Una adaptacion a la historia real de la Caperucita roja... Esta historia tiene sus orígenes en una región aislada de los Alpes. Dicen que El lobo era un mundo sexual y violento.
Advertencia: Lemon fuete y un poco de violencia género, aunque no vulgar, les advierto. Solo para adultos... espero que no haya ningún problema en mi redacción, gracias por comprender esa pequeña limitación… Si este no es tu estilo y este tipo de relatos te incomoda, te invito a abandonar la historia responsablemente. Si por el contrario, gustas de una historia romántica y ardiente, bienvenida y que disfrutes.
Caperucita roja Candy y el lobo feroz Terry.
Capítulo 2
La Marca.
El lobo Terry era posesivo por naturaleza y cuando otro macho intentaba acercarse a su pareja se propiciaban las peleas de muerte.
Los lobos solo tenían una pareja, aunque algunos desafortunados jamás encontraban a la indicada. Terry pensó que sería uno de ellos, porque ninguna hembra despertaba su atención.
Había varias bellezas en la manada y se había encontrado con otras durante viajes, pero ninguna de ellas parecía ser la indicada.
Estaba merodeando por el lugar cuando sintió un agradable olor cerca y se apresuro a llegar a él. Esa humana despertaba todos sus sentidos, jamás había sentido algo parecido y en ese momento entendió que ella era lo que siempre busco.
Ese sentimiento creciendo en su pecho le dictaba que esa rubia llamada Candy seria su pareja de por vida, el único y más grande problema era que ella era una humana y él era un lobo, jamás podía pasar, pero no la dejaría ir. Se había enamorado de ella desde la primera vez que la vio.
Tal vez el amor a primera vista no funcionaba con los humanos, pero en los lobos era diferente.
Sonrió como un tonto al darse cuenta de eso y sin pensarlo la abrazo para así sentir su delicado cuerpo contra el suyo.
Candy se sonrojo rápidamente, podía sentir algo duro contra su cuerpo y sabía perfectamente lo que era, el chico tenía intensiones de propasarse.
Sin pensarlo lo golpeo con todas sus fuerzas y huyo rápidamente del lugar vistiéndose mientras corría.
Su primer encuentro con un lobo había sido de lo peor.
Durante un tiempo pensó en delatar lo sucedido con los ancianos de la aldea, pero no quería crear pánico entre los habitantes al decir que había lobos en el bosque, así que prefirió guardar el secreto.
Justo después de ese encuentro, el chico Lobo cumplió con su palabra y volvió por ella y así habían pasado las últimas tres semanas.
— Terry- lo llamó, después de ese tiempo había conocido su nombre y si era honesta, ya no le temía como antes, pero aun así no bajaría la guardia. — ¿Por qué no encuentras a otra chica de tu especie?
— No quiero.
— Pero…
— Te lo dije, Candy. Los lobos solo podemos tener una pareja, y yo solo te quiero a ti.
No dijo nada más, siempre esa era su respuesta.
Llego a casa de la abuela y le dio su canasta como era costumbre, hablar con la abuela siempre la tranquilizaba, sus historias eran de lo más entretenido.
El tiempo pasó y antes de que se diera cuenta el ocaso se hizo presente.
— Deberías irte ahora, no queremos que la noche te atrape.- dijo sonriente. — Además, creo que tu guardián debe sentirse solo.
Candy bebía una taza de té y casi la deja caer al escuchar esas palabras.
— ¿Que?
— Te reclamo como su pareja ¿cierto?
— Él dice eso, pero yo no…
— Los lobos no son malos.- aclaró la señorita Pony. — Tienes muchos pretendientes en la aldea, pero ninguno es de tu agrado ¿no es verdad? Tal vez ese chico lobo es lo que estabas buscando.
— Pero es un lobo, abuela.- replicó Candy
— ¿Y eso importa?- sonrió y se volvió a la pequeña cocina.
Ayudo a la señorita Poniy con las tazas de té y se despidió para volver de nuevo a casa, el bosque de noche podría ser peligroso.
Al salir, Terry estaba sobre el suelo escondido detrás de uno de los arboles, esperando por ella.
No volvió a pronunciar una palabra, tenía que admitir que la presencia de Terry no era desagradable y algo estaba cambiando, podía sentirlo, pero no podía ser lo que Terry buscaba. Eran muy diferentes y sus vidas también lo eran, jamás podrían concordar.
— Creo que deberías buscar otra hembra o como sueles llamarlo.- hablo Candy, estaba a unos pasos de casa, pero los arboles mantenían la privacidad. — Yo no soy tu pareja, soy una humana y tú eres… peligroso.
Terry sonrió amargamente. — Jamás superaremos el miedo ¿eh?- soltó un suspiro, eso estaba siendo más difícil de lo que creía. — Tal vez solo debería comerte.- admitió.
Candy sintió un nudo en su garganta y el miedo se apoderó de su cuerpo de nuevo, no quería sentir miedo hacia Terry pero no podía evitarlo.
Quiso retroceder pero un árbol a su espalda se lo impidió y el chico la acorraló con su cuerpo.
— Dijiste que jamás me harías daño.- dijo con voz débil.
— Cambie de opinión.- sonrió levemente. — Apuesto que eres deliciosa.- sus ojos eran como dos cuchillas, filosas y peligrosas y a la vez misteriosas e irresistibles.
