Lamento la tardanza, se nos hizo imposible subir el capitulo antes.
SI TÚ SUPIERAS
Años antes…
El día estaba precioso, el sol de verano estaba en la cumbre del cielo y el clima ideal que proclamaba un instante de relajación.
El parque, donde se encontraba Kagome, estaba colmado de padres e hijos, quienes se divertían riendo, gritando y comiendo. Ella estaba tan contenta de que su madre la llevara a ella y a su hermana de paseo, que uso todas sus energías en disfrutar de las últimas horas del día, mientras que Kikyo solo se limitaba en tratar de conservar limpio su vestido nuevo.
Cuando la puesta de sol llego, Kagome estaba agotada, había jugado tanto que sus piernas le dolían y su cabello estaba lleno de hojas de pasto; para descansar, se sentó justo en el borde de una solitaria banca que dejaba un plano directo del parque.
A unos pocos metros, un hombre calvo y de barriga prominente, se encontraba recostado en el césped, Kagome se sorprendió de la cantidad de comida que ingería, y rio cuando una línea de cátsup chorreo su ropa, cuando de repente, el hombre comenzó golpear su pecho. Algo en ella supo que ese comportamiento no era normal. Las palabras estaban enredadas en su garganta, el hombre seguía golpeando su pecho; No sabía si el gritaba, debido al bullicio del lugar, pero sus ojos…ellos hablaban, ellos gritaban con desesperación.
Nadie parecía notar nada, así que corrió hacia su madre, tiro de su ropa y pregunto si era normal que ese hombre estuviera actuando así. Pero Naomi platicaba con una mujer y no escucho sus preguntas.
Kagome corrió hacia el hombre y se asusto, tenía los ojos casi en blanco, emitía sonidos extraños y su cara había tomado un tono morado. Entonces, grito. Grito tan fuerte que todas las miradas se pusieron sobre ella, y con determinación, apunto con su dedo al hombre, quien sentía como su vida se apagaba lentamente.
Una mujer robusta se abrió paso a empujones, tomo al hombre por detrás, lo levanto como si de un muñeco se tratase, lo rodeo con sus brazos y presiono. Tres veces lo hizo y enseguida un pequeño pedazo de pan fue expulsado de la boca del hombre, quien dejo de ser morado para volver a su color natural lentamente.
Por un segundo, Kagome admiro a aquella mujer la cual había salvado la vida de un desconocido.
- Buenos pulmones cariño. Si no fuera por ti, este hombre habría muerto ahogado por un simple trozo de pan. –Le dijo, y luego, mirando al hombre que aliviado volvía a respirar con normalidad, lo regaño mientras sonreía. -Y usted mastique su comida en lugar de tragar.
Y ella se convirtió en su héroe en aquel momento, y juro que cuando creciera salvaría vidas.
Su madre le había contado esa historia a cuanta persona se le cruzara por enfrente.
– Mi pequeña salvo la vida de un hombre cuando solo tenía siete años. –decía. –Ella siempre atenta, lo ve todo, vio que algo no estaba bien y aunque no entendía que pasaba corrió sin darme tiempo a preguntarle que le sucedía.
– Madre, Kagome no le salvo la vida a ese hombre, ella solo grito porque se asusto de verlo tirado en el suelo con el rostro morado. –Dijo Kikyo quien estaba agotada de escuchar algo que tuviese que ver con su hermana.
– ¡No Kikyo! Ella corrió hacia ese hombre porque ya lo había visto y sabia que necesitaba ayuda pero nadie la escuchaba, fue por eso que grito, sabía que si lo hacía atraería la atención y podrían ayudarlo. –Naomi miro a la mujer que estaba frente a ellas en la fila del mercado y agrego. –Mi hija siempre fue así, hasta el día de hoy ayuda a las personas, es enfermera, y aunque le han ofrecido empleo hasta en otros países ella prefiere seguir aquí.
– Sí, atendiendo a ancianas. –Murmuro Kikyo. –Es lo único que sabe hacer.
– Sí, es verdad, atendiendo ancianas, y hasta no hace mucho trabajaba en una clínica privada muy importante… "San Francisco." –Respondió.
La mujer frente a ella abrió sus ojos de sorpresa, pues sabía que en ese lugar tenían al mejor personal.
Molesta por el comportamiento de su hija, Naomi continuo. –Dejo ese empleo cuando el maldito de su prometido le fue infiel, como su trabajo estaba cerca donde ese miserable vive, no pudo con tantos recuerdos.
No había sido exactamente por eso que ella dejo el empleo, pero se negaba a aceptar que su pequeña había pensado realmente en dejarlo todo para convertirse en monja. Era mejor pensar que todo era un mal sueño.
Mientras la mujer en la fila hablaba mal de los jóvenes infieles y de cómo algún día pagarían por su comportamiento deshonroso, Kikyo fingía interesarse por los precios de las golosinas que habían a su alrededor, pero en realidad su mente estaba en Kagome. ¡La fastidiaba! ¡La enfermaba! Su hermana era humilde, sencilla, bondadosa, amable, hermosa, cariñosa, perfecta, ¿y ella? No, ella representaba la hermosura, pero con respecto al resto era completamente lo opuesto a su hermana.
Quiso decirle a esa desconocida que cerrara la boca, que ella y su esposo eran felices, que él no tenía que pagar ningún castigo divino porque ellos se amaban y ese amor puro cobraría vida dentro de muy poco; pero eso sería ponerse en evidencia. La mujer la miraría con mala cara y se sumaría a su lista de personas que reprobaban su comportamiento, esa… chusma de mercado.
Estaba agotada, física y mentalmente. Detestaba que la perfecta Kagome fuera siempre el centro de atención, aun y cuando no estaba presente; y así, mientras su humor se agriaba cada vez mas, Kikyo descubrió que irónicamente, cuando algo le sucedía, ella solo podía contar con su perfecta hermana menor.
– ¿Kagome cenara con nosotros esta noche mamá?
– Si. –Respondió. –Ella prefería salir a cenar fuera con Sesshomaru, Sango y Miroku, pero la convencí de que se quedara.
– ¿Pasan demasiado tiempo juntos, no es verdad? –Pregunto con suspicacia.
– Creo que si, en realidad no estoy mucho en casa.
– ¿Desde cuando haces eso?
– Desde que una de mis hijas se caso y la otra decidió que quería hacerse monja y dejarme sola. –Termino de mala gana. –Ese día comprendí que algún día me quedaría sola realmente y decidí comenzar a disfrutar un poco.
