Notas mías... antes de empezar con la lectura... leen ese pequeño párrafo, estoy contenta por sus comentarios, sin duda se nota que les encanto esta historia. Yupi... yupi … yupi.

La caperucita Roja tuvo tres versiones, la primera es una leyenda real de los Alpes que cuenta que el lobo es un mundo sexual y eso la pueden encontrar y leer la leyenda, llamada la verdadera historia de la caperucita roja y la pueden encontrar en YouTube Caperucita Roja ¿a quién tiene miedo? Pero también hay otra que se llama Caperucita Roja. Para adultos.

La segunda fue escrita por Charles Perrault solo que aquí no es tan infantil como el que nosotros conocemos tiene un final triste el lobo se come a la caperucita y a la abuela, dando enseñanza que no debemos confiar en extraños.

La Tercera versión fue adaptada por los hermanos Grim, el cuento infantil para niños que nosotros conocemos, sin duda para mi esta es la versión más bonita, ya que soy maestra de niños, jijiji, pero como la mayoría de lectoras Territanas somos adultas y nos gusta ver a Terry posesivo y sexual, prefiero contar como fue la verdadera historia de la caperucita y el hombre sexual a quien le decían lobo, espero que me sigan acompañándome en esta historia jejejeje…

Esta historia es más apegada a la primera versión, espero que no haya malos entendidos, yo estoy adaptando la leyenda real… ojo… solo para adultos… lleva contenido lemón fuerte y un poco de violencia género.

Adaptación a la leyenda real de la caperucita roja.

Últimos capítulos…

Capítulo 5

El Verdadero Yo Y Un Amor Infinito.

El tiempo continuaba pasando y su cuerpo estaba demasiado débil que apenas podía moverse. Intentar con desesperación arrancarse las cadenas tampoco estaba ayudando.

Su vida estaba vinculada con la de Candy. Si pasaban más tiempo separados ambos morirían, y era algo que no podía permitir. Su preciosa Candy no se merecía nada de esto; ella

tan llena de vida y se odiaría por siempre si algo le sucediera. Ya lo hacía. Cada minuto que pasaba, una parte de él moría. Se había jurado protegerla, cuidarla y amarla, ¿Y qué

que logró hasta ahora? Solo dolor y sufrimiento.

Quiso llorar. ¿Qué le estarían haciendo? Si él lo pasaba mal, no quería imaginarse lo que su maravillosa chica estaría sintiendo. Pasaría hambre, permitiría que se le clavaran los

en la piel, sangraría un mar entero y caminaría sobre el mismo fuego con tal de verla a salvo.

— Debo decir que me decepcionas. — se burló Neal. Sus visitas constates solo aumentaban su cólera y agonía —. Antes solías ser tan temible. Todo el mundo admiraba y respe perfecto linaje. Y mírate ahora. — suprimió una carcajada —. ¿Acaso la humana te hizo más débil?

— Si pudiera moverme… ya estarías muerto. — dijo en un hilo de voz.

Sin embargo, Neal tenía razón. Solía ser un errante, yendo de un lugar a otro solo siguiendo las órdenes del hombre al que respetaba. Demostrando su poder y fuerza con quien osaban a desafiarlo y acabar con los lobos problemáticos que amenazaban con la paz. Aunque sabía que era diferente a los demás licántropos, siempre se encontraba volviendo

manada. Ellos le habían dado la bienvenida cuando solo era cachorro huérfano y herido, se convirtieron en su familia. Pero, de cualquier forma, no dejaba de ser diferente.

Las hembras se sentían atraídas e intimidadas por su presencia, por lo que solían evitarlo constantemente, y realmente no las culpaba. Era un predador por naturaleza. Más que los demás, pero solo en poder. Ninguna se atrevió a conocerlo y se convenció de que eso era lo mejor, aún si su vida fuera solitaria y vacía.

Al menos hasta que se encontró con Candy.

En el momento en que la vio, supo que tenía que alejarse. Ella era una humana, frágil y delicada. Pertenecía a los despiadados que le arrebataron todo. Podría hacerle daño sin

estaba en su naturaleza destruir todo a su paso. Y en cuanto vio sus ojos marrones— inocentes y fieros— le fue imposible dejarla. Ninguna hembra y, mucho menos una mujer, cautivaron de la manera en que lo hizo Candy. Su animal interior rugió por tenerla y, al final, lo consiguió. Le entrego su cuerpo, corazón y alma, la amaba tanto que dolía, y esa debilidad. Candy había domesticado a la bestia dentro de él.

