HOLA!

Queridos lectores, esta vez me excedí del tiempo. Lo siento, les pido miles de disculpas.

Los dejo para que disfruten el capitulo que Eli, les trae con mucho cariño.

Por cierto, " Cuando el destino nos alcanza." No se ha descontinuado.

Autor: ELIZABETHSHANE y MARZELINEFILTH

LOVE OF MY LIFE

CAPITULO 5: ENCUENTRO.

"Miles de dagas se clavaron en mi pecho. Sentí como si cada filo entrara y saliera de mi cuerpo, doliendo una y otra vez, sin parar, sin descansar, sin poder evitarlo.

Espero que el tiempo ayude a sanar mis heridas de dolor. Tengo que dejar ir mi vida. Dejarte ir.

A partir de ahora, comenzare otra vez, pero de un modo diferente. Donde no serás el que yo ame, y yo no seré más que tu ex novia; y donde por más que me duela aceptarlo, tú seas el esposo de alguien."

Pensó en decir eso como discurso de bodas en el instante donde todos guardaron silencio y esperaron atentos a que ella dijese algo.

Un silencio sepulcral recorrió el enorme salón de la mansión Taisho.

Entonces se armo de valor y comenzó con su monologo: - Estoy muy feliz de compartir este día tan importante con ustedes. Ser testigo de todo el amor que se tienen. Y hasta ahora, no he conocido a nadie que se ame tanto. Les deseo mucha felicidad, y que el amor perdure toda sus vidas.- Dijo alzando su copa y bebiendo mientras los demás lo hacían.

La copa temblorosa en su boca fue lo único que todos detectaron como nerviosismo.

La fiesta era extraña, las personas eran casi las mismas que ella había invitado a su nula boda. Ninguno parecía estar animado con la recepción. Muchos se limitaron a dejar los regalos en la mesa preparada para ese fin, y otros más se sentaron como si no hubiese baile.

-¿He llegado tarde a la boda de la roba esposos?

Kagome, quien se aparto de la mesa principal, volteo ante la voz femenina, y se topo a su mejor amiga.

-¡Sango!- grito y se tiro a sus brazos. -Miroku dijo que estabas en la iglesia, pero no te vi. Creí que no vendrías, dijiste que no lo harías. ¿Qué haces aquí?

Lo dijo tan rápido que Sango frunció el ceño para comprender lo dicho por Kagome -¿Qué no es obvio? He venido a este velorio para acompañarte, amiga.- Dijo soltándose del abrazo.

-No digas eso.- Le dijo sonriendo. -Son felices.

Sango miró sin ganas a la pareja. Vio a una muy contenta Kikyo junto con un Inuyasha él cual no parecía compartía esa felicidad. -Da igual. Creo que deberías descansar un momento. En toda la noche no te has sentado, y tu madre me ha dicho que no has comido nada.

Kagome busco a Naomi y la vio conversando con una mujer. Después, cuando llegasen a la casa, hablaría con ella por estar hablando sobre sus problemas con otras personas.

-Has perdido peso, y ese vestido solo hace que te veas más delgada.

-Solo un par de kilos.- Susurro evitando la mirada de la castaña. -Pero cuéntame, ¿Cuando llegaste? No te vi hacerlo.

-Lo sé, quise dejar un pequeño presente primero, y me tope a tu madre; y ahora, estoy aquí.- Sango omitió el hecho de que había evitado acercarse antes porque rompería a llorar. Y no es que ella se sintiera triste por la boda, más bien era por pena hacia su amiga; ella había hecho hasta lo imposible porque Kikyo tuviese una boda perfecta, a pesar del dolor que le provocaba hacerlo.

Sango quería matar a la pareja. Los quería servir vivos en un plato, y ella tomaría sus cubiertos, los pincharía, solo para que…

-Creo que tendré que hablar con mi madre.

Las líneas del pensamiento de Sango fueron interrumpidas.

-Creo que está haciendo que los invitados se sientan incómodos. Una de mis primas me confesó que sus padres la obligaron a venir, y rompió en llanto delante mío.- Comento haciendo una mueca de disgusto.

-No creo que debas culpar a tu madre.- Tomo la mano blanca de Kagome y la arrastro hacia la parte delantera de la casa. -Vamos.

