su lecho. Porque quiero que me lleve al altar. ¡Porque quiero que me haga el amor! ¡Porque quiero… Porque quiero darle un hijo-

Celestia se había sonrojado intensamente y sus ojos se habían humedecido tanto, que tuvo que quitarse el exceso de lágrimas con sus cascos.

-No sé qué pensarás de todo esto. No sé qué pensarás de mí Twilight. Pero quiero que sepas que lo que siento por él, son sentimientos completamente puros. Y si me acepta, te prometo que dedicaré cada día que estemos juntos a llenar su vida de amor y felicidad-

Celestia volvió a secarse las lágrimas, he hizo una reverencia para retirarse.

-Adiós Twilight. Gracias por escuchar-

Celestia comenzó a andar rumbo a la salida del cementerio, cuando una voz alcanzó sus oídos.

-Les deseo mucha felicidad a ambos-

Celestia miró de regreso al mausoleo, con los ojos abiertos como platos, incapaz de creer lo que había escuchado. Examinó la zona con su vista, pero en todo el lugar no había un alma.

-¿Tw-Twilight?-

De la nada, sopló una fuerte corriente de viento que arrojó los cabellos de Celestia sobre su rostro. Y entre los cabellos que revoloteaban frente a sus ojos, logró distinguir algo que pasó frente a ella. Era pequeño, era veloz, y era inconfundible. Una pluma color violeta.

-¡Twilight!- gritó Celestia, quitándose el cabello de la cara con su magia, pero la pluma se había dio.

Dirigió entonces su mirada de regreso a la estatua. Y sonrió conmovida.

-Gracias Twilight- musitó la princesa.

Se fue trotando alegremente de regreso a la mansión Sparkle.

Aquella noche y por vez primera desde que inició sus vacaciones, Celestia se encontró durmiendo sola. ¿Y cómo no hacerlo? Ciertamente no esperaba que Spike la admitiera en su recámara y mucho menos la misma cama que había compartido con Twilight. Pero eso estaba bien. De esa forma tendría forma de planear de qué manera confesarle sus sentimientos al dragón. Sin embargo, no pudo evitar sentirse extrañamente incómoda y fría aquella noche.

Pasaron varios días en Cannan, visitando los lugares familiares como Sweet Apple Acres y Sugar Cube Corner. Además de la ex biblioteca, ahora convertida en un museo dedicado a las Guardianas de la Armonía. Finalmente llegó el penúltimo día de vacaciones. El día en que Celestia habría de tomar un nuevo curso en su vida.

-Fue una buena idea venir a este lugar. La vista sigue siendo estupenda- dijo Spike.

-Pensé que luego de visitar el museo, este sería el lugar con el mayor valor sentimental, y por lo tanto el que debía dejarse para el final- respondió Celestia.

Estaban un lugar secreto, pero bien conocido por ambos. Era un claro en lo alto de las montañas cercanas al pueblo donde caía una bella cascada en un pequeño lago, que luego formaba el río que llegaba hasta al lago de Sparkle. Antes lago de Ponyville.

Spike solía venir aquí cuando niño en busca de un lugar apartado del mundo donde pensar y estar consigo mismo. O en su defecto, venía aquí a encontrase con la princesa cuando necesitaba de su consejo y ayuda. Ahí había sido también el lugar donde Spike le propuso matrimonio a Twilight. Y donde hicieron el amor a la luz de la luna en barias ocasiones. Ya fuera sobre una manta encima del césped, o dentro de las aguas del pequeño lago.

Ahora el dragón y la alicornio habían subido para disfrutar de un pic nic, y esperaban por la puesta de sol.

-Fue un bonito detalle que renombraran el lago con el nombre de Twilight- dijo Celestia.

-El lago y la biblioteca llevan su nombre. ¿Cómo es que no dejaron nada para las otras cinco?- bromeó Spike.

-Rainbow Dash tiene su propia ala en el salón de la fama de los Wonderbolts, Pinkie Pie decenas de libros de repostería, Fluttershy su propio santuario en el bosque, Rarity su propia línea de ropa y productos de belleza. La menos celebre sería Applejak. Pero sabemos que ella siempre le gustó ser humilde-

Spike sonrió, pero luego su sonrisa de volvió de amargura.

-Applejack se merecía más. Merecía encontrar un corcel digno de ella…-

-Applejack tomó su decisión Spike. Decidió enfocarse a su hijo y en él encontró la felicidad. Algunas yeguas, y algunas mujeres en general no necesitan de un hombre en sus vidas para encontrar el amor y ser felices. Pinkie Pie es otro ejemplo. Nunca se casó, pero tuvo a sus gemelas y con eso le fue suficiente-

-Sí supongo que es cierto. ¿Y tú? ¿Te hace falta un hombre en tu vida Celestia? ¿Eres feliz?- preguntó a la princesa, más como broma que cualquier otra cosa.

