Notas mías... antes de empezar con la lectura... leen ese pequeño párrafo, estoy contenta por sus comentarios, sin duda se nota que les encanto esta historia. Yupi... yupi … yupi.
La caperucita Roja tuvo tres versiones, la primera es una leyenda real de los Alpes que cuenta que el lobo es un mundo sexual y eso la pueden encontrar y leer la leyenda, llamada la verdadera historia de la caperucita roja y la pueden encontrar en YouTube Caperucita Roja ¿a quién tiene miedo? Pero también hay otra que se llama Caperucita Roja. Para adultos.
La segunda fue escrita por Charles Perrault solo que aquí no es tan infantil como el que nosotros conocemos tiene un final triste el lobo se come a la caperucita y a la abuela, dando enseñanza que no debemos confiar en extraños.
La Tercera versión fue adaptada por los hermanos Grim, el cuento infantil para niños que nosotros conocemos, sin duda para mi esta es la versión más bonita, ya que soy maestra de niños, jijiji, pero como la mayoría de lectoras Territanas somos adultas y nos gusta ver a Terry posesivo y sexual, prefiero contar como fue la verdadera historia de la caperucita y el hombre sexual a quien le decían lobo, espero que me sigan acompañándome en esta historia jejejeje…
Esta historia es más apegada a la primera versión, espero que no haya malos entendidos, yo estoy adaptando la leyenda real… ojo… solo para adultos… lleva contenido lemón fuerte y un poco de violencia género.
Adaptación a la leyenda real de la caperucita roja.
Últimos capítulos…
Capítulo 7.
Quédate conmigo
Candy abrió los ojos lentamente al mismo tiempo que su cuerpo volvía a tener movilidad. La base en donde se encontraba acostada era blanda, así que rápidamente como una cama. Los músculos le dolían un poco, pero sabía que era por la sensación de estar inmóvil. Necesitaba moverse. Soltó un gruñido delicado y apartó la sabana que cubría hacerlo, la sorpresa hizo que el color de su rostro se desvaneciera. No era posible. — Oh, estas despierta. — Una voz femenina la obligó a levantar la mirada y, de nuevo, de sorprendió. La mujer no era muy alta, tenía una cicatriz en su frente pero eso no era lo que se llevo su atención, sino el vientre abultado, además de su belleza. Las hembras m mismos genes poderosos en apariencia que los hacían lucir irresistibles.
Había conocido a Annie antes, y ella también era muy bella. Terry fácilmente pudo haber el ellas, alguna hembra de su manada que tuviera la capacidad de mantenerse a su lado. De repente, el engranaje suelto dentro de su cabeza se acopló a su memoria, haciendo que todo lo que sucedió volviera con un ligero dolor de cabeza. — Natsu, ¿Dónde está? Aquella desesperación de verlo, el hueco en su pecho ya no lo sentía más. Sin embargo, el ansia de verlo la golpeó con impaciencia. Él había sufrido más, la necesita estar a su lado.
Ella lo sabía. Pero de nuevo, el no verlo alrededor, a su lado, hizo que el temor se presentara. ¿Y si Iván había vuelto y lo hirió para vengarse? Dios suceder. — Tranquilízate — le dijo la loba —, Terry está bien. — ¿Y donde esta? La hembra vaciló. — Es un poco complicado. Un nudo se apoderó de la garganta de Candy y el pulso se le acelero. Terry no quería al bebe. Recordaba al menos su última conversación antes de perder el conoció dijo sobre él bebe, lo percibió dentro de su vientre, y ahora ya no estaba con ella. ¿Qué otra explicación debía haber? Ella era una humana y él un licántropo.
