Disclaimer: Los personajes fueron creados por la maravillosa Stephenie Meyer, simplemente estoy jugando con ellos. La historia es una locura de mi extraña imaginación. Prohíbo la reproducción parcial o total de mis historias sin mi consentimiento. Di NO al plagio.


CAPÍTULO 7

Edward fue capaz de moverse de nuevo hacia la puerta, al enfrentarla notó que Victoria tenía los ojos levemente humedecidos, pero eso no la detuvo para mirarlo con frialdad.

"Siempre usamos protección" él le dijo.

"Estudias medicina, no necesitas esa tonta excusa" comentó con ironía, "sabes de su porcentaje de efectividad".

Victoria tenía razón, pero no quería creerle. Habían terminado meses atrás así que no tenía sentido. Si era un juego, él no caería fácilmente. "¿Cuántos meses tienes? Porque si fuera mío tu vientre al menos se notaría" inquirió.

La chica cerró los ojos con irritabilidad y tomó una respiración profunda. "Sé que no me crees y no tienes que hacerlo, pero, ¿crees que estoy feliz?" habló con irritabilidad. "Estar embarazada no estaba en mi plan de vida, pero no soy una jodida mentirosa"

"¿Qué es lo que quieres, Victoria?" cuestionó con determinación.

Sintiéndose insultada al ser llamada de alguna manera oportunista ella lo abofeteó con fuerza, Edward nunca lo vio venir, pero sonrió sin humor al sentir el ardor.

"De acuerdo. Supongamos que te creo, quiero pruebas" dijo de forma austera.

"¿Pruebas? Te daré pruebas, pero no ahora" estableció con aversión. "No quiero que el pueblo se enteré, no aún".

Ninguno vio que un auto había llegado, se dieron cuenta cuando Rosalie estuvo cerca de ellos. Ninguno dijo nada, pero Rose vio la mejilla de su cuñado y la falsa serenidad en la chica, le tomó segundos dar un par de zancadas para llegar a su lado y tomarla del brazo.

"¿Qué demonios te sucede?" le cuestionó con arrebato. "No puedes llegar a una casa ajena para causar problemas, además no eres bienvenida aquí".

Victoria se zafó con ferocidad en el momento en que Emmett intervenía para alejar a su prometida de la situación, mirando hacia Edward con intriga.

"Cielos, solo quería hablar con Edward" Victoria se defendió con dureza. Ella no deseaba que el pueblo se enterara de su estado pues los chismes sólo complicarían más la situación con los Cullen. Controló sus impulsos y miró a los presentes con altivez. "Me voy, por ahora" dijo, haciendo una mueca en dirección de Rosalie, se giró hacia Edward y lo miró con hostilidad. "Tenemos un asunto pendiente, Edward".

Rosalie la siguió unos metros aun con la reticencia de su prometido. "Te recomiendo que no vuelvas por aquí" le dijo con firmeza.

La mujer se volteó hacia ella con una sonrisa desvergonzada. "El hecho de que vayas a casarte con Emmett Cullen no te da el derecho de prohibirme la entrada a esta casa".

Rose se cruzó de brazos con seguridad. "Es más bien una recomendación, es menos vergonzoso a escucharlo de la boca de Esme".

Dicho eso se alejó de la chica y entró en la casa.

"Mamá y papá no deben enterarse de esto" Edward estableció con voz austera hacia ambos. "Todo fue un momento de impulso, y Victoria ya se ha ido."

Su hermano le miró con desconcierto y frunció el ceño, su prometida tomó su mano reconociendo esa expresión. "Tal vez tú seas bueno ocultándole cosas a nuestros padres, pero yo no. Además, ¿qué diablos pasó antes de que ella te abofeteara?" su voz subió un nivel más alto.

"Escucha, nuestros padres están regresando felices y relajados de un viaje, ¿quieres preocuparlos por esto?" Edward bufó.

Los pensamientos de Emmett fueron hacía tiempo atrás, tensando su postura. Su prometida le pidió que se tranquilizara y no complicara más la situación, pero él la ignoró.

Emmett dio un paso hacia su hermano. "Esto es lo que siempre haces. Desde pequeño te encierras en ti mismo y nos ocultas todo, somos tu familia" después de soltar aquello tomó la mano de su prometida y la dirigió hacia el piso de arriba.

La mano de Edward se fue hacia su cuello con frustración pensando que cada que daba un paso hacia adelante algo lo hacía retroceder.

