Notas mías... antes de empezar con la lectura... leen ese pequeño párrafo, estoy contenta por sus comentarios, sin duda se nota que les encanto esta historia. Yupi... yupi … yupi.

La caperucita Roja tuvo tres versiones, la primera es una leyenda real de los Alpes que cuenta que el lobo es un mundo sexual y eso la pueden encontrar y leer la leyenda, llamada la verdadera historia de la caperucita roja y la pueden encontrar en YouTube Caperucita Roja ¿a quién tiene miedo? Pero también hay otra que se llama Caperucita Roja. Para adultos.

La segunda fue escrita por Charles Perrault solo que aquí no es tan infantil como el que nosotros conocemos tiene un final triste el lobo se come a la caperucita y a la abuela, dando enseñanza que no debemos confiar en extraños.

La Tercera versión fue adaptada por los hermanos Grim, el cuento infantil para niños que nosotros conocemos, sin duda para mi esta es la versión más bonita, ya que soy maestra de niños, jijiji, pero como la mayoría de lectoras Territanas somos adultas y nos gusta ver a Terry posesivo y sexual, prefiero contar como fue la verdadera historia de la caperucita y el hombre sexual a quien le decían lobo, espero que me sigan acompañándome en esta historia jejejeje…

Esta historia es más apegada a la primera versión, espero que no haya malos entendidos, yo estoy adaptando la leyenda real… ojo… solo para adultos… lleva contenido lemón fuerte y un poco de violencia género.

Adaptación a la leyenda real de la caperucita roja.

Últimos capítulos…

Penúltimo capítulo. …. El próximo capitulo es el gran final.

Capítulo 8

La verdad

Candy ya llevaba un rato sonriendo que incluso sus mejillas comenzaban a doler. Acariciaba el cabello de Terry, mientras lo observaba escuchar los latidos del bebe. Ha dejado la cama y, aunque sus piernas y caderas dolían, no quería separarse nunca más. Lo vio sonreír y esta vez le pico la curiosidad.

— ¿Tan increíble es?

Él sonrió aún más.

— No te lo imaginas. Tiene un corazón fuerte, y parece percibirme también, aunque aún es muy pequeño. Será muy inteligente.

— Si, supongo que es increíble. — intentó no deprimirse, pero le fue imposible. Ella también quería escucharlo y percibir lo mismo que un licántropo.

Terry notó el cambio de ánimo en Candy y se arrepintió por hablar de más. A veces olvidaba por breves instantes que ella no pertenecía al linaje de los lobos. Su cuerpo carecía cambios por el embarazo, muy necesarios para mantener al bebe a salvo y saludable durante la gestación. Sin embargo, al dar a luz, todo se iría nuevamente y que débil. Nada de qué preocuparse, solo que él lo haría de todas formas. Siempre se preocuparía por ella, por más mínima que fuese la situación.

— Es increíble poder escucharlo y percibirlo, pero tú puedes sentirlo, Candy. Llevas a nuestro hijo en tu cuerpo, eso es más increíble.

La rubia sintió que la ternura le recorría el cuerpo. ¿Cómo no amarlo?

Aún recordaba las palabras de Gray antes de venir a la cabaña. Hablo sobre sus pensamientos de estar solo y, a decir verdad, fue lo que sintió cuando comenzó a partes. Se percató de su soledad y esa se convirtió en una de las razones por las cuales continuó con él. Fue curiosa e insensata, algunos la hubieran llamado estupendas entendía la razón: se habían vinculado mucho antes de unir sus cuerpos. Su primera mirada, su primer beso, así ocurrió. Estaban destinados a estar juntos.

— Te amo, Terry. — Le dijo.

Él la miró con esos ojos tan profundos y después rompió la mirada para besar su vientre aún plano. Trepó por su cuerpo sin aplastarla, hasta llegar a su hermoso vientre, tan preciosa y nunca se cansaría de decirlo o pensarlo. Cada latido de su corazón le pertenecía a Candy para toda la eternidad.

