CAPÍTULO 15

Sombras nada más

-¿Por qué no está abajo con sus subordinados celebrando Excelencia?- preguntó Elyzabeth al dragón que apenas hace unas horas había puesto fin a la vida de su padre.

-Festejaré cuando esté de vuelta en mi palacio respondió serenamente mientras miraba directamente al sol en el horizonte a través del agujero en la pared que el propio Mefisto había hecho en los muros del castillo esa misma madrugada.

-Además, ya le he quitado demasiado a tu padre como para tener el descaro de asaltar su reserva privada de vinos y licores- bromeó.

-Dondequiera que mi padre se encuentre ahora, estoy segura de que tiene cosas más importantes de qué preocuparse- respondió ella.

-Cuento con ello- coincidió malévolamente.

Elyzabeth, protegida por los muros del castillo, quedó en silencio mirando el dragón que seguía con la vista puesta en el horizonte.

-Excelencia, ¿En qué piensa?- preguntó suavemente como si temiera interrumpir las meditaciones del dragón.

-Recuerdo un poema de Lord Izanagi, escrito como reflexión de su triunfo en la guerra del Génesis

Éramos ricos en recuerdos.

Habíamos roto la apariencia superficial de las cosas.

Sufrimos, pasamos hambre y triunfamos.

Estábamos de rodillas y aún así alcanzamos la gloria,

Que se hizo más sublime en aquella inmensidad.

Habíamos visto a Dios en toda su grandeza y escuchado lo que la naturaleza dicta.

Habíamos desnudad el alma misma.

Me enorgullece que ahora sé al fin de lo que quiso decir. Que finalmente he renacido forjado en victoria. Pero también pienso en lo que implicaesa victoria- suspiró pesadamente.

-Y pienso en las consecuencias que me traerá este día. Tanto las que deseo como las que no deseo pero que sé que vendrán. Pienso en que he logrado hacer lo que todo dragón sueña: Batirme en un duelo a muerte con un formidable enemigo que me arrastró hasta los límites de mi voluntad y mí poder. Es por ese medio que he experimentado el estado más puro de éxtasis que puede aspirar a tener un dragón en este o cualquier otro mundo. ¿Pero qué ocurrirá ahora con esta tierra a la que despojé de su gobernante y decenas de miles de sus soldados? Soldados que eran hermanos, padres e hijos para tantos de los que ahora siguen y seguirán viviendo. ¿Qué harán de sus vidas aquellos que sufrieron por mi causa? ¿Cómo me recordará la historia dentro y fuera de las fronteras de los países involucrados? Muchos me verán como un héroe. Una leyenda. Pero la cruda verdad es que lo que hice fue egoísta. Y nadie nunca me verá negarlo. Y por eso no me quejaré cuando las consecuencias de mis actos vengan a rendirme cuentas-

-¿Estoy yo contemplada en esas consecuencias?- preguntó tímidamente.

Ragnarok desvió su vista y la dirigió a la princesa con confusa expresión.

-¿A qué te refieres?-

-Me refiero a que ya no hay nada para mí en este lugar. Mi padre era un vampiro muy machista, como ya se imaginará… Aún con mi extensa educación, se me prohibió recibir la preparación y el adiestramiento necesario para tomar las riendas de este reino si se diera la necesidad. No tengo idea de cómo podría liderar a mi pueblo, muchos menos ayudarlo a recuperarse de esta guerra. Y aunque la tuviera, dudo que mi pueblo me acepte como su nueva reina. No luego de lo que mi familia les ha hecho-

-Lo imagino. Ya eran bastante renuentes de tener que seguir a tu padre-

-Exacto. A pesar de eso, algo me dice que no verán con buenos ojos que me aliara con usted. Aunque le estén agradecidos de haberles dado la oportunidad de reinarse ellos mismos-

-¿Qué harás entonces?-

Ante la interrogante, la vampiresa empezó a tallar sus dedos nerviosamente.

-Yo esperaba que usted… Me llevara consigo a Ikaruga ahora que ya no tiene más enemigos que conquistar en esta tierra-

Ragnarok sonrió complicado y camino lentamente hacia la princesa.

-¿Por qué esperarías eso?-

-Usted… M-me llamó uno de sus tesoros. Y… se supone que un dragón jamás renuncia a sus tesoros. Así que- Elyzabeth dejó de hablar al sentir la mano del rey sobre su mejilla.