Sentir miedo y atracción hacia Terry no era normal.
Tragó saliva nerviosamente. — Si tratas de hacer algo gritare…
-Grita todo lo que quieras no te dejare ir, eres mía…
Los labios de Terry se posaron sobre los de Candy antes de que pudiera reaccionar. Nunca había besado a alguien era inexperta en ese tema, pero, aunque no sabía qué hacer quería responder ese beso, cerró los ojos y se dejó llevar. Movió sus labios torpemente, pero mantuvo el ritmo correcto, parecía ser más experimentado que ella.
Los labios de Candy eran dulces y suaves, era la primera vez que sentía un beso de verdad. Sabía que era su primer beso y adoraba ser él quien lo había robado.
Rozó la punta de la lengua en su labio inferior y la introdujo causando un jadeo de sorpresa por parte de Candy.
Exploró su húmeda boca saboreando ese delicado momento, había deseado hacerlo desde que la vio. Ese beso solo consiguió querer marcarla aún más, quería tenerla, hacerla suya.
— Lo sabía.- su ardiente aliento quemó los labios de la chica. — Eres deliciosa.
Candy se quedó sin habla, no sabía cómo explicarlo pero eso se había sentido genial.
— Es mejor que entres, es tarde. - dijo miedosa Candy — Te veré después.
_No te libraras de mi tan fácil.- sonrió como solo él sabía hacerlo y beso su mejilla antes de irse.
Cuando no sintió más su presencia, Candy mordió sus labios tratando de suprimir su sonrisa. Se sentía demasiado feliz y ya sabía la razón.
Aunque quisiera aparentar que las cosas no habían cambiado desde aquel día, sabía que estaba muy equivocada.
Su corazón se aceleraba cada vez que Candy estaba cerca y sabía perfectamente que actuaba extraño.
Durante su tiempo libre iba al bosque, porque era el único lugar en donde podría verlo. No debía sentirse de esa manera por un lobo, estaba prohibido y si alguien descubriera que él lobo estaba tras ella lo cazarían, pero tampoco quería ser expulsada de la aldea, su vida estaba ahí.
— ¿Por qué siempre usas esta caperuza?- le pregunto Terry a Candy, siempre había tenido curiosidad y el aburrimiento no estaba ayudando.
— Fue un regalo de mi Abuela respondió tiernamente.
Le molestaba no ser su centro de atención, cuando Candy tomaba un libro todo se evaporaba a su alrededor y sentir celos de un pedazo de papel no estaba bien.
Se acerco lentamente hacia su rostro, para así observarla mejor y sentir ese delicioso aroma a rosas.
Candy sintió la mirada de Terry y lo miró, estaba demasiado cerca. Comenzó a sentirse nerviosa pero no podía apartarse, su mirada la hipnotizó.
Miró cada rastro de su rostro, desde su bronceada piel y esos ojos verde oscuro, hasta detenerse sobre esos montículos de carne.
Terry sonrió, sus pensamientos eran demasiado obvios. Bajó un poco su rostro apartando sus labios de la mirada de Candy para así observarla fijamente.
— Mis ojos están aquí.- dijo divertido.
Candy se sonrojo rápidamente y Terry aprovecho esa oportunidad para arrebatar el libro de sus manos.
Candy acerco su rostro hacía él pretendiendo aceptar, engañar a Terry era de lo más fácil.
Estaba a pocos centímetros de tocar sus labios, pero nada salió como lo planeo.
Terry fue más rápido y junto sus labios con los de ella sorprendiéndola nuevamente. Deliciosa, Candy era deliciosa. Podría pasar todo el tiempo besando sus dulces labios, quería hacerlo, tener a Candy para toda la vida.
Rompió el beso sin apartarse y acaricio con el pulgar su labio inferior.
— ¿Creíste que podrías engañarme?- sus ojos brillaron y su voz ardiente no ayudaba al pobre corazón de Candy — Voy a robarte los besos que sean necesarios, Candy Los reclamaré hasta que sean míos por completo.
Candy aparto la mirada y se puso de pie apartándose del chico. Siempre hacia lo que quería con ella y debía hacer algo al respecto.
Aunque Terry quiso parecer preocupado, su diversión sobrepasaba los límites. No tenía idea de que molestar a Candy y hacer que su lindo rostro hiciera esa clase de pucheros podía debilitarlo por completo, a un lobo.
— ¿La pequeña caperucita roja está molesta?- pregunto tratando de ver su rostro, Lucy evitaba mirarlo.
— No lo estoy.- frunció el ceño tratando de lucir molesta.
_Oh no. Era demasiado linda.
Terry cubrió su rostro con una mano evitando mirarla, tenía que detenerse o su corazón explotaría. Sentirse de esa forma por una humana… ahora entendía porque estaba prohibido.
Estaba distraído y esa era la oportunidad perfecta. Candy le arrebato el libro de las manos y huyó sin importarle lo demás.
El chico podría convertirse en lobo y atraparla en segundos, pero así no sería divertido. Así era como las hembras trataban de captar la atención del macho licántropo y aunque Candy era una humana, podía sentir el mismo sentimiento, Tenía que atraparla.
Corrió tras ella. Candy tenía la ventaja o eso creía, un lobo en su forma humana era rápido de todas formas, la atraparía antes de lo que esperaba.
La chica reía mientras corría con todas sus fuerzas, era muy divertido.
