Hola.

Después de un mes enterito por fin subir capitulo me emociona. Y más porque Elizabethshane le puso demasiado entusiasmo para que quedara perfecto.

La verdad es que este mi favorito hasta el momento.

Disfrútenlo ;)

Autor: ELIZABETHSHANE y MARZELINEFILTH

LOVE OF MY LIFE

CAPITULO 3: DESPERTAR

Inuyasha despertó nuevamente bañado en sudor. Una noche más que soñaba con Kagome. Definitivamente, se volvería loco. Todos los días era un martirio soñar con ella, estar despierto e imaginar que ella estaba con él; tan real todo como si hubiese probado los labios aquellos suaves labios.

Olvidarla era una solución, pero no quería hacerlo. No quería perder esos hermosos recuerdos de cuando el, brusco e idiota como era, le pidió una cita; robarle un beso fue el primer paso y se quedo con ganas de mas… Mucho más.

De eso ya hacía bastante tiempo.

Ahora, Inuyasha era víctima agonizante de las circunstancias. Su vida había cambiado por culpa del destino y de algún ser Todopoderoso que lo estaba maldiciendo por simple crueldad.

"Yo me lo he buscado muy bien." Se dijo limpiándose con la palma de su mano izquierda el sudor de su frente.

La verdad es que a Inuyasha no le habría molestado estar comprometido con Kikyo si es que no amara aun a Kagome. La extrañaba. No hacerlo era una completa tontería.

-Te echo de menos.- Susurro recordando el aroma de su cabello.

Que ironía de la vida. Hacia unas semanas había tenido oportunidad de sentir su piel, de besar su cuello e inhalar el embriagante perfume Channel 5° que el mismo le había regalado. Y ahora… ya no tenía nada.

Su vida se estaba transformando en una mierda, y sin los consejos de su madre todo era muchísimo peor.

El transcurso de su casa al trabajo se estaba volviendo rutinario. Todos los días hacia lo mismo, tomaba café con dos cucharadas de azúcar, coqueteaba discretamente con la secretaria, trataba de ponerse en contacto con su hermano… y, ahora por primera vez en días, hablaría con su padre.

Siempre creyó prudente hablar con Sesshomaru primero que son su padre. Sesshomaru siempre era frio y distante, su padre era directo y hablaba con promesas de un posible sufrimiento. Si, por mucho era mejor Sesshomaru. Seguramente al enterarse de todo lo que pasaba, le daría una buena paliza, que combinada con un poco de suerte lo dejaría en coma, o aunque sea con un poco de amnesia; si tan solo el muy idiota se dignara a mantenerse comunicado con él.

Ese día, Inuyasha, fue directo a la oficina de su padre. La joven secretaria le prohibió la entrada, poco le importo, y abrió las puertas de par en par solo para encontrar a su padre mirando hacia el enorme ventanal que daba directo a toda la ciudad, y en uno de los sofás que decoraban la oficina, estaba su mejor amigo, su único amigo en realidad… Miroku.

Toga volvió sus ojos a su hijo menor. Ambos tan parecidos, ambos tan iguales, con los mismos defectos y las mismas virtudes, incluso… los mismos errores.

-¡Que haces aquí!- pregunto sorprendido de ver al pelinegro con una taza de café en las manos.

Miroku, su gran amigo seductor, rio. -Vaya forma en que recibes a tu amigo después de seis meses de no verlo.-

-Tú tienes la culpa.- Dijo malhumorado. -Irte de luna de miel durante tanto tiempo. ¡Es ridículo!- Inuyasha se quedo estático mirando conmocionado los ojos azules de su amigo. Miroku dejo la taza en la pequeña mesita, y se acerco a él para darle un abrazo.

Inuyasha sonrió por primera vez en semanas, para darse cuenta que en verdad había necesitado de un buen amigo para que lo aconsejara.

-Es bueno verte también.- Dijo Miroku por su amigo. Lo soltó para volver a tomar asiento. -Tu padre me ha llamado, dice que los planes de boda siguen en pie, y ya me ha comentado quien es la novia- Dijo haciendo un gesto de molestia. -Como sea… quiere que tu y Kikyo firmen una carta de bienes separados.-

Inuyasha abrió los ojos ante aquello. Su padre… siempre con un pie delante que los demás. -Padre… ¿Podemos hablar?-

La forma más descriptiva en la que Toga podía detallar como es que su hijo se veía en ese momento era solo una palabra: Cadáver. Un muerto viviente con un cuerpo sin vida y sin alma.