Estaba prohibido desde el inicio. Probablemente buscaba alguna solución para todo esto, para alejarse de ella. Y ese pensar — ¿No quiere verme? — las lágrimas se le juntaron en los ojos. — ¡Por dios! Jamás te atrevas a lastimarte con esos pensamientos de nuevo — exclamó la chica —. Eres lo más importante para él. Nunca lo vi con ninguna hembra contigo. El vínculo lo prueba. Él te ama. — ¿Y porque no está aquí conmigo? — Lo estaba, pero como te dije, es complicado. Especialmente para él. — ¿Por qué no es como los demás? ¿Tiene que ver con su linaje puro? — Si. Eso podía entenderlo. A decir verdad, podía entenderlo todo. Era solo que sus emociones se dispararon al pensar en lo peor. Así que esto significa estar embarazada — Lo siento, deben ser las hormonas. — se disculpó. La chica le sonrió y se acarició el vientre. — Te comprendo. A pesar de ser de mi naturaleza, aún conservo muchas cualidades humanas. Su vientre era demasiado abultado, así que la curiosidad le pico.
Candy tenía muchas preguntas y ella podía responderlas. — ¿Cuántos meses tienes? — ¿Todos los humanos son tan curiosos? — preguntó divertida —. Lo siento, eres la primera humana con la que interactuó. Gael es muy paranoico y trata de mantenerlo salvo de cualquier cosa, incluso del polvo.
La rubia recordaba vagamente aquel nombre y la imagen de un hombre, al igual que la mujer pelirroja que la ayudó. Él debía ser. — Cinco meses — le respondió con una sonrisa —. Estos pequeños están a pocos días de nacer. Candy se encontraba fascinada por los sentimientos fuertes que sentía de ella. Una emoción la invadió y tocó su propio vientre.
No esperaba un embarazo tan pronto enamorado como lo hizo, ni tampoco la situación que tuvo que pasar, pero no se arrepentía de ninguna de sus decisiones.
_ ¿Pequeños? — Preguntó Candy —, ¿Son más de uno? — Gemelos. Al tercer mes tú y tu pareja pueden percibirlo, también el sexo de los cachorros. En tu caso, solo Terry, ya que él es licántropo aquí. Bien, esa declaración la asustó un poco, o tal vez mucho. — ¡¿Cachorros?! ¡¿Voy a tener cachorros?! — y el descontrol hormonal tampoco ayudaba. — Oh, por dios. Voy a matar a Terry.
Levy la miró con evidente sorpresa para después explotar a carcajadas. Para ella no debía ser gracioso porque es lo que era, los lobos sabían lo que sucedía con su embargo, un humano era ajeno a los conocimientos sobre los licántropos. Nunca antes se había hecho un acercamiento entre ambas especies, o simplemente no registros de la aldea. Bueno, ¿Qué esperaba? Lo amaría de todas formas, pero aun así era difícil de asimilar. — Ya entiendo porque me eligieron a mí para verte — se sentó a su lado de la cama para conversar —. Antes que nada, este pequeño o pequeña que crece aquí de vientre aún plano de Candy —, tendrá un cuerpo humano. Los órganos humanos son más complejos y la forma que más solemos utilizar, por lo que debemos desgarro este cuerpo. Somos licántropos, la forma lobuna es natural, así que no es difícil lograrla; solo debemos aprender cómo hacerlo y controlarla. Además, cuando una h preñada, se le prohíbe cambiar de forma para no dañar a la cría. El cuerpo humano es muy delicado. — ¿Entonces el parto no es doloroso? — De cualquier forma, es doloroso, pero es algo que estamos dispuestas a hacer, ¿no es cierto? Por supuesto que sí. Mentiría si dijera que no tenía miedo. No obstante, sabía que no estaba sola en esto.
Terry no la dejaría. Ambos se amaban. Eso no cambiaría si cambiaba y continuaría cambiando era su cuerpo, especialmente lo más obvio cuando apartó las sabanas. — ¿Qué sucedió con mi pierna? — le preguntó curiosa. El lugar en donde Terry había enterrado la daga y cortado su piel, se había convertido en una cicatriz. El simple recuerdo del dolor y miedo les trajo lágrimas a sus ojos olvidaría y aquella marca sería el perfecto recuerdo del peor momento de su vida. — Dios, Terry debería estar aquí y no estar comportándose como un cobarde — gruñó la hembra —. Todo esto se debe al cachorro, ''bebe'' como lo llamarías tu. Ya fuerza y estabas perdiendo demasiada sangre, él bebe se encargó de protegerte.
