Lo se, lo se, no me maten porfavor! XD les traigo otro capitulo de una hermosa y creativa hisoria escrita por mi amiguísima Elizabethshane, a la que quiero mucho por ser mas que mi amiga a distacia, una consejera y una persona que nunca juzga. Tkm amiga.
Recomendación: Lean Liars se esta poniendo muy interesante. Y dejen comentarios, porfaa!
Autor: Elizabethshane y marzelinefilth
Capitulo 7: Sin ti
La rutina estaba volviéndose dueña de su vida. Repetir lo mismo una y otra vez era tan aburrido y desesperante. Las únicas dos cosas que lo hacían sentirse vivo eran el trabajo, en el cual deseaba con suerte ahogarse en él; y Kagome, pensar en ella, pensar alguna excusa para poder verla, para perderse en sus ojos, en su sonrisa.
Pero cada vez que pensaba en Kagome, otra persona aparecía inmediatamente en su mente, tiñéndolo todo de una terrible amargura. Su matrimonio debería ser el comienzo de algo feliz, de un mundo nuevo, que sin importar lo que sucediera lo enfrentarían juntos, porque se amaban.
"Amor" una enorme palabra que entre ellos sobraba. El no amaba a Kikyo, solo había sido deseo.
Pero esta mañana no tenia excusas, aún estaba en la cama, con la mirada perdida, pensando nuevamente en ella, cada hora se tornaba insoportable, sentía la asfixia por saber que ella estaba volviendo a hacer su vida…sin él.
Un día antes
-¿Quieres que te diga algo gracioso?- Dijo Miroku.-Creo que tu hermano está intentado conquistarla.
Inuyasha sintió como su garganta se secaba; la jarra con cerveza en su mano, que iba directo a su boca se detuvo abruptamente, derramando un poco de su contenido.
- ¡Feh! Ella jamás se fijaría en alguien como él. -Respondió seguro de sus palabras, convenciéndose a sí mismo que era la verdad.
-¿Por qué no? –Cuestiono su amigo, bebiendo tranquilamente de su tarro de cerveza.
Una de sus nuevas costumbres era ir a algún bar y beber tranquilamente. Simplemente deseando que las horas pasaran, para que cuando llegara a su hogar su esposa estuviera dormida. Pero para su mala suerte su esposa siempre lo esperaba despierta, y aun ahora, luego de cuatro meses desde que cometió el error de intimar con ella, insistía en que volvieran a tener sexo; porque lo que hacían ellos dos era eso. Llevaban tres semanas de casado, pero aun no podía, no podía besarla, porque sabía que si lo hacía…
-Porque mi hermano es un insensible, solo la lastimaría, la usaría como ha usado a todas.
Feliz con su respuesta dio un gran sorbo a su bebida.
-Te recuerdo que se fijo en ti, y no olvides como termino todo para ella.
Un golpe bajo proveniente de alguien a quien estimaba.
-Si quieres amargarme la noche te aconsejo que no lo hagas.- Dijo en tono acido.
Miroku no quería que las cosas terminaran mal esa noche. -¿Tu madre sigue sin hablarte?- decidió preguntar para cambiar de tema.
-El día de ayer me hablo.
-¿Y cuáles fueron sus sabias palabras?
Inuyasha sonrió al recordarlo. -Dijo que ya era media noche y que me daba cinco segundos para irme si no quería que me sacara de la oreja a la calle.- Miroku, quien tenía la boca llena de papas fritas cuando Inuyasha hablo, sin poder contener la risa, escupió todo directo a su cara; logrando que un par de mujeres que se encontraban dos mesas lejos de ellos perdieran el interés. -¡Qué asco! ¡Mira lo que has hecho! Dejaron de mirarnos ¡imbécil!– Limpiando con su mano los restos de comida masticada.
-Sango me arrancaría mi parte más preciada si supiera que coqueteo con otra. –Se limitó a decir volviéndose a llenar la boca de botana.