– Lo siento mamá, no quería que te sintieras así.
– No quiero hablar de eso contigo Kikyo, te amo, pero sabes que aun no puedo superar… ciertas cosas. –Dijo dándole esa mirada que decía "ya sabes de que hablo".
Kikyo lo entendía… a medias, pues creía que todos eran injustos. Pero aun así asintió con su cabeza y decidió cambiar de tema.
– Esta noche podrías hacer una…
– Esta noche no cocinare yo cariño, sino que lo hará Sesshomaru.
– ¡No sabía que él cocinaba! –La sorpresa la hizo abrir los ojos.
– Tampoco yo, pero me dijo que hiciera las compras y cuando él volviera cocinaría para nosotros. Es un gran hombre, se que nuestra Kagome será una chica afortunada y muy feliz si decide unir su vida a él. –Respondió Naomi, imaginando un futuro feliz para su hija. La ilusión la hizo presa de un enorme suspiro de felicidad.
– Si, se que lo será. –Dijo Kikyo, convencida de que si su hermana se casaba, su marido se olvidaría completamente de que alguna vez lo amo.
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– Naomi Susan Higurashi. –Dijo Kagome en voz alta mientras bajaba de las escaleras. Su madre acababa de atravesar la puerta de entrada. –Al fin te dignas a aparecer, madre.
– ¡Oh cariño!, ven aquí a ayudarnos con las compras.
Kagome no dudo ni un segundo y bajo con rapidez los escalones para quitarle las bolsas pesadas de las manos de su madre y hermana.
– Yo bajare todas las bolsas ustedes siéntense. Kikyo no deberías hacer esfuerzos. –Dijo mientras le daba un sonoro beso en la mejilla y corría a la cocina para dejar las compras.
Kikyo la observo mientras esta entraba y salía de la casa con las bolsas de mercadería. Últimamente había notado que esta vestía casi siempre con las mismas prendas, sus zapatillas estaban demasiado desgastadas, su suéter color verde mostraba la costura que esta le había realizado a mano y su falda color marrón parecía ser de su madre.
"Jamás tuvo amor por la moda." Pensó. Algo que jamás iba a poder comprender era como ella le había hecho para enamorar a los dos hermanos. "A los dos no," Se corrigió. "Solo a uno."
En cuanto Kagome termino de guardar la mercadería, entro en la sala de estar y se sentó frente a su madre. Los ojos de Naomi se iluminaron cuando le sonrió a su hija, y kikyo deseo poder sentir una vez más esa mirada de adoración.
– ¿Me dirás donde has estado toda la semana madre?
La aludida sonrió y asintió con la cabeza. – En casa de Sara, ¿donde más podría ir?
– ¿Su esposo no se cansa de tenerte allí todo el día? –Pregunto Kikyo con una sonrisa, pensando en que si ella tuviese a Kagura todos los días frente a su esposo… bueno, la amistad no continuaría.
– Pues no, ya que su esposo la abandono hace un mes
– ¡Oh! no lo sabía, pero ¿por qué? –Menciono Kagome sin saber que sentir.
– Cariño, no quieres saber el porqué de esa separación, hazme caso. –Dijo su madre mientras una risita se escapaba de sus labios. –Sara, simplemente es incorregible. –Y agregó. –Pero es una buena mujer, incapaz de dañar a alguien.
– Si tú lo dices madre no voy a discutirlo. –Respondió Kagome sonriendo.
– Kagome ¿vestirás así esta noche?- pregunto Kikyo.
– ¿Esta noche? ¿Qué sucede esta noche? –Eso la tomo por sorpresa.
– Si, mama dará una cena y dijo que…
– Sí, esta noche. –Naomi se apresuro a explicar. –Olvide decirte cariño que esta noche vendrán a cenar Sango con su esposo, Ayame y Kouga, Sara y tu hermana cariño.
– Yo vendré con mi esposo. –Murmuro Kikyo.
– Si, si. –Naomi le resto importancia con la mano. –Espero que no te importe que haya invitado a Sara, se que ella no te cae muy bien cariño, pero es mi amiga, No, no lo niegues, Kagome.
– No es eso mamá, ella no me molesta, es solo que a veces es incomodo ver cuando una mujer aplasta sus senos en la espalda de tu prometido y…–Dijo sin pensar mientras alzaba su mano al aire para marcar su punto. Pero se contuvo, en ese momento era absurdo incluso el recordarlo. –Da igual madre, por supuesto que puede venir, esta es tu casa y ella te ha invitado a la suya demasiadas veces.
– ¿Sus senos en la espalda de tu prometido? –La voz de Kikyo sonó bastante alarmada. –La alejare de mi esposo, no quiero que lo toque. –Porque algo parecido al miedo comenzó a crecer en su pecho.
Ninguna dijo nada; Kagome no quería pensar en lo que había dicho, pues su ex prometido ahora era su cuñado y Naomi tampoco quiso acotar nada, aunque por dentro bullía de deseos de recordarle a su hija mayor que su esposo era el tal "prometido" del cual Kagome hablaba.
Kagome aclaro su garganta antes de hablar. – ¿Y qué haremos de cenar madre?
– Nada. –Se apresuro a contestar Kikyo, olvidando las feas imágenes que se cruzaron por su mente. –No será ella quien cocine, si no mi adorado cuñado Sesshomaru.
– ¡No sabía que el supiera cocinar! –Aquello la tomo desprevenida, una cualidad más sumada a la lista del perfecto Sesshomaru.
Perfecto, acababa de pensar. ¿Desde cuándo creía que él lo era?
– ¡Tampoco yo! Pero como vez, mi querido cuñado es un hombre que siempre termina sorprendiéndonos a todos. –Dijo con una sonrisa en sus labios, aunque sus ojos estaban fríos. – ¿Verdad madre?
Esta solo asintió, la actitud de Kikyo era demasiado extraña "¿nuestro querido Sesshomaru decía?" ¿Desde cuándo lo llamaba su querido cuñado? Negó con su cabeza y decidió prepararse un té, si así comenzaban el día no quería ni pensar en cómo lo terminarían.
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Sara no siempre había sido tan segura de sí misma como lo era ahora.
Durante años, cuando su carrera de modelo estaba en su cumbre, solía rodearse de hombres ricos y apuestos que la buscaban por su belleza; pero ahora, cuando los cuarenta y tantos pisaban su vida, y su carrera había terminado, solía salir con hombres poco agraciados y adinerados para llenar ese estúpido sentimiento de superioridad.