Tardaste tres días en recuperarte por completo. Una loba solo habría tomado un d — ¡¿Tres días?! — al menos eso explicaba porque necesitaba con urgencia moverse. — Terry no se separó ni un segundo mientras estabas inconsciente. Se negó a dejarte sola. Se fue hace unas horas y no ha regresado, supongo que necesita pensar difícil para él — Candy podía darse una idea de lo que se trataba. A decir verdad, era bastante obvio. Por eso tenía que llegar a él —. Y no te preocupes, fue Annie que Terry no quiso hacerlo porque… Asintió, entendiendo completamente.
El vestido y la ropa interior le quedaban de maravilla. Salió lentamente de la cama y tomó una respiración profunda antes de ponerse de pie. Sintió un leve mareo, recupero rápidamente. Ya no había dolor, solo el anhelo de ver a Terry, sentir su tacto en su cuerpo, la delicadeza y amor en sus caricias.
Deseaba tocarlo, sentir q que ambos estaban bien y ya nada los separaría, quería escuchar esas palabras. — Gracias por hablar conmigo… — Levy. Ya que eres pareja de Terry nos veremos mucho por aquí. Fue un placer conocerte, Candy. Le sonrió y salió en busca del hombre que amaba. Justo en el momento en que salió, la mayoría de las miradas se posaron en ella: curiosas, expectante fue por el simple hecho de ser una humana en una manada de licántropos. Para su sorpresa, ninguno de ellos la miraba con desprecio, ni ella tampoco podía percibe alguna advertencia por parte del bebe. Tal vez por eso se sentía segura. — Ignóralos, se acostumbrarán. — reconoció la voz de Annie de inmediato.
Un rostro familiar lo haría todo más fácil y dos eran mucho mejor. Annie se abalanzó sobre Candy y le dio un fuerte abrazo. Al principio, el gesto la confundió, pero se lo devolvió. Aquella chica, ambos la ayudaron y estuvieron con el — Me alegra tanto que estés bien, Candy. Él bebe te salvo la vida, si ese pequeñín no estuviera en tu vientre no quisiera imaginar lo que hubiera pasado. La rubia frunció el ceño. La forma de hablar de Annie era muy inusual, diferente a la de Levy. Gray lo notó. — Ella solo es rara, no lo pienses demasiado,
Candy. fingió ofenderse. — Yo no soy rara. — Su personalidad es espontanea, extrovertida, muy inusual en nuestra especie — explico él —. Es por eso que atrae a los demás lobos, incluso a los humanos. Un el que debo lidiar cada día y la razón principal de que sea incapaz de dejarla sola. Me la pueden quitar en un segundo y el vínculo nos mataría.
La chica giró los ojos. — Siempre dices eso, pero amas estar conmigo. Gray curvó sus labios levemente y atrajo a Annie hacía él, abrazándola por la cintura. — Si, eso también. Candy sonrió. Era tan lindo ver muestras de cariño sin avergonzarse, parecía tan natural en la manada.
Los lobos eran los seres más increíbles que había conocido. — ¿Saben en dónde puedo encontrar a Terry? — odiaba interrumpirlos, pero necesitaba verlo. — Tiene una cabaña en la colina, siempre va ese lugar cuando quiere estar solo. No tenía más tiempo que perder. Su pierna se encontraba perfectamente, el cuerpo le dolía un poco, pero nada comparado sin el tacto de su pareja. Tantos días sin destrozaron una parte del corazón. Debía verlo. Tenía que hacerlo. Antes de irse, les dijo a ambos lobos unas últimas palabras. — No sé cómo agradecerles todo lo que hicieron por mí. Su comentario arrancó una sonrisa de Gray. — Él siempre pensó que iba a estar solo, que jamás encontraría a alguien que lo aceptara por lo que es, una hembra que no le temiera. Y déjame decirte que fue u idiota al creerlo — Le respondió sin apartar la mirada de ella —. Solo hazlo feliz
Ambos se ofrecieron a guiarla hacía allí, pero Candy conocía el bosque. Sabría cómo llegar. Además, ya nada podía asustarla. No cuando su lobo la necesitaba. . ... Algunos de los muebles que consiguió en uno de tantos viajes estaban cubiertos de polvo. Se encontraba sentado sobre una silla mirando hacia la nada. A veces ca círculos o intentaba pensar el algo más que no fuese su pareja, o su bebe. De igual manera nunca los sacaría de su cabeza, ni los apartaría de su vida. Era simplemente imposible de hacer.