-Háblame de lo que realmente sientes- era una orden. Ella lo sabía muy bien.

-Siento…-

Ragnarok la miraba sonriente. La muchacha no tenía pulso. Su pecho se mantenía inerte al no necesitar de respiración. Su piel era fría. Pero sus ojos. Aquellos hermosos ojos magenta le confesaban al dragón todo lo que necesitaba saber.

-¿Acaso no me tienes miedo Elyzabeth?- inquirió el dragón, aplicando con sus garras una pequeña presión sobre la frágil mejilla de la princesa.

-… Tiemblo de terror- musitó ella con la seguridad de que su garganta y boca nunca se habían sentido tan secas.

-Pero al mismo tiempo me siento bienvenida. Me siento acogida por el calor de su cuerpo. Me siento fascinada por su poder. Siento tantas cosas, que creo que mi helado y muerto corazón podría empezar a palpitar…-

La sonrisa de Ragnarok se extendió incluso más.

-¿Sabes lo que es el Síndrome de Estocolmo?-

-… ¿Acaso no le complace los sentimientos que despierta en mí?- preguntó de tal forma que casi podría considerársele un chiste.

Ragnarok rió y borró la distancia entre su sus labios y los de la vampiresa. Sorprendida apenas unos instantes, la princesa arrojó sus abrazos alrededor del cuello del dragón y se derritió en el beso. Pero apenas se disponía a sumergirse en los sentimientos que el toque de labios le provocaba, el dragón terminó el beso.

-¿Dime que es lo que quieres Liz?-

-Yo… Quiero estar contigo- respondió ella posando ambas manos sobre sus mejillas para tratar de guiarlo a otro beso.

-Así será- respondió complacido, volviéndola a besar. Esta vez un beso largo y apasionado.


-¿Quién es un niño precioso? ¿Quién es un niño precioso? ¡Tú! ¡Sí, tú lo eres!-

Luna sostenía al bebe entre sus cascos mientras lo besaba despiadadamente sobre todo su rostro. El infante solo se reía y extendía sus diminutos cascos tratando inútilmente de parar los mimos de su "Tía".

-Luna en verdad tiene madera maternal- dijo Crhysalis divertida del espectáculo expuesto por la princesa de la noche.

-Le fascinan los bebés- respondió Celestia.

Ambas estaban frente a frente en una mesa del té, mientras Luna jugaba con el recién nacido de la Reina Changeling a unos cuantos metros.

Rubedo. Ese era el nombre que la reina había elegido para su pequeño príncipe.

La visita de las alicornios no era una de negocios. Habían ido exclusivamente a conocer al hijo de la reina changelind. De modo que mientras que luna jugaba con el bebé, las otras dos monarcas habían estado hablando de temas referentes al bebé y la maternidad de Chrysalis con un gran grado de familiaridad. Y aunque ninguna lo había dicho, ambas sabían que en cualquier momento esa fachada de que todo estaba bien en el universo se caería. Sintiéndose responsable de la situación de la changeling, Celestia supo que debía ser ella poner el tema sobre la mesa.

-Chrysalis… Tu bebé… ¿Es Spike el padre?- preguntó tan amenamente como le fue posible.

Chrysalis desvió la mirada hacia su hijo sin decir nada. Celestia sabía que sería prudente dejar la pregunta en el aire un momento y dejar que reina respondiera a su tiempo. Pero después de un rato sintió que lo mejor era presionar el tema y poder pasarlo lo antes posible. Después de todo, no quería que Luna fuera incluida en la conversación.

-¿Chrysalis me escuchaste?-

-Claro que te escuché Celestia. ¿En serio necesitas que te responda?-

Celestia abrió la boca para responder, pero ningún sonido se escapó de entre sus labios. No claro que no hace falta. Se dijo. Spike le había contado de cómo él y la reina habían sido amantes por barios años. Para ella que lo sabía era una coincidencia demasiado obvia que apenas unos meses después de que pusieran fin a ese romance la reina de pronto diera a luz a un bebé.

-¿Él lo sabe?-

-No…- respondió cambiando su calmado semblante por uno más triste.