Esa noche, mientras colocaba un poco de perfume entre sus senos repaso su vida amorosa, desde su primer beso hasta su primer y único amor.
Ella lo había probado todo, sus experiencias comenzaron cuando solo tenía doce años; su madre estuvo de acuerdo con esa relación, siempre y cuando su padre no lo supiera. La diferencia de edades era abismal, mientras ella era una niña entrando a la pubertad, él ya contaba con treinta y dos.
Todo se acabo cuando él quiso mucho más que unos simples besos, pero ella como si fuera una experta en el tema, le dijo que simplemente no estaba lista para darle lo que él necesitaba, y con mucha sutileza cerró la puerta en su cara.
Él jamás comprendió que ella era solo una niña, jugando a ser mujer. Como era de esperarse él no se tomo bien su ruptura y comenzó a atosigarla hasta que ella le confeso a su padre que su mejor amigo le daba besos en la boca cada vez que nadie los veía. Fue todo una gran lio, pero aunque el pobre termino sin un diente y con unos cuantos moretones, al menos su padre no lo denuncio. Y ella fue libre.
Al año siguiente perdió su virginidad con un joven adolescente de su barrio, del cual ni siquiera recordaba su nombre. No fue nada especial, como tampoco lo fueron los siguientes, solo su primer esposo logro que ella tuviera una vez un orgasmo, los demás tuvo que fingirlos.
Hasta que apareció él: joven, alto, terriblemente atractivo y seductor, de voz grave y ojos penetrantes.
Había escuchado a varias mujeres hablar de él, de su increíble cuerpo y su adusta personalidad. Sara creyó que ellas exageraban, pero no fue hasta en aquella fiesta, en la que el destino los puso de frente, que se dio cuenta que nadie podía resistírsele.
Aquella vez Sara sintió como su cuerpo vibro cuando sus miradas se encontraron.
Como no caer rendida a sus pies.
Como no volverse loca de amor por él, si le quito el aliento.
Si era la primera vez que se enamoraba.
Si él es su primer y único amor.
En cuanto la imagen de Sesshomaru besando sus senos apareció en su mente un suspiro se escapo de sus labios. Lo deseaba, lo quería, realmente lo amaba y si no se acercaba a él era simplemente porque su amiga le había suplicado que no lo hiciera, y para ella la amistad lo era todo.
Sin embargo, ahora lo tendría cerca, tal vez le robaría algún beso y con eso ella sería feliz durante unos días.
– Sí, eso hare, solo le robare un beso y nadie saldrá lastimado. –Le dijo a su imagen en el espejo.
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Kagome se había sentido incomoda luego de que su hermana le dijese que llevaba puesto esa misma vestimenta toda la semana, y le dijo, en forma de broma, si la lavaba todos los días y la secaba en la estufa para usarla al día siguiente. Ella solo rio con nerviosismo, pues lo cierto era que eso hacía.
Había donado toda su ropa, y Ayame se había encargado de llevarlas hasta la iglesia donde ella realizaba colectas, de modo que si esa noche tenían visitas debería comprarse algo simple, pero bonito, pues no quería tomar prestado la ropa de su hermana una vez más.
La tarea parecía ser sencilla, el problema es que su madre decidió acompañarla, y según su criterio la ropa nunca estaba a su altura, sus excusas variaban entre: es demasiado anticuado, es demasiado grande, es horrendo, ni siquiera es de mujer, ese color no te favorece, es una cena no un velatorio, y finalmente cuando agotada anuncio que era mejor no cenar con ellos esa noche, su madre encontró el indicado. Era un vestido sencillo de color negro que le llegaba hasta las rodillas, ajustado a su cuerpo, pero su madre dijo que con su collar con forma de corazón ella no necesitaría nada más. Algo que tampoco era cierto, ya que en cuanto llegaron a la casa Kagome se vio acorralada por ella y todo su batallón de maquillaje.
– ¿Desde cuándo te maquillas tanto madre? –Pregunto sorprendida.
– Desde que comencé a comprarme maquillaje; y ahora quédate quita si no quieres que te arregle como si fueras un payaso.
Lo cierto es que al verse en el espejo su ánimo mejoro. Era increíble lo que podía hacer un maquillaje suave, un vestido y zapatos nuevos.
El aroma de la carne asada que provenía de la cocina despertó su apetito y le recordó que quien cocinaría seria "el querido" cuñado de su hermana, ella salió de su habitación y bajo las escaleras, tal vez Sesshomaru necesitara ayuda.
Al llegar a la cocina se detuvo en el acto, esperaba ver desorden, comida derramada en el suelo y hasta en las paredes; en su lugar, el área estaba perfectamente pulcra.
Sesshomaru se encontraba de espaldas a ella, concentrado en su tarea de revolver la salsa para que esta no se quemara. La imagen la desconcertó y por un momento no pudo hablar, ni apartar su mirada de su espalda. Ella había tenido un sueño una vez, un sueño donde su esposo cocinaba para ella vestido cómodamente con una camiseta blanca, unas zapatillas negras y unos jeans gastados, Tal como se encontraba el en ese momento, y ella lo observaría embobada, como ahora, solo que en su fantasía el hombre que cocinaba era su ex novio y no el hermano de este. Kagome parpadeo varias veces para apartar la imagen de su mente.
– ¿Necesitas ayuda? –Preguntó en voz baja cuando encontró su voz, y avanzó hacia él con timidez.
Sesshomaru giro su rostro hacia ella y olvido hasta su nombre. Su mirada recorrió su figura para luego subir a su rostro y detenerse en sus labios. Ella estaba hermosa como siempre, pero la timidez que veía en sus ojos, lo abrumo.
Kagome mordió su labio inferior y espero paciente a que él le dijera como se veía, no se animaba a preguntarle, pero deseaba saber si a él le agradaba como lucia esa noche.
Él no le dio gusto.
– Si, podría precisar un poco de tu ayuda, luego de la cena. –Respondió con una media sonrisa en sus labios, logrando que las mejillas de Kagome se sonrojaran furiosamente, luego aparto su mirada hacia la estufa. –No, ya está todo listo.
– En ese caso colocaré los platos…
– No te preocupes, ya lo he hecho. ¿Quieres probar? –Dijo mientras le ofrecía una cucharada de la salsa de champiñones que acababa de preparar.
Kagome aparto un mechón de su cabello y lo coloco detrás de su oreja mientras se acercaba su boca hacia el cucharon. Era delicioso, sus ojos se cerraron y un gemido de placer se escapo de sus labios, luego lamio sus labios por si quedaban restos, la idea de que quedaran restos de comida en su boca la avergonzaba.