Se encontraba en un gran dilema. Cuando Candy se desplomó en sus brazos sintió que el mundo se le caía a pedazos y, cuando percibió el olor a sangre, una parte m él. Su instinto asesino despertó con la furia, Neil había herido a Candy, su Candy. Tuvo que utilizar todas sus fuerzas para contener aquel sentimiento y pedir ayuda. Alguien en la manada debía saber cómo detener la hemorragia o cualquier herid causara un daño aún peor.
Se quedo con ella hasta que el último de los lobos a cargo de la medicina en la manada le explico que todo estaría bien. La herida era por sanaría gracias al poder del cachorro y los genes licántropos en él.
Ella, al ser una humana, no tenía la misma resistencia, así que su cuerpo se recuperaría más le podía tardar días en despertar. Y ya habían pasado tres. Se negaba a tocar a Candy de cualquier forma. Temía hacerle daño, a los dos.
La noticia de que sería padre le inundaba el pecho de felicidad. Por fin tenía todo lo que siempre anhelo, y le asustaba perderlo, o ser él mismo quien se arrebatara Siempre sería diferente y sufriría por su auténtica naturaleza. Ojalá hubiera nacido en una manada cualquiera, así no se preocuparía por nada. Pensó que el estar unido suprimiría esa parte bestial e incontrolable, obviamente no era tan cierto como espero. Perdió el control cuando Terry le mostró las prendas con rastros de sangre y se dejó llevar por la ira. Aún la sentía hirviendo dentro de él, al igual que la imagen de cabeza.
Antes de vincularse, cuando solía perseguirla a todas partes en el bosque, recordó su postura al leer, la manera en que sus delicados dedos daban vuelta a las de sus ojos seguían atentamente la lectura. Podría mirarla por toda la vida. En una ocasión ella lo había descubierto. Sus ojos se encontraron y la más tímida, embelesadora y bella sonrisa se formó en esos perfectos labios. Esa era una mira poner de rodillas a Terry.
Ese fue el momento exacto en que supo que no habría alguien más para él. Incluso si Candy no lo aceptaba, él no amaría a nadie más. Ella era suya, estaba a salvo, pero era él quien ahora dudaba. Se pasó las manos por el rostro y se puso de pie, gruñendo.
Aún podía percibir el aroma de Candy mientras estuvo a su lado. Su esencia aún permanecía en su nariz por ella y cuidarla hasta que despertara.
Sin embargo, le pareció una buena idea tomar al menos unas horas para controlar sus sentimientos, convencerse de que tibien. Pero, ¿Y si no lo estaba? ¿Y si lo rechazaba? Momentos como ese, envidiaba a los humanos por sus sentidos débiles que hacían que el alcohol eliminara sus penas hasta que el efecto desapareciera. Los licántropos embriagarse.
Además, no sería apropiado. Dio un pequeño paseo por la cabaña. La había encontrado abandonada años atrás y decidió tomarla como suya. Estaba deteriorada, pero el tiempo libre le dio algo También conservaba ciertos muebles. Parecía que los humanos que la habitaban dejaron todo atrás. No fue hasta que percibió un aroma familiar que salió de su ensoñación. Perdió el sentido de sus pensamientos y cuerpo al percibirla. El pulso se le aceleró y la entrada. Antes de que pudiera escuchar los golpes, abrió la puerta.
Candy se quedó con el puño en el aire, que bajo lentamente sin apartar la mirada de él. No pensó que el verlo de nuevo la dejaría sin aliento, sin palabras. Él estaba sexy con ambas manos apoyadas sobre el marco, con una postura demandante y atrayente por naturaleza. Alto y masculino. Ni siquiera podía pensar mientras unas emociones la atravesaban.
