Lo siento. Mucho tiempo de espera.
No tengo perdón.
Y disculpen por no poder responder a los comentarios, es que no haya podido entrar a la pagina.
Saben, el otro día estaba leyendo varias historias. Me fije en los comentarios, y vi algo realmente curioso. Hay una historia (la cual no diré el nombre) pero tiene como, mmm…. Más de 300 comentarios. Me quede sorprendida. Y me pregunte: Como una historia tan mala puede ser leída por tantas personas.
Después, por sugerencia de mi amiga Eli, leí una historia que me encanto. Me enamore, es una historia dramática y realista. Tengo un montón de sentimientos encontrados cada vez que la leo. ¿Su nombre? Soirée by Aimless Logic. ¿Y saben que sentí? Frustración. ¿Como un relato tan bueno podía tener tan poquitos seguidores?
Una pregunta abierta que me gustaría que me respondiesen. Y los invito a leer esa historia que en lo personal se me ha hecho de las mejores que he leído.
Autor: ELIZABETHSHANE y MARZELINEFILTH
LOVE OF MY LIFE
CAPITULO 4: BODA.
Kagome sabía que el día y la noche parecían jugar en su contra, La boda cada día se acercaba más y más.
Ella se descubrió celosa de su hermana. Sentimientos que jamás había tenido. Por un lado, le dolía ver la sonrisa que portaba Kikyo, y por otro lado… le gustaba verla tan feliz. Kagome se hiso a la idea que tenía que desear la felicidad de su hermana. Por lo que solo se dejo arrastrar por todos los centros comerciales posibles, perfumerías, boutiques… Todo para sorprender a Inuyasha la noche de bodas.
Algo extraño, ya que ella jamás había pensado en esas cosas. Había imaginado tantas veces ese momento, donde ella se entregaba por amor, que jamás reparo en lencería sexy de encaje, o perfumes importados. Aunque Kikyo ya habían intimado con su futuro esposo, "Con mi ex prometido "pensó. Ella no necesitaba nada de eso, él la amaba e iba a darle su apellido… "y un hijo".
Sacudió su cabeza para quitar los pensamientos impuros que se habían formado hacia su futuro cuñado. Los mismos pensamientos que habían dado vueltas por su cabeza cuando él le había propuesto matrimonio, cuando se permitió a si misma imaginar cual sería el siguiente paso de esos ardientes besos que se daban.
Kikyo compro su lencería de color azul oscuro y encaje, convencida de que ese era el color que Inuyasha amaba. Kagome creía que era el rojo.
-Kagome…- la llamo. -¿Crees que mama vuelva a hablarme como antes?- pregunto sentándose en la primera banca vacía que encontró frente a la fuente de agua cristalina de aquel centro comercial.
Kagome miro sorprendida a su hermana. -Debes darle tiempo. Está confundida…- las simples palabras expresadas podían ayudar a no alterar mas a Kikyo.
-Espero que tengas razón.-
-Confía en mí-Dispuesta a cambiar de tema, Kagome pregunto -¿Estas nerviosa por la boda?-
-¿Tu no lo estarías?-Kikyo deseo haberse mordido la lengua hasta hacérsela sangrar cuando termino aquella pregunta. -Lo siento. No quise…-
Kagome sonrió. ¿Qué otra cosa podía hacer? Nada. Ella ya había perdido en un juego de dos, donde se había convertido en la sobrante. -Descuida. La verdad si, estaría sumamente nerviosa,- miro directamente los ojos castaños de Kikyo que contrastaban de sobremanera de aquella melena negra. -y feliz.-
Ambas se miraron, sintiéndose como cuando eran pequeñas y su padre había fallecido. Ambas apoyándose en todo, prometiéndose estar juntas siempre, a pesar de todo.
-Mañana estarás en la boda, ¿Verdad?-
-Sabes que si.- Le sonrió con una mescolanza de sentimientos transpirando a flor de piel. -haría todo por ti Kikyo.-
-¿sigues pensando convertirte en monja?- pregunto.