Pero algo sucedió, Sesshomaru coloco su enorme mano en su cabello y atrajo su cabeza hacia él, hacia su boca. Sus labios suaves se posaron sobre los suyos, y mientras lo hacía respiro con fuerza, como si quiera absorber su esencia, como si nada fuera suficiente, no se movieron, sus labios solo descansaron sobre los suyos durante unos dulces segundo que se hicieron eternamente maravillosos.
Y luego se aparto, dejándola desorientada.
Tal vez fue porque noto su nerviosismo, o porque ella instintivamente coloco sus manos sobre su pecho y él lo interpreto como un rechazo.
Nada más lejos de la verdad.
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Sango lucía un vestido bastante ajustado color blanco, le llegaba justo sobre la rodilla y el escote llegaba en medio de sus senos; era una visión de mujer hermosa y sexy, tanto que su esposo no podía aparta sus manos de su cuerpo, era como si Sango tuviera un imán y cada vez que lo apartaba él volvía a colocarlo sobre su trasero.
– Basta Miroku, estas avergonzándome.
– Te dije que debíamos pasar primero por un hotel.
– Y yo te dije que si hacíamos eso no llegaríamos jamás a la cena. –Susurro justo en su oído mientras le daba una ligera sonrisa cargada de pasión.
– Estas demasiado tentadora cariño, no tienes idea de cuánto te deseo. –Dijo Miroku, con voz seductora. Abrazo a Sango por la cadera dispuesto a tomarla del trasero nuevamente.
– Podemos darnos una idea amigo, pero no olvides que hay gente a tu alrededor y escuchamos cada una de tus palabras. Aunque desearíamos no hacerlo. –Dijo Inuyasha a modo de reclamo pero con una sonrisa en los labios. Mientras caminaba hacia la pareja. Y agrego. –Aunque mi amigo tiene toda la razón, luces muy bien Sango.
Ella quería a Inuyasha. Él era su amigo desde niños, era el hermano menor de su mejor amigo, y el mejor amigo de su esposo… pero también debía agregar que era el maldito que había lastimado a su mejor amiga. Lo detestaba por eso.
– Tú también estas casado así que no finjas inocencia Inuyasha, haces lo mismo con tu esposa cada vez que puedes, ¿no es cierto? –Dijo con un tono acido. Y mientras avanzaba hacia la sala agrego –Lo hacias incluso cuando estabas comprometido con Kagome.
Inuyasha apretó los dientes, estuvo a punto de replicarle, ya no soportaba nada de lo que ella le dijera, pues el sufría cada segundo por su propia estupidez.
Abrió su boca pero las palabras jamás salieron de sus labios.
Kagome apareció frente a Sango, luciendo radiante. Su mirada lucia brillante, como toda ella. Él llevaba tiempo sin verla así, con esa mirada dulce y enamorada que le regalaba cada vez que lo veía, tal vez ella sonriera así por él, tal vez…
– Cierra la boca Inuyasha o entraran moscas en ella.- dijo Sesshomaru mientras pasaba por su lado dándole un golpe al pasar. Sacándolo de su sueño. Sara iba prendida de su brazo, sonriendo como si fuera una adolescente.
– ¡Idiota! –Fue todo lo que pudo decir, pues nada era tan importante como la mujer que sonreía a unos pasos frente a él.
Ella no se acerco, solo asintió con su cabeza a modo de saludo y se acerco a Kikyo para colocar con suavidad su mano sobre el vientre de su hermana. Y luego hizo lo mismo con Ayame.
Kikyo solo fingió sonreír cuando su hermana la toco.
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Kagome sentía como sus mejillas ardían, miro hacia su plato durante toda la cena, pero aun así podía sentir su mirada fija en ella. En ese momento se sentía incomoda y alagada al mismo tiempo por tener su atención sin hacer absolutamente nada, esa noche se sentía especial.
Sesshomaru no había dejado de mirarla en ningún momento, seguía cada movimiento que hacía, y parecía tragar con dificultad cada vez que ella bebía de su copa.
Él no podía dejar de mirarla, lo había intentado; incluso había tonteado con Sara, pero ese beso fugaz que le había robado a Kagome no lo abandonaba. Aun sentía en sus labios el roce de su boca, el modo en que tembló su cuerpo cuando sus labios se unieron casi lo vuelve loco de deseo. Este beso era aun mejor que los anteriores, y las razones eran evidentes… era la primera vez que él la besaba.
Sesshomaru se percato que ella evitaba mirarlo, fue por eso que estiro su pierna para rozar la de ella y probar su reacción, vio como se tensionaba y un suspiro de asombro escapaba de sus labios, fue solo un momento, y su mirada se encontró con la de él unos segundos antes de sonreír con nerviosismo y alejar su pierna.
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Inuyasha sentía latir cada una de sus venas, su sangre hervía de deseo… y celos. Kagome lucia hermosa, delicada, el brillo rosado que llevaba en sus labios los hacía más apetecibles, el vestido resaltaba cada una de sus curvas, el collar atraía su atención hacia sus voluptuosos senos, el maquillaje realzaba sus ojos y su mirada se veía más seductora.
Inuyasha seguía cada uno de sus gestos y vio como sus labios se abrieron levemente y escucho su pequeño suspiro de sorpresa. Él no estaba prestando atención a la conversación que mantenían Kikyo y su madre por lo tanto relaciono esa reacción a lo que sea que estuvieran hablando, pero algo cambio en ese momento, el pecho de Kagome comenzó a subir y bajar acelerado, ella humedeció sus labios con su lengua y sonrió con timidez, fue como si fuera en cámara lenta, e Inuyasha agradeció el no estar sentado a su lado porque no habría podido evitar lamer su cuello.
La deseaba terriblemente, su pequeño cambio le había producido una dolorosa erección y esperaba no tener que levantarse porque no podría disimularlo.
Debía hablar con ella a solas, necesitaba abrazarla, olerla, deseaba besarla, tocarla y más, mucho más. Ella era su obsesión, lo era desde la primera vez que la vio y lo seria hasta su último suspiro.
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Sara no estaba acostumbrada al rechazo. Desde que tenía catorce años y su cuerpo había adquirido la forma que toda mujer deseaba tener había tenido amantes, solo necesitaba sonreír para que el elegido hiciera hasta lo imposible por meterse entre sus sabanas. Y si bien sus senos no eran grandes ella tenía sus trucos para lograr que sus pequeñas montañas no pasaran desapercibidas.
