CAPÍTULO 8

Cama y mesa

En sus aposentos, Celestia reposaba en su cama acostada sobre su estómago y sus piernas recogidas. A su derecha y en la misma posición estaba su nuevo amor Spike, quien apenas hace una hora le había dicho las palabras que ella había soñado escuchar por casi seis mil años. Celestia había lanzado un hechizo sobre el techo haciéndolo completamente transparente, permitiéndoles ver todo el firmamento de estrellas desde la cama de la princesa.

Celestia desvió su mirada del cielo hacia el rostro de su dragón y tras contemplarlo unos instantes soltó una leve risilla.

-¿Qué es tan gracioso?- preguntó Spike.

Celestia lo miró con ojos llenos de ilusión y acarició al dragón, frotando su rostro contra su cuello. Además de abrazarlo por su brazo derecho.

-Tan solo pensaba en lo increíble y maravillosa que es la vida. Hace 112 años me fui a dormir acompañada de un pequeño bebé dragón a quien ese mismo día había decidido criar como a mi propio hijo y le prometí que siempre lo amaría y cuidaría de él. Ahora estoy aquí en esta misma habitación. Yo soy la misma. Pero mis sentimientos ya no son los mismos, y aquel dragón ya no es el mismo tampoco. No queda rastro de aquel afecto maternal que una vez sentí. Pues aquel bebé ahora es un apuesto caballero que me ha robado el corazón. Y esta vez soy yo la que necesita escuchar que siempre seré amada y protegida- murmuró.

Spike se separó de ella para acomodarse y movió el cuello para poder besarla en los labios. Celestia correspondió gustosa.

-¿Realmente necesitas que te lo haga saber? ¿Qué no es bastante obvio?- preguntó, una vez roto el beso.

-Como hacía falta que me dijeras que me amas, aun cuando yo ya lo sabía- respondió ella.

Spike sonrió. Topó su cabeza contra la de ella y la frotó suavemente.

-Yo siempre estaré aquí para ti Celestia. Siempre te amaré. Siempre te protegeré, mi princesa- musitó.

Celestia suspiró encantada. Jamás creyó que gozaría tanto ser llamada por su título de realeza. Besó a su dragón en la mejilla y se recargó en él, para estar lo más cerca posible.

-Desde que recibí tu carta por la mañana esperé con muchísima ansiedad a que llegara la hora de la cita. Jamás sentí un día tan largo. Pero vaya que valió la pena-

Spike la cubrió con su ala derecha.

-Perdona que te hiciera esperar. Pero con el cuento de que los medios ya sospechan que hay algo entre nosotros no quería arriesgarme a hacer mi declaración con luz de día. Hablando de eso ¿estamos a salvo aquí?- dijo algo preocupado, mirando el transparente techo.

-No te preocupes. El techo se verá transparente desde dentro, pero por fuera sigue igual que siempre. Además, desde hace siglos tengo la toda la torre eternamente bajo un hechizo protector. Nadie puede vernos aquí dentro- respondió, muy confiada.

-Es bueno saberlo-

-¿Tú pensabas en algo en especial, mi cielo?-

Spike razonó un momento su respuesta.

-En cómo es posible que alguien nacido de un accidente pudo conquistar los corazones de ponis como Twilight y el tuyo-

-No importa cómo haya sido tu nacimiento Spike. Nos diste tu amistad, amor y respeto. ¿Cómo podríamos no dártelo nosotras?- respondió, como si fuera algo obvio.

-¿Entonces es solo una cuestión de reciprocidad?- preguntó, suspicaz.

-No seas ridículo. Es porque tú nos diste esos regalos en la forma y presentación que nadie más pudo. En la forma que nosotras solo habíamos podido soñar. Twilight se enamoró de ti porque se dio cuenta que eras tú el príncipe con quien había soñado toda su vida. Y gracias a la Voluntad del Universo, yo también lo descubrí. Me han cortejado caballeros de todas las edades, y de todos los confines de mi reino Spike. Algunos de más lejos. Pero ninguno logró hacerme sentir como me siento cuando estoy contigo. Tú eres el indicado. Eres el príncipe azul con quien siempre soñé- explicó.

-El sueño terminó Celestia. Tu príncipe ha llegado y no te abandonará jamás- susurró, cariñoso.

-Eso espero. Es de mal agüero romperle una promesa a una deidad. Más aún romper su corazón- bromeó la princesa.

-Trataré de recordarlo- respondió, captando su humor.

Finalmente Spike se desprendió de la princesa, solo para abrazarla después y girar sobre su espalda, para que la princesa quedara recostada encima de él.

-¿Te he dicho ya lo mucho que adoro dormir en tu lecho?- preguntó ella.

-Con frecuencia. ¿Te dije alguna vez lo hermosa que te vez cuando la luz de la luna baña tu cuerpo y la forma en que hace brillar tus hermosos ojos?- acompañó.

-Creo que no. Pero te agradeceré que me lo recuerdes constantemente a partir de ahora- respondió, frotando su nariz con la de él.

-Con gusto mi princesa-

Celestia hizo brillar su cuerno, desvaneciendo el hechizo sobre el techo. Se abrazaron cariñosamente, quedando muy cerca el uno del otro. Celestia llevó su rostro a reposar cerca del pecho de Spike para poder dormir arrullada por el palpitar de su corazón. Mientras Spike se dedicó a acariciar su mágica cabellera de arcoíris.

No tenía forma de explicar el mar de éxtasis que era estar junto a la princesa. Su pelaje de incomparable suavidad y calidez. La mágica sensación que le provocaba el rose de sus mágicos cabellos. El brillo de sus divinos ojos magenta. Y claro, el indescriptible aroma que expedía de todo su cuerpo. Al cerrar los ojos, Spike tenía la seguridad de estar en el paraíso.

Spike envolvió a Celestia entre sus alas abrazándola celosamente, como si no quisiera que nadie más que él fuese testigo de su infinita belleza.

-No necesito decirte que mantendremos lo nuestro en secreto por un tiempo- murmuró Celesita, sacando al dragón de su trance.

-¿Incluso de Luna?-

-En especial de Luna. Deja que yo me encargue de ella-

Celestia sintió al dragón besarla en la cabeza.