Inuyasha no quiso decir ni una palabra hasta que su padre asintió, y le hizo señas para que tomara asiento.

-¿De qué quieres hablar?- Toga en ese momento era el juez e Inuyasha el reo, así se sentía cuando su padre se quedo de pie analizándolo- ¿Con quién te acostaste esta vez? Espero que no me digas que tendré otro nieto.-

Inuyasha detuvo la acción de sentarse cuando analizo las palabras de su padre. Toga jamás le había hablado así. -Necesito tu consejo.- Dijo irguiéndose de nuevo. -creí prudente el hecho de venir a pedirte un sugerencia, pero me equivoque. Sé que soy una vergüenza para la familia, pero papa… soy tu hijo; suficiente tengo con que mama no me dirija la palabra como para que tu también lo hagas.-

Miroku sintió pena por su amigo.

Toga frunció el ceño. -Tú y Sesshomaru son mi orgullo. Pero lo que hiciste a superado todo los buenos consejos que te he dado. Jamás creí de ti que pudieses dejar embarazada a la hermana de tu prometida.-

Inuyasha sintió unas horribles ganas de llorar; como en aquella ocasión, en la que había tomado sin el consentimiento de su padre dinero. Toga lo había regañado y le había dado una lección que de plano pareció haber olvidado: Jamás destruyas la confianza que alguien que ha puesto sobre ti.

Pero el había traicionado a Kagome.

-Con respecto a tu madre, descuida, a mí tampoco me dirigirá la palabra. Le dije que seguirá a cargo de la fiesta.-

Inuyasha se pasó las manos por la cara y el cabello, donde tiro un poco de él en forma de frustración. -¡Ya no se qué hacer! Sé que hice mal, me equivoque y me arrepiento como no tienes idea. Lastime a alguien y jamás me lo perdonare.-

Toga supo, que si Inuyasha fuese una persona menos arrogante, se habría echado a llorar.

-Ella lo superara. Un día te olvidara, y pasaras a ser un recuerdo en su vida.- se acerco a su hijo quedando a tres pasos de él. "Te convertirás en su cuñado, el esposo de su hermana, y ella formara una familia….-

Inuyasha movió su cabeza de un lado a otro. Su padre lo decía a propósito, el no tenía una jodida idea de cómo Kagome lo quería, ella no podría tener una vida sin él. Su imaginación no hizo caso a su enojo y le mostro una Kagome rodada de niños que ni siquiera tenían su misma cara, y eso lo saco de quicio. ¿Enamorarse de otro? ¡El jamás se lo permitiría! ¡No permitiría que eso sucediera!

¡Nadie podría tocarla! Nadie…

-¡No dejare que eso pase!- advirtió muy seguro.

Miroku le puso una mano en el hombro como muestra de apoyo. -Kagome merece la felicidad que tu no podrás darle, ¿acaso eres tan egoísta como para arruinarle sus esperanzas? Inuyasha… tú no eres así.-

Inuyasha miro los ojos de su amigo. Y Miroku supo enseguida la respuesta que le daban esos ojos vacios.

-Eres un ingrato.- Dijo Toga. El enojo era evidente en su rostro.

Inuyasha sin decir más salió de la oficina. Era verdad, si era un caprichoso egoísta que si veía a Kagome en los brazos de alguien más, moriría de angustia. Suficiente agonía tenía con besarla, y soportar los llamados de Kikyo a cada segundo.

No. Jamás dejaría que alguien pusiera un dedo encima a su amada. Ella seguiría siendo virgen para él, y solo para él.

S:S:S:S:S:S:S:S:S:S:S

La oscuridad de la habitación los rodeaba por completo. Lo único que destacaba de esa negrura espesa era aquel vestido rojo resaltando la blanca piel de la mujer frente a él, y aquel labial sobre sus labios carnosos.

Ella le sonrió, y le lanzo un sensual beso desde la distancia junto con un giño de su delineado ojo.