Celesita soltó una pequeña risa.

-Puedo responder ambas preguntas con una sola respuesta: Te tengo a ti, cariño- respondió alegremente, sentándose pegada a él y recargando su figura en la suya.

-¿Qué más podría pedir, teniéndote a mi lado?- susurró felizmente, reposando su cabeza en el hombro de él.

Spike se sonrojó, y pese a sus mejores esfuerzos sintió su corazón acelerarse un poco.

-G-gracias Celestia-

-No tienes nada que agradecer tesoro- respondió ella.

Sin saber nada más que decir, Spike quedó en silencio. Para su suerte, la princesa ya no dijo nada tampoco. No mucho tiempo después los alcanzó el atardecer, y vieron al sol esconderse tras los edificios en el horizonte de la ciudad.

-Es hermoso- murmuró ella.

-Sí… Hermoso-

-Mi madre una vez me dijo que existen muchas maneras de hacer un atardecer hermoso. Pero solo una para hacerlo perfecto- susurró Celestia.

Spike sentía como su corazón palpitaba con fuerza. Y se ponía más y más nervioso al pensar en cual improbable era que la princesa no lo hubiera notado ya.

-¿Y… Cuál es esa forma?- se atrevió a preguntar.

Sintió a Celesita mover sus piernas delanteras bajo su axila derecha para abrazarlo, rodeando su brazo.

-Ver el atardecer al lado de alguien a quien amas- respondió serenamente, volteándolo a ver a la cara.

El acelerado corazón de Spike se detuvo en seco. Su sangre se congeló y como engranes oxidados, se trabaron todas las vértebras de su columna vertebral.

-No es ninguna metáfora o declaración capciosa Spike- dijo Celestia, al ver su expresión.

Spike la volteó a ver, sin poder salir de su estado catatónico.

-L-lo sé Celestia. No es ninguna novedad que me digas que me amas. Además…-

-Spike por favor- lo silenció ella.

-Tú sabes bien que no hablo de esa clase de amor. Y estoy segura de que tampoco lo haces tú-

Spike giró lentamente sobre sí mismo para quedar cara a cara con la princesa. Ella supo entonces, que al menos el dragón sí tenía algún interés en ella. Y sin necesidad de más palabras decidió dejar a su cuerpo hablar y acercó lentamente su rostro al del dragón, mientras pestañaba sensualmente.

-Celestia espera- dijo él, nerviosamente.

-¿Qué ocurre Spike? No pensarás negarme un beso en un momento así- bromeó, poniendo sus cascos en los hombros de él.

-Yo siempre pienso en besarla Princesa- respondió, muy seriamente.

Fue el turno de Celestia de quedar muda unos instantes y sonrojarse (más de lo que ya estaba).

-Por eso necesito preguntar… ¿Esto está pasando?-

La alicornio sonrió dulcemente.

-Yo espero que sí- respondió ella.

Y entonces el significado de "Fruto Prohibido" se volvió tangible para Spike. Los labios de la princesa hicieron contacto con los de él. Y un estallido de sensaciones como las que solo había sentido una vez en su vida invadieron su cuerpo.

La textura, la suavidad, el sabor, la temperatura. Todo era un sueño hecho realidad. La sensación era tanta abrumadora, que Spike solo pudo quedarse ahí parado, mientras la princesa hacia todo el trabajo. A ella no le molestaba. Estaba acostumbrada. Celestia sonrió para sus adentros. No había pasado tanto tiempo desde la última vez que fue besada en los labios. ¿Pero cuándo había sido la última vez que besó a alguien de quien estuviera genuinamente enamorada?

El tiempo de pensar se le terminó y una descarga de alegría inmensa asaltó todo su ser, al sentir que el dragón finalmente devolvía el beso. Presionó sus labios contra los de ella, permitiéndole detallar cada una de las escamas que cubrían su boca. Celestia suspiró llena de alegría. El dragón de quien se había enamorado, la estaba besando apasionadamente. Deseaba que ese bello momento durara por toda la eternidad. Pero desgraciadamente el aire se les hizo corto y tuvieron que separarse.

Rompieron el beso y tardaron unos instantes en abrir los ojos. Sus rostros estaban marcadamente enrojecidos, sus labios permanecían unidos por una hilillo de saliva y los ojos de Celestia derramaban lágrimas de felicidad.

-Ho Spike…- suspiró Celestia, volviendo a acercar su rostro al de él.