Ella la siguió. La mansión Taisho era un enorme y absoluto ejemplo de arquitectura antigua. Las paredes de mármol contenían tantos misterios y secretos que Kagome sentía como si su espíritu perteneciera al lugar. Aunque no era así.

La parte trasera de la mansión se encontraba desolada. Las familias habían decidido no ir con hijos, así que no había niños corriendo por el lugar. Kagome pensó que eso era triste, y por una fracción de segundo se imagino que allí no habían niños porque sus padres temían que se produjera una pelea en medio de la fiesta.

Ambas mujeres se detuvieron justo donde comenzaba el jardín, las bancas estaban solas y un poco apartadas de la muchedumbre.

Ambas estuvieron en silencio. Kagome lo hacía por querer aparentar ser una excelente actriz y poder convencer a Sango de su felicidad. La castaña porque acababa de ver a un hombre caminar con paso acelerado hacia los peldaños traseros. Como si no quisiera ser visto.

-¿Qué sucede?- pregunto inquieta de ver los ojos sorprendidos de Sango.

-Nada.- mintió. -Dime la verdad, ¿Cómo te sientes?

-Bien.- Dijo simplemente. Y soltó todo el aire de sus pulmones. ¿Desde cuándo había estado conteniendo el aire? -Ya lo supere. Creo que, a partir de este momento, puedo continuar.

-¿Cómo una monja?- Kagome estaba impresionada. -No me mires así. Tu madre me lo dijo. Ella quiere que te convenza de que no lo hagas…- La tomo de las manos con cariño. -No quiero que lo hagas si es por Inu…

-¡No es por él Sango!- grito más de lo que había deseado. -Sabes que ese siempre había sido mi sueño, te lo dije cuando nos conocimos ¿lo recuerdas?, quiero ser como mi tía. Solo que, cuando lo conocí… mis planes cambiaron.

-Y no crees que si conocieras a alguien más, ¿podrías volver a cambiar de idea?

Aun con las manos unidas, Kagome esbozo una sonrisa y agacho la vista.

-No quiero conocer a nadie. La semana entrante me iré al convento. Pasare unas semanas con las monjas y luego hare el noviciado. Veras que tengo vocación. Realmente estoy entusiasmada con la idea.- Y se soltó de las manos de Sango. -¡Es mi sueño hecho realidad!

Ante lo que parecía un discurso, Sango no aparto ni un instante sus ojos de ella. Y con lo lista que era, hablo sin marcha atrás, sin importarle las consecuencias de sus palabras. -Si es así, dile a tu rostro que lo demuestre.

Kagome deseo alejarse y se puso en pie.

-Puedes convencer a todos los que quieras, querida.- La morena comenzó a dar unos pasos hacia atrás, pero Sango le sujeto las manos. -Podrás demostrar tu mejor y más bella sonrisa, y dirás que fue tu decisión.- aquellos preciosos ojos azules temblaron. -Pero a mí no me engañas Kagome.

Toda la situación la tenia histérica. Si hubiese sido un par de años más joven podría haber ido a golpear a Inuyasha, podría haber gritado a Kikyo, podría haber zarandeado mil veces a Kagome para que entrara en razón, pero no era así.

Conocía a Kagome desde la secundaria. Siempre había sido la hermana que nunca tuvo, la adoraba y daría su vida por ella. Cuando supo lo que había ocurrido, pensó enseguida en el tormento que se iba a convertir la vida de su mejor amiga. Y cuando se entero que Kikyo era la mujer por la cual Inuyasha la cambiaba, y que espera un hijo suyo; quiso destruir todo a su paso. Miroku le había dado las malas noticias, y la había consolado cuando rompió a llorar.

-Ya no tienes que fingir, Kagome. Deja de hacer de cuenta que nada paso, y odio que sonrías de ese modo. Grita, golpea a Inuyasha y a Kikyo, deja de defenderla e insúltala.- Su voz se transformo en un murmullo por el coraje que se atoraba en su garganta.

Cansada, y por primera vez, harta de las verdades de Sango, de sentir ese nudo en la garganta -¿Qué harías si estuvieras en mi lugar? ¿Qué hubieses hecho si tu esposo te deja por alguien más?

Sango contesto con honestidad. -La golpearía. Después a él hasta dejarlo inconsciente y quizás hasta podría castrarlo como a un perro.