Posó sus labios sobre los de ella y la besó como si hubiese sido la primera vez, como en aquella ocasión junto al viejo árbol en el ocaso. Candy era la inocencia de un asombrosa en belleza y valentía. Sus labios eran suaves y cálidos, como sus caricias, como su cuerpo. Todo lo que una vez busco, lo encontró en ella.

El beso no tuvo segundas intenciones. Aún si la deseaba más de lo que imaginaba, tenerla cerca era más que un sueño hecho realidad.

Al romper el beso, la miró directamente a los ojos.

— Gracias. — agradeció, acariciando su nariz con la suya en un gesto cariñoso.

— ¿Por qué?

— Eres todo lo que soñé, todo lo que quiero. Tener una familia era imposible para mí, y has cambiado eso. Te tengo a ti y ahora me voy convertir en papá. Estoy tan emocionado apenas puedo respirar.

Candy sintió que se le humedecían los ojos. Le tomó el rostro con ambas manos para poder verlo.

— No es imposible, Terry— le respondió —. Me encontraste y estoy contigo. Nunca voy a dejarte.

Lo vio tragar saliva.

— Lo fue en un inicio. Por un tiempo, a causa de mi linaje destructivo tuve muchos problemas. Apenas podía hablar con algunos miembros de la manada. La mayor admitió y observó la sorpresa en el rostro de la rubia —. Es verdad, nunca te hablé sobre esto. Temía que, si te contaba, me rechazarías como los demás.

— Puedes decirme ahora. — y realmente quería escucharlo todo.

El licántropo sabía hacia donde iba la conversación.

— ¿Te he dicho que me encanta verte desnuda?

Candy se sonrojó, pero aun así protesto.

— Terry...

Él soltó una carcajada y se dejó caer a su lado sobre la cama, para así poder mirarla con mayor comodidad.

— Si, lo sé — asintió y luego suspiró, tomando un segundo antes de empezar —. Solía a odiar a los humanos. A todos y cada uno de ellos.

Sus palabras y sinceridad dejaron a Candy completamente anonada. No le importó su desnudez, o más bien, lo olvido completamente. Se enderezó, quedando santa cama. Terry aun continuaba acostado a su lado, solo apoyándose con el codo y apoyando la palma de su mano en la barbilla. Ella se estaba acostumbrando a él y eso le parecía maravilloso. Aun así, también sabía que tenía que hacer lo mismo.

— P-Pero… yo… — ella balbuceó.

— Es diferente ahora — dijo —. Cuando era pequeño, vi como los humanos atacaron a nuestra manada. Éramos más fuertes, pero ellos lograron vencer. Aún no como sucedió. Supongo que mi manada los subestimó. Vi como mataban a mi padre frente a mí, le arrancaron el corazón para que no pudiera revivir; algunos piensan que inmortales, pero no lo somos. Tuve pesadillas por años. Los humanos no querían nadie de nosotros quedara con vida, éramos una amenaza, así que mi hermano para que no me encontraran. Era solo un cachorro, zagales y lobos debían pelear, pero al final no sirvió de nada — tragó saliva —. Aún recuerdo el silencio. Tenía lo único que escuche por tres días fue nada. Fui el único sobreviviente.

Candy sentía tanta pena por él. ¿Cómo pudieron hacer eso? ¿Por qué no podían simplemente convivir en armonía? Ninguna de las dos razas era tan diferente. Ambos tenían sentimientos, ambos vivían, eso debía ser suficiente.

Él se enderezó también e hizo una mueca de dolor al ver la tristeza en sus ojos azules. Le acarició las mejillas y vio como mordía su labio inferior.

— No hagas esa cara por mí, Candy Estoy bien ahora.

Ella negó y parpadeó para alejar las lágrimas.

— ¿Qué sucedió después? — odiaba preguntar, pero necesitaba saberlo. Algo así jamás se olvidaba y ella quería ayudarlo. Con el tiempo lo haría.

— El abuelo me encontró — continuó —. Dudo en llevarme con él, pero al final lo hizo. Mi manada no era la más estimada, nos respetaban solo porque nos temían.

los licántropos tienen la sangre contaminada. No es malo, solo que pierde la pureza de nuestro linaje. Las uniones con humanos iniciaron todo eso. La unión entre un lobo de sangre pura debilita la raza, fue así como comenzó. Mí manada solo se reproducía dentro del círculo, así que no había riesgos de contaminación. Es por eso es considerado una raza pura, un verdadero licántropo — dijo orgulloso —. Soy más fuerte, mis instintos son más agudos y el vínculo me afecta más que a cualquiera. es la que rige en mi, solo que yo logré controlarla.