Terry no podía respirar cuando miró dentro de esos ojos azules que resaltaban la belleza e inocencia de su pareja. De su Candy. Dios, ella era tan hermosa. Ante él estaba la mujer que deseaba desesperadamente. — Terry — pronunció su nombre, rompiendo el silencio que se había hecho entre ambos.
El sonido de su voz le encogió el estómago, calentando su cuerpo solo con la cercanía. Anhelaba estirarse, tomarla entre sus brazos y besarla. Pero ella aún podía s lastimada, podría herirla más si la sentía más cerca. Se trago el deseo que sentía por ella y retrocedió, porque honestamente, no confiaba en su propio control. — ¿Qué estás haciendo aquí? — el tono duro de su voz la hirió. Lo supo por su expresión. Si no lo conociera mejor, juraría que estaba tratando de que lo odiara. Obviamente no se lo permitiría, no dejaría que se lastimara de esa manera con aquellos pensamientos egoístas. — Puede que sea una humana, puede que no sea tan fuerte como lo quisiera, sé que puedes romperme el cuello sin ningún esfuerzo, ¿crees que no lo sé? — Cuesta interesa lo que seamos mientras estemos juntos.
Quiero estar contigo. La miró y la miró por largos segundos, hasta que por fin respondió. — Soy inestable, te puedo hacer daño. Ignorando su posible reacción, rompió las distancias y posó una de sus manos sobre la mejilla de él, obligándolo a mirarla. — Me amas, ¿Cómo podrías hacerme daño? La dulzura en su mirada y tacto lo endurecieron. Apretó los puños y se maldijo mentalmente por ser tan débil ante ella. — No hagas esto, Candy. — rogó. Se sentía de lo peor, ¿Cómo podía desearla tanto si aún estaba herida?
Candy lo ignoró. La única manera de eliminar sus dudas era demostrarle todo lo que sentía por él. Su cuerpo estaba bien y ansiaba el tacto de Terry. Sentir sus fuer acariciarla y propiciarle el placer con solo un roce. Ella se estiró hacia él, tomando su rostro con ambas manos. Él se quedó inmóvil. Si ella lo tocaba sería incapaz de contenerse. El plan de Candy no había sido nada m beso, no lo obligaría, ni tampoco tentaría para que estuvieran juntos, pero ella ya era una tentación. En el momento en que sus labios se rozaron, lo oyó gruñir al mismo tiempo que la atraía a sus fuertes brazos y la llevaba hacia la habitación.
Él violo su boca con p mordisqueando sus labios gentilmente, bajando por su mandíbula hasta su cuello; lamiendo, incitando su deseo. jadeó. Sus pechos se hincharon, su cuerpo ardía en cada parte que él tocaba. El centro de su placer palpitaba en dolor, en necesidad. Quería sentir su boca, su contra la suya. — Debería detenerme. — le dijo con la respiración acelerada. — Por favor… — Aún está herida. — Tócame. — pidió. Si fuera la misma chica antes de todo lo sucedido, jamás habría pronunciado esas palabras. No obstante, sintió como sus hormonas encendían podría ser el embarazo o simplemente la sensación de él llenándola.
Terry se encontraba entre dejarla libre o besarla una vez más. Aquellas semanas alejado de Candy fueron insoportables, pero esos tres días se convirtieron en una e insufrible. Ver su delicado cuerpo inmóvil postrado en cama fue como clavar una daga en su corazón.
Sabía que todo era el plan de venganza de Neil, y utilizó y así hacer que dejara que los genes que lo convertían en una verdadera bestia se manifestaran.
El verla frente a él, tan preciosa, tan vivaz, inundó su alma en una completa felicidad. Era lo más hermoso que vio jamás. Incapaz de detenerse, la tiró hacia él y la con más fiereza. La esencia de Candy lo llenó. La necesitaba desesperadamente.
El lobo estaba hambriento y sus labios buscaban cada parte de su piel. Deslizó el vestido lentamente por sus hombros, arrastrándolo por su cuerpo. El tacto de sus manos callosas y masculinas fue suficiente para tenerla húmeda y nace pechos desnudos quedaron expuestos y sus pezones se endurecieron cuando él acarició los pequeños montículos de carne.