Spike sin responder solo cerró los ojos y se entregó al segundo beso. La princesa apretó con más fuerza el cuello del dragón, haciendo que estuvieran más cerca el uno del otro. Spike llevó sus manos a la espalda de la princesa y la sostuvo con fuerza, sorprendiéndola un poco. Pero luego relajó el cuerpo y dejó que el dragón la sostuviera. Permitiéndose así, dedicar toda su atención al mágico beso que ahora compartían.

Spike estaba en éxtasis. Besar a Celestia era una montaña rusa de sensaciones y emociones que nunca conoció. Tan maravilloso, tan divino… Tan inadecuado y prohibido.

Spike tomó a la princesa por los hombros y la apartó bruscamente de su lado, rompiendo el beso. Celestia dio un quejido de dolor por la fuerza con la que había sido removida y quedó mirando al dragón, confundida por la ruptura. Su confusión se convirtió en preocupación al ver que el dragón la miraba lleno de miedo.

-¿Spike?... ¿Cariño que sucede?- preguntó, mientras que el dragón aún la sostenía por los hombros.

Spke solo siguió mirándola y se puso a hiperventilar. Liberó a la princesa y se limpió la boca.

-Esto está mal… Esto no debió pasar- murmuró, tallándose los labios temblorosamente.

-¿Q-qué quieres decir?- inquirió ella.

-Esto… Esto es mi culpa…- se dio media vuelta y se alejó de la princesa.

-¿Spike de qué hablas?- inquirió, yendo detrás de él.

-No he sido profesional. Soy tu guardián. Soy Capitán de Fuerzas Especiales. ¡Soy tu guardaespaldas! Y lo que acabamos de hacer el algo que no debió pasar. Algo que no debí dejar que pasara- gritó con furia. No hacia la princesa, sino contra sí mismo.

-Pero Spike. Si no has hecho nada que yo no te pidiera. Y… Y lo he disfrutado como no tienes idea. Y sé que tú también, ¿Por qué de pronto actúas como si hubiéramos provocado un genocidio?- dijo, angustiada.

-¡Porque está mal!-

Celestia solo lo miró anonadada unos momentos.

-¿Cómo puedes decir eso?... ¿Qué no disfrutaste nuestro beso?! ¡¿Vas a decirme que no me amas?! - le desafió, arrepintiéndose inmediatamente después pues sabía que ello podría hacer enfadar aún más a Spike.

Pero contrario a sus temores, el solo suspiró con pesadumbre.

-No Celestia. Yo no sería capaz de decir algo así-

-… ¿Entonces por qué…-

-Porque no es correcto-

-¡Esa no es una razón!-

-¡Porque no es profesional! ¡Porque eres mi mejor amiga! ¡Porque eres mi familia!.. ¡Eres como mi madre, maldición!-

-¡Ho por favor! Tuve que suplicarte que siguieras llamándome así luego de tus ocho años porque habías dejado de verme en ese papel-

Celestia caminó hasta pararse frente al dragón que quedó en silencio, desviando la mirada. Ella lo tomó por el mentón con su casco derecho y lo obligó a levantar la vista, para que la viera a la cara.

-Escúchame bien Spike. Me he enamorado de ti ¿Comprendes? Estas últimas semanas en que hemos estado juntos han sido los días más felices de mi vida desde que descendí al mundo mortal. Y me queda claro que el cariño que siento por ti se ha vuelto más grande y más fuerte de lo que jamás imaginé… Yo te a…-

-¡NO LO DIGAS!- gritó, apartándose de ella, cubriéndose los oídos.

Celestia solo lo miró alejarse de ella unos cuantos pasos. Tristeza e impotencia comenzaron a apoderarse de su corazón.

-¿Por qué?- preguntó llena de dolor.

-¿Acaso no habías dicho que me amabas? ¿Qué soy encantadora y una poni maravillosa? ¿Qué soy hermosa más allá de palabras? Si eso es cierto ¿Qué me hace falta para ser digna de tu amor?- interrogo mientras se sus ojos desbordaban lágrimas.

Hubo un largo silencio. El sonido de las lágrimas de Celestia chocando contra el suelo, eran como erupciones volcánicas a los oídos de Spike.

-¿Cómo puedes decir eso? ¿Cómo puedes considérate remotamente indigna de mi afecto? Amarte fue la primera cosa que aprendí a hacer. Incluso mucho antes de que amara a Twilight. Si de algo estoy seguro es que te he amado toda la vida. Es lo que mejor sé hacer. Es lo que siempre he hecho y lo que siempre te he dado. Pero esto es algo completamente diferente, tú lo sabes. Y desgraciadamente es algo que por primera vez en mi vida no te puedo dar-

-¿Y tú cómo dices eso? He notado la forma en que me miras. He notado los cambios en tu forma de ser conmigo. ¡Mírame a los ojos y dime que no te has preguntado cómo sería estar casados de verdad, en vez de solo fingir que lo estamos!- gritó frustrada.