Si Terry era un verdadero licántropo, todo tenía sentido. Él era hermoso. Algo que notó, fue que todos los licántropos eran atractivos. No obstante, Terry mantenía única, tan masculina y poderosa. Los genes eran más fuertes en él.

— Eso significa…

— Si — dijo él —, nuestro bebe solo mantendrá ciertas características humanas, pero será mayormente un licántropo. Mis genes dominaran en su cuerpo.

Vaya, esa era otra fuerte noticia. No le importaba en lo absoluto que fuera un licántropo, solo quería que naciera sano.

— No tendrá problemas, ¿cierto? — preguntó angustiada.

— Los tendremos nosotros — sonrió —, será muy especial. Lo más probable es que no podremos detenerlo.

— Bueno, soy su mamá, tendrá que escucharme.

— Se que lo hará — confesó —. Está ligado o ligada a ti en un nivel diferente, nunca había presenciado algo así. Te ha protegido más de lo un bebe licántropo lo ha puedo notar como sus latidos se incrementan cada vez que hablas. Creo que te ama más que yo, pero eso no lo voy a permitir.

Candy río.

— ¿Estas celoso?

— Va a tratar de tener toda tu atención una vez que nazca, así que sí, estoy celoso.

— Los amo a los dos. Y continua, sé que también le encanta percibir tu voz — se acarició el vientre.

Al parecer, la desnudez ya no afectaba a ninguno de los dos, especialmente a la rubia. La confianza entre ellos se había vuelto inquebrantable.

— De acuerdo — aceptó —. El abuelo es el líder de la manada, más sabio que cualquiera, sabia el riesgo al llevarme. No es que nadie me quisiera por mi linaje, confiarían en mí y no los culpe. Después de todo lo ocurrido, me volví más agresivo y peligroso para los demás. No quería saber nada de nadie y nadie quería sabe

Richard me crio como a su propio hijo, pero yo siempre pensé que estaba solo. Fue hasta que conocí a Neal que me di cuenta que no era verdad, que ya tenía una Loba.

Él fue el primero en aceptarme y creer en mí — puntualizó — No supe era el hijo biológico del abuelo hasta tiempo después, ni tampoco que era un hibrido. Entendí una razón por las cuales me acepto, ambos éramos diferentes. Pero para ese entonces, ya se había distanciado de todos y comenzó a odiarme.

— Neal me dijo que le quitaste su lugar, ¿Por qué diría algo así?

La mirada de él viajo hacia la cicatriz en la pierna de Candy. Apretó la mandíbula y contuvo la ira en su pecho.

— Aun siendo mitad humano, tiene una parte animal dentro de él. Pensó que yo era una amenaza, lo que obviamente no era. Yo jamás le hubiera quitado su lugar. ser licántropos, nos dejamos llevar por nuestros sentidos: el olfato, oído, gusto y la vista. Actuamos por instinto, sabemos lo que es correcto, podemos sentirlo. Sin humano duda, su propia mente lo traiciona, se deja llevar por la situación o las apariencias. Ese es el gran problema con los híbridos. No pueden coexistir con sus defectos.

Normalmente la parte humana termina ganando.

Al menos Terry tenía sangre pura y él bebe nacería con su linaje. No había nada de qué preocuparse.

— Y abandono la manada — dijo la rubia —. No puedo creer que haya convencido a todos en la aldea de hacer todo eso, acabar con su propia familia.

— No te ofendas, Candy, pero es así como actúan los humanos.

Y no podía contradecirlo. No después de todo lo que había vivido. Alejó los malos pensamientos y continúo con la conversación. Había una pregunta que aún rondaba

— ¿Por qué nos odiabas?