-¿Pero se lo dirás cierto?-

-Celestia por favor. No creerás en serio que le negaré el derecho de conocer a su primogénito- respondió muy ofendida –Aunque no podría culparte si lo creyeras. Después de todo siempre lo he lastimado-

-¿Qué quieres decir?-

Chrysalis suspiró.

-Al principio creí que solo lo hacíamos porque estaba solo y yo curiosa. Luego pensé que había aceptado nuestro convenio simplemente por lo bien que la pasábamos juntos. Pero luego… Él se quedó. A pesar de mis mentiras. A pesar de mi ansiedad por apartarlo cuando él tratara de acercarse. A mi negatividad ante todo lo que estuviera entre las líneas de hacer lo nuestro algo más. Él se quedó a mi lado. Él se enamoró de mí… Y yo de él- Chysarlis suspiró –Y muy tarde me di cuenta de que vivía un hermoso sueño. Un sueño del que tenía pavor de despertar-

Celestia bajó la mirada.

-Y entonces llegué yo y te obligué a despertar-

-Iba a tener que hacerlo tarde o temprano. Y pudo ser peor. Pudo haber terminado porque alguno de los dos lo hecháramos a perder-

-¿Entonces por qué-

-Porque sabía que no podría dejarlo ir. Nunca, jamás podría dejarlo ir completamente. Y en un último arrebato de egoísmo… En esa última noche que estuvimos juntos… Esperé a que se quedara dormido y lancé el hechizo. Para que una parte de él se quedara conmigo eternamente- una única lágrima se escapó del ojo derecho de la reina.

-Pero me bastó verme reflejada en los ojos de Rubedo una sola vez para saber que, sin importar cuán difícil puedan ponerse las cosas, jamás me arrepentiré de haber amado a Spike. Ni mucho menos de haber concebido a nuestro hijo-

-Muchas gracias Chrysalis- musitó Celestia.

-¿Por qué?-

-Por confiarme esto. Y por dejar ir a Spike-

Chrysalis sonrió burlonamente.

-Más te vale hacerlo feliz. O si no iré a Equestria y te patearé el trasero… De nuevo-

-Lo tendré en cuenta- rió Celestia -Por cierto, ¿Por qué Rubedo no tiene rasgos… Híbridos?-

-Un hechizo por supuesto. Ya es bastante malo tener a todo el reino preguntando por la identidad del padre. No quiero imaginar su reacción cuando sepan que es un extranjero de otra especie-

-Chrysalis creo que el bebé tiene hambre- se escuchó la voz de Luna quien finalmente había decidido acercarse a donde estaban las otras dos.

-Por supuesto. Tráelo aquí por favor-

Entonces se presentó un guardia frente al trío de damas.

-Majestades, perdonen la interrupción- dijo haciendo una reverencia.

-¿Qué ocurre soldado?-

-Mi Reina, acabamos de recibir noticias de el Rey Ragnarok. Han ganado la guerra. ¡Él y sus dragones ya van de regreso a Equestria! La guerra terminó-


Nueve días después del fin de la guerra y tras el arribo a Appleloosa, el ejército dragón se separó. Ragnarok y sus soldados tomaron una ruta para ir directamente de regreso a Ikaruga, mientras que los dragones Equestres quedaron bajo órdenes del General Ryujin y Lord Zen para ser guiados a Canterlot.

La ciudad estaba más que preparada para la llegada de los veteranos de guerra. La calle principal se acondicionó para darle a los héroes su merecida bienvenida. La calle principal de Canterlot fue tapizada de decoraciones, danza, comida y música. El rumbo hacia el palacio era un arcoíris de entretenimiento. Y aún así Spike sonrió pensando en qué habría hecho Pinkie Pie de haber sido la encargada de esa celebración.

El ejército siguió avanzando a través de la ciudad hasta llegar hasta las puertas del palacio donde fueron recibidos por las princesas, quienes expresaron su agradecimiento y alegría de ver a sus soldados de vuelta. La celebración en honor a los héroes tomaría lugar hasta la noche del día siguiente. Pues se quería dar a los soldados una noche para poder descansar en paz y reunirse con sus familias y seres queridos.

Luego de más de un mes de ausencia Spike estaba finalmente de regreso en su departamento. Bendijo una vez más a Ragnarok por haber enviado a todos esos escribas para que se encargaran del proceso de dar parte a las autoridades equestres de los eventos ocurridos en el frente de guerra.