-Si eso es lo que deseas, mi princesa. Aunque quizás sea difícil disimular que no hay nada entre tú y yo-

-No somos un par de niños ocultándole una travesura a nuestros padres Spike. Estoy segura de que estaremos bien-

Estiró el cuello para besar a su amante una última vez en la mejilla.

-Buenas noches mi tesoro- musitó ella.

-Buenas noches mi ángel del amanecer- respondió él, yéndose a dormir después con su princesa en brazos.

Celestia no se lo dijo nunca, pero esa noche ella durmió con más comodidad que nunca antes en su vida mortal.

A la mañana siguiente se podía ver a la princesa del sol caminando con una encantadora sonrisa y un chispeante brillo de felicidad en sus ojos. Trotaba con singular alegría al punto que parecía ir dando pequeños saltos. Y aunque nadie podía escucharla, iba cantando en su mente.

"Duermo y no duermo

Pienso y no estoy pensando

Tan solo canto

Será porque te amo

Si estalla el mundo

Nosotros nos marchamos

Si estalla el mundo

¡Será porque te amo!"

-Vaya majestad, hoy sí que se le ve de buen humor. ¿Alguna razón de que esté tan feliz está mañana?- preguntó una de las sirvientas del palacio, al ver pasar a la princesa del sol.

-Yo siempre estoy de buen humor Sunset. Debes estar imaginando cosas- le respondió alegremente la princesa.

-Ho… Bueno, pues me alegro por usted- respondió la poni, no muy convencida.

-Gracias. Qué tengas un buen día- dijo muy contenta, continuando su andar.

¿Cómo culparla? Desde que escuchó esas bellas palabras por las que había esperado miles de años, Celestia se sentía más viva que nunca. Su sol brillaba más cálida y radiantemente que nunca. Su cabello ahora parecía tener resplandor propio y Celestia se sentía con más energía, más saludable y más bella que nunca.

En Spike también se podía ver un cambio. Estaba de mejor humor, más activo y acomedido de lo normal. Y por supuesto, más feliz.


Spike y Celestia habían sostenido su romance durante ya dos meses. Se las habían arreglado para conservar su relación en cubierto. Cuidando la distancia y el trato del uno con el otro. También se las habían ingeniado para dormir juntos todas las noches, casi sin falta. Pasaban las noches en casa del capitán. Pues era más fácil disimular que ambos se iban a dormir con normalidad, para que una vez en sus aposentos, Celestia pudiera tele portarse a casa de su amante y dormir con él. Las únicas noches que no pasaban juntos era cuando los deberes de Spike se interponían entre ellos, o las noches de los jueves, cuando Spike y Luna tenían sus reuniones y pijamadas.

Celestia había estado menos que complacida cuando Spike le contó del asunto. Primero al enterarse que era algo que su enamorado, ahora novio y su hermana habían estado teniendo tales encuentros desde hace meses sin ella saberlo. En segundo porque, aunque fuera su hermana y como buena mujer, a Celestia no le hacía ninguna gracia que su novio durmiera con otra dama, mucho menos que la arropara entre sus brazos. Y tercero, y lo más preocupante, era contemplar la posibilidad de que Luna quisiera llevar a cabo tal actividad porque, al igual que ella, estaba secretamente enamorada de Spike.

Aunque el miedo de tal posibilidad se rehusaba a abandonar su mente, Celestia confiaba en que no era posible.

-Si Luna estuviera enamorada de Spike ya me lo habría dicho. Nunca ha tenido un romance. Así que si tuviera deseos de lanzarse a su primera relación,} no cabe duda de que lo hablaría conmigo. Después de todo, soy su hermana mayor- pensaba la princesa.

La tensión de la posibilidad de la guerra se había mantenido con la mayor discreción posible por parte de las princesas y los nobles que acudieron a la junta. Y al no haber ocurrido ningún incidente ni actividad sospechosa, los temores se fueron calmando. Pero aun así las medidas de seguridad se mantuvieron.

La improbabilidad de guerra era toda una bendición para Celestia, pues así podía dejar de estresarse por dicho asunto y dedicar el tiempo libre a su amado dragón. Cada día que pasaba se sentía más cercana a él. Que cada día se volvían más y más unidos, y su pequeño romance se transformaba en un inquebrantable amor.

A pesar de todo esto, aún no habían tenido relaciones sexuales. Habían tenido apasionadas sesiones de besos y también se habían acariciado un poco. Los masajes de Spike podían llegar a ser particularmente existentes. Pero aún no habían llegado a la consumación de su amor por medio de la carne. A Spike no le molestaba en absoluto. Con el hecho de haber enamorado a Celestia, sabía que era oficialmente el ser más afortunado del mundo. Ni siquiera se molestaba en preguntarse por qué Celestia no había querido o insinuado que completaran su unión.

-Probablemente quiere esperar hasta la noche de bodas- pensaba Spike.

¿Se adelantaba a los hechos al pensar en qué haría en su noche de bodas? Probablemente. ¿Estaba mal? Claro que no. Después de todo, Spike tenía todas las intenciones de casarse con la princesa. Y aunque no lo había dicho textualmente, Celestia había dejado muy en claro que también tenía intenciones de casarse con él. ¿Y por qué no? Cadence y Ragnarok lo hicieron.


Celestia yacía tendida de costado sobre la cama del capitán, esperando la llegada de este. Giró sobre sí misma para poner su vista en la puerta de la habitación y tras un rato de no ocurrir nada, dio un suspiro de cansancio y regresó a su posición anterior.

-Creo que no podrá venir esta noche- se dijo.

Destendió la cama en vista de que esa noche no sería arropada por los brazos y alas de su amado y se acurrucó a dormir. Si tenía suerte, Spike llegaría una vez que ella se durmiera, dándole la oportunidad de despertar en su lecho. Pero entonces y para su fortuna la puerta se abrió. Celestia inmediatamente se levantó, quitó las sábanas y le hizo espacio a su amante.

-¿La desperté mi princesa?- dijo Spike, aun quitándose partes de su uniforme.

-La verdad te estaba esperando. Temo que ya no puedo dormir a gusto si no me arrullas en tu lecho-

-Me vas perdonar. Pero yo no he cenado- dijo el dragón.

-Ho bueno… Entonces te acompaño- dijo, bajando de la cama.

-Estaba pesando… Que sí tienes hambre podríamos salir a cenar- propuso Spike.

-Yo ya cené, Spike. Pero con todo gusto te acompaño a donde vayas- dijo ella, poniéndose su disfraz.