Sesshomaru sintió un vuelco en el corazón. Siguió mirando como ella le coqueteaba descaradamente moviendo su cuerpo de forma sumamente provocativa, una danza que no estaba acompañada de música, y a su ver: no le importaba en absoluto.

Ella se acerco poco a poco, hasta que puso una mano derecha en su pecho masculino. Los guantes blancos impidieron sentir su suave piel y ella, con toda esa risita perversa, lo incitó a despojarla de la prenda.

Sesshomaru le quito el guante de forma sugestiva, siguiendo aquel juego que ella le quería comenzar, y sintió, por primera vez, aquella tersa y nívea mano. Sin poder, o querer evitarlo beso la mano de la joven.

"Bésame." Susurro ella de una forma poco tierna a comparación de cómo lucia su cara ovalada.

Él, lamio su brazo hasta llegar a su hombro, donde la tela del vestido rojo comenzaba y que le impedía seguir con su labor. Miro sus ojos azules y se volvió loco. Deseo besar cada centímetro de su piel, y se acerco a su oído, aspirando el perfume Channel 5°, que el mismo había recomendado a su hermano comprarle a Kagome.

"Te deseo." Le susurro antes de lamer su fino y exquisito cuello.

Kagome soltó un fuerte gemido de placer que hizo eco en el ego del peli plateado. Y el silencio con un beso muy apasionado.

El beso se volvió más profundo cuando sus lenguas comenzaron el jugueteo previo al placer… pero Kagome se aparto. Fueron solo segundos para que Sesshomaru se diese cuenta que ella comenzó a recorrer con su mano desnuda su traje negro de fiesta.

"Hazme el amor." Dijo desabrochándole con brusquedad los botones de su blanca camisa.

Sesshomaru decidió ayudarla quitándose de un tirón la corbata. Kagome se lamio los labios, y él le robo un beso. Con desesperación él se quito los zapatos y el pantalón de un tirón, y ella lo abrazo por el cuello, sintiendo el caliente pecho de su amante pegarse a su vestido.

Kagome miro los ojos dorados de Sesshomaru, y vio la perversa sonrisa que apareció en sus labios, esa pequeña acción la excito. La pasión era abrazadora, cada gemido de Kagome lo volvían loco y aun mas cuando ella, con todo el descaro que tenia, le bajo los bóxer dejando libre su miembro erecto.

Sesshomaru sentía que el oxigeno le faltaba, en ese momento lo único que quería era el cuerpo de ella, y se froto contra su pequeño cuerpo… buscándola, provocándola. Sabía de sobra que eso la excitaba aun más.

Ella volvió a abandonar sus besos e hizo contacto con sus ojos dorados. Él pudo ver en aquellos ojos azules la picardía que le indicaba lo que haría, una travesura, a Kagome le encantaba jugar, y el descubrió que la quería complacer en todo.

Estiro su mano fuerte e intentó quitarle el vestido pero ella se alejo, salió corriendo se la habitación con esa hermosa risa llenándolo por completo. Él necesito un respiro profundo y salió corriendo detrás de ella.

Necesitar y desear eran ahora lo que ella significaba. El cielo se le caería encima por su nuevo descubrimiento: la amaba, más que a nadie en el mundo.

El oscuro pasillo solo alumbrado por aquellos candelabros hacían ver muy lúgubre el lugar, pero él no temió. Entro a un cuarto, no había nada. Solo escuchaba las melodiosas carcajadas que salían de su pequeña garganta huyendo de una habitación a otra.

Corrió a su encuentro. La ultima habitación del pasillo. Sesshomaru sonrió con anticipación, ella estaba escondida en un armario. Abrió con rapidez las dos puertas de madera y entro. Lo harían ahí mismo, no correría el riesgo que ella volviese a escapar.

Todo se volvió negro, confuso.

Solo fue un parpadeo, y ahora estaba parado justo en medio del jardín de su madre, completamente desnudo y agitado por la carrera y sobre todo por el deseo.

-Kagome.- la llamo en voz baja. No sabía si sus padres estarían ahí, pero no correría el riesgo. -¿Dónde estás?-

La puerta de vidrio que conectaba el jardín con la casa abrió de golpe. Sesshomaru corrió para esconderé detrás de los altos arbustos que daban ese singular ambiente de privacidad.