Kagome sonrió ante la respuesta impulsiva de su amiga. La castaña también lo hiso. Fue una pequeña risa que se convirtió en carcajadas continuas y murió en una simple sonrisa.

-Dime la verdad Sango. ¿Qué harías si Miroku te dejase por mi?

Ella no supo que contestar. La respuesta era obvia. Los amaba demasiado a los dos, no podría ser egoísta con ella y no podría hacerlo sufrir a él solo porque su amor no era correspondido.

Se acerco a Kagome y le dio un abrazo, que tuvo que abandonar antes de que las lágrimas volvieran a sus ojos. -Vamos, continuemos con esta porquería de boda.

Ambas volvieron a reír. La tensión era palpable. Sango tenía tatuada en la frente "Muerte" y ella sabía que Sango tramaba algo, su amiga siempre había sido así. Siempre dispuesta a tomar venganza por su eterna amistad.

S:S:S:S:S:S:S:S:S

Sango no dejaba de mirar fijamente a Kikyo. Tenía la esperanza de que si lo hacía, lograría que como mínimo le saliera un enorme grano del tamaño de una sandia en el medio de la frente. Como el dichoso grano no aparecía, se imagino a ella misma dibujándoselo en la frente, cosa que la llevo a recordar que tenía las marcadores de su hija en la cartera, cosa que la llevo a recordar que esa cartera aun la tenía consigo en ese mismo momento.

Cosa que la llevo a recordar los regalos y de ahí ¡La gran idea!

Tomo varios marcadores de colores, se acerco a la mesa especial para regalos y comenzó a escribir en cada uno de ellos.

Vio a Kikyo contenta tomada del brazo de un tronco ausente el cual Inuyasha se había convertido. Ambos se acercaron despacio a la mesa. Sango le sonrió con hipocresía a la novia, Kikyo le guiño un ojo para hacerla enfadar.

Sango supo leer ese gesto, uno de victoria. Y la puso furiosa.

-Puedes tomar asiento Sango, yo me encargare de abrir mis regalos.- Le susurro.

La castaña quiso borrarle la sonrisa de un fuerte golpe en la boca, pero no lo haría. Sabía que la morena lo hacía para provocarla, siempre había sido así.

Y con toda la falsedad que pudo, le devolvió el insulto con guante blanco. -Claro, querida. Todo esto es para tu día especia, y poder alabar tu triunfo.-

Kikyo apretó los labios solo por un segundo, y hablo. -Mi amor. Quieres que leamos las tarjetas.- Y con un beso en la mejilla a Inuyasha, dejo de tomar importancia a Sango.

Inuyasha solo tomo asiento aun lado de la mesa. Su ahora esposa tomo un obsequio.

Y ocurrió… Sango tuvo un pequeño triunfo de parte de Kagome.

El rostro de Kikyo se puso de color rojo. Intentó sin nada de éxito componer una sonrisa.

Inuyasha al ver el cambio repentino que había sufrido el rostro de su esposa se puso de pie, y quito de las manos de la pelinegra uno de los presente, luego otro y otro, todos los regalos decían "Para Kagome e Inuyasha."

Reconoció la letra al instante, y coloco una mano en su boca para que su esposa no viera la sonrisa que estaba formándose en su rostro. Empujo los obsequios y se marcho sin decir nada.

Izayoi se acerco corriendo hacia la mesa, su hijo paso a su lado y se marcho hacia el jardín sin decir nada a nadie. Toga Taisho fue corriendo hacia él. Kikyo trato de fingir que nada había ocurrido, y camino, ante la vista de todos los invitados, con tranquilidad hacia el otro extremo del salón principal con su amiga Kagura.

El mayor chisme del año ya se había formado.

Izayoi miro a todos lados, tratando de averiguar de quien había sido esa estupenda broma. Y entonces, vio a Sango sonriéndole y levantando su copa de champan.

Izayoi le sonrió, y si hubiese tenido su copa en la mano abría brindado junto a ella.

S:S:S:S:S:S:S:S:S:S

Era la fiesta más aburrida del mundo. Nadie bailaba debido a que el primer vals siempre le pertenecía la pareja de novios, pero como Inuyasha estaba en el jardín junto con Miroku y Toga, y Kikyo quien parecía querer eliminar a todo el mundo en ese momento; nadie se atrevió a poner un pie en la pista.