Giro y esquivó varios arboles hasta llegar a un prado cubierto de flores y pasto verde. Continúo corriendo hasta que sus piernas no lograron resistir más y el cansancio domino su cuerpo.
Se detuvo de repente obligando a Terry a hacer lo mismo. Su cuerpo era más difícil de controlar y aunque se detuvo, aún conservaba algo de fuerza.
Tomó a Candy de la cintura y tropezó con ella girando unas veces evitando que no se lastimara, protegiéndola con su cuerpo. Todos los golpes fueron hacia él y no importaba, ese dolor era mínimo y lo único que importaba era que ella estuviera bien.
Candy quedo sobre su cuerpo mientras reía con fuerza, Terry hacia lo mismo, era muy divertido.
Mientras trataba de recuperar el aliento contemplo a Lucy sobre él, acaricio su mejilla y aparto algunos mechones rubios de su rostro.
Candy sonrió tiernamente mientras lo hacía y Terry solo hizo lo que su instinto le indico.
Giró con ella quedando sobre ella cuidando de no caer sobre su delicado cuerpo. Candy mordió sus labios evitando sonreír y demostrar lo que estaba sintiendo.
El chico lobo la observo fijamente, podría mirarla toda la vida y aun sería lo mejor que sus ojos habían visto.
— Te atrape.- dijo tratando de regular su respiración.
Aunque quisiera controlarse no lo lograría, unió sus labios con los de Candy para así compartir un beso una vez más, un beso que Candy correspondió sin dudar.
Rodeó su cuello con ambos brazos uniendo más sus labios.
Terry no la había besado de esa forma, logró transmitir todo lo que sentía por ella. No mentía al decir que los lobos solo tenían una pareja, solo amaban a una hembra toda la vida y él la había elegido a ella.
El beso se volvió más íntimo y apasionado, tenía convertirla en su pareja o no lo soportaría más.
— Déjame… déjame marcarte, Candy, por favor.- suplicó.
Si aceptaba eso también significaba que estaba dispuesta a dejarlo todo por él. A la aldea, a la abuela y a su madre. No podía abandonarlas, ellas eran su familia, su vida.
Su madre estaría sola y solo la tenía a ella. No podía estar con Terry aunque así lo quisiera.
— Yo… no puedo.- Terry miró sus ojos lagrimas acumuladas, acaso ¿estaba negándolo? — No puedo.- volvió a repetir.
Estaba negando ser su pareja, no lo aceptaría y debía admitir que dolía como el infierno el ser rechazado.
Era como si le sacaran el corazón y lo hicieran pedazos, los licántropos tenían vínculos, sentidos y sentimientos mayores que los humanos.
Se aparto de Candy y la ayudo a ponerse de pie, tal vez había escuchado mal.
Se paso la mano por el pelo en un intento por calmar su ansiedad.
— ¿No me aceptas como tu pareja?- pregunto dolido.
— No puedo dejar a mi familia y…
— Debe haber algo que pueda hacer, podemos intentar…- estaba destrozado, podía notarlo. —Candy.- tomó su rostro con ambas manos y la miró fijamente. — Eres lo único que necesito…eres mía.
— Déjame ir, Terry. Esto es lo mejor para los dos.
— Tu eres lo mejor para mi.- imploró, estaba desesperado, no podía dejarla ir.
— Por favor…- rogó, no sabía que dolería así al separarse de él.
Terry golpea a Candy por desesperación...
_Eres un maldito lobo… no puedo estar contigo.
_Te deseo, quiero marcarte para que seas mía
_No puedo, tengo mi familia. Por favor déjame libre… - dijo llorando.
Terry, al ver las lágrimas de Candy, la dejo libre. Lucía desesperado y miraba a su alrededor buscando alguna ayuda, ella era su pareja, no podía simplemente dejarla, pero si Candy así lo quería debía alejarse, aunque eso lo destrozara por completo.
— ¿Estás segura de esto?- pregunto con una pisca de esperanza. — Me quedaré si lo pides, pero necesito que lo digas, Candy.
No podía decir que no lo quería porque estaría mintiéndose a sí misma, pero el estar juntos solo ocasionaría problemas para ambos. No dijo nada, solo mordió sus labios evitando llorar, era lo mejor. Con eso Terry obtuvo su respuesta.
— De acuerdo.- su voz la derrumbó. — Te dejaré tranquila.- se acerco a ella y beso su frente como si la vida se fuera en ello, porque el ser rechazado por la persona con quien pudo pasar el resto de su vida era la muerte misma.
Sin mirarla una vez más se aparto rápidamente y se giró alejándose de ella.
Cada paso que daba era una puñalada, se había enamorado de una humana y fue esa misma humana quien lo destruyo.
Todos en la manada tenían razón, los humanos era peligrosos.
A pesar de que fue ella quien lo dijo, comenzaba a arrepentirse de sus palabras. Quiso convencerse a sí misma que no sentía nada por ese lobo, pero todo le demostraba que estaba equivocada.
Habían pasado dos semanas y no había ningún rastro de Terry.
Cada vez que salía hacia el bosque, tenía la pequeña esperanza de verlo, aunque todo eso se desmoronaba cuando no lo veía.
Se había acostumbrado a su presencia, se había acostumbrado a él y no había notado lo mucho que le gustaba estar con Terry hasta que la dejo, porque ella misma lo pidió, Candy le conto su historia con el lobo.