Sus ojos estaban oscurecidos por el des cuando la recostó sobre la cama y vio cómo se quitaba la camisa. Su piel aún conservaba las cicatrices de batalla que mostraba orgulloso. Alcanzó la parte frontal de pantalones y los saco lentamente.
El nudismo no era un problema para los lobos, sentir timidez por la desnudez no funcionaba con ellos. Candy tragó saliva al ver su cuerpo expuesto.
Era grande y grueso, su cuerpo desnudo era la perfección en un hombre. Él se inclinó sobre ella y saboreó sus labios. Se sentía tan bien tenerla otra vez, sentir sus pechos rozar su piel. Estaba tan duro y excitado que dudaba poder durar acostumbraba. — Dime si te hago daño. — le dijo suavemente. Candy respondió con un gemido cuando atrapó su pezón con los dientes. Lo mordisqueó suavemente y chupó. Metió una mano por debajo de los bordes de la falda del vestido y acarició el muslo en donde había sido herida hasta llegar a sus bragas.
Estaba tan mojada, lista para recibirlo, y él ya no podía esperar a enterrarse en ella y disfrutar del placer que su estrecho canal le proporcionaría. Dejó su pezón y le quitó lo que restaba de la ropa, dejándola completamente desnuda. Se inclinó nuevamente sobre ella y depositó un beso en su vientre. El acto la completo.
Terry era todo lo que ella amaba. Él subió encima de ella, atrapándola con su cuerpo. Candy sintió una descarga de erotismo recorrerle el cuerpo, su intensa mirada la calentaba. — Extiende los muslos. Hizo lo que le ordenó. Le dolía el cuerpo al no tenerlo.
La torturó un poco, pasando la cabeza de su pene de arriba abajo por los pliegues de su sexo, empapándola por completo. Se movía lentamente, frotándose contra arrancarle aquellos gemidos que lo volvían loco. — Terry…— gimoteó. — Lo sé, preciosa. Ajustó el ángulo de sus caderas y se guio en ella, abriéndole el cuerpo y llenándola. Todo su cuerpo gritó de alivio al sentir como sus estrechas paredes lo apretaba condenadamente bien.
Candy soltó un gritó ante la sensación caliente en su interior. Su cuerpo entero lo recibió y tembló de placer. Terry era tan viril, demasiado apasionado. Él se deslizó fuera y volvió a empujar para penetrarla hasta el fondo. La lujuria dominaba en sus miradas, en sus movimientos.
Los huesos de su cadera golpeaban enterrando su dura erección haciendo que cada movimiento lo sacudiera en excitación. Candy lo envolvió con las piernas, apretándolo más hacia el fondo y moviendo sus caderas contra su pelvis.
La fricción de sus cuerpos estimulaba su clítoris, aún deliciosas sensaciones de su entrepierna. Terry sonrió y empujó más fuerte. — Ya me tienes, Candy. Sus empujes ganaron velocidad, cada vez más duro. Candy se retorcía debajo de él, la intensidad era tanta que pensó que explotaría. Gemía en cada movimiento, era placentero.
Una ola de placer le recorrió el cuerpo y gritó cuando el clímax la alcanzó, arqueando su cuerpo por la fuerza del orgasmo. Terry la penetró una y otra vez, sintiendo como su interior lo succionaba y apretaba contra su pene.
Sus deliciosos gritos y el placer lo cegaron, enterró las manos de ella, metiéndose profundamente dentro de su cuerpo y gritó su nombre, corriéndose con intensidad, expulsando su orgasmo dentro de ella. Candy sintió el calor de su cuerpo y lo sostuvo cuando se dejó caer sobre ella, cuidando de no aplastarla.
Ambos jadeaban. Estaba sin aliento y sin ganas de separarse aún. Terry se giró sobre el colchón y dejo a Candy sobre él, aún sin salir de su interior. Sentir su respiración lo llenaba de tranquilidad. Estuvieron varios minutos en silencio sonriendo cuando sus miradas se encontraban.