— Me habían quitado a mi familia, por muchos años pensé cazar a cada uno de ellos. Afortunadamente, aprendí a suprimir mi mal genio y mi instinto asesino. Nunca he podido olvidarlo, pero pude apartar esa parte de mí gracias a lo que tengo ahora. Vincularme contigo me ha cambiado completamente. Por fin siento que soy yo.

Ella le sonrió levemente.

— ¿Por qué me elegiste a mí? — se lo había preguntado desde hace tiempo. Pensó que nunca funcionaria y no se arrepentía de lo sucedido entre ellos. Fue lo mejor pasarle.

— Todos nuestros sentidos son importantes, pero el olfato es el más esencial. Aunque ya no odiaba a los humanos, mantuve mis distancias como precaución. Pensé bien. Fue tu aroma lo que me atrajo. Tu olor era dulce, tentador. Nunca había percibido algo parecido, así que rastré el olor que me llevo hasta a ti. El verte, tan perfecta, inmediato supe que eras mi pareja.

Ser un lobo debía ser fascinante. Terry la atrajo hacia él, haciendo que cayera sobre su torso musculoso y desnudo. Amaba la sensación de su piel rozarse contra los sus pechos, el aroma de su cuerpo y lo delicada que era. Se sentía protector con ella, tenerla a su lado era todo lo que anhelaba.

De repente, su plan de pasar todo el día juntos se vio afectado en el momento en que detecto a una presencia acercándose. Lucy se percato del cambio de actitud, y trataba de reconocer el olor.

— ¿Terry?

— Alguien se acerca — advirtió y salió de la cama —, Busca algo que vestir.

Quien quiera que fuera, venia rápido hacia la cabaña, y debía estar preparado para sacar a Candy de allí si las cosas se ponían feas. También vistió unos pantalones y segundos, reconoció el olor. Sus hombros se relajaron y soltó un suspiro de alivio. Miró a su linda rubia que ya se encontraba vestida, con el cabello alborotado y lo hinchados, estaba malditamente irresistible y ya los habían interrumpido. Gruñó y abrió la puerta antes de darle oportunidad al intruso de llamar.

— Espero que tengas una buena razón para estar aquí, Gael.

— Sabes que no me gusta interrumpir, pedazo de idiota, pero te necesitan en el campamento — miró a Candy —. A ambos.

El lobo se interpuso en la mirada de Gael para que no mirara a Candy más de lo necesario, no cuando ella se veía jodidamente hermosa en ese vestido blanco, al decir que nunca la compartiría. Solo él podía mirarla y tocarla. Su lobo interior no permitiría que se le acercara nadie, y ahora que llevaba a su bebe en el vientre incluso más protector.

— ¿Por qué? — preguntó con voz profunda.

— Hay una mujer humana en el campamento exigiendo ver a cierta chica rubia.

Y fue la misma chica rubia quien casi se cae de la sorpresa. El pulso se le acelero y quiso llorar. ¿Cómo pudo haberlo olvidado?

— Oh, por dios, mi mamá — se llevó la mano la boca — ¿Cómo pude ser tan egoísta? Debe estar tan preocupada y yo estoy aquí.

— ¿Candy? — el la llamó y la sujetó de los hombros. Estaba alterada y podía comprenderlo.

— Soy la peor hija del mundo.

— No, no lo eres.

— Por favor, llévame con ella — le pidió con esos ojos tan radiantes y tristes por el anhelo de ver a su madre. Aunque estuvieran vinculados, jamás la apartaría de materna. Además, Rosemary también lo había aceptado en su familia y, para Terry, eso significaba todo.

Asintió y la llevo de vuelta al campamento. Fue preferible ir sin transformación, no querían asustar a Rosemary.

Al llegar, los rostros desconcertados de sus hermanos licántropos se veían por doquier. Percibió el aroma de la mujer y supuso que Candy lo hizo también, ya que se encontraba a su lado para ir hacia ella. Sus sentidos realmente se habían ampliado gracias al cachorro.

La chica corrió hacia los brazos de su madre y se refugió en su abrazo. Además de Terry, solo existían dos personas más en los que realmente confiaba con su vida, era su madre y la otra la abuela.