Spike la miró y aunque había una sonrisa en su rostro, Celestia estaba segura de haber notado, aunque solo fuera un momento, un semblante de decepción en sus ojos.

-¿Me das el mío?- preguntó, extendiendo su mano.

-Por supuesto tesoro- respondió, alegremente.

Salieron de la casa discretamente. Dado que Celestia no haría más que acompañarlo y verlo comer, Spike eligió un simple local de cocina económica.

-¿Usted señora no va a ordenar nada?- preguntó la camarera.

-No gracias, estoy bien. Solo tráigame un poco de té por favor-

La camarera se retiró, dejando a los novios.

-¿No es gracioso? Todo el mundo que nos ve, piensa que somos casados- dijo, sonriente.

-Es porque no hay muchas ponis de tu edad que sigan solteras- dijo Spike.

-No hay ninguna otra poni que tenga mi edad Spike- corrigió Celestia.

Ambos se rieron. Una vez que a Spike le sirvieron sus alimentos la velada fue muy callada. Luego de la cena buscaron un lugar apartado donde la princesa los tele portó de regreso a la casa del capitán. Ya con el estómago lleno, Spike estaba listo para dormir.

-¿Estaba bueno el estofado?- inquirió Celestia, mientras se recostaba en la cama.

-Sí. Aunque me gustaría que pudiéramos cenar juntos- respondió, mientras iba al baño a lavarse los dientes.

-Lo sé. A mí también me gustaría cielo, pero no puedo faltar a la cena real con Luna- se disculpó.

-Lo sé. Ya de por sí creo que sospecha que hay algo entre nosotros- dijo Spike, en un tono que llamó la atención de Celestia.

-Spike… ¿Estás bien?- inquirió, algo preocupada.

La verdad es que en las últimas noches había notado al dragón algo distante o distraído. La pregunta logró sacar a Spike de su pequeña laguna de pensamientos y reaccionar ante la princesa.

-S-sí Celestia estoy bien- respondió, escupiendo el enjuague bucal en el lavamanos.

-¿Estás seguro?-

-Sí es en serio-

-Spike sé que me mientes. Dime que pasa-

-No importa. Son solo ideas mías- respondió de forma evasiva.

-Bueno, quiero saber qué ideas tienes. Sobre todo si son respecto a nosotros, que sé que lo son- continuó Celestia.

Spike aspiró profundamente. Y se dio vuelta, en dirección a la cama.

-Muy bien, si eso quieres… ¿Cuándo haremos esto público?- inquirió seriamente.

Celestia se sorprendió por la pregunta. Aunque solo momentáneamente.

-Spike ya te lo he dicho. Debemos esperar al momento oportuno- explico, calmadamente.

-¿Y cuándo va a ser ese momento oportuno? Mejor aún ¿Quién lo va a decidir?-

Esas preguntas sí sacaron a Celestia de balance.

-¿Cómo que quién lo va a elegir? Nosotros por supuesto- dijo Celestia, como si fuera algo obvio.

-Muy bien. Yo elijo que lo hagamos público ahora- respondió, sentándose en la cama junto a ella.

Celestia estaba sintiéndose incómoda con la actitud de Spike.

-Sabes que no podemos hacer eso-

-¿Por qué no?-

-Sería un muy mal momento para que la nación enfrente un acontecimiento de esa magnitud, cuando ya de por sí nos amenaza la guerra-

-Celestia, la amenaza de guerra solo la conocen los nobles. La han mantenido oculta del pueblo. Incluso hiciste que se encubriera el hecho de que tus secuestradores eran vampiros. La guerra definitivamente no tiene nada que ver con tu insistencia a que sigamos manteniendo lo nuestro en secreto- dijo el dragón, de forma casi acusadora.

Celestia intentó responder, pero al tratar de hablar se encontró con un nudo en la garganta. Desvió la vista para alejarse de la exigente mirada del dragón, tratando de concentrarse.

-Y no me digas que es por el revuelo que armarían los medios. Eso pasará siempre y solo se hará peor entre más esperemos- dijo Spike, adelantándose a ese posible argumento por parte de la princesa.

-P… ¿Por qué de pronto eres tan agresivo?- inquirió, algo molesta.

-¿Por qué no puedes dar una respuesta de verdad a mis preguntas?- contraatacó.

Celestia estaba desconcertada. Por un lado enojada, pues no podía recordar la última vez que alguien se presentó ante ella con una actitud tan irreverente y demandante. Pero a la vez estaba angustiada. Asustada incluso. ¿Solo dos meses y ya estaban teniendo su primera discusión de pareja? ¡¿Y no era capaz de responder a una sola de sus preguntas?! ¡No puede ser! No era posible que esperara casi seis mil años por el hombre ideal y ahora estuviera a punto de perderlo por razones que ni siquiera entendía.

-Celestia dime la verdad- murmuró Spike, dándose media vuelta.

-¿Te avergüenzas de nosotros?- preguntó, débilmente.

-¿Qué?- preguntó, no queriendo creer lo que había escuchado.

-¿Te avergüenzas de nuestra relación? ¿Te avergüenza estar enamorada de un mortal, en una relación trans especie? ¿Te avergüenza que yo, tu novio, sea un dragón?-

Celestia bajó de la cama y caminó hacia el dragón.

-¿Cómo puedes decir eso?- preguntó desconsolada.

-Celestia yo… Me considero el ser más afortunado del mundo por haber sido bendito con el regalo de tu amor. Lucharé por él. Soparte sufrimiento por él. ¡Mataré por él!-

Spike notó que su última declaración asustó un poco a la princesa. Recuperó la compostura y se aclaró la garganta.

-Y también esperaré por él Celestia. Esperaré todo el tiempo que sea necesario. Pero para eso necesito que me digas qué esperamos. Dime por qué debemos mantener esto tan celosamente guardado al punto que ni siquiera tu hermana y tu sobrina lo saben-

-Spike tú no tienes nada de malo. Te amo. Te adoro, eres el príncipe azul que siempre esperé conocer- dijo ella.