Hacer el amor con Candy era lo mejor de la vida, tenerla junto a él, disfrutar de su compañía. Nunca había sentido lo que sentía por ella.
Amaba la sensación de hacerla suya, sus rubios cabellos en su mano y el dulce olor de su cuerpo. Incluso la amaba aún más ahora que le daría un hijo. Podía imaginarse a un pequeño con el ojo pequeño con su carácter.
Pensar más allá de los años junto a ella era como estar en el cielo. Vivirlo sería mucho mejor. — ¿En qué piensas? — le preguntó ella, curiosa. — En lo hermosa que eres y lo que me haces sentir. — ¿Solo eso? — sonrió. — Si, y que estoy enamorado de ti. Y me refiero a realmente enamorado, Candy, no creo que pueda vivir si algo te sucediera por mi culpa. — Terry…— sabía a dónde iba la conversación. — Cada vez que te miró recuerdo nuestras diferencias.
Yo podría herirte fácilmente, Candy. Soy fuerte, impulsivo, violento y tú eres tan pequeña en mis brazos, tan Y ella quería quedarse con él. Alzó un poco el rostro y lo miró directamente a los ojos. — Dejemos algo claro: eres fuerte, pero nunca me harías daño. Eres impulsivo, pero amo eso de ti; y no eres violento, eres todo menos eso conmigo.
Él la miraba fascinado. — ¿Cómo puedes confiar en tanto en mí? — Porque te amo — la ternura de su mirada lo dejo sin respiración —, y has hecho todo para mantenerme a salvo. La manera en que me tocas, la manera en que saber lo que sientes por mí solo cuando me miras — sonrió —. Y él bebe me ha vuelto más sensitiva.
Él le devolvió la sonrisa y volvió a girarla para tenerla debajo de su cuerpo. Su cuerpo se endureció de nuevo y el movimiento le robó un gemido a Candy. — Dios mío, eres la mujer más sexy que existe y llevas a mi bebe en tu vientre. Soy un bastardo afortunado. Ella río y enterró los dedos en su pelo. — Bésame. Me encanta besarte. Evitó decir otro comentario y probó de su boca hasta que le faltó el aliento. Su Candy se estaba volviendo más atrevida y eso le gustaba. — Te diré que prefiero el sexo con una hembra humana. Su comentario obtuvo la atención de Candy. — ¿Con cuantas humanas te has acostado? — sabía que Terry no era un inexperto, pero los celos la abrumaron. No pudo evitarlo. Terry sonrió a su pregunta. Percibió la aceleración de su pulso y le agradaba ver nuevas facetas en ella.
Nunca la vio molesta por otra mujer. — Mi pequeña celosa, eres la primera humana en mi vida. — Bueno, tú también eres mi primer lobo. Mi único hombre. Él suspiró y saboreo sus palabras. — No sabes lo bien que suena eso. — admitió. Candy lo miró curiosa y expectante por una respuesta —. Soy un jodido posesivo, Candy.
Si alguien más te hubiera toca matado. No pienso compartirte nunca. Eres mía. Al completar el vínculo, su etapa de ''luna de miel'' como solían llamarlo los humanos, ambos fueron separados y toda la energía sexual acumulada estaba saliendo, Además, con el embarazo, las hormonas de Candy estarían incontrolables. Lo mejor era darle privacidad a la pareja y disfrutar del placer. Y era justamente lo que Terry hacer durante todo el día. . ..
Continuará…
Muchas gracias por seguir leyendo y comentando todas y cada una de mis historias, deseando sigan esta y las que aún faltan, esta historia ya llega a su fin, solo falta el penúltimo para llegar al final ;) Continuamos en más Historias de Terry y Candy, Después de esta pienso compartir mas historias eróticas, depende si mi curso de Psicología de la Sexualidad, me siguen enseñándome algunas historias eróticas, para poco a poco aprender a escribir historias con contenido adulto, recuerda que yo aun no tengo experiencia en eso, jejeje… cuídense.
Un Abrazo a la Distancia Maggie Grand.