— ¿Qué fue lo que hiciste, Candy?- pregunto su abuela,
Dejo de mirar hacia la ventana para fijar su vista en esa adorable anciana.
— No hice nada, abuela.- respondió serena.
La abuela Pony sonrió. — Tengo más años que tú, cariño, se cuando alguien está mintiendo. Parece como si esperarás a que ese lobo apareciera.
Sus palabras sorprendieron a Candy pero pretendió que no. Nadie podía engañar a la abuela.
— Te enamoraste de Terry, ¿no es así?- pregunto la mujer dulcemente.
La miró rápidamente ¿acaso había escuchado bien?
— ¿Cómo…?
— ¿Yo enamorada?- terminó la pregunta por ella. — Estuvo aquí en varias ocasiones. No tenía experiencia con humanos y sabia que yo había notado su presencia.- explicó. — Vino a pedirme ayuda a mí.- destacó. — Una humana, ¿sabes cómo afecta eso al orgullo de los licántropos?
_Lo sabía perfectamente. Los lobos eran territoriales, posesivos, temperamentales y Terry no se mostraba así con ella, porque sabía que Candy no era de los suyos, era una humana.
Cuidaba de ella como si fuera lo más delicado del mundo y no lo había notado.
— Deberías aceptar ser su pareja, también lo quieres. Es Terry a quien estuviste esperando.
— Creo que es muy tarde para eso.- dijo con voz débil. — Lo lastimé, probablemente no quiera volver a verme.
— Los sentimientos de un lobo no son como los humanos, son más fuertes. Tienes razón, tal vez lo lastimaste, pero aun tienes un punto a tu favor.- se inclinó un poco hacia Candy. — Cuando un lobo encuentra a su pareja, sus sentimientos por ella jamás se van.- la abuela miró por la ventana. — Deberías irte a casa, pronto la noche cubrirá el cielo, recuerda que el bosque es peligroso.
Candy asintió. Ayudo a limpiar un poco y se despidió, el sol estaba ocultándose y debía apresurarse a llegar a casa.
Cubrió su cabeza con la peculiar capa roja que la caracterizaba y entro al misterioso bosque.
Lamentablemente no tenía una vela o algún artefacto que pudiera dar luz a su camino, la oscuridad se estaba haciendo cada vez más evidente.
Durante el día, el bosque era pacifico, pero durante las noches era preferible quedarse en casa. Los lobos acostumbraban a salir en cuanto la luna se mostraba.
Se arrepentía no haber salido más temprano de casa de la abuela. Conocía perfectamente el camino, pero no podía distinguir muy bien a su alrededor, la poca luz de la luna era opacada por los enormes arboles.
Los búhos hacían sonidos extraños y los arboles parecían tomar figuras tenebrosas, si Terry estuviera con ella no se sentiría miedo, estaría a salvo, pero él ya no estaba.
Su corazón golpeaba violentamente en su pecho, solo quería llegar a casa lo más rápido posible. Apresuró el paso, pero su visión no era clara así que tropezó con algunos troncos que salían de los árboles.
Enderezó su cuerpo quitando el polvo y la suciedad de su vestido. Iba a continuar cuando sintió un pequeño ardor en sus rodillas.
Eran solo unos pequeños rasguños, no obstante, sangraba un poco de sus heridas y un poco de su mano, se había lastimado al caer al suelo, aun así no podía detenerse, debía continuar.
Iba a seguir su camino en cuanto un sonido la inmovilizo por completo, conocía ese sonido perfectamente.
El crujir de las hojas sobre sus pasos era demasiado familiar, lo reconocería en cualquier lugar.
Giró un poco su cuerpo y entonces lo vio.
Un lobo.
Un lobo que no era Terry.
Aunque intentará huir sabía que la atraparía. El lobo debió estar cerca, sus heridas debieron atraerlo.
El lobo llamado Neal se acerco sigilosamente hacia ella olisqueando su alrededor. Candy retrocedió instintivamente apoyando su espalda contra un enorme roble.
El único lobo que había visto en su vida era Terry y no sabía cómo reaccionar ante los demás. Si bien.
Terry no era peligros, los demás si podrían serlo. Cada manada era diferente, él se lo había explicado, por eso la cuidaba.
Era una completa idiota.
Su cuerpo tembló en terror y mordió sus labios con fuerza evitando gemir del miedo. Apretó sus ojos y los nudillos de sus manos en cuanto sintió que el lobo olisqueó la sangre de sus heridas.
Pasaron unos segundos para que el lobo tomara su forma humana.
Candy apartó rápidamente la mirada, el chico estaba completamente desnudo y no parecía importarle un poco.
Era un chico aparentemente de su edad, sus ojos eran marrones oscuros y sus cabellos negro corto. No era atractivo, por eso no quería estar con él, ya que solo amaba al lobo Terry.
El chico alargó un brazo hacia su rostro y acarició su mejilla izquierda. Candy hizo un pequeño gesto de dolor, también se había golpeado en el rostro. Estaba distraída por el dolor que no notó al chico. Se sobresalto de inmediato en cuanto sintió el aliento masculino sobre su cuello.
— Tu aroma… es delicioso.- subió lentamente por su clavícula para detenerse a escasos centímetros de su rostro. — Estas ovulando.