Fue en busca del hombre que había visto subir la escalinata, y lo encontró alejado de la gente, bebiendo una copa de champan con un estilo elegante y único, y sonriendo por primera vez en toda su vida.

Sango se coloco frente a él, con los brazos cruzados sobre su pecho. -¿Puedo saber porque esa sonrisa?

El ojidorado bebió antes de contestar con su varonil voz. -Es el día más feliz de mi vida. Realmente no esperaba esto.

Sango alzo una ceja. -¿No esperabas una boda?

-Sí, pero no está.

La castaña se sentó junto a él, y como antes de que ella se casara, bebieron en silencio disfrutando del momento.

S:S:S:S:SS:S:S:S

La fiesta era tranquila, los invitados saludaban y tomaban asiento, pero no parecían cómodos. Y no era para menos. Casi todos conocían a Kagome, sabían cuan enamorada estaba ella, esperaban ansiosos esa unión y luego, de un día para otro, la novia parecía cancelar y ser suplantada por la hermana.

Durante toda la ceremonia, Naomi vigilo a Kagome. Su hija menor parecía un ángel, tenía una sonrisa radiante en el rostro, sus ojos demostraban amor a su hermana, todo parecía perfecto.

Pero no lo era.

Y ella ante la vista de todos era la madre perfecta, lo cual no era real. Decidió que ese día no podía fingir ni siquiera una sonrisa. No era así como había imaginado la boda de sus hijas, parecía un sueño extraño, un Déjà vu.

Sí, eso era lo que parecía.

Kagome había estado en primera fila, sonriendo, dándole el apoyo a su hermana mayor. Kikyo había estado emocionada, su respiración agitada y sonriendo nerviosa. Pudo ver como tomaba con fuerza la mano de Inuyasha, quien parecía querer salir corriendo antes que nadie de la iglesia, sin ella.

Y ahora, todos estaban lejos, sin que ella pudiese saber que era precisamente lo que hacían. Apenas había tenido tiempo de saludarla ese día. Porque su pequeña Kagome iba de aquí para allá acompañando a su hermana y ayudándola con los preparativos. Solo esperaba que Sango la convenciera de no cometer ese grave error. Podía cerrar las puertas con llave, pero Kagome era capaz de saltar por la ventana para cometer su propósito.

Naomi estaba desesperada. La decisión de Kagome por irse de monja le estaban matando los nervios. Ella no era una madre entrometida. La verdad era que siempre había dejado a sus hijas vivir sus vidas sin interferir más de lo necesario. Cualquier conflicto que tuviesen los debían arreglar entre ellas, pero eso había sido diferente y extremista, según su criterio.

Con mucho disimulo fue saludando a los invitados, hasta salir de la casa hacia el patio trasero, y llegar cerca de las dos jóvenes, se oculto detrás de uno de los muros tapizados con hojas verdes, solo para escuchar algo que ni ella misma habría imaginado.

-Y no crees que si conocieras a alguien más, ¿podrías volver a cambiar de idea?-

Escucho la voz armoniosa de Sango.

¡Por supuesto! Como no lo pensó. Kagome era hermosa y, estaba segura, que varios hombres suspiraban por ella. El problema era que no tenía mucho tiempo y si alguien iba a seducirla no tendría ni la más mínima oportunidad porque se iría al día siguiente.

Con los hombros caídos volvió a la fiesta, justo cuando Sara una joven amiga suya, quien era una súper modelo, iba a su encuentro.

-Naomi, deberías despreocuparte.- Dijo la joven sonriendo. Naomi también fingió hacerlo. -Así está mejor. Tu hija estará bien, estoy convencida que Inuyasha cuidara muy bien de tu pequeña favorita.

Naomi hizo una mueca. -Lo dudo. Aunque, es lo mínimo que puede hacer.

El silencio se apodero del momento. Ambas sintiéndose incomodas ante aquella conversación.

-¡DIOS MIO!- Exclamo excitada. Naomi la miro como si se fuera a volver loca. -¡No sabía que había vuelto!

-¿Quién?- pregunto intrigada.

-¿Recuerdas la vez que comente que le fui infiel a mi esposo?- susurro sin quitar la vista de aquello que había captado su atención.

Naomi asintió. ¿Cómo olvidar lo que la joven había contado hasta con mínimos detalles?