— Vamos, Terry, me estas aburriendo. Muéstrame tu poder. Sé que lo ocultas, siempre lo has hecho.

El licántropo se esforzó por no perder el conocimiento de nuevo.

— ¿Esa es una de las razones por las que me odias? ¿Mi poder? — retó —. ¿Qué siempre fui más fuerte que tú?

Neal sonrió con molestia.

— En este momento, creo que es lo contrario. Ahora yo soy la bestia. Tengo a tu hembra, voy a acabar lentamente con tu vida y voy a disfrutar cada momento de ello.

Terry, tiró de las cadenas y le gruñó. El culpable de su estado solo se burló aún más.

— Hagas lo que hagas, nunca podrás liberarte. Esas cadenas fueron hechas para contenerte.

— Cuando salga de aquí voy a acabar contigo.

Y con una voz y mirada frías como el hielo, Neal respondió:

— Nunca saldrás.

Terry comenzaba a creerlo también. Si los días continuaban pasando y él no lograba encontrar la manera de llegar a Candy, ambos morirían. Candy podía seguir siendo una humana

habían vinculado sus vidas y, de eso, ya no existía alguna escapatoria.

— ¿Por qué simplemente no nos haces un favor a todos y te largas de aquí? — otra voz sonó detrás de ellos. Terry sonrió con molestia nuevamente.

— ¡Pero qué sorpresa verte! — exclamó sarcástico —. El chico que nunca pudo superar al licántropo de raza pura.

Gray no se molestó por su comentario. Fue obvio desde el inicio que nunca nadie sería capaz de superar a Terry. Ni siquiera el lobo más viejo. Su poder iba más allá de la imagina que ahora se encontraba controlado.

— Al menos yo no me convertí en un imbécil como tú. — respondió —. Sabes, antes solía respetarte, pero dejaste que tu defecto te comiera el cerebro.

Algo que Neal no soportaba, era que alguien se riera en su cara y aún más si se trataba de un lobo insignificante como Gray. Ni siquiera Terry le hablaba de esa manera.

— No deberías hablarme así.

— ¿Me estas amenazando?

— Solo mira a tu amigo. No te metas conmigo. — y antes de salir dijo unas últimas palabras —: Tal vez no puedo hacerte daño, pero si a quienes tratas de proteger.

Neal se fue y su amigo dejo caer todo su peso sobre el suelo. Los músculos le dolían y su interior ardía. Tantos años tratando de combatir su naturaleza destructiva y podía continuar así. Eso era justamente lo que Neal esperaba. Que expulsara su energía hasta que no pudiera ser controlado y se convirtiera en la bestia que era. Su padre biológico manada conocía los secretos para mantener el dominio entre sus dos partes, pero él era muy pequeño como para saberlos, y aún más para recordarlos. Ahora tenía que sufrir para instinto destructivo.

Gray se inclinó para ayudarlo a enderezarse. Su piel ardía en temperatura y sudaba frio.

— Sabes que la condición de Neal no es un defecto. — protestó con voz débil.

_ Oh, Terry no tenía idea de lo que se avecinaba, aunque era bueno que pensara así. Incluso si eso significaba defender al idiota.

— Lo sé, solo necesitaba cabrearlo. Su presencia me molesta. — contestó y lo escuchó sonreír —. ¿Cómo te sientes?

— Quiero salir de aquí.

— Eso también lo sé y tienes que aguantar un poco más.

— No.

— Se que puedes hacerlo. Candy está bien y no tienes que preocupar.

— Hablo de mi, Gray. — tragó saliva y lo miró fijamente —. Mi linaje es uno de los más peligrosos. El vinculo domó esa parte de mi, Candy lo hizo, y si continuo lejos de ella… Voy el control.

Y con la ayuda de Neal todo se aceleraría.

Gray asintió.

— Estamos haciendo todo lo posible por arreglar esto. El líder está buscando la manera de que nadie de nuestra manada, ni los humanos salgan heridos.

Sus palabras lograron sorprender a Terry.

— ¿El abuelo va ayudar? — le resultaba imposible creerlo.

— Si, está tratando de hacer lo correcto. — afirmó —. Te dije que no estabas solo. A pesar de todo, sigues siendo parte de nuestra familia. Por eso debes resistir un poco más.