Spike solo la miró con melancolía unos instantes. Celestia lo miraba firmemente demandando su respuesta. Spike se limitó a mover su brazo hacia el rostro de ella, y frotó suavemente uno de los ojos de la princesa, limpiando el líquido que se acumulaba tras sus párpados.

-Has llorado frente a mí ya barias veces. Pero esta es la primera vez en que yo soy la causa. Lo lamento-

-No tendría que estar llorando si fueras honesto con tus sentimientos, como yo lo soy- replicó, apartando su mano.

-¿Crees que sufro un estúpido enamoramiento por culpa de las cosas que hemos vivido juntos últimamente? Han sido un importante catalizador, claro que sí. Pero lo que siento es algo muy genuino y que ya se había venido manifestando desde mucho tiempo antes de emprender este viaje. Créeme. No tendré un historial muy grande en el asunto, pero he vivido lo suficiente para saber qué es el amor y qué no lo es. ¡Y esto que siento es amor Spike! ¡TE AMO!- gritó usando la voz real de Canterlot en la última declaración.

El eco del gritó de la princesa retumbó en toda la montaña. Siguió mirando a Spike a los ojos. El siguió viéndola melancólicamente.

-Yo también te amo Celestia. Por desgracia no es en la misma forma que tú me amas a mí. Y nunca podrá ser-

-¿Pero por qué?... Exijo saberlo ¡Merezco saberlo!- gritó, cortando la distancia entre ambos, con lágrimas derramándose de sus ojos.

Spike dibujó una mueca de dolor y cerró los ojos.

-Cuando lo sepa te lo digo- respondió sin verla a los ojos.

Celestia lo miró estupefacta unos instantes. Luego lo miró con tristeza. Después desesperación, enojos, odio. Levantó su casco derecho y abofeteó al dragón con todas sus fuerzas. Se mordió su labio inferior y dio media vuelta.

-Celestia espera- dijo Spike, yendo detrás de ella.

Pero la princesa no hizo caso y desapareció de ahí en un haz de luz.

Spike permaneció estático son su mano extendida hacia donde había estado la alicornio hace solo unos momentos.

-Perdóname Celestia-

Spike regresó más tarde a su hogar donde encontró a la princesa en el vestíbulo leyendo un libro. Decidiendo que lo mejor sería no hablar de lo sucedido hace unas horas, se fue a la cocina a preparar la cena. Guiso de repollo con tomate y pimiento rojo y amarillo.

Nunca creyó que podría tener una cena tan silenciosa e incómoda en compañía de la princesa. Comieron en silencio sin intercambiar palabras, mientras que los cubiertos y sus mascadas hacían ruido como bocinas de un concierto de Heavy Metal.

-¿Te gustó la cena?- preguntó Spike, finalmente rompiendo el silencio.

Celestia siguió comiendo sin lucir enterada de las palabras del capitán. Spike comprendió que no recibiría una respuesta y solo siguió comiendo. Celestia se sirvió una segunda ración y tras terminar se fue a su cuarto sin decir palabra. Spike suspiró y se retiró a lavar los platos.

-Mira lo que has hecho Spike- se lamentó.

-Pero es lo mejor, aunque justo ahora haga que te sientas como basura-

Celestia entró en la recámara de huéspedes que Spike le había dado y fue directo a desplomarse sobre la cama, clavando su rostro en la almohada.

-Delicioso Spike… Estuvo delicioso- susurró rechinando los dientes, mientras lloraba levemente.

Esa noche casi no pudo dormir. Se sentía incómoda, adolorida, fría. Y sobre todas las cosas, sola. Deseaba desesperadamente ir donde el dragón y pedirle que la abrazara. Pedirle que la aceptara y la protegiera.

-¿Por qué Spike? ¿Qué fue lo que hice mal? ¿Qué es lo que me hace falta?-

No paró de llorar en toda la noche.


De regreso en Canterlot, la cocina del palacio se encontraba con demasiada actividad para pasar de las doce de la noche.

Frente a una de las estufas y con una olla en la que hervía un apetitoso caldo, se encontraba la princesa Luna, usando un delantal blanco. Espolvoreó unos condimentos que tenía junto a la estufa dentro del caldo y lo batió un poco. Después introdujo la cuchara de madera que había estado usando para batir el caldo para tomar una probada.

-Mmm… Creo que sabe bien. Me pregunto si a Spike le gustarán los condimentos suaves o más fuertes-

Tomó un recipiente lleno de camarones descarapelados que tenía a la mano y los echó al caldo. Añadió fideos gruesos, le puso la tapadera y se sentó a esperar a que se cocieran.