Caminó a través de su hogar sin encender las luces. De todos modos solo iría a encerrarse a su cuarto y dormir. Pero al pasar junto a la sala notó que no estaba solo.

-Sal de las sombras Celestia. Ven donde pueda verte- dijo Spike.

Entre la penumbra se encendieron en medio del aire líneas ondulantes que brillaban en versiones pastel de los colores del arcoíris. Una a una las delgadas líneas luminosas fueron tomando la forma de una larga y voluminosa cabellera que ondeaba al viento, la cual terminó por iluminar la figura de una poni.

-Me notaste más pronto de lo que esperaba-

El dragón no respondió al comentario de la poni. Se abalanzó sobre ella como haría cualquier depredador hambriento sobre una presa indefensa. Pero aquella presa en vez de darse vuelta y huir saltó al encuentro de su asechador. Ambos se encontraron en medio del aire desesperados por reencontrarse con la del otro.

Se abrazaron y besaron con pasión. Bebiendo del cáliz de la boca del otro como si fuera el primer sorbo de agua que habían bebido en una eternidad. Para ellos ciertamente había pasado una eternidad desde la última vez se habían estado juntos.

Celestia rodeó la cintura del dragón con sus piernas traseras, quedando encaramada al cuerpo de este. El dragón respondió el gesto llevando sus manos a los carnosos flancos de la poni. Ambos sonrieron aun en medio de sus apasionados besos. Celestia no supo el cómo ni el cuándo, pero pronto se encontró recostada sobre la cama del dragón, con este encima de ella.

Ambos amantes desgastaron la noche ahogándose en la pasión, amor y lujuria que habían estado acumulando el uno por el otro durante más de un mes.

-No creas que volveré a permitir que me hagas esto de nuevo- musitó ella una vez que había recuperado la capacidad de hablar.

-¿Hacerte el amor hasta desfallecer?-

-No tonto. Dejarte ir a jugar a los soldaditos y tenerme en vela cada noche por más de un mes-

Spike rió.

-No tienes de qué preocuparte. No tengo interés de verme en medio de otra situación cercana a la muerte. Además…- Tomó el mentón de la alicornio y la guió a verlo a los ojos –Tengo la intención de pasar el resto de mis días a tu lado-

La apacible expresión que sostenía la poni se volvió de incredulidad al comprender lo que el dragón trataba de decir.

-Spike…-

-¿Quieres casarte conmigo?- la interrumpió.

El tiempo se detuvo. El mundo se fragmentó de vuelta a la nada. Se apagaron todas las luces y en el universo solo quedaron ella, su amado y una única lágrima de alegría guiada por el eco de las palabras de él.

Un dulce y profundo beso fue la única respuesta que ella le dio. Pero era lo único que él necesitaba.


En infinito contraste con la felicidad de la pareja, en lo alto de una de las torres del palacio de Canterlot había un alma que se retorcía de dolor.

La alicornio índigo había destrozado cada pieza de inmobiliaria que había en sus aposentos y ahora yacía en el medio de los restos de su desgarrado colchón. Le dolía todo. El cuerpo, alma. Cada roce sobre su piel. Cada respiración que inhalaba. Sentía ganas de vomitar su cena y todos sus órganos. Los cuales se sentían como pesados bloques de hierro hirviendo que le quemaban las entrañas de adentro hacia afuera.

-¿Cómo es que esto pasó?- se preguntó llena de aflicción y amargura -¿Cómo pudo pasar esto?-

Lo que había visto hace unas horas le había destrozado el corazón. Luego de estar horas en su habitación reuniendo el valor para ir a reunirse con su amado dragón, había ido a encontrarlo a su departamento a manera de sorpresa. Pero fue ella quien se sorprendió al descubrir que su hermana ya se encontraba en la casa con el dragón. No tuvo ni tiempo de maquinar teorías en su mente pues de un momento a otro, como si lo hubieran hecho toda la vida, Spike y Celestia se abrazaban y besaban apasionadamente.