Candy sintió sus mejillas enrojecerse, no iba a permitir que le hablara de esa manera. Trató de golpearlo pero el lobo fue más rápido y la inmovilizo en un segundo, sería imposible luchar contra él.
El chico aspiro de nuevo su aroma y la miró determinado.
— Lo siento, tu olor es… delicioso.- dijo contra su cuello. — Debo…
No quería eso, Candy no quería eso. Que otro la tocara era asqueroso, solo necesitaba a Terry, quería a Terry.
Las lágrimas se juntaron en sus ojos, todo iba a terminar ahí, después de eso no podría estar frente a él.
El chico estaba a punto de besar sus labios en cuanto algo lo apartó violentamente.
Candy abrió los ojos en cuanto escucho un gruñido furioso a varios pasos de su lugar. Otro lobo había aparecido, y ese lo conocía muy bien.
Terry estaba allí, la había salvado.
El lobo aún en su forma humana cayó al suelo golpeando su cuerpo en el impacto. Se reincorporó rápidamente y volvió a tomar su forma bestial en un segundo.
Ambos gruñían retándose mutuamente, parecían comunicarse, no de buena manera pero Candy no lograba entender bien lo que sucedía, aunque si comprendía una cosa: estaban peleando por ella.
Terry ya se lo había explicado antes, cuando un licántropo sentía que otro se acercaba a su pareja, su naturaleza posesiva y territorial salía a flote y nada podría detenerlos, todo terminaba cuando uno de los dos quedaba en pie.
Después de retarse y aclarar el encuentro, se lanzaron furiosamente uno contra el otro, mordiendo, golpeando, hiriendo su forma lobuna, aunque las heridas las reflejaría también su forma humana.
Candy no tenía idea de que hacer, su cuerpo aun temblaba, pero el miedo era diferente.
El lobo Neal peleaba por Candy, pero el lobo Terry no iba a permitir que alguien más se acercara a Candy.
La sangre comenzó a notarse en su pelaje y eso asusto a la rubia.
Ambos lobos giraron sobre el suelo sin dejar de atacarse y el lobo Neal soltó un chillido de dolor, ahora era Terry quien tenía la ventaja.
Candy sabía que Terry ganaría, confiaba en él, pero el miedo de que algo pudiera sucederle fue mayor. No podría detenerlo, esa era su naturaleza, esa era su manera de demostrar que solo era suya y no la compartiría, y todo lo que quería mostrar había llegado a ella.
El lobo Neal chilló fuertemente y con eso se dictó al ganador, el licántropo se había rendido.
— Quédate con ella, no es como si necesitara a una estúpida humana.- hablo el lobo entre pensamientos.
Terry mordió su lomo y el lobo se retorció en dolor, no iba a permitir que nadie insultara a su pareja, a pesar de que Candy lo había rechazado, la defendería.
El lobo Neal se alejó del lugar con dificultad, estaba completamente lastimado, aunque no era el único.
Cuando estuvieron completamente solos, Terry fijó su vista en Candy , aún conservaba su forma animal.
Candy lo notó, en sus ojos azules podía ver su enfado, fatiga y preocupación.
Quería tocarla, cerciorarse de que estaba bien, que nada le había sucedido, pero su furia era mayor. Debía alejarse o no podría detenerse después.
— Terry…- murmuro Candy.
Se giró y aunque su cuerpo dolía como el infierno, esa estúpida furia era peor, sus sentidos posesivos estaban al máximo.
— ¡Terry!- gritó Candy en cuanto el lobo comenzó a correr para huir del lugar.
Ella no era tan rápida pero estaba muy equivocado al pensar que no iría tras él. Natsu siempre era quien la perseguía y ahora era su turno.
Lo siguió sin aliento hasta una cueva sobre una pequeña colina, sus piernas dolían pero era Terry quien estaba más herido.
Entro a la cueva justo de después del él y observo como perdía su forma en un segundo convirtiéndose en humano. Su cuerpo desnudo sangraba por la espalda, cuello y unas partes de su abdomen y piernas, estaba terriblemente herido.
Apoyó su cuerpo contra los rocosos muros buscando soporte hasta que Candy se acerco a él.
— Lo siento.- se inclinó hacia él ayudando un poco a sostenerse, se sentía culpable, si no hubiera dicho todas esas cosas, nada de eso hubiera sucedido.
— Esto… esto no es nada.- respondió con dificultad. Estaba agitado e inquieto.
— ¡Por supuesto que es algo!- exclamó la chica. — Déjame ayudarte.
Estaba completamente desnudo, sin embargo, eso no le importo, ni sorprendió, solo quería cuidar de él, dejarle en claro que no lo dejaría, no después de eso.
Terry dejo que Candy lo guiara hacia una de las rocas y dejo caer su cuerpo sobre la misma. La rubia no tenía idea de que utilizar para curar sus heridas, el canasto había caído en cuanto tropezó y lo había olvidado por completo.
Rasgó su vestido un poco para cortar un pedazo de tela y la colocó delicadamente sobre sus heridas, comenzando por su cuello.
Las heridas no eran nada importante, para Terry eso le importaba una mierda, sentía que iba a explotar en furia en cualquier momento.
Tomó la mano de Candy y la detuvo evitando que continuara. Tiró de su cuerpo y se aferró fuertemente de su cintura ocultando el rostro entre sus pechos, dejando que su sofocante aroma lo envolviera.