-¿Entonces por qué no me dejas tratarte como trata un príncipe a su princesa? Celestia, no me molesta que pasemos las noches juntos solo los dos en mi casa. ¿Pero acaso no quieres hacer algo más? Yo sí. Quiero llevarte al teatro, al cine. A caminar por el parque. Ver las estrellas en los jardines del palacio. A pasear por las calles contigo tomada de mí brazo. Quiero presumirle al mundo que eres mi novia y que tú presumas que yo soy el tuyo. Quiero llevarte a un restaurante elegante y tener una cena romántica. Quiero llevarte a bailar hasta que se desgasten tus zapatillas de oro ¡Y hacerlo cómo nosotros mismos! No con nuestros malditos disfraces. ¿O qué? ¿También querrás que nos cacemos con identidades falsas?-

-Por supuesto que no. Por supuesto que quiero que el mundo sepa lo que siento por ti y lo que existe entre nosotros Spike pero… No creo que el mundo esté listo- respondió, muy angustiada.

Spike la miró a los ojos. Se vieron directa y profundamente. Spike miró su amor, su tristeza, su angustia… Y vio que también le ocultaba algo.

-Todos tienen derecho a secretos Celestia. Incluso en una relación. Pero cuando los secretos nos separan de los demás, en especial nuestros seres queridos, es mejor dejarlos ir. Además, la confianza es un punto importante en toda relación- explicó, desviando la mirada.

Ahora Celestia estaba confundida. ¿Cómo se había dado cuenta de que le ocultaba algo?

-Spike por favor…- dijo ella, caminando frente a él.

-Yo te amo-

Spike la miró a los ojos una vez más.

-Lo sé- respondió acercando su rostro al de ella.

Celestia respondió al gesto, cerrando los ojos y preparando sus labios para un beso. Pero para su sorpresa, los labios del dragón no se toparon con los de ella, sino con la base de su cuerno.

-Pero evidentemente en estos seis mil años, olvidaste cómo se demuestra- dijo él.

Retiró su vista de la princesa y estaba a punto de caminar hacia la salida pero ella lo detuvo, sosteniéndolo por su mano derecha con ambos cascos.

-Spike por favor, lo siento. No te enojes- suplicó ella.

-¿Enojarme? Celestia no estoy enojado… Estoy triste- dijo, arrodillándose frente a ella, tomando sus cascos entre sus manos (su mano izquierda ya se había regenerado completamente).

Ceestia se acercó a él y lo abrazó por el cuello.

-Lo lamento. Sé que te prometí mucho más que esto. Y que estoy haciendo un pésimo trabajo en cumplir esas promesas. Tan solo… Dame un poco más de tiempo ¿Está bien? Solo un poco más de tiempo y todo será mejor- susurró, adolorida en su hombro.

Spike la rodeó con sus brazos y la cargó de regreso a su cama, donde la depositó con el mayor de los cuidados. Después se introdujo junto a ella para abrazarla cariñosamente y dejarla acurrucarse junto a él y sobre él, como siempre hacía.

-Tienes razón. No está bien que te obligue a escondernos como si hiciéramos algo mal. Pero he esperado tanto tiempo por la llegada de alguien como tú, que no quiero que nada lo eche a perder. Pero te aseguro que no hay nada que yo desee más que poder pasar el resto de la eternidad feliz y enamorada de ti Spike. Perdóname por mi deficiente desempeño para demostrarlo- susurró, angustiada.

Spike comenzó a acariciarle la melena y la besó en la frente.

-Yo también lo lamento-

-¿Por qué- inquirió ella, confundida.

-No tengo derecho a presionarte de esta manera. No solo porque presionar mucho a la pareja es también una forma de violencia en la relación. Sino porqué tú no eres una poni cualquiera. Incluso si no te gusta y no me gusta la idea de darte un trato especial por ser princesa o una deidad; al final del día lo sigues siendo. Eres la princesa y demi dios que me ha dado la increíble bendición de su amor. Y yo no tengo derecho a demandar nada más de ti. Tienes todo un país que gobernar y proteger. Yo no puedo honestamente demandar que antepongas mis necesidades por…- los divagues de Spike fueron detenidos por los labios de Celestia, sobre los de él.

Celestia terminó el beso.

-Soy una princesa. Soy una deidad. Pero soy tu novia. Y ese es el rol que más te debería importar. Porque es el que ejerzo únicamente por ti y para ti. Y tienes todo el derecho del mundo para pedir algo de mí. Que para eso soy tu novia. Para eso llené nuestra primera noche juntos de promesas y sueños- explicó con severidad.

-Pero…- suavizó su semblante y volvió a abrazarlo, ocultado su rostro en la base de su cuello.

-Necesito más tiempo. Solo un poco más de tiempo- susurró.

Spike la abrazó y envolvió en sus alas.

-Todo el que necesites Celestia- dijo suavemente, besándola en la cabeza.

Celestia respondió el gesto, besándolo en el cuello.

-Te amo mi princesa. Nada cambiará eso- dijo, volteando hacia abajo.

Al sentir la vista del dragón sobre ella, Celestia elevó la vista. Sin pensarlo dos veces, estiró el cuello y lo besó amorosamente en los labios.

-No estuvo tan mal para nuestra primera pelea de novios- bromeó Spike.

Celestia no pudo reír.

-Preferiría que no tengamos ninguna otra- dijo ella.

Reposó su rostro contra la base del cuello del dragón y suspiró para poder irse a dormir. El dragón dio un gran e indecoroso bostezo y dejó caer la cabeza sobre su almohada. Pronto se quedaron dormidos.


Al día siguiente y sin perder un segundo de luz del sol, Celestia arregló una visita al palacio de Rennes le Chateau para encontrarse con su sobrina. ¿Quién mejor para aconsejarle en dificultades de noviazgo que la propia deidad del amor? incluso si esa deidad era su sobrina, más de cinco mil años más joven que ella.

Una vez allá y apenas se encontró frente a frente con su sobrina, Cadence quedó tiesa de la impresión y luego dio un fuerte gritó de emoción. Voló a toda marcha hacia ella con los brazos extendidos para darle un abrazo. Por un instante Celestia sintió miedo de que sería atropellada por su sobrina.

-¡MUCHAS FELICIDADES! ¿¡Quién es!? ¿¡Desde cuándo!? ¡¿Lo conozco?!- comenzó el bombardeo de la reina de Ikaruga, mientras estrujaba amorosamente a su tía.

-Cadence por favor. Harás que todo el palacio se entere y… No podré responder si sigues aplastando mis costillas- dijo Celestia.

-¡Ho!-

Cadence se apresuró a soltar a su tía y darle algo de espacio.