Luna no lo podía creer. Su hermana y el dragón que le había robado el corazón estaban envueltos en un remolino de besos y caricias como si el resto del mundo no existiera. Las lágrimas no tardaron en escaparte a mares de los ojos de Luna. Deseaba, necesitaba escapar de ese lugar y de la visión frente a ella que le provocaba tanto dolor. Pero no podía moverse. Solo podía quedarse ahí asfixiándose de desdicha. Recuperó la movilidad al fin no sino hasta que el dragón llevó a su hermana a la cama y dirigió sus besos rumbo a la entrepierna de ella.

De eso habían pasado un par de horas. Había vuelto a su habitación y en medio de una tormenta de cólera y llanto había destrozado todo cuanto tenía a su alcance. Ahora permanecía inmóvil en medio de la desolada habitación tratando de borrar las imágenes de lo que acababa de ver. Y de suprimir el inaguantable dolor que le provocaban.

-¿Cómo pudiste hacerme esto Spike? ¿Cómo has podido hacerme esto Celestia? Yo que tanto confiaba en ustedes. Yo que tanto los amo. ¿Cómo han podido lastimarme tanto?- se lamentaba en silencio.

Siguió llorando en silencio sumergiéndose más y más en su aflicción. La obscuridad la envolvió. Desaparecieron los muros del palacio que formaban su habitación. Desaparecieron los restos de los muebles. Desapareció incluso el sonido de sus sollozos.

-¿En verdad hay razón de sorprenderse?- inquirió una voz femenina similar a la de la propia Luna.

-Vete- la princesa no levantó el rostro en busca de la dueña de aquella voz. La conocía muy bien.

-¿Irme? Me lo dices como si fuese yo la que vino hasta acá, cuando eres tú la que ha venido hasta aquí. Tal y como la última vez- musitó burlona y triunfal la otra voz –Y en cualquier caso, ambas sabemos que no podría irme aunque quisiera. No a menos que tú me dejes salir-

Luna secó flojamente sus lágrimas y levantó la vista al encuentro de siniestra figura frente a ella.

-¿Qué es lo que quieres Nightmare?-

-No te hagas la tonta conmigo Luna. La respuesta ya la sabes. Tus deseos son los mismos que los míos. La única diferencia es que a mí no me da pena reconocerlos, ni me aterra hacer lo necesario para cumplirlos-

-No volveré a confiar en ti. La última vez fue un desastre-

-¡No te atrevas a culparme a mí de nuestro sufrimiento! Yo simplemente hice lo que tú no te atrevías a hacer- respondió con enfado la alicornio obscura.

-¿¡Y si no puedo culparte a ti entonces a quién?!- gritó Luna cortando la distancia que la separaba de su otro yo.

-¿¡A quién crees estúpida?! ¡A la responsable de todas nuestras miserias desde que éramos unas potrancas!- respondió Nightmare Moon, tomando mayor altura que su contraparte, obligándola a agacharse y verla desde el suelo.

-N-no… Ella no es-

-¡Abre los ojos Luna! Toda nuestra vida ha sido la misma historia. Nosotras queremos algo y siempre es Celestia la que se lo queda. Mejor dicho ¡Nos lo arrebata!-

-Ella es nuestra hermana-

-Y nuestra maldición-

Luna no respondió y volvió a echarse a llorar.

-Sabes que tengo razón. Deberíamos ser iguales. De ser la contraparte y respaldo la una de la otra. Pero la realidad jamás ha sido esa. Siempre hemos vivido a la sombra de nuestra hermana. La luna solo brilla porque refleja la luz del sol. Y a ella le encanta que sea así-

-No, ella nos ama. Nos quiere y nos protege-

-¿Entonces por amor acaparó el cariño de nuestros padres? ¿Por amor monopolizó la admiración de los equestres? ¡¿Por amor nos encerró mil años a la luna?!... ¿Por amor nos ha arrebatado al único ser que hemos amado?-

-No quiero escucharlo- dijo Luna tapándose las orejas con los cascos.

-Y por eso es que estamos como estamos. Tú nunca haces nada. Tú siempre pones la otra mejilla. Tú siempre desistes a lo que deseas sin dar una pelea. Por eso no eres feliz. Por eso nunca podremos ser felices- reclamó Nightmare, mientras caminaba en círculos alrededor de Luna.

-Dime una cosa ¿En serio piensas que lo que vimos hace unas horas entre Spike y Celestia no tiene una historia detrás? ¿En serio dudas de que esa NO es la primera noche que han estado juntos? Ambas ya sabíamos que Spike nos estaba mintiendo cuando dijo que la yegua de la que se había enamorado no era nuestra hermana. Pero tú decidiste ignorar nuestras sospechas. ¡Tú permitiste que ella nos lo robara!- le reclamó gritando sobre sus orejas.