— Ese maldito estuvo a punto de tocarte. - gruñó entre dientes.
Eso era lo que lo preocupaba, por eso estaba molesto, solo ella podía tranquilizarlo y sabía perfectamente cómo hacerlo.
— No lo hizo, Terry, estoy bien.
— No lo entiendes.- negó Terry furioso. — Él quería comerte, marcarte, quería… mierda, ni siquiera yo puedo marcarte.
— Nadie va hacerlo, nadie va a tocarme. - dijo Candy rápidamente, debía dejarle en claro sus sentimientos. — Solo tú vas a tocarme, vas hacer conmigo lo que quieres, también te deseo mi lobo Terry
Aunque sus sentidos eran mayores a los de los humanos, sentía que había escuchado mal.
Alzó su vista hacia Candy sin aflojar su agarre, no podía ser posible, ella lo había negado.
— ¿Qué?
— Solo tú me tienes, para ser de mi belleza lo que quieres..
Su interior estaba a punto de explotar, podía sentirlo.
— ¿Quieres ser mía?
— Te amo lobo Terry – termino Candy.
Su interior había explotado, Candy lo había dicho, de su boca habían salido las palabras que estuvo esperando.
Tomó sus labios desesperadamente, sus heridas importaban un carajo, debía marcar a Candy, que todos supieran que ella sería solo suya.
Obligó a Candy a sentarse sobre su regazo sin dejar de prestar la atención debida a esos irresistibles labios. Tiró lentamente del listón de su capa dejándola caer al suelo.
Debía sentirla completa o moriría en ese momento.
— Candy … necesito hacerte mía. Ahora.- demandó. — Debo marcar cada parte de tu cuerpo, así nadie volverá a tocarte, solo yo.
Su voz parecía suplicar por ello, ¿Cómo podría negarse? Candy también lo quería. No había nadie más que Terry, siempre había sido él y siempre lo sería.
— Hazlo.- acepto Candy llorosa, porque se había enamorado de un lobo y Terry no perdió el tiempo.
Tomó su boca posesivamente como si ella fuera el mismo aire, aunque él así lo sentía.
El cuerpo de Candy cayó al suelo delicadamente sobre su capa roja, Terry no dejaría que se lastimara. Se coloco sobre ella evitando caer sobre su delicado cuerpo, su aroma era más fuerte, más deseable.
— Tu aroma… es deliciosa.
— No lo digas.- respondió avergonzada ganándose una sonrisa por parte de Terry, eso hacía más fácil marcarla, su vinculo sería más fuerte.
Dejó que su aroma lo embriagara llegando hasta el fondo de sus pulmones, despertando cada parte de sus sentidos.
Se inclinó lentamente hacia la curvatura de su cuello y beso su delicada piel. Ese íntimo contacto envió un escalofrió por su espalda, nunca había sentido algo parecido.
Terry acarició su cuello con la punta de la lengua hasta subir por su barbilla para detenerse en sus labios. Aunque todo su cuerpo la necesitaba, no haría algo que Candy no quisiera.
— Si quieres que me detenga, dilo ahora.
_ ¿Detenerse?- pregunto Candy indignada.
Candy no quería eso, las sensaciones eran nuevas y bastante agradables, ese hormigueo recorriendo cada rincón de su cuerpo solo rogaba por las caricias de Natsu. No había nadie más, solo él, se entregaría a él.
Candy sería de él y Terry de ella.
Solo eso importaba.
— No te detengas.- susurró pero fue suficiente para que esa necesitaba aprobación llegará a sus oídos.
La beso nuevamente moviendo suavemente sus labios contra los de ella. Dulces, exquisitos, perfectos.
Acarició con la punta de sus dedos sus finas piernas alzando lentamente su vestido. Terry besó cada uno de sus muslos haciendo que Candy soltará varios gemidos, música para sus oídos.
Dejo un trazo de besos húmedos por sus piernas acercando su rostro cada vez más hacia esa sensible parte de su cuerpo.
Candy se sentía avergonzada, no tenía idea de que hacer o cómo comportarse, era su primera vez y Terry lo sabía, por eso debía tratarla como la flor más delicada y hermosa, debía demostrar lo que sentía por ella en cada beso, cada caricia, eso era parte del ritual.
Su corazón latía emocionado, el saber que sería el primero, el último y el único en la vida de Candy hacían su pecho explotar en felicidad. La tendría para toda la vida, después de eso sería su pareja.
Él ya estaba desnudo así que la mitad del trabajo ya estaba terminado, solo tenía que desnudar a Candy y disfrutaría cada momento de aquello.
Sus instintos fueron mayores que su razón, Candy lo estaba volviendo loco.
Estaba a punto de desgarrar el vestido de Candy, pero volvió a la razón, no podía permitir que su mujer saliera desnuda al bosque, solo él podría verla.
Tiró de los cordones de su corcel torpemente y dejo que cayera a su lado, solo faltaba ese vestido.
Cada segundo parecía eterno, quería arrancar esa estúpida tela que impedía cualquier contacto contra su piel.
Desabrochó con torpeza cada uno de los botones de su vestido, su cuerpo temblaba ansioso.
Deslizo lentamente la fina prenda mirando hambriento cada centímetro de piel que quedaba al descubierto.