«•»

Los Cullen llegaron entrando la noche, Rosalie y Alice recibieron a Esme mientras Emmett ayudaba a su padre con el equipaje.

"¿Dónde está Edward?" Carlisle les preguntó a sus hijos al entrar.

"En su habitación" respondió Alice.

"¿Él está bien?" cuestionó su madre, Emmett ocultó su malhumor y fingió no haber escuchado la pregunta de su madre.

"Dijo que tenía un ligero dolor de cabeza, tomó una pastilla y se recostó" Rosalie le explicó, después de mirar a su prometido con disimulo.

"Iré a verlo" dijo Carlisle, presintiendo que algo iba mal con su hijo. Cuando entró en su habitación lo encontrando recostado. "Acabamos de llegar, Rose dijo que te estabas sintiendo mal".

"Es sólo es un dolor de cabeza" mintió. "Te vez muy bien, papá."

Carlisle sonrió presumidamente. "Hace mucho que no tenía tantos días libres y sin pasar tiempo con tu madre" explicó y se sentó a un lado de la cama de su hijo para palmearle el hombro con camaradería. "Trajimos regalos para todos, no delimitamos en gastos".

Como médico y padre Carlisle desarrolló la habilidad de detectar falsas molestias para no asistir a clases, con Edward en especial había aprendido sobre paciencia porque era difícil que exteriorizara sus preocupaciones.

"Debería ir a saludar a mamá" comentó, dándose por rendido y levantándose.

Cuando llegaron con el resto de la familia recibió un beso de su madre, incluso se quedó escuchándola hablar sobre el viaje mientras repartía regalos. Cuando llegó el momento de descasar fue su madre quien lo acompañó a su habitación.

"¿Te divertiste?" le preguntó él, observando las fotografías.

Ella sonrió abiertamente y se acomodó a un lado de su hijo. "Sí, pero los extrañé mucho".

"¿De verdad?" le cuestionó a su madre con inquisición. "Si no fuéramos tus hijos…"

"Cariño, no puedo imaginar mi vida sin ustedes" ella le interrumpió.

"Bueno, probablemente viajarías mucho."

"¿Con el trabajo de tu padre?" ella soltó una suave carcajada.

"¿Y si no te hubieras casado con él?" puntualizó él.

"Si no me hubiera enamorado de tu padre no los tendría a ustedes, probablemente sería una mujer amargada" le confesó con diversión. "¿A qué viene todo esto, cariño?"

"Tuve una pelea con Emmett" soltó, encogiéndose de hombros.

"Emmett no es rencoroso, sólo hablen las cosas y aclárenlo" le sugirió.

"Mamá, la pelea fue precisamente porque no soy bueno hablando."

"Bueno sus personalidades pueden dificultar las cosas, aun con los diferentes puntos de vista o situaciones ustedes seguirán siendo hermanos" le tranquilizó. "¿Por qué exactamente discutieron?"

"Prefiero no hablar sobre ello ahora" respondió, su madre le miró con comprensión. "Buenas noches, mamá".

"Está bien" aceptó ella con renuencia. "Buenas noches, cariño".

Fue una buena noche, pero no para él.

«•»

Su madre y hermana habían hecho un viaje de emergencia al supermercado. Su madre le había avisado que su hermano mayor estaba por llegar, pensando que el malentendido entre sus hijos se arreglaría hablando. Edward supuso que debería dar el primer paso así que cuando Emmett llegó él le pidió que hablaran.

"Digas lo que digas no convencerás de ocultarles a nuestros padres lo que vi" sentenció con obstinación.

Edward no reclamó la inflexibilidad de su hermano, de cualquier forma, Emmett solo tenía conocimiento de la bofetada y presencia de Victoria en su casa, no del embarazo.

"Solo quiero que por hoy mantengamos las cosas con calma, después yo mismo le diré a nuestros padres sobre la visita de Victoria" aseguró.

"¿lo harás?" cuestionó, con inseguridad sobresaliendo en sus palabras. Edward asintió, podría postergarlo unos días, pero tarde o temprano se enterarían. "Te daré una semana, si para entonces no lo saben, se los diré" le advirtió su hermano mayor.

"¿Una tregua, entonces?" ofreció su mano.

Emmett estuvo de acuerdo.

Cuando su madre y hermana volvieron la primera supo que las cosas entre sus hijos estaban mejor. Edward pasó el resto del día un poco incómodo, el año anterior había estado en California con sus amigos, de no ser por su accidente probablemente ese año también lo estaría y por alguna razón eso lo hizo sentirse una mala persona.