Kagome sonrió bajando la mirada. – Si. Siempre desee serlo-
Kikyo sonrió con melancolía, dejando atrás esa barrera de frialdad que la caracterizaba. Claro que amaba a Kagome, era su hermana, era especial en su vida; otra cosa muy distinta es que la quisiera lejos para que no… interfiriera en su matrimonio con Inuyasha. Tenerla tan cerca podría ser una tentación para su esposo. Y Ella estaba segura de no querer competencia.
-Así como me has apoyado en todo, quiero que sepas que yo te apoyare.- Susurro.
En un gesto más de cariño que de sinceridad, ambas se tomaron de la mano, haciendo la paz. Aunque, Kikyo sabía muy bien que un hombre precavido valía por cien.
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El tiempo no se detuvo. Aunque ella hubiese deseado que lo hiciera, o que por lo menos le diera un poco más de plazo para terminar de acostumbrarse a lo que se aproximaba. Kagome solo quería que las horas no pasaran tan rápido.
Había despertado con el sonar de los gritos de emoción de Kagura, quien había decidido ayudar a Kikyo con el arreglo personal. Aquella joven promiscua pasaba de un lado para el otro con aquellas pisadas gigantescas mientras gritaba a Kikyo que tenía que arreglarse.
Kagome deseo no estar ahí en ese momento.
-Kagome…- La llamo suavemente atreves de la puerta. -Kikyo y yo ya nos vamos a la iglesia. ¿Te irás con nosotros para ayudarla con su vestido, o te quedas?- pregunto sin tener un poco de consideración ante sus sentimientos,
-Las veré allá.- Dijo poniéndose la almohada en la cara. Tal vez, y si apretaba más fuerte su cara contra las fibras de tela, Dios se apiadaría de ella y le concediera la muerte. Se rio de sí misma por tener nuevamente ese pensamiento. Dios tenía un plan para ella y ella con gusto pensaba seguirlo, sin importar cuál fuera.
Medito un momento antes de ponerse en pie. Tomó la invitación de su propia boda, que había dejado bajo su almohada. Los suspiros se escaparon de su boca. Sintió ese horrible nudo en la garganta y se abrazo así misma dándose valor.
-Es porque aun lo amo.- Susurro, cubriéndose con los brazos su rostro. Dejando fluir todas las lagrimas que fuesen posibles.
En silencio.
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-¡Kagome!- la llamó aliviada.
-¿Que sucedió?- pregunto Kagome mientras caminaba con pasos acelerados hacia la habitación donde esperaba la novia.
Kagome miro a la joven alta y voluptuosa que ya portaba su vestido azul rey de madrina de la novia. Se veía muy hermosa con aquellos labios rojos, seguramente, pensó Kagome, opacaría incluso a Kikyo.
-No deja de llorar, ya hable con ella, y no deja de decir que se siente extraña.- Dijo frunciendo el ceño molesta. – Arruino su maquillaje, ahora la maquillista tendrá que volver a hacerlo y ya no tenemos mucho tiempo.-
-Llegare enseguida.- Susurro. Apurando el paso aun más mientras pisaba la fría piedra de aquella enorme y lujosa iglesia, pero se detuvo al escuchar la voz sensual de Kagura.
-¿Por qué no te has arreglado?-
Kagome sonrió ante la vanidad de la pelinegra. -Lo hare enseguida. Primero veré como esta Kikyo.-
Ambas siguieron caminando por el frio corredor. Kagome al llegar a la puerta de roble que daba hacia los salones privados, toco la puerta, y fue abierta por una angustiada Kikyo bañada en lágrimas e irreconocible por el rímel chorreante en su rostro.
-¡Cálmate!- pidió sujetando con de los brazos a su hermana que no paraba de lloriquear.-Son los nervios-
-¡Perdóname!- dijo abrazándola por el cuello.
Kagome sintió que el aire se le escapaba de los pulmones por la enorme fuerza con la que Kikyo la tomo entre sus delgadas extremidades. -Está bien. Te perdono, y si lo volvieras a hacer, te volvería a perdonar.- Su hermana merecía lo mejor, y ella haría todo lo posible porque fuese así.
-¿Pero está bien que haga esto?- pregunto desconsolada. El embarazo la estaba volviendo demasiado sensible para su gusto y no lo podía evitar.