-Discúlpame tía. ¡Ven, ven, sígueme! tengo todo listo en mi salón de té- dijo muy emocionada, casi jalando a Celestia.

Caminaron apresuradamente por el palacio real, hasta llegar al salón referido por Cadence. Pronto entraron los sirvientes sirviendo té, pastelillos, galletas y barias cosas para beber. Celestia se extrañó al ver que su taza era más bien un pequeño y amplio plato con hazas a los lados, con lo que parecía alguna clase de planta seca en el fondo.

-¿Qué es esto Cadence?- inquirió Celestia.

-Observa-

Cadence hizo levitar una de las teteras y la acercó a la taza de Celestia. Comenzó a verter el líquido, que no era más que agua caliente. Al bañar el pequeño geoide de hierba seca, comenzó a expandirse y como por arte de magia se convirtió en una flor de pétalos magenta, estigma dorado y pequeñas antenas blancas a su alrededor. El agua caliente comenzó a pintarse de dorado, mientras la flor flotaba en su superficie.

-Cielos. Es hermosa- dijo Celestia.

-¡Sí verdad! Son flores de "Dulce despertar". Forman el té más delicioso que he probado en la vida- explicó Cadence, tomando un sorbo de su taza.

Celestia imitó el gesto.

-Exquisito en verdad. ¿De dónde las sacaste?- preguntó a su sobrina.

-Fueron un regalo de una amiga. Te puedo dar unas cuantas si quieres- dijo Cadence.

La mencionada amiga era Chrysalis, por supuesto. Había suplicado una audiencia con la reina, poco después de su relación con Spike llegara a su fin. No era que fueran mejores amigas. Pero Chrysalis sintió que no habría nadie mejor que Cadence para ayudarla con los pesares de su corazón.

-Sí, me encantaría- respondió Celestia.

-Pero supongo que hay cosas más importantes de qué hablar. ¿Cuándo pasó?- preguntó llena de curiosidad, y dirigiendo toda su atención sobre su tía.

Celestia sonrió.

-Hace algún tiempo en realidad. Me sorprende que no lo notaras hasta ahora. Traté de esconderlo especialmente al estar cerca de ti, pues no quería que lo descubrieras antes de tiempo. Pero siempre creí que te darías cuenta por ti misma en algún momento-

-Me pareció notar una pizca de amor romántico en ti cuando estuve en Canterlot por la junta de tu secuestro. Pero no tuve tiempo para confirmarlo. ¿Tratabas de ocultar tus sentimientos cuando llegaste, hace un momento?-

-Sí-

-Y sin embargo esta vez los noté con claridad. Significa que el amor que sientes se ha hecho mucho más fuerte. ¡Ho! ¿Acaso ya has emprendido un noviazgo con este ser especial?!- preguntó muy emocionada.

Celestia se ruborizó y ascendió con la cabeza. Cadence sonrió de oreja a oreja.

-¡Ho tía Celestia es maravilloso!- la felicitó.

-¡Por favor dime! ¡¿Quién es este caballero!? ¿Quién es tu amor secreto?-

-¿Si te lo digo, me prometes que seguirá siendo secreto?-

La preguntó tomó por sorpresa a Cadence.

-P-pues sí, claro. Si deseas que yo guarde el secreto lo haré. Pero espero entiendas que se lo tendré que contar a Ragna-

-Sí entiendo-

Celestia tomó aire.

-Mi nuevo amor… Mi gran amor…- Celestia se llevó ambos cascos sobre el pecho antes de confesar.

-Se trata de Spike-

Celestia había cerrado los ojos en el momento de pronunciar el nombre de su novio, esperando escuchar un estruendoso grito por parte de su sobrina. Pero lo único que se escuchó en la habitación fue un simple…

-¿Disculpa?-

-Mi amor secreto y con quien ahora sostengo una relación amorosa es Spike-

Cadence se quedó mirando a su tía con la boca semi abierta y una expresión de estupefacción en los ojos.

-Spike… ¿Nuestro Spike? ¿Spike mi cuñado?... ¿ESE Spike?- preguntó con incredulidad.

-Sí Cadence. ¿De qué otro estaría hablando?-

Cadence giró su vista la mesa. Tomo un delgado y alto jarrón color verde jade y vació su contenido en una copa de cristal, cercana a su taza de té. Tomó la copa con ambos cascos y se empinó todo el sake de un sorbo.

Ok, ok ¿De qué demonios me he perdido? ¿¡Cuándo demonios se volvió Spike un conquistador?! ¡UN CONQUISTADOR DE REINAS Y DIOSAS! Primero me topo con que Luna está enamorada de él. Luego Chrysalis me sale con que ella y Spike han tenido una relación de amigos con derechos los últimos años. ¡¿Y ahora resulta que Celestia y él son novios?!

-¿Cadence?- preguntó Celestia, algo preocupada de los gestos que hacia su sobrina.

Cadence reaccionó, volviendo la mirada a su tía. Rellenó su copa con sake y volvió a tomárselo en un solo trago. Se volvió a girar hacia su tía. Espero a que la garganta no le quemara y tomó aire.

-Vamos otra vez… ¿Tú novio es Espike?- preguntó Cadence, aún anonadada.

-Sí Cadence, ya te lo dije tres veces- respondió Celestia.

-Pero… ¿Acaso no es tú hijo adoptivo?-

-Cadence, tú y yo sabemos que eso es mentira. Cuidé de él solo por 4 años y luego lo asigné a que ayudara a Twilight, con lo que básicamente lo eché de mi vida. Y aún en esos cuatro años, tú pasabas más tiempo con él que yo. Luego a la edad de 8, casi me vi en la necesidad de suplicarle que me siguiera llamando su madre, porque decía que ya no se sentía a gusto llamándose a sí. Yo jamás fui su madre. Solo lo obligué a me llamara así-

Cadence notó el entristecido semblante de su tía e inmediatamente se arrepintió de haber sacado el tema.

-Tía lo siento, no era mi intención…-

-Está bien Cadence. Entiendo tu preocupación y la apreció. Yo misma me he cuestionado muchas veces como mi ex rol de madre afectaría mi relación con Spike y la forma en que él podría reaccionar. Así que un día saco el tema, temiendo incomodarlo. Luego él hace un chiste sobre cómo el 50% de las especies animales practican incesto. Me mira a los ojos, me besa y nos olvidamos del asunto-

Celestia dio un suave suspiro, recordando aquel momento.