Con una voz eufórica, bramó. -¡Es él!- y señalo hacia el hombre alto que acababa de entrar como si intentara pasar desapercibido. -Juro que ese hombre es capaz de convertir a una monja en una ramera.- Se mordió el labio inferior con deseo, y comenzó a jugar con la copa que tenía en su mano.

Naomi se concentro en él. Un hombre alto, masculino, muy guapo, con vestimenta elegante, serio, capaz de engañar a una tortuga que era una liebre.

Sara continuaba con su monologo. Naomi, despacio trato de asimilar lo dicho por la joven, susurro: -O una monja en ramera.- Y la idea golpeo su mente como un martillo cargado de esperanza.

No era exactamente que quisiera convertir a Kagome en ramera, pero definitivamente no quería que fuese monja. Y él era perfecto. Justo lo que su hija necesitaba. Estaba a punto de mover sus piernas hacia el hombre, cuando Sango entro con decisión y se sentó al lado de él.

-Me disculpas.- Susurro distraídamente hacia Sara, sin siquiera mirarla. Dejándola atrás.

Sara asistió sorprendida de ser ignorada de esa manera. Y solo dio la media vuelta, girando de vez en cuando la cabeza para mirar hacia donde Naomi se dirigía.

Naomi camino hacia ellos con incomodidad. Se pregunto si era mala idea. Pero la desesperación contesto que no.

-Hola.- Dijo.

Sango le sonrió. Él ni siquiera se digno a dirigirle un vistazo.

-¿Puedo hablar contigo?- pregunto.

-Si.- Dijo Sango a punto de ponerse de pie.

-No.- La detuvo con un gesto gentil. -No es contigo, Sango. Yo hablaba del señor Taisho.

Sesshomaru levanto una ceja con cuestionamiento y puso su atención en la mujer. Naomi no podía dejar que esos ojos fríos taladraran su alma. Sango miro a ambos.

-¿Podríamos hablar en privado?- pregunto, dirigiéndose ahora a la castaña.

Sango enseguida comprendió y se puso de pie, y con una sonrisa de oreja a oreja se alejo hacia donde Miroku bebía tranquilamente.

Era consciente de que él no estaba de ánimos, o quizás era que siempre había tenido esa cara seria. No lo sabía, siempre ese rostro frio seria un enigma. Se sentó a su lado, aun con esos ojos poderosos escudriñándola.

-Lamento haberlo molestado, pero necesitaba algo de usted con urgencia.- Sesshomaru no despegaba su vista de ella, haciéndola sentir extremadamente incomoda. Él estaba a punto de beber de su vaso de whisky. . -Es sobre mi hija Kagome…-

Y antes de dar el sorbo, puso con cuidado su vaso en la mesa.

-¿Qué sucede con ella?-

Naomi pudo identificar ese tono de alarma que había en su voz, era muy tenue, pero estaba ahí, al parecer él joven se sentía atraído hacia su pequeña.

Ella decidió contarle todo. Y Sesshomaru la escucho.

-Entonces… ¿Piensa irse? ¿Solo por ese idiota?- pregunto apretando los puños por debajo de la mesa.

¿Qué diablos ocurría? ¿Por qué de repente el mundo de plano era tan insoportable? ¿Por qué el licor que bebía le sabia amargo? ¿Por qué apretaba sus dientes de aquella forma?

-Mi hija es muy sensible. Aunque parezca que está feliz, yo se que ella está sufriendo por dentro, y no quiero que ella... Bueno, se convierta en una monja solo porque el hombre que al que amaba se casa con otra.-

Fingiendo frialdad ante el tema de Kagome, desvió su vista a algún punto lejano -¿Por qué me cuenta esto?-

-Bueno… Como usted verá yo...- Naomi se aclaro la voz antes de poder continuar. -He escuchado cosas sobre usted y... Me preguntaba si…- Sesshomaru frunció el ceño. -Sera solo temporal, y es para que mi hija se quite esa idea loca de la cabeza, no creo que arruinemos la vida de nadie, solo sería algo temporal y nada más porque usted dijo que entendía mi punto.-

Sesshomaru coloco una mano en su hombro para que se calmara, la mujer no había ni siquiera tomado una bocanada de aire.

-¡Quiero que seduzca a mi hija!- Dijo finalmente tapándose la boca con vergüenza.