Para cuando oscureció empezaron a llegar varias personas que en algún momento pensó que la familia Lefreve se podía presentar y se mantuvo en un rincón de la sala, alejándose de conversaciones triviales con invitados de último momento. Aun no sabía cómo abordar el tema con sus padres, ya les había causado muchos problemas para ahora decepcionarlos con su irresponsabilidad.

Vio a Isabella entrar en la casa y mirar por varios lados, pareció ver alivio cuando cruzaron miradas. Ella fue la primera persona de los invitados que no se veía insegura al acercarse a él. "Hola, Edward" dijo.

"Hola, Isabella" regresó el saludo.

"Sobresales un poco entre los invitados de tu madre" comentó con gentileza.

"¿Por qué estoy en una silla de ruedas?" probó, enarcando una ceja.

"No, porque estas usando un abrigo rojo mientras estás debajo de un árbol navideño muy llamativo, vistes muy apropiadamente" sonrió.

Él observó a la chica y notó el color rojo sobresaliendo de su vestido, ella debió seguir su mirada porque bufó. "Fue idea de tu hermana, dijo que la mayoría usa este color para recibir el año, obviamente mintió porque solo tú y yo lo estamos usando".

Él asintió estando de acuerdo. "De cualquier manera, ¿conoces a alguien de aquí?"

Bella dio un rápido vistazo a la sala, conocía a todos, pero no se relacionaba con ellos ya que la mayoría eran dueños de sus propias tiendas o negocios y ella no pertenecía a ese círculo social.

"Los conozco, pero si lo que quieres saber es que, si son mis amigos, la verdad es que no iría a tomar una taza de café con alguno" respondió en broma.

El chico hizo una mueca. "Sigo preguntándome porque mis padres continúan invitándolos, ellos solo aprovechan estas reuniones para hacer negocios" analizó.

"Eso es porque tus padres son educados y sociables" respondió. "¿Quieres salir al jardín?" propuso con media sonrisa.

Como no estaba lloviendo se había colocado una gran carpa en el jardín, un par de mesas y sillas, algunas velas y luces, servirían la cena cuando estuviera lista pero mientras tanto el lugar estaba vacío.

Él accedió, pensando que sería buena idea salir. Ella lo miró moverse hacia el exterior con facilidad, sorprendiéndola con su buena aceptación.

"¿Cuáles son tus propósitos para el próximo año?" ella le peguntó.

Ella se sentó en uno de los troncos que estaban en el extenso jardín y él se colocó lo más cerca de ella.

"No me entusiasma hacer planes antes de tiempo" él le respondió con renuencia.

"Ya veo. ¿Por qué?" inquirió con curiosidad.

"Es solo que a veces las mejores cosas suceden cuando no las planeas y tampoco quiero desilusionarme si pienso en algo y no lo logro".

"Eso tiene sentido" aceptó. "Las cosas no siempre salen como se planean, no puedes saber lo que podría suceder en un futuro" expuso con media sonrisa. "Por eso prefiero las metas antes que propósitos".

"Entonces… ¿no tienes propósitos de año nuevo?" preguntó, confundido de que preguntara, pero no creyera en ellos.

"Ah, los tengo, pero solo por si alguien me pregunta" le restó importancia.

Él se sintió todavía más confundido, pero también algo divertido. "¿Cuáles son esos propósitos?"

La chica sonrió de lado. "Lo típico: visitar a mi madre, cultivar en el jardín, remodelar el viejo despacho de mi padre y cambiar mi auto".

"Eso no me parece lo típico" sentenció. "Y realmente necesitas un mejor auto".

"¡Oye! Sé amable con mi auto" exigió ella con media sonrisa. "Ahora trata de pensar mejores propósitos que los míos" lo desafió.

No pasó mucho tiempo para que las personas empezaran a reunirse en el mobiliario del jardín y ambos se unieran en la mesa familiar junto con la familia de Rosalie, Jasper mantuvo ocupado a Edward por lo que no tuvo de pensar en sus propósitos.

Antes de la medianoche todos estaban listos para la cuenta regresiva. Edward observó a las personas, la mayoría pasaba el año ocupada en cosas vanas, pero por en ese día se tomaban el tiempo para sentir esperanza. Para ser humanos.

Edward no tenía propósitos, pero tenía planes. Tenía que estar seguro de que el bebé que Victoria esperaba era suyo y también empezar con la rehabilitación física, porque su momento para tener esperanza había llegado.