-No recuerdo haber sido alguna vez tan feliz Cadence- dijo sonriendo llena de alegría.

Alegría que contagió a Cadence.

-Sí puedo verlo… Estoy muy feliz por ambos- contestó, yendo donde su tía y abrazándola.

-Gracias Cadence-

-Pero…-

-¿Pero?-

-No son solo buenas noticias las que me traes ¿O sí?- inquirió Cadence.

-Mis felicitaciones sobrina. Te has vuelto muy perceptiva- respondió Cadence con una amarga sonrisa.

-¿Entonces… Pasa algo malo?-

-No exactamente, o más bien no todavía. Pero creo que Spike no está muy… Cómodo con nuestra relación-

-¿Qué quieres decir?-

-Te lo explicaré- dijo Celestia.

Celestia contó a Cadence con detalle los eventos de la noche anterior en que ella y Spike habían tenido su pequeña discusión. Cadence escuchó a su tía atentamente, casi sin interrupciones o preguntas.

-Y pues… Eso es lo que pasó- concluyó Celestia.

-Vine a ti porque… No sé qué hacer-

-¿Qué quieres decir? Enfrentaron la situación juntos, discutieron sus incomodidades pacífica y llegaron a un mutuo acuerdo sin llegar a agredirse, ni lastimarse- dijo Cadence.

-Lo sé. Estamos estables. Pero quiero que estemos más que estables. Y no sé cómo. Las cosas que Spike me dijo… Que he olvidado como demostrar que estoy enamorada… Que los secretos tienen un precio… Siguen dando vueltas en mi cabeza. Sé lo que debo de hacer, pero no sé… No sé qué me detiene. Y no tengo idea de qué secreto puede estar hablando- dijo Celestia, en clara frustración.

Cadence permaneció en silencio mirando a su tía. Cadence estaba confundida.

-¿Tía, por qué aún mantienen su relación en secreto después de dos meses?- inquirió Cadence.

-Al principio fue por el asunto de la guerra. Temía que si lo hacíamos público y después estallaba la guerra, Equestria estaría con demasiados escándalos y presiones que afectarían nuestra coordinación para una respuesta eficiente al ataque. Pero los vampiros no han dado ninguna señal de otro ataque. También veo el peligro de un golpe de estado o alguna clase de guerra civil. Como… Como…-

-¿Como la que casi surge cuando Ragna anunció a Ikaruga que una poni sería su reina?- completó Cadence la frase.

-Sí. Sigo sin creer que alguna de las dinastías noble me traicionara y planeara mi secuestro. Pero no sé hasta donde podrían llegar las cosas, si luego de seis mil años de ser cortejada hasta el cansancio por ponis de toda la nación, incluyendo yeguas, declaro que mi esposo será un dragón-

-Probablemente no lo tomen demasiado bien. Pero tía, tú has gobernado Equestria y la has hecho prosperar por más de seis mil años. ¿En serio crees que tus ponis intentarán despojarte de tu trono porque te has enamorado de un dragón? ¿Un dragón que es básicamente un héroe nacional?- preguntó con suspicacia.

-Lo sé, lo sé. A Spike tampoco le convence que esperemos por eso. Y tiene razón, seguir esperando no ayudará nada por esa parte, de todos modos-

-¿Entonces qué los detiene? Si ambos se aman y están convencidos de vivir al lado del otro, ¿Qué esperan para que el mundo lo sepa?-

-¿Cuál es tu excusa? Ragna y tu mantuvieron lo suyo en secreto por seis meses- se excusó Celestia.

-Sí. Porque éramos gobernantes en reinos distintos. Y porque sabíamos que los nobles conservadores de Ikaruga no aceptarían lo nuestro así nada más- respondió Cadence, ya habiéndose preparado para la actitud defensiva de su tía.

-Tres casas de nobles desafiaron el derecho de Ragna a seguir portando la corona. Se batieron en combate a muerte y ahora las cabezas de dos de ellos están en la sala de trofeos de mi marido. Pero los ponis no son guerreros tía. Dudo que armen una revolución contra quien los ha mantenido en prosperidad y alegría por siete mil años. O que alguien sea tan estúpido como para retar a Spike al derecho por tu mano. En cuyo caso, seamos honestas, no tendrías nada de qué preocuparte. Mi propio esposo piensa que Spike es uno de los dragones más poderosos sobre la tierra- dijo Cadence my relajada, tomando otro sorbo de su té.

Celestia permaneció en silencio, digiriendo el discurso de su sobrina.

-Lo sé… Sé que no debería estar anclando nuestra relación. Pero algo en mí la tiene anclada y no sé qué es…- murmuró Celestia.

-¿Tú y Ragnarok pelean de vez en cuando?- inquirió Celestia.

-¿Pelear, nosotros?- se cuestionó en voz ata Cadence, poniendo su casco derecho sobre su barbilla para recordar.

Flash Back

La pareja se encontraba en la habitación real luego de un lardo día de trabajo.

-¿Por qué no autorizaste la puesta en marcha de la iniciativa de Lord Schultz? Con ese programa podría ayudar a muchas personas- alegó Cadence.

-Sé que el doctor tiene buenas intenciones y que podría mejorar la calidad de vida de muchos en la región norte. Pero es una mala inversión. En ese lugar no se produce nada. Ni ganado, ni cosechas, ni minería. ¿Por qué rayos no mejor se van de a tierras más cálidas y listo?-

-Porque aunque no sea la tierra más próspera, sigue siendo su hogar y la tierra que aman. Lo mismo hicieron los changeling y gracias a la ayuda que les dieron su hogar ya no es el páramo murto e inhóspito que solía ser-

-Y yo te recuerdo que yo jamás estuve de acuerdo en que ayudáramos a esos bichos-

-Ese no es el punto. El punto es que realmente podríamos ayudar los habitantes de los montes de Bóreas, con el plan de Lord Schultz- renegó Cadence.

-Pero para financiar una obra de servicio público de esa magnitud se requiere la aprobación de los dos reyes-

-¡Buenos soy Reina de ikaruga y apruebo el proyecto!- gritó, mirando a su esposo con desafío.

-¡Y yo soy el Rey de Ikaruga y no lo apruebo!- respondió él con la misma mirada.