Era mejor que todo lo que jamás había tenido, Candy era lo más hermoso que sus ojos verdes habían visto y seria solo suya.
Candy quedo completamente desnuda excepto por esas pequeñas braguitas cubriendo su sexo.
Intento cubrir sus pechos por instinto, nunca había estado expuesta frente a un hombre. No debía sentir vergüenza, él ya la había visto desnuda la primera vez que se encontraron.
Ese recuerdo no ayudo en lo absoluto, no había sido la mejor manera de conocerse.
— No.- impidió Terry. — Necesito verte.
Después de eso estarían vinculados de por vida, debía confiar en él.
La mirada de Terry recorrió su plano abdomen hasta detenerse sobre sus pechos. Tenían el tamaño perfecto y esos botones rosas convertían en agua su boca.
Su entrepierna comenzó a doler, pedía desesperadamente por atención. Quería entrar en ella y sentir como su interior lo rodeaba, necesitaba reclamarla, pero se tomaría el tiempo. Disfrutaría cada segundo de ese momento.
— No me mires.- suplicó avergonzada Candy con las mejillas sonrojadas.
_Eres tan linda, mi amada Candy que tengo que morderte tus labios para no perder el control.
Terry besó sus labios e introdujo la lengua dentro de su boca, devorando y saboreando su cavidad, dejándola completamente sin aliento.
Descendió por su cuello rozando levemente sus labios, aspirando su aroma, hasta llegar a sus deseables pechos.
Atrapó su pezón sorpresivamente obligando a la rubia a contraer su espalda ante tal sensación. Evitó soltar más sonidos, era vergonzoso y eso molesto horriblemente Terry, la haría gemir fuerte, tenía que escuchar su dulce voz.
Lamió y succiono enviando descargas placenteras hacia su interior, y pregunto:
_¿Por qué esa simple caricia la excitaba de esa manera?
No eran simplemente las caricias, era Terry, él era el culpable de esa dolorosa y deliciosa sensación.
El licántropo mordió su delicado pezón haciendo que protestará en dolor, pero todo se volvió placer en cuanto la mano de Terry acaricio su clítoris.
_¿Cómo había llegado su mano hasta allí?
Movió en círculos la yema de su dedo contra el montículo de carne entre sus piernas, mordiendo su pezón enviando al mismo tiempo enviando descargas de dolor y deliciosas sensaciones.
— No …- jadeó Candy al sentir su cuerpo comenzaba a temblar.
— Déjalo salir, déjame oírte.- demandó con ronca y voraz.
— N-ahh…- el gemido escapó de sus labios antes de que pudiera evitarlo. Necesitaba urgente aferrarse de algo, algo golpeaba su interior y se sentía muy bien.
Terry introdujo un dedo dentro de Candy obligándola a gemir de nuevo, debía dilatarla un poco para que su encuentro no fuera tan doloroso. La chica sintió desesperación y los espasmos se hicieron presentes. Apretó sus piernas involuntariamente y su interior hizo explosión. Clavó sus uñas contra el suelo dejando que el placer recorriera su cuerpo.
— Candy, te corriste.- protesto divertido el chico. La rubia intentaba recuperar el aliento cuando sintió que algo abandonaba su interior. Abrió los ojos un poco y observo a Terry con esa sonrisa ardiente en sus labios. En sus dedos había un tipo de viscosidad y vio como el chico los llevaba a su boca. Sabía exactamente lo que era y eso la hizo sonrojar. — Te lo dije. Eres deliciosa.- y no mentía al respecto. — Aunque esto no es suficiente.
— ¿Qué…?- trato de hablar Candy con dificultad.
— Soy un depredador, Candy .- sus ojos brillaron en deseo, eso solo había despertado aun más sus instintos. Dejo besos húmedos sobre su abdomen y no lo soporto más. — Y ahora voy a comerte.
Desgarro sus diminutas bragas haciéndolas pedazos. La rubia intento cerrar las piernas al sentirse expuesta pero Terry fue más rápido, acariciando sus muslos y colocando el rostro entre sus piernas.
Candy sentía que moriría de la vergüenza, aunque todo rastro de timidez se esfumo en cuanto sintió la lengua de Terry sobre ese punto de su sensible cuerpo.
No tenía idea de todas las sensaciones que el chico le haría sentir.
— Ah… Nat…- balbuceó, su respiración agitada le impedía pronunciar alguna palabra. Ese hormigueo en su sexo era cada vez más gozoso y delicado. Movía sus piernas buscando alguna manera de liberar ese placer, aunque solo los gemidos parecían ser la salida.
El dolor en su erección era insoportable, necesitaba descargar esa excitación o no lo soportaría. Percibió el temblor de Candy y se detuvo de inmediato, no le permitiría llegar.
— ¡No!- chilló Candy inconscientemente, había sentido esa maravillosa sensación acercándose y Natsu se la había arrebatado.
El chico sonrió tentador y subió a horcadas sobre el bello cuerpo de su rubia.
— ¿Te gusto eso?- pregunto ardiente Terry.
Candy no contesto.
_ No dejaré que te corras sin mi- besó bruscamente sus labios, obligándola a probar su propio sabor. La excitación que sintió no debía ser correcta, pero eso ya no importaba. Amaba cada caricia, sus dudas habían desaparecido por completo. Lo quería demasiado y no iba a privarse de esa atracción.