-Me pregunto si estaré usando la clase de fideos correcta. Quizás debí ponerle alguna clase más gruesa-

-¿Princesa Luna? ¿Es usted?- se escuchó una voz por uno de los accesos a la cocina.

Luna saltó sorprendida y asustada de ser descubierta y volteó al origen de la voz. Parado bajo el arco de la salida estaba Damocles. Teniente de Fuerzas especiales y mejor amigo de Spike. Era un dragón serpiente color azul marino en sus escapas superiores y rojo oscuro en su vientre. Tenía además una corona en el cuello, cual cobra real.

-¡B-buenas noches Teniente!- dijo Luna tratando de aparentar serenidad.

-Terminó mi turno princesa. Así que puede llamarme solo por mi nombre-

-Ya veo. Gracias. También estamos solos Damocles, así que también puedes llamarme solo por mi nombre- respondió ella.

Claro que se conocían y eran amigos. Por medio de Spike quizás, pero igual se conocían y se llevaban bien.

-¿Puedo preguntar qué haces a esta hora en la cocina Luna?- inquirió el dragón, con una ceja en alto.

-Bueno yo… Tenía hambre y decidí venir a hacerme un bocadillo nocturno-

-¿Por qué no despertaste a los chefs?-

-No quise perturbar sus bellos sueños por un caprichito mío. Además quería… Experimentar algo… ¿Tienes hambre?- preguntó nerviosamente.

-No, y estoy bien. Ya me iba a dormir-

-Ho bueno. Que descanses- dijo alegremente despidiéndolo.

Luego de verlo marcharse se dio media vuelta de regreso a su obra. Abrió la tapa para ver el color de los camarones y ver si ya se habían cocido.

-Claro que no es de mi incumbencia, ¿Pero puedo saber por qué la princesa de la noche está cocinando una sopa tradicional de Ikaruga que contiene camarones, los cuales ella no puede digerir?- se escuchó nuevamente la voz de Damocles. Esta vez llena de suspicacia.

-E-e-este… Yo… ¡Claro que puedo digerirlos! Todo lo que tengo que hacer es lanzar un hechizo sobre mi sistema digestivo y ¡Boom!-

-Aja… ¿Y por qué sopa de Tun Yun?- continuó.

-Es fácil de hacer, rápido y tenía los ingredientes a la mano. Y la verdad es que no es la primera vez que como camarones. Los comí una vez cuando fui de vacaciones a Ikaruga, hace mucho -

-Claro. Creo que ya está lista. Huele bien-

-¡Ho fantástico! ¿Quieres probar? Me vendría bien una segunda opinión- dijo Luna.

Y realmente estaba feliz. Ahora podría tener una segunda opinión respecto al resultado de su cocina y así saber si esta seria del agrado del dragón al que deseaba dársela.

Damocles tomó la cucharada que le ofreció la princesa y saboreó la sopa.

-Los camarones y los fideos están bien. Aunque a mí me gusta que el caldo esté un poco más picante, pero estoy seguro de que a Spike le gustará-

-¡Ho fantástico! No puedo esperar a que vuelva y…-

Luna no terminó la frase, conservando su boca y ojos muy abiertos. Su sangre se heló al caer en cuenta lo que acababa de decir. Damocles sonrió de oreja a oreja al saber que había descubierto a la princesa.

-¿Cuándo te enamoraste de él? ¿Antes o después de que se fuera de vacaciones?-

-¡E-enamorada de Spike! ¿Yo? Damocles no seas ridículo. Tan solo somos buenos amigos- respondió Luna, nerviosamente.

-No. Tú y yo somos buenos amigos. Pero Spike y tú son otra cosa-

-No sabes de lo que estás hablando. Yo no me siento así por él-

Damocles dibujó una sonrisa retorcida y quedó mirando a la princesa acusadoramente.

-¿Y esa mirada qué significa?- preguntó Luna, indignada.

El dragón no respondió.

-Oye, aunque seamos amigos sigo siendo tu princesa- dijo, tratando de proyectar autoridad. Fracasando claro, gracias a sus enrojecidas mejillas.

-No me mires así. Te digo que no han nada entre él y yo ¿Entiendes?-

-…-

-…-

-…-

-¿De verdad soy tan obvia?- preguntó, dándose por vencida y poniéndose roja como un tomate.

-No tanto. Pero es muy raro que te estuvieras despierta a la una de la mañana preparando una sopa que no puedes digerir. La cual casualmente es la favorita de cierto dragón muy cercano a ti. Además olvidaste un importante detalle: soy una serpiente-

Para hacer énfasis, Damocles extendió su fina lengua fuera de su boca haciendo un sonido de siceo.