-Por supuesto. Ambos se aman. No deberías de sentirte mal. Estas esperando a su hijo, Kikyo. Y el hombre que amas está más que dispuesto a llevarte al altar. Así que no te angusties y disfruta todo lo que tienes.-
Kagura le puso una mano en el hombro a Kikyo. Y la alejo poco a poco de Kagome.
Kikyo le sonrió y acepto cuando Kagura le pasaba un pañuelo blanco. Aun abrazada de Kagome le comenzó a besar la mejilla.
-Te quiero tanto Kagome. Te quiero.- Susurro en su oído antes de separarse de ella.
-Inuyasha te ama.- Susurro Kagura fulminándola con aquella mirada color rojo escarlata.
-Inuyasha me ama.- Se repitió a sí misma, tratando de creerlo. Se seco las lágrimas poco a poco. -Lo sé. Me lo dice todo el tiempo. Aun así, no puedo evitar sentirme mal por ti, Kagome. Mama me detesta y estoy segura que, si no fuera por el bebe que estoy esperando, ni siquiera me hablaría.-
-Mama no te detesta, es solo que le cuesta asimilar las cosas que están ocurriendo, pero todo saldrá bien.- Kagome la sentó en una de las enormes e incomodas sillas para que alguien más pudiese volver a colocar el maquillaje en el níveo rostro de su hermana. Faltaba poco, y ella aun no se arreglaba. Tenía que ayudar a su madre en ubicar a los invitados, y poner su mejor cara para que nadie viese cuanto sufría.
-¿Estarás a mi lado, Kagome? Cuando demos el si… ¿Estarás allí?-
Deseo decir no, pero su voz murió en su garganta. -Estaré ahí para ti.-
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El era un hombre extremadamente puntual, organizado, directo. Era un hombre acostumbrado a tenerlo todo. Nació con un buen apellido, excelentes padres; demasiado dinero en el banco, y todo el conjunto fue lo que hizo que se llevara el mundo por delante, solo tenía que levantar un dedo para tener lo que quería, jamás tuvo que esforzarse por nada.
Hasta que apareció ella. Y lo arruino por completo.
Su mundo se vino abajo. Por primera vez tuvo que luchar y fue contra un imposible. Lo único que quería realmente en la vida era inalcanzable. Ni siquiera tuvo una oportunidad, no importaba cuanto luchara, ella jamás lo vería. El corazón de Kagome fue de su hermano desde el primer momento en que lo vio. Y el… el por primera vez supo lo que se sentía la derrota.
Miro alrededor, nadie lo esperaba. Había decidido volver solo para despedirse internamente de ella. Pero le faltaba valor. No estaba acostumbrado a perder y por algún modo estúpido se resistía a darlo todo por perdido. Aún cuando él se había marchado para que ella fuera feliz.
Aún cuando ella estaba a horas de casarse con un idiota.
Su móvil sonó sacándolo de sus pensamientos.
-Diga-
-Hola cariño, ¿Dónde estás? He estado llamando a la empresa pero me dijeron que habías viajado.-
-Tuve un viaje de última hora –
-Oh… Miroku y yo estamos yendo a la iglesia y luego a casa de tus padres, donde se hará una recepción por la unión de tu hermano y…-
-Estoy en medio de una reunión Sango, te hablare luego, adiós- Se sintió estúpido, por todo, ¿cómo haría frente a la boda si ni siquiera podía escuchar hablar sobre eso?
-Ya estoy aquí- Dijo en voz baja. Había viajado durante horas para llegar a la gran celebración y en su lugar perdió el tiempo en un patético bar.
"Eres Sesshomaru Taisho, no eres un cobarde, jamás lo fuiste y no comenzaras a serlo ahora" Bebió lo que quedaba de su trago y salió directo a casa de sus padres. Llegaría en una hora.
Era hora de enfrentarse con la verdad. Donde perdería al amor de su vida.
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Aquel vestido azul rey estaba pegado en su cuerpo dejando que sus caderas se viesen más de lo que deseaba. Sus hombros mostraban más de lo que quería, así que puso sobre él un pequeño torero de encaje que hacia juego con su maquillaje y su peinado.