Trucos que ahora parecían no funcionar.
Tomo su copa y bebió un poco de vino. Cuando cruzo las puertas de la casa esa noche creyó que la noche seria suya, como siempre. Cuan equivocada estaba.
Sesshomaru la había recibido con una leve sonrisa en sus labios y le había dicho que lucía radiante esa noche.
– Gracias, cariño. –Respondió ella mientras colocaba su mano sobre el pecho del hombre. Sara le obsequio su mirada cargada de deseo y a punto estuvo de pedirle un encuentro fugaz en el baño de la casa, pero se contuvo. –Eres tu quien luce radiante esta noche.
Luego de eso lo beso muy cerca de sus labios y enredo su brazo en el suyo.
Deseaba con desesperación volverlo loco, ella solo quería que el rogara por unos momentos a solas con ella, pero las cosas no salieron según sus planes y ahora era ella quien rogaba por un poco de su atención.
Sesshomaru era joven cuando Sara lo conoció, pero no inexperto. En ese entonces el acababa de cumplir sus veintiún años, su padre y el acudían a todas las cenas de negocios y fue en una de esas donde se vieron por primera vez.
Ella no era invisible para nadie, y su marido aprovechaba su figura y su belleza para atraer más clientes, pues a él no le importaba con quien se enredara su esposa siempre y cuando este llenara sus bolsillos.
– El joven que está allí sentado es el hijo mayor de Toga Taisho. –Había susurrado en su oído su ex esposo mientras fingía bailar cariñosamente con ella. –Necesito que lo enamores, si lo consigues tendremos un buen aliado, Sara.
Fue la primera vez, desde que se habían casado, que Sara cumplía con una petición semejante con gusto.
Sin embargo, él jamás sabría que había conseguido todo de ese joven…menos enamorarlo, porque después de haber follado como animales, Sesshomaru se dio un baño se vistió y salió de la habitación sin siquiera decirle adiós, dejándola desnuda e indefensa en la cama. Aun así ella era insistente y lo había buscado una y otra vez. Cada año le enviaba un almanaque erótico para que el no la olvidara, pues ella jamás había podido olvidarlo.
Después de ser amantes candentes, ella paso a convertirse en visita recurrente, y ahora al estar simplemente sentada allí en esa mesa, con él a su derecha, lo sintió más lejos que nunca.
Él no la miraba, su mirada estaba perdida en la joven frente a ella.
Sara no era tonta, y debía reconocer, pese a sus celos, que Kagome era hermosa, y sus pobres senos no tenían oportunidad alguna frente a los de la joven, pero era su inocencia lo que enloquecía a Sesshomaru, y a Inuyasha quien en cualquier momento comenzaría a babear sobre la mesa. Inocencia, algo que ella no poseía. Sentada allí entre los dos hermanos, ambos con sus ojos perdidos en la joven, ambos intentando atraer su atención hacia ellos, y ella fingiendo no notarlo, comiendo, bebiendo y asintiendo educadamente cada vez que se esperaba una respuesta de ella. Se sintió triste. Algo que jamás permitía que le sucediera.
Fueron los celos, los malditos celos los que hablaron por ella esa noche.
– ¿Kagome como llevas toda esta situación? –Pregunto de repente, llamando la atención de todos.
– ¿Cual situación? –Pregunto ella con voz suave. Aun tenia la sonrisa en el rostro después de escuchar un chiste picante de parte de Miroku.
– Bueno… –Dijo Sara mientras movía su mano abarcándolo todo. –Esta situación, tu siendo abandonada por tu prometido a días de su boda y que se haya vuelto tu cuñado.
En la habitación todo se detuvo, por un momento Sara creyó que hasta el aire se había congelado.
Sango tembló visiblemente mientras el tenedor resbalaba de sus dedos, Ayame se puso del color de su cabello, Sesshomaru apretó con fuerza sus puños, Naomi cerró con fuerza sus ojos, Kagome solo la miro. Pero ella no podía detenerse.
– Sara cierra la boca.- Sesshomaru gruño esas palabras con los dientes apretados.
– Amor, no quise molestarla, solo es que no puedo imaginar el dolor que debió y debe sentir al verlo todos los días…
– ¡Sara! –Exclamo Naomi cuando encontró su voz. – ¿Qué demonios te sucede?
Nadie bebía, ni comía, ¿Quién podría hacerlo? La cena se había arruinado por culpa de sus celos.
Los ojos de Kagome se llenaron de tristeza e intento sonreír, acentuando aun más sus facciones, miro a su alrededor buscando una salida de escape, pero sin atreverse si quiera levantarse de su silla.
La victoria que sintió Sara al ver a la joven que le robaba lo que más amaba humillada y triste duro muy poco. Kagome lucia como un animalito indefenso. Sara cerró sus ojos con fuerza y negó con su cabeza para sí misma.
– Lo siento yo, lo siento, no… –Ella se levanto y con paso tambaleante fue hacia la salida.
Sesshomaru la siguió hasta alcanzarla cuando ésta estaba por llegar a su auto.
– ¿Se puede saber que te sucedió? –Susurro en su oído, aumentando su deseo por él, pese a que Sesshomaru le hablaba de un modo frio y solo susurraba por no gritarle.
Sara cerró sus ojos con fuerza antes de responder. – ¿Alguna vez sentiste algo por mi? –Susurrando también ella. Tiro de su cabello con su mano izquierda, y miro hacia otro lado, no podía sostener su mirada fría mientras esperaba una respuesta, aunque sabia cual seria.
– ¿De qué hablas?
– De ti, de mi, de los dos. Te conozco desde hace años amor, hemos tenido momentos maravillosos, hablamos cada vez que tenemos tiempo, y siempre teníamos tiempo, quiero pensar que nuestras charlas nocturnas aunque sea te excitaban.
Listo, lo había dicho.
– Sara. –Comenzó Sesshomaru con el ánimo que siempre le había mostrado. –Eres una gran mujer.
– No es eso lo que te pregunte.
– Te quiero. –Admitió. –Eres importante para mí… una gran amiga.
Ella no lo soporto, una lagrima resbalo por su mejilla, pero pese a su dolor sonrió.
– ¿La amas? –Dijo sin aliento. –No me mientas, lo veo en tus ojos.
El no respondió, simplemente se dedico a observar sin demostrar nada. La mirada dulce que poseía mientras se perdía en los ojos de Kagome durante la cena se había esfumado.