Y como si fuese imposible él logro que su rostro fuera aun mas inexpresivo. Se quedo quieto como una estatua, mirándola fijo a los ojos, pero con la mente muy lejos de ahí.

Naomi intuía que él estaba analizando la situación, o tal vez estaba esperando que ella enriqueciera la oferta.

-Te suplico. Solo tienes que convencerla.-

Ella aparto su mirada del rostro serio de Sesshomaru. Kagome iba de mesa en mesa, saludando e intentando que los invitados se sintieran cómodos. Una vez más se pregunto si ese no era un castigo… Ésa debería ser su boda. -Por favor, le pagare.- Pidió con voz susurrante, sin apartar la mirada de su hija menor.

Sesshomaru siguió la mirada de Naomi y se encontró con la de Kagome, ella acaba de verlo y lo saludaba con la mano mientras se acercaba hasta ellos.

Naomi detecto nerviosismo en aquella mano posada sobre su hombro.

-De acuerdo, pero necesitare establecerme en su hogar, usted tendrá que dejarnos solos el mayor tiempo posible. Necesito enamorarla lo antes posible y no podre si usted se encuentra en la ca…-

-¡Lo hare!- dijo decidida. -Al terminar la fiesta usted se vendrá con nosotros, diremos que no tiene donde alojarse y yo le propuse que se hospede con nosotras.-

Sesshomaru vio dolor en los ojos castaños de la mujer. Con cuidado poso elegantemente su mano sobre la mesa y se bebió su vaso de licor de golpe.

-De acuerdo, tenemos un trato.- El esbozo una sonrisa ladina. -Hablaremos de dinero después.- Fingir que lo hacía por ese propósito era mejor a que todos se diesen cuenta de sus intenciones.

S:S:S:S:S:S:S:S:S:S:S:S

Kagome no podía creer lo que sus ojos veían. El hermano mayor de Inuyasha estaba presente en la boda. ¡Y ella que había creído que lo odiaba a muerte! Definitivamente no era cierto, solo eran pelean de hermanos. Peleas que terminaban siempre con unos cuantos golpes y moretones.

Por suerte jamás había estado presente cuando estas sucedían, sin embargo Sango no había corrido con la misma fortuna. Ella le había confesado que en varias ocasiones pensó en llamar a la policía, puesto que ambos eran buenos luchadores, y hasta que no terminan tendidos en el suelo gravemente heridos no paraban. Aunque, en una ocasión, Sango pensó que uno de sus amigos moriría.

Inuyasha, como Sesshomaru estaban ebrios, se suponía que era una fiesta agradable. Todo comenzó con una mirada, un dejo de arrogancia de parte de uno de ellos, un pequeño insulto, y entonces, los dos tomaron el cuchillo que tenían frente a ellos y comenzaron a luchar como si estos fueran espadas.

-Gracias a Dios, llego Toga.- dijo Sango ese día.

Kagome se sorprendió cuando luego de tal relato su amiga se mordió el labio y se echo hacia atrás.

-No sabes lo excitante que es ver a dos hombres peleando.

Definitivamente ella no pensaba igual.

-¡Hasta que por fin das señales de vida!

La voz de ella sonó como música en sus oídos, y por inercia se puso en pie.

Kagome se acerco a Sesshomaru y le dio un pequeño abrazo.

Él la sujeto con fuerza, apretando su delgado cuerpo contra el suyo, aspirando su perfume, aspirando su esencia vital. Sujeto con fuerza su cintura fina y poso su mano mas debajo de lo que debía, sintiendo el cálido y delineado cuerpo femenino.

Kagome lo soltó, incomoda ante aquel tacto masculino y sensual. -Creí que no volvería a verte, Sesshomaru.- Pero él no parecía decidido a hacerlo.

Él sonrió y miro disimuladamente a Naomi dándole a entender que debía irse.

-Es la boda de mi hermano, no podía perdérmelo por nada en el mundo.- Dijo mientras liberaba de a poco a Kagome de sus brazos.

-¡Me alegra que estés aquí!

Ninguno dijo nada. solo se quedaron uno frente al otro tratando de sentir apoyo. Sesshomaru amándola en silencio, tragándose los sentimientos que le golpeaban el pecho. Kagome sintiendo la extraña calidez que sentía cuando Inuyasha la abrazaba.