Él solo pudo asentir. No había más opciones por las cuales aferrarse, solo esperar por la ayuda y eso lo hacía sentir patético. Si no hubiera controlado su poder, ya le habría arra cabeza a Neal y Candy estaría protegida.

— Cuida de Candy. — le pidió.

Gray se lo prometió mientras se apartaba. No sin antes repetirle que no perdiera la esperanza, que pronto estaría libre y su pareja a salvo.

En cuanto se quedo solo, cayó por completo sobre el rocoso suelo. Su piel estaba sucia y las costras a causa de sus heridas y sangre le dolían. No podía moverse para encontrar

posición más cómoda a causa de los grilletes que los sujetaban. Las cadenas que lo retenían fueron hechas por sus descendientes, por lo que eran más resistentes para contene licántropo como ellos, solo que ya no quedaba ninguno, solo él.

Ser aprisionado no era parte de su instinto. Su animal interior comenzaba a rugir en desesperación por liberarse e ir por la razón de su existencia: su pareja humana. No sin desquitar su furia y dolor con el responsable. Una vez fuera, nada lo detendría.

Mientras más se debilitaba el vínculo, más perdía la razón de sí mismo. Si continuaban separados, Terry perdería el control y después se convertiría en polvo.

Tiró nuevamente de las cadenas, enterrando el metal en la carne de sus muñecas y fallando en el intento. Si aplicaba un poco más de fuerza cortaría sus venas y eso significaba insoportable hasta que se curara la lesión. Un licántropo solo podía morir a causa del vínculo, el ataque de otro lobo o hasta que fuera lo suficientemente viejo para dejar su vida.

Algo que por obvias razones no pensaba dejar que pasara.

Su ardua respiración hacía eco en las paredes de la cueva. Le daría créditos a Neal por tomar la única oportunidad que tuvo para acabarlo y hacerlo sufrir hasta desgarrarse, lo había logrado.

En su cuerpo ya no había cicatrices visibles de aquel día en el que los humanos atacaron su manada. Sin embargo, aún se mantenían como amargos recuerdos de crueles seres a causa del miedo. Desde esa vez, aprendió a no sobrestimar a los humanos, y muchos menos tratar con ellos. Hasta que llegó Candy.

Cada vez que cerraba los ojos para así al menos olvidar el dolor, la preciosa rubia deleitaba sus profundos sueños con su dulce mirada e inocencia.

Hizo lo mismo esta vez. Dejo sus ojos firmemente cerrados y trato de ir hacia ella en su fantasía.

Como anhelaba el suave tacto de su piel contra él, el delicioso aroma de mujer que desprendía su cuerpo y el sabor de ella en su boca. Tanto tiempo desde que se había sentido

en los brazos de una femenina figura. Candy despertaba su cuerpo, su vida con solo un roce. Era una tortura no poder saborear la dulzura de sus labios, que solo le pertenecían a Ella le había entregado lo más importante para una mujer humana en aquella época tan colonial, y él la tomo como suya desesperadamente enamorado y ansioso por marcarla.

La deseaba tanto que le asustaba. La amaba tanto que le aterraba. ¿Y si algún día no pudiera controlar su instinto y la lastimaba? Jamás se lo perdonaría. Candy fue la única que temió, aun siendo humana.

Con el tiempo, aprendió a perdonar lo que los humanos le habían hecho a su familia, pero olvidar era un asunto muy diferente. Ninguna humana fue acreedora de una simple belleza, suya, Candy fue la primera que le robo el aliento. Ni siquiera una hembra de su propia especie logró lo que ella hizo. Su hermosa Caperucita Roja le robó el corazón con una sola. Por ella, valía la pena soportar mil años de dolor.

Continuará…

Hola chicas... ¿Cómo están?, espero que bien.

Gracias por comentar, esta bella historia que es una adaptación a la leyenda de los Alpes, agradeciendo como siempre por leer historias de Terry y Candy y que comenten eso hace que las desee finalizar, todo lo voy a finalizar poco a poco.

También agradezco por su apoyo incondicional en esta pagina y en el grupo de Candy White y Terry Grandchester

Poco a poco todas mis historias serán bajadas a Wattpad, ahí también me pueden seguir con mi mismo nombre, solo que hay he bajado una sola historia, pero en cuanto tenga tiempo bajare todas poco a poco.

Aprovecho los últimos días de vacaciones para publicar las historias, de ahí se me va ser difícil seguir con los escritos.

Un abrazo a la distancia

Maggie Grand.