-Muy gracioso…- respondió Luna, sarcásticamente.

-No se lo vas a decir a nadie. ¿Verdad?- preguntó, muy preocupada.

-Ho despreocúpate Luna. Spike es mi mejor amigo y tú mi princesa favorita. Estoy… Sorprendido claro, pero no tengo intenciones de moverles el tapete a ninguno de los dos-

Luna se relajó. Y más que relajarse, se alegró. Había deseado por meses poder hablar de esto con alguien y ahora Damocles estaba ahí. Ahora tenía a alguien para hablar y que fuese su confidente.

-¿T-tú crees… Que Spike sienta algo por mí?- preguntó tímidamente.

-Te adora como a una hermana mayor. ¿No te lo dijo?-

-Sí. Y me hace sentir muy feliz y muy preocupada-

-¿De qué vea tu proposición como una forma de incesto?-

-¡De que lo vaya a asustar! ¡No seas tan espeso!-

-Está bien, calma. Él te quiere mucho. Pero ni siquiera yo puedo decir si él podría tener esa clase de interés en ti-

-¿Y si fueras tú? ¿Tú te interesarías en mí?-

-Uno: estoy casado. Y dos: no le tiro al asunto trans especie- respondió, agitando su cola frente a su rostro como símbolo de negación.

Luna lo miró con enojo unos momentos y luego le dio la espalda.

-Tu sopa se quema-

-¡Diablos!- gritó la princesa al ver el caldo salirse de la olla.

-¿Planeas decírselo cuando regrese?-

-No lo sé. Creo que es algo pronto. Quiero ablandar el terreno un poco antes de lanzarme toda completa. Para estar segura de que no se va a asustar o algo cuando se lo diga. Lo último que quiero es echar a perder nuestra amistad- explicó Luna.

-Pues suerte con eso. Ten fe en ti misma. A los hombres nos gustan las mujeres tímidas, pero no si carecen de voluntad y fortaleza propia-

-Entiendo… Gracias Damocles-

-Cuando quieras Luna. ¿Te vas a comer eso?- dijo, mirando a la olla.

-¿No dijiste que no tenías hambre?-

-Sí, pero eso fue hace un rato. Ahora ya me antojaste-

-Muy bien, saca un par de platos de esa alacena por favor-

Se sentaron a disfrutar de la sopa que la princesa de la noche había preparado y tras deshacerse de la evidencia, ambos se fueron a dormir.


Spike se veía frente al espejo del baño de su camarote. Había tenido uno de los peores días de su vida. Desde que despertó hasta no hace más de una hora atrás todo había sido un insufrible mar de resentimiento y angustia en silenciosa agonía. Celestia parecía haver formado una muralla de hielo invisible entre ambos. no se hablaron a no ser que fuese absolutamente necesario y aún entonces hablaron de la manera más breve posible.

Spike había tenido intenciones de iniciar una conversación, pero en el último momento terminaba quedándose callado, a no ser que fuera una charla sobre su regreso a Canterlot.

-Menuda forma de terminar este viaje- se lamentó, tallándose la sien.

Ya no importaba. En unas cuantas horas estarían de vuelta en Canterlot. Ambos podrían olvidarse de este viaje y seguir con sus vidas.

-¿Olvidar este viaje?- se preguntó a sí mismo.

Claro que no. Nunca podría, ni quería hacerlo. Había sido maravilloso y quería poder recordar toda la vida los hermosos momentos que vivió en compañía de su hermosa princesa

-Mi princesa…-

Ahí estaba otra vez esa frase. Y sabía bien por qué la decía. Porque amaba la princesa. Porque la amaba desmesuradamente y quería que fuera para él. Él la amaba. Más que eso, la deseaba. Más que a nada en el mundo.

¿Entonces por qué se contenía? No era porque ella era una princesa. Esa era solo una excusa. Tampoco era porque ella tuviera miles de años. Como al resto de los hombres tras ella, eso es algo que jamás le habría importado.

¿Era porque era una deidad? ¿Una semidiosa? No, ni siquiera eso lo habría de detener. De hecho eso lo hacía más excitante. ¿Y cómo no? Buenos o malos, enamorados o superficiales; lo cierto es que nada ayuda a inflar el ego de un hombre como conquistar a una mujer. ¿Y qué podría ser mejor que conquistar a una doncella como Celestia? así es que no, su sagrada procedencia no era impedimento. Todo lo contrario, era un incentivo.