— Lo siento tanto, mamá — se disculpó, conteniendo las lágrimas. A la mujer que abrazaba le debía la vida, sin ella no era nada — Te amo, yo no quise…

— Está bien, cariño — suspiró aliviada. Un enorme peso de fue de su pecho. Nada era peor para una mujer, que arrebatar a sus hijos o lastimarlos de cualquier manera de verla a salvo le oprimía el corazón. Besó su cabeza y la apretó más cerca — Estoy tan feliz de verte a salvo. Eres toda mi vida, no te perderé a ti también.

Hablaba por su padre.

Ambas se perdieron en el emotivo momento y no se percataron del cambio amenazante de la manada. No fue hasta que Terry apareció a su lado con una expresión, furia emanaba de él.

Candy palideció al ver a Neal siendo prácticamente arrastrado por dos licántropos en forma humana. El líder caminaba frente a ellos.

— Qué bueno que estén todos aquí — expresó —, tenemos un asunto que resolver.

Sabía que Neal ya no podía hacerle daño. No obstante, el miedo se manifestó en su cuerpo, aunque quiso pretender que no era así, Terry, lo notó y tuvo que apretar con suficiente fuerza para no lanzarse contra él y romperle el cuello.

— Gael, llévalas fuera de aquí — le ordenó a su amigo. Incluso respirar tranquilamente se le hacía imposible.

Si Candy se iba, Terry podría perder el control de nuevo. No quería eso, solo lo lastimaba y se terminaría odiando y despreciando más de lo que ya lo hacía. No lo de. Nunca más.

Le sujetó la mano.

— No, me iré de tu lado — vio que apretaba la mandíbula — Se que sientes mi miedo, pero también sé que no puede hacerme daño. Por favor, deja ir todo esto.

— No puedo. Te hizo daño — gruñó — A ti y a mi bebe.

— Si yo puedo perdonarlo, tú puedes hacerlo también — él negó con la cabeza — Terry…

— No.

Tan orgulloso y difícil. Típico en la actitud de un lobo. Se puso de puntillas y lo obligó a bajar la mirada hacia ella.

— Estamos juntos y eso es lo que importa ahora. Odio todo lo que nos hizo, pero debemos dejarlo atrás. ¿Recuerdas de lo que me hablaste? El rencor te convierte no quieres volver a ser. Si no quieres perderme, si no quieres perderte a ti mismo de nuevo, déjalo ir. No hagas lo mismo que él. No te conviertas en él.

El lobo estudió su rostro, sus expresiones y cada movimiento. Parecía pensar y buscar la respuesta en ella. Estaba dudando y eso era bueno. Podía convencerlo.

Si Neal estaba de vuelta en la manada, y conociendo el comportamiento de los licántropos, nada bueno saldría de ahí. El castigo de sus actos era la verdadera razón

aparición. Lo destrozarían. Y aunque se lo mereciera, no era lo correcto. Al menos no para Candy.

— ¿Terry?

Pasaron varios segundos para que lo viera soltar una bocanada de aire.

— Debo estar lo suficientemente loco o amarte demasiado como para perdonarle la vida.

— No tienes por qué hacerlo.

— Si, si tengo, pero no lo haré. Esta es la diferencia en nuestras especies, Candy. Arreglamos nuestros problemas de esta manera, se castiga a los que han desobedece detengo a hacerle algún tipo de daño porque no quiero que presencies algo así y no deseas esto. Tu palabra es absoluta para mí.

— Me alegra oír eso Terry — una voz femenina apareció detrás de ellos, la sorpresa fue evidente en cada uno de los presentes.

— ¿Abuela?

— ¿Candice?

Candy y Richard la nombraron al mismo tiempo, y fue ahí, en donde entendió todo. La razón por la cual abandonó la aldea y dejado a Neal a cargo, sus ánimos para sus sentimientos por un lobo y el apoyo. No estaban emparentadas de sangre, pero ella quería a la mujer como si fuera parte de su familia. También la respetaba a los ancianos líderes, aunque ya no fuera parte.

Candy estudió la escena y fulminó a Richard con la mirada cuando sus ojos se encontraron.

— A pesar de todo este tiempo, no has cambiado nada.

— Debo decir lo mismo de ti, Candy — mencionó — ¿En verdad me crees capaz de matar a mi propio hijo?

