CAPÍTULO 9

Bésame mucho

El Rey Ragnarok y la Reina Cadence disfrutaban del viento de la mañana descansando sobre una improvisada cama, sobre una amplia barcaza circular que se mecía sobre las suaves aguas del inmenso río Laogai, a las afueras de Rennes le Chateau.

Entre los acobijado bajo el ala derecha de la reina estaba el hijo más pequeño Jin. En la espalda del rey estaba dormida una pequeña kirin color naranja. Crin blanca con forma de hongo. Cuatro púas en la cola. Ysolda, de 5 años. 4ta princesa de Ikaruga. Cerca de la pareja, pintando la misma imagen de sus padres y hermanos menores sobre un lienzo rectangular estaba la 2da princesa de Ikaruga. Amaterasu, de 16 años. Escamas rozadas, ligeramente más nítidas que su madre. Crin amarilla con pliegues blancos. Ojos azules. Una pequeña columna de púas rojas detrás de su cuello y hombros. Pequeñas alas en su espalda, que madurarían en un par de años más.

-¡Mamá quieres dejar de acariciar a Jin cada que se mueve!- dijo la princesa

-Pero si mi bebé se incomoda, tengo el deber de apapacharlo- replicó Cadence, de forma melodramática.

-¡Mamá!-

-Cálmate Amaterasu. Vas a despertar a Ysolda. Además ¿Para qué necesitas que sigamos quietos? Ya terminaste el dibujo y conoces nuestros colores- dijo Ragnarok.

-Pero necesito que se queden quietos para capturar la noción de las luces y la sombra- replicó la princesa.

-Bueno hija calma. Me quedaré quieta si tanto…- la disculpa de Cadence se vió interrumpida por el sonido de agua salpicando y un kirin saliendo del agua.

-¡Mamá, papá, miren las piedras que encontré en el fondo del río!- gritó emocionado Kenshin de 9 años. 3er príncipe de Ikaruga. Un kirin color vino con ojos azules. Crin roja, con dos largos cuernos hacia su espalda, y orejas particularmente puntiagudas.

-¡Déjame ver, mi tesoro!- dijo Cadence, caminando hacia donde estaba su hijo.

-¡MAMÁ!- gritó frustrada Amaterasu.

-Ya, ya Susu. No te estreses- dijo Ragna, bajando a Ysolda de su espalda para ir donde su hija mayor y ver su pintura.

-Es muy bello. Esa es mi princesa- dijo besando la frente de su hija.

-Creo que se habría visto mejor si tú y mamá estuvieran usando sus coronas-

-Es día familiar. Sin coronas, sin nobleza, sin burocracia- dijo Ragnarok.

-Aun así, hay un escuadrón de soldados que nos protegen desde lejos- replicó la princesa.

-No todo sale como nosotros queremos tesoro-

-¿Cómo Siegfried y su plan de impresionar a su novia metiéndola a tu sala de trofeos sin permiso?- dijo Kenshin burlonamente.

-¡Kenshin!- lo reprendió su madre.

-¡Pero si es verdad!-

-Sí que lo es. Y por eso ahora está a merced de Agnus, en vez de estar aquí con nosotros gozando del día- dijo Ragnarok.

-Creo que alguien de nosotros ya no lo va a poder seguir gozando- dijo Amaterasu.

-¿Por qué lo dices hija?- preguntó Cadence.

La princesa extendió su mano hacia el cielo donde un guardia del palacio se acercaba volando a toda velocidad. El guardia se acercó a la barcaza y descendió suavemente para poder arrodillarse frente a los reyes.

-Mi Rey, mi Reina-

-Preparé este día durante semanas para pasar un día de descanso acompañado de mi familia. Y dejé claras instrucciones de que todos los asuntos reales serían atendidos por Lord Zen- dijo Ragna.

-Espero que tenga una buena excusa para venir a perturbarnos-

-Surgió una contingencia majestad- dijo el guardia, acercándose al rey para darle la noticia.

Ragnarok reconoció el aire de secrecía del guardia y se acercó a él igual para que le susurraran las nuevas.

-¿Cuándo?- preguntó luego de escuchar la breve descripción de los hechos.

-Anoche majestad-

-¿Bajas?-

-Desconocidas-

-¿Plan de acción?-

-Las princesas lo esperan para discutirlo-

-¿Algo más?-

-No señor-

-Buen trabajo soldado. Regrese a sus labores-dijo Ragna, despidiendo al guardia quien dio un saludo antes de retirarse.

El rey se volteó a su esposa e hijos, que lo miraban con curiosidad y preocupación.

-Voy a tener que retirarme. Cadence tú quédate con los niños. Sigan divirtiéndose-

-¿Pero qué ha pasado? ¿Qué te dijo el guardia?- preguntó Cadence.

-Ocurrió un desafortunado evento. Pero yo me encargaré. Ustedes sigan gozando el día-

-¿Estás seguro de que puedes con esto tu solo?- preguntó Cadence.

-Te enterarás después amor, créeme. Por ahora disfruta del día con nuestros hijos. Yo veré qué medidas tomar contra este asunto y podrás ponerte al tanto después-

-No me gusta cómo se está escuchando ese asuntito- dijo ella, empezando a preocuparse.

-Por eso mismo es mejor que no lo sepas por ahora-

Entonces escucharon que Jin comenzó a despertar y llamar a su madre.

-¿Lo ves? Tienes asuntos más importantes que atender- dijo con ironía.

Cadence suspiró con resignación. Beso a su esposo en los labios y le dio un abrazo.

-Cuídate cielo-

-Claro, siempre lo hago-

Cadence le sonrió y fue caminando donde su bebé.

Regna abrazó a Amaterasu y revolvió la crin de Kenshin.

-Pórtense bien- les dijo.

Y se fue volando de regreso al palacio.


De regreso en Equestria. Celestia, Luna, los generales y otros miembros del alto mando del ejército estaban reunidos en el salón de guerra. Una cámara del castillo que muy rara vez se utilizaba. En el medio de la cámara, había una enorme mesa circular con un mapa de Equestria. Sobre el mapa había barias piezas destinadas a identificar los distintos contingentes militares esparcidos por Equestria.

-Pos la información recabada de los sobrevivientes que lograron llegar a Manehathan. El día de ayer, en algún punto de la noche en horario desconocido, la ciudad fronteriza Appleloosa sufrió una invasión a gran escala por un ejército invasor que provino del desierto. La mayoría de los invasores se identificaron como vampiros, pero también se describió el avistamiento de "Grandes bestias", "Demonios". Estos invasores realizaron un barrido general desde el oeste al lado este de la ciudad. Destruyendo todo a su paso y dando muerte a todo el que se cruzara en nuestro camino. El batallón de la ciudad opuso resistencia, intentando hacer frente a las fuerzas invasoras. Lo que resultó posiblemente en su completa aniquilación, dado que entre los sobrevivientes no se encontró a ningún soldado. Solo granjeros que vivían apartados de la ciudad lograron escapar- dijo el escriba de la junta.

-El batallón de Appleloosa no tenía dragones ni kirins entre sus filas- dijo el general Death Penalthy.

-¿Cree que por eso escogieron atacar Appleloosa primero?- inquirió Luna.

-No. Aunque no lo parezca Appleloosa es un gran punto estratégico. No como centro de operaciones, en caso de que el enemigo piense asentar sus fuerzas ahí antes de seguir avanzando. Sino porque esa ciudad es la principal productora de manzanas y otros productos de cultivo que se exportan a todo el país. Al cortarnos ese centro de producción, los vampiros tiene la posibilidad de desestabilizar nuestra economía, redes de alimento y debilitar al país de otras formas, sin necesidad de enfrentarse a nuestras tropas- explicó el general Buster Sword.

-¡Entonces debemos recupera Apleloosa de inmediato!- gritó Luna.

-Si los testimonios de los sobrevivientes son verídicos, es probable que ya no haya nada de valor que rescatar majestad-

-¿Entonces qué debemos hacer? ¿¡Dejarlos morir?!- gritó Luna indignada.

-Nuestros ponis en Appleloosa ya están todos murtos Luna- dijo Celestia.

-Tú lo sabes. Usa tu visión divina. La ciudad está en escombros y cenizas-

Luna bajó la mirada y sus orejas.

-Appleloosa está perdida. Debemos concentrar nuestros esfuerzos en prevenir que ninguna otra ciudad o pueblo caiga- dijo Celestia.

-Concentraremos tropas se alrededor de la capital de inmediato-

-Al contrario. Las tropas de la capital deben salir de inmediato-

-¿Perdón?-

-Quiero que envíen noticia de esto a todos los pueblos y comunidades rurales que puedan correr peligro. Todos los habitantes de estas zonas deben ser evacuados inmediatamente a las ciudades grandes. Las tropas sobrantes de Canterlot se dividirán equitativamente para apoyar a los cuerpos militares en Manehathan, Trotinheim y Cannan. Deben formar un frente de defensa que evite el paso del enemigo. Una vez que la evacuación este completa y todos los civiles tras el muro de protección, Luna y yo Levantaremos una barrera mágica que rechazará a todo ser impuro que intente cruzarla-

Mientras explicaba su plan, Celestia movía las piezas sobre el mapa para ilustrar sus instrucciones.

-¿Y qué harán los cuerpos militares del resto de nuestras ciudades y pueblos hermana?- cuestionó Luna.

-Esas fuerzas se prepararán para lanzar el contraataque que expulse a las fuerzas invasoras por supuesto. Aunque aún debemos esperar la llegada de los reyes de Ikaruga para saber la extensión del apoyo que nos brindarán en este conflicto-

-Los vampiros no podrán atacar del día. Sugiero que sus majestades alarguen el tiempo de luz del sol para dar más tiempo a la evacuación de los civiles y preparación del ejército- dio Buster Sword.

-No es algo que se podamos hacer con tanta libertad. Pero estoy seguro de que el resto de semidioses entenderán si se los explicamos- dijo Luna.

-Envíen los avisos de desalojo de inmediato- dijo Celestia.

-Sí majestad- respondió un pegaso de entre los presentes y se retiró de la sala.

-Es extraño, Cadence y Ragnarok ya deberían de estar aquí- dijo Luna.

-Ya estoy aquí. Tendrán que disculpar a mi esposa, ella no pudo venir. Estaba ocupada pasando tiempo de caridad con nuestros hijos. No contábamos con que precisamente hoy nos declararían la guerra- dijo Ragnarok, entrando en la sala.

-¿"Nos", Rey Ragnarok?- preguntó Buster Sword.

-Sí. "Nos" general. Equestria a Ikaruga son hermanas, ¿recuerda? Yo y mi gente no nos quedaremos sentados a ver cómo se las arreglan todos ante este ataque cobarde y traicionero-

-Me alegra ver que contaremos con su apoyo en esta campaña- dijo Death Penalty.

-Veo que ya empezaron a planear su respuesta- dijo Ragnarok, viendo las piezas en el mapa.

-Nos preparábamos para organizar el contra Ataque- dijo Luna.

-Olvídense de eso. Lo mejor será que fortifiquen sus fronteras-

-¿Más grande que el frente de las tres ciudades?- cuestionó Celestia.

Ragnarok sacó un pergamino que guardaba bajo su capa y lo extendió sobre la mesa. Era un mapa del continente. En él se veían los reinos de Equestria en el centro. Ikaruga al este. Midgar hacia sur este. Dammerung de los vampiros hacia el oeste, pasando el desierto de los bisontes. Unorra de los Minotauros al norte. Y Balthosna de los grifos aún más al norte.

-Nosotros estamos aquí. Y los vampiros están acá, pasando el desierto. Para arrasar con Appleloosa en una sola noche y lograr que solo un pequeño puñado de pegasos escapara, debieron traer un gran contingente. Cruzar el desierto a velocidad de vuelo le tomaría a un dragón promedio al menos cinco días. Y llámenme arrogante, pero les aseguro que a ellos les costó más tiempo cruzar- dijo Ragnarok.

-¿A qué quiere llegar Rey?- preguntó Buster.

-Esta gente se ha tomado muchas molestias. Planificaron un secuestro muy preciso para su majestad aquí presente. Y ahora realizan un asalto a gran escala que hasta donde sabemos resultó en la destrucción y muerte de todos los habitantes de esta ciudad fronteriza. Lo que sea que planeen ya comenzó. Y en vista de que el alcance de su poder militar nos es desconocido debemos actuar de inmediato-

-¿Qué sugiere Rey Ragnarok?-

-Concentren sus fuerzas alrededor de todo el hemisferio oeste y norte del país, en caso de que los vampiros intenten rodear el frente de las tres ciudades más próximas a Appleloosa. El sur debería estar seguro. La maldición de los vampiros no les permite moverse sobre grandes cuerpos de agua y saben que serían blancos demasiado fáciles si se movieran e barcos-

-¿Y cómo planea que respondamos al ataque?-

-De eso me encargaré yo y mis tropas. Llegué tarde porque dejé preparando un batallón en casa. Viajarán con destino a Apleloosa a exterminar a esas pestes antes de que decidan ponerse cómodas. Luego los alcanzaré con mi propia brigada. Probablemente unos tres mil dragones-

-Espere ¿¡Ya ha movilizado a sus tropas para salir a la guerra!?- inquirió Luna.

-La guerra comenzó en el momento que esos idiotas intentaron secuestrar a tu hermana e intentaron asesinar a un héroe nacional. Además, tenemos razones para pensar que desarrollaron su magia de invocación de demonios exclusivamente para esta guerra. Y todavía queda el asunto de los materiales con tecnología dragón que usaron en el secuestro. Esto es guerra princesas. Y en el nombre de mi padre, y el padre antes de mi padre, les prometo que la ganaré para ustedes- Dijo Ragnarok.

-¿Y qué… Apoyo solicita de nuestra parte para esta campaña?- preguntó Celestia.

-No lo sé. Pero me encantará erradicar a esos hemófagos, teniendo a Spike a mi lado-

El corazón de ambas princesas se perdió barios latidos al escuchar la declaración del rey.

-Déjenos solos. Y que se empiece la movilización de civiles y soldados al frente de defensa- dijo Celestia, al resto de presentes en la sala.

No se hizo esperar que obedecieran a la princesa. Tan pronto como salieron, Celestia lanzó una barrera de sonido.

-¿Por qué supones que Spike y tú lucharán lado a lado en esta campaña?- preguntó Celestia.

-Porque somos sus aliados Luna, no so guardaespaldas para que puedan seguir comiendo pistaches mientras nosotros nos encargamos de proteger sus tierras. Es obvio que deberán enviar a parte de sus tropas a apoyarnos al frente. En cuanto a Spike, ¿No pensarán privarle al mejor guerrero de tu ejército el derecho a poner sus habilidades a prueba contra estas bestias?-

-¡Es ya se enfrentó a una de esas bestias y por poco lo matan!- replicó Luna.

-Esa no fue una pelea justa. Lo superaban en número y no tenía idea de a qué se enfrentaba. Además de tener que cuidar de la vida de tu hermana pudo representar un gran distractor-

-Aun así. ¿Por qué estás tan seguro de que estará al frente contigo?-

-Porque él es un dragón y yo también. Nuestros ancestros eran guerreros. Está en nuestra sangre. Y cono los tambores de guerra sonando, puedo saborear la necesidad de atender su llamado. No puedo esperar-

-¿Y qué hay de tu esposa? ¿Ella aprueba todo esto?- cuestionó Luna.

-Claro que lo aprueba. Lo discutimos días después de que vinimos a la junta para las medidas de seguridad, luego del secuestro de Celestia. Aunque no sabe que las tropas ya se movilizan, me dio su consentimiento desde hace meses- dijo, orgullosamente Ragnarok.

-Nosotras solo queremos proteger nuestro reino Ragna. No ir a la guerra- dijo Celestia.

-Lo cual está bien. Pero eso solo logrará devolver a la maldad a su guarida. Nosotros dragones preferimos soluciones más permanentes-

-¿Qué quieres decir Ragnarok?-

-Somos una raza guerrera Luna. Hace casi seis mil años que no marchamos a la guerra. Mi padre fue un gran líder. A diferencia del mío, su reinado jamás tomó decisiones escandalosas ni cuestionables. Pero nunca fue a la guerra y ese siempre fue su trauma. Pues como dice el dicho: Los más grandes líderes son recordados en medida de los enemigos que conquistan- explicó Ragnarok.

-Yo quiero eso. La maldad y el poder de los vampiros es famosa en el mundo. Y seré yo quien le ponga fin. Y todos y cada uno de mis hijos e hijas que forman parte de nuestra raza marcharán en esta gloriosa batalla, para erradicar la mancha negra de Dammerung de la faz de la tierra. Y mientras ustedes pueden reunir a sus fuerzas para proteger sus fronteras. No hace falta que sus ponis corran riesgos innecesarios-

-¡Pero esperas que nuestros dragones te acompañen a la guerra!- dijo Luna.

-No, no espero. Eso significaría que no tengo la seguridad. Yo sé, que marcharán a mi lado. Después de todo, y si recuerdo bien, ustedes me concedieron el derecho a disponer del mando del 30% del total de sus militares activos siempre que A° estos fueran dragones. Y B° las labores que yo disponga para estos, no entren en conflicto con la seguridad o los intereses de la nación- dijo sonriendo, sínicamente.

Se dio media vuelta y se dispuso a salir de la sala.

-Spike no te acompañará a esa guerra, porque así lo demandes- dijo Luna, casi como un desafío.

-No… Él irá por su propia voluntad- respondió.

Luna estuvo a punto de ponerse a lanzar maldiciones al rey, pero su hermana la contuvo. Luna miró a su hermana a los ojos y vio que como ella, compartía su preocupación.

-¿Quién comanda las fuerzas que enviaste a Apleloosa?- interrogó Celestia.

-Agnus por supuesto. Ha esperado por esto por dosmil doscientos años. Y yo no podría pensar en nadie mejor para darles a esos idiotas un prólogo de lo que han desatado- dijo Ragnrok, sonriendo maliciosamente al imaginar que no les estaría haciendo su mejor guerrero a sus enemigos.

Ragnarok salió del salón, cerrando la puerta tras su salida. Las princesas quedaron solas y en silencio.

-Tú… ¿No crees que Spike querrá ir a la guerra, o sí hermana?-

-Yo espero que no- fue la única respuesta de Celestia.

-¿Qué haremos ahora?-

-Debemos preparar una rueda de prensa. La nación debe saber que está bajo ataque- dijo Celestia.

Menos de una hora más tarde Celestia y Luna estaban frente un inmenso grupo de reporteros y fotógrafos que demandaban saber si los rumores de lo ocurrido en Appleloosa eran ciertos, y de ser así cuáles serían las acciones a tomar por parte del reino. Celestia y Luna comenzaron aclarado que los rumores en realidad habían sido hechos, y prosiguieron a explicar el plan te contención que, en teoría, ya debería estarse implementando mientras se llevaba a cabo la junta.

-¿Princesas, cuál es el propósito de la visita del Rey Ragnarok en el palacio?-

-¿Ikaruga brindará apoyo militar a Equestria en esta guerra?-

-¿Sus majestades no planean usar los elementos de la armonía para erradicar el mal que asecha nuestras tierras?-

-¡Señores, calma por favor!- gritó Luna.

-Como ustedes saben, los Elementos de la Armonía fueron utilizados por última vez por Lady Twilight Sparkle "La Cósmica" y sus amigas. Mi hermana y yo pensamos que una vez que las guardianas fallecieran los elementos volverían a vincularse con nosotras. Pero este no ha sido el caso. Ninguna de las dos podemos hacer uso de los elementos y aunque pudiéramos no son maquinaria de guerra. Purifican el mal, sí. Pero no podríamos usarlos para erradicar un ejército aunque quisiéramos- explicó Celestia.

-¿Y qué pretenden lograr con el muro de protección? Los sobrevivientes del ataque en el hospital deliraban sobre enormes bestias y demonios. ¿Creen que nuestras fuerzas de respuesta estarán a la altura de un enemigo así?-

Luna se proponía a responder la respuesta, pero alguien se le adelantó.

-¡Majestades!- gritó un guardia entrando a la sala de trono.

-¿Qué ocurre caballero?-

-El rey Ragnarok va a dar un anuncio a las entradas del palacio.

Los reporteros giraron hacia la entrada e inmediatamente corrieron al lugar señalado por el guardia. En el muro que rodeaba al palacio sobre el arco que se habría sobre las rejas que permitían el acceso; estaba parado el rey de Ikaruaga, con una congregación de ponis, kirins y dragones, preocupados por el porvenir de Equestria.

-Hace años firmé y juré un tratado de hermandad con esta nación. Encontré a un dragón muy particular y su novia poni a quienes convertí en mis ahijados. Me volví gran amigo de sus princesas. He incluso me enamoré perdidamente de una de ellas y la convertí en mi reina. Si esos engendros del mal creen que me voy a quedar parado mientras ellos destrozan las tierras y asesinan a su gente, están muy equivocados. Que Equestria se preocupe por su pueblo. Ikaruga de los invasores. Trabajando juntos superaremos esto. Luchando lado a lado, salvaremos Equestria. Les haremos saber que necesitarán más que magia negra y pactos satánicos si pretenden reclamar este reino y sus tesoros. ¡Y mucho más si es que pretenden enfrentar la ira de nosotros dragones! No teman ciudadanos. Porque en el nombre de mi padre, y el padre antes de mi padre, les aseguro que los vampiros y sus demoniacos aliados no podrán hacerles daño. Mis tropas los devolverán a las profundidades del Naraka donde pertenecen. ¡Y yo personalmente pondré fin a esta plaga de una vez y por todas cuando el corazón del rey Mefisto esté en la palma de mi mano! ¡Equestria prevalecerá!- gritó con autoridad y fuerza.

El público estalló en emoción. Aplausos, ovaciones y risas se apoderaron del aire. Solo una palabra se podía distinguir con claridad.

-¡RAGNAROK! ¡Ragnarok!-

Celestia y Luna miraban al dragón con desaprobación en sus ojos. Ragnarok las miró como burlándose de su gesto.

-Así es como debes hablarle a tu pueblo cuando hay guerra- dijo, burlándose sin disimulo de ambas princesas.

-¿Y ahora qué Ragna?- preguntó Luna, rechinando los dientes.

-Debo volver a Ikaruga. Prepararé mis tropas y saldremos a Apleloosa mañana al amanecer. Pasaremos cerca de la capital al medio día. Será un bonito desfile-

-¿Qué pasará con Agnus y sus tropas?-

-Tendrá las cosas bajo control al medio día de hoy. Si llegan más fuerzas enemigas y son superados en número tiene órdenes de retirarse. Pero dudo que eso suceda. Como sea, las veré pronto- dijo extendiendo sus alas para volver a casa.

-Ragna... ¿En serio planeas ir al frente?- inquirió Celestia.

-Planeo estar lo bastante cerca para sentir el calor de la batalla. Y entrar en el sartén si hay algo que valga la pena-

-¡Pero tú tienes familia!- dijo Luna.

-Sí ¿Y luego?-

-¿Qué será de Cadence y tus cinco hijos si algo te llega a pa-

-¡Están muy equivocadas si creen que voy a dejar que me sermoneen sobre cómo cuidar a mi familiar una solterona y una madre frustrada!- gritó.

Luna puso cara de enojo e indignación. Celestia mostró un gesto que denotaba que aquella declaración la había ofendido profundamente. Ragnarok se dio cuenta de que su comentario había sido más hiriente de lo que en realidad había deseado.

-No se preocupen. No abandonaré mí a familia. No pienso morir en el campo de batalla. Con cinco hijos y una esposa como la mía, no me puedo dar un lujo tan grande. Voy devolverles las tierras que los vampiros les han quitado. Y después voy a exterminar a toda su raza de la faz de la tierra-

Se dio vuelta y emprendió vuelo a gran velocidad. Luna lo vio marcharse y giró hacia su hermana mayor.

-¿Qué hacemos ahora Celestia?- preguntó Luna, quien honestamente no tenía idea de qué hacer.

-Prepararnos para la guerra hermana- musitó Celestia.


La ciudad pronto se llenó de tensión y nervios. Las bases militares estaban hasta el tope de estrés. Los jefes y oficiales dando órdenes a diestra y siniestra, mientras que los rasos iban y venían como si se les fuera la vida en ello. Pero de entre los guerreros que iban y venían con órdenes de sus superiores una en especial fue dirigida al capitán Spike.

-La princesa Luna desea verlo en su despacho. Dice que es urgente- dijo un guardia de la escolta personal de la princesa.

Siendo órdenes de la princesa Spike pudo des afanarse de todas sus demás actividades y atender el llamado de la diosa de la noche.

-¿Sí Luna? ¿Qué deseabas?- preguntó Spike al entrar al estudio de la princesa.

Luna estaba parada frente a una ventana con la vista perdida en el horizonte.

-Estoy algo preocupada- respondió, muy seria.

-¿Por la guerra?- inquirió Spike.

-Por Equestria. Por la guerra. Por todos nuestros guerreros que partirán mañana. Preocupada por Ragna y los dragones que piensa llevar consigo hasta el corazón de Dammerung- respondió, caminando hacia el dragón con la mirada baja.

-Pero no podemos dejar que Ragna y su gente se encarguen de nuestros problemas. Debemos apoyarlos. Y entre los soldados de nuestro ejército que participarán en la campaña estarás tú-

Spike recordó lo mucho que odiaba Luna su trabajo. Asumió que lo que la princesa en realidad trataba de decir, era que estaba preocupada por él.

-No es que dude de tus habilidades como soldado. Pero viendo como acabaste luego de enfrentarte a un solo demonio, no quiero ni imaginare lo que te podría pasar si enfrentas a un ejército entero-

-No estaré solo. Y en esa ocasión fui mal herido por culpa de mis propios descuidos. Pero esta vez no pasará-

-Pero no tenemos idea de qué clase de demonios pueden aparecer en el campo. Nadie puede asegurar que no ocurrirá algo malo… Nadie puede asegurar que tú volverás con vida- Luna se cubrió la boca con ambos cascos y comenzó a gimotear.

-Luna por favor no…-

La princesa saltó hacia él y lo envolvió con sus piernas delanteras.

-No quiero que te vayas. No quiero que acudas a esta guerra. Quédate aquí con nosotras… Conmigo. Ragna no ha demandado que los dragones equestres lo acompañen, solo ha pedido que lo sigan aquellos que lo deseen-

Spike devolvió el abrazo a la princesa y le frotó la espalda.

-Luna por favor, no me pidas eso. Tengo que ir. Se lo prometí a Twilight-

-¿D-de qué hablas?- preguntó confundida, apartándose un poco del abrazo del dragón para poder verlo a la cara.

-Le prometí que si algún día Equestria estaba en peligro, yo la protegería. Tal y como ella y sus amigas lo hicieron en tantas ocasiones. No es solo el llamado de la naturaleza y de mis instintos que me llaman al campo de batalla. Es el deber. El deber de una promesa que cumplir. El deber de servir a mis princesas. El deber de proteger a mis seres queridos- explicó, haciendo énfasis en la última parte acariciando el rostro dela princesa y secando sus lágrimas.

Luna sonrió con melancolía.

-Sabía que no podría convencerte con una simple súplica- dijo derrotada, volviéndolo a abrazar.

-No temas. Te prometo que…-

-No, no lo hagas. No me hagas promesas que no… Que puede que no serás capaz de cumplir-

Spike guardó silencio y se quedó ahí parado sosteniendo a la princesa en sus brazos.

-Luna, debo volver al cuartel- dijo Spike.

-Lo sé. Solo una cosa más. Tengo un regalo antes de que te marches-

-¿En serio? ¿Un amuleto de buena suerte o algo?- preguntó emocionado Spike.

-Ya verás. Cierra los ojos- dijo, haciendo un guiño.

-Está bien. Pero no me asustes- bromeó.

Luna rió un poco y esperó a que el dragón cerrara los ojos.

-Sin tramas- le advirtió.

-Sin trampas, lo juro- dijo Spike, alzando las manos como si lo estuvieran asaltando.

Spike podría sentir a la princesa acercarse. Escuchaba sus suaves pasos cada vez más cerca, hasta que se detuvieron quedando frete a él. Spike esperó pacientemente hasta que notó que, a pesar de no haber caminado más, Luna aparentemente había acercado su rostro al de Spike, lo bastante como para que él pudiera sentir el aliento de ella en su nariz.

¿Por qué está tan cerca de mí?... Esperen… ¿Acaso va a…

No tuvo tiempo para terminar de pensar. Luna había cortado la distancia y plantado sus labios sobre el dragón. Spike abrió sus ojos como platos encontrándose con el rostro de la princesa frente al suyo con los ojos fuertemente cerrados y sus labios pegados a los de él. Instintivamente Spike se apartó de la princesa, rompiendo el beso.

Luna abrió los ojos sorprendida de ver al dragón partir. Spike miró a la princesa sin saber que decir. Luna lo miraba a los ojos igualmente paralizada. Pero a diferencia de Spike quien seguramente solo hacia una mueca de confusión, Luna lo miraba con angustia, añoro, vergüenza y sobre todo… miedo.

-Luna.. ¿Tú…-

Antes de que el dragón terminara su pregunta la princesa cerró los ojos fuertemente y su cuerno se iluminó. Al instante Spike sintió como su cuerpo era rodeado e inmovilizado por un aura azul. Privado de su capacidad de moverse, la princesa lo rodeó por el cuello y plantó firmemente sus labios contra el dragón.

El cerebro de Spike se trabó a sentir la boca de Luna conectarse con la suya. Mil y un pensamientos se acumularon en un enorme cuello de botella que sobrecargó todos sus sentidos. No existía forma posible en la que esto NO estuviera mal. Luna era su mejor amiga. Era su hermana postiza. Era la hermana de su novia. Era su jefa. Su princesa. ¡SU DIOSA! ¡Y se estaban besando! ¡Ella lo estaba besando y… Y lo hacía… muy rígidamente.

Spike aún era capaz de sentir lo que pasaba a su alrededor. Los labios de Luna eran suaves, cálidos. Su saliva dulce. Su aliento helado. Todo lo contrario al cálido aliento de su hermana. Quizás era otra marcada diferencia entre ellas. Como sus colores. Pero lo que llamó la atención de Spike, luego de unos instantes de que la princesa lo estuviera besando, era que lo hacía de manera muy estática. El único movimiento que Spike percibía era una pequeña vibración.

Está… ¿Está temblando?

Sí, Luna lo besaba de manera rígida, sin mover los labios, la boca o la cabeza. Pero su cuerpo se movía. Su cuerpo temblaba.

¿Por qué tiembla? ¿Por qué está tan tiesa? ¿Por qué… Ho mierda…

Entonces tuvo sentido. No se movía porque no sabía qué o cómo moverse. Era porque no tenía experiencia. Y temblaba seguramente porque era consciente de ello. Porque temía dar una mala impresión. Porque temía ser rechazada. Porque casualmente aquel era…

Es su primer beso.

Luna finalmente terminó el beso liberó a Spike de su hechizo de inmovilización. La princesa se había puesto más roja que un tomate y se quedó mirando al dragón a los ojos, mientras respiraba profundamente para recobrar el aliento. Spike solo se quedó mirándola con ojos exaltados y la boca medio abierta. A decir verdad tenía la expresión de un perfecto estúpido.

-Luna… Yo…- antes de poder formular una oración coherente, la princesa volvió a acercarse a él, abrazándolo apretadamente con ambas piernas delanteras bajo sus axilas y ocultando el rostro en la base de su hombro.

-Te amo- susurró la princesa.

Spike quedó más tieso que un maniquí.

-Te amo- repitió tímidamente.

-Te amo más de lo que te puedes imaginar. Lo he hecho desde hace tiempo… Y lo siento. Sé que eh elegido el peor de los momentos para decírtelo. Qué tienes un millón de cosas más importantes que hacer. Que tienes demasiadas cosas en tu cabeza en este momento. Que el reino entero espera ver a uno de sus campeones marchar a la guerra mañana y salvarlos de esta grave amenaza… Pero es por eso mismo que ya no podía esperar más. Porque si te dejaba ir mañana sin decirte esto cabe la posibilidad de que ya no pudiera decírtelo nunca. No en esta vida al menos. Y no podía permitir que te fueras sin decirte esto… No podía… Lo siento- explicó, sollozando en el hombro del dragón.

Se separó un poco de él para poder elevar la vista y verlo a la cara.

-Te amo Spike. Con ese fervor que hace que la eternidad y la soledad ya no signifiquen nada. Y ahora que lo he dicho y milagrosamente no he muerto de vergüenza… Tengo que pedirte que respondas a la pregunta… ¿Me amas tú a mí?-

Luna tenía ojos llorosos. Estaba asustada. No, estaba aterrada.

-Yo… Sé que no soy Twilight. Nunca podrá serlo. No quiero serlo. No quiero remplazarla. Quiero que me hagas un espacio en tu corazón como se lo diste a ella y que… Y que podamos estar juntos siempre. Que vivamos juntos y felices para siempre-

Spike reconocía la expresión de Luna. Era la misma que tuvo Twilight y Celestia en sus confesiones. Y era la misma que seguramente él mismo tuvo cuando se confesó a Twilight. Spike se limpió los ojos y tomó aire para no llorar. Pues estaba a punto de hacerle algo horrible a su querida Luna. Algo horrible y por lo que no se perdonaría jamás. Abrazó a la princesa cariñosamente. Acarició su mágica cabellera con la yema de sus dedos y la besó en la frente, justo encima de su cuerno.

-Lo lamento- fueron sus únicas palabras.

Luna supo instantáneamente que sus sentimientos no serían correspondidos.

-No…- respondió ella siendo invadida por un gran dolor que venía desde lo más profundo de su corazón.

-Te amo y lo sabes. Pero no así- continuó él.

-No… No por favor- respondió ella, aferrándose a él y comenzando a llorar.

-Me duele muchísimo tener que hacerte esto. Eres una de las damas más maravillosas que he conocido. Pero no te amo de esa forma-

-¿Por qué no? No lo entiendo ¿Hay algo de malo conmigo?- inquirió en medio de sus lágrimas.

-No claro que no. Tú eres perfecta tal como eres. Es solo que… Hay alguien más- respondió Spike, no queriendo revelar la identidad de su amante.

Luna al escuchar eso se apartó de Spike y lo miró con incredulidad.

-No puede ser... ¿Cómo puede ser? ¡¿Cómo puedes hacerme esto?!- demandó.

-¿Luna?-

-Te admití en mis aposentos. ¡En mi cama! Te compartí mis anhelos, mi tiempo, mi afecto, mis temores y mis vergüenzas. Me posé ante ti como un libro abierto ¿¡Y para qué?! ¡Para que te enamoraras de otra y ni siquiera tuvieras la gracia de decírmelo!- gritó ahora completamente molesta.

Spike se quedó mirando a Luna anonadado. Como herido, al saber que ella tenía la razón.

-No puedo creerlo. Todo el tiempo que pasamos juntos. Todas las cosas que hemos compartido… ¿Y resulta que hay alguien más? ¿Cómo Spike?... ¿Cómo pasó? ¿Cómo fue que lo eché a perder?- preguntó, volviendo a sumergirse en la tristeza.

-Luna tu no tuviste la culpa de nada. Tu res maravillosa- intentó consolarla.

-Pero no lo suficiente, al parecer- replicó.

-Dime por qué me mentiste. Dime por qué no me lo habías dicho. Si realmente soy tan sensacional… Si realmente significo tanto para ti, dime por qué no me contaste sobre ti y tu nuevo amor-

Luna ya no le reclamaba, le suplicaba. Spike intentó hablar, pero se topó con un gran nudo en su garganta.

-No cambiaría nada- respondió Spike, desviando la mirada de los ojos de la princesa.

Se formó un silencio sepulcral en la habitación.

-¿Es mi hermana?- inquirió Luna.

A Spike se le congeló la sangre al escuchar la pregunta.

-¿Es ella verdad?-

-… No…- respondió Spike.

Luna lo miró unos instantes. Cerró los ojos y se mordió el labio inferior con fuerza.

-Mientes- musitó.

Elevó la vista hacia el dragón, con ojos llenos de lágrimas de rabia.

-Mentiroso… Mentiroso… ¡Mentiroso! ¡Mentiroso, mentiroso! ¡MENTIROSO!-

Luna corrió hasta donde estaba Spike y comenzó a golpearlo en el pecho con sus cascos delanteros. Spike no se defendió, aunque si retrocedió hasta que su espalda chocó contra la pared. Después de eso dejó que Luna no golpeara a placer, mientras seguía llamándolo mentiroso.

-¡¿Princesa Luna, qué sucede?!- preguntó el líder de un trío de guardias que habían escuchado los gritos de la princesa.

-¡LARGO!- gritó Luna con suficiente fuerza, como para hacer que los guardias rodaran en reversa por el aire desplazado por la voz de la princesa.

Selló la puerta con sus poderes y puso una barrera. Luego se volteó a ver a Spike. Sus ojos llenos de odio e ira. Pero tras unos momentos de ver directamente el dragón, su respiración se quebró y estalló en llanto, abrazando al dragón. Spike suspiró y abrazó a la princesa.

Así permanecieron un largo rato. Luna llorando y temblando en los brazos de Spike. Él tan solo la abrazaba, mientras se sentía como el peor amigo del mundo. Finalmente después de lo que pareció ser una eternidad el llanto de Luna llegó a su fin y se separó de Spike.

-¿No es mi hermana cierto?- musitó Luna, sin ver a Spike a los ojos.

-No, no lo es- mentirle ahora hacía que Spike se sintiera como el tipo más despreciable de toda Equestria, pero sabía que nada bueno saldría de decirle a Luna la verdad, dadas las circunstancias.

-Está bien. Te creeré. Pero más te vale que sea cierto ¿Me oíste?- dijo, casi amenazante.

-S-sí-

-Ahora… Ya lárguese Capitán. No deseo verlo más- dijo muy fríamente, dándole la espalda y yendo hacia su escritorio.

-Luna por favor…-

-¡DIJE LARGO!- grito, volteando a verlo llena de desprecio.

Spike quedó anonadado. No quería dejar las cosas así. Pero la situación era más grande que él y decidió mejor retirarse.

-Sí princesa Luna- dijo Spike, saliendo del estudio, poco después.


Había un incómodo silencio en los aposentos de la princesa del sol. Había traido una botella de champaña y unas cuantas y finas botanas. Y había ensayado barias veces qué las cosas que quería confesarle a Spike antes de su partida mañana por la mañana. Pero desde el momento en que él entró en la habitación y le contó de lo que había pasado con Luna esa tarde, Celestia parecería haber olvidado todo lo que tenía en mente.

-¿Está podría ser nuestra última noche juntos, cierto?- finalmente habló Spike.

Celestia esperó unos momentos, antes de responder.

-Sí-

-¿Es así como lo vamos a pasar? ¿Recostados en la colchoneta frente a la fogata sin decir nada?- cuestionó Spike.

-No. Hay tantas cosas que quiero decirte. Pero no sé ni por dónde empezar- dijo Celestia, claramente avergonzada.

Spike suspiró.

-Entonces empezaré yo. Sé que probablemente pienses que estuve solo todos estos años desde que Twilight falleció. De ser así estarías equivocada- dijo Spike.

-Espera. ¿Me estás diciendo que estuviste e una relación con alguien en estos años y no me lo dijiste nunca?- djo Celestia, sorprendida.

-Sipi- respondió inocentemente el dragón.

-¿Y… Con quién?-

-Chrysalis-

Los ojos de Celestia se expandieron cómicamente y tras unos momentos de silencio, soltó una pequeña risa.

-Buena esa Spike. Sé que tú y ella son buenos amigos ¿Pero amantes? ¡Jajaja! Adoro tu sentido del humor cariño-

Spike permaneció mirándola con seria expresión.

-Ho santa Gaia, hablas en serio ¿Verdad?-

-No tienes idea-

Celestia balbuceó unos momentos tratando de comprender lo que acababa de escuchar, antes de poder formular ua oración coherente.

-¿Cuándo pasó?-

-Empezó en el 88 aniversario del Amanecer Dorado-

-S-sí ya recuerdo. Chrysalis nos visitó esa ocasión. No se sentía bien, así que tú la llevaste a su habitación…-

-Una cosa llevó a la otra…- dijo Spike, no queriendo entrar en detalles. Celestia NO quería saber los detalles.

-¿Tres años entonces?- cuestionó ella, muy incómoda.

-En realidad los primeros dos y cacho fue… Complicado. Yo quería formalizar las cosas, hacerlo público y todo. Pero ella nunca lo aceptó. Temía la tensión internacional que podría causar y no quería que la derrocaran de su trono una segunda vez. Pero siempre dijo que en otras circunstancias nos habríamos casado seguro- Spike sonrió, volteando a ver el fuego con cara risueña.

-¿Tú la amas?- se atrevió a preguntar Celestia.

Spike puso una seria expresión y miró a la princesa.

-No sabes cuánto. Y ella me amaba a mí. Pero la genética maldijo nuestro amor. De haberme emparejado con ella en una relación en la que nos viéramos a diario, y en que ella se alimentara de mi a diario, poco a poco me habría succionado la vida, como hizo con Shinning Armor-

-Entonces… ¿Normalmente cada cuanto se veían?- inquirió confundida Celestia.

-No muy seguido en realidad. Procurábamos vernos al menos una vez al mes. Pero a veces teníamos que esperar hasta dos o tres meses para volver a vernos. Claro que además aprovechábamos cada viaje que hiciéramos a la tierra del otro por cuestiones de nuestros trabajos. Y pasaríamos la noche juntos-

Celestia parecía incómoda. No era que estuviera molesta. Simplemente que no se explicaba como jamás notó que Spike y Chrysalis tenían algo entre ellos. Y enterarse de todo eso aquella noche, que probablemente sería la última que compartiría con él, no era precisamente agradable.

-T-tú y ella… Y-ya sabes. ¿Alguna vez?- Celestia chocaba sus cascos nerviosamente, sin poder terminar la pregunta.

-¿Hicimos el amor? Sí. Casi todas las noches que estuvimos juntos- dijo, sin vergüenza.

Celestia se puso roja como un tomate. Se llenó su copa de champaña y dio un par de sorbos. Spike la miró en silencio con cómica expresión. Celestia se talló la sien con su casco derecho y suspiró.

-Muy bien. Muy bien. Supongo que… Debí saber que no había forma de que te mantuvieras soltero todos estos años, hasta la llegada de nuestra relación. Pero me hubiera gustado que me lo dijeras. Digo... Yo jamás me habría interpuesto entre ustedes- dijo, haciéndole ver a Spike que no estaba molesta ni ofendida.

-Lo sé. Pero ella prefirió dejar las cosas así. Que sería más fácil y en retrospectiva creo que tuvo razón. Pero sentí que ahora que estamos juntos, era algo que debías saber-

Hubo un momento de silencio. Spike quería dejar a Celestia guiar la conversación.

-El viaje que hiciste cuando saliste del hospital luego de nuestras vacaciones… ¿Fue para terminar con ella verdad?-

-Ya te lo dije. Nunca formalizamos nuestra relación. Pero sí, fue para ponerle fin-

-Pero tú la amabas. Y ella a ti. Dejaste eso… ¿Por mí?- inquirió, viéndolo a los ojos.

Spike extendió su mano hacia el rostro de Celestia y acarició su mejilla.

-Ya era hora de amarte como siempre estuve destinado a hacerlo- musitó suavemente.

Celestia extendió sus alas y se disparó a si misma contra Spike, derribándolo y quedando encima de él. Sin darle cuenta de recuperarse de la conmoción, Celestia buscó la boca de Spike y reclamó sus labios apasionadamente. Spike respondió con el mismo ímpetu. Cuando el beso terminó ambos sonreían ampliamente. Pero luego de unos instantes, la sonrisa de Celestia se desvaneció.

-También tengo una confesión que hacerte, mi amor- dijo, bajando del cuerpo de Spike y de regreso a la colchoneta, para sentarse frente a la fogata.

Spike se incorporó y se sentó junto a su princesa.

-¿De qué se trata?-

-… Debo confesar… Que no eres el primer dragón con quien he tenido un romance- confesó avergonzada.

Spike quedó sin palabras. Sabía desde hace ya muchos años que Celestia había tenido una relación en los años mozos de Equestria. Pero nunca le había contado de haber tenido un amante dragón antes que él.

-… ¿Ragnarok?- preguntó Spike.

-¿¡Qué?! ¡No, qué horror! ¿Cómo se te ocurre?- preguntó Celestia.

-Bueno, es que recuerdo que cuando recién lo conocí te coqueteaba mucho- se explicó Spike.

-No me lo recuerdes. Pero no, no fue él. Pero sí fue con alguien de la realeza-

-¿Qué quieres decir?-

Celestia aspiró aire profundamente y dio un largo suspiro con pesadumbre.

-¿Recuerdas que tú y Twilight no fueron la primer pareja dragón/poni de la historia?-

-Sí claro. La primera pareja fue en realidad el príncipe Fafner, tío abuelo de Ragna. Él nos contó la historia y luego tú nos la aclaraste-

-Sí, pero nunca les dije la verdad respecto quién era la poni que acompañó a Fafner- dijo avergonzada, sin voltear a ver a Spike.

Spike finalmente comprendió el motivo de tanta secrecía y del desagrado con el que la princesa siempre trataba la historia.

-Eras tú. Tú fuiste la novia de Fafner- dijo Spike.

-No…- musitó Celestia.

-Yo jamás lo amé. Y él jamás me amó a mí. Era joven e inocente. Mentiras, engaño, trampas… Yo no sabía nada de eso. Fafner no se parecía a nadie que yo hubiera conocido en Jerusalem. Era impredecible, espontáneo, tan… Fui seducida. Seducida por su naturaleza tan desconocida para mí y las bellas promesas y palabras con las que llenó mi cabeza. Pero eran solo eso, palabras. Pero fue suficiente para abandonar a mi pueblo y hasta mi propia hermana para seguirlo. La culpa por mi debilidad y egoísmo aún me persigue hasta estos días. Fui tan estúpida por creer en él. Por creer que lo que yo sentía por él era amor…-

Spike quedó en silencio, analizando lo que la princesa le había dicho.

-¿Twilight sabía de esto?-

Celestia negó con la cabeza.

-No… Nunca se lo dije ni a mi propia niña. Ni siquiera a ella o a ti. Perdónenme- suplicó, mirándolo con ojos llorosos.

Spike abrazó a Celestia y la dejó recargarse en él.

-No hacía falta que lo supiéramos. Y ahora que lo sé no ha cambiado lo que pienso de ti. Ni lo que siento tampoco- susurró Spike, cariñosamente.

-Creo que… Inconscientemente era por eso que no quería darle riendas sueltas a nuestra relación. Creo que era por eso que tenía miedo- confesó, aún más avergonzada.

Spike la tomó por el mentón y la hizo verle a los ojos.

-Yo jamás te haría daño-

-Lo sé. Perdóname mi amor-

-No hay nada que perdonar- respondió Spike, besándola después.

Luego del beso, Celestia se acurrucó junto a él y Spike la envolvió en sus alas.

-No hay nada que pueda hacer para que desistas de irte a la guerra mañana. ¿Verdad?-

-No-

Celestia suspiró.

-Lo siento- se disculpó Spike.

-No, yo lo hago. De no haber sido tan cobarde y haber revelado lo nuestro hace semanas tendría una excusa pare evitar que te fueras. Pero ahora el país ya tiene suficientes cosas de las qué preocuparse como para que les arrojemos esto encima-

-No temas. Yo no moriré- dijo Spike solemnemente.

Celestia sonrió.

-Y yo creo ciegamente que así será- respondió, besándolo de nuevo.

-Pero sea o no el caso…-

Celestia se apartó de Spike. Se levantó. Caminó en dirección a su cama, meneando los flancos con sensualidad y desprendiéndose de su corona, collar y zapatillas en el trayecto. Se recostó en su cama sobre su vientre, girando para quedar de perfil frente al dragón.

-Ven mi amor. Hagamos de esta una noche que ambos recordemos por siempre- dijo, seductoramente.

Spike no se hizo de rogar. Se levantó y subió a la cama. Celestia se sentó para recibirlo.

-¿Es esto lo que en verdad deseas?- preguntó Spike, queriendo estar seguro de que Celestia no hacia aquello solo por darle gusto a él.

-Con cada fibra de mi ser- respondió, besándolo en los labios.

Spike respondió con gusto. Comenzaron besándose profunda y suavemente, masajeando sus labios unos contra otros. Celestia lentamente llevó sus cascos detrás del cuello de Spike y comenzó a besarlo con mayor pasión. Spike comenzó a hacerlo igual, al mismo tiempo que llevó sus manos a la espalda de ella, bajo sus alas. Él jamás podría cansarse del sabor de su boca, y ella jamás podría cansarse de la firmeza de sus labios.

De pronto Spike tomó a la princesa por las axilas y la atrajo más cerca de él, haciéndola sentarse a horcajadas sobre su regazo. El repentino movimiento logró asustar a Celestia, haciéndole romper la cadena de besos.

-Perdón- dijo él.

No lo lamentaba en realidad.

-No te preocupes amor, lo quesea que quieras hacer, hazlo- dijo ella con una lujuriosa sonrisa, volviéndolo a besar.

La pasión siguió creciendo y pronto ambos amantes dieron entrada a la lengua del otro en sus bocas. Celestia dejó a la lengua de Spike explorar su boca y enroscarse alrededor de su lengua, dando suspiros de placer. No tenía intenciones de quedarse atrás en la creciente batalla de lenguas. Pero dado que ser princesa y semi diosa tenía sus consecuencias hasta en la cama, Celestia no tenía intenciones de poner a prueba la iniciativa de Spike. Deseaba saber lo que era estar del otro lado, y dejar a su pareja tomar las riendas de la situación… No demasiado claro.

Fuera de la batalla de lenguas, Spike empezó a masajear la base de las alas de la princesa y su espalda. Los suspiros de Celestia pronto se convirtieron en suaves gemidos de placer, mientras ella trataba de ir a la par con él, masajeando su espalda con sus cascos. Algo entonces logró perturbar a Celestia. Y decidió que debía hacérselo saber a su pareja.

-Sdie- claro que no es fácil hablar cuando tu amante te está mordiendo la lengua.

-Spide espea- dijo Celestia, apartando su rostro del dragón.

Este puso alto a sus besos y caricias.

-¿Qué sucede?- inquirió confundido.

-Amor… Con mis cascos no soy ni de ser capaz de volcar el ti placer como el que tu liberas en mi con tus mágicas manos. ¿Quisieras que yo… Me transformara en dragona? Así podría acariciarte como tú a mí- dijo tímidamente.

Celestia jamás se mostraba tímida. No de esta forma al menos. A Spike le encantaba.

-Celestia ¿Es esta nuestra última noche juntos?- cuestionó Spike.

-Puede que lo sea-

-¿Y cómo quieres pasarla?-

Celestia se confundió con la pregunta.

-Quiero tener la noche más maravillosa de mi vida al lado del dragón que amo- respondió.

-Y yo quiero estar junto a la alicornio que tanto amo. La ALICORNIO. ¿Entiendes? Esta noche quiero estar contigo y nadie más. El amor que siento por ti será más excitante que cualquier par de manos o cualquier otra extremidad o apéndice puedan llegar a ofrecer- dijo, seductoramente.

Tomó a la princesa por el mentón y volvió a besarla. Celestia ya no se preocupó por lo de los cascos. Se entregó al dragón y lo empujó para recostarse sobre la cama, mientras introducía su lengua en la boca de él. Celestia extendió sus alas y las usó para aplanar las alas de Spike contra la cama. Luego comenzó a mover sus alas suavemente de arriba hacia abajo, dejando que sus plumas acariciaran las alas de Spike. Este tipo de caricia en realidad estaba previsto para hacerse en compañía de una pareja que también tuviera plumas en sus alas. Pero a Celestia no le importó. Además, Spike parecía estarlo disfrutando.

Spike comenzó a explorar el cuerpo de su amada. Detallando con la punta de sus garras cada minúscula curva del suculento cuerpo de Celestia. Su pecho, su abdomen, su espalda… Celestia suspiraba de placer al sentir las filosas garras de su dragón pasearse por los rincones de todo su ser. Spike aprovechó el rompimiento de los besos para morder suavemente el cuello de Celestia y proseguir a darle múltiples lamidas.

-Ho mi amor- suspiró ella.

-Nunca escribí de ti en mi diario de secretos. Pero en más de alguna vez soñé en cómo sería tenerte así, solo para mí- susurró Spike.

-Ahora me tienes amor. Soy tuya, soy tuya eternamente- respondió ella, volviéndolo a besar y cargar todo su cuerpo contra el suyo, pudiendo así sentir los trabajados músculos de su pecho y abdomen. Además de la única sensación del tacto de las suaves escamas de su vientre.

Celesta entonó un fuerte jadeo de placer al sentir sus flancos ser apretados firmemente por las manos de Spike.

-Con que así se sienten los soles de su majestad- dijo Spike.

-¿Le gusta la sensación capitán?- emulando su tono.

-Demasiado- dijo, al tiempo que masajeaba y exprimía los voluptuosos encantos de la princesa.

Celestia sabía que sus flancos eran la envidia de básicamente todas las yeguas, así como parte íntegra de las fantasías de la mayoría, si no es que todos los corceles (y algunos dragones) de Equestria. Estaba feliz de que Spike no tendría que limitarse a una simple fantasía nunca más. Decidió devolverle a Spike el favor, pero de forma que las cosas se aceleraran más hacia el evento principal. El miembro de Spike ya se había asomado hacia el exterior hacia unos instantes. Celestia lo había notado al sentirlo entre sus muslos mientras se movía sobre el cuerpo de Spike. El dragón jadeó al sentir su masculinidad ser envuelta por una inconfundible textura que lo rodeó por completo.

-Si por mí fuera podríamos entretenernos en el juego previo otra media hora. Pero por desgracia la noche no va a durar para siempre- dijo Celestia.

-Así que espero no te moleste si acelero un poco las cosas- dijo, sonriendo maliciosa.

Spike instantáneamente sintió la envoltura que rodeaba su miembro comenzar a masajearlo en toda su extensión. Spike miró por sobre la espalda de Celestia, notando que el capullo que envolvía su masculinidad no era otra cosa que la cola de Celestia, envuelta a su alrededor.

-¿Te gusta cariño? Algunos lo llamarían pervertido. Yo lo llamo hacer buen uso de los dones que la genética nos ha dado- dijo orgullosamente, mientras movía su cola como si tratara de ordeñar a Spike.

-Te doy toda la razón, mi diosa- dijo Spike, acercando su rostro al de Celestia y topando sus frentes.

-Pero no puedo dejar que solo yo me divierta-

Celestia no tuvo tiempo para razonar las palabras de Spike, pues pronto sintió algo helado y húmedo pasarse alrededor de su propia sexualidad. Esto le provocó un suave grito de placer.

-S-Spike ¿Qué fue eso?- preguntó confundida, notando que la lengua de Spike se había extendido muy lejos de su boca.

-Yo haciendo uso de MÍS dones dados por la genética- dijo, sonriente.

-Ahora veamos quien logra hacer que el otro se corra primero- propuso, malicioso.

Spike introdujo su lengua sin previo aviso en el interior de la flor de Celestia, haciéndola dar otro grito.

-También me había preguntado a qué sabría el elixir de tu amor. Es mejor de lo que jamás imaginé- decía Spike mientras paseaba su lengua de arriba abajo en el interior de Celestia, causándole suficiente placer como para que ella perdiera la concentración en el agarre de su cola.

-S-Spike, espera… Cariño e-espera- dijo, Celestia, aleteando para alejarse de él.

-No es que no me guste lo que estás haciendo. Pero en verdad quiero que pasemos al evento principal-

Se alejó lo suficiente de él como para pararse en sus cuatro patas sobre la cama dándole la espalda. Celestia giró su cabeza hacia Spike y movió la cola para que el dragón tuviera una vista completa de su humedecida feminidad.

-¿La quieres?-

Casi babeando, Spike ascendió con la cabeza.

-¡Pues ven por ella!- retó, agitando el trasero.

Spike se irguió y en un veloz movimiento fue hasta donde Celestia, plantando un fuerte beso sobre la feminidad de Celestia. Entre sorprendida y extasiada, Celestia volvió a gritar. Luego del beso, Spike extendió su lengua sobre la nalga izquierda de Celestia y fue lamiendo todo su cuerpo hasta llegar a la nunca de la princesa. La tomó por los flancos firmemente para tomar su posición final.

-¿Lista Celestia?- inquirió Spike.

-Fundámonos en un solo ser, mi rey- dijo ella.

Spike mordió la oreja derecha de la princesa y suavemente comenzó a entrar en ella. Celestia jadeó profundamente, saboreando la inigualable sensación de la primera penetración. Finalmente estaba pasando. Él y Spike se habían vuelto uno. Tras suculentos y eternos instantes, la entrepierna de Spike chocó contra las nalgas de Celestia.

-Hazlo amor. ¡Hazme toda tuya! ¡Hazlo ya por favor, ya no resisto!- comenzó a gritar Celestia.

Menos mal que había puesto una barrera de sonido antes de comenzar.

Spike no se hizo de rogar y comenzó inmediatamente con su labor de hacer sus caderas hacia adelante y atrás. Celestia sonrió entre sus jadeos y el éxtasis. Spike le estaba haciendo el amor. Spike le hacia el amor y ella se lo hacía a él. Había pasado milenios desde que estuvo con un dragón. Se sentía tan diferente, tan grande, tan bien… ¡No! ¿Qué estaba diciendo? El que fuera dragón era una circunstancia secundaria. Se sentía bien porque era Spike. Porque él era el amor de su vida. El amor que siempre esperó conocer. ¡Sí! ¡Se sentía de maravilla porque era Spike!

Spike en su mente pensaba lo mismo. El placer del interior del cuerpo de la princesa era más abrumador que nada que hubiera podido soñar. Tendría que tener cuidado o de lo contrario podría acabar perdidamente adicto al cuerpo de Celestia. Tal pensamiento lo excitaba aún más.

No pasa mucho tiempo antes de que los cuerpos de ambos amantes comiencen a arder de pasión. Celestia tomaba fuertes bocanadas de aire, seguidas de fuertes gemidos de placer que solo excitaban más y más a Spike. Así como Spike martillaba su entrepierna contra ella, Celestia arqueaba su espalda y lanzaba sus flancos contra el dragón para que con cada estocada llegara más y más profundo.

Ella tenía otro haz bajo la manga. Haciendo fuerza y con sus muchos siglos de experiencia, Celestia logró hacer que las paredes del interior de su flor se contrajeran y masajearan la espada de carne que perfora su interior. Sus músculos internos de movían y retorcían para amplificar la estimulación en el dragón. Pronto vio sus esfuerzos recompensados al sentir al dragón casi sacudirla mientras la penetraba. Además de que sus gemidos de placer se volvieron más audibles.

Los gemidos de placer se convirtieron muy pronto en gritos de éxtasis y euforia.

-¡Sí, sí! ¡Más fuerte Spike! ¡Hazme tuya! ¡Golpea todas las paredes!- gritaba Celestia, perdida en la lujuria con su lengua colgando fuera de su boca.

Spike responde positivamente y redobla sus esfuerzos con un fervor que sorprende a Celestia. Sus piernas traseras comienzan a temblar demasiado y se vuelve deber de Spike que ella logre seguir de pie. Ella sabe que Spike tampoco resistirá mucho más. Siente como su palpitante miembro se estremece dentro de ella, y si sus gruñidos de macho alfa son alguna indicación, va tener un gran orgasmo. Celestia se muerte el labio inferior e intenta contener su propio orgasmo para esperar a su pareja.

En cuestión de minutos el calor y el placer en la princesa se vuelven demasiado abrumadores, ya no puede aguantar más. Necesita correrse y necesita hacerlo ya. Afortunadamente para ella, las embestidas de Spike de pronto se vuelven aún más erráticas y violentas. El dragón empieza a hiperventilar.

-¡Celestia!- grita él, haciéndole saber que el momento llegó.

-¡Hazlo Spike! ¡Dámelo, dámelo ahora!- responde ella, que igual que él no puede esperar más.

Spike abraza a la princesa por la espalda y se clava en ella, llegando más profundo de lo que nadie nunca llegó. Ruge salvajemente al tiempo que si espada se tensa y libera una gran carga del líquido que la princesa tanto anhelaba recibir. Celestia logra alcanzar el climax al sentir la ardiente semilla de su amante, por fin en el interior de su cuerpo. Ella puede sentirlo todo. Cada espasmo, cada gota, cada pequeño empuje que Spike da cuando libera otra carga de todo el líquido acumulado en su interior, por no haber tenido sexo en los últimos dos meses. Spike también puede sentir los espasmos y contracciones de Celestia, lo que sigue estimulándolo aún en medio de su orgasmo. Ambos están perdidos en una espiral de placer que parece no tener fin. Pero desafortunadamente la vida no es tan bella y en efecto el orgasmo finalmente llega a su fin.

Las piernas de Celestia ya no pueden sostenerla más. Se desploma sobre la cama, haciendo que Spike salga de ella en el proceso. Celestia cierra los ojos mientras jadea profundamente, dejándose hundir en las sensaciones de la euforia post orgasmo. No pasa mucho tiempo antes de sentir los brazos del dragón tomarla por la cintura y guiándola a un cálido y sudado abrazo. Celestia abre los ojos justo a tiempo para ver a su novio tratar de besarla. Ella acepta el gesto y lo besa apasionadamente, respirando por la nariz para no ahogarse.

Cuando el beso termina ambos se recuestan lateralmente sobre la cama, mirándose frente a frente mientras recuperan el aliento. Jamás dejando de sonreír.

-Nadie nunca me hizo vibrar así- confesó Celestia.

-Sé que ninguna mortal será capaz de hacerme vibrar como lo has hecho tú- respondió Spike.

Celestia sonrió orgullosamente.

-Menos mal. Después de todo, ahora eres mío y solo mío. Mi dragón ardiente-

-Por toda la eternidad- dio él su aprobación, topando su frente con la de ella.

-¿Listo para el round dos? La noche aún es joven-

-No necesitas repetirlo, mi princesa- respondió Spike, tomándola por la cintura para hacerla sentarse sobre su vientre.

Siguieron haciendo el amor todo lo que pudieron. Tratando de olvidar los secretos, las mentiras, las conspiraciones y la guerra. Y afortunadamente para ambos, resultó. Equestria, el mundo, el tiempo y el espacio. Todo se disolvió en la nada. Solo existían ellos y su amor. Amor que siguieron reafirmando y fortaleciendo en todas las formas que pudieron. Hasta que finalmente sus cuerpos se negaron a continuar con aquél mágico ritual.

Celestia se desplomó sobre la destrozada cama, con Spike cayendo encima de ella. Aunque logró apoyarse en sus codos a tiempo para no aplastar a la princesa.

-Ven aquí tesoro- dijo ella, rodeándolo por la espalda y haciéndolo recostarse encima de ella, tal y como ella siempre se recostaba encima de él.

-Tú siempre me dejas usarte de colchón. Esta vez dejaré que tú me uses a mí- dijo alegremente, tallándole el cuello con su casco derecho.

Spike no se resistió y aspiró profundamente el aroma de Celestia. No podía creerlo. Aún bañada en sudor, saliva y fluidos sexuales, Celestia seguía oliendo como a un jardín de flores que le hacían pensar que él estaba en el paraíso. Un solo destello del cuerno de Celestia y todas las evidencias externas de lo que había ocurrido esa noche desaparecieron. Los fluidos desaparecieron, las almohadas y los tendidos volvieron a su lugar. La lámpara de mesa volvió a donde pertenecía y sin estar rota. Las cortinas caidas volvieron a sus sitios. Todo, hasta los cuerpos de los dos amantes quedaron totalmente limpios. Aunque Celestia aún tenía impresa en la piel las garras de Spike.

-Ahora observa mi amor y dime si te gusta-

Spike notó como tanto la cola como la cabellera se expandieron formando un manto místico que cubrió la cama y a ambos amantes como un cobertor viviente. Spike se dejó envolver por el manto, su aroma y textura. Describiéndolo simplemente como una sábana mágica.

-Quería guardar esto para la noche de bodas pero…- Celestia no terminó la frase. No quería arruinar la noche con ideas que pudieras entristecerlos a ambos.

-Te lo agradezco mi amor. Esto es increíble- dijo Spike besándola dulcemente en la mejilla.

-Todo en esta noche ha sido perfecto. En verdad es una noche que jamás olvidaré-

Pequeñas lágrimas de alegría escaparon de los ojos de Celestia.

-Gracias tesoro. Esta fue la mejor noche de mi vida. Y aunque no fuiste mi primera vez, desde hoy pensaré siempre en esta como la primera vez en que nadie nunca me hizo el amor- dijo Celestia.

Se abrazaron afectuosamente quedando acurrucados estrechamente uno contra el otro.

-Buenas noches Celestia. Mi ángel del amanecer-

Spike despierta horas más tarde con un enorme deseo de quedarse exactamente dónde está y no moverse nunca. Pronto entiende porqué. Celestia duerme sobre a él, abrazándolo celosamente, con sus colas enroscadas en espiral. ¿Cuándo fue que acabaron a sí? ¿Qué no había sido él, quien acabó durmiendo encima de ella? No tiene tiempo para razonarlo, debe salir e ir a prepararse.

-Celestia… Celestia mi amor- susurra Spike para despertar a la princesa.

Celestia solo balbucea algo incomprensible entre dientes y sigue dormida.

-Celestia despierta… Me tengo que ir-

Celestia vuelve a balbucear, esta vez en un tono más alto y reafirma su abrazo con el que se sostiene de Spike. El dragón suspira y pone ambas manos en los hombros de la princesa.

-Celestia por favor. Sé que estas despierta, no hagas esto-

La princesa no responde. Pero Spike logra sentir sus cálidas lágrimas caer de sus ojos, al pecho de él. –

-No te enfades- musita ella.

-No sería capaz. Pero debo irme- insiste el dragón.

-No, no lo hagas. Las compañías se marcharán junto con las fuerzas de Ragnarok cuando lleguen a la ciudad. Eso pasará al medio día. Quédate un poco más por favor. Por lo menos hasta el alba. Por favor, este momento no volverá nosotros nunca. Quédate solo un poco más- suplicó la princesa.

Spike no era capaz de negarse.

-Está bien Celestia- dijo Spike, volviendo a dejar su cabeza caer sobre la almohada.

Celestia se incorporó para poder alcanzar su rostro y besarlo en los labios. Libre del mal aliento matinal, el beso de Celestia era como un suave rocío de la mañana.

-Gracias amor- dijo, volviéndose a acurrucar en su pecho.

-Por nada, ángel- dijo él, acariciando sus cabellos.

Él no quería dejarla. Y ella deseaba con todas sus fuerzas que ambos pudieran quedarse ahí para siempre. Pero una vez más, el tiempo estaba en su contra y llegó la hora de que Spike se marchara.

-¿Qué será de nuestro final feliz?- dijo ella con vista baja, luego de llevar al dragón a su casa.

Spike miró a su amada princesa. La tomó por el mentón y la hizo mirarlo a los ojos.

-Cuando regrese, lo primero que haré será convertirse en mi esposa. Luego vamos a hacer el amor hasta quedar en estado de coma inducido por éxtasis. Y después vamos a escribir nuestro "Y vivieron felices para siempre" con cada día que pasemos juntos-

Celestia sonrió.

-Me gusta ese plan-

Spike se acercó y se besaron amorosamente.

-Si ya no nos vemos antes de que parta… No importa lo que me pase. Recuerda siempre que te amo. Y sin importar donde esté siempre lo haré, mi ángel del amanecer-

Celestia usó todas sus fuerzas para no romper en llanto ahí mismo.

-Te veré todas las noches en mis sueños mi amor. No tardes. Te estaré esperando- dijo ella volviendo al palacio.

Spike suspiró con tristeza al verla marchar. Tan pronto como Celestia reapareció en su habitación, clavó el rostro en sus almohadas y se echó a llorar desconsoladamente.

-Vuelve a mi Spike. En victoria o derrota, no importa. Pero regresa a mi sano y salvo- suplico la princesa en silencio.


Uff! El capítulo más largo de la historia hasta ahora. Y también la escena de sexo más larga que he escrito. O al menos eso creo. Espero que la disfrutaran, ya que tantos la habían estado esperando. Sé que yo disfruté hacerla.

Y con esto ya en el próximo capítulo nos vamos a la guerra. Y Dios me guíe para que no dure más de tres capítulos. Y no, este no es el puto final del romance con Luna. Eso está muy lejos de acabar y tendrán su pelea de hermanas que tanto quieren. Eso se los puedo asegurar. A no ser claro que me muera o algo y ya no termine esta historia. Esperemos que no.

Dejen sus reviews y nos vemos en la próxima.