Tomo el pequeño ramo entre sus manos y suspiro apretando los tallos de aquellas rosas más de lo que había querido, haciendo que el tallo se doblara por la mitad.
-No te preocupes, no se notara.- La voz masculina se acerco hasta ella, haciéndola levantar la cabeza tan deprisa que sus músculos del cuello sufrieron silenciosamente.
-¡Miroku!- grito de repente abrazando a su antiguo amigo.
- Kagome, me alegro de verte, después de tantos meses.-Dijo correspondiendo amablemente el abrazo.
-¿Sango? - pregunto soltándolo, mientras miraba de un lado al otro.
-¿Dónde está?-
-Ella ya está sentada casi en primera fila, obviamente no del lado de la novia.- Susurro aproximándose aun mas a ella.
Kagome sonrió agachando la mirada. -Es algo extraño ¿verdad?-
-Lo es. Pero espero que me diga después que diablos sucedió con el estúpido de Inuyasha.- Dijo con aquella encantadora sonrisa que podía ponerla feliz aun y cuando la misa nupcial estaba a punto de ser tocada.
Kagome asintió, justo en el momento en que la música comenzaba.
Cuando las puertas se abrieron. Su corazón se partió en dos. Ella forzó una sonrisa, y junto a Miroku, caminaron hacia el altar.
Las miradas iban dirigidas hacia su persona, todas cargadas de tristeza y lastima. Ignoro el
dolor para poder llegar hasta su madre, quien había estado toda la mañana tranquila imaginando que ese día no era especial.
Kagome sintió como sus piernas parecían no tener más fuerza, así que se aferro a Miroku, quien inmediatamente se dio cuenta y tomo con más firmeza su brazo.
Paso de largo, ignorando como las demás damas se acomodaban, y tomo su puesto como madrina de honor. Sin querer vio de reojo a Inuyasha, de pie, tan guapo como siempre, igual de rebelde y arrogante como solía ser; sus miradas chocaron provocando un inmenso choque eléctrico en toda su espina dorsal.
"Te amo." Quiso gritar, pero no lo hiso. Sonrió tímidamente, y agradeció a Miroku, quien le deposito un dulce beso en la mejilla.
Derrumbarse frente a todos no era una buena idea. Ella era la dama de honor, en el día que se suponía tenía que ser su boda.
Se coloco a la izquierda de Kagura.
El iluminado rostro de Kikyo invadió la iglesia. Todos se pusieron de pie y se volvieron a las puertas para ver entrar a la novia, quien sonreía con amor y alegría primeriza; solo para él.
El vestido blanco le quedaba hermoso, ella sabía cómo lucir cualquier prenda. Incluso, el vestido que le había pertenecido parecía querer más el cuerpo delgado de Kikyo.
De repente se sintió enferma, destrozada por dentro. Se concentro en la pieza tocada por el piano que no ayudaba en nada a disminuir el dolor, pero aun así era mejor que escuchar todos aquellos murmullos que giraron en su entorno cuando su hermana mayor llego al altar.
La ceremonia dio comienzo y su mente voló hacia la primera vez que lo vio, A su propuesta de noviazgo, a su primera cita, a su propuesta de matrimonio y hacia la inevitable separación cuando el descubrió que no la amaba.
Volvió en sí, cuando escucho a la pareja dar el sí.
Mordió su labio inferior y sonrió con nostalgia.
Inuyasha vio a Kagome mover sus labios y decirle: "Felicidades."
La muy maldita desgraciada parecía contenta, como cuando terminaron la relación que tenían. Y el corazón y sus pulmones parecieron detenerse en ese preciso instante, pero fue despertado del dolor cuando escucho las palabras del Sacerdote: "Puede besar a la novia."
El se acerco despacio, alzando el velo de aquel rostro radiante, y deposito sobre los labios de Kikyo un beso simple y sin amor.
Se pregunto si Kagome lo habría amado en verdad. Y si lo hacía ¿Por qué no lucho por él? La amaba y lo haría siempre. volvió su vista solo un segundo para ver como Kagome sonreía con gentileza a Kouga, un amigo que en ese momento estaba comenzando a volverse su enemigo… al parecer, no solo había sido el único amor que Kagome había tenido.
CONTINUARA…
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