— Para proteger a tu manada, sí. Si lo creo. Esa fue la razón por la que me dejaste.

— Tú no quisiste aceptarme, ¿lo recuerdas? — recalcó con amargura.

Su conversación se estaba desviando completamente, incomodando un poco a los demás. Candy lo notó.

— Creo esta no es conversación para este momento — mencionó y se dirigió hacia Candy.

Estar apartada de todos había sido un gran problema. No habría sabido nada de lo ocurrido si Rosemary no le hubiera advertido. Afortunadamente había llegado a tiempo joven rubia. La vio crecer y ahora ya era toda una mujer, con un buen hombre a su lado. Algo que sabía de los lobos, era que ellos no podían odiar, y sabían perdón confiar. Terry la cuidaría y eso bastaba.

— Lo lamento tanto, pequeña — le tomó ambas manos — No sabía que esto sucedería.

Pero eso no era lo que Candy quería oír en ese momento.

— ¿Por qué nunca me contaste? — ella y el líder se habían unido y procreado un hijo. ¿Acaso estaban vinculados?

— Esa es una historia para otra ocasión. Por ahora, debo arreglar lo que mi hijo ha hecho.

A decir verdad, no le alcanzarían las palabras para disculparse. Algo peor que ver a sus hijos caer, era fallarles como padres. La culpa y pena la abrumaban.

Candy quería abrazar a la abuela. De alguna forma, la comprendía, y lo supo cuando su madre le apretó la mano. El dolor más grande para una madre, siempre sería

— ¿Están vinculados? — le preguntó ella a Terry

— No. Sigo sin percibir algo entre ellos.

Quiso preguntar algo más, pero decidió mantener la boca cerrada por el momento.

Candy se acercó a Neal y se inclinó frente a él.

— ¿Me odias, madre? — intentó burlarse, continuar con su estúpida actitud, pero un golpe resonó a su alrededor.

La mujer que le había dado la vida jamás le puso una mano encima, y la bofetada lo hirió más de lo que espero. Especialmente por dentro.

— Si hacer esto puede hacer que entiendas lo que has hecho, lo haré aunque me duela. Te amo y siempre te amaré, pero esto, Terry, no te lo voy a perdonar tan fácilmente.

— No es mi culpa — dijo entre dientes apretados.

— Tienes razón, tal vez es mi culpa por ser humana y lo siento — su voz se quebró —. Lamento tanto haber arruinado tu vida y también lamento no haber sido una buena madre para ti o la que realmente merecías. Si quieres odiar a alguien es a mí. Si quieres vengarte por tu condición es solo conmigo. No metas a nadie más. Ni a la pequeña

Terry, ni tampoco a tu padre. Ninguno de ellos te ha hecho daño, solo yo. Una estúpida humana — el desprecio, la vergüenza, nada de eso significaba nada a su hijo.

Había algo que Iván odiaba más que su parte humana y eran las lágrimas de su madre. Solo ella lo amaba con todo el corazón. Sin juzgamientos. Sin hipocresías.

— No pienso eso de ti, mamá.

— ¿Y porque lo hiciste, mi cielo?

— Esto es lo que soy — hizo un gesto de dolor — No puedo controlar mis dos mitades… no sé cómo actuar.

— Si, puedes y lo harás — afirmó y secó sus mejillas —. Vendrás conmigo.

— ¿Y qué hay de su castigo? — preguntó uno de los lobos.

— Yo me ocuparé de eso, lobo. Ninguno de ustedes tiene nada que ver con nosotros. Desde hoy, las reglas y cualquier acuerdo se anulan.

— ¿Estas rompiendo lazos? — cuestionó Richard. Parecía molesto.

— Hasta que todo se tranquilice y vuelva a la normalidad. Después negociaremos — aclaró — Por ahora, necesito que lleven a Iván a la aldea y todos tus chicos.

— Esta conversación no ha terminado — advirtió el viejo.

— Se que no — giró los ojos — siempre has sido muy insistente — miró a los dos lobos' que custodiaban a su hijo y ellos asintieron, captando la orden — Vamos.

— Esperen — fue Terry quien interrumpió.