Se quedaron mirando a fijamente a los ojos, como si estuvieran en medio de un duelo de visión de rayos laser.

De pronto Cadence saltó, lanzando sus piernas delanteras alrededor del cuello de su marido, mientras que él, se acercó a ella, abrazándola por la cintura. Sus labios se enfrascaron en una apasionada lucha de besos y lenguas.

-Luces tan radiante cuando defiendes lo que crees- dijo él entre besos.

-Luces tan adorable cuando crees que puedes domarme- respondió ella.

-Yo no me atrevería ni a soñar con eso, mi diosa guerrera-

Ragna le quitó a Cadence su corona y desabrochó su collar, arrojando ambas piezas de joyería en dirección aleatoria. La tomó en pose matrimonial y la llevó hasta su cama, jamás dejando de besarla….

Un tiempo más tarde.

-Tu ganas. Financiaremos el proyecto de Lord Schultz- dijo Ragnarok mientras desenredaba los nudos en el largo cabello de su esposa, que reposaba usando su pecho de almohada.

-Gracias tesoro- musitó ella, encantada.

Fin del Flash Back

Cadence terminó su sorbo de té y depositó la taza de regreso sobre la mesa.

-No. De vez en cuando diferimos en nuestras opiniones y decisiones sobre lo que se debe de hacer con el reino o nuestra familia. Pero no creo que nos hayamos pelead alguna vez- dijo orgullosamente la reina de Ikaruga.

Se hizo un momento de silencio en el salón. Ahora Cadence tenía una pregunta que hacerle a su tía.

-Celesita… ¿Spike ya sabe de ti y… Fafner?-

Celestia despegó al instante su vista del piso y miró a Cadence, asustada e indignada.

-¿¡Qué!? ¡No, claro que no! ¿Por qué tendría que saberlo?-

-Porque quizás él deba saber que no es el primer dragón con que sostienes una… Relación- dijo Cadence, lo más sutilmente posible.

Celestia se levantó de su asiento y caminó hasta la ventana, mirando al horizonte.

-Ya te lo he dicho Cadence. Como se lo he dicho a Ragnarok y Luna miles de veces. Eso no fue amor. Ni siquiera fue un romance. Yo era solo una niña seducida por lo desconocido y las bellas promesas de un mentiroso que sabía de amor incluso menos que yo- murmuró Celestia, recordando al antiguo príncipe de Ikaruga.

-Pero eso no evitó que le juraras amor y abandonaras tus deberes como princesa para escaparte con él un tiempo, antes de darte cuenta de que algo andaba mal-

-¡¿Qué acabo de decir?!- gritó iracunda.

-¡Era joven y estúpida! Él dijo amarme, pero solo quería poseerme. Y las cosas que hizo cuando intenté ponerle fin a nuestra relación. Lo que se hizo a sí mismo, a su familia, a mis pequeños ponis. Mis pobres ponis que tanto sufrieron por culpa de mi egoísmo. ¡No quiero que algo así vuelva a pasar nunca!.. Tengo… Tengo…

Celestia se sentó sobre el piso para acomodar sus ideas.

-Tienes miedo, Celestia- dijo Cadence, acercándose a ella.

Celestia permaneció mirando al horizonte sin ver nada en realidad. Solo pensando. Digiriendo la revelación que acababa de obtener.

-Sí, tengo miedo- musitó, cerrando los ojos y bajando la vista.

-No… No quiero perderlo Cadence. No quiero quedarme sola de nuevo… Esperé seis mil años por alguien como él. No quiero que esto terminé igual que la vez anterior. Pero no sé qué hacer- balbuceó Celestia.

-No va acabar como la última vez tía-

-¿Cómo lo sabes?-

-Porque ya no eres una niña jugando a querer a alguien. Eres una mujer fuerte e inteligente que sabe qué es lo que quiere. Y que sabe que lo ha encontrado. Estás enamorada. Te lo dice la deidad del amor. Y estoy muy segura de que Spike también te ama. Siempre lo ha hecho- explicó Cadence.

Celestia volteó su vista hacia su sobrina.

-¿Quieres asegurarte de que esta relación tenga éxito? No tengas miedo de dejar que el amor aflore y crezca. Ve con él. Dile todo lo que habita en tu corazón. Demuéstrale lo que hay dentro de tu corazón. Y no se te olvide tampoco, dejar que él te de todo lo que te quiera dar. Porque si no lo haces, parecerá que desprecias el amor que él intenta darte-

Celestia sonrió y abrazó a Cadence.

-Sabía que podrías ayudarme Cadence-

-Para servirte tía- respondió ella, devolviendo el abrazo.

-Voy a decírselo. Le diré la verdad. Le diré todo lo que siento guardo. Y luego se lo diremos juntos al mundo- dijo Celestia.

Se quedaron un rato más. Solo hablando de las cosas que les habían ocurrido los últimos meses. De las cosas que iban a pasar y de los planes que tenían. Solo un breve instante hablaron de la guerra con los vampiros. Cadence, como buena casamentera, comenzó a hacer preguntas sobre cuándo y cómo planeaba su tía hacer su boda. Cuantos hijos deseaba tener y si seguirían viviendo en el palacio o se mudarían a algún otro lugar. Celestia no dio respuestas concluyentes a ninguna pregunta, justificando que para tomar tales decisiones debería hacerlo en compañía de su futuro esposo.

La hora de partida de Celestia finalmente llegó. Y Cadence tenía solo una última pregunta.

-Gracias por todo Cadence. Y gracias por las flores de té- agradeció Celestia.

-Fue un placer tía… Solo tengo una última pregunta antes de que te vayas-

-¿Sí? ¿Qué sucede?-

-… ¿Mi tía Luna ya sabe de esto?- preguntó algo incómoda.

Celestia perdió la compostura un instante, al escuchar la pregunta.

-N-no, no lo sabe- respondió.

-¿Por qué no?-

-Porque… Porque temo que ella esté también enamorada de Spike. Y temo lo que pueda ocurrir si sabe que… Que él me eligió a mí- respondió Celestia, con algo de tristeza.

-Pero ella es tu hermana. Merece saberlo- insistió Cadence.

-Lo sé, pero… Primero me encargaré de arreglar las cosas con Spike. Luego me encargaré de mi hermana- respondió Celestia.

-Si consideras que es lo mejor. Que tengas suerte tía- se despidió.

Y en un haz de luz, Celestia volvió a casa.