-Me retiro.- Dijo Naomi. Rompiendo con el encanto creado entre ellos dos. Huyendo del lugar al ver los ojos llenos de furia de su aliado.

Kagome parpadeo un par de veces, las lagrimas habían querido escapar de sus ojos y no deseaba ser tan patética frente a los invitados.

-¿Has comido algo, quieres que envíe a que te traigan algo?

-No, solo quédate conmigo un momento.- Dijo. Recordando la última noche que había pasado a su lado, donde la comida estuvo de por medio, y lo mal que lo había pasado. Él la habían invitado a cenar, y ella habían aparecido con Inuyasha del brazo.

-Cuéntame ¿cómo has estado?

-Bien. Demasiado trabajo, pero he decidido darme un descanso.

-Me parece perfecto.

El silencio se extendió y Kagome no sabía si ponerse de pie y seguir saludando a los invitados o quedarse ahí con él. Era un hombre misterioso, y ella amaba escuchar su voz; podría hacerlo durante horas y estaba más que convencida que si no hubiese conocido jamás a Inuyasha era probable que se sintiera atraída por él.

-¿Quieres bailar?

-¿Disculpa?- aquella pregunta la saco de su ensimismamiento.

Él se incorporo y tendió su mano.

Kagome miro aquella varonil mano frente a ella, como observo con cuidado aquellos ojos dorados. -Oh… no creo que sea buena idea...- su voz parcia un murmullo apenas audible.

-No te preocupes, podemos bailar aquí y no en el centro de la pista.

Ella se pregunto si era buena idea, se fijo a su alrededor notando como dentro de poco todo eso sería olvidado, su vida cambiaria y aquel baile no tendría ningún valor después de que ella se fuese al día siguiente.

Tomo su mano con timidez y apoyo su mano en su hombro, mientras él la tomaba de la cintura.

-Bailas muy bien- Dijo Kagome. Un cumplido, el único que ella pudo decir.

-Izayoi insistió en que deberíamos saber bailar. Ella fue una excelente bailarina, solo que el embarazo y la edad impidieron que siguiera haciéndolo.

-Lo sé, es triste cuando eso pasa. Inuyasha me hablo de las clases de baile que tuvieron.

Sesshomaru tenso sus músculos involuntariamente. -¿Y que fue exactamente lo que conto?- pregunto acercándose más de lo debido al rostro de Kagome, como si fuese un secreto.

-Nada- No pudo evitar soltar una pequeña risa al recordar. -Solo que los hacía bailar juntos.

Sesshomaru quiso reírse a carcajadas, mas no lo hizo. -No puedo creer que te haya contado eso-su mandíbula estaba tensa, quería aniquilar a Inuyasha- Se suponía que era un secreto que llevaríamos a la tumba.

- No creo que sea tan grave.- dijo sonriendo.

-¿No? Pues Kagome, creo que mi "querido" hermano no te conto siquiera un poco de lo que pasaba.- dijo con los dientes apretados. Kagome entendió que no le molestaba que ella lo supiera. - Inuyasha y yo no podíamos estar en un mismo lugar sin pelear, éramos rivales y mi madre insistía en que nos tomemos de las manos y bailáramos. Ninguno quería hacer el papel de mujer así que era una lucha constante. ¿Imaginas lo que fue aprender a bailar tango? Por suerte mi madre comprendió que si seguíamos así no le daríamos nietos y a partir de ahí ella fue nuestra pareja de baile.

Kagome rio, como nunca en esos días, no pudo evitar imaginárselos a los dos y tuvo que apoyar su frente en el hombro de su pareja de baile para ocultar un poco su risa. Siguió girando y riendo sin darse cuenta de que era el centro de atención.

S:S:S:S:S:S:S:S:S:S

Inuyasha acababa de recomponerse del ataque histérico de risa. La broma había sido graciosa, pero en algún momento las lágrimas de risa se mezclaron con las de tristeza cuando se dio cuenta de que los invitados eran los mismos. Y estaba más que convencido de que esos regalos habían sido comprados para Kagome y para él.

Volvió a la fiesta y tomo una copa de champan de la bandeja que llevaba un mozo. Y estaba dando el primer sorbo cuando la risa maravillosa de Kagome lleno sus oídos.