– Yo si me enamore de ti. –Confeso finalmente.
– No, Sara. –Dijo él, y con delicadeza seco una de sus lágrimas. –Tú no me amas, lo que sucede es que no soportas el rechazo. No niegues con la cabeza, te conozco, se que algo te sucede y si quieres podemos hablarlo en la mañana. –Ella no respondió. –Sara, no hagas esto, no quiero perder nuestra amistad.
– Tampoco yo. –Se obligo a responder. – ¿podrías decirles que realmente lo lamento? Hablare con Naomi en la mañana y me disculpare, pero en este momento no puedo, realmente me avergüenzo de mi misma. –Dijo. Luego subió a su vehículo y se marcho, olvidando su bolso y su abrigo.
Cuando Sesshomaru entro en la casa Kagome no estaba.
Inuyasha tampoco.
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Tenía que aceptar que Kagome se veía hermosa; cuando la vio sentada en el comedor le dio tanta alegría ver a su mejor amiga sonriendo que no pudo sentir más que felicidad, sin embargo, algo no le gusto… la reacción de Kouga.
Ayame intuía que Kouga había tenido una extraña atracción frustrada por Kagome, la idolatraba, de eso no había duda alguna, pero había algo más, lo sabía, algo dentro su ser se lo decía. Mas ahora, al ver que la mirada que le dirigía su esposo no era la de un amigo cariñoso, si no la de un hombre observando a una mujer.
Ella se dijo mentalmente: Las hormonas me están volviendo loca. Kouga me ama, no podría fijarse en nadie más.
Pero durante toda la cena, la absurda idea formada no la dejaba en paz. Aun y cuando su mejor amiga había sido insultada ella había preferido mantenerse callada, no estaba de muy buenos ánimos para defenderla y eso la hacía sentir mal consigo misma.
– La cena ha estado exquisita. –Dijo Naomi en cuanto Sara se fue. Necesitaba ayudar a su hija pero nada más se le ocurría.
– Si realmente todo estuvo delicioso. –Respondieron el resto de los comensales.
– ¿Kagome no crees que todo estuvo delicioso? –Pregunto Kikyo.
Ayame fijo sus ojos verdes en Kagome, ella no respondió, casi podía sentir su tristeza reflejada en su piel, y los pensamientos viajaron como locos a su mente. "Dios no permitas que sienta pena por ella, Kagome no podría soportarlo."
– Si, la cena, mmm… estuvo bien.
Fueron unos interminables segundos de silencio, cuando de repente, Kagome se levanto y salió con las pertenencias de la zorra que la había insultado.
– Espero que no hagan otra escena – murmuro Kikyo, parecía que una sonrisa de ensueño afloraba sus labios.
La observo detenidamente, ignorando que los demás se levantaban de la mesa y se acercaban a la sala de estar para tratar de olvidar un poco el mal rato que se había formado en la cena.
– ¿De qué hablas Kikyo? –La interrogativa no salió para nada de forma amable.
Kikyo lo noto. – Me sorprendes Ayame, pareciera que no conoces a Kagome. Bueno, no tanto como yo.
– Es mi mejor amiga, pero tú eres su hermana, es lógico que sepas más de ella que vivieron juntas casi toda su vida.
Kikyo arrugo la frente, odiaba a Ayame, siempre lograba hacerla sentir como a una tonta. –Bueno querida, sabes a lo que me refiero.
– En realidad no, explícalo.
– Es evidente que Sara y Sesshomaru fueron amantes.
Aquello la sorprendió, pero aun así no entendía porque Kikyo hablaba de ese modo.
– No pienses mal de mi hermana, como puedes notar, esta noche parece sentirse bien consigo misma; sabe que Inuyasha no la ama, así que busca a alguien que la pueda amar.
Ayame negó. –Estas demente Kikyo. ¿Qué hay de malo en querer ser amada?
Kikyo le sonrió, se levanto de la mesa con movimientos lentos y con tranquilidad susurro algo que la intranquilizo: –Si fuera tu, me preocuparía mas del porque mi mejor amiga se sentó junto a mi esposo. Como tú lo has dicho… la conozco más que tu.
Y la dejo completamente sola en la mesa, sintiendo una extraña punzada en el vientre.
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Kagome sabía que la cena no podía terminar así, le diría a Sara que todo estaba bien, que la había tomado desprevenida su pregunta, pero que se quedara por el bien de su madre.
Abrió la puerta de calle y la cerro detrás de sí sin hacer ruido pero en cuanto se giro la imagen de Sesshomaru acariciando el hermoso rostro de Sara con tanta ternura la detuvo. Ella no supo reconocer los sentimientos que la invadieron en ese momento, y se encontraba demasiado vulnerable como para analizarlos.
– ¿Me amas?
Ella no pudo soportar escuchar la respuesta. Volvió a entrar con el mismo sigilo con el cual había salido de la casa.
En el camino hacia su habitación dejo la chaqueta y el bolso olvidados en la silla donde habían estado antes. Necesitaba volver a ser ella, necesitaba quitarse ese absurdo maquillaje y ese vestido que nunca debió comprar. Entro en su habitación y se observo fijamente en el espejo.
– Eres una tonta. –Le dijo furiosa a su reflejo.
– Kagome. –Dijo Inuyasha mientras abría la puerta de su habitación. – ¿Puedo pasar? –Pregunto, pero el ya estaba entrando en la habitación.
– En realidad no, no deberías estar aquí, Kikyo podría tomarlo a mal.
– Descuida ella está hablando con Ayame, están compartiendo sus experiencias de embarazo. –Termino con voz débil. Suspiro varias veces antes de hacer la gran pregunta. – ¿Cómo te sientes?
– Bien. –Respondió, pensando que era la pregunta más tonta del mundo. –Lo cierto es que me angustio que la cena terminara de esta manera.
– Sara solo lo dijo porque bebió de más… Pero descuida, mi hermano corrió detrás de ella para consolarla. –Agrego con malicia. –Ya sabes que ellos tienen una historia de años.
Ella no lo sabía pero aun así asintió como si lo supiera.
– En fin, tal vez discutieron antes y por eso reacciono de esa manera. –Él respiro profundamente antes de continuar. –Por cierto… –Comenzó. –Estas preciosa Kagome.
Ella le sonrió, pero luego bajo su mirada, no podía verlo, los recuerdos acudieron en su mente, donde un Inuyasha le sonreía de la misma manera que ahora, le decía que estaba hermosa, igual que ahora, pero el Inuyasha de sus recuerdos la amaba, aun que sea un poco.