Candy no quería dejar que se acercara. Las cosas podían salir mal y todo sería peor. Aún con sus dudas, estaba consciente de que debía confiar en él.

— Solo le diré unas palabras — le dijo a ella. La rubia solo asintió.

El hibrido ahí, que ya se encontraba de pie, fue su primer amigo, se convirtió en su hermano, y ahora, ya no era nada. Lo miró con odio, ¿De qué otra forma iba a también sintió lastima por él, tristeza? Todo había terminado mal.

— No voy a disculparme — le dijo Neal.

— No espero que lo hagas.

— Entonces, apártate. ¿Sabes algo, Neal? Antes solía respetarte — comenzó —, Te admiraba. Eras el único con quien podía hablar. Yo era diferente y tú eras diferente. Pensé que eso hermanos, pero tuviste que arruinarlo todo. Yo jamás quise quitarte tu lugar, yo quería que fueras el próximo líder porque no creía que hubiera nadie mejor para el fuiste. Te uniste con los humanos porque sabias lo mucho que eso me lastimaría y aun así te perdone. Intentaste separar a nuestra manada con tus estúpidas regla

_perdone — admitió —. Pero lastimar a mi pareja, a mi familia, no te lo perdonaré jamás. El día en que nos abandonaste, quien más sufrió tu partida fui yo, todos lo fuiste lo suficientemente humano como para ignorar la verdad y volverte loco con tu retorcida mente. Eso es lo que odio de ustedes: no escuchan, no piensan, no claridad. Son egoístas y solo piensan en sí mismos. Al final sé que todo hubiera resultado de la misma manera; la parte humana podrida de ti, nunca la podrás borrar que hay humanos que valen la pena, y tú no eres uno de ellos.

Neal solo lo observó en silencio, sin parecer afectado por sus palabras. ¿Existía alguien más orgulloso que los licántropos? Los había y eran los humanos.

Los dos lobos custodios comenzaron a guiarlo hacia el bosque y, antes de irse, le dijo:

— Espero que tengas una buena vida.

Buenos deseos o no, en realidad no importaba mucho. Estaría muy lejos de la manada y, si se atreviese a volver o atacar de cualquiera, esta vez no dudaría.

Candy estaba a salvo y tendría toda una vida junto a ella y la familia que formarían juntos. Incluidos el pequeño o pequeña que venían en camino. Velar por su seguridad, segundo por Terry. ¿El primero? Ser padre y compañero de alma. Para Terry, solo eso importaba ahora.

Continuará…

Disculpa por la Confusión de Nombres, se me ha hecho muy difícil adaptar ese libro de Caperucita Roja Para Adultos, es una leyenda antigua de los Alpes, mi abuela lo tiene guardado en su biblioteca, abecés cuando leí el libro, me guie por los nombres de los personajes

También hay una película en YouTube.. aquí les paso el Tráiler de la leyenda para que vean de que trata.

No se me ha hecho nada fácil adaptar esa leyenda, porque se me resulto muy complicado estudiar esa leyenda, ya que nunca he sido escritora de ese tipo de Novelas fuertes, peor que jamás tuve experiencia sexual, se me ha hecho complicado adaptar esa historia.

la Próxima historia Erótica será mejor, ya que será de mi imaginación y con un poco mas de experiencia en la escritura...

Otra cosa en la leyenda real del libro no tiene un final feliz, ya que el lobo jamás quiso a la caperucita, solo se aprovecho de su belleza, la cual la caperucita muere, en la película eso cambiaron lo hicieron mas romántico como lo hice yo.

Muchas gracias por seguir leyendo y comentando todas y cada una de mis historias, deseando sigan esta y las que aún faltan, esta historia ya llega a su fin, solo falta el penúltimo para llegar al final ;) Continuamos en más Historias de Terry y Candy, Después de esta pienso compartir mas historias eróticas, depende si mi curso de Psicología de la Sexualidad, me siguen enseñándome algunas historias eróticas, para poco a poco aprender a escribir historias con contenido adulto, recuerda que yo aun no tengo experiencia en eso, jejeje… cuídense.

Un Abrazo a la Distancia Maggie Grand.