Terry estaba duro y más que dispuesto por disipar su horrible pero placentero dolor, solo Candy podía ayudar a su erección.
— Oh…ngah- gimió la chica al sentir el miembro del chico rozar su intimidad.
Él también jadeo en respuesta, sus carnes rozarse por un momento se había sentido muy bien.
— Esto es tuyo, Candy - dijo al frotarse de nuevo contra su sexo. — Te marcaré ahora mismo. Eres mía, maldita sea.
Celoso, posesivo, seductor, gracioso, amable, amaba todas sus facetas. Lo permitiría, lo necesitaba, lo amaba. Su vinculo estaba destinado a ser desde el primer momento.
Coloco su erección contra su entrada y se detuvo para mirar su rostro. Esos ojos cafés era su mundo entero, había esperado por siempre ese momento. Jamás espero que encontraría a su pareja y por fin lo había hecho y estaba a punto de marcarla de por vida.
— Va… va a dolerte un poco.- dijo nervioso Terry, aunque quería tomarla con todas sus fuerzas estaba preocupado.
Candy tomó su rostro y tomó sus labios en un íntimo beso, estaba consciente de ello pero también lo quería. Se convertiría en su pareja y todo lo demás ya no importaba, solo con estar con él era suficiente.
— Jamás me lastimarías.- dijo Candy llorosa.
_Te lastimare.. necesito marcarte- dijo Terry posesivo.
— Eres un maldito lobo, que piensas que me trataras como una cualquiera, pero me gustas y por eso te pido que hagas conmigo lo que quieras.- reprendió. — Márcame..
Terry Introdujo la punta de su miembro lentamente dentro de Candy, debía ser lo más delicado posible para no lastimarla y se detuvo en cuanto sintió un obstáculo en su interior.
Terry juntó sus labios con los de Candy y empujo rompiendo la barrera de su intimidad.
Candy apretó los ojos y hundió las uñas contra su espalda masculina, arañándolo en un intento de sobrellevar el dolor.
Era algo que podía soportar y al cabo de unos minutos todo pareció sentirse mejor.
Movió su pelvis indicando que podía continuar y él así lo hizo.
Se movió lentamente y en la primera estocada soltó un gemido ronco al sentir las paredes de su interior apretando su erección.
— Demonios.- maldijo al sentir esa placentera sensación. Debía controlar sus sentidos y no perderse ante tal maravilla, nunca había sentido algo así. Su miembro latía pidiendo por más.
Sus caderas continuaron el tortuoso ritmo, jadeaba en cada movimiento, definitivamente jamás había sentido algo así, Candy era la indicada.
Candy sintió un pequeño ardor seguido por una fascinante sensación, sentirlo dentro de su cuerpo era tentador, diferente, estaba marcándola en cada movimiento. Debía encargarse de reclamarla por completo, para que nadie la tocara, que todos supieran que era suya.
Demonios, si esa era su manera de demostrar cuando la amaba lo estaba logrando, Candy podía sentir sus sentimientos, podría derretirse en ese momento.
Continuó lentamente pero eso no parecía complacer a ninguno de los dos. Movió sus caderas más rápido golpeando su pelvis femenina en cada estocada.
— Ah…ah…- gemidos escaparon de su irresistible boca, Candy lo enloquecía por completo.
El sudor resbaló por su frente deslizándose por su pecho masculino, moviéndose cada vez más rápido intentando llegar a esa desesperada explosión.
Los huesos de su cadera golpeaban su entrepierna mientras se hundía cada vez más profundo. Todo su cuerpo temblaba en placer, jamás se cansaría de Candy, jamás la dejaría.
— Eres mía.- demandó Terry jadeante. — Me perteneces.- gruñó al sentir como el interior de Candy apretaba su miembro, estaban cerca. — Dilo.
— Soy… ah diablos.- maldijo al sentir esa contracción en su entrepierna, allí estaba de nuevo.
— Dilo.- volvió a gruñir esta vez contra su cuello.
— …Soy tuya.- dijo Candy rápidamente, el aire estaba alejándose de sus pulmones y eso fue suficiente para Terry.
Terry penetro a Candy una y otra vez golpeando sus pliegues enviando descargas a sus cuerpos, después de eso ya nada lo separaría de ella.
Candy comenzó a temblar bajo su cuerpo, ella también lo sentía. Aceleró sus estocadas hasta que las paredes de Candy se contrajeron contra su miembro y entonces esa explosión los golpeo a ambos.
Terry mordió su hombro instintivamente, hundiendo un poco los colmillos contra su delicada piel, saboreado un poco de su sangre. Se embriagó en esa sensación llenándola por completo, todo estaba hecho. La había marcado todo el cuerpo, Ahora la caperucita Candy solo pertenecía en cuerpo y alma al lobo Terry.
Esta historia Continuara…
Hola chicas ¿Cómo están?, espero que siga siendo de su agrado esa historia, ojo solo para adultos, quede encantada en el primer capitulo por sus comentarios veo que les gusta ese tipo de lecturas a las lectoras ver a Terry seductor, posesivo y fuerte, sin embargo tambien recibi una critica negativa, porque la lectura es fuerte,,, yo dejo bien claro que este no es el cuento infantil que conocemos, sino la leyenda real. Muchas Gracias me han hecho feliz con sus comentarios y apoyo espero que me sigan acompañandome de esa historia