-Ven, Kagome.- dijo Inuyasha saliendo. Se volvió hacia la mansión y con un ademan le hizo señas para que saliera.

La respiración le fallo por completo. Sintió unas horribles ganas de matar a su hermano cuando las tiernas manos de Kagome, así de enguantadas como antes, le tomaban la mano. Sintió odio, desesperación y envidia.

Un brillo diabólico lo cegó por unos instantes obligándolo a cerrar con fuerza sus parpados. El diamante que ahora portaba Kagome era el causante.

Apretó con fuerza los puños. -No. No. No. No.- Dijo para sí mismo. No quería volver a vivir un día así.

Vio un movimiento a su derecha y giro la cabeza con lentitud. El vidrio de los enormes ventanales de la mansión, le devolvieron su reflejo. Se vio a sí mismo, con su traje negro, una botella de whisky en la mano y los ojos rojos por la ira contenida, sentado en el jardín mientras que Inuyasha y Kagome caminaban agarrados de la mano pasando cerca de él sin darse cuenta de su presencia.

-¿Recuerdas cuando nos conocimos?- pregunto Inuyasha.

-Solo estábamos tú y yo… y supe que serias mi mundo entero. Jamás podría olvidarlo, Inuyasha.- Kagome se veía sumamente feliz, tenía las mejillas rosadas y sonreía con timidez. Se veía tan tierna. Tan única.

En la oscuridad que le brindaban los arbustos, Sesshomaru pudo ver todas esas emociones.

-Te amo tanto… Gracias por aceptar ser mi esposa.-

Dolor, agonía y, nuevamente, envidia. Tuvo que soportar ver como ambos se fundían en un beso. No quería ver, en verdad que no quería, pero se obligo a no apartar los ojos de ellos, así podría dejar aquel amor patético a un lado. Y el dolor en el pecho creció.

-Solo estamos tu y yo.- Dijo Inuyasha con burla en sus labios mirando directamente los ojos de su hermano mientras besaba a Kagome.

"No."

Quiso intervenir, gritar, estrujar su cálido cuerpo con el suyo y gritarle que no podía casarse con su hermano. Jamás pensó en que su imbécil y cretino hermano se enamorara de ella. ¿Por qué demonios se enamoro de ella?

La pareja desapareció de ahí, y él en un arranque de furia golpeo la botella de whisky en el suelo reventándola en mil fragmentos.

Los pequeños vidrios volaron por todo su escenario en cámara lenta. El pudo ver su rostro reflejado en uno de esos diminutos fragmentos, y su mente pudo captar el momento preciso en el que cayó al suelo.

Cuando levanto su mirada, se encontraba Sango sentada frente a él con una copa de Whisky en las manos.

-Dime…- dijo en un susurro, que Sango tuvo suerte de escuchar. -¿Haz sentido un dolor tan grande en el pecho… que tengas ganas de morir para ya no sentirlo?-

Una pregunta que salió ante una imagen demasiado borrosa de ella y él mismo sentado en su sillón favorito con su botella en la mano.

Sango rio ante el comentario. -Si.- Dijo, y el puso su dorada mirada en la castaña de ella.

Su amiga, su confidente, o lo que sea que ellos fueran, se veía realmente bella. Ella tenía sus ojos brillantes pues acababa de decirle que se casaría con Miroku después de años de relación. El siempre creyó que ella pudo haber sido ideal como pareja, eran amigos desde niños, a los dos les gustaba la misma música, y eran guardianes de secretos; pero las cosas no podían salir como siempre se planean. Él jamás la vio como algo más, y ella se había enamorado de otro.

-¿Por qué te ríes?- le pregunto sintiendo los parpados más cerrados.

-Estas borracho, amigo.- Sango soltó una carcajada.

-Estoy enamorado.-

Sango casi se atraganta de la impresión, se acerco al asiento de él y abrió los ojos ante la sorpresa.

-¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿La conozco?-

El solo pudo sonreír, su mirada viajo hasta una foto donde su madre y Kagome estaban abrazadas.

El sentimiento de lastima era algo que jamás podía sentir por alguien, y jamás le habría gustado que alguien sintiera por él. En ese momento Sango lo miraba con infinita tristeza y pena. Sentía lastima por él.