¿Era el complejo de hijo y madre? Claro que no. Él había dejado de verla de esa forma hace demasiados años. Y aunque no fuera así difícilmente sería un impedimento. Porque después de todo, no fue un impedimento con Twilight. Quien era más su madre en el sentido práctico de la palabra, dado que ella fue quien le dio vida con su hechizo. El crecer con Twilight hizo que Spike la visualizara muchas veces como su hermana mayor. Y aún entrados en su relación tardó un tiempo en dejar de verla así. La "Familiaridad" no fue un impedimento con Twilight. Tampoco tendría por qué serlo con Celestia.

-¿Entonces qué te detiene?- se preguntó a sí mismo.

La pregunta tenía una respuesta.

-Tienes miedo… Tanto miedo que te avergüenza aceptarlo. Pero entonces despierta la pregunta ¿A qué le tienes miedo? Rechazo, soledad, tristeza, dolor, muerte, lastimarla a ella, que ella te lastime. Todas esas cosas y mucho más. Pero todas ellas estuvieron presentes con Twilight y no te detuvieron. ¿Por qué ahora sí?-

Se quedó viéndose al espejo una eternidad como si tratara de auto psicoanalizarse.

-Cuando lo sepa, te lo digo- respondió frustrado, yéndose a dormir.

Apagó las luces, distendió la cama y se metió en esta, cubriéndose con la sábana. Se volvió a sentar sobre el colchón al sentir que no estaba solo.

-¿¡P-por qué estás…-

Fue cortado al ser arrastrado de regreso a la cama por un aura dorada y la figura que hace unos minutos yacía oculta junto a él, trepó su cuerpo, usándolo como colchón.

-No hable Capitán. No hable. Abráceme y deje que yo duerma en su lecho. Es una orden de vuestra princesa- ordenó muy fríamente Celestia, acompañada de una fulminante mirada.

Spike la miró estupefacto unos instantes sin saber que lo confundía más. La actitud de la princesa, o su sola presencia. Finalmente (y sin saber por qué) acató la orden de la princesa. La envolvió con sus brazos y alas. Celestia se recostó en la figura de su guardián, dejando su cabeza reposar en la base del cuello de él. Spike sentía su corazón palpitar rápidamente. Estaba confundido y con mucha ansiedad. Ansiedad de que la noche pudiese acabar en algo de lo que terminaría arrepintiéndose toda la vida.

Se hizo el silencio. Un incómodo y sofocante silencio.

-No fue fácil confesarme ¿Sabes?- susurró al princesa.

-Muchos semidioses temen que cuando descendemos al mundo mortal y que la luz del Etherium deja de brillar sobre nosotros y debemos probar nuestra propia valía, la Voluntad del Universo se olvida de nosotros y quedamos enteramente a nuestra suerte totalmente privados de su guardia y bendiciones… Pero logré comprobar que no es cierto. Porque a pesar de haberse tardado casi mil años, finalmente respondió a mis plegarias. Me devolvió a mi hermana. Y me envió a 7 bellos ángeles. Como sabes, uno de ellos eras tú-

Spike pudo sentir su cuello humedecerse con las lágrimas de la princesa.

-El más pequeño y adorable ángel que yo hubiera podido pedir-

-Celestia…-

-Pero ni yo con toda la experiencia de mis 7 mil años de edad habría podido anticipar que un día me enamoraría de ese pequeño ángel a quien alguna vez canté canciones de cuna y alimenté con mis propios cascos. ¿Me daba miedo sabes? Miedo de saber que existían un millón de razones para que me rechazaras. Miedo a que existen un millón de razones para que lo nuestro no funcione. Miedo a tener que caminar sobre las cenizas de nuestro amor, cuando este terminara. Pero esto… Esto…-

Spike sintió como la princesa lo abrazaba fuertemente, a medida que sus sollozos se hacían más audibles.

-Spike… Si no te sientes igual que yo… Si no me amas de la forma que yo te amo a ti, puedo entenderlo. Puedo aceptarlo. Pero te suplico, te lo imploro. Prívame de tu amor si así lo deseas, pero no me arrebates tu amistad. No pongas una muralla de indiferencia entre nosotros. No permitas que nuestra relación se llene de cadenas y máscaras como ocurre con la mayoría de mis ponis. Por favor. Lo último que quiero es que esto eche a perder nuestra preciosa amistad-

Ella lloraba. Lloraba por el dolor que Spike le había causado ese día, al tratarla igual que como cualquier otro imbécil que no supiera quién o qué era ella en realidad. Porque en vez de tratarla como el amigo que ella tanto atesoraba, la trató como solo otro guardia en su rol.