-Kagome igual.
Dijo en un descuido, y volvió a beber de su cerveza. Miroku lo miro y sintió lastima por su amigo, si tan solo pudiera volver el tiempo atrás y arreglarlo todo… Pero eso solo era un sueño, su realidad era esta y debía volver. Tenía que dejar que su amigo se hiciera responsable de cada acto que cometía.
-Bueno mi querido amigo, debo marchar.
-¿Vas a que tu esposa te ponga la correa nuevamente? –Una burla que sonó a molestia.
-¡Ja! –Dijo con ironía. -Muero porque ella coloque esa correa nuevamente, soy lo que ella quiera que sea, créeme. Fue muy difícil conquistarla y no pienso por nada del mundo perderla. -Miroku se puso en pie y se hecho el saco en su hombro. –Además, esta noche tendremos una cena con unos amigos.
-¿Ah sí? ¿Y puedo preguntar con quiénes?
-Con Kag…-Miroku aclaro su garganta y miro su reloj.
-¿Con Kagome y quien más? -Termino Inuyasha, sintiendo como su sangre hervía en sus venas de celos. -¡Dilo! ¿Quién es su acompañante?
Miroku apoyo su mano en el hombro de su amigo intentando calmarlo. -Sesshomaru, pero no será una cena de pareja, sabes que Sango adora a Kagome y…
-No creo que ella asista a esa cena, esta noche iremos a cenar y Kagome jamás dejaría a Kikyo sola con su madre, ya sabes que aún está molesta.
El triunfo sonaba en su voz.
-De acuerdo, pero aun así debo irme. -Miroku volvió a darle una palmada a Inuyasha y giro para marcharse, pero se detuvo cuando su amigo grito su nombre.
-¡Miroku! ¿A qué hora es esa cena?
Los años que llevaban conociéndose lo llevo a saber el motivo de esa pregunta, él quería impedirlo. Miroku consulto su reloj, faltaba poco para las siete y la cena estaba programada para las ocho, ya que la idea era lograr que su amiga se olvidara por una noche de sus males. -¡A las nueve! -respondió.
Lo vio asentir, y casi sintió como los engranajes oxidados de su cerebro trabajaban. Negó con la cabeza, debía ir con su esposa e informarle que debían partir antes, ya que era probable que intentaran arruinar sus planes.
Inuyasha termino su cerveza, dejo una buena propina a la hermosa camarera que había anotado su número en una servilleta, y se fue. Tenía poco tiempo, y a Kikyo le encantaba maquillarse, así que usaría su malhumor para hacer las cosas a su manera.
El tráfico fue terrible y los minutos se hicieron eternos mientras conducía a su nuevo hogar.
-Llegaste temprano cariño.- Dijo Kikyo, acercándose, intentando besarlo en los labios, pero Inuyasha fingió no verla, frunció el ceño y comenzó a aflojar su corbata.
-Cenaremos con tu madre apúrate o me iré sin ti. –Sentencio, con una mirada dura en su rostro.
Kikyo no dudo que él fuera capaz de dejarla, y sin pensarlo corrió hasta su habitación. Una molestia en su vientre la hizo detenerse un segundo en la escalera, pero no demasiado, no quería que su amado la dejara. El maldito sentimiento crecía innegablemente en su pecho, tenía miedo de lo que había logrado.
Una camisa roja a cuadros con unos jeans y sus zapatillas negras fueron suficiente, a Kagome le encantaba como le quedaba la ropa color rojo, y él se había vestido para ella, un poco de perfume y estaba listo.
El teléfono sonó, e Inuyasha camino hacia la sala donde tenían ubicado el pequeño aparato junto a una lámpara.
-¿Si?- fue lo único que dijo. Esperó, pero solo se escuchaba el silencio. La pantalla decía número desconocido, y su corazón latió esperanzado "¿Qué si es Kagome?".Ella pensaba en el, lo sabía, lo sentía en cada parte de su ser. Ella aun lo amaba. Solo fueron unos segundo y la llamada se cortó.