¿Qué es peor que verse obligado a casarse con la hermana de la mujer que amas? Oh si… ver como tu hermano coquetea con ella. Cómo coloca sus frías manos sobre su cintura, como acerca su boca a su oído y como ella sonríe y se aferra a sus hombros.

Y más aun a sabiendas que Sesshomaru no era ningún estúpido, siempre había tenido la sensación de que él había intentado robársela en alguna ocasión. O en varias.

Ahora, Sesshomaru podía ganarse el corazón de Kagome. Podía bailar y coquetear con su Kagome. E Inuyasha sabía que no saldría vivo si seguía tocando un centímetro de aquella piel perfecta.

-Primero muerto- susurro mientras dejaba su copa y se acercaba a la pareja. De nada servía que estuvieran en un rincón, alejados de los invitados. Porque a pesar de eso todas las miradas caían sobre ellos.

Ellos no se dieron cuenta que él se acercaba. Estaban hechizados en una perfecta burbuja encantada.

-¿Me permites?- su voz era dura, pero no podía contener el enojo que sentía.

Kagome miro aquellos ojos dorados y lo noto, siempre sabia cuando Inuyasha trataba de contener su rabia, y se aparto de Sesshomaru con rapidez; pero él no soltó su cintura.

-¿No deberías bailar con tu esposa primero, hermano?- Quiso contestarle, pero Kagome se apresuro a responder.

-Sesshomaru tiene razón Inuyasha, deberías bailar con Kikyo, es por eso que nadie baila aun.

Inuyasha se sintió traicionado. -Quiero bailar contigo, eres la hermana así que no habrá ningún problema, además Kikyo siempre se queja que con el embarazo se agita con rapidez.- coloco su mano en la cintura de Kagome y comenzaron a jugar una especie de tira y afloje, haciéndola sentir una muñeca.

Kagome, molesta, celosa y enfadada como se sentía le aparto de un manotazo el brazo que se acababa de posar sobre su cuerpo. -Basta, están mirándonos- Dijo Kagome cuando se dio cuenta de que eran el centro de atención. –Bailare contigo- Luego miro a Sesshomaru dándole una sonrisa de disculpas.

Inuyasha no se contento con bailar en su rincón, no, él la llevo al centro de la pista, y Kagome sintió que estaba usurpando el lugar. Aun así, sentir las manos de Inuyasha abrazándola, tocándola con tanta ternura, cómo si jamás la hubieran soltado fue demasiado para ella. Quería desmoronarse y aferrarse a él. Su mirada viajo hasta los rostros curiosos que los observaban, y no pudo evitar sentirse aun peor.

-Sabes que no debes preocuparte cuando bailas conmigo.

-Me preocupa que piensen mal de nosotros.

Inuyasha miro alrededor confirmando que la atención de todos estaba puesta en ellos. "Éste- se dijo- debería haber sido el comienzo de una feliz vida, el primer baile con la mujer que amo, frente a todos, después de dar el sí. Y luego subir a la limousine e ir directo hacia la casa que ambos habíamos elegido donde haríamos el amor hasta el cansancio." Cerró sus ojos y sin pensarlo se acerco hasta el cuello de Kagome, perdiéndose en su piel, en su aroma y se sintió tentado a pasar su lengua por el lugar. Estuvo a punto de hacer caso a sus pensamientos pero Kagome pareció adivinarlos y se alejo incomoda.

-Siempre me gusto como queda el color azul en ti, resalta aun más tus ojos.

-Gracias…- Susurro incomoda.

Sesshomaru se puso de pie en cuanto vio que Kikyo se dirigía hacia la pareja. La cara de enfado de ella, camuflada con una sonrisa forzada no paso desapercibida y se acerco para interrumpir el baile antes de que la fiesta terminara en desastre.

-¿Podrías devolverme a mi pareja?- Le dijo a Inuyasha. Kikyo llego y lo tomo del brazo.

-Cariño, creo que es hora de que bailemos tú y yo.- Y su burbuja se pincho, trayéndolo de regreso a su vida real. Vio como Kagome colocaba sus manos en los hombros de su hermano. Por suerte, ella se iría al día siguiente.

Naomi solo miro atenta aquella profunda herida abierta en pleno rostro de su pequeña familia. Y una vez más se culpo así misma por la desdicha que ocurría.

CONTINUARA…

Dejen comentarios ;)