Todo era demasiado para ella.
– Gracias. –Respondió, porque imagino que eso era eso lo que esperaba que dijese. –Lo siento Inuyasha, pero me gustaría estar sola un momento.
– Por favor yo necesito decirte…
– No, Inuyasha, no necesitas decirme nada, estoy bien créeme. Pero me gustaría quitarme el maquillaje y estar unos minutos sola ¿De acuerdo?
Él no quería irse, dudo varios segundos, pensando en que hacer para seguir a su lado, pero finalmente asintió, agacho su cabeza y salió en silencio de la habitación.
Kagome no podía apartar de su mente la imagen de Sesshomaru saliendo detrás de Sara, ni la de él acariciado su rostro con tanta ternura, había algo único entre ellos.
Se sintió molesta consigo misma al sentirse especial solo porque él la había observado durante la cena. Odiaba sentirse así, tan insegura, tan inexperta.
Ella cambio su vestido negro por su suéter gastado y su pollera marrón, esperando sentir la misma seguridad que había sentido esa mañana al despertar, pero ese sentimiento ya no estaba.
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Kikyo noto que su esposo no estaba cuando lo vio bajar de las escaleras.
– ¿Dónde estabas?
– Fui al sanitario Kikyo, ¿quieres que te avise cada vez que vaya?
– No, solo pregunte porque no sabía que te habías ido.
– Bien, me fui y ahora estoy aquí. –Él tomo asiento al lado de su esposa.
Naomi les pregunto si deseaban un té o café y aunque Inuyasha respondió, su adorada suegra fingió no escucharlo, como de costumbre. Ella sirvió te y el primero en recibir la taza fue su hermano mayor. ¿Por qué siempre se las arreglaba en caerles bien a las mujeres? No importaba cuan malditamente arrogante fuera, las mujeres parecían sentirse atraídas hacia él, como si todas ellas fueran masoquistas y les gustara sufrir su indiferencia.
– Mamá, Inuyasha pidió un café. –Dijo Kikyo, sintiendo el desprecio de ella.
- Bueno… –Respondió esta. –Allí está la cafetera, puede prepararse uno si lo desea. –Señalando hacia la cocina con su dedo sin darle mucha importancia. –Sesshomaru, –Continuó. –La comida ha estado deliciosa.
– Si, Sesshomaru. –Dijo Sango. Si hubiese sabido que cocinabas tan bien créeme que me habría casado contigo hace años. –Termino para luego darle un sorbo a su te.
Como era de esperarse, a Miroku no le hizo gracia la declaración.
Sesshomaru en cambio lucia indiferente, como si nadie hubiese hablado, su mente daba vueltas en las cosas que podrían haber pasado entre Kagome e Inuyasha mientras el intentaba calmar a Sara.
– ¿Ya estas buscándome reemplazo? –Murmuró Miroku con los dientes apretados.
– Tranquilo cariño, solo fue una broma.
– A mi no me hizo gracia.
– Miroku por favor, solo fue un chiste.
– Chicos por favor, no peleen –Dijo Kouga y al ver la mirada asesina de Sango decidió mejor no decir más.
– ¿Sabes qué? Tienes razón, déjame despedirme de Kagome y luego podemos irnos.
En cuanto Sango salió de la habitación Miroku se pregunto si antes de llegar a su hogar, donde los esperaba su madre con su pequeña hija aun despierta, no tendrían tiempo de pasar por algún hotel. Amaba esos encuentros luego de una pelea en público.
Igual que Sango.
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Sango abrió la puerta de la habitación sin siquiera llamar y se quedó en su sitio cuando vio a su amiga vestida con su ropa de siempre, mirándose en el espejo como si no se reconociera.
– ¿Kagome? –Susurró.
– Esta mañana cuando me levante, me vestí con esta misma ropa. –Menciono sin siquiera girarse. –Sin maquillaje, ni collares, ni ese vestido hermoso, y me sentí feliz. Satisfecha conmigo misma. –Ella hizo una pausa antes de continuar. –Luego vino el vestido, y el maquillaje y me sentí feliz también así. Pero ahora no… no lo entiendo. –Dijo sin voz. –Porque durante unas horas me sentí mujer una vez más.
– Cariño. –Dijo Sango en voz baja mientras se acercaba a su amiga para consolarla. –Lo eres, eres una gran mujer.
– Sientes pena por mi ¿verdad?
– ¿De qué hablas?
– Responde. –Su voz estaba por romperse.
– No. No siento pena por ti, siento admiración y un amor infinito, que es algo muy distinto. Kagome no le hagas caso a una anciana ebria que solo quiso lastimarte.
– Sabias que ella y Sesshomaru…
Aquello la sorprendió. –Lo sé. –Respondió con rapidez y en voz baja mientras acariciaba su cabeza. –Él me lo conto, pero eso fue hace tiempo.
– Fue por eso que ella me hizo esa pregunta, ¿Verdad? Ella cree que entre Sesshomaru y yo hay algo.
– Tal vez. Pero Kagome, eres hermosa de cualquier manera, esta noche estabas deslumbrante, ni siquiera Kouga podía apartar su mirada de ti, créeme, he visto a Ayame pellizcarlo varias veces cuando él se quedaba con la boca abierta. –Kagome no dijo nada, su mente estaba puesta en otro lugar.
– Ayame apenas si me ha saludado, tendré que hablar con ella, tal vez le suceda algo.
– Tal vez sean sus hormonas cariño, cuando yo estaba embarazada tenia celos de cualquier mujer que se acercara a Miroku y…
– ¿Sabías que Kouga fue mi primer beso? –Dijo de pronto.
Sango detuvo sus caricias y aparto a su amiga para mirarla a los ojos. – ¿Bromeas?
– No. –Dijo mientras sonreía levemente y sin fuerzas. –Éramos unos niños, el dijo que se casaría conmigo y yo le dije que no, pues de grande yo sería monja, y él me beso, y luego dijo como si fuera una hazaña "ahora que te bese no puedes ser monja". Llore durante días por eso. –Ambas rieron. –Por supuesto que luego no volví a verlo, sus padres se mudaron y el cambio de escuela. No fue hasta que apareció junto Ayame, honestamente no lo recordaba, pero él si a mí.
– Eres imposible de olvidar Kag.
– Si, esa soy yo. –Ironizo. Ella creía lo opuesto a eso.