Kikyo apareció corriendo con la blusa mal puesta y con la respiración agitada. -¿Quién era?
A Inuyasha eso le sonó desesperado. Pero no hizo caso. -Número desconocido. ¡Te espero en el auto!- Grito cuando estaba en la puerta y salió sin voltear a verla.
Kikyo salió minutos después colocándose perfume mientras corría hacia el auto. -¿Por qué tanta prisa?-Pregunto enojada. Los molestos cambios hormonales y los errores que cometía día a día ya estaban fastidiándola.
-¡Porque estoy hambriento!- respondió con un ligero grito. No podía decirle el verdadero motivo, y esa respuesta pareció ser suficiente ya que no volvió a hablar hasta que llegaron.
-Mamá –dijo Kikyo, como si no la hubiese visto en años, su esposa intentaba complacer a su madre elogiándola, ayudándola, contándole como había sido su día y hablando de cosas de las que nadie escuchaba. Era absurdo ella era su madre.
-¡¿Qué hacen aquí?!- La sorpresa de Naomi hizo Inuyasha se quedara en el marco de la puerta como estatua.
-Vinimos a cenar con ustedes mamá.
-¡Oh! En ese caso cenaran solo conmigo, Kagome y Sesshomaru salieron hace un buen rato.
Inuyasha vio el auto de su hermano estacionado y volvió a mirar a su suegra, con una ceja levantada. Su hermano jamás salía sin su auto.
-No me mires así.- Dijo ella de mala gana- Ellos decidieron caminar, ya sabes cómo son los jóvenes.- Se hizo a un lado para que ellos pudieran entrar a la casa y, cuando él pasaba, hablo en voz baja, casi como un suspiro- El amor.
-Creo que sería una buena idea cenar afuera ¿sabe a dónde fueron? Quizás podríamos sorprenderlos. –Pregunto esperanzado.
-No tengo ganas de salir, y tampoco se adonde fueron, pero sé que tenían pensado ir a bailar y tu Kikyo no puedes exponer a tu bebe.
Inuyasha tomo su celular y estaba enviando un mensaje a Miroku y para saber su ubicación cuando tocaron a la puerta. Sin pensarlo la abrió y se encontró a Sango.
-¿Qué haces aquí?- Pregunto ella, de mala manera. A pesar de que Inuyasha había sido su amigo de toda la vida, seguía sin perdonarle lo que le había hecho a Kagome.
-Creí que ustedes estaban…-
-Señora Higurashi. –Hablo Sango empujando a Inuyasha para saludar a la madre de su amiga- Kikyo.- Su voz cambio al dirigirse a esta última.- ¿Kagome aún no está lista?
-Kagome ya se ha ido, estaban tan ansiosos por esta salida que decidieron irse a pie.- Sango quiso reír, la cara de Naomi indicaba todo lo contrario.
-Oh en ese caso nos daremos prisa no sea cosa que decidan cambiar de rumbo y terminen en algún hotel.
Ambas rieron cómplices, sabían que si eso pasaba sería un milagro.
Él hizo nota mental de estrangular Miroku por haberle mentido sobre la hora.
-Déjalos querida, me encantaría que mi Kagome me diera un nieto.
Sango dio un beso a la madre de Kagome, a él y a Kikyo solo se limitó a llamarlos por su nombre, y sin más salió de la casa. Inuyasha solo pudo ver la puerta cerrándose frente a él.
La cena fue una mierda, su mente no estuvo ahí, su corazón no dejo de latir desesperado en ningún momento, sus manos sudaban, quería irse, quería correr a buscarla, Kikyo le pregunto algo en algún momento pero dejo de hacerlo cuando comprendió que él no estaba presente mentalmente.