-¡Cállate, cállate!-

-¿Para qué? ¿Para que puedas seguir haciéndote preguntas estúpidas cuya respuesta ya conoces? Celestia nos ha apuñalado por la espalda nuevamente, Luna-

Luna se echó a correr en dirección opuesta a la alicornio negra. Nightmare hizo una muestra de fastidio y siguió a su afligida contra parte sin el menor esfuerzo.

-Celestia ha hecho lo que mejor sabe hacer. Arrebatarnos el afecto de alguien a quien amamos. ¡Esa bruja hipócrita lo hechizó para obligarlo a elegirla a ella por encima de nosotras! ¡A darnos la espalda y olvidar todas las promesas e ilusiones que alguna vez compartimos juntos!-

Luna continuó corriendo apenas unos breves segundos más antes de detenerse y mirar al piso que se mojaba con sus lágrimas.

-Sabes que digo la verdad-

-No-

-Claro que sí-

-No-

-Está bien. Finjamos que no tengo razón. ¿Cuál es tu plan Luna? Además de podrirte silenciosamente en tu miseria y desdicha, quiero decir- se bufó Nightmare, sentándose al lado de su contra parte que ahora yacía en posición fetal.

Luna guardó silencio, negándose a responderle a su otro yo. Nightmare esperó impacientemente su contestación. No contó el tiempo, pero después de un rato finalmente se dio cuenta de que Luna pretendía quedarse ahí hasta que la ilusión se desvaneciera. Nightmare no podía permitir que eso pasara y arriesgarse a esperar hasta quién sabe cuando a que su otra yo fuera a visitarla.

-¡Ya he tenido suficiente! ¡Habemos dos aquí atrapadas y si tú quieres vivir a la sombra de esa bruja traicionera es tú problema pero yo tengo otros planes!- gritó llena de frustración e ira a su otro yo.

-¡YA LO SÉ!- gritó Luna al tiempo que se ponía de pié y se dirigía a sí misma una mirada llena de furia.

-¿¡Pero y qué propones?! La última vez que te dejé tomar las riendas de la situación terminamos encerradas en la luna por mil años! ¿Qué pretendes hacer esta vez que haría las cosas diferentes?- interrogó.

Nightmare sostuvo una expresión estoica unos instantes antes de hablar.

-Tú sabes qué planeo hacer-

La sangre emigró del rostro de Luna dejándole la cara pálida.

-Estás loca-

-Mil años de soledad te hacen eso. Demándame-

-No podemos hacerlo… Es nuestra hermana-

-Y nuestra maldición-

Luna caminó en círculos con la mirada alejada de su contra parte.

-¿No quieres ser feliz Luna? ¿No quieres ser amada? ¿No estás cansada de vivir a la sombra de una bruja dos caras que dice amarnos pero nos lastima cada vez que tiene oportunidad de hacerlo? ¿No piensas que si en verdad nos amara se habría tomado la molestia de impedir que nos convirtieran en un Coco cualquiera para la noche de Nightmare Night? ¿No crees que si nos amara en verdad habría tenido el valor para confesarnos que se robó el afecto del dragón de quien nos enamoramos? Celestia no nos ama Luna. Y en el remoto caso de que lo haga, tiene una forma enferma y retorcida de hacerlo- explicó Nightmare serenamente mientras Luna seguía caminando en círculos.

Luna finalmente dejó de caminar y suspiró pesadamente. Nightmare sonrió.