Con cuidado tomo una de sus manos, y le susurro: -¿Desde cuándo es que la amas?-

Sesshomaru suspiro con dolor por primera vez en toda su vida. -Desde el primer momento en que vi sus ojos azules.- cerró sus ojos y se quedo profundamente dormido.

Y entonces… los abrió de nuevo.

Se encontraba total y completamente bañado en sudor. Su respiración agitada, comenzó a tranquilizarse. Miro a su alrededor. Estaba solo, y el dolor invadió sus sentidos.

Su sueño erótico se sentía tan real, pero los recuerdos reales golpearon su memoria, como todos los días desde que vio aquella escena cursi en el jardín, no había podido dejar de recordarlo en sueños. Revivir ese día decisivo en el que por el bien de ella decidió irse lejos para no volver.

Se levanto de su cama y camino hasta la enorme cocina de su departamento, se sirvió un vaso de agua fría y la bebió deprisa; esperando que con aquello todo el coraje que lo hacía temblar desapareciera. Necesito varios vasos antes de que sus nervios se sintieran tranquilos.

Sentarse era la mejor opción, y lo hizo en la mesada de la cocina. Desde ahí podía ver el calendario erótico donde la foto de Sara, una modelo con la que se había divertido unas cuantas noches, posaba provocadoramente. Pero el no la miraba a ella, sino a la fecha que se encontraba al lado de la flor que cubría el pezón de la joven mujer.

-El maldito gran día.- Murmuro. Quizá era que su inconsciente le gritaba impedir la boda, ese podía ser el motivo de ese bizarro sueño que en realidad jamás paso.

Tomo el almanaque en sus manos. Se fue directo a su despacho y se sentó cómodamente el su sofá, en el mismo donde había estado conversando con Sango.

No sabía precisamente el porqué se había enamorado de Kagome, solo sabía que la amaba más que a nadie. Había intentado de todo para sacarla de su mente, había intentado suplantarla la mayoría de las veces en las que tenía contacto carnal con alguna mujer. Esa era la simple verdad, cada una de las chicas con las que intentaba decirle adiós siempre había salido con el corazón roto por el simplemente hecho de que el siempre murmuraba el nombre de su cuñada.

Jamás pensó en soñar con Sango, quien llevaba feliz varios meses en su luna de miel, y su última conversación. Su esposo, Miroku, había intentado por años ser su pareja, y ella, quien no lo veía siquiera atractivo le dijo que sí. Ahora, después de años y una hija, Sango daba su vida por ese hombre.

Sonrió con amargura ante su la ultima conversación que ellos dos había tenido. Sango le había dicho, que se olvidara de su ilusión, ya que sufriría demasiado con la boda de Inuyasha.

Y ese día estaba a punto de llegar…

S:S:S:S:S:S::S:S::S:S

-Madre, te lo pido… por favor.- Kagome llevaba lo que parecían horas rogándole a su madre que abriera la puerta a Inuyasha.

Hacía demasiado frio afuera, y no quería que se enfermara.

Su madre la miro fijamente y su gesto se suavizo. Cerró sus ojos y camino hasta la puerta de forma resignada. Kikyo estaba sentada, ya había comido casi todo el baguette que estaba sobre la mesa del comedor.

"Seguro son los nervios." Pensó Kagome.

-Antes de abrir, les aclaro a las dos, que en cuanto él me mire a los ojos lo echare de patadas a la calle como a un perro.- Lo dijo demasiado alto para que Inuyasha la escuchara detrás de aquella puerta.

Naomi abrió. Y tal como ella lo había pedido, Inuyasha no tuvo el valor de mirarla ni un momento, ni siquiera cuando estaban cenando. Todo era tan silencioso, excepto por Kikyo, quien desde que anuncio su embarazo, parecía desesperada en comer. Lo único bueno en ella, era que su peso aun no se disparaba como siempre sucedía con las embarazadas que comían en exceso.

-¿Cómo está tu madre, Inuyasha?- pregunto Kagome, su voz sonó dulce, pero el dolor que había en su alma no lo eran.