Sango la miro fijamente. -¿Sabes que harás ahora? Te pondrás nuevamente ese vestido negro y saldrás a despedirme mientras mueves tus caderas seductoramente para que todas te envidiemos. No te quedes aquí encerrada. No tienes que avergonzarte de nada, ¿de acuerdo? No permitiré que te escondas.
– De acuerdo, déjame vestirme y bajare.- respondió, pues sabía que era inútil discutir con Sango, ella siempre se salía con la suya.
– Te esperare afuera.
En cuanto Sango salió de la habitación tomo su móvil de su cartera, busco en contactos y envió un texto: "Creí que tus aventuras con la anciana ninfómana habían terminado."
La respuesta no tardo en llegar.
"No sé de que hablas, pero no tengo que darte explicaciones de lo que hago con mi vida."
Eso la molesto: "Es verdad, pero si tu intención es conquistar a mi mejor amiga lo mejor sería que no coquetearas con otras justo frente a su puerta, donde puede verte fácilmente."
"Lo tendré en cuenta. Por cierto no vuelvas a usarme para poner celoso a tu esposo, es realmente molesto. Sus formas retorcidas para excitarse mutuamente me asquean."
"De acuerdo amor, no volveré a hacerlo. "
"¿Amor?"
"No creas que fui la única que escucho como te llamo Sara"
– Estoy lista. –Dijo Kagome saliendo de la habitación con una sonrisa bastante fingida.
Sango cambio su actitud de furia por una sonrisa mientras guardaba con rapidez su móvil. – Muy bien andando. Por cierto, no muevas tanto tu trasero, no quiero que tientes a mi esposo.
En cuanto bajaron las escaleras solo Sango noto que el semblante de Sesshomaru estaba levemente más pálido de lo usual.
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Kikyo aprovecho el momento en que vio a su hermana bajar de las escaleras para mostrar su última ecografía.
– Mi doctora dice que será un niño muy fuerte al igual que su padre.
– Te felicito Kikyo. –Dijeron todos, más para apoyar a Kagome.
Kagome se acerco a ella para observar la foto de cerca, no pudo evitar que sus ojos se llenaran de lagrimas al ver por primera vez a su sobrino; sin embargo, sintió una punzada en el pecho. Aun así abrazo a su hermana mayor.
– Sin dudas será el bebe más hermoso del mundo. –Susurro en su oído.
– Gracias. –Respondió Kikyo sin aliento.
Inuyasha no pudo participar en el festejo, de repente parecía que el destino le jugaba como siempre una mala pasada pues la música que ambientaba la casa se había convertido en melancólica, y la imagen de Kagome cargando a un bebe apareció en su mente.
– Es hora de irnos Kikyo. –Dijo mientras caminaba hacia la salida.
– Si. –Respondió ella limpiando sus lágrimas de emoción.
– Nosotros también nos iremos. –Dijo Kouga, y mientras él se despedía Kagome aprovecho la ocasión para hablar unos momentos con su amiga.
– Ayame ¿sucede algo?
– ¿Porque lo preguntas? –Respondió mientras se colocaba su abrigo.
– Es solo que te he notado extraña.
– No es nada Kag, pero me gustaría que nos encontráramos.
– De acuerdo, iré a visitarte el martes.
– Te estaré esperando. –Respondió fingiendo una sonrisa. Kagome la abrazo y Ayame no pudo evitar devolverle el abrazo. –Nos vemos el martes Kag.
Sango y Miroku se fueron minutos después que lo hicieran Inuyasha y Kikyo.
Naomi aprovecho ese momento para dejarlos solos, además deseaba llamar a su amiga y pedirle explicaciones por su comportamiento durante la cena.
Kagome no deseaba entrar aun, se quedo apoyada sobre la columna del pasillo observando cómo desaparecían los vehículos de los invitados, sabía que Sesshomaru se encontraba detrás de ella, pero no deseaba enfrentarse a él.
– Sara lamenta lo sucedido. –Lo escucho decir.
– ¿Ahora eres la secretaria de la amiga de mi madre? –Dijo en todo mortalmente serio.
Sesshomaru supo reconocer ese tono. Ella estaba celosa. Quiso sonreír, pero en su lugar decidió provocarla un poco.
– De vez en cuando me gusta serlo.
Kagome no dijo nada, no porque no tuviera nada que decir, sino porque estaba con los dientes apretados de coraje.
– Estas hermosa esta noche, pero sin maquillaje lo eres aun más.
Aquello la hizo abrir los ojos con sorpresa y sonrojarse de sobre manera, pero no dejaría que él se diese cuenta. –Buenas noches Sesshomaru. –Respondió Kagome pasando por delante de él y entrando en la casa.
Él la siguió.
– ¿Acaso te he ofendido con mis halagos?
– ¡No! Solo estoy cansada. –Respondió ella y subió las escaleras tan rápido como sus tacones se lo permitían.
Él la tomo con firmeza del brazo cuando ella estaba por entrar en su habitación
– ¡¿Que quieres?! –Grito.
– ¿Aun no lo sabes? –Respondió con suavidad. Y acerco su boca hacia ella.
Su beso pretendía ser suave, pero no pudo evitar no serlo. Su lengua invadió su boca, saboreando cada rincón, jugando con su lengua, provocándola a reaccionar a su invasión. Sus manos se enredaron en su cabello, atrayéndola a él, intentando evitar que ella se alejara, sin saber que Kagome deseaba que ese beso no terminase.
Sesshomaru no podía detenerse, lo había vuelto loco durante toda la maldita cena, solo podía pensar en besar en esos labios, su mano derecha acaricio su pierna, la suavidad de su piel lo enloqueció aun mas.
Kagome no podía pensar, cada uno de sus sentidos estaban colmados de él, su boca húmeda, su lengua, su gemidos, sus manos. El sonido de sus respiraciones agitadas provocaba en ella algo desconocido, su cuerpo comenzaba a arder, ansiaba que el tocara su cuerpo y se arqueo buscando sentirlo aun mejor.
Sesshomaru se aparto de su boca, beso su mentón y luego lamio y mordió su cuello una vez, para luego volver a sus labios. Entonces, se detuvo y la observo con los ojos cerrados, ansiando más, y se alejo de ella.
Cuando Kagome bajo de la nube donde se encontraba, abrió sus ojos y se encontró sola, completamente perdida y suplicando por un beso mas. Sonrió ante su ultimo pensamiento y giro su cuerpo para entrar en su habitación con torpeza.
Esa noche despertó en mitad de la noche completamente sudada.
Esa noche Soñó por primera vez que Sesshomaru le hacía el amor.
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