-Incluso ahora. Estamos tan juntos. Me abrazas como siempre lo haces. ¿Entonces por qué siento tanto frío? ¿Por qué siento que estoy tan lejos de ti?-

Spike inmediatamente la clase de dolor que había despojado sobre la princesa. Se sentó sobre la cama con princesa en brazos y se aseguró de envolverla lo más cariñosamente posible entre sus brazos.

-Perdóname Celestia. Perdóname por ser tan estúpido. Perdóname por no poder amarte como tú a mí- susurró en su oído.

Celestia tardó unos cuantos sollozos en responder.

-Perdóname por ponerte en una difícil posición. Solo prométeme que podremos seguir siendo amigos- suplicó, viéndolo a los ojos.

Spike la miró con melancolía. Amigos. Claro que sí, pero ambos sabían que después de esto las cosas ya no volverían a ser igual. Pero esta la última noche que tenían para estar juntos. Y era mejor no pensar en nada más. Sobre todo si eran pensamientos que solo le harían más daño a ambos. Sobre todo a ella.

-Los mejores amigos Celestia- respondió Spike, sonriendo cálidamente y dándole un beso en la frente.

Celestia sonrió. Su llanto de amargura se volvió de felicidad y se abrazó fuertemente de su guardián. Spike volvió a recostarse, atrayendo a la princesa consigo y aunque no era su amante, se dispuso a acariciar sus místicos cabellos para ayudarle a conciliar el sueño. Acto que dio resultado no mucho tiempo después.

-Buenas noches Spike. Te amo- musitó la princesa, quedándose dormida.

Spike no respondió. Siguió acariciando el arcoíris que formaba la cabellera de la alicornio, mientras miraba el techo. No pudo quedarse dormido. Ahora había incluso más cosas en su mente que antes. Miró a la doncella que dormía en su lecho. Aunque algo demacrada por el llanto, para él lucia tan radiante y hermosa como siempre. Spike suspiró con pesadumbre.

Cuidadosamente removió a la princesa de sus brazos y salió de la cama. Volvió a poner a la alicornio sobre el colchón y la arropó cuidadosamente. Salió del camarote y se dirigió a cubierta.

Viajaban en un dirigible. Una elección algo costosa considerando que Ponyville y Canterlot no estaban tan lejos uno del otro. Pero Celestia había dicho que odiaba el ruido y la vibración de los trenes. Spike había querido emprender el viaje temprano, pero ella quiso esperar a un vuelo nocturno, para así poder llegar a Canterlot en la mañana y poder disfrutar una última noche lejos de palacio.

-Y para poder dormir una última noche juntos- pensó.

Suspiró con pesadumbre, mirando las estrellas.

-Twilight mi amor, dime que hago. Sé que no es más de lo que te amé a ti. Pero amo a Celestia. Realmente la amo. ¿Entonces por qué cada que pienso en los impedimentos que tengo para amarla termino viéndome a mí mismo?-

Spike suspiró con pesadumbre. Miró a su mano izquierda. Su dedo anular estaba vacío.

-Habría convertido a Chrysalis en mi esposa si ella hubiera aceptado. ¿Por qué soy yo quien no acepta a Celestia ahora? ¿Qué la diferencia de ti o de Chyrsalis? ¿¡Y por qué demonios me importa saberlo?!-

Miró a las estrellas nuevamente.

-No importa…-

Volvió su vista a su mano izquierda.

-No tiene la menor importancia. Claro que es diferente. Porque ella no es Twilight Sparkle. Ni tampoco Chrysalis. Ella es Celestia-

-La amas… Tú la amas… ¿Entonces qué haces aquí parado como un completo imbécil?-

Su corazón comenzó a palpitar fuertemente con determinación. Su miedo cayéndose a pedazos.

-Ve tras ella... ¡Ve tras ella! ¡Ve tras...-

De pronto se escuchó un fuerte estruendo dentro de la nave. Luego otro más. Y otro más. Empezó a haber gritos de distintos individuos. Pero lo que realmente capturó su atención es que alguno de los gritos eran de batalla. Y algunos de los estruendos eran el sonido que produce un unicornio cuando lanza un hechizo de combate.

-¿Celestia?- gritó Spike corriendo al acceso al interior de la nave.

Y entonces escuchó uno de los sonidos más horrorosos que hubiese escuchado en su vida. Un grito compuesto de puro dolor, producido por la deidad del sol.

-¡CELESTIA!- gritó Spike corriendo de regreso a su princesa.


Me tomó más tiempo del planeado, pero finalmente está aquí. Espero que les gustara y espero más aún no halla sido lo que esperaban. Odio dejarlos con un Cliffhanger, pero tenía que pasar. Y temo que no será el único en esta historia. Los que están preocupados por Luna, relájense. Todo va a estar bien.

Dejen sus reviews y nos vemos en la próxima.