-Bien. Ella te manda saludos. Dice que puedes ir a casa cuando gustes.- Dijo recordando la forma tan indiferente en que se lo dijo antes de que él se fuera.

-Gracias.-

Kikyo frunció el seño con molestia. -¿A mí no me envía saludos?-

Inuyasha se quedo con el tenedor a medio camino del plato a su boca. La verdad es que su madre le había dejado bien claro que Kikyo le era por completo de su desagrado. Incluso, escucho como Izayoi decía cosas poco amables sobre su futura esposa.

-Si.- Y no se atrevió a decir nada más.

-¿Ves? Te dije que tu madre y yo nos llevaríamos de maravilla.-

Inuyasha asintió. Tomo un gran trozo de comida para así poderse atragantar con ella, y morir en ese instante.

-Mama. Tengo que darte una noticia importante.- Dijo Kikyo con una sonrisa triunfal.

Naomi la observo con cuidado. Sabía que Kikyo era impredecible y tenía miedo de lo que fuese a decir delante de Kagome.

Kikyo tomo la mano de Inuyasha, y el sintió mucha vergüenza. -Seremos padres…y nos casaremos dentro de un mes.- dijo sin inquietarse por lo que su madre pensara.

Naomi miro primero a Kikyo, después a Inuyasha, y hasta el último a Kagome. Pudo leer claramente los sentimientos de cada uno: Victoria, pavor y angustia.

-Kagome, estaba pensando que tal vez, puedas obsequiarme como regalo de bodas tu vestido…-Inuyasha suplico con su mirada a Kagome que la perdonara.-Sé que me has hecho muchos favores. Y no tengo cara para pedirte nada más. Pero… Izayoi no tendrá tiempo de hablar con su amiga la diseñadora, y nadie podrá confeccionarme un vestido tan precioso. Pensé que como tú ya no lo usaras…-

"¡Cállate!" Naomi quiso gritarle. En lugar de eso levanto de la mesa.

-¡Mama!- exclamo sorprendida Kagome, cuando vio la furia en sus ojos. No fuese a ser que su madre se desmayara en ese momento.

Kikyo tenía los ojos vidriosos, llenos de esperanza y ansiedad, esperando la respuesta de su hermana menor.

-¡Claro!- dijo para que todos se calmaran. -Te regalo el vestido.- se puso de pie tomando suavemente el brazo de su sorprendida madre. -cálmate por favor.- Le susurro, ya que los gritos de felicidad de Kikyo impedían que algo mas se escuchara en aquel momento. -Les deseo a ambos lo mejor, y muchas felicidades.- Y apretó el brazo de su madre. -Felicítalos, mama.-

Kikyo no puso atención a eso pues abrazo a Inuyasha en ese momento. Él no hizo nada, solo esperaría que un hoyo se abriera en el suelo y se lo tragara.

-Felicidades.- Dijo Naomi con los dientes apretados. -El pastel que trajiste Inuyasha estuvo exquisito.- Inuyasha miro por encima del cabello negro de Kikyo los ojos encolerizados de su suegra. -Ahora, es tiempo que las visitas se vallan, es demasiado tarde. Buenas noches.- Se encamino hacia las escaleras, tiesa como un palo.

Kagome miro como su madre se iba. Jamás la había visto reaccionar de esa manera, tal vez lo mejor habría sido no haberla convencido de hablar con Inuyasha.

-Bueno, creo que me voy.- Dijo poniéndose de pie, soltándose del apretón de Kikyo. -Mañana tendré mucho trabajo. Te hablare hasta en la noche.- Se alejo de su prometida y se quedo mirando fijamente a Kagome. -Que descanses.- Una dedicatoria solo para ella.

-Aguarda.- Lo detuvo Kikyo quien se puso en pie. Y se colgó del cuello de Inuyasha nuevamente -¿No vas a besarme?-

Kagome decidió que ya se había humillado bastante. -Buenas noches.- Se apresuro a subir por las escaleras. Sin percatarse que Inuyasha no había despegado sus ojos de ella.

Al llegar la seguridad de su habitación, recargo su frente contra la fría puerta, sintiendo las lagrimas luchar por salir. Debía ser fuerte. Debía serlo por el bien de todos.

CONTINUARA…

Emocionante? Pues dejen comentarios ;)