-Iré al sanitario- Le dijo en voz baja a su esposa. Pero no quería ir allí, quería entrar en la habitación de Kagome, ver si había algún papel o lo que fuera que le dijera sobre su paradero.
Necesitaba desesperadamente encontrarla, su corazón estallaría, y quiso golpearse con fuerza la cabeza cuando llego y la puerta estaba cerrada con llave ¿desde cuándo ponía llave a su habitación?
-¡Maldita sea!- Grito y pateo la puerta.
-¿Sucedió algo?- pregunto Kikyo, su voz sonó desde el pie de la escalera.
-Nada, solo me golpee el pie.
Si las mujeres no le creyeron, no dijeron nada, era evidente que no se había golpeado accidentalmente, no había nada en el pasillo con lo que golpearse. En el baño mojo su rostro y dejo correr el agua, necesitaba un trago fuerte, no supo cuanto tiempo debió estar allí, pero si sabía que había sido demasiado ya que Kikyo subió a buscarlo.
-Bebe un café.- Dijo su suegra cuando finalmente bajo.
-Le agradezco pero debemos irnos.
-Has estado en el baño mucho tiempo querido, te has perdido de nuestras charlas y Kikyo dijo que fue idea tuya que cenaran aquí, así que bebe un café. -Insistió, desafiándolo con la mirada, y con una dulce sonrisa en sus labios, que si no fuera porque sabía que ella sabía, que él estaba desesperado, habría podido engañarlo.
Un café sin sabor a nada fue lo que bebió de un sorbo. Pero eran pasadas las doce cuando finalmente su esposa y su suegra decidieron dejar de torturarlo. Sabía que era Inútil, pero quizás podría dejar a Kikyo en la casa y luego decirle que debía volver a salir para comprar algo, era demasiado tarde así que era una excusa perfecta ya que los negocios estaban cerrados y podría buscarla tranquilamente.
Pero nada de eso hizo falta.
Y si en algún momento el había sospechado de que su hermano tenia intenciones de seducir a Kagome esa noche se confirmó.
Estaban besándose en un parque que se encontraba a cinco cuadras de su casa, ella aferrada su cuello, podría reconocerla incluso si tuviese los ojos cerrados.
Una lágrima se escapo de sus ojos y le siguió otra y otra, pero no detuvo su auto, aunque eso era lo que quería hacer, condujo sin detenerse, aferrando con fuerza el volante. Cuando llego bajo de su auto y dio un portazo, no se molesto en poner la alarma, ni en comprobar si su esposa necesitaba ayuda.
-Mi madre me invito a una cena con sus amigas, dice que…
Pero las palabras de Kikyo se las había llevado el viento.
Él no escucho nada mas, fue directo hasta su pequeño bar y se sirvió licor en un vaso. La imagen de ella, su amor, volvían una y otra vez, sus ojos ardían y sabia que estarían rojos debido al llanto y la furia que sentía. Cuando su trago se terminó, tomo la botella y fue camino a su habitación mientras bebía de la botella, sintiendo como quemaba su garganta. Deseando que el maldito licor se llevara sus penas.
Kikyo estaba desnuda intentando seducirlo nuevamente, y esta vez tendría suerte. Ella sonrió coquetamente, como la primera vez que lo hicieron, y de igual forma abrió sus piernas para que el pudiera ver su intimidad.
Inuyasha simplemente desabrocho su pantalón, sin importarle nada se acercó. Kikyo intentó besarlo pero él hizo a un lado su rostro. No hubieron caricias, ni palabras dulces, no hubo nada más que odio y celos.
La mujer que estaba debajo de su cuerpo podía ser muy parecida a su amada, pero carecía de todo lo que la componía.
Todo fue rápido, ella no disfruto nada, el solo busco su liberación y esta llego con rapidez. Pero aun así ella gimió su nombre.
-Inuyasha.
-Kagome.
Murmuro al culminar.
Sabía que lo haría, sabía que la nombraría.
Una vez más hizo el amor con otra, pensando en ella.