Spike llegó a su casa esa noche cansado del trabajo. Se fue quitando su armadura desde que cerró la puerta de su casa y caminó directo a la cocina para prepararse algo de comer. Spike bien podría comer en el cuartel antes de volver a casa, pero ciertamente no le gustaba la comida que servían ahí. Fue en el trayecto a la cocina que notó que la mesa de su comedor ya estaba repleta de suculentos alimentos. Velas y dos copas de cristal junto a una botella de vino sumergida en hielo.

-Espero que tengas hambre, amor- exclamó sensualmente la voz de Celestia, que venía detrás de él.

Spike giró sobre sí mismo y quedó deslumbrado por la belleza de su visión. Ahí estaba Celestia, usando un vestido magenta de hombros descubiertos. En el vestido se ajustaba a su esbelta figura con corsé formado de relucientes cristales blancos. Usaba zapatillas doradas con listones que subían hasta sus rodillas, aretes de oro y por supuesto; el collar con el rubí de fuego que Spike le había regalado. Al ver que su novio no reaccionaba y solo la veía con la boca abierta, Celestia se sonrojó.

-¿D-demasiado?- preguntó, tímidamente.

-Al contrario. Luces divina- respondió al fin, acercándose a ella para abrazarla.

-Pero mírame nada más. No me diste ni cinco minutos para arreglarme-

-Esa era la idea. Quería darte una sorpresa- respondió, acercándose a él con mirada que demandaba un beso.

Spike reconoció la expresión y correspondió el gesto rápidamente.

-¿Qué celebramos?- preguntó cuándo terminaron el beso.

-El fin de mi torpeza- respondió ella.

-Y el comienzo de esta relación tal y como debe de ser. Pero hablaremos de eso más tarde. Estoy segura de que tienes hambre- dijo caminando hacia la mesa.

-¿Tú preparaste todo esto?-

-Emm… No. Lo mandé a hacer en un negocio de servicio para banquetes- reveló, apenada.

-No te preocupes por eso- respondió él.

Se sentaron frente a frente y usaron sus poderes para servirse los alimentos.

-¿Dónde estuviste todo el día? Luna me dijo que te fuiste a Ikaruga-

-Fue a ver a Cadence en realidad-

-¿Por qué?

-Motivos didácticos. Me hacían falta unas clases- dijo Celestia.

-O…K…- dijo Spike, no teniendo una muy clara idea de qué había querido decir la respuesta de Celestia.

Disfrutaron de la cena sin intercambiar muchas cosas, además de sonrisas y miradas de afecto. Después de eso, se armaron con la botella de vino y las copas y se fueron a sentar juntos en la sala.

-Entonces. ¿Qué fue lo que dijiste que celebramos?- preguntó a la alicornio recargada junto a él.

-El fin de mi torpeza- respondió ella.

-¿Y eso que significa?-

-Que voy a quitar los grilletes con los que inútilmente he aprisionado esta relación. Tú tenías razón. No tenemos por qué mantener lo nuestro en secreto. No tenemos por qué ocultar lo que sentimos el uno por el otro como si le hiciéramos daño a alguien. Y no puedo obligarte a que te guardes tus sentimientos y deseos, solo porque tengo miedo- murmuró Celestia, mientras reposaba su cabeza en el hombro de su amante.

-Ya te dije que no me molesta. Esperaré el tiempo que tú desees- dijo Spike.

-Sé que sí. Pero ya comprendo que no hay necesidad ni derecho en hacerte esperar. A ninguno de los dos. Este es mi deseo. Que el mundo sepa que me he enamorado. Que el mundo sepa que alguien me ama. Y que Equestria sepa…- elevó su vista a los ojos de Spike.

-Que muy pronto tendrá un rey al fin- concluyó.

-Solo si tú eres mi reina- dijo él.

-Toda la eternidad- respondió, cerrando los ojos para besarlo.

Se besaron amorosamente. Suave piel contra firmes escamas. Nada podría sentirse mejor. Terminaron el beso y Spike pudo ver un inconfundible añoro en los ojos de su princesa.

-Spike… Tómame- susurró ella, echando sus cascos delanteros tras el cuello del dragón.

-¿Estás segura?- inquirió Spike.

-Sí mi amor. Ya te he hecho esperar demasiado- dijo ella, sonriendo.

Spike la envolvió por la cintura y llevó sus manos a su espalda para buscar el nudo de su vestido. Pero antes de que la sangre se les empezara a calentar siquiera, el cuerno de Celestia comenzó a tintinear de dorado.

-¿Qué es eso?- preguntó Spike, cuando la princesa rompió la cadena de besos.

-Significa que alguien o algo perturba la barrera de mi habitación. Creo… Creo que debo de ir a revisar- dijo apenada, de tener que decepcionar a su novio.

-Voy contigo-

-¿Seguro?-

-Desde luego-

Celestia le sonrió e iluminó su cuerno, envolviéndolos a ambos en una esfera de magia dorada. Aparecieron en los aposentos de la princesa, a cuya puerta tocaba frenéticamente algún guardia.

-¡Pirncesa! ¡Princesa Celestia, despierte por favor! ¡Princesa!- gritaba desesperado el guardia.

-Voy a quitar la barrera. Guarda silencio por favor- dijo Celestia. Spike asintió.

-Soldado cálmese. Ya desperté. ¿Se puede saber cuál es el significado de esto? Son casi las once de la noche- dijo Celestia.

-Mis disculpas majestad. Pero surgió una contingencia. Se requiere su inmediata presencia en la sala de juntas-

-¿Por qué razón?- preguntó Celestia confundida y preocupada.

-Appleloosa… ¡Appleloosa ya no existe majestad!- gritó el guardia.

-… ¡¿QUÉ COSA?!- gritó la Princesa.


El título del capítulo proviene de la canción el mismo nombre, de Roberto Carlos. La estrofa cantada por Celestia proviene de la canción "Será por qué te amo". Interpretada en los últimos 30 años por demasiados artistas como para que me tome la molestia de buscar quien la compuso.

Me está empezando a gustar terminar capítulos en Cliff Hangers. Alguien me recomendó darle a Cadence algo de amor. Sí, en definitiva se lo merece. Perdonen si les corté la emoción cuando parecía que Celestia y Spike al fin golpearían todas las paredes. No me resistí. Sigan pendientes para la continuación.