-¿Tenemos siquiera la fuerza para hacerlo?-

-Celestia ya no tiene control sobre los Elementos de la Armonía. La victoria será nuestra esta vez-

-Pero sin ella el equilibrio de la naturaleza estará en peligro. Nuestros no permitirán algo así y acabarán con nosotras-

-No digas tonterías. Lo único que tendremos que hacer será encargarnos de levantar la luna y el sol tal como ella hizo los mil años de nuestro exilio-

-¿Y cómo ganaremos el amor de Spike cuando sepa lo que hemos hecho?-

-Es un dragón joven. Y uno en cuya naturaleza no está el ser rencoroso. Tenemos tiempo de sobra para que nos perdone-

-Yo… No quiero hacer esto-

-Claro que lo quieres. Solo que no te permites a ti misma aceptarlo-

-… Estoy muy cansada-

-Igual que yo. Pero no podemos darnos el lujo de que eso nos detenga ahora. Más de tres mil años en este mundo nos han enseñado que la felicidad no llegará si no vamos a buscarla. Y que a veces para encontrarla habrá que quitar los obstáculos del camino. Ese fue nuestro error la última vez que intentamos esto. Uno que no vamos a repetir-

Luna cerró los ojos con tanta fuerza que le dolieron los párpados. Amargas lágrimas se escaparon detrás de estos y escurrieron con sus mejillas.

-Estoy en verdad muy cansada de sentirme así- dijo, mirando a su alter ego.

-Dame el control Luna. Y removeré el obstáculo que siempre nos ha impedido dejar de sentirnos así-

-… Haz lo que tengas que hacer-

Nightmare sonrió.


Celestia reconoció inmediatamente el estallido de energía mágica. La firma de magia obscura que la envolvió le heló la sangre. Más por el simple hecho de reconocerla que por la fuerza de la misma. Dejó lo que estaba haciendo y se fue de inmediato a la fuente desde donde la había sentido: La habitación de Luna.

-No puede ser… Es imposible- musitó Celestia mientras un escalofrío le escalaba por la espalda y cuello.

-¿Luna?- dijo frente a la puerta de la habitación.

Las puertas se abrieron lentamente revelando un mar de obscuridad en el interior de los aposentos de la princesa. Celestia no tardó en notar que la totalidad de la cámara estaba cubierta de una espesa bruma igual a nubes negras.

-Celestia… Ayúdame...- se escuchó la afligida voz de Luna en el interior de la neblina.

-¡Luna resiste!- gritó Celestia, entrando en la espesura sin pensarlo dos veces.

Las puertas se cerraron tras la alicornio blanca y el humo de la habitación se avanzó sobre ella como una fiera salvaje. Celestia en medio de la confusión fue incapaz de oponer resistencia. Se preparó para lanzar un contraataque, pero entonces la bruma se arremolinó a su alrededor y liberó por sí misma a la poni arrojándola de regreso al suelo. Celestia azotó bruscamente contra un suelo rocoso y pronto reconoció que ya no se encontraba dentro del palacio. Estaba en medio de una gigantesca caverna donde la única luz provenía de los fluorescentes cristales de ópalo que salían de las paredes.

-¡Llegó la hora de la retribución Celestia!- gritó una voz que Celestia había tenido esperanzas no volver a escuchar jamás.

-Nightmare Moon- musitó al reconocerla parada en lo alto de una saliente de la caverna.

-Y esta vez no cometeré los mismos errores. Haré lo que debí haber hecho hace más de mil años. ¡Esta vez voy a borrarte de la faz de este mundo!- exclamó con malevolencia.


En algún lugar del Multiverso existe una versión mía que aprovecharía este espacio para disculparse con ustedes mis lectores por hacerlos esperar casi un pinche año por una actualización de esta historia. Pero ese no soy yo y no me voy a disculpar. Y tampoco me voy a dignar a dar razones de por qué me tardé tanto con esto, que no va a cambiar nada.

Pero bueno, si por alguna razón mis lectores continúan al pendiente de esta historia espero hayan disfrutado el regreso de Nightmare Moon. A quien siempre tuve intenciones de incluir en esta historia. Y sepan que los qué y cómos de por qué sigue viva los veremos en el próximo capítulo. Y sí, creo que ya todos sabían de qué se trataba el hechizo que Chrysalis usó la última noche que estuvo con Spike. Y si es poema de Ragnarok les suena familiar (posiblemente no) es porque lo saqué de entre las citas del señor Ernest Shackleton.

Y si realmente les interesa por favor dejen un review. Que ultimadamente estos han sido los único que me han dado fuerzas para seguir escribiendo. Ya que el tiempo y las nuevas y viejas pasiones me han sacudido hasta hacer que me quede poco o ningún interés por darle fin a esto y francamente preferiría poder empezar a trabajar en otros cuentos.

Pero en fin. El asunto sigue y con favor de Dios podré terminarlo antes de que